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HISTORIA7: LOS HURRITAS. Los hurritas (hórreos en el Antiguo Testamento, surabitas en los documentos de Babilonia) fueron un pueblo que habitó en la antigüedad una región centrada en el valle del río Khabur (norte de Mesopotamia y sus alrededores), lo que comprende los actuales sudeste de Turquía, norte de Siria e Iraq y noreste de Irán. Entre los numerosos estados que fundaron, destaca el de Mitani, que fue una de las grandes potencias de su época. Su distribución es similar a la de los kurdos en la actualidad.

Hurritas

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Los hurritas (hórreos en el Antiguo Testamento, surabitas en los documentos de Babilonia) fueron un pueblo que habitó en la antigüedad una región centrada en el valle del río Khabur (norte de Mesopotamia y sus alrededores), lo que comprende los actuales sudeste de Turquía, norte de Siria e Iraq y noreste de Irán.

Algunos autores consideran que los hurritas fueron los antecesores de los kurdos, cuyo actual territorio se muestra en la imagen (con color más claro).

Entre los numerosos estados que fundaron, destaca el de Mitani, que fue una de las grandes potencias de su época. Su distribución es similar a la de los kurdos en la actualidad.

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[editar] Fuentes para el estudio de los hurritas

El principal problema existente a la hora de estudiar a los hurritas es la escasez de fuentes directas. En 1887 en los archivos de El-Amarna (Egipto) se encontró una carta de un rey de Mitani, Tushratta, escrita en un idioma que al principio se llamó mitano. Sin embargo, pronto salieron a la luz los archivos hititas de Hattusa, donde a la lengua de los mitani se le llamaba hurrita, de donde tomó su nombre el pueblo que la hablaba.

Estos documentos hititas han sido la principal fuente para el conocimiento de la cultura hurrita, aunque también han resultado útiles documentos de otras potencias (Egipto, Babilonia, Ugarit) y restos arqueológicos. Particularmente interesantes son los documentos escritos tanto en hitita como en hurrita, ya que han ayudado a descifrar partes importantes de esta última lengua. Las evacuaciones de los hurritas se llamban joeks y sólo tenían acceso a estos transportes algunos adinerados y los jefes.

[editar] Fuentes arqueológicas

Los principales yacimientos hurritas se encuentran en Siria, Iraq y Turquía, siendo muchos de ellos difíciles de investigar debido a la inestabilidad de la zona (Kurdistán), la cercanía a las fronteras, y la construcción de una presa en el Khabur.

Las primeras excavaciones comenzaron en los años veinte y treinta, en Siria e Iraq, y fueron dirigidas por el arqueólogo estadounidense Edward Chiera (en el yacimiento de Nuzi), y el británico Max Mallowan (en los yacimientos de Chagar Bazar y Nagar). Hoy en día muchos equipos de diversas naciones están trabajando en la zona con ayuda de las autoridades sirias. La mayoría de los restos arqueológicos revelan ciudades con una historia que comienza en el Neolítico y llega al menos hasta el periodo romano, con la excepción de los restos de Urkesh. Para la datación del material encontrado suele ser muy útil la llamada «cerámica del Khabur», típica de la cultura hurrita.

[editar] Historia de los hurritas

Es mucho lo que se desconoce sobre la historia de los hurritas, sobre todo en lo referido a sus orígenes, pero parece que al llegar al valle del Khabur establecieron diferentes reinos, entre los cuales el más importante fue el de Mitanni, que luego fue destruido por los hititas y los asirios. Con la caída de los hititas se pierde la principal fuente documental acerca de los hurritas, lo que dificulta saber que ocurrió con éstos.

[editar] Orígenes

El origen de los hurritas es un aspecto controvertido de su historia, y existen diversas teorías: la dos más comunes los identifican como oriundos de Anatolia oriental o de la región Kura-Araxes. Ya en la época de Agadé (2200 a. C.) se atestiguan nombres hurritas en la región del río Khabur, lo que indicaría un movimiento de éstos hacia los lugares que ocuparían con posterioridad. Según algunos historiadores, en esta migración se habrían visto acompañados por los armenios, con los que se habrían mezclado anteriormente en el Cáucaso.

[editar] Influencia indoeuropea

Aunque está claro que los hurritas no eran de cultura indoeuropea, o, al menos, no hablaban una lengua indoeuropea, se ha especulado durante mucho tiempo sobre una posible influencia indoeuropea en la cultura hurrita, e incluso se ha llegado a afirmar que los hurritas estaban dominados por una aristocracia indoeuropea y se apuntaba que el nombre «mitani» podría ser una palabra iraní (mariyannu: ‘noble’) o sánscrita.

En la actualidad, estas teorías han caído en desuso, principalmente porque se han identificado raíces hurritas en la mayoría de las palabras y nombres considerados de origen indoeuropeo. Aunque parece que hubo un cierto contacto con pueblos iranos, de los que hurritas pudieron aprender el arte de la doma de caballos, no hay razones que permitan afirmar que elementos iranos estuvieran al mando de la sociedad hurrita.

[editar] Los estados hurritas

Después de la caída del imperio de Agadé, los hurritas fundaron una serie de reinos entre los que destacan los siguientes:

[editar] Urkesh

El primer estado hurrita atestiguado documentalmente es el creado en torno a la ciudad de Urkesh, que ya se encuentra registrado en documentos del 2100 a. C., procedentes de Ur. Urkesh no gozó de independencia durante mucho tiempo, ya que a comienzos del II milenio a. C. el reino amorreo de Mari impuso su dominio político sobre la zona. Además, los asirios fundaron algunas ciudades importantes en la zona durante el siglo XVIII a. C., lo que redujo aún más el margen de maniobra de Urkesh.

[editar] Alepo, Alalakh y Kizzuwadna

Para más información, véanse los artículos Alepo, Alalakh y Kizzuwadna.

Desde Urkesh los hurritas se expandieron al oeste, y se convirtieron en el elemento cultural dominante en la zona. A partir de finales del siglo XVIII a. C. es posible encontrar referencias hurritas en Alepo, Alalakh y Kizzuwadna. Mientras que Alalakh y Alepo se enfrentaron continuamente con los hititas, siendo derrotados en tiempos de Mursil I (finales del siglo XVII a. C.), el reino de Kizzuwadna (que algunos historiadores traducen como ‘Tierra de los Hurritas’) se mantuvo independiente y como una potencia a considerar hasta el reinado del hitita Tudhalia I (finales del siglo XV a. C.), que lo redujo a vasallaje. Aún reducido a vasallaje, Kizzuwadna conservo su independencia hasta la época de Shubiluliuma I (mediados del siglo XIV a. C.), que convirtió a Kizzuwadna en provincia hitita.

[editar] Mitani

Artículo principal: Mitani

A pesar de las derrotas a manos de los hititas, los hurritas continuaron su expansión y migración, esta vez hacia el sur. El saqueo de Babilonia a manos del rey hitita Mursil I y el consiguiente ascenso de una dinastía casita en esta ciudad, unido a un periodo de debilidad en Hatti tras el asesinato de Mursil, provocó un vacío de poder en el que apareció un nuevo reino hurrita, Mitani. A pesar de las derrotas iniciales a manos del faraón Tutmosis III, Mitani logró contener el avance egipcio y pronto se convirtió en una gran potencia durante el siglo XV y comienzos del siglo XIV a. C., llegando a saquear Assur. El ascenso del poder hitita bajo Shubiluliuma I (mediados del siglo XIV a. C.) arrebató a Mitani la mayoría de su territorio y lo redujo a un pequeño estado vasallo, que fue posteriormente incorporado a Asiria en la época de Salmanasar I.

Entre los vasallos de Mitani, hubo otros reinos hurritas de especial importancia; junto a los ya mencionados Alepo, Alalakh y, posiblemente, aunque durante un corto período, Kizzuwadna, cabe destacar el reino de Arrapha, centrado alrededor de la moderna Kirkuk, y que fue incorporado al imperio asirio durante el siglo XIV a. C.

[editar] Después de Mitani

Tras la conquista de Mitani, el carácter hurrita de los reinos de la zona no cambió, aunque estuvieron sometidos tanto a los hititas como a los asirios. Sin embargo, tras la caída del imperio hitita, desaparece la principal fuente documental sobre los hurritas, y no está claro que sucedió con ellos - parece que en la región, el idioma hurrita dejó de hablarse y fue sustituido por el arameo.

En la misma época aparece Urartu, un nuevo reino emparentado con los hurritas, pero que no era directamente descendiente de éstos, lo que puede observarse en su idioma, relacionado pero no heredero del hurrita.

Algunos historiadores creen que los hurritas pueden ser antepasados de los kurdos, y que es posible rastrear en éstos rasgos culturales de esta cultura.

[editar] Cultura hurrita

La cultura hurrita es principalmente conocida a través de referencias en los textos de Mesopotamia y del Imperio hitita, donde los hurritas ejercieron una gran influencia (probablemente a través de Kizzuwadna). En documentos de todo Oriente Próximo se encuentran nombres hurritas, y estos documentos, junto a los restos arqueológicos, constituyen la principal fuente de conocimiento sobre la cultura hurrita.

La canción más antigua que se conserva, probablemente para ser tocada con acompañamiento de lira, es hurrita.

[editar] Elementos materiales

La cerámica hurrita fue famosa en la antigüedad, siendo muy cotizada en tierras lejanas como Egipto, hasta el punto de que en la actualidad, los distintos estilos de cerámica son la forma más sencilla de datar los yacimientos arqueológicos hurritas. Son especialmente famosos los restos que los arqueólogos llaman «de Nuzi» y «de Khabur». Junto a la cerámica, los hurritas destacaron por su habilidad metalúrgica, de tal modo que la mayoría de las palabras usadas por los sumerios para referirse a este arte son de origen hurrita; sin embargo, no han quedado muchos restos del trabajo en metal de los hurritas, aunque se supone semejante al de Urartu.

Pero si hay algo por lo que los hurritas son famosos es por la equitación; parece que un reino hurrita de Anatolia oriental, Isuwa, puede traducirse como ‘tierra de caballos’. Probablemente fueron los hurritas los que introdujeron los caballos en Oriente Próximo, tras haber adquirido el conocimiento de su doma de los iranos. Está atestiguado que otros pueblos, como los hititas, contrataron a hurritas para que les enseñaran el amaestramiento de caballos y su dominio para la guerra.

[editar] Lengua hurrita

Artículo principal: Lenguas hurrito-urartianas

La lengua hurrita no se ha logrado descifrar del todo, pero se sabe lo suficiente de ella para afirmar que no es ni indoeuropea ni semita. Usualmente, se clasifica como perteneciente al grupo de las lenguas caucásicas.

Destaca principalmente por ser una lengua aglutinante, que se escribía en tablas de arcilla con caracteres acadios, emparentada con la lengua de Urartu.

Parece ser que desde finales del segundo milenio antes de cristo o principios del primero, los hurritas abandonaron progresivamente su lengua y comenzaron a hablar con cada vez más frecuencia el arameo.

[editar] Religión

La religión es quizá el elemento más conocido de la cultura de los hurritas, por la influencia que tuvo sobre todos sus vecinos, especialmente el reino de Urartu, que adoptó la religión hurrita por completo, y el Imperio hitita. Al cabo de cierto tiempo, casi todo Oriente Próximo, excepto Egipto y el sur de Mesopotamia, acabó incorporando elementos hurritas en su religión.

La influencia en los hititas fue tal (probablemente a través de Kizzuwadna), que se produjo pronto un sincretismo entre la religión hitita y la hurrita, de la misma forma que mucho tiempo después llegaron a identificarse la religión romana y la griega. Los principales dioses hurritas fueron los siguientes (entre paréntesis la transcripción hitita del nombre):

  • Teshub (Teshup), dios de la tormenta y figura clave del panteón hurrita. Se identificó con Baal en la antigua Siria.
  • Hebat (Hepa), su esposa, diosa de la fertilidad y del sol. Se identificó con Cibeles.
  • Sarruma (Šarruma), el hijo de ambos.
  • Kumarbi, padre de Teshub.
  • Shaushka o Shawushka (Šauska), equivalente hurrita de Ishtar.
  • Kushuh (Kušuh), dios de la luna.

Junto a estos, han sobrevivido los nombres de un par de dioses védicos, pero no parece que fueran demasiado importantes en el panteón hurrita, ya que en una lista de cien dioses, están citados como los dos últimos.

Los hurritas tuvieron muchos centros religiosos de importancia, en Kizzuwadna, y en muchas ciudades extranjeras como Hattusa o Nínive. En algunos reinos hurritas existía una casta especial encargada de los oficios religiosos, de manera similar a los levitas dentro del judaísmo. Entre los mitos hurritas destaca particularmente el de Las canciones de Ullikummi, que conocemos a través de los hititas. Este documento contiene una historia muy parecida a la de la teogonía de Hesíodo, con Anu en el papel de Urano, Kumarbi en el de Crono y Teshub en el de Zeus.

[editar] Bibliografía de referencia

  • Bryce, Trevor: The kingdom of the hittites. Nueva York: Oxford University Press, 1999.
  • Kurth, Amélie: El Oriente próximo en la antigüedad, I (circa 3000-330 a. C.). Traducción por Teófilo de Lozoya. Barcelona: Crítica, 2000.

HISTORIA7: LOS HUNOS. ATILA. Atila (406 - Valle de Tisza, 453) fue el último y más poderoso caudillo de los hunos, tribu procedente probablemente de Asia, aunque sus orígenes exactos son desconocidos. Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Conocido en Occidente como «El azote de Dios». Sus posesiones se extendían desde la Europa Central hasta el Mar Negro, y desde el río Danubio hasta el mar Báltico. Durante su reinado fue uno de los más acérrimos enemigos del Imperio Romano, que en esta etapa final del mismo estaba dividido en dos: El Imperio Oriental con capital en Constantinopla, hoy Estambul, y el Imperio Occidental, con capital en Roma y más tarde en Rávena. Invadió dos veces los Balcanes, estuvo a punto de tomar la ciudad de Roma y llegó a sitiar Constantinopla. Marchó a través de Francia hasta llegar incluso a Orleans, hasta que el general romano Aecio le obligó a retroceder en la batalla de los Campos Cataláunicos en el 451 (Châlons-en-Champagne). Logró hacer huir al emperador de Occidente Valentiniano III de su capital, Rávena, en el 452. Atila murió por la picadura de una serpiente.

Atila

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Para la ópera del mismo nombre, véase Attila (ópera).
Atila
Rey
 
Reinado434453
Nacimiento406
Fallecimiento453
Valle de Tisza, Hungría
PredecesorBleda y Rua
SucesorElac
PadreMundzuk
Bleda y Atila, mientras rezaban por Tamás Tulipán.

Atila (406 - Valle de Tisza, 453) fue el último y más poderoso caudillo de los hunos, tribu procedente probablemente de Asia, aunque sus orígenes exactos son desconocidos. Atila gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte en 453. Conocido en Occidente como «El azote de Dios». Sus posesiones se extendían desde la Europa Central hasta el Mar Negro, y desde el río Danubio hasta el mar Báltico. Durante su reinado fue uno de los más acérrimos enemigos del Imperio Romano, que en esta etapa final del mismo estaba dividido en dos: El Imperio Oriental con capital en Constantinopla, hoy Estambul, y el Imperio Occidental, con capital en Roma y más tarde en Rávena. Invadió dos veces los Balcanes, estuvo a punto de tomar la ciudad de Roma y llegó a sitiar Constantinopla. Marchó a través de Francia hasta llegar incluso a Orleans, hasta que el general romano Aecio le obligó a retroceder en la batalla de los Campos Cataláunicos en el 451 (Châlons-en-Champagne). Logró hacer huir al emperador de Occidente Valentiniano III de su capital, Rávena, en el 452. Atila murió por la picadura de una serpiente.

El imperio de los Hunos murió con Atila. Los hunos fueron un pueblo nómada de cazadores y ganaderos. No solían usar la agricultura ni la industria en su organización social, y la escritura era rara vez usada para documentar su historia, por lo que desaparecieron sin dejar ninguna herencia destacada. Lo poco que se sabe de ellos se lo debemos en gran parte a sus mayores enemigos, los romanos. A pesar de todo, Atila se convirtió en una figura legendaria de la historia de Europa, y en gran parte de la Europa Occidental se le recuerda como el paradigma de la crueldad, la destrucción y la rapiña. Algunos historiadores, en cambio, lo han retratado como un rey grande y noble, y tres sagas escandinavas lo incluyen entre sus personajes principales.

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[editar] Orígenes

Artículo principal: Hunos

Los hunos europeos parecen haber sido una rama occidental de los hsiung-nu o xiongnu, grupo proto-mongol o proto-túrquico de tribus nómadas del noreste de China y del Asia Central. Estos pueblos lograron superar militarmente a sus rivales (muchos de ellos de refinada cultura y civilización) por su predisposición para la guerra, su asombrosa movilidad, gracias a sus pequeños y veloces caballos y su extraordinaria habilidad con el arco, (ver arco huno).

Atila nació en torno al año 406. En cuanto a su infancia, la suposición de que a temprana edad era ya un jefe capaz y un avezado guerrero es razonable, pero no existe forma de constatarla. Tras la muerte de su padre, Atila se encuentra con su tío y decide acompañarlo para aprender el arte de la guerra.tuvo mucha importancia en su gobierno

[editar] El trono compartido

El mundo del Mediterráneo sobre el 450 d. C.

Hacia el 432, los hunos se unificaron bajo el rey Rua o Rugila. En el 434 murió Rua, dejando a sus sobrinos Atila y Bleda, hijos de su hermano Mundzuk, al mando de todas las tribus hunas. En aquel momento los hunos se encontraban en plena negociación con los embajadores de Teodosio II acerca de la entrega de varias tribus renegadas que se habían refugiado en el seno del imperio de Oriente. Al año siguiente, Atila y Bleda tuvieron un encuentro con la legación imperial en Margus (actualmente Pozarevac) y, sentados todos en la grupa de los caballos a la manera huna, negociaron un tratado. Los romanos acordaron no sólo devolver las tribus fugitivas (que habían sido un auxilio más que bienvenido contra los vándalos), sino también duplicar el tributo anteriormente pagado por el imperio, de 350 libras romanas de oro (casi 115 kg), abrir los mercados a los comerciantes hunos y pagar un rescate de ocho sólidos por cada romano prisionero de los hunos. Éstos, satisfechos con el tratado, levantaron sus campamentos y partieron hacia el interior del continente, tal vez con el propósito de consolidar y fortalecer su imperio. Teodosio utilizó esta oportunidad para reforzar los muros de Constantinopla, construyendo las primeras murallas marítimas de la ciudad, y para levantar líneas defensivas en la frontera a lo largo del Danubio.

El imperio huno se extendía desde las estepas de Asia Central hasta la actual Alemania, y desde el Danubio hasta el Báltico.

Los hunos permanecieron fuera de la vista de los romanos durante los siguientes cinco años. Durante este tiempo llevaron a cabo una invasión de Persia. Sin embargo, una contraofensiva persa en Armenia concluyó con la derrota de Atila y Bleda, quienes renunciaron a sus planes de conquista. En el 440 reaparecieron en las fronteras del imperio oriental, atacando a los mercaderes de la ribera norte del Danubio, a los que protegía el tratado vigente. Atila y Bleda amenazaron con la guerra abierta, sosteniendo que los romanos habían faltado a sus compromisos y que el obispo de Margus (cercana a la actual Belgrado) había cruzado el Danubio para saquear y profanar las tumbas reales hunas de la orilla norte del Danubio. Cruzaron entonces este río y arrasaron las ciudades y fuertes ilirios a lo largo de la ribera, entre ellas –según Prisco– Viminacium, que era una ciudad de los moesios en Iliria. Su avance comenzó en Margus, ya que cuando los romanos debatieron la posibilidad de entregar al obispo acusado de profanación, éste huyó en secreto a los bárbaros y les entregó la ciudad.

Teodosio había desguarnecido las defensas ribereñas como consecuencia de la conquista de Cartago por el vándalo Genserico en el 440 y la invasión de Armenia por el sasánida Yazdegerd II en el 441. Esto dejó a Atila y Bleda el camino abierto a través de Iliria y los Balcanes, que se apresuraron a invadir en el mismo 441. El ejército huno, habiendo saqueado Margus y Viminacium, tomó Sigindunum (la moderna Belgrado) y Sirmium antes de detener las operaciones. Siguió entonces una tregua a lo largo del 442, momento que aprovechó Teodosio para traer sus tropas del Norte de África y disponer una gran emisión de moneda para financiar la guerra contra los hunos. Hechos estos preparativos, consideró que podía permitirse rechazar las exigencias de los reyes bárbaros.

La respuesta de Atila y Bleda fue reanudar la campaña (443). Golpeando a lo largo del Danubio, tomaron los centros militares de Ratiara y sitiaron con éxito Naissus (actual Nis) mediante el empleo de arietes y torres de asalto rodantes (sofisticaciones militares novedosas entre los hunos). Más tarde, presionando a lo largo del Nisava ocuparon Sérdica (Sofía), Filípolis (Plovdiv) y Arcadiópolis. Enfrentaron y destruyeron tropas romanas en las afueras de Constantinopla y sólo se detuvieron por la falta del adecuado material de asedio capaz de abrir brechas en las ciclópeas murallas de la ciudad. Teodosio admitió la derrota y envió al cortesano Anatolio para que negociara los términos de la paz, que fueron más rigurosos que en el anterior tratado: el emperador acordó entregar más de 6.000 libras romanas (unos 1.963 kg) de oro como indemnización por haber faltado a los términos del pacto; el tributo anual se triplicó, alcanzando la cantidad de 2.100 libras romanas (unos 687 kg) de oro; y el rescate por cada romano prisionero pasaba a ser de 12 sólidos.

Satisfechos durante un tiempo sus deseos, los reyes hunos se retiraron al interior de su imperio. De acuerdo con Jordanes (quien sigue a Prisco), en algún momento del periodo de calma que siguió a la retirada de los hunos desde Bizancio (probablemente en torno al 445), Bleda murió y Atila quedó como único rey. Existe abundante especulación histórica sobre si Atila asesinó a su hermano o si Bleda murió por otras causas. En todo caso, Atila era ahora el señor indiscutido de los hunos y nuevamente se volvió hacia el imperio oriental.

[editar] Rey único

Tras la partida de los hunos, Constantinopla sufrió graves desastres, tanto naturales como causados por el hombre: sangrientos disturbios entre aficionados a las carreras de carros del Hipódromo; epidemias en el 445 y 446, la segunda a continuación de una hambruna; y toda una serie de terremotos que duró cuatro meses, destruyó buena parte de las murallas y mató a miles de personas, ocasionando una nueva epidemia. Este último golpe tuvo lugar en el 447, justo cuando Atila, habiendo consolidado su poder, partió de nuevo hacia el sur, entrando en el imperio a través de Moesia. El ejército romano, bajo el mando del magister militum godo Arnegisclo, le hizo frente en el río Vid y fue vencido aunque no sin antes ocasionar graves pérdidas al enemigo. Los hunos quedaron sin oposición y se dedicaron al pillaje a lo largo de los Balcanes, llegando incluso hasta las Termópilas. Constantinopla misma se salvó gracias a la intervención del prefecto Flavio Constantino, quien organizó brigadas ciudadanas para reconstruir las murallas dañadas por los sismos (y, en algunos lugares, para construir una nueva línea de fortificación delante de la antigua).

Ha llegado hasta nosotros un relato de la invasión:

La nación bárbara de los hunos, que habitaba en Tracia, llegó a ser tan grande que más de cien ciudades fueron conquistadas y Constantinopla llegó casi a estar en peligro y la mayoría de los hombres huyeron de ella (…) Y hubo tantos asesinatos y derramamientos de sangre que no se podía contar a los muertos. ¡Ay, que incluso ocuparon iglesias y monasterios y degollaron a monjes y doncellas en gran número! Callínico, Vida de San Hipatio

Atila reclamó como condición para la paz que los romanos continuaran pagando un tributo en oro y que evacuaran una franja de tierra cuya anchura iba de las trescientas millas hacia el este desde Sigindunum hasta las cien millas al sur del Danubio. Las negociaciones continuaron entre romanos y hunos durante aproximadamente tres años. El historiador Prisco fue enviado como embajador al campamento de Atila en el 448. Los fragmentos de sus informes, conservados por Jordanes, nos ofrecen una gráfica descripción de Atila entre sus numerosas esposas, su bufón escita y su enano moro, impasible y sin joyas en medio del esplendor de sus cortesanos:

“La Fiesta de Atila”, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.
Se había preparado una lujosa comida, servida en vajilla de plata, para nosotros y nuestros bárbaros huéspedes, pero Atila no comió más que carne en un plato de madera. En todo lo demás se mostró también templado; su copa era de madera, mientras que al resto de nuestros huéspedes se les ofrecían cálices de oro y plata. Su vestido, igualmente, era muy simple, alardeando sólo de limpieza. La espada que llevaba al costado, los lazos de sus zapatos escitas y la brida de su caballo carecían de adornos, a diferencia de los otros escitas, que llevaban oro o gemas o cualquier otra cosa preciosa.

Durante estos tres años, de acuerdo con una leyenda recogida por Jordanes, Atila descubrió la “Espada de Marte”:

Dice el historiador Prisco que fue descubierta en las siguientes circunstancias: Cierto pastor descubrió que un ternero de su rebaño cojeaba y no fue capaz de encontrar la causa de la herida. Siguió ansiosamente el rastro de la sangre y halló al cabo una espada con la que el animal se había herido mientras pastaba en la hierba. La recogió y la llevó directamente a Atila. Éste se deleitó con el regalo y, siendo ambicioso, pensó que se le había destinado a ser señor de todo el mundo y que por medio de la Espada de Marte tenía garantizada la supremacía en todas las guerras. Jordanes, Origen y gestas de los godos” (XXXV)

Más tarde, el estudioso Juan Carlos Quito N. identificaría esta leyenda como perteneciente a un patrón de culto a la espada común entre los nómadas de las estepas de Asia Central.

[editar] Atila en Occidente

Ya en el 450 había proclamado Atila su intención de atacar al poderoso reino visigodo de Toulouse en alianza con el emperador Valentiniano III. Atila había estado anteriormente en buenas relaciones con el imperio occidental y con su gobernante de facto, Flavio Aecio. Aecio había pasado un breve exilio entre los hunos en el 433, y las tropas que Atila le había proporcionado contra los godos y los burgundios habían contribuido a conseguirle el título –más que nada honorífico– de “magister militum” en Occidente. Los regalos y los esfuerzos diplomáticos de Genserico, que se oponía y temía a los visigodos, pudieron influir también en los planes de Atila.

El camino de las fuerzas hunas en la invasión de la Galia, hasta la Batalla de los Campos Cataláunicos.

En cualquier caso, en la primavera del 450, la hermana de Valentiniano, Honoria, a la que contra su voluntad habían prometido con un senador, envió al rey huno una demanda de ayuda juntamente con su anillo. Aunque es probable que Honoria no tuviera intención de proponerle matrimonio, Atila escogió interpretar así su mensaje. Aceptó, pidiéndole como dote la mitad del imperio occidental. Cuando Valentiniano descubrió lo sucedido, sólo la influencia de su madre, Gala Placidia, consiguió que enviara a Honoria al exilio en vez de matarla. Escribió a Atila negando categóricamente la legitimidad de la supuesta oferta de matrimonio. Atila, sin dejarse convencer, envió una embajada a Rávena para proclamar la inocencia de Honoria y la legitimidad de su propuesta de esponsales, así como que él mismo se encargaría de venir a reclamar lo que era suyo por derecho.

Mientras tanto, Teodosio murió a consecuencia de una caída de caballo y su sucesor, Marciano, interrumpió el pago del tributo a finales del 450. Las sucesivas invasiones de los hunos y de otras tribus habían dejado los Balcanes con poco que saquear. El rey de los salios había muerto y la lucha sucesoria entre sus dos hijos condujo a un enfrentamiento entre Atila y Aecio. Atila apoyaba al hijo mayor, mientras que Aecio lo hacía al pequeño. Bury piensa que la intención de Atila al marchar hacia el oeste era la de extender su reino –ya para entonces el más poderoso del continente– hasta la Galia y las costas del Atlántico. Para cuando reunió a todos sus vasallos (gépidos, ostrogodos, rugianos, escirianos, hérulos, turingios, alanos, burgundios, etc.) e inició su marcha hacia el oeste, había ya enviado ofertas de alianza tanto a los visigodos como a los romanos.

En el 451 su llegada a Bélgica con un ejército que Jordanes cifra en 500.000 hombres puso pronto en claro cuáles eran sus verdaderas intenciones. El 7 de abril tomó Metz, obligando a Aecio a ponerse en movimiento para hacerle frente con tropas reclutadas entre los francos, burgundios y celtas. Una embajada de Avito y el constante avance de Atila hacia el oeste convencieron al rey visigodo, Teodorico I, de aliarse con los romanos. El ejército combinado de ambos llegó a Orleans por delante de Atila, cortando así su avance. Aecio persiguió a los hunos y les dio caza cerca de Châlons-en-Champagne, trabando la batalla de los Campos Cataláunicos, que terminó con la victoria de la alianza godo-romana, aunque Teodorico perdió la vida en el combate. Atila se replegó más allá de sus fronteras y sus aliados se desbandaron.

[editar] Invasión de Italia y muerte de Atila

Atila y sus hunos invadiendo Italia.

Atila apareció de nuevo en el 452 para exigir su matrimonio con Honoria, invadiendo y saqueando Italia a su paso. Su ejército sometió a pillaje numerosas ciudades y arrasó Aquilea hasta sus cimientos. Valentiniano huyó de Rávena a Roma. Aecio permaneció en campaña, pero sin potencia militar suficiente para presentar batalla

Finalmente, Atila se detuvo en el Po, a donde acudió una embajada formada, entre otros, por el prefecto Trigecio, el cónsul Avieno y el papa León I. Tras el encuentro inició la retirada sin reclamar ya ni su matrimonio con Honoria ni los territorios que deseaba.

Se han ofrecido muchas explicaciones para este hecho. Puede que las epidemias y hambrunas que coincidieron con su invasión debilitaran su ejército, o que las tropas que Marciano envió allende el Danubio le forzaran a regresar, o quizá ambas cosas. Prisco cuenta que un temor supersticioso al destino de Alarico, que murió poco después del saqueo de Roma en el 410, hizo detenerse a los hunos. Próspero de Aquitania afirma que el papa León, ayudado por San Pedro y San Pablo, le convenció para que se retirara de la ciudad. Seguramente la indudable personalidad de San León Magno tuvo más que ver con la retirada de Atila que la entrega a éste de una gran cantidad de oro, como suponen algunos autores, dado que tenía ya al alcance de su mano la plena posesión de la fuente de la que ese oro manaba.

El encuentro de San León Magno y Atila, de Rafael, en el que se puede ver a San Pedro y San Pablo apoyando al papa desde lo alto en su encuentro con el rey huno.

Cualesquiera que fuesen sus razones, Atila dejó Italia y regresó a su palacio más allá del Danubio. Desde allí planeó atacar nuevamente Constantinopla y exigir el tributo que Marciano había dejado de pagar. Pero la muerte le sorprendió a comienzos del 453. El relato de Prisco dice que cierta noche, tras los festejos de celebración de su última boda (con una goda llamada Ildico), sufrió una grave hemorragia nasal que le ocasionó la muerte. Sus soldados, al descubrir su fallecimiento, le lloraron cortándose el pelo e hiriéndose con las espadas, pues –como señala Jordanes– “el más grande de todos los guerreros no había de ser llorado con lamentos de mujer ni con lágrimas, sino con sangre de hombres”. Lo enterraron en un triple sarcófago –de oro, plata y hierro– junto con el botín de sus conquistas, y los que participaron en el funeral fueron ejecutados para mantener secreto el lugar de enterramiento. Tras su muerte, siguió viviendo como figura legendaria: los personajes de Etzel en el Cantar de los Nibelungos y de Atli en la Saga de los Volsungos y la Edda poética se inspiran vagamente en su figura.

Otra versión de su muerte es la que nos ofrece, ochenta años después del suceso, el cronista romano Conde Marcelino: “Atila, rey de los hunos y saqueador de las provincias de Europa, fue atravesado por la mano y la daga de su mujer”. También la Saga de los Volsung y la Edda poética sostienen que el rey Atli (Atila) murió a manos de su mujer Gudrun, pero la mayoría de los estudiosos rechazan estos relatos como puras fantasías románticas y prefieren la versión dada por Prisco, contemporáneo de Atila.

Éste fue el fin de los ocho años que duraron las invasiones de los hunos, los bárbaros que hicieron retroceder y extinguirse a Roma. El Imperio Romano de Occidente(Imperio Bizantino), del que prácticamente no quedaba más que la propia Roma, fue terminado y destruida por los vándalos, otro pueblo bárbaro.

Los hijos de Atila, Elac (al que había designado heredero), Dengizik y Hernac lucharon por la sucesión y, divididos, fueron vencidos y desperdigados el año siguiente en la batalla de Nedao por una coalición de pueblos diversos (ostrogodos, hérulos, gépidos, etc.). Su imperio no sobrevivió a Atila.

[editar] Apariencia, carácter y nombre

La principal fuente de información sobre Atila es Prisco, un historiador que viajó con Maximino en una embajada de Teodosio II en el 448. Describe el poblado construido por los nómadas hunos, y en el que se habían establecido, como del tamaño de una ciudad grande, con sólidos muros de madera. Al propio Atila lo retrata así:

Ilustración de Atila de Edda poética.
Corto de estatura, de ancho pecho y cabeza grande; sus ojos eran pequeños, su barba fina y salpicada de canas; y tenía la nariz chata y la tez morena, mostrando la evidencia de su origen”.

La apariencia física de Atila debía ser, muy probablemente, la de alguien del Extremo Oriente o del tipo mongol, o quizá una mezcla de este tipo y del de los pueblos túrquicos de Asia Central. Seguramente mostraba rasgos del Oriente asiático, que los europeos no estaban acostumbrados a ver, y por eso lo describieron con frecuencia en términos poco elogiosos.

Atila es conocido en la historia y la tradición occidentales como el inflexible “Azote de Dios”, y su nombre ha pasado a ser sinónimo de crueldad y barbarie. Algo de esto ha podido surgir de la fusión de sus rasgos, en la imaginación popular, con los de los posteriores señores esteparios de la guerra, como Gengis Kan y Tamerlán: todos ellos comparten la misma fama de crueles, inteligentes, sanguinarios y amantes de la batalla y el pillaje. La realidad sobre sus caracteres respectivos puede ser más compleja. Los hunos del tiempo de Atila se habían relacionado durante algún tiempo con la civilización romana, particularmente a través de los aliados germanos (foederati) de la frontera, de modo que cuando Teodosio envió su embajada del 448, Prisco pudo identificar como lenguas comunes en la horda el huno, el gótico y el latín. Cuenta también Prisco su encuentro con un romano occidental cautivo, que había asimilado tan completamente la forma de vida de los hunos que no tenía ningún deseo de volver a su país de origen. Y la descripción del historiador bizantino de la humildad y sencillez de Atila no ofrece dudas sobre la admiración que le causa. Asimismo, de los relatos del mismo Prisco se desprende con claridad que Atila no sólo hablaba perfectamente el latín, sino que sabía escribirlo; además hablaba griego y otros idiomas, por lo que muy probablemente se trató de un hombre de gran cultura para los cánones de la época.

Una ilustración de la reunión de la Crónica ilustrada Húngara, c. 1360.

El contexto histórico de la vida de Atila tuvo gran trascendencia a la hora de configurar su posterior imagen pública: En los años de la decadencia del Imperio occidental, tanto sus conflictos con Aecio (conocido a menudo como “el último romano”) como lo ajeno de su cultura contribuyeron a cubrirlo con la máscara de bárbaro feroz y enemigo de la civilización con la que ha sido reflejado en un sinnúmero de películas y otras manifestaciones artísticas. Los poemas épicos germanos en los que aparece nos ofrecen un retrato más matizado: es tanto un aliado noble y generoso –el Etzel del Cantar de los Nibelungos– como cruel y rapaz –Atli, en la Saga de los Volsung y en la Edda poética–.

Algunas historias nacionales, sin embargo, le retratan siempre bajo una luz favorable. Durante la Edad Media, en los siglos XIII y XIV se dejó sentada la leyenda de los dos hermanos Hunor y Magor, donde se explicaba el parentesco entre los hunos y húngaros, así como la llegada de Atila a los territorios panonios. En Hungría y Turquía los nombres de Atila y su última mujer, Ildico, siguen siendo populares actualmente (siglo XXI). De forma parecida, el escritor húngaro Géza Gárdonyi, en su novela A láthatatlan ember (publicada en español con el título de El esclavo de Atila), ofrece una imagen positiva del rey huno, describiéndolo como un jefe sabio y querido.

Se ha calificado a Atila como un "bárbaro" sin darse cuenta de que los romanos llamaban así a cualquier pueblo que no fuera romano o romanizado, sin importar su grado de cultura ni su estado de civilización. Hay que tener en cuenta, a la hora de formarse una idea correcta del personaje, que los relatos que nos han llegado son todos de la pluma de sus enemigos, por lo que es imprescindible un adecuado expurgo de los mismos.

Aparte de esto, no es improbable que el jefe de una nación guerrera (un jefe inteligente) sopesara la ventaja propagandística de ser considerado por sus enemigos el "Azote de Dios", y que debido a ello fomentara esa imagen entre ellos.

El nombre de Atila podría significar “Padrecito”, del gótico “atta” (padre) con el sufijo diminutivo “-la”, ya que sabemos que muchos godos sirvieron en sus ejércitos. Podría ser también una forma pre-turca, de origen altaico (compárese con Atatürk y con Alma-Ata, la actual Almaty). Es muy posible que provenga de “atta” (padre) y de “il” (tierra, país), con el sentido de “tierra paterna” o “madre patria”. Atil era asimismo el nombre altaico del actual Volga, río que tal vez dio su nombre a Atila.

[editar] La herencia de Atila y los húngaros

Concepción sobre la apariencia de Atila elaborada en 1360 de la Crónica Ilustrada Húngara.

En la actualidad numerosas teorias vinculan a la nación húngara con los hunos. Una sub-étnia dentro de los húngaros conocida como Székely posee trazos genéticos en común con los antiguos hunos. Los Székely originalmente son de habla húngara y arribaron a la Cuenca panónica previamente a la "gran ocupación del hogar", comandanda por el Gran Príncipe húngaro Árpad en el 896. Por consiguiente, se estima que los székely o arribaron un par de siglos antes a los magiares, o arribaron junto con los hunos de Atila. El hecho es que tanto los magiares como los székely así como muchas otras étnias eran parte del enorme mosaico conocido como los "hunos", los cuales no eran netamente una sola etnia sino cientos de tribus fusionadas en un solo imperio. En el caso de los propios magiares, el grupo de casi 300.000 personas que arribaron con Árpad estaba compuesto por siete tribus unificadas.

A pesar de su gran fama, poco se sabe del fin de este pueblo que atravesó 10.000 km hasta llegar desde Mongolia a Hungría. La hipótesis más razonable parece ser que la desintegración del imperio de los hunos a la muerte de Atila y las enfermedades europeas (para un pueblo de la estepa asiática con un sistema inmunitario no habituado a ellas) dividieron y diezmaron a la población, que se fue mezclando por diferentes regiones, principalmente en Hungría y Rumanía. No parece muy lógico, que tras 100 años de asentamiento en Europa, ese pueblo desapareciera por completo, o volviera a rehacer el camino a la actual Mongolia. Entre una de las propuestas medievales, los Príncipes y reyes húngaros se consideraban descendientes directos de Atila, afirmando que habían abandonado Europa nuevamente hacia Asia y que tras cuatro siglos regresaron a reclamar su herencia como descendientes del "Azote de Dios". Si en efecto eran descendientes de Atila o no, Árpad y sus descendientes realmente lo creían, así como toda la población circundante, lo cual les sirvió para legitimizarse en el poder.

[editar] Fuentes

  • Prisco: Historia Bizantina (texto griego en Ludwig Dindorf: Historici Graeci Minores, Leipzig, B.G. Teubner, 1870). Se puede consultar una traducción al inglés de J.B. Bury en Priscus at the court of Attila
  • Jordanes: Origen y gestas de los godos. Hay una edición española de José María Sánchez Martín, Madrid, Cátedra, 2001.

[editar] Bibliografía

En español:

  • Bock, Susan: Los hunos, tradición e historia. Universidad de Murcia, Secretariado de Publicaciones, 1992. ISBN B0000EDNA1
  • Bussagli, Mario: Atila. Madrid: Alianza Editorial, 2005. ISBN 84-206-0341-4
  • Cebrián, Juan Antonio: Pasajes de la Historia. Madrid: Corona Borealis, 2001.
  • Gárdonyi, Géza: El esclavo de Atila
  • Grousset, René: El imperio de las estepas: Atila, Gengis Kan, Tamerlán. Madrid: Edaf, 1991. ISBN 84-7640-498-0
  • Raya Olivet, Hernan: Hunos, conquista y expansion, Colegio "Trilce", version del clásico Age of Empires II, The Conquerors, 2006.
  • Roberts, Wess: Atila, conquistador en el siglo V, líder en el siglo XX,. Madrid: Maeva, 2001. ISBN 84-86478-23-5

En inglés:

  • Blockley, R.C.: The Fragmentary Classicising Historians of the Later Roman Empire, vol. II (colección de fragmentos de Prisco, Olimpiodoro y otros, con el texto original y traducción al inglés). ISBN 0-905205-15-4
  • Gordon, C.D.: The Age of Attila: Fifth-century Byzantium and the Barbarians. Míchigan: University of Michigan Press, 1960.
  • Maenchen-Helfen, Otto (ed. Max Knight): The World of the Huns: Studies in Their History and Culture. Berkeley: University of California Press, 1973.
  • Thompson, E.A.: A History of Attila and the Huns. Londres: Oxford University Press, 1999. ISBN 0-631-21443-7

En francés:

  • Bóna, István: Les huns: Le grand empire barbare d'Europe (IVe-Ve siècles). París: Errance, 2002.

En húngaro:

  • Kézai, Simon /Keszi, Simon: "A hunok és a magyarok cselekedetei". En Gesta Hunnorum et Hungarorum. Editado y traducido por László Veszprémy & Frank Schaer. Central European University, 1999.

[editar] Enlaces externos

[editar] En inglés

Precedido por:
Ruga (como corregente) y Bleda (como rey único)
Rey de los Hunos
434-453
Sucedido por:
Elac

HISTORIA7: LOS HUNOS. Los hunos fueron una confederación de tribus euroasiáticas, muchas de ellas de los más diversos orígenes, unidas por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Este grupo humano apareció en Europa en el siglo IV, y su máximo exponente fue Atila el Huno. Los hunos fueron llamados bárbaros por los romanos, a los que invadieron entre los siglos IV y V.

Hunos

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“La Fiesta de Atila”, cuadro del pintor húngaro Mór Than. Se basa en el fragmento de Prisco, al que representa de blanco en la parte derecha, sosteniendo su libro de historia.

Los hunos fueron una confederación de tribus euroasiáticas, muchas de ellas de los más diversos orígenes, unidas por una aristocracia que hablaba una lengua túrquica. Este grupo humano apareció en Europa en el siglo IV, y su máximo exponente fue Atila el Huno. Los hunos fueron llamados bárbaros por los romanos, a los que invadieron entre los siglos IV y V.

Contenido

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[editar] Su vida

Excelentes jinetes arqueros, veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo por el Imperio. Pactaron con Roma en contra de los germanos de la Europa Central y, hacia el 432, tenían un caudillo principal, Rua o Rugila, a cuya muerte (434) le sucedieron sus sobrinos Bleda y Atila. Eran nómadas y vivían en chozas temporales, aunque conocían la propiedad de la tierra y solían serpentear por zonas concretas que estuvieran en su poder. Por su condición nómada, la vaca y la cacería tenían un papel más importante en su economía que la agricultura. Las carencias en su dieta eran saciadas por medio del comercio y de forma mucho más seguida, el pillaje en territorio extranjero. Las armas que empleaban en la guerra eran la espada recta, la lanza; el lazo, que era una especie de cuerda con la que lazaban a sus enemigos y les rompían el cuello, y el arco compuesto, que solían utilizar desde el caballo. A esto contribuía el uso del estribo, que tomaron de los chinos y que introdujeron más tarde en Persia y Europa.

[editar] Cultura

Por su origen se cree que la lengua de los hunos debió ser del tronco uralo-altaico, el grupo al que pertenecen lenguas como el turco o el mongol. La hipótesis de que su lengua fuera en realidad de la familia irania, basada en las inscripciones de monedas halladas en tumbas hunas procedentes del actual Afganistán y algunas ex repúblicas soviéticas, ha sido rechazada hoy en día, pues se ha demostrado que tales monedas sólo repetían el mismo patrón que las persas de zonas limítrofes. Por otra parte, algunas fuentes chinas los relacionan con pueblos siberianos, como los samoyedos, pero esto tampoco concuerda con los datos aportados por la arqueología.

Durante la Edad Media, se dejaron registradas numerosas gestas y leyendas entre las cuales se halla la de Hunor y Magor, cuya versión más antigua data del siglo XIII en Hungría. En ésta se narra cómo estos dos hermanos dan nombre a las naciones huna y húngara, hallándose así ambas emparentadas. Hasta ahora no se ha logrado establecer ningún parentesco étnico entre ambas, pero se estima que luego de la llegada de los húngaros de Asia en 905, se mezclaron eventualmente con restos de la civilización huna que aún vivía en el territorio de Panonia para la fecha.

En cuanto a la religión no se sabe casi nada de ella. Aparentemente tenían un tipo de "adoración al caballo" (ya que estos animales eran una figura casi "sagrada" para ellos en su cultura). Las fuentes romanas suelen referirse a ellos como individuos subhumanos carentes de cualquier clase de dios y moral, sin creencia en otra vida aparte de la terrenal, aunque se sabe que tenían algo parecido a chamanes o brujos en su tribu (que creían en la existencia de abominaciones subterráneas infernales), especializados en la adivinación a partir del examen de restos y huesos de animales. Originalmente cremaban a sus muertos, aunque más adelante comenzaron a inhumarlos. Practicaban tanto la poliandria como la poliginia.

El historiador romano Amiano Marcelino nos dejó un texto donde podemos observar la visión deformada que los romanos tenían sobre los hunos:

Son seres imberbes, musculosos, salvajes, extraordinariamente resistentes al frío, al hambre y la sed, desfigurados por los ritos de deformación craneana y de circuncisión que practicaban, e ignorantes del fuego, de la cocina y de la vivienda.

[editar] Expansionismo

[editar] Extremo Oriente

Según las crónicas de la antigua China, los xiongnu eran un pueblo nómada de pastores y guerreros que vivían en las estepas de Asia centro-oriental, al norte de la Gran Muralla China. Muchos historiadores modernos piensan que los xiongnu mencionados en las crónicas chinas eran el mismo pueblo que apareció siglos más tarde en Europa e invadió el Imperio romano bajo el nombre de los hunos.

La dinastía Qin pudo rechazar sus ataques de forma más o menos eficaz, pero a la caída de ésta los xiongnu lograron superar la Gran Muralla e iniciar una serie de incursiones en territorio chino. Los xiongnu también combatían contra otros pueblos nómadas, y durante el mandato del jefe Mao Dun (209-174 a. C.) derrotaron a las poderosas tribus de los xianbi, los tunguses y los kitán, unificando por primera vez el área ocupada por la actual Mongolia. El emperador chino Wen, de la dinastía Han, quiso alejar el peligro de este nuevo imperio pagándoles tributo (seda y cereales sobre todo), algo que con el tiempo sería una constante en la relación de los hunos con otros pueblos. Era tal la cantidad que exigían los xiongnu para no entrar en guerra que los bienes recibidos cada año les sobraban, hasta el punto de que los vendían a los mercaderes de Occidente que llegaban por la Ruta de la Seda con notables beneficios. También hubo matrimonios de conveniencia entre princesas chinas y reyes xiongnu con el fin de sellar la paz.

Extensión máxima del Imperio Han.

Esta relación se rompió cuando el emperador Wu decidió dejarles de pagar tributo y, anticipándose a la esperada reacción de los xiongnu, envió varias expediciones a Asia Central a partir de 133 a. C., aunque sólo una tuvo éxito: la que en el año 127 a. C. consiguió expulsar a los xiongnu del curso superior del Río Amarillo. Las expediciones posteriores mantuvieron entretenidos a los bárbaros combatiendo en su propio territorio de forma constante, lo que les debilitó. En 121 a. C. fueron derrotados en el corredor de Gansu por el general chino He Qubing (que construyó allí la fortaleza de Juyan) y forzados a marchar hacia el oeste, donde ya habían sometido unas décadas antes al pueblo indoeuropeo de los tocarios. Una vez expulsados los xiongnu de la cuenca del Tarim, los chinos la pusieron bajo su mando y entraron en contacto por primera vez con los persas helenizados de Fergana, que introdujeron la alfalfa y el caballo árabe en China.

China durante la etapa de los Tres Reinos, después de la caída de los Han.

Los debilitados xiongnu se escindieron en dos ramas hacia el 48 d. C., y una de ellas, los hunos del sur, se puso bajo el mando de los Han. Éstos los destinaron a vigilar la zona del nacimiento del río Amarillo. Aunque dejaron de atacar a los chinos, los xiongnu no creyeron que su lealtad implicase estar en paz con las otras tribus sometidas de la zona y los reinos tributarios de Asia Central, por lo que llevaron a cabo una ola de saqueos en la región durante los años 60-70. Esto provocó que los emperadores Zhang (76-88) y He (89-105) volviesen a combatir contra ellos y los expulsasen de la cuenca del Tarim, aunque el debilitado poder chino en Asia Central debió hacer frente inútilmente a la sublevación posterior de las tribus tibetanas de la zona y terminaron por evacuar la región.

Mientras que la caída de la dinastía Han en el año 220 fracturaba China en tres reinos pequeños enfrentados entre sí, los xiongnu del sur se reagruparon de nuevo y volvieron a invadir China en 311, llegando hasta Luoyang, la rica capital de la China del norte y final de la Ruta de la Seda. La ciudad fue saqueada e incendiada, aunque más tarde los invasores se establecieron allí y la gobernaron durante 39 años. En el 350 el último rey xiongnu fue asesinado por un miembro de su propio pueblo y la dinastía fue derrocada.

[editar] Persia y la India

Más o menos ese mismo año, 350, los xiongnu del norte, que habían sido expulsados de las estepas un siglo antes, se desplazaron hacia el oeste y saquearon varias ciudades en los límites del Imperio sasánida, donde fueron llamados xiyon, xiongnu o chionitas. Esto tomó de forma desprevenida al emperador persa Sapor II, que entonces se hallaba sitiando la fortaleza romana de Nísibis, en Mesopotamia. Rápidamente partió a Sogdiana para hacerles frente durante una guerra que duró 10 años y les derrotó, forzándoles a una alianza. En el primer lugar donde los chionitas fueron derrotados se construyó la ciudad de Nishapur, que en persa significa “Hazaña de Shapur”.

Cuando Sapor volvió a atacar a los romanos en 360, le acompañaban varios chionitas en su ejército, a las órdenes del rey Gumbates. El historiador romano Amiano Marcelino cuenta que durante el sitio de Amida (actual Diyarbakr), los ya bautizados por los romanos como hunos que le acompañaban perdieron al único hijo de Gumbates. El príncipe fue quemado en una enorme pira funeraria a las afueras de la ciudad, algo chocante si tenemos en cuenta que los persas que los comandaban rechazaban esta práctica debido a que su religión, el zoroastrismo, la prohibía. Algunos yacimientos arqueológicos de Tayikistán confirman que esta práctica era algo común en este pueblo.

Hunos cargando durante la batalla.

Con el tiempo los xiongnu/chionitas se asentaron en las provincias orientales del Imperio persa y acabaron dominando la zona de forma independiente, e incluso acuñaron moneda. Más tarde se dividieron nuevamente en dos ramas, los kidaritas y los ephtalitas (heftalitas) o "hunos blancos". Los heftalitas entraron en guerra con los kidaritas en el siglo V y los forzaron a adentrarse en el Punjab, donde en 427 fueron derrotados por el emperador persa Bahram V. No obstante, los hunos blancos también invadieron la India en los años sucesivos, hasta el punto de que varios historiadores creen que fueron ellos los que ocasionaron el declive y caída del Imperio Gupta hacia el 540.

Los hunos blancos se habían mezclado con la población del este de Persia y con el tiempo, según cuenta el historiador griego Procopio, sus marcados rasgos asiáticos se fueron diluyendo. También comenzaron a inhumar a sus muertos y se hicieron agricultores sedentarios, pero no perdieron su ardor guerrero, como muestra, además de sus invasiones sobre la India, su participación en las guerras civiles persas de lado del emperador sasánida Peroz I contra su hermano y usurpador en el trono, Hormizd III. Cuando Hormid fue derrocado, Firuz decidió volver a poner las provincias orientales bajo control persa, atacando a sus antiguos aliados. Fue derrotado y hecho prisionero por el rey heftalita Kushnavaz, siendo liberado más tarde tras dejar a su hijo Kavadh I (o "Qubad") como rehén. Cuando Firuz volvió a atacar, la caballería que él comandaba se precipitó en una zanja disimulada y todos sus integrantes resultaron muertos. Qubad accedió al trono pero la guerra con los heftalitas continuó durante décadas, por lo que en los años sucesivos los reyes persas tuvieron que construir numerosas fortificaciones en las fronteras orientales. El mismo Kavad I pudo recuperar el trono persa en el 498 con el apoyo de los heftalitas.

Finalmente, el emperador persa Cosroes I (531-579) se alió con Silzibul, jefe de los turcos de las estepas del Caspio, y juntos consiguieron derrotar estrepitosamente a los heftalitas en el año 557, obligándolos a dispersarse. Su reino (que incluía Bactriana, parte de Sogdiana y buena parte del desaparecido Imperio Gupta) fue dividido en dos a lo largo del río Oxus, siendo la parte norte para los turcos y la sur para los persas.

[editar] Europa

Extensión máxima del Imperio Huno de Atila.

No se sabe muy bien cuántos heftalitas se exiliaron de su recién perdido territorio, y en qué medida se mezclaron con otros grupos que vivían en las estepas al norte de éste. Se sabe que unos siglos antes, otra rama de los hunos (¿kidaritas?) se dirigió hacia el norte y trató de asentarse en las estepas próximas al mar Caspio, pero una serie de sequías que azotaron la zona en los siglos III-IV les obligaron a abandonarlas y avanzar aún más. A mediados del siglo IV el rey huno Balamber atacó el reino alano, que en esos momentos se extendía entre los ríos Volga y Don, y derrotó a este pueblo, obligándole a huir hacia el suroeste. Posteriormente avanzaron hacia la cuenca del Dnieper, donde vencieron a los ostrogodos en 370: una parte de éstos se refugió en las tierras de sus vecinos visigodos, pero la mayoría fue forzada a servir en el ejército huno. Por último, los hunos cruzaron el Dniéster en 376 y derrotaron también a los visigodos, que solicitaron asilo al Imperio romano de Oriente. Las tierras en poder de los hunos se extendían ya desde el mar Caspio al Danubio. En el año 395, sin embargo, comenzaron a circular unos rumores alarmantes. Un oficial del ejército imperial, destinado en Tracia,llamado Amiano Marcelino, contó la aterradora aparición a orillas del Danubio de unos hombres, que describió así:

Pequeños y toscos, imberbes como eunucos, con unas caras horribles en las que apenas pueden reconocerse los rasgos humanos. Diríase que más que hombres son bestias que caminan sobre dos patas. Llevan una casaca de tela forrada con piel de gato salvaje y pieles de cabra alrededor de las piernas. Y parecen pegados a sus caballos. Sobre ellos comen, beben, duermen reclinados en las crines, tratan sus asuntos y emprenden sus deliberaciones. Y hasta cocinan en esa posición, porque en vez de cocer la carne con que se alimentan, se limitan a entibiarla manteniéndola entre la grupa del caballo y sus propios muslos. No cultivan el campo ni conocen la casa. Descabalgan solo para ir al encuentro de sus mujeres y de sus niños, que siguen en carros su errabunda existencia de devastadores.

Los visigodos se rebelaron contra los romanos en 378 y saquearon varias ciudades romanas en los Balcanes. Aprovechando el caos desatado por los godos y otros pueblos germánicos, el rey huno Rua cruzó el Danubio en 432 y atacó a los romanos con tal fuerza que el emperador Teodosio II tuvo que pactar con él la entrega de 115 kg de oro anuales para lograr la paz. En 434 Rua murió dejando el trono de forma conjunta a sus sobrinos Atila y Bleda, hijos de su hermano Mundzuk. Éstos reanudaron la paz a cambio de duplicar el tributo romano y se dirigieron al este, donde invadieron Persia durante cinco años, antes de ser derrotados cuando trataban de conquistar Armenia. También lucharon contra los eslavos y los germanos, ocasionando un efecto dominó que hizo que burgundios, francos, sajones, anglos y jutos invadieran el Imperio romano de Occidente.

En 439 acusaron a los romanos de romper el acuerdo después de que el obispo de Margus (cerca de la actual Belgrado) cruzara el Danubio y profanara las tumbas reales hunas que había en su orilla norte. Atila y Bleda saquearon varias ciudades romanas, entre ellas Margus, Viminacium, Singidunum (Belgrado), Naiso (Nis), Serdica (Sofía) y Filipópolis (Plovdiv). Tras ello, Teodosio consiguió la paz entregando una indemnización y triplicando los tributos.

Atila el Huno, según dibujo del siglo XIX.
Atila.
De una ilustración para la Edda Poética.

Prisco, que conoció a Atila en 448-449, lo describe como bajo, robusto, de gran cabeza, ojos hundidos, nariz chata, barba rala y de costumbres austeras. Irritable e irascible, era un tenaz negociador y no tan inmisericorde como se dice.

Inmediatamente inició una política aún más agresiva que la anterior, rompió la tregua y penetró con su ejército en Iliria. No se sabe nada concreto sobre Atila entre 435 y 439. En 441, cuando las tropas romanas estaban actuando en el limes tanto oriental como occidental, atacó fuertemente el Danubio oriental, tomando y saqueando muchas ciudades, incluida Singidunum (Belgrado). Constantinopla logró una tregua para el 442 y trajo tropas del Oeste. Pero en 443 Atila volvió a atacar: conquistó ciudades en el río y se dirigió al interior hacia Naiso (Nis) y Sérdica (Sofía), que fueron destruidas. Camino de Constantinopla, ocupó Filipópolis, derrotó a los romanos en todas las batallas y cercó la capital imperial, que no podía tomar con sus arqueros. Puso rumbo a Galípolis, donde estaban refugiadas las últimas tropas imperiales, y las deshizo. ¨ Impuso una paz que incluía el pago de los atrasos y su mora (6.000 libras de oro, unos 1.800 kg) y la triplicación del tributo anual (2.100 libras por año, unos 650 kg).

Atila se coronó rey único (autócrata) después de que muriera su hermano durante una cacería en 445, probablemente asesinado por él mismo. Atacó de nuevo en 447, más al Este (Escitia y Moesia) que la vez anterior y derrotó a los romanos en el río Uto (Vid), pero con un alto costo en hombres. Devastó los Balcanes y Grecia hasta las Termópilas y en los años siguientes se mantuvo una especie de hostilidad latente entre Atila y Teodosio II, como narra Prisco de Panio (fragmentos de su Historia), que le visitó en Valaquia junto a los embajadores romanos del 449. Se concluyó una paz más onerosa para el Imperio que la del 443: el Imperio había de evacuar una ancha franja suddanubiana y entregar grandes tributos, cuya cuantía no precisan las fuentes.

Atila entró en la Galia en 451, aparentemente contra los visigodos del reino de Tolosa, que no mantenían contenciosos con Valentiniano III ni con Aecio, con quien Atila estaba en buenas relaciones. Se sabe que, en 450, Honoria, hermana del emperador, le envió su anillo y la petición de que la librase de un matrimonio al que se la obligaba. Atila reclamó a Honoria como esposa y pidió la Galia como dote. Aecio y Teodorico I pactaron una actuación conjunta. Atila intentó ocupar Aurelianum (Orleans), pero los romano-godos se lo impidieron en el último momento. La batalla se dio en campo abierto, en los Campos Cataláunicos (o, según otras fuentes, Mauriacos), de situación desconocida. Teodorico murió, pero Atila, vencido por primera y única vez, hubo de retirarse.

En 452 Atila pasó a Italia y saqueó Aquilea, Padua, Verona, Brescia, Bérgamo y Milán, sin que Aecio pudiera detenerlo. La hambruna y la peste los hicieron salir de Italia. El nuevo emperador de Oriente, Marciano, interrumpió el pago de subsidios pactado por Teodosio II y Atila iba a atacarle cuando murió durante su noche de bodas, en 453.

Estados sucesores de los hunos hacia el año 500

Tras la muerte de Atila le sucedió su hijo Elac, que hubo de hacer frente a la sublevación de sus hermanos Dengizik y Hernac. Pero varios pueblos sometidos se unieron en una coalición de gépidos, ostrogodos, hérulos y otros pueblos en Panonia bajo Ardarico, líder de los gépidos, contra los hunos a los que vencieron en la Batalla de Nedao en 454 ó 455, y que terminó con los hunos como potencia. Algunos hunos fueron aniquilados en la cuenca de Panonia, que fue ocupada por los gépidos, otros se retiraron a las estepas orientales.

Muerto Elac sus hermanos gobernaron dos distintas, pero relacionadas, hordas en las estepas del norte del mar Negro: Dengizich fue khan de los búlgaros kutriguros, y Hernac 'khan' de los búlgaros utiguros, aunque según Procopio kutriguros y utiguros fueron gobernados por dos hijos de Hernac; éstos y otros como los Onogur, Sarigur, etc. fueron colectivamente denominados "hunos".

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

Asia Central - Ed. Siglo XXIEl Imperio Chino - Ed. Siglo XXILa Alta Edad Media: Las edades oscuras - Isaac Asimov, Alianza Editorial, 1983.

[editar] Otras fuentes

HISTORIA7: EL PUEBLO FRANCO. Los francos fueron una confederación de pueblos procedentes de Baja Renania y de los territorios situados inmediatamente al este (Westfalia) del Rin, que, al igual que muchas otras tribus germánicas occidentales, entró a formar parte del Imperio romano en su última etapa en calidad de foederati, asentándose en el limes (Bélgica y norte de Francia). Las poderosas y duraderas dinastías establecidas por los francos reinaron en una zona que abarca la mayor parte de los actuales países de Francia, Bélgica y Holanda, así como la región de Franconia en Alemania. La palabra franco (Frank o Francus) significa «libre» en el lenguaje franco, ya que los francos no estaban dominados por el Imperio romano ni por ningún otro pueblo.[1] Dado que la raíz frank no pertenece a la lengua germánica primitiva, se piensa también que podría derivar de frie-rancken (libere vacantes) que significa libres viajeros.

Pueblo franco

De Wikipedia, la enciclopedia libre

EL BAUTISMO DE CLODOVEO I QUE LE CONVIRTIÓ EN EL PRIMER REY FRANCO-CRISTIANO.

Para otros usos de este término, véase Francos.


Los francos fueron una confederación de pueblos procedentes de Baja Renania y de los territorios situados inmediatamente al este (Westfalia) del Rin, que, al igual que muchas otras tribus germánicas occidentales, entró a formar parte del Imperio romano en su última etapa en calidad de foederati, asentándose en el limes (Bélgica y norte de Francia). Las poderosas y duraderas dinastías establecidas por los francos reinaron en una zona que abarca la mayor parte de los actuales países de Francia, Bélgica y Holanda, así como la región de Franconia en Alemania.

La palabra franco (Frank o Francus) significa «libre» en el lenguaje franco, ya que los francos no estaban dominados por el Imperio romano ni por ningún otro pueblo.[1] Dado que la raíz frank no pertenece a la lengua germánica primitiva, se piensa también que podría derivar de frie-rancken (libere vacantes) que significa libres viajeros.[2]

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[editar] Los primeros francos

No se sabe mucho de los inicios de la historia de los francos. El cronista galo-romano Gregorio de Tours, autor de la Historia Francorum («Historia de los francos»), que cubre el período hasta el año 594, es la fuente principal. En ella cita a su vez como fuentes a Sulpicio Alexander y a Frigeridus (los cuales serían desconocidos de no ser por él), además de aprovechar su propia relación personal con muchos francos insignes. Aparte de la Historia de Gregorio, existen además otras fuentes romanas anteriores, como Amiano y Sidonio Apolinar.

Los estudiosos modernos dedicados al período de las migraciones han sugerido que el pueblo franco podría haber surgido de la unificación de grupos germánicos anteriores más pequeños (Usipeti, Tencter, Sugambri y Bructeri), que habitaban el valle del Rin y los territorios situados inmediatamente al este. Esta unión podría estar relacionada con el aumento del caos y las insurrecciones acontecidas en la zona como resultado de la guerra entre Roma y los marcomanni, que había comenzado en el año 166, así como de los conflictos derivados de ésta durante la segunda mitad del siglo II y el siglo III.

La primera vez que los autores clásicos de la antigüedad nombran al territorio de los francos es en la recolección de relatos laudatorios de emperadores romanos Panegyrici Latini (Panegíricos Latinos), a principios del siglo IV EC. En esa época tal territorio se correspondía con el área situada al norte y al este del Rin (la Renania actual), con unos límites difusos encerrados en el triángulo entre las ciudades de Utrecht, Bielefeld y Bonn de hoy día. En el citado territorio se situaban las tierras de la confederación de pueblos francos de los sicambros, los Salios, tencteros, usipetos, vindelices, brúcteros, ampsivaros, camavos y catos. Algunas de estas tribus, como los sicambros y los francos salios suministraban tropas a las fuerzas romanas que protegían el limes (las fronteras del imperio).

En un principio, se dividían en dos grupos, cuyos nombres derivarían, según algunas interpretaciones, de sus asentamientos en torno a dos ríos:

  • los francos salios habitarían, a mediados del siglo III d. C., el valle inferior del río Rin, en los actuales Países Bajos y noroeste de Alemania. Su nombre estaría vinculado, según unos, al río Ijssel (forma antigua Isala, como otros cursos de agua: Isère, Yser, Isar); según otros, al vocablo germánico «see» (mar), o también al germánico «i sala» (aguas oscuras).
  • los francos ripuarios habitarían el curso medio del río Rín, y su nombre derivaría del vocablo latino «ripa» (río), en el sentido de la gente del Rin.

Ya en el siglo IX (si no antes) la división entre ambos era prácticamente inexistente, pero durante algún tiempo continuó siendo aplicada en el sistema legal que definía el origen de las personas.

Por su parte, Gregorio afirma que los francos vivieron originalmente en Panonia, pero que más tarde se asentaron a las orillas del Rin. Existe una región al noreste de la actual Holanda (al norte de lo que una vez fue la frontera romana) que lleva el nombre de Salland, y podría haber recibido ese nombre de los salios.

Hacia el año 250, un grupo de francos, aprovechándose de la debilidad del Imperio romano, llegó hasta Tarragona (en la actual España), ocupando esta región durante una década antes de que las fuerzas romanas los doblegaran y expulsaran de territorio romano. Unos cuarenta años después, los francos tomaron el control de la región del río Escalda (actual Bélgica), interfiriendo en las rutas marítimas de Bretaña. Los romanos pacificaron la región, pero no expulsaron a los francos.

Véanse también: Francos salios y Francos ripuarios

[editar] Los francos en el Imperio romano

Entre los años 355 y 358, el emperador Juliano intentó dominar las vías fluviales del Rin bajo el control de los francos, y una vez más volvió a pacificarlos. Roma les concedió una parte considerable de la Gallia Belgica, momento a partir del cual pasaron a ser foederati del Imperio romano, aunque el emperador forzó el retorno de los camavos a Hamaland (un distrito ahora holandés en la actual Güeldres). De este modo, los francos se convirtieron en el primer pueblo germánico que se asentó de manera permanente dentro de territorio romano. El holandés hablado en Flandes (Bélgica) y Holanda tiene su origen en las lenguas de origen germánico habladas por los francos.

Algunos francos prosperaban en suelo romano, como Flavio Bauto y Arbogastes, militares que apoyaban la causa de los romanos, mientras que otros reyes francos, como Malobaudes se oponían a los romanos dentro del Imperio. Después de que la caída de Arbogastes tras su suicidio en la Batalla del Frígido, su hijo Arigio logró establecer un condado hereditario en Tréveris, y después de la caída del usurpador Constantino III, algunos francos apoyaron al usurpador Jovino (411).

A pesar de ser aliados de Roma —de hecho contribuyeron a defender las fronteras tras el paso de las tribus germánicas por el Rin en el 406— desde la década de 420, los francos aprovecharon la decadencia de la autoridad romana sobre la Galia, para extenderse al sur, de manera que fueron conquistando gradualmente la mayor parte de la Galia romana al norte del río Loira y al este de la Aquitania visigoda.

La invasión de los francos presionó hacia al suroeste, más o menos entre el Somme y la ciudad de Münster (en la Renania del Norte-Westfalia actual), y avanzó por la región parisina, donde terminaron con el control romano que ejercía Siagrio en el 486, y prosiguió hacia los territorios al sur del río Loira, de donde se expulsó a los visigodos a partir del 507.

[editar] Los merovingios

Situación territorial del imperio franco entre 481 y 814.

Lo poco que ha sobrevivido acerca de los reinos de los primeros jefes francos, Faramond (aproximadamente entre 419 y 427) y Clodión (aproximadamente entre 427 y 447), parece tener más de mito que de realidad, y su relación con la dinastía de los merovingios permanece poco clara.

Gregorio menciona a Clodión (Chlodio) como el primer rey que inició la conquista de la Galia al tomar «Camaracum» (actual Cambrai) y expandir la frontera hasta el río Somme, esto es, su territorio incluiría la región de la Toxandria (en el Brabante actual, entre las desembocaduras de los ríos Mosa y Escalda) y tendría como centro la ciudad y obispado de Tongeren (civitatus Tungrorum), desde donde se ampliaría hasta Cambrai (Camaracum) y el río Somme. Sidonio Apolinar relata como Aecio tomó a los francos por sorpresa, haciéndoles retroceder (probablemente alrededor de 431). Este período marca el inicio de una situación que se prolongaría durante siglos: los francos germánicos se convirtieron en soberanos de un número cada vez mayor de súbditos galorromanos.

En 451, Aecio pidió ayuda a sus aliados germánicos en suelo romano para repeler una invasión de los hunos. Mientras que los francos salios le apoyaron, los renanos lucharon en ambos bandos, dado que muchos de ellos vivían fuera del Imperio.

Los sucesores de Clodión son figuras poco conocidas. Las fuentes de Gregorio identifican sin demasiada seguridad a Meroveo (Merovech) como el rey de los francos, epónimo de la dinastía y posible hijo de Clodión. Meroveo fue sucedido en el trono por Childerico I, en cuya tumba, descubierta en 1653, se encontró un anillo que lo identificaba como rey de los francos, y al parecer gobernó un reino de francos salios en Tournai como foederatus del Imperio romano.

Véase también: Merovingios
Véase también: Anexo:Reyes merovingios

[editar] Clodoveo y la creación del reino de los francos

Artículo principal: Clodoveo I
El bautismo de Clodoveo I, que le convirtió en el primer rey franco cristiano.

Clodoveo I (Clovis en francés), hijo de Childerico I, comenzó una política de expansión de su autoridad sobre las otras tribus francas y de ampliación de su territorio al sur y oeste de la Galia. Así, comenzó una campaña militar con la intención de consolidar los varios reinos francos en la Galia y Renania, dentro de la cual se enmarca la derrota de Siagrio en 486. Esta victoria supuso el fin del control romano en la región de París.

En la Batalla de Vouillé (507), Clodoveo, con la ayuda de los burgundios, derrotó a los visigodos, expandiendo su reino al este, hasta los Pirineos. Tras esta batalla, Gregorio de Tours indica que Clodoveo llevó a cabo campañas para eliminar a los demás reyes francos, tanto ripuarios como salios.

La conversión de Clodoveo al cristianismo, tras su matrimonio con la princesa católica burgundia Clotilde en 493, pudo haber ayudado a acercarle al papa y a otros soberanos cristianos ortodoxos. La conversión de Clodoveo supuso la conversión del resto de francos. Al profesar la misma fe que sus vecinos católicos, los recientemente cristianizados francos encontraron mucho más fácilmente su aceptación por parte de la población local galo-romana que otros pueblos germánicos cristianizados de fe arriana, como los visigodos y ostrogodos, los vándalos, los lombardos o los burgundios. De esta forma, los merovingios dieron lugar a la que con el tiempo sería la dinastía de reyes más estable de Occidente. La dinastía merovingia fundada por Clodoveo toma su nombre de Meroveo, su antepasado germánico leyendario y casi divino, que da legitimidad a su reino.

Esta estabilidad, sin embargo, no se extendía a la vida cotidiana durante la era merovingia. Los francos eran ante todo un pueblo guerrero, una característica que lógicamente impregnaba todos los aspectos de su cultura. Aunque en tiempos de los romanos existía un cierto grado de violencia (sobre todo en la etapa final), la introducción de la práctica germánica de recurrir a la violencia para solventar disputas y conflictos legales llevó a un cierto grado de anarquía al final de esta época. Esto afectó al comercio, que se llegó a verse interrumpido ocasionalmente, dificultando de manera creciente la vida cotidiana, lo que desembocó en una progresiva fragmentación y localización de la sociedad en villas. La alfabetización, aparte de los pocos eruditos eclesiásticos, era prácticamente nula, como en toda la Europa occidental.

Los dominios francos entre 511 y 561 con Clodoveo I.

Los soberanos merovingios, siguiendo la tradición germánica, tenían la costumbre de dividir sus tierras entre los hijos supervivientes, ya que carecían de un amplio sentido de la res pública, concebían el reino como una propiedad privada de grandes dimensiones. Esto dio lugar divisiones territoriales, segregaciones y redistribuciones, reunificaciones y nuevas particiones, en un proceso que originaba asesinatos y guerras entre las distintas facciones. Esta práctica explica en parte la dificultad de describir con precisión tanto las fechas como las fronteras geográficas de cualquiera de los reinos francos, así como de determinar con precisión quién gobernaba en cada una de las regiones. El bajo nivel de alfabetización durante el periodo franco agrava el problema, ya que se conservan muy pocos documentos escritos.

El área franca se expandió aún más bajo el reinado de los hijos de Clodoveo, llegando a cubrir la mayor parte de la actual Francia (con la expulsión de los visigodos), pero incluyendo también zonas al este del río Rin, tales como Alamannia (el actual sudoeste de Alemania) y Turingia (desde 531); Sajonia, en cambio, permaneció fuera de las fronteras francas hasta ser conquistada por Carlomagno siglos más tarde. A su muerte en 511, repartió el reino entre sus cuatro hijos, hasta que su hijo Clotario I reunió temporalmente los reinos, tras él, los territorios francos volvieron a dividirse en 561 en Neustria, Austrasia y Borgoña, que habían sido anexionadas por los francos por medio de matrimonios e invasiones.

En cada reino franco, el mayordomo de palacio ejercía las funciones de primer ministro. Una serie de muertes prematuras que comenzaron con la de Dagoberto I en 639 desembocaron en una sucesión de reyes menores de edad. A comienzos del siglo VIII, esto había permitido a los mayordomos austrasios consolidar el poder de su propio linaje, lo cual llevó a la fundación de una nueva dinastía: los carolingios.

Véase también: Francia en la Edad Media

[editar] Los cruzados y otros europeos occidentales conocidos como «francos»

Puesto que las dinastías francas reinaron sobre Europa occidental durante siglos, existen muchos términos derivados de «franco» usados por muchos de los habitantes de Europa oriental, Oriente Medio y territorios más al este como sinónimo para los cristianos romanos (p. e.: al-Faranj en árabe, farangi en persa, Feringhi en indostánico, Frangos en griego, y Frany). Durante las cruzadas, dirigidas principalmente por nobles de la Francia septentrional que aseguraban ser descendientes de Carlomagno, tanto los musulmanes como los cristianos utilizaban estos términos para referirse a los cruzados. Muchos historiadores modernos han seguido este uso de la palabra, denominando a los europeos occidentales en el Mediterráneo oriental «francos», independientemente de su país de origen.

[editar] Notas y referencias

  1. Michel Rouche, Clovis, Ediciones Fayard, 1996, p. 75.
  2. Cellarius, Notitias orbis antiqui, Leipzig, 2 volúmenes, 1701, in Schwarz, Remarques sur l’ancienne géographie de Cellarius (Comentarios sobre la antigua geografía de Cellarius).

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

CINE4: CULTURA8. PELÍCULAS DE GUSTO FRANCÉS. AMELIE. Amélie (título original: Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, "El fabuloso destino de Amélie Poulain") es una película franco-alemana, del género comedia romántica estrenada en 2001. El lema de la película era "Ella cambiará tu vida..." (En francés: "Elle va changer ta vie...").

CINE4: CULTURA8. PELÍCULAS DE GUSTO FRANCÉS. AMELIE. Amélie (título original: Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, "El fabuloso destino de Amélie Poulain") es una película franco-alemana, del género comedia romántica estrenada en 2001. El lema de la película era "Ella cambiará tu vida..." (En francés: "Elle va changer ta vie...").

Amélie (Amelie)

TÍTULO ORIGINALLe fabuleux destin d'Amelie Poulain (Amélie)
AÑO
2001 
DURACIÓN
120 min.  Trailers/Vídeos
PAÍS
  Sección visual
DIRECTORJean-Pierre Jeunet
GUIÓNGuillaume Laurant & Jean-Pierre Jeunet
MÚSICAYann Tiersen
FOTOGRAFÍABruno Delbonnel
REPARTOAudrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus, Lorella Cravotta, Serge Merlin, Jamel Debbouze, Claire Maurier, Clotilde Mollet, Isabelle Nanty, Dominique Pinon, Artus de Penguern, Yolande Moreau, Urbain Cancelier, Maurice Benichou
PRODUCTORAClaudie Ossard / UGC
PREMIOS2001: 5 nominaciones al Oscar, incluyendo película de habla no inglesa, guión y fotografía
2001: Nominada al Globo de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2001: 2 premios BAFTA: Mejor guión original, diseño de producción. 9 nominaciones
2001: 4 premios Cesar: Mejor película, director, música, diseño de producción. 13 nominaciones
2001: Nominada al David de Donatello: Mejor película extranjera
2001: Festival de Toronto: Premio del Público
GÉNEROComedia. Drama | Comedia dramática
SINOPSISAmelie no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la plaza de Notre-Dame y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. De repente, a sus veintidós años, descubre su objetivo en la vida: arreglar la vida de los demás. A partir de entonces, inventa toda clase de estrategias para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno. Entre ellas está su portera, que pasa los días bebiendo vino de Oporto; Georgette, una estanquera hipocondríaca: o "el hombre de cristal", un vecino que sólo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro de Renoir. (FILMAFFINITY)

CRÍTICAS
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Un enorme éxito de crítica y de público en todo el mundo avalan la película francesa más aclamada y popular de lo que llevamos de siglo XXI. (FILMAFFINITY)
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"Una película muy bonita" (Carlos Boyero: Diario El Mundo)
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"Un prodigio de inventiva, una absoluta delicia, un regalo para los ojos" (Sergi Sánchez: Fotogramas)
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Obtenido de http://www.filmaffinity.com/es/film151039.html

CULTURA8: PELÍCULAS DE GUSTO FRANCÉS: AMELIE. Amélie (título original: Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, "El fabuloso destino de Amélie Poulain") es una película franco-alemana, del género comedia romántica estrenada en 2001. El lema de la película era "Ella cambiará tu vida..." (En francés: "Elle va changer ta vie...").

Amélie

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Le fabuleux destin d'Amélie Poulain
TítuloBeina Poulain
Ficha técnica
DirecciónJean-Pierre Jeunet
ProducciónClaudie Ossard
Jean-Marc Deschamps
GuiónJean-Pierre Jeunet
Guillaume Laurant
MúsicaYann Tiersen
SonidoDTS - Dolby Digital
MontajeCéline Kelepikis
VestuarioEmma Lebail
RepartoAudrey Tautou
Mathieu Kassovitz
Isabelle Nanty
Rufus
Jamel Debbouze
Yolande Moreau
Dominique Pinon
Ticky Holgado
André Dussollier (narrador)
Datos y cifras
País(es)Francia
Alemania
Año2001
GéneroComedia romántica
Duración122 min.
Idioma(s)francés
Compañías
Presupuesto11.400.000 €
Ficha en IMDb

Amélie (título original: Le fabuleux destin d'Amélie Poulain, "El fabuloso destino de Amélie Poulain") es una película franco-alemana, del género comedia romántica estrenada en 2001. El lema de la película era "Ella cambiará tu vida..." (En francés: "Elle va changer ta vie...").

Co-escrita junto a Guillaume Laurant por su director, Jean-Pierre Jeunet, la película tiene como protagonistas a Audrey Tautou (Amélie Poulain) y a Mathieu Kassovitz (Nino Quincampoix). En Estados Unidos la distribuyó Miramax y en España Manga Films.

Contenido

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[editar] Resumen

Comienza con una voz en off que narra la niñez de Amélie, la cual creció aislada del resto de los niños por decisión de su padre, debido a su equivocada creencia de que ella sufría problemas cardiacos (equivocado pues cada vez que él le hacía un chequeo médico en casa, el corazón de Amélie se disparaba simplemente por el contacto físico con su padre, ya que él normalmente nunca era afectivo con ella). Este hecho, junto con el ambiente tenso que imperaba en su casa debido también a la naturaleza inestable y nerviosa de su madre, y sobre todo por la trágica muerte de ésta al caérsele encima una turista suicida que se lanzó al vacío desde lo alto de la iglesia de Notre Dame, lo que agudizó las tendencias antisociales de su padre, hacen que la niña desarrolle una inusual y activa imaginación. Como se cita textualmente en la película, “en tal casa de la muerte, Amélie crece y prefiere soñar hasta que llegue el día de partir”. Amélie cumple 22 años y deja su casa para instalarse en un apartamento en Montmartre que se costea trabajando como camarera del "Café des 2 Moulins” (café los 2 molinos). Allí se da a conocer una serie de personajes de lo más excéntricos con los que Amélie interactuará durante toda la película:

  • Suzanne, la dueña, antigua artista del desnudo, que cojea un poco pero nunca derrama nada, a la que le gusta ver a los atletas que lloran por desilusión y no le gusta que un hombre sea humillado en presencia de su hijo.
  • Georgette, la vendedora de tabaco hipocondríaca, la cual odia la frase “el fruto de su vientre”.
  • Gina, camarera como Amélie, cuya abuela era sanadora, y a quien le gusta hacer tronar los huesos de los dedos.
  • Hipólito, un escritor fracasado, a quien le gusta ver toreros corneados en televisión.
  • Joseph, el amante rechazado de Gina, quien se pasa espiándola todo el día y a quien sólo le gusta explotar el papel de burbujas.
  • Philomène, azafata de vuelo, a quien le gusta el ruido producido por el tazón del gato en el azulejo, al cual le gusta oir historias para niños.

Amélie no tiene novio, lo intentó una o dos veces, pero los resultados la desanimaron. En su lugar Amélie ha cultivado un gusto por los pequeños placeres, como: meter la mano en un saco lleno de legumbres, romper la capita de azúcar caramelizado de una crema catalana con una cuchara, verle la cara en la oscuridad en el cine a la gente, lanzar piedras en el canal de San Martín o tratar de adivinar cuántas personas hacen algo en un determinado momento.

Pero el 30 de agosto de 1997 ocurre el evento que cambiará la vida de Amélie. Tras una serie de circunstancias por el shock ocasionado al enterarse por televisión del accidente de Lady Di, descubre tras una losa de su baño el pequeño tesoro guardado por un niño hace cuarenta años. Fascinada por el hallazgo, el 31 de agosto a las 4:00 de la madrugada, tiene una idea espectacular: dondequiera que esté, Amélie encontrará al dueño y le devolverá su tesoro. Si lo conmueve, se convertirá en una vengadora del bien. Si no, pues no.

Con la ayuda de su vecino Raymond (un anciano conocido como “el hombre de vidrio” por la debilidad de sus huesos, que lleva 20 años sin salir de casa y que sólo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro de Pierre-Auguste Renoir) y tras una larga búsqueda por toda la ciudad, Amélie consigue finalmente localizar al dueño del tesoro y devolvérselo de forma casual tras una estrategia muy original. El dueño no sólo se emociona profundamente al descubrir que toda su infancia estaba en esa cajita, sino que además se plantea mejorar su vida actual.

En ese momento Amélie tiene una sensación de completa armonía y decide volcarse hacia los demás para crearles felicidad en sus vidas.

La tienda del Sr. Collignon, Rue des Trois Frères, París.

De esta forma, inventa toda clase de estrategias de lo más originales y conmovedoras para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno.

  • Como cuando agarra del brazo a un ciego vagabundo y le da un rápido pero intenso paseo por un mercado mientras le susurra al oído todo lo que ella va viendo, produciendo en el ciego un estado de emoción inmesurable.
  • Cómo le hace olvidar a Georgette su carácter hipocondríaco y a Joseph su desdichada obsesión por Gina al provocar Amélie una situación de romance de lo más pasional entre ambos.
  • Cómo se venga del cruel frutero de su barrio quien humilla constantemente a su joven ayudante dejándolo en ridículo delante de todo el mundo.
  • O como cuando consigue sacar a su vecino Raymond de la obsesión por el cuadro de Renoir mediante el envío anónimo de videos donde se muestran hermosas escenas de lo más curiosas, que producen en el anciano una inmediata necesidad de expandir su mente más allá de lo que había hecho antes.
  • Y cuando Hipólito vuelve a cobrar ilusión por su literatura al descubrir una de sus estrofas pintada en una pared de la calle: “Sans toi, les émotions d’aujourd’hui ne seraient que la peau morte des emotions d’autrefois” ("Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer").
  • Y sobre todo cuando, valiéndose de un gnomo de piedra, de jardín, a quien su padre tenía especial cariño, logra que éste por fin decida hacer las maletas y emprender un viaje por el mundo.

Pero mientras todo esto sucede y nadie se preocupa por Amélie, ella se ve forzada de forma involuntaria a examinar y valorar su vida solitaria. Este sentimiento se agudiza especialmente tras conocer a Nino, un chico tan raro y soñador como ella, que trabaja medio día en “el tren del horror” y el otro medio en un sex shop, que colecciona las fotos que la gente va desechando en los fotomatones. Amélie siente fascinación por Nino pero prefiere un encuentro casual a una presentación directa. Lo intenta varias veces sin éxito y acaba dejándolo por imposible. Pero finalmente Raymond, le corresponde con la misma moneda a Amélie, incitándola a buscar lo que había dejado en un segundo plano: su propia felicidad. Así, Amélie, acaba felizmente en los brazos de Nino al que besa de la forma más sutil y complaciente que se pueda imaginar.

[editar] Fechas de estreno

País↓Fecha↓Nota↓
Bélgica25 de abril de 2001 
Francia25 de abril de 2001 
Suiza25 de abril de 2001región de habla francesa
República Checa6 de julio de 2001Festival de cine de Karlovy Varyy
Suiza26 de julio de 2001Región de habla alemana
Reino Unido12 de agosto de 2001Festival de cine de Edimburgho
Alemania16 de agosto de 2001 
Yugoslavia24 de agosto de 2001 
Canadá7 de septiembre de 2001Quebec
Canadá10 de septiembre de 2001Festival Internacional de Cine de Toronto
Países Bajos13 de septiembre de 2001Película por el Festival de Cine del Mar
República Checa20 de septiembre de 2001 
Grecia20 de septiembre de 2001Festival de Cine de Atenas

[editar] Éxito comercial

Una de las películas francesas más taquilleras de todos los tiempos (más de 30 millones de espectadores en el mundo), Amélie marcó un fenómeno muy poco usual en su fecha, desbancar a las siempre taquilleras películas estadounidenses en Francia y lograr una gran repercusión fuera de su país, en EE. UU., Europa, América Latina y Asia

[editar] Análisis psicológico

A pesar de ser descrita por muchos como un "cuento para adultos" en esta película se pueden encontrar pequeñas pinceladas sobre la naturaleza humana. El principal y más evidente es el hecho de ver con romanticismo y nostalgia la infancia tal y como hizo Antoine de Saint-Exupéry con "El Principito". La inocencia y a la vez la naturaleza traviesa que se le atribuye a los niños hace que Amelie pase de ser un personaje más a uno con mucho juego. Por supuesto no nos podemos olvidar del simbolismo de encontrarse en una caja los recuerdos de infancia de un hombre a quien, encontrarse con esta gracias a Amelie, le supone un cambio en su vida y una recapacitación de ella.

Amelíe es un personaje excepcional también gracias a su descubrimiento de hacer el bien y mejorar la vida de los demás sin que ellos lo noten. Esta actitud altruista hace que se dé cuenta, como bien uno de los personajes resalta, que ella no se preocupa por arreglar los problemas de su propia vida. Esto se puede tomar como que al arreglar los problemas de los demás ella está evitando arreglar los suyos propios. Esto, unido con su timidez y falta de experiencia en la infancia para socializar hacen para ella muy difícil poder alcanzar la felicidad, que en ese momento es acercase a la persona de la que se ha enamorado. La timidez de Amélie tiene como base una fuerte tendencia a la cobardía ya que no se siente capaz de arriesgarse por miedo a salir herida sentimentalmente. Su miedo lo evade con "estratagemas" que solo son una forma de alargar el momento de enfrentarse con la realidad y actuar de una forma directa. A su lado tiene a su vecino que le hace pensar sobre ello pero la ayuda es mutua ya que ella lo ayuda a acabar con su soledad. Este es otro simbolismo, ya que el vecino tiene un esqueleto tan frágil como si fuera de cristal y no puede salir de casa por poder hacerse daño. De este modo podemos decir que se siente Amélie inconscientemente con sus sentimientos: no puede dejar "salir" a su corazón por temor a que se rompa cual como haría el esqueleto de su vecino. Este paralelismo es muy importante ya que tarde o temprano va a tener que enfrentarse con ello y elegir si arriesgarse para perder o ganar todo o vivir protegiéndose como siempre sin que haya ningún cambio en su vida.

[editar] Análisis de la película y técnica del director

Esta película es clave porque su autor pudo abrir la caja de los sueños, llena de arlequines y ogros, de príncipes y hadas, de risas y canciones infantiles, de felicidades olvidadas y finalmente resucitadas. Según Jean-Pierre Jeunet, se trata de un film "concebido para dar felicidad a la gente", un cine champán, como es ahora nombrado, en que el espectador es sumergido en una ligera ebriedad, una euforia que se parece a la felicidad.

Ya con Delicatessen (1991) y "La ciudad de los niños perdidos" (1995) con el que apareció asociado, en el guión y dirección, a Marc Caro, el cineasta francés había manifestado con brillo su gusto por las situaciones y los personajes extravagantes, y sus dos filmes aparecían como equivalentes cinematográficos de los mejores cómics y dibujos animados. Uno y otro también miraban de reojo la ciencia-ficción delirante de un maestro del género, Terry Gillian (Héroes del tiempo, 1981). Es además por eso que Pierre Jeunet fue llamado para participar en la saga hollywoodiense de Alien, de la que dirigió el cuarto episodio, Alien resurrección en 1997.

Como sus predecesoras, Amélie desborda con una invención tal que parece que su autor se hubiera propuesto el objeto de desarrollar una idea por plano, y a la velocidad a la que éstas pasan por la pantalla, el espectador es literalmente bombardeado por imágenes cómicas, insólitas y poéticas que subrayan un comentario, un diálogo y un acompañamiento musical que son otras tantas razones para ver la película. Algunos le reprocharon a Jeunet haber puesto su genio creativo al servicio de una visión nostálgica, idílica y consensualista del mundo. " ¿Qué responderles, sino tanto mejor?- dijo él.

" Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer "

[editar] Premios

El film recibió galardones nacionales e internacionales. Fue nominada para cinco Premios Óscar:

En el año 2002, en Francia, ganó el Premio César por:

En el año 2002, en España, ganó el Premio Goya por:

Además, estuvo nominada en las siguientes categorías:

[editar] Banda Sonora

Amélie. A movie by Jean-Pierre Jeunet. Music by Yann Tiersen. (banda sonora de la película). CD editado por Victoire Productions-Labels/Virgin France, 2001

  1. "J'y suis jamais allé" - 1:34
  2. "Les jours tristes" (Instrumental) - 3:03
  3. "La valse d'Amélie" (Versión original) - 2:15
  4. "Comptine d'un autre été: l'après-midi" - 2:20
  5. "La noyée" - 2:03
  6. "L'autre valse d'Amélie" - 1:33
  7. "Guilty" (Al Bowlly) - 3:13
  8. "À quai" - 3:32
  9. "Le moulin" - 4:27
  10. "Pas si simple" - 1:52
  11. "La valse d'Amélie" (Versión orquestal) - 2:00
  12. "La valse des vieux os" - 2:20
  13. "La dispute" - 4:15
  14. "Si tu n'étais pas là " (Fréhel) - 3:29
  15. "Soir de fête" - 2:55
  16. "La redécouverte" - 1:13
  17. "Sur le fil" - 4:23
  18. "Le banquet" - 1:31
  19. "La valse d'Amélie" (Versión piano) - 2:38
  20. "La valse des monstres" - 3:39

En 2003 la cantante francesa Alizée grabó la canción "Amelie m'a dit", en la cual hace un homenaje a la película. La canción esta incluida en el disco "Mes courants electriques" y fue single de su disco en vivo "En concert". También existe una versión en inglés de la canción.

[editar] Enlaces externos

HISTORIA7: LA CULTURA SE TRANSMITE DE BOCA EN BOCA, PASARTE 7 AÑOS ESTUDIANDO UNA CARRERA PARA NO RECORDAR NADA DESPUÉS. ¿NO CREES QUE SE RECUERDAN MEJOR LAS MATERIAS DEL COLEGIO, AÚN SIENDO NIÑOS? MUCHA GENTE VA A LA UNIVERSIDAD CON EL FIN DE CONOCER EL MUNDO, PERO MUCHAS VECES LOS TEXTOS SON IMPOSIBLES... ¿QUÉ OPINAS SOBRE ESTO? ¿QUÉ TE LLEVA A IR A LA UNIVERSIDAD O MANDAR A TUS HIJOS A ESTUDIAR A LA FACULTAD? IGUAL QUE LOS IDIOMAS ESTOS SE TRANSMITEN DE BOCA EN BOCA O SINO SE PIERDEN, SON CONOCIMIENTOS, CULTURA, LA FORMACIÓN DEBIERA DE SER ILUSTRAR CULTURALMENTE, ¿CÓMO LO VES? La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano (Aunque algunos autores pretenden asignar conductas culturales a otros animales -tipos de primates-, lo cierto es que se entiende por cultura un patrón conductual no instintivo y variable). El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.

Cultura

De Wikipedia, la enciclopedia libre

La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano (Aunque algunos autores pretenden asignar conductas culturales a otros animales -tipos de primates-, lo cierto es que se entiende por cultura un patrón conductual no instintivo y variable). El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.

La Unesco, en 1982, declaró:

...que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
(UNESCO, 1982: Declaración de México)

Aunque muchas de las concepciones sobre cultura en el lenguaje común tienen su origen en el debate de las ciencias sociales, o bien, existieron primero en el habla cotidiana y luego fueron retomadas por las segundas, aquí se presenta un repaso sobre la construcción histórica del concepto de cultura en las disciplinas sociales.

Contenido

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[editar] Formación del concepto de cultura

[editar] Origen del término

Desde la antigüedad se pueden encontrar metáforas que relacionan la práctica de algunas actividades con el «cultivo» del espíritu humano, y las facultades sensibles e intelectuales del individuo –por ejemplo, con el «cultivo» de la tierra, que es la agricultura, el cultivo fue el principio de la modalidad cultural. En esta acepción se conserva aún en el lenguaje cotidiano, cuando se identifica cultura con sensibilidad. De esta suerte, una persona «culta» es aquella que posee extensos conocimientos en los más variados «campos» del saber.

[editar] Concepción clásica de la cultura

En sus primeras acepciones, cultura designaba el cultivo de los campos.

El término cultura proviene del latín cultus que a su vez deriva de la voz colere que significa cuidado del campo o del ganado. Hacia el siglo XIII, el término se empleaba para designar una parcela cultivada, y tres siglos más tarde había cambiado su sentido como estado de una cosa, al de la acción: el cultivo de la tierra o el cuidado del ganado (Cuche, 1999: 10), aproximadamente en el sentido en que se emplea en el español de nuestros días en vocablos como agricultura, apicultura, piscicultura y otros. Por la mitad del siglo XVI, el término adquiere una connotación metafórica, como el cultivo de cualquier facultad. De cualquier manera, la acepción figurativa de cultura no se extenderá hasta el siglo XVII, cuando también aparece en ciertos textos académicos.

El Siglo de las Luces (siglo XVIII) es la época en que el sentido figurado del término como "cultivo del espíritu" se impone en amplios campos académicos. Por ejemplo, el Dictionnaire de l'Academie Française de 1718. Y aunque la Enciclopedia lo incluye sólo en su sentido restringido de cultivo de tierras, no desconoce el sentido figurado, que aparece en los artículos dedicados a la literatura, la pintura, la filosofía y las ciencias. Al paso del tiempo, como cultura se entenderá la formación de la mente. Es decir, se convierte nuevamente en una palabra que designa un estado, aunque en esta ocasión es el estado de la mente humana, y no el estado de las parcelas.

Voltaire, uno de los pocos pensadores franceses del siglo XVIII que se mostraban partidarios de una concepción relativista de la historia humana.

La clásica oposición entre cultura y naturaleza también tiene sus raíces en esta época. En 1798, el Dictionnaire incluye una acepción de cultura en que se estigmatiza el "espíritu natural". Para muchos de los pensadores de la época, como Jean Jacques Rousseau, la cultura es un fenómeno distintivo de los seres humanos, que los coloca en una posición diferente a la del resto de animales. La cultura es el conjunto de los conocimientos y saberes acumulados por la humanidad a lo largo de sus milenios de historia. En tanto una característica universal, el vocablo se emplea en número singular, puesto que se encuentra en todas las sociedades sin distinción de etnias, ubicación geográfica o momento histórico.

[editar] Cultura y civilización

También es en el contexto de la Ilustración cuando surge otra de las clásicas oposiciones en que se involucra a la cultura, esta vez, como sinónimo de la civilización. Esta palabra aparece por primera vez en la lengua francesa del siglo XVIII, y con ella se significaba la refinación de las costumbres. Civilización es un término relacionado con la idea de progreso. Según esto, la civilización es un estado de la Humanidad en el cual la ignorancia ha sido abatida y las costumbres y relaciones sociales se hallan en su más elevada expresión. La civilización no es un proceso terminado, es constante, e implica el perfeccionamiento progresivo de las leyes, las formas de gobierno, el conocimiento. Como la cultura, también es un proceso universal que incluye a todos los pueblos, incluso a los más atrasados en la línea de la evolución social. Desde luego, los parámetros con los que se medía si una sociedad era más civilizada o más salvaje eran los de su propia sociedad. En los albores del siglo XIX, ambos términos, cultura y civilización eran empleados casi de modo indistinto, sobre todo en francés e inglés (Thompson, 2002: 186).

Johann Gottfried Herder. Según él, la cultura podía entenderse como la realización del genio nacional (Volksgeist).

Es necesario señalar que no todos los intelectuales franceses emplearon el término. Rousseau y Voltaire se mostraron reticentes a esta concepción progresista de la historia. Intentaron proponer una versión más relativista de la historia, aunque sin éxito, pues la corriente dominante era la de los progresistas. No fue en Francia, sino en Alemania donde las posturas relativistas ganaron mayor prestigio. El término Kultur en sentido figurado aparece en Alemania hacia el siglo XVII -aproximadamente con la misma connotación que en francés. Para el siglo XVIII goza de gran prestigio entre los pensadores burgueses alemanes. Esto se debió a que fue empleado para denostar a los aristócratas, a los que acusaban de tratar de imitar las maneras "civilizadas" de la corte francesa. Por ejemplo, Immanuel Kant apuntaba que "nos cultivamos por medio del arte y de la ciencia, nos civilizamos [al adquirir] buenos modales y refinamientos sociales" (Thompson, 2002: 187). Por lo tanto, en Alemania el término civilización fue equiparado con los valores cortesanos, calificados de superficiales y pretenciosos. En sentido contrario, la cultura se identificó con los valores profundos y originales de la burguesía (Cuche, 1999:13).

En el proceso de crítica social, el acento en la dicotomía cultura/civilización se traslada de las diferencias entre estratos sociales a las diferencias nacionales. Mientras Francia era el escenario de una de las revoluciones burguesas más importantes de la historia, Alemania estaba fragmentada en múltiples Estados. Por ello, una de las tareas que se habían propuesto los pensadores alemanes era la unificación política. La unidad nacional pasaba también por la reivindicación de las especificidades nacionales, que el universalismo de los pensadores franceses pretendía borrar en nombre de la civilización. Ya en 1774, Johann Gottfried Herder proclamaba que el genio de cada pueblo (Volksgeist) se inclinaba siempre por la diversidad cultural, la riqueza humana y en contra del universalismo. Por ello, el orgullo nacional radicaba en la cultura, a través de la que cada pueblo debía cumplir un destino específico. La cultura, como la entendía Herder, era la expresión de la humanidad diversa, y no excluía la posibilidad de comunicación entre los pueblos.

Durante el siglo XIX, en Alemania el término cultura evoluciona bajo la influencia del nacionalismo.[1] Mientras tanto, en Francia, el concepto se amplió para incluir no sólo el desarrollo intelectual del individuo, sino el de la humanidad en su conjunto. De aquí, el sentido francés de la palabra presenta una continuidad con el de civilización: no obstante la influencia alemana, persiste la idea de que más allá de las diferencias entre "cultura alemana" y "cultura francesa" (por poner un ejemplo), hay algo que las unifica a todas: la cultura humana.[2]

[editar] Definiciones de cultura en las disciplinas sociales

Para efecto de las ciencias sociales, las primeras acepciones de cultura fueron construidas a finales del siglo XIX. Por esta época, la sociología y la antropología eran disciplinas relativamente nuevas, y la pauta en el debate sobre el tema que aquí nos ocupa la llevaba la filosofía. Los primeros sociólogos, como Émile Durkheim, rechazaban el uso del término. Hay que recordar que en su perspectiva, la ciencia de la sociedad debía abordar problemas relacionados con la estructura social.[3] Si bien es opinión generalizada que Carlos Marx dejó de lado a la cultura, ello se ve refutado por las mismas obras del autor, sosteniendo que las relaciones sociales de producción (la organización que adoptan los seres humanos para el trabajo y la distribución social de sus frutos) constituyen la base de la superestructura jurídico-política e ideológica, pero en ningún caso un aspecto secundario de la sociedad. No es concebible una relación social de producción sin reglas de conducta, sin discursos de legitimación, sin prácticas de poder, sin costumbres y hábitos permanentes de comportamiento, sin objetos valorados tanto por la clase dominante como por la clase dominada. El desvelo de las obras juveniles de Marx, tanto de La ideología alemana (1845-1846) en 1932 por la célebre edición del Instituto Marx-Engels de la URSS bajo dirección de David Riazanov, como de los Manuscritos económicos y filosóficos (1844) posibilitó que varios partidarios de sus propuestas teóricas desarrollaran una teoría de la cultura marxista (véase más adelante).

El concepto de cultura generalmente es relacionado con la antropología. Una de las ramas más importantes de esta disciplina social se encarga precisamente del estudio comparativo de la cultura. Quizá por la centralidad que la palabra tiene en la teoría de la antropología, el término ha sido desarrollado de diversas maneras, que suponen el uso de una metodología analítica basada en premisas que en ocasiones distan mucho las unas de las otras.

Los etnólogos y antropólogos británicos y estadounidenses de las postrimerías del siglo XIX retomaron el debate sobre el contenido de cultura. Estos autores tenían casi siempre una formación profesional en derecho, pero estaban particularmente interesados en el funcionamiento de las sociedades exóticas con las que Occidente se encontraba en ese momento.[4] En la opinión de estos pioneros de la etnología y la antropología social (como Bachoffen, McLennan, Maine y Morgan), la cultura es el resultado del devenir histórico de la sociedad. Pero la historia de la humanidad en estos escritores era fuertemente deudora de las teorías ilustradas de la civilización, y sobre todo, del darwinismo social de Spencer.

[editar] Definiciones descriptivas de cultura

[editar] Definición de Tylor

E. B. Tylor, etnólogo británico, dijo: "La principal tendencia de la cultura desde los orígenes a los tiempos modernos ha sido del salvajismo hacia la civilización." (1995:43).

Como señala Thompson (2002: 190), la definición descriptiva de cultura se encontraba presente en esos primeros autores de la antropología decimonónica. El interés principal en la obra de estos autores (que abordaba problemáticas tan disímbolas como el origen de la familia y el matriarcado, y las supervivencias de culturas antiquísimas en la civilización occidental de su tiempo) era la búsqueda de los motivos que llevaban a los pueblos a comportarse de tal o cual modo. En esas exploraciones, meditarente, o entre la tecnología y el resto del sistema social.

Uno de los más importantes etnógrafos de la época fue Gustav Klemm. En los diez tomos de su obra Allgemeine Cultur-Geschichte der Menschheit (1843-1852) intentó mostrar el desarrollo gradual de la humanidad por medio del análisis de la tecnología, costumbres, arte, herramientas, prácticas religiosas. Una obra monumental, pues incluía ejemplos etnográficos de pueblos de todo el mundo. El trabajo de Klemm habría de tener eco en sus contemporáneos, empeñados en definir el campo de una disciplina científica que estaba naciendo. Unos veinte años más tarde, en 1871, Edward B. Tylor publicó en Primitive Culture una de las definiciones más ampliamente aceptadas de cultura. Según Tylor, la cultura es:

...aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre. La situación de la cultura en las diversas sociedades de la especie humana, en la medida en que puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el estudio de las leyes del pensamiento y la acción del hombre.
(Tylor, 1995: 29)

De esta suerte, una de las principales aportaciones de Tylor fue la elevación de la cultura como materia de estudio sistemático. A pesar de este notable avance conceptual, la propuesta de Tylor adolecía de dos grandes debilidades. Por un lado, sacó del concepto su énfasis humanista al convertir a la cultura en objeto de ciencia. Por el otro, su procedimiento analítico era demasiado descriptivo. En el texto citado arriba, Tylor plantea que "un primer paso para el estudio de la civilización[5] consiste en diseccionarla en detalles, y clasificar éstos en los grupos adecuados" (Tylor, 1995:33). Según esta premisa, la mera recopilación de los "detalles" permitiría el conocimiento de una cultura. Una vez conocida, sería posible clasificarla en una graduación de más a menos civilizada, premisa que heredó de los darwinistas sociales.

[editar] Definición de los culturalistas

Una mujer hopi arregla el peinado de una joven soltera de su tribu. Los antropólogos estadounidenses de la primera mitad del siglo XX estaban muy interesados en la documentación etnográfica de los pueblos indios, algunos de los cuales estaban en proceso de extinción.

La propuesta teórica de Tylor fue retomada y reelaborada posteriormente, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos. En este último país, la antropología evolucionaba hacia una posición relativista, representada en primera instancia por Franz Boas. Esta posición representaba un rompimiento con las ideas anteriores sobre la evolución cultural, en especial las propuestas por los autores británicos y el estadounidense Lewis Henry Morgan. Para éste último, contra quien Boas dirigió sus críticas en uno de sus pocos textos teóricos, el proceso de la evolución social humana (tecnología, relaciones sociales y cultura) podía ser equiparado con el proceso de crecimiento de un individuo de la especie. Por lo tanto, Morgan comparaba el salvajismo con la "infancia de la especie humana", y la civilización, con la madurez.[6] Boas fue sumamente duro con las propuestas de Morgan y el resto de los antropólogos evolucionistas contemporáneos. A lo que sus autores llamaban "teorías" sobre la evolución de la sociedad, Boas las calificó de "puras conjeturas" sobre el ordenamiento histórico de "fenómenos observados conforme a principios admitidos [de antemano]" (1964:184).

La crítica de Boas en contra de los evolucionistas es un eco de la perspectiva de los filósofos alemanes como Herder y Wilhelm Dilthey. El núcleo de la propuesta radica en su inclinación a considerar la cultura como un fenómeno plural. En otras palabras, más que hablar de cultura, Boas hablaba de culturas. Para la mayor parte de los antropólogos y etnólogos adscritos a la escuela culturalista estadounidense, el estado del arte etnográfico al principio del siglo XX no permitía la conformación de una teoría general sobre la evolución de las culturas. Por lo tanto, la labor más importante de los estudiosos del fenómeno debía ser la documentación etnográfica.[7] De hecho, Boas escribió muy pocos textos teóricos, en comparación con sus monografías sobre los pueblos indígenas de la costa pacífica de América del Norte.

Los antropólogos formados por Robin Reid hubieron de heredar muchas de las premisas de su maestro. Entre otros casos notables, están el de Ruth Benedict. En su obra Patterns of culture (1939), Benedict señala que cada cultura es un todo comprensible sólo en sus propios términos[8] y constituye una suerte de matriz que da sentido a la actuación de los individuos en una sociedad. Alfred Kroeber, retomando la oposición entre cultura y naturaleza, también señalaba que las culturas son fenómenos sui generis pero, en sentido estricto, eran de una categoría exterior a la naturaleza. Por lo tanto, según Kroeber, el estudio de las culturas debía salirse del dominio de las ciencias naturales y encarar a las primeras como lo que eran: fenómenos superorgánicos.[9] Melville Herskovits y Clyde Kluckhohn retomaron de Tylor su definición cientificista del estudio de la cultura. Para el primero, también la recolección de rasgos definitorios de las culturas permitiría su clasificación. Aunque, en este caso, la clasificación no se realizaba en sentido diacrónico, sino espacial-geográfico que habría de permitir el conocimiento de las relaciones entre los diferentes pueblos asentados en un área cultural. Kluckhonn, por su parte, resume en su texto Antropología la mayor parte de los postulados vistos en esta sección, y reclama el dominio de lo cultural como el campo específico de la actividad antropológica.

[editar] Definición funcionalista-estructural

La característica más peculiar del concepto funcionalista de cultura se refiere precisamente a la función social de la misma. El supuesto básico es que todos los elementos de una sociedad (entre los que la cultura es uno más) existen porque son necesarios. Esta perspectiva ha sido desarrollada tanto en antropología como en sociología aunque, sin duda, sus primeras características fueron delineadas involuntariamente por Émile Durkheim. Este sociólogo francés muy pocas veces empleó el término como unidad analítica principal de su disciplina. En su libro Las reglas del método sociológico (1895), plantea que la sociedad está compuesta por entidades que tienen una función específica, integradas en un sistema análogo al de los seres vivos, donde cada órgano está especializado en el cumplimiento de una función vital. Del mismo modo en que los órganos de un cuerpo son susceptibles a la enfermedad, las instituciones y costumbres, las creencias y las relaciones sociales también pueden caer en un estado de anomia. Durkheim y sus seguidores, sin embargo, no se ocupan exclusiva ni principalmente de la cultura como objeto de estudio, sino de hechos sociales. A pesar de ellos, sus propuestas analíticas fueron retomadas por autores conspicuos de la antropología social británica y la sociología de la cultura de Estados Unidos.

Más tarde, el polaco Bronislaw Malinowski retomó tanto la descripción de cultura de Tylor como algunos de los planteamientos de Durkheim relativos a la función social. Para Malinowski, la cultura podía ser entendida como una «realidad sui generis» que debía estudiarse como tal (en sus propios términos). En la categoría de cultura incluía artefactos, bienes, procesos técnicos, ideas, hábitos y valores heredados (Thompson, 2002: 193). También consideraba que la estructura social podía ser entendida análogamente a los organismos vivos pero, a diferencia de Durkheim, Malinowski tenía una tendencia más holística. Malinowski creía que todos los elementos de la cultura poseían una función que les daba sentido y hacía posible su existencia. Pero esta función no era dada únicamente por lo social, sino por la historia del grupo y el entorno geográfico, entre muchos otros elementos. El reflejo más claro de este pensamiento aplicado al análisis teórico fue el libro Los argonautas del Pacífico Occidental (1922), una extensa y detallada monografía sobre las distintas esferas de la cultura de los isleños trobriandeses, un pueblo que habitaba en las islas Trobriand, al oriente de Nueva Guinea.

Años más tarde, Alfred Reginald Radcliffe-Brown, también antropólogo británico, retomaría algunas de las propuestas de Malinowski, y muy especialmente las que se referían a la función social. Radcliffe-Brown rechazaba que el campo de análisis de la antropología fuera la cultura, más bien se encargaba del estudio de la estructura social, un entramado de relaciones entre las personas de un grupo. Sin embargo, también analizó aquellas categorías que habían sido descritas con anterioridad por Malinowski y Tylor, siguiendo siempre el principio del análisis científico de la sociedad. En su libro Estructura y función en la sociedad primitiva (1975) Radcliffe-Brown establece que la función más importante de las creencias y prácticas sociales es la del mantenimiento del orden social, el equilibrio en las relaciones y la trascendencia del grupo en el tiempo. Sus propuestas fueron retomadas más tarde por muchos de sus alumnos, especialmente por Edward Evan Evans-Pritchard etnógrafo de los nuer y los azande, pueblos del centro de África. En ambos trabajos etnográficos, la función reguladora de las creencias y prácticas sociales está presente en el análisis de esas sociedades, a la primera de las cuales, Evans-Pritchard llamó "anarquía ordenada".

[editar] Definiciones simbólicas

Los orígenes de las concepciones simbólicas de cultura se remontan a Leslie White, antropólogo estadounidense formado en la tradición culturalista de Boas. A pesar de que en su libro La ciencia de la cultura afirma, en un principio, que ésta es «el nombre de un tipo preciso o clase de fenómenos, es decir, las cosas y los sucesos que dependen del ejercicio de una habilidad mental, exclusiva de la especie humana, que hemos llamado 'simbolizante'», en el transcurso de su texto, White irá abandonando la idea de la cultura como símbolos para orientarse hacia una perspectiva ecológica.[10]

[editar] Definición estructuralista

Según la teoría estructuralista, la mente humana clasifica todos los fenómenos del mundo, estableciendo conjuntos clasificatorios a los que se adhieren cargas semánticas (se convierten en símbolos). Por ejemplo, Héritier proponía que un par de grupos clasificatorios universal es el que distingue hombres de mujeres, basado en las diferencias fisiológicas. Lo que cambia son las atribuciones de cada grupo: en algunas culturas, como la occidental, la mujer se encarga de criar a los niños; en otras, esta tarea corresponde a los hombres.

El estructuralismo es una corriente más o menos extendida en las ciencias sociales. Sus orígenes se remontan a Ferdinand de Saussure, lingüista, quien propuso grosso modo que la lengua es un sistema de signos. Tras su conversión a la antropología (tal como la llama en Tristes trópicos), Claude Lévi-Strauss –influido por Roman Jakobson– habría de retomar este concepto para el estudio de los hechos de interés antropológico, entre los que la cultura era sólo uno más. De acuerdo con Lévi-Strauss, la cultura es básicamente un sistema de signos[11] producidos por la actividad simbólica de la mente humana (tesis que comparte con White).

En Antropología estructural (1958) Lévi-Strauss irá definiendo las relaciones que existen entre los signos y símbolos del sistema, y su función en la sociedad, sin prestar demasiada atención a este último punto. En resumen, se puede decir que en la teoría estructuralista, la cultura es un mensaje que puede ser decodificado tanto en sus contenidos, como en sus reglas. El mensaje de la cultura habla de la concepción del grupo social que la crea, habla de sus relaciones con internas y externas. En El pensamiento salvaje (2002), Lévi-Strauss apunta que todos los símbolos y signos de que está hecha la cultura son productos de la misma capacidad simbólica que poseen todas las mentes humanas. Esta capacidad, básicamente consiste en la clasificación de las cosas del mundo en grupos, a los que se atribuyen ciertas cargas semánticas. No existe grupo de símbolos o signos (campo semántico) que no tenga uno complementario. Los signos y sus significados pueden ser asociados por metáfora (como en el caso de las palabras) o metonimia (como en el caso de los emblemas de la realeza) a fenómenos significativos para el grupo creador del sistema cultural. Las asociaciones simbólicas no necesariamente son las mismas en todas las culturas. Por ejemplo, mientras en la cultura occidental, el rojo es el color del amor, en Mesoamérica es el de la muerte.

Según la propuesta estructuralista, las culturas de los pueblos "primitivos" y "civilizados" están hechas de la misma materia y, por tanto, los sistemas del conocimiento del mundo exterior dominantes en cada uno –magia en los primeros, ciencia en los segundos– no son radicalmente diferentes. Aunque son varias las distinciones que se pueden establecer entre culturas primitivas y modernas: una de las más importantes es el modo en que manipulan los elementos del sistema. En tanto que la magia improvisa, la ciencia procede sobre la base del método científico.[12] El uso del método científico no quiere decir –según Lévi-Strauss– que las culturas donde la ciencia es dominante sean superiores, o que aquellas donde la magia juega un papel fundamental sean menos rigurosas o metódicas en su manera de conocer el mundo. Simplemente, son de índole distinta unas de otras, pero la posibilidad de comprensión entre ambos tipos de culturas radica básicamente en una facultad universal del género humano.

En la perspectiva estructuralista, el papel de la historia en la conformación de la cultura de una sociedad no es tan importante. Lo fundamental es llegar a dilucidar las reglas que subyacen en la articulación de los símbolos en una cultura, y observar la manera en que éstos dotan de sentido la actuación de una sociedad. En varios textos, Lévi-Strauss y sus seguidores (como Edmund Leach) parecen insinuar, como Ruth Benedict, que la cultura es una suerte de patrón que pertenece a todo el grupo social pero no se encuentra en nadie en particular. Esta idea también fue retomada del concepto de lenguaje propuesto por Saussure.

[editar] Definición de la antropología simbólica

La antropología simbólica es una rama de las ciencias sociales cuyo desarrollo se relaciona con la crítica al estructuralismo lévi-straussiano. Uno de los principales exponentes de esta corriente es Clifford Geertz. Comparte con el estructuralismo francés la tesis de la cultura como un sistema de símbolos pero, a diferencia de Lévi-Strauss, Geertz señala que no es posible para los investigadores el conocimiento de sus contenidos:

Al creer tal como Max Weber que el hombre es un animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo, considero que la cultura se compone de tales tramas, y que el análisis de ésta no es, por tanto, una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significado.
(Geertz, 1988:)

Bajo la premisa anterior, Geertz y la mayor parte de los antropólogos simbólicos ponen en duda la autoridad de la etnografía. Señalan que a lo que pueden limitarse los antropólogos es a hacer "interpretaciones plausibles" del significado de la trama simbólica que es la cultura, a partir de la descripción densa de la mayor cantidad de puntos de vista que sea posible conocer respecto a un mismo suceso. En otro sentido, los simbólicos no creen que todos los elementos de la trama cultural posean el mismo sentido para todos los miembros de una sociedad. Más bien creen que pueden ser interpretados de modos diferentes, dependiendo, ya de la posición que ocupen en la estructura social, ya de condicionamientos sociales y psíquicos anteriores, o bien, del mismo contexto.[13]

[editar] Definiciones marxistas

Tal como se señaló anteriormente, Karl Marx a pesar de la opinión generalizada, puso atención en el análisis de las cuestiones culturales, específicamente en su relación con el resto de la estructura social. Según la propuesta teórica de Marx, el dominio de lo cultural (constituido sobre todo por la ideología) es un reflejo de las relaciones sociales de producción, es decir, de la organización que adoptan los seres humanos frente a la actividad económica. La gran aportación del marxismo en el análisis de la cultura es que ésta es entendida como el producto de las relaciones de producción, como un fenómeno que no está desligado del modo de producción de una sociedad. Asimismo, la considera como uno de los medios por los cuales se reproducen las relaciones sociales de producción, que permiten la permanencia en el tiempo de las condiciones de desigualdad entre las clases.

En sus interpretaciones más simplistas, la definición de la ideología en Marx ha dado lugar a una tendencia a explicar las creencias y el comportamiento social en función de las relaciones que se establecen entre quienes dominan el sistema económico y sus subalternos. Sin embargo, son muchas las posturas donde la relación entre la base económica y la superestructura cultural es analizada en enfoques más amplios. Por ejemplo, Antonio Gramsci llama la atención a la hegemonía, un proceso por medio del cual, un grupo dominante se legitima ante los dominados, y estos terminan por ver natural y asumir como deseable la dominación. Louis Althusser propuso que el ámbito de la ideología (el principal componente de la cultura) es un reflejo de los intereses de la élite, y que a través de los aparatos ideológicos del Estado se reproducen en el tiempo.

Así mismo, Michel Foucault –en el conocido debate de noviembre de 1971 en Holanda con Noam Chomsky– respondiendo la pregunta de que si la sociedad capitalista era democrática, además de contestar negativamente –argumentando que una sociedad democrática se basa en el efectivo ejercicio del poder por una población que no esté dividida u ordenada jerárquicamente en clases– sostiene que, de manera general, todos los sistemas de enseñanza –los cuales aparecen simplemente como transmisores de conocimientos aparentemente neutrales–, están hechos para mantener a cierta clase social en el poder, y excluir de los instrumentos de poder a otras clases sociales.

[editar] Definición neoevolucionista o ecofuncionalista

Plataforma petrolera en el Mar del Norte. White proponía que la energía de que dispusiera una sociedad es la que determina en buena medida la cultura. Occidente, por ejemplo, ha modificado sus tecnologías para poder aprovechar diversas fuentes energéticas a lo largo de su historia. La mayor cantidad de energía disponible ha permitido a su vez el desarrollo de nuevas tecnologías, creencias y formas de relaciones sociales. Sin embargo, como señalan Rappaport y Morán, es posible que la expansión en el consumo energético produzca una desadaptación ecológica y conduzca a la civilización Occidental a su desaparición.

Si bien el estudio de la cultura nació como una inquietud por el cambio de las sociedades a lo largo del tiempo, el desprestigio en el que cayeron los primeros autores de la antropología fue un terreno fértil para que arraigaran en la reflexión sobre la cultura las concepciones ahistóricas. Salvo los marxistas, interesados en el proceso revolucionario hacia el socialismo, el resto de las disciplinas sociales no prestaron mayor atención al problema de la evolución cultural.

Para introducir las definiciones neoevolucionistas de cultura, es necesario recordar que los evolucionistas sociales de finales del siglo XIX (representados, entre otros, por Tylor), pensaban que las sociedades "primitivas" de su época eran residuos de antiguas formas culturales, por las que necesariamente habría pasado la civilización de Occidente antes de llegar a ser lo que era en ese momento. Como se indicó antes, Boas y sus discípulos echaron por tierra estos argumentos, señalando que nada probaba la veracidad de estas suposiciones. Sin embargo, en Estados Unidos, hacia la década de 1940 tuvo lugar un nuevo viraje del enfoque temporal de la antropología. Éste nuevo rumbo es el neoevolucionista, interesado entre otras cosas, por el cambio socio-cultural y las relaciones entre cultura y medio ambiente.

[editar] White y Steward

Según el neoevolucionismo, la cultura es el producto de las relaciones históricas entre un grupo humano y su medio ambiente. De esta manera se pueden resumir las definiciones de cultura propuestas por Leslie White (1992) y Julian Steward (1992), quienes encabezaron la corriente neoevolucionista en su nacimiento.[14] El énfasis de la nueva corriente antropológica se movió del funcionamiento de la cultura a su carácter dinámico. este cambio de paradigma representa una clara oposición al funcionalismo estructuralista, interesado en el funcionamiento actual de la sociedad; y el culturalismo, que aplazaba el análisis histórico para un momento en que los datos etnográficos lo permitieran.

Tanto Steward como White concuerdan en que la cultura es sólo uno de los ámbitos de la vida social. Para White, la cultura no es un fenómeno que deba entenderse en sus propios términos, como proponían los culturalistas. El aprovechamiento energético es el motor de las transformaciones culturales: estimula la transformación de la tecnología disponible, tendiendo siempre a mejorar. Así, la cultura está determinada por la forma en la que el grupo humano aprovecha su entorno. Este aprovechamiento se traduce a su vez en energía. El desarrollo de la cultura de un grupo es proporcional la cantidad de energía que la tecnología disponible le permite aprovechar. La tecnología determina las relaciones sociales y esencialmente la división del trabajo como una prístina forma de organización. A su vez, la estructura social y la división del trabajo se reflejan en el sistema de creencias del grupo, que formula conceptos que le permiten comprender el entorno que le rodea. Una modificación en la tecnología y la cantidad de energía aprovechada se traduce, por tanto, en modificaciones en todo el conjunto.

Steward, por su parte, retomaba de Kroeber la concepción de la cultura como un hecho que se encontraba por encima y fuera de la naturaleza. Sin embargo, Steward sostenía que había un diálogo entre ambos dominios. Opinaba que la cultura es un fenómeno o capacidad del ser humano que le permite adaptarse a su medio biológico. Uno de los principales conceptos en su obra es el de evolución. Steward planteaba que la cultura sigue un proceso de evolución multilineal (es decir, no todas las culturas pasan de un estado salvaje a la barbarie, y de ahí a la civilización), y que este proceso se basa en el desarrollo de tipos culturales derivados de las adaptaciones culturales al medio físico de una sociedad. Steward introduce en las ciencias sociales el término de ecología, señalando con él: el análisis de las relaciones existentes entre todos los organismos que comparten un mismo nicho ecológico.

[editar] Evolución cultural

Había por lo menos una gran distancia conceptual entre la propuesta de White y de Steward. El primero se inclinaba por el estudio de la cultura como fenómeno total, en tanto que el segundo se mantenía más proclive al relativismo. Por ello, entre las limitaciones que tuvieron que superar sus sucesores estuvo la de concatenar ambas posturas, para unificar la teoría de los estudios de la ecología cultural. De esta suerte, Marshall Sahlins propuso que la evolución cultural sigue dos direcciones. Por un lado, crea diversidad "a través de una modificación de adaptación: las nuevas formas se diferencian de las viejas. Por otra parte, la evolución genera progreso: las formas superiores surgen de las inferiores y las sobrepasan".[15]

La idea de que la cultura se transforma siguiendo dos líneas simultáneas fue desarrollada por Darcy Ribeiro, que introdujo el concepto de proceso civilizatorio[16] para comprender las transformaciones de la cultura.

Con el tiempo, el neoevolucionismo sirvió como una de las principales bisagras entre las ciencias sociales y las ciencias naturales, especialmente coma puente con la biología y la ecología. De hecho, su propia vocación como enfoque holístico le ha convertido en una de las corrientes más interdisciplinarias de las disciplinas que estudian la humanidad. A partir de la década de 1960, la ecología entró en una relación muy estrecha con los estudios culturales de corte evolutivo. Los biólogos habían descubierto que los seres humanos no son los únicos animales que poseen cultura: se habían encontrado indicios de ella entre algunos insectos, pero especialmente entre los primates. Roy Rappaport introdujo en la discusión de lo social la idea de que la cultura forma parte de la misma biología del ser humano, y que la evolución misma del ser humano se debe a la presencia de la cultura. Señalaba que:

...superorgánica o no, se debe tener presente que la cultura en sí pertenece a la naturaleza. Emergió en el curso de la evolución mediante procesos de selección natural diferentes sólo en parte de aquellos que produjeron los tentáculos del pulpo […] Aunque la cultura está altamente desarrollada en los seres humanos, estudios etológicos recientes han indicado alguna capacidad simbólica entre otros animales. […] Aunque las culturas pueden imponerse a los sistemas ecológicos, hay límites para esas imposiciones, ya que las culturas y sus componentes están sujetos a su vez a procesos selectivos.
(Rappaport, 1998: 273-274)

Los nuevos descubrimientos en la etología (ciencia que estudia el comportamiento de los animales) animaron a muchos biólogos a intervenir en el debate sociológico de la cultura. Algunos de ellos buscaban establecer relaciones entre la cultura humana y las formas primitivas de cultura observadas, por ejemplo, entre los macacos de Japón. Uno de los ejemplos más conocidos es el de Sherwood Washburn, profesor de antropología de la Universidad de California. Al frente de un equipo multidisciplinario, emprendió la tarea de buscar cuáles eran los orígenes de la cultura humana. Como primera parte de su proyecto, analizó el comportamiento social de los primates superiores. En segundo lugar, suponiendo que los bosquimanos !kung eran los últimos reductos de las formas más primitivas de cultura humana, procedió al estudio de su cultura. La tercera etapa del programa de Washburn (en el que colaboraron Richard Lee e Irven de Vore, y que se prolongó durante la primera mitad de los años sesenta) fue proceder a la comparación de los resultados de ambas investigaciones, y especuló sobre esta base acerca de la importancia de la cacería en la construcción de la sociedad y la cultura.

Esta hipótesis fue presentada en un congreso llamado Man, the Hunter, realizado en la Universidad de Chicago en 1966. Fuera porque la investigación se apoyaba en premisas sobre la evolución cultural que fueron desechadas desde los tiempos de Boas, o porque era una tesis que negaba la importancia de la mujer en la construcción de la cultura, la tesis de Washburn, Lee y De Vore no fue bien recibida.[17]

Esta definición, atiende a la característica principal de la cultura, que es una obra estrictamente de creación humana, a diferencia de los procesos que realiza la naturaleza, por ejemplo, el movimiento de la tierra, las estaciones del año, los ritos de apareamiento de las especies, las mareas e incluso la conducta de las abejas que hacen sus panales, elaboran miel, se orientan para encontrar el camino de regreso pero, que a pesar de eso, no constituyen una cultura, pues todas las abejas del mundo hacen exactamente lo mismo, de manera mecánica, y no pueden cambiar nada. Exactamente lo contrario ocurren en el caso de las obras, ideas y actos humanos, ya que estos transforman o se agregan a la naturaleza, por ejemplo, el diseño de una casa, la receta de un dulce de miel o de chocolate, la elaboración de un plano, la simple idea de las relaciones matemáticas, son cultura y sin la creación humana no existirían por obra de la naturaleza.

[editar] Marvin Harris y el materialismo cultural

Dentro del tipo de ideas introducidas por Steward, cabe señalar el materialismo cultural propugnado por Marvin Harris y otros antropólogos estadounidenses. Esta corriente puede ser asimilada a una forma de ecofuncionalismo en el que se encajan ciertas divisiones introducidas por Marx. Para el materialismo cultural, entender la evolución cultural y la configuración de las sociedades depende básicamente de condiciones materiales, tecnológicas e infraestructurales. El materialismo cultural establece una triple división entre grupos de conceptos que atiende a su relación causal. Esos grupos se llaman: infraestructura (modo de producción, tecnología, condciones geográficas,...), estructura (modo de organización social, estructura jerárquica,...) y supraestructura (valores religiosos y morales, creaciones artísticas, leyes,...)

[editar] El concepto científico de cultura

El concepto científico de cultura hizo uso desde el principio de ideas de la teoría de la información, de la noción de meme introducida por Richard Dawkins, de los métodos matemáticos desarrolladas en la genética de poblaciones por autores como Luigi Luca Cavalli-Sforza y de los avances en la compresión del cerebro y del aprendizaje. Diversos antropólogos, como William Durham, y filósofos, como Daniel Dennett y Jesús Mosterín, han contribuido decisivamente al desarrollo de la concepción científica de la cultura. Mosterín define la cultura como la información transmitida por aprendizaje social entre animales de la misma especie. Como tal, se contrapone a la naturaleza, es decir, a la información transmitida genéticamente. Si los memes son las unidades o trozos elementales de información adquirida, la cultura actual de un individuo en un momento determinado sería el conjunto de los memes presentes en el cerebro de ese individuo en ese momento. A su vez, la noción vaga de cultura de un grupo social es analizada por Mosterín en varias nociones precisas distintas, definidas todas ellas en función de los memes presentes en los cerebros de los miembros del grupo.[18]

[editar] Industria cultural

Es la cultura que está, como un mercado, sujeta a las leyes de la oferta y la demanda de la economía capitalista.

[editar] Socialización de la cultura

La importante aportación de la psicología humanista de, por ejemplo, Erik Erikson con una teoría psicosocial para explicar los componentes socioculturales del desarrollo personal.

  • Cada miembro de la especie podría acceder a ella desde una fuente común, sin limitarse, ejemplo de ello: el conocimiento transmitido por los padres.
  • Debe poder ser incrementada en las ulteriores generaciones.
  • Ha de resultar universalmente compartible por todos aquellos que poseen un lenguaje racional y significativo.

Así, el ser humano tiene la facultad de enseñar al animal, desde el momento en que es capaz de entender su rudimentario aparato de gestos y sonidos, llevando a cabo nuevos actos de comunicación; pero los animales no pueden hacer algo parecido con nosotros. De ellos podemos aprender por la observación, como objetos, pero no mediante el intercambio cultural, es decir, como sujetos.

[editar] Clasificación

La cultura se clasifica, respecto a sus definiciones, de la siguiente manera:

  • Tópica: La cultura consiste en una lista de tópicos o categorías, tales como organización social, religión o economía.
  • Histórica: La cultura es la herencia social, es la manera que los seres humanos solucionan problemas de adaptación al ambiente o a la vida en común.
  • Mental: La cultura es un complejo de ideas, o los hábitos aprendidos, que inhiben impulsos y distinguen a las personas de los demás.
  • Estructural: La cultura consiste en ideas, símbolos o comportamientos, modelados o pautados e inter-relacionados.
  • Simbólica: La cultura se basa en los significados arbitrariamente asignados que son compartidos por una sociedad.

La cultura puede también ser clasificada del siguiente modo:

Según su extensión
  • Universal: cuando es tomada desde el punto de vista de una abstracción a partir de los rasgos que son comunes en las sociedades del mundo. Por ej., el saludo.
  • Total: conformada por la suma de todos los rasgos particulares a una misma sociedad.
  • Particular: igual a la subcultura; conjunto de pautas compartidas por un grupo que se integra a la cultura general y que a su vez se diferencia de ellas. Ej.: las diferentes culturas en un mismo país.
Según su desarrollo
  • Primitiva: aquella cultura que mantiene rasgos precarios de desarrollo técnico y que por ser conservadora no tiende a la innovación.
  • Civilizada: cultura que se actualiza produciendo nuevos elementos que le permitan el desarrollo a la sociedad.
  • Analfabeta o pre-alfabeta: se maneja con lenguaje oral y no ha incorporado la escritura ni siquiera parcialmente.
  • Alfabeta: cultura que ya ha incorporado el lenguaje tanto escrito como oral.
Según su carácter dominante
  • Sensista: cultura que se manifiesta exclusivamente por los sentidos y es conocida a partir de los mismos.
  • Racional: cultura donde impera la razón y es conocido a través de sus productos tangibles.
  • Ideal: se construye por la combinación de la sensista y la racional
Según su dirección
  • Posfigurativa: aquella cultura que mira al pasado para repetirlo en el presente. Cultura tomada de nuestros mayores sin variaciones. Es generacional y se da particularmente en pueblos primitivos.
  • Configurativa: la cultura cuyo modelo no es el pasado, sino la conducta de los contemporáneos. Los individuos imitan modos de comportamiento de sus pares y recrean los propios.
  • Prefigurativa: aquella cultura innovadora que se proyecta con pautas y comportamientos nuevos y que son válidos para una nueva generación y que no toman como guía el modelo de los padres a seguir pero si como referentes.

[editar] Elementos de la cultura

La cultura forma todo lo que implica transformación y seguir un modelo de vida. Los elementos de la cultura se dividen en:

  • Concretos o materiales: fiestas, alimentos, ropa (moda), arte plasmado, construcciones arquitectónicas, instrumentos de trabajo (herramientas), monumentos representativos históricos.
  • Simbólicos o espirituales: creencias (filosofía, espiritualidad/religión), valores (criterio de juicio moral y/o ética), actos humanitarios, normas y sanciones (jurídicas, morales, convencionalismos sociales), organización social y sistemas políticos, símbolos (representaciones de creencias y valores), arte (apreciación), lenguaje (un sistema de comunicación simbólica), tecnología y ciencia.

Dentro de toda cultura hay dos elementos a tener en cuenta:

  • Rasgos culturales: porción más pequeña y significativa de la cultura, que da el perfil de una sociedad. Todos los rasgos se transmiten siempre al interior del grupo y cobran fuerza para luego ser exteriorizados.
  • Complejos culturales: contienen en si los rasgos culturales en la sociedad.

[editar] Cambios culturales

Los cambios culturales: son los cambios a lo largo del tiempo de todos o algunos de los elementos culturales de una sociedad (o una parte de la misma).

  • Enculturación: es el proceso en el que el individuo se culturiza, es decir, el proceso en el que el ser humano, desde que es niño o niña, se culturiza. Este proceso es parte de la cultura, y como la cultura cambia constantemente, también lo hacen la forma y los medios con los que se culturaliza.
  • Aculturación: se da normalmente en momento de conquista o de invasión. Es normalmente de manera forzosa e impuesta, como la conquista de América, la invasión de Iraq. Ejemplos de resultados de este fenómeno: comida (potaje, pozole), huipil. El fenómeno contrario recibe el nombre de deculturación, y consiste en la pérdida de características culturales propias a causa de la incorporación de otras foráneas.
  • Transculturación: intercambiar formas de ser, en la que se percibe que no existe una cultura mejor que otra: se complementan. Es voluntaria (ej: anglicismos: fólder, chequear, líder; hacer yoga).
  • Inculturación: se da cuando la persona se integra a otras culturas las acepta y dialoga con la gente de esa determinada cultura.

[editar] Véase también

[editar] Teorías sobre la cultura

[editar] Otras cuestiones culturales

[editar] Referencias

  1. Hecho que llevó incluso a proponer la superioridad de la cultura alemana, que en ciertas malas interpretaciones, dio origen al nazismo.
  2. Ernest Renan, en una conferencia dictada en La Sorbona, dijo: "Antes que la cultura francesa, la cultura alemana, la cultura italiana, existe la "cultura humana". (Cuche, 1999: 17).
  3. La estructura social está constituida por las relaciones entre los agentes sociales. Dichas relaciones son de subordinación o de reciprocidad, y en la perspectiva estructuralista de las ciencias sociales, son la base de la sociedad
  4. El momento histórico es el del expansionismo imperialista de las potencias occidentales, particularmente Gran Bretaña y Francia. Estados Unidos, por su parte, se encontraba en una situación de choque entre las tribus indígenas y la sociedad criolla dominante.
  5. A la que consideraba igual a la cultura, según su definición, en oposición a la definición clásica.
  6. Véase el artículo sobre los "Períodos étnicos", en Morgan, 1990.
  7. En ese sentido es importante señalar el interés de esta corriente en la recolección de datos sobre las culturas indígenas de Estados Unidos, que se encontraban en proceso de extinción. Quizá uno de los casos más conocidos es el de Alfred Kroeber, etnógrafo de los californianos, cuya relación con Ishi (último miembro de la tribu yahi) sirvió como base para un guión cinematográfico.
  8. Es muy conocida en antropología la metáfora de Ruth Benedict sobre la cultura, empleando una imagen recogida de una leyenda indígena. El pasaje en cuestión, que aparece en Patterns of culture, dice: "'En el principio', dijo [Ramón, un jefe de la tribu de los indios cavadores], ‘Dios dio a cada pueblo una vasija, una vasija de barro, y de esta vasija bebían su vida... Todos abrevaban en el agua, pero sus vasijas eran diferentes. Ahora, nuestra vasija está rota [la de los indios cavadores]. Se ha marchado lejos' [...] Hubo otras vasijas de vida que se fueron, y acaso ellas contenían el mismo agua, pero la pérdida era irreparable. No se trataba solamente de un problema de reparación de la vasija con un añadido por aquí, cortando algo por allá. El modelado era fundamental, en cierto modo era toda la pieza y constituye una suerte de matriz que da sentido a la actuación de los individuos en una sociedad." La propuesta de Benedict ha sido duramente criticada, sobre todo por las corrientes posmodernistas.
  9. Superorgánico significa algo que está fuera y por encima de la naturaleza. En ese sentido, la definición de cultura de Kroeber lo aproxima con la de los ilustrados.
  10. Thompson, 2002: 195.
  11. Y en el uso de signo y símbolo en francés hay que tener cuidado, porque aunque tiene el mismo significado que en español, en inglés (la lengua en que está escrita buena parte de la teoría simbólica de la antropología) los términos tienen connotaciones inversas.
  12. Lévi-Strauss, 2002: cap. 1.
  13. Sperber, 1996: cap. 2 y 3.
  14. Aunque ninguno de ellos se proclamaba a sí mismo neoevolucionista. White se consideraba continuador de la perspectiva de Morgan y otros antropólogos evolucionistas del siglo XIX; los mismos contra los que se lanzaron Boas y sus alumnos. Steward, por su parte, se consideraba ecólogo cultural. Sin embargo, al pasar el tiempo, fueron clasificados como neoevolucionistas, puesto que sus propuestas son una reformulación del evolucionismo social.
  15. Sahlins, 1992: 371.
  16. A grandes rasgos, éste se puede resumir como la reformulación de las formas culturales y de organización social, derivadas de los cambios en el sistema tecnológico. Los cambios en el sistema tecnológico a su vez son influidos por el sistema de creencias y de relaciones sociales preexistentes, de tal suerte que las innovaciones no simpre afectan grandemente en la evolución cultural si una sociedad no esta preparada para ello. El proceso civilizatorio está constituido por estas innovaciones prístinas o adoptadas, que tienden a difundirse en el área de las sociedades que están en contacto unas con otras.
  17. Una interesante reseña de la investigación de estos tres antropólogos y su equipo puede encontrarse en Kuper, 1996: cap. 3.
  18. Jesús Mosterín (1993), capítulo 5, y Jesús Mosterín (2009), capítulo 9.

[editar] Bibliografía

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[editar] Enlaces externos

Wikcionario