Facebook Twitter Google +1     Admin

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Literatura.

01/05/2010

LITERATURA: FRANCISCO DE QUEVEDO. Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (Madrid, 14 de septiembre de 1580[1] — Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un noble, político y escritor español del Siglo de Oro, uno de los más destacados de la historia de la literatura española. Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago.

Francisco de Quevedo

De Wikipedia, la enciclopedia libre

«Quevedo» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Quevedo (desambiguación).
Francisco de Quevedo
Retrato de Francisco de Quevedo.jpg
Retrato de Francisco de Quevedo, atribuido a Juan van der Hamen o Velázquez
Nacimiento14 de septiembre de 1580
Madrid, España
Fallecimiento8 de septiembre de 1645
Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, España

Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (Madrid, 14 de septiembre de 1580[1]Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 8 de septiembre de 1645) fue un noble, político y escritor español del Siglo de Oro, uno de los más destacados de la historia de la literatura española. Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago.

Contenido

[ocultar]

Biografía [editar]

Quevedo, extraido de Lutero: asunto tomado de un sueño del infierno de Quevedo del pintor catalán Francisco Sans Cabot.

Quevedo nació en Madrid y fue bautizado en la parroquia de San Ginés el 26 de septiembre de 1580. Su infancia transcurrió en la Villa y Corte, rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempeñaban altos cargos en Palacio. Estudió Teología en Alcalá sin llegar a ordenarse y lenguas antiguas y modernas. Durante la estancia de la Corte en Valladolid parece ser que circularon los primeros poemas de Quevedo, que imitaban o parodiaban los de Luis de Góngora bajo seudónimo (Miguel de Musa) o no, y el poeta cordobés detectó con rapidez al joven que minaba su reputación y ganaba fama a su costa, de forma que decidió atacarlo con una serie de poemas; Quevedo le contestó y ese fue el comienzo de una enemistad que no terminó hasta la muerte del cisne cordobés, quien dejó en estos versos constancia de la deuda que Quevedo le tenía contraída (cit. en Pablo Jauralde Pou, Francisco de Quevedo (1580-1645) Madrid: Castalia, 1999, pág. 906-907:

Musa que sopla y no inspira y sabe que es lo traidor poner los dedos mejor en mi bolsa que en su lira, no es de Apolo, que es mentira.

Quevedo también se aproximó a la prosa escribiendo como juego cortesano, en el que lo más importante era exhibir ingenio, la primera versión manuscrita de una novela picaresca, la Vida del Buscón, y un cierto número de cortos opúsculos burlescos que le ganaron cierta celebridad entre los estudiantes y de los que habría de renegar en su edad madura como travesuras de juventud; igualmente por esas fechas sostiene un muy erudito intercambio epistolar con el humanista Justo Lipsio, deplorando las guerras que estremecen Europa, según puede verse en el Epistolario reunido por Luis Astrana Marín. Por 1604 intenta explorar nuevos caminos métricos creando un libro de silvas que no terminó, a imitación de las de Publio Papinio Estacio, combinando versos de siete y once sílabas libremente.

Vuelta la Corte a Madrid, arriba a ella Quevedo en 1606 y reside allí hasta 1611 entregado a las letras; escribe cuatro de sus Sueños y diversas sátiras breves en prosa; obras de erudición bíblica como su comentario Lágrimas de Jeremías castellanas; una defensa de los estudios humanísticos en España, la España defendida; y una obra política, el Discurso de las privanzas, así como lírica amorosa y satírica. Se gana la amistad de Félix Lope de Vega (hay numerosos elogios a Quevedo en los libros de Rimas del Fénix y Quevedo aprobó las Rimas humanas y divinas, de Tomé Burguillos, heterónimo del Fénix), así como de Miguel de Cervantes (se le alaba en el Viaje del Parnaso del alcalaíno y Quevedo corresponde en la Perinola), con quienes estaba en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento; por el contrario, atacó sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón, cuyos defectos físicos le hacían gracia (era pelirrojo y jorobado), siendo él mismo deforme, así como Juan Pérez de Montalbán, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas. Contra este último escribió La Perinola, cruel sátira de su libro misceláneo Para todos. Sin embargo, el más atacado sin duda fue Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras acusándole de ser un sacerdote indigno, homosexual, escritor sucio y oscuro, entregado a la baraja e indecente. Quevedo, descaradamente, violentaba la relación metiéndose hasta con su aspecto (como en su sátira A una nariz, en la que se ensaña con el apéndice nasal de Góngora, pues en la época se creía que el rasgo físico más acusado de los judíos era ser narigudos). En su descargo, cabe decir que Góngora le correspondió casi con la misma violencia. Por entonces estrecha una gran amistad con el grande Pedro Téllez-Girón, el Gran Duque de Osuna, al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él que le llevaron a Niza, Venecia y finalmente a Madrid, donde se integrará en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de conseguir a su amigo el Duque de Osuna el nombramiento de virrey de Nápoles, lo que al fin logrará en 1616. Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, éste le encargó dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato y desempeña otras misiones, algunas relacionadas con el espionaje a la República de Venecia, aunque no directamente, como se ha creído hasta hace poco, y obtiene en recompensa el hábito de Santiago en 1618.

Caído el grande Osuna, Quevedo es arrastrado también como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real), cuyo señorío había comprado su madre con todos sus ahorros para él antes de fallecer. Los vecinos del lugar, sin embargo, no reconocieron esa compra y Quevedo pleiteará interminablemente con el concejo, si bien el pleito sólo se resolverá a su favor tras su muerte, en la persona de su heredero y sobrino Pedro Alderete. Llegado allí a lomos de su jaca "Scoto", llamada así por lo sutil que era, como cuenta en un romance, y aislado ya de las tormentosas intrigas cortesanas, a solas con su conciencia, escribirá Quevedo algunas de sus mejores poesías, como el soneto "Retirado a la paz de estos desiertos..." o "Son las torres de Joray..." y hallará consuelo a sus ambiciones cortesanas y su desgarrón afectivo en la doctrina estoica de Séneca, cuyas obras estudia y comenta convirtiéndose en uno de los principales exponentes del neoestoicismo español. Completa el número de sus Sueños y redacta tratados políticos como Política de Dios, morales como Virtud militante y dos sátiras extensas: Discurso de todos los diablos y La hora de todos. Tomó parte muy activa en la controversia sobre el patronato de España con dos obras: Memorial por el patronato de Santiago y Su espada por Santiago, 1628. La cuestión se había suscitado cuando una reforma del Breviario Romano en el siglo XVII no citó la predicación y enterramiento de Santiago en España, lo que provocó un cruce de cartas y presiones que duró treinta y dos años hasta conseguir su revocación; el asunto se reavivó cuando se pretendió otorgar el patronazgo de España a Santa Teresa de Jesús, lo que acabó por convertirse en una auténtica batalla de intelectuales en pro de una u otro, y Quevedo, bastante misógino, se inclinó por el santo guerrero Santiago.

La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Quevedo acompaña al joven rey en viajes a Andalucía y Aragón, algunas de cuyas divertidas incidencias cuenta en interesantes cartas. Por entonces denuncia sus obras a la Inquisición, ya que los libreros habían impreso sin su permiso muchas de sus piezas satíricas que corrían manuscritas haciéndose ricos a su costa. Quevedo quiso asustarlos y espantarlos de esa manera y preparar el camino a una edición definitiva de sus obras que nunca llegó a aparecer. Por otro lado, lleva una vida privada algo desordenada de solterón: fuma mucho, frecuenta las tabernas (Góngora le achaca ser un borrachín consumado y en un poema satírico se le llama don Francisco de Quebebo) y frecuenta los lupanares, pese a que vive amancebado con una tal Ledesma. Sin embargo, es nombrado incluso secretario del monarca, en 1632, lo que supuso la cumbre en su carrera cortesana. Era un puesto sujeto a todo tipo de presiones: su amigo, el Duque de Medinaceli, es hostigado por su mujer para que lo obligue a casarse contra su voluntad con doña Esperanza de Mendoza,[2] señora de Cetina, viuda y con hijos, y el matrimonio, realizado en 1634, apenas dura tres meses. En contrapartida, son años de una febril actividad creativa. En 1634 publica La cuna y la sepultura y la traducción de La introducción a la vida devota de Francisco de Sales; de entre 1633 y 1635 datan obras como De los remedios de cualquier fortuna, el Epicteto, Virtud militante, Las cuatro fantasmas, la segunda parte de Política de Dios, la Visita y anatomía de la cabeza del cardenal Richelieu o la Carta a Luis XIII. En 1635 aparece en Valencia el más importante de uno de los numerosos libelos destinados a difamarle, El tribunal de la justa venganza, erigido contra los escritos de Francisco de Quevedo, maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y protodiablo entre los hombres.

En 1639, con motivo del memorial aparecido bajo la servilleta del Rey Sacra, católica, cesárea, real Majestad..., donde se denuncia la política del Conde Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío Convento de San Marcos en León hasta la caída del valido y su retirada a Loeches en 1643. En el monasterio Quevedo se dedicó a la lectura, como cuenta en la Carta moral e instructiva, escrita a su amigo, Adán de la Parra, pintándole por horas su prisión y la vida que en ella hacía:

Desde las diez a las once rezo algunas devociones, y desde esta hora a la de las doce leo en buenos y malos autores; porque no hay ningún libro, por despreciable que sea, que no tenga alguna cosa buena, como ni algún lunar el de mejor nota. Catulo tiene sus errores, Marcus Fabius Quintilianus sus arrogancias, Cicerón algún absurdo, Séneca bastante confusión; y en fin, Homero sus cegueras, y el satírico Juvenal sus desbarros; sin que le falten a Egecias algunos conceptos, a Sidonio medianas sutilezas, a Ennodio acierto en algunas comparaciones, y a Aristarco, con ser tan insulsísimo, propiedad en bastantes ejemplos. De unos y de otros procuro aprovecharme de los malos para no seguirlos, y de los buenos para procurar imitarlos.

Pero Quevedo había salido ya del encierro, en 1643, achacoso y muy enfermo, y renuncia a la Corte para retirarse definitivamente en la Torre de Juan Abad. Es en sus cercanías, y tras escribir en su última carta que "hay cosas que sólo son un nombre y una figura", fallece en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes, el 8 de septiembre de 1645. Se cuenta que su tumba fue violada días después por un caballero que deseaba tener las espuelas de oro con que había sido enterrado y que dicho caballero murió al poco en justo castigo por tal atrevimiento. En 2009, sus restos fueron identificados en la cripta de Santo Tomás del la Iglesia de San Andrés Apóstol de la misma ciudad.[3]

Sus obras fueron muy mal recogidas y editadas por el humanista José Antonio González de Salas, quien no tiene empacho en retocar los textos, en 1648: El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve Musas, pero es la edición más fiable; peor es la edición del sobrino de Quevedo y destinatario de su herencia, Pedro Alderete, en 1670: Las tres Musas últimas castellanas; en el siglo XX José Manuel Blecua las ha editado con rigor.

En 1663 se imprimió la primera biografía de Francisco de Quevedo, la de Pablo Antonio de Tarsia, abundante en anécdotas; posteriormente vendrán las de Aureliano Fernández Guerra en el siglo XIX, donde se le pinta como un hombre de estado, y la de Pablo Jauralde Pou en el siglo XX.

Análisis de su obra [editar]

Lo más original de la obra literaria de Quevedo radica en el estilo, vinculado al Conceptismo barroco y por lo tanto muy amigo de la concisión, de la elipsis y del cortesano juego de ingenio con las palabras mediante el abuso de la anfibología. Amante de la retórica, ensayó a veces un estilo oratorio lleno de simetrías, antítesis e isocola que lució más que nunca en su Marco Bruto. De léxico muy abundante, creó además muchos neologismos por derivación, composición y estereotipia y flexibilizó notablemente el mecanismo de la aposición especificativa en castellano ("clérigo cerbatana, zapatos galeones..."), mecanismo que los escritores barrocos posteriores imitaron de él. En su sátira se acerca a veces a la estética del expresionismo al degradar a las personas mediante la reificación o cosificación, y la animalización. Se ha señalado, además, como un rasgo característico de su verso, la esticomitía, esto es, la tendencia a transformar cada verso en una sentencia de sentido completo, lo cual hace a sus poemas muy densos de significado, como era prioritario en su poética, radicada en los principios del conceptismo barroco.

La mayor parte de la producción poética de Quevedo es satírica, pero como ya apercibió el abate José Marchena sus sátiras están mal dirigidas y, aunque consciente de las causas verdaderas de la decadencia general, es para él más un mero ejercicio de estilo que otra cosa y se vierte contra el bajo pueblo más que contra la nobleza, en lo cual no tuvo el atrevimiento de, por ejemplo, el otro gran satírico de su época, Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana. Cultivó también una fina lírica cortesana realizando un cancionero petrarquista en temas, estilo y tópicos, prácticamente perfecto en técnica y fondo, en torno a la figura de Lisi, que no hay que identificar como se ha querido con ninguna dama concreta, sino con un arquetipo quintaesenciado de mujer. Destacan sobre todo sus sonetos metafísicos y sus salmos, donde se expone su más íntimo desconsuelo existencial. La visión que da su filosofía es profundamente pesimista y de rasgos preexistencialistas. El cauce preferido para la abundante vena satírica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero también la letrilla ("Poderoso Caballero es Don Dinero"), vehículo de una crítica social a la que no se le esconden los motivos más profundos de la decadencia de España, y el soneto. Abominó de la estética del Culteranismo cuyo líder, Luis de Góngora, fue violentamente atacado por Quevedo en sátiras personales. Contra la pedantería y obscuridad que le imputaba se propuso también editar las obras de los poetas renacentistas Francisco de la Torre y Fray Luis de León.

La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del Siglo XVII, es la producción más paradójica del autor: misántropo y misógino, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Escribió numerosos poemas amorosos (se conservan más de doscientos), dedicados a varios nombres de mujer: Flora, Lisi, Jacinta, Filis, Aminta, Dora. Consideró el amor como un ideal inalcanzable, una lucha de contrarios, una paradoja dolorida y dolorosa, en donde el placer queda descartado. Su obra cumbre en este género es, sin duda, su "Amor Constante Más Allá De La Muerte".

Obras [editar]

Monumento a Quevedo en Madrid (A. Querol, 1902).

Obras políticas [editar]

  • Política de Dios, gobierno de Cristo. Su primera parte fue escrita hacia 1617 (en la dedicatoria a Olivares, de 1626, le dice que "es el libro que yo escribí diez años ha") e impresa en 1626 con el título de Política de Dios, gobierno de Cristo y tiranía de Satanás. La segunda parte, escrita en torno a 1635, se publicó en 1655. Las dos partes juntas se publicaron bajo el epígrafe Política de Dios, gobierno de Cristo, sacada de la Sagrada Escritura para acierto del Rey y del reino en sus acciones.
  • Mundo caduco y desvaríos de la edad (1621, ed. 1852)
  • Grandes anales de quince días (1621, ed. 1788), análisis de la transición entre los reinados de Felipe III y Felipe IV.
  • Memorial por el patronato de Santiago (1627, ed. 1628).
  • Lince de Italia y zahorí español (1628, ed. 1852).
  • El chitón de Tarabillas (1630), impreso muchas veces con el título de Tira la piedra y esconde la mano. Defiende las disposiciones económicas del Conde-Duque de Olivares, de quien luego se distanciaría.
  • Execración contra los judíos (1633), alegato antisemita que contiene una velada acusación contra don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares y valido de Felipe IV.
  • Carta al serenísimo, muy alto y muy poderoso Luis XIII, rey cristianísimo de Francia (1635).
  • Breve compendio de los servicios de Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma (1636).
  • La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero. 1641, panfleto contra la revuelta catalana de 1640.
  • Vida de Marco Bruto, 1644, glosa de la vida correspondiente al famoso asesino de César escrita por Plutarco, escrita con algebraico rigor y una elevación de estilo conceptista poco menos que inimitable.
  • España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros sediciosos, editada por primera vez en 1916.

Obras ascéticas [editar]

  • Providencia de Dios, 1641, tratado contra los ateos que intenta unificar estoicismo y cristianismo.
  • Vida de San Pablo, 1644.
  • Vida de Santo Tomás de Villanueva, 1620.
  • La constancia y paciencia del santo Job, publicada póstumamente en 1713.

Obras filosóficas [editar]

  • Doctrina moral del conocimiento propio, y del desengaño de las cosas ajenas (Zaragoza, 1630).
  • La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas (Madrid, 1634), que es una reescritura de la obra anterior, publicada sin su autorización, en la que amplificó y mejoró estilísticamente el texto precedente.
  • Epicteto, y Phocílides en español con consonantes, con el Origen de los estoicos, y su defensa contra Plutarco, y la Defensa de Epicuro, contra la común opinión (Madrid, 1635).
  • Las cuatro pestes del mundo y los cuatro fantasmas de la vida (1651).

Crítica literaria [editar]

  • La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día (1631), satírica embestida contra los poetas que usan el lenguaje gongorino o culterano.
  • La culta latiniparla (1624), burlesco manual para hablar en lenguaje gongorino.
  • La Perinola (1633, ed. en 1788), ataque contra el "Para todos" de Juan Pérez de Montalbán.
  • Cuento de cuentos (1626), reducción al absurdo de los coloquialismos más vacíos de significado.

Obras festivas [editar]

  • Premática y aranceles, hechas por el fiel de las putas, Consejos para guardar la mosca y gastar la prosa, Premática del tiempo, Capitulaciones matrimoniales y Capitulaciones de la vida de la Corte son sátiras de los géneros burocráticos habituales en las cancillerías y que se aplican a temas grotescos.
  • Cartas del caballero de la Tenaza (1625), humorística descripción de las epístolas intercambiadas entre un caballero sumamente tacaño y su amante, que quiere sacarle dinero por cualquier medio.
  • Libro de todas las cosas y otras muchas más. Compuesto por el docto y experimentado en todas materias. El único maestro malsabidillo. Dirigido a la curiosidad de los entremetidos, a la turbamulta de los habladores, y a la sonsaca de las viejecitas.
  • Gracias y desgracias del ojo del culo. Opúsculo jocoso sobre los placeres y las dolencias relativos a semejante órgano.

Obras satírico-morales [editar]

  • Los Sueños, compuestos entre 1606 y 1623, circularon abundantemente manuscritos pero no se imprimieron hasta 1627. Se trata de cinco narraciones cortas de inspiración lucianesca donde se pasa revista a diversas costumbres, oficios y personajes populares de su época. Son, por este orden, El Sueño del Juicio Final (llamado a partir de la publicación de Juguetes de la niñez, la versión expurgada de 1631 El sueño de las calaveras), El alguacil endemoniado (redenominado El alguacil alguacilado), El Sueño del Infierno (esto es, Las zahúrdas de Plutón en su versión expurgada), El mundo por dentro (que mantuvo su nombre siempre) y El Sueño de la Muerte (conocido como La visita de los chistes).
  • De la estirpe de los Sueños son dos llamadas "fantasías morales", el Discurso de todos los diablos y de La Hora de todos. Ambas son también sátiras lucianescas de característico tono jocoserio, aunque en su factura y creatividad superan a los Sueños:
    • Discurso de todos los diablos o infierno emendado (1628), publicado en algunas versiones como El peor escondrijo de la muerte y, a partir de 1631, en la versión expurgada en la que aparecen también los cinco Sueños con los títulos cambiados que se enumeran más arriba, con el título de El entremetido y la dueña y el soplón.
    • La hora de todos y la Fortuna con seso, variación sobre el tema del mundo al revés en que la Fortuna recobra el juicio y da a cada persona lo que realmente merece, provocando tan gran trastorno y confusión que el padre de los dioses debe volverlo todo a su primitivo desorden.
  • La novela picaresca Historia de la vida del Buscón llamado Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños, apareció impresa en Zaragoza en 1626, pero existen tres versiones más de la obra con grandes divergencias textuales. El problema es complejo, pues todo parece indicar que Quevedo retocó su obra varias veces. La versión más antigua es el manuscrito 303 bis (olim Artigas 101) de la Biblioteca de Menéndez Pelayo a causa del cotejo de las variantes y la manera en que unos testimonios se agrupan frente a otros. La impresión de 1626 fue asumida, si no controlada, por Quevedo, según el propio autor declara en su memorial Su espada por Santiago (1628) y la sinceridad de sus palabras es confirmada por otros datos, así que en realidad no puede sostenerse que se hiciera sin permiso del autor. Pero esta versión no fue la última, pues don Francisco volvió sobre ella para retocar algunos pormenores narrativos, amplificar el retrato satírico de varios personajes secundarios y paliar las expresiones que juzgaron irreverentes o blasfemas los redactores de dos libelos antiquevedia­nos, el Memorial enviado a la Inquisición contra los escritos de Quevedo (1629) y El Tribunal de la Justa Venganza (1635). De estos retoques dan fe los otros manuscritos. El Buscón es un divertimento en que el autor se complace en ridiculizar los vanos esfuerzos de ascensión social de un pobre diablo perteneciente al bajo pueblo; para ello exhibe cortesanamente su ingenio por medio de un brillante estilo conceptista que degrada todo lo que toca cosificándolo o animalizándolo, utilizando una estética preexpresionista que se aproxima a Goya, Solana y Valle-Inclán y no retrocediendo ante las gracias más repugnantes. La caracterización apenas existe: se trata sólo de un vehículo para el lucimiento aristocrático del autor.

Epistolario [editar]

Fue editado por Luis Astrana Marín, en dicho epistolario, aparecieron 43 cartas ineditas, de los últimos diez años de la vida del autor, que le escribió a su amigo Sancho de Sandoval de Beas (Jaén). (Epistolario completo de Don Francisco de Quevedo / edición crítica..., Madrid: Instituto Editorial Reus, 1946).

Traducciones [editar]

Quevedo frecuentó a humanistas como el distante Justo Lipsio y el más cercano José Antonio González de Salas; ambos le transmitieron su fervor por Propercio. Como helenista, las traducciones de Quevedo del griego dejan bastante que desear; se atrevió, sin embargo, a traducir pésimamente a Anacreonte (traducción que circuló manuscrita y no se imprimió en vida de Quevedo, sino en 1656), al pseudo Focílides y la Vida de Marco Bruto de Plutarco para su Marco Bruto. Mayor mérito tienen sus Lamentaciones de Jeremías desde el hebreo, o sus versiones de excelente latinista de los satíricos Marcial, Persio y Juvenal; sus obras están esmaltadas también de reminiscencias de Virgilio, Propercio, Tibulo, Ovidio, Estacio y Séneca, autores que, como los citados satíricos, frecuentó no poco. También son excelentes sus versiones del italiano y el francés; en esta última lengua, conocía la obra de líricos como Joachim du Bellay y leía y admiraba la de Montaigne e incluso es posible que tradujese el primer libro de sus Essais. En su haber se cuentan:

Obras perdidas [editar]

  • La segunda parte de la Vida de Marco Bruto, mencionada por Quevedo en sus últimas cartas, en 1644.
  • Historia de don Sebastián, rey de Portugal.
  • La polilla de las repúblicas.
  • Historia del año 1631.
  • Dichos y hechos del Duque de Osuna en Flandes, España, Nápoles y Sicilia.

Quevedo, personaje literario y cinematográfico [editar]

Como prototipo del intelectual cortesano que exhibía su ingenio y con frecuencia la gustaba escandalizar o épater le bourgeois, Quevedo pasó a la literatura popular como personaje de chistes con frecuencia groseros, volviéndose personaje de leyendas urbanas como algunos de sus seguidores, por ejemplo Camilo José Cela. Igualmente fue el afortunado personaje de gran número de piezas teatrales y novelas; ya Diego de Torres Villarroel lo resucitó a principios del siglo XVIII en sus Sueños morales, visiones y visitas de Torres con Don Francisco de Quevedo por Madrid, y en el XIX es personaje principal de los dramas Don Francisco de Quevedo (1848) del poeta romántico Eulogio Florentino Sanz, de Una broma de Quevedo y Cuando ahorcaron a Quevedo, de Luis de Eguílaz, o, ya en el siglo XX, de El caballero de las espuelas de oro de Alejandro Casona. De la misma manera tentó a la novela histórica: en el XIX escribió Francisco José Orellana Quevedo (1857) y Antonio de San Martín su novela por entregas Aventuras de don Francisco de Quevedo (1883-1884). Francisco de Quevedo es también, junto a otros personajes históricos de la España de Felipe IV, un personaje secundario en la saga conocida como Las Aventuras del Capitán Alatriste (1996), de Arturo Pérez-Reverte, y en la película basada en ella, Alatriste (2006), dirigida por Agustín Díaz Yanes, en donde el personaje de Quevedo es interpretado por el actor Juan Echanove. En esta obra de Ficción, Quevedo es presentado como amigo personal del mal llamado Capitán Don Diego Alatriste y Tenorio, veterano de las guerras de Flandes, quien se gana la vida como sicario en el Madrid del siglo XVII. La primera aparición de Quevedo se da en el primer título de la saga, El Capitán Alatriste (1996), donde es representado como un hombre ingenioso, apasionado y excelente espadachín, quien regularmente debe hacer uso de la herreruza (espada) para zanjar los contantes coflictos en los que se involucra, ya sea por los desafortunados versos que dedica a numerosas personas (incluidas personalidades de renombre), como por aquellos relacionados con su amigo Alatriste. En términos narrativos, Francisco de Quevedo representa en la obra el contrapunto alegre y deshinibido a la personalidad reservada y tosca de Alatriste, aportando a la lectura del texto momentos frescos y de un humor elegante e imaginativo, aunque también cumple el rol de factor determinante en muchos de los sucesos de la obra, especialmente en el segundo volumen de la saga Limpieza de Sangre (1997). Cabe destacar que en la obra como en sus numerosos epílogos, aparecen algunas obras (mayoritariamente sonetos) que son "atribuidos" a este personaje, entre los que destaca aquel que Alaba la virtud militar, en la persona del Capitán Alatriste. Este poema, que Quevedo dedicaría a Alatriste, narra de manera alegórica la vida y carácter del personaje, loando su valentía y temple.

Referencias [editar]

Notas [editar]

Bibliografía [editar]

  • Arellano, Ignacio (1999). Rostros y máscaras: personajes y temas de Quevedo. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1737-X.
  • Ayala, Francisco (1984). Cervantes y Quevedo. Barcelona: Ariel. ISBN 84-344-8374-2.
  • Carreira Vérez, Antonio, y Schwartz, Lidia (1997). Quevedo a nueva luz. Málaga: Universidad de Málaga. ISBN 84-7496-637-X.
  • Ettinghausen, Henry (1972). Francisco de Quevedo and the Neostoic movement. Oxford: Oxford University Press. ISBN 0-19-815521-2.
  • Garciasol, Ramón de (seud. de Miguel Alonso Calvo) (1976). Quevedo. Pozuelo de Alarcón: Espasa Calpe. ISBN 84-239-1608-1.
  • Gutiérrez, Carlos M. (2005). La espada, el rayo y la pluma: Quevedo y los campos literario y de poder. West Lafayette: Purdue UP. ISBN 1-55753-361-X.
  • Pérez-Reverte, Arturo (1996). El Capitán Alatriste. Pamplona: Ediciones Alfaguara, S.A. Grupo Santillana. ISBN 978-84-204-8353-5.
  • Iffland, James ed. (1982). Quevedo in perspective: eleven essays for the quadricentennial: proceedings from the Boston Quevedo Symposium, October 1980. Newark, Delaware: Juan de la Cuesta. ISBN 0-936388-17-X.
  • Jaramillo Cervilla, Manuel (1981). Personalidad y pensamiento político de Quevedo. Granada: Diputación Provincial de Granada. ISBN 84-500-4396-4.
  • Jauralde Pou, Pablo (1998). Francisco de Quevedo (1580-1645). Madrid: Castalia. ISBN 84-7039-796-6.
  • Lázaro Carreter, Fernando (1966). Estilo barroco y personalidad creadora: Góngora, Quevedo, Lope de Vega. Salamanca: Anaya. ISBN 978-84-376-0022-2.
  • Martinengo, Alessandro (1992). La astrología en la obra de Quevedo: una clave de lectura. Pamplona: EUNSA. ISBN 84-313-1192-4.

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

01/05/2010 11:29 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE. Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.[1]

Luis de Góngora y Argote

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase Góngora.
Luis de Góngora y Argote
Diego Velázquez 034.jpg
Luis de Góngora, por Diego Velázquez.
NombreLuis de Góngora y Argote
Nacimiento11 de julio de 1561[1]
Bandera de España España, Córdoba[1]
Defunción23 de mayo de 1627, 65 años[1]
Bandera de España 
España, Córdoba[1]
OcupaciónSacerdote, poeta y dramaturgo.
Nacionalidadespañol
PeríodoSiglo de Oro[1]
MovimientosCulteranismo o gongorismo[1]
FirmaGóngora sign.gif

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.[1]

Contenido

[ocultar]

Biografía [editar]

Nació en la Casa de las Pavas de Córdoba, de su tío Francisco de Góngora, racionero de la catedral, en el lugar que ocupa el hoy número 10 de la calle de Tomás Conde. Era hijo del juez de bienes confiscados por el Santo Oficio de Córdoba don Francisco de Argote y de la dama de la nobleza Leonor de Góngora. Estudió en Salamanca, tomó órdenes menores en 1585 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa, donde fue amonestado ante el obispo Pacheco por acudir pocas veces al coro y por charlar en él, así como por acudir a diversiones profanas y componer versos satíricos. Desde 1589 viajó en diversas comisiones de su cabildo por Navarra, León (Salamanca), Andalucía y por ambas Castillas (Madrid, Granada, Jaén, Cuenca o Toledo). Compuso entonces numerosos sonetos, romances y letrillas satíricas y líricas, y músicos como Diego Gómez, Gabriel Díaz o Claudio de la Sablonara le buscaron para musicar estos poemas.[2]

En 1609 regresó a Córdoba y empezó a intensificar la tensión estética y el barroquismo de sus versos. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache y en 1613 el Polifemo, un poema en octavas que parafrasea un pasaje mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, tema que ya había sido tratado por su coterráneo Luis Carrillo y Sotomayor en su Fábula de Acis y Galatea; el mismo año divulgó en la Corte su poema más ambicioso, las incompletas Soledades. Este poema desató una gran polémica a causa de su oscuridad y afectación y le creó una gran legión de seguidores, los llamados poetas culteranos (Salvador Jacinto Polo de Medina, fray Hortensio Félix Paravicino, Francisco de Trillo y Figueroa, Gabriel Bocángel, el Conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz, Pedro Soto de Rojas, Miguel Colodrero de Villalobos, Anastasio Pantaleón de Ribera...) así como enemigos entre conceptistas como Francisco de Quevedo o clasicistas como Lope de Vega, Lupercio Leonardo de Argensola y Bartolomé Leonardo de Argensola.[3]

Algunos de estos, sin embargo, llegaron con el tiempo a militar entre sus defensores, como Juan de Jáuregui. El caso es que su figura se revistió de aun mayor prestigio, hasta el punto de que Felipe III le nombró capellán real en 1617. Para desempeñar tal cargo, vivió en la Corte hasta 1626, arruinándose para conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; al año siguiente, en 1627, perdida la memoria, marchó a Córdoba, donde murió de una apoplejía en medio de una extrema pobreza. Velázquez lo retrató con frente amplia y despejada, y por los pleitos, los documentos y las sátiras de su gran enemigo, Francisco de Quevedo, se sabe que era jovial, sociable, hablador y amante del lujo y de entretenimientos como los naipes y la tauromaquia, hasta el punto de que se le llegó a reprochar frecuentemente lo poco que dignificaba los hábitos eclesiásticos. En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, que fue amigo suyo y uno de sus mejores discípulos poéticos.[2]

En sus poesías se solían distinguir dos períodos. En el tradicional hace uso de los metros cortos y temas ligeros. Para ello usaba décimas, romances, letrillas, etc... Este período duró hasta el año 1610, en que cambió rotundamente para volverse culterano, haciendo uso de metáforas difíciles, muchas alusiones mitológicas, cultismos, hipérbatos, etc... pero Dámaso Alonso demostró que estas dificultades estaban ya presentes en su primera época y que la segunda es solamente una intensificación de estos recursos realizada por motivos estéticos.[4]

Obra [editar]

Portada del Manuscrito Chacón, que transmitió la obra poética de Luis de Góngora.

Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. El manuscrito más autorizado es el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde-Duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema; pero este manuscrito, habida cuenta del alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. El mismo año de su muerte Juan López Vicuña publicó ya unas Obras en verso del Homero español que se considera también muy fiable e importante en la fijación del corpus gongorino; sus atribuciones suelen ser certeras; aun así, fue recogida por la Inquisición y después superada por la de Gonzalo de Hoces en 1633.[5] Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.[6]

Aunque en sus obras iniciales ya encontramos el típico conceptismo del barroco, Góngora, cuyo talante era el de un esteta descontentadizo («el mayor fiscal de mis obras soy yo», solía decir), quedó inconforme y decidió intentar según sus propias palabras «hacer algo no para muchos» e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el hipérbaton y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra; era un gran pintor de los oídos y llenaba epicúreamente sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Es más, mediante lo que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorismo o, con palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo por su analogía con el vocablo luteranismo, Culteranismo, ya que sus adversarios consideraban a los poetas culteranos unos auténticos herejes de la poesía.

La crítica desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «Príncipe de la Luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta época Neoclásica, y el «Príncipe de las Tinieblas», en que a partir de 1610, en que compone la oda A la toma de Larache se vuelve autor de poemas oscuros e ininteligibles. Hasta época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso censurada por el mismo neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de una natural evolución llegó a los osados extremos que tanto se le han reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en algunas letrillas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y por el uso de formas y temas tradicionales.[7]

Poemas [editar]

Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema piratesco o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas y satíricas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618), complejísimo poema que fue el que costó más trabajo a su autor y tenía en más estima, y donde se intenta elevar la parodia, procedimiento típicamente barroco, a categoría tan artística como las demás. La mayor parte de las letrillas están dirigidas, como en Quevedo, a escarnecer a las damas pedigüeñas y a atacar el deseo de riquezas. Merecen también su lugar las sátiras contra distintos escritores, especialmente Quevedo o Lope de Vega.[2]

Junto a estos poemas, a lo largo de su vida no dejó Góngora de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso «Descaminado, enfermo, peregrino…», que anuncia las Soledades.[8] Entre los tópicos usuales (carpe diem, etc.) destacan, sin embargo, como de más trágica grandeza los consagrados a revelar los estragos de la vejez, la pobreza y el paso del tiempo por el poeta, que son los últimos.

Los poemas mayores fueron, sin embargo, los que ocasionaron la revolución culterana y el tremendo escándalo subsiguiente, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética. Son la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las incompletas e incomprendidas Soledades (la primera compuesta antes de mayo de 1613). El primero narra mediante la estrofa octava real un episodio mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, el de los amores del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, que le rechaza. Al final, Acis, el enamorado de Galatea, queda convertido en río. Se ensaya ahí ya el complejo y difícil estilo culterano, lleno de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar y dilatando la forma de manera que el significado se desvanezca a medida que va siendo descifrado.[9] [10]

Soledades [editar]

Página inicial de Las soledades (l. I, pág. 193) en el Manuscrito Chacón.

Las Soledades iba a ser un poema en silvas, dividido en cuatro partes, correspondientes cada una alegóricamente a una edad de la vida humana y a una estación del año, y serían llamadas Soledad de los campos, Soledad de las riberas, Soledad de las selvas y Soledad del yermo. Pero Góngora sólo compuso la dedicatoria al Duque de Béjar y las dos primeras, y dejó inconclusa la segunda, de la cual los últimos 43 versos fueron añadidos bastante tiempo después. La estrofa no era nueva, pero sí era la primera vez que se aplicaba a un poema tan extenso. Su forma, de carácter aestrófico, era la que daba más libertad al poeta, que de esa manera se acercaba cada vez más al verso libre y hacía progresar la lengua poética hasta extremos que sólo alcanzarían los poetas del Parnasianismo y el Simbolismo francés en el siglo XIX.[9] [11]

El argumento de la Soledad primera es bastante poco convencional, aunque se inspira en un episodio de la Odisea, el de Nausícaa: un náufrago joven llega a una costa y es recogido por unos cabreros. Pero este argumento es sólo un pretexto para un auténtico frenesí descriptivo: el valor del poema es lírico más que narrativo, como señaló Dámaso Alonso, aunque estudios más recientes reivindican su relevancia narrativa. Góngora ofrece una naturaleza arcádica, donde todo es maravilloso y donde el hombre puede ser feliz, depurando estéticamente su visión, que sin embargo es rigurosamente materialista y epicúrea (intenta impresionar los sentidos del cuerpo, no sólo el espíritu), para hacer desaparecer todo lo feo y desagradable. De esa manera, mediante la elusión, una perífrasis hace desaparecer una palabra fea y desagradable (la cecina se transforma en «purpúreos hilos de grana fina» y los manteles en «nieve hilada», por ejemplo).[11]

Las Soledades causaron un gran escándalo por su atrevimiento estético y su oscuridad hiperculta; las atacaron Francisco de Quevedo, Lope de Vega, el conde de Salinas y Juan de Jáuregui (quien compuso un ponderado Antídoto contra las Soledades y un Ejemplar poético contra ellas, pero sin embargo acabó profesando la misma o muy semejante doctrina), entre otros muchos ingenios, pero también contó con grandes defensores y seguidores, como Francisco Fernández de Córdoba (Abad de Rute), el conde de Villamediana,Gabriel Bocángel, Miguel Colodrero de Villalobos y, más allá del Atlántico, Juan de Espinosa Medrano y sor Juana Inés de la Cruz. Con las Soledades, la lírica castellana se enriqueció con nuevos vocablos y nuevos y poderosos instrumentos expresivos, dejando la sintaxis más suelta y libre que hasta entonces.[12]

Los poemas de Góngora merecieron los honores de ser comentados poco después de su muerte como clásicos contemporáneos, como lo habían sido tiempo atrás los de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega en el siglo XVI. Los comentaristas más importantes fueron José García de Salcedo Coronel, autor de una edición comentada en tres volúmenes (1629–1648), José Pellicer de Ossau, quien compuso unas Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Gongora y Argote (1630) o Cristóbal de Salazar Mardones, autor de una Ilustración y defensa de la fabula de Piramo y Tisbe (Madrid, 1636). En el siglo XVIII y XIX, sin embargo, se reaccionó contra este barroquismo extremo, en un primer momento utilizando el estilo para temas bajos y burlescos, como hizo Agustín de Salazar, y poco después, en el siglo XVIII, relegando la segunda fase de la lírica gongorina y sus poemas mayores al olvido. Sin embargo, por obra de la Generación del 27 y en especial por su estudioso Dámaso Alonso, el poeta cordobés pasó a constituirse en un modelo admirado también por sus complejos poemas mayores. A tal extremo llegó la admiración que incluso se intentó la continuación del poema, con fortuna en el caso de Alberti (Soledad tercera).[13]

Teatro [editar]

Luis de Góngora compuso también tres piezas teatrales, Las firmezas de Isabela (1613), la Comedia venatoria y El doctor Carlino, esta última inacabada y refundida posteriormente por Antonio de Solís.[4]

Ediciones modernas [editar]

Existen varias ediciones modernas de la obra de Luis de Góngora; la primera fue, sin duda, la del hispanista francés Raymond Foulché Delbosc, de Obras poéticas de Góngora (1921); después siguieron las de Juan Millé Giménez y su hermana Isabel, (1943) y las ediciones y estudios de Dámaso Alonso, (edición crítica de las Soledades, 1927; La lengua poética de Góngora, 1935; Estudios y ensayos gongorinos; Góngora y el Polifemo, 1960, tres vols.); Sonetos completos ed. de Biruté Ciplijauskaité (Madrid, Castalia, 1969); Romances ed. de Antonio Carreño (Madrid, Cátedra, 1982); Soledades ed. de John R. Beverley (Madrid, Cátedra, 1980) y sobre todo la ed. de Robert Jammes (Madrid, Castalia); Fábula de Polifemo y Galatea ed. de Alexander A. Parker (Madrid, Cátedra, 1983); Letrillas ed. de Robert Jammes (Madrid, Castalia, 1980); Canciones y otros poemas de arte mayor, ed. de José M.ª Micó (Madrid, Espasa Calpe, 1990) y Romances, ed. de Antonio Carreria (Barcelona: Quaderns Crema, 1998).

Curiosidades [editar]

Aquel que tiene de escribir la llave, con gracia y agudeza en tanto extremo, que su igual en el orbe no se sabe es don Luis de Góngora, a quien temo agraviar en mis cortas alabanzas, aunque las suba al grado más supremo.
  • La conmemoración del tercer centenario de su muerte en un homenaje en el Ateneo de Sevilla, organizado por el torero Ignacio Sánchez Mejías, dio lugar al encuentro de muchos de los integrantes de la generación del 27, quienes reivindicaron la poesía de Góngora.[13]

Referencias [editar]

  1. a b c d e f g Justo Alarcón. «Biografía de Luis de Góngora y Argote». Los Poetas. Consultado el 12 de abril de 2010.
  2. a b c Manuel Gahete Jurado. «Luis de Góngora. El autor». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 12 de abril de 2010.
  3. «Los poetas culteranos» (PDF). Raco. Consultado el 12 de abril de 2010.
  4. a b «Obras de Góngora». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes Saavedra. Consultado el 12 de abril de 2010.
  5. Juan López de Vicuña: TODAS LAS OBRAS DE D. LUIS DE GÓNGORA EN VARIOS POEMAS. RECOGIDOS POR DON GONZALO de Hozes… Corregido y enmendado en esta vltima impressior. Madrid, en la Imprenta del Reino, Año 1634. Wissenschaftliche Stadtbibliothek Mainz, Sign. VI l:4°/423
  6. Europa Press. «Noticias de arte y cultura». Lukor. Consultado el 12 de abril de 2010.
  7. G. Fernández San Emeterio (15 de febrero de 1999). «Luis de Góngora y Argote». Enciclopedia Universal Multimedia. Consultado el 12 de abril de 2010.
  8. Fred F. Jehle (17 de noviembre de 1999). «De un caminante enfermo». Antología de la poesía española. Consultado el 12 de abril de 2010.
  9. a b c «Poesía de Luis de Góngora». Consultado el 12 de abril de 2010.
  10. Luis de Góngora y Argote. «Fábula de Polifemo y Galatea». Porrúa.
  11. a b Luis de Góngora y Argote. «Soledades». Consultado el 12 de abril de 2010.
  12. Raúl Dorra. «Sobre Góngora y "Soledades"» (PDF). Revista dialéctica. Consultado el 12 de abril de 2010.
  13. a b Andrés Soria Olmedo. «¡Viva don Luis!». Revista Residencia. Consultado el 12 de abril de 2010.

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

01/05/2010 11:23 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: GÉNEROS LITERARIOS. ÉPICA, LÍRICA Y NARRATIVA. El género literario es un sistema que permite la clasificación de obras literarias de acuerdo a criterios semánticos, sintácticos, fónicos, discursivos, formales, contextuales, situacionales y afines. En la historia ha habido varias clasificaciones de los géneros literarios. Por lo cual no se puede asistir a una determinación en la cual se pueda categorizar todas las obras de la historia en un criterio común.

Género literario

De Wikipedia, la enciclopedia libre

FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA

Al Conde de Niebla

Estas que me dictó, rimas sonoras,
Culta sí aunque bucólica Talía,
Oh excelso Conde, en las purpúreas horas
Que es rosas la alba y rosicler el día,
Ahora que de luz tu niebla doras,
Escucha, al son de la zampoña mía,
Si ya los muros no te ven de Huelva
Peinar el viento, fatigar la selva.

Templado pula en la maestra mano
El generoso pájaro su pluma,
O tan mudo en la alcándara, que en vano
Aun desmentir el cascabel presuma;
Tascando haga el freno de oro cano
Del caballo andaluz la ociosa espuma;
Gima el lebrel en el cordón de seda,
Y al cuerno al fin la cítara suceda.

Treguas al ejercicio sean robusto,
Ocio atento, silencio dulce, en cuanto
Debajo escuchas de dosel augusto
Del músico jayán el fiero canto.
Alterna con las Musas hoy el gusto,
Que si la mía puede ofrecer tanto
Clarín —y de la Fama no segundo—,
Tu nombre oirán los términos del mundo.

                              I

Donde espumoso el mar sicilïano
El pie argenta de plata al Lilibeo,
Bóveda o de las fraguas de Vulcano
O tumba de los huesos de Tifeo,
Pálidas señas cenizoso un llano,
Cuando no del sacrílego deseo,
Del duro oficio da. Allí una alta roca
Mordaza es a una gruta de su boca.

Guarnición tosca de este escollo duro
Troncos robustos son, a cuya greña
Menos luz debe, menos aire puro
La caverna profunda, que a la peña;
Caliginoso lecho, el seno obscuro
Ser de la negra noche nos lo enseña
Infame turba de nocturnas aves,
Gimiendo tristes y volando graves.

De este, pues, formidable de la tierra
Bostezo, el melancólico vacío
A Polifemo, horror de aquella sierra,
Bárbara choza es, albergue umbrío
Y redil espacioso donde encierra
Cuanto las cumbres ásperas cabrío,
De los montes esconde: copia bella
Que un silbo junta y un peñasco sella.

Un monte era de miembros eminente
Este que —de Neptuno hijo fiero—
De un ojo ilustra el orbe de su frente,
Émulo casi del mayor lucero;
Cíclope a quien el pino más valiente
Bastón le obedecía tan ligero,
Y al grave peso junco tan delgado,
Que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso
De las oscuras aguas del Leteo,
Al viento que lo peina proceloso
Vuela sin orden, pende sin aseo;
Un torrente es su barba, impetuoso
Que —adusto hijo de este Pirineo—
Su pecho inunda— o tarde, o mal, o en vano
Surcada aun de los dedos de su mano.

No la Trinacria en sus montañas, fiera
Armó de crueldad, calzó de viento,
Que redima feroz, salve ligera
Su piel manchada de colores ciento:
Pellico es ya la que en los bosques era
Mortal horror al que con paso lento
Los bueyes a su albergue reducía,
Pisando la dudosa luz del día.

Cercado es, cuando más capaz más lleno,
De la fruta, el zurrón, casi abortada,
Que el tardo otoño deja al blando seno
De la piadosa yerba encomendada:
La serva, a quien le da rugas el heno;
La pera, de quien fue cuna dorada,
La rubia paja y —pálida turora—
La niega avara y pródiga la dora.

Erizo es, el zurrón, de la castaña;
Y —entre el membrillo o verde o datilado—
De la manzana hipócrita, que engaña,
A lo pálido no, a lo arrebolado,
Y de la encina honor de la montaña,
Que pabellón al siglo fue dorado,
El tributo, alimento, aunque grosero,
Del mejor mundo, del candor primero.

Cera y cáñamo unió —que no debiera—
Cien cañas, cuyo bárbaro rüido,
De más ecos que unió cáñamo y cera
Albogues, duramente es repetido.
La selva se confunde, el mar se altera,
Rompe Tritón su caracol torcido,
Sordo huye el bajel a vela y remo:
¡Tal la música es de Polifemo!

Ninfa, de Doris hija, la más bella,
Adora, que vio el reino de la espuma.
Galatea es su nombre, y dulce en ella
El terno Venus de sus Gracias suma.
Son una y otra luminosa estrella
Lucientes ojos de su blanca pluma:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Purpúreas rosas sobre Galatea
La Alba entre lilios cándidos deshoja:
Duda el Amor cuál más su color sea,
O púrpura nevada, o nieve roja.
De su frente la perla es, eritrea,
Émula vana. El ciego dios se enoja,
Y, condenado su esplendor, la deja
Pender en oro al nácar de su oreja.

Invidia de las ninfas, y cuidado
De cuantas honra el mar deidades, era;
Pompa del marinero niño alado
Que sin fanal conduce su venera.
Verde el cabello, el pecho no escamado,
Ronco sí, escucha a Glauco la ribera
Inducir a pisar la bella ingrata,
En carro de cristal, campos de plata.

Marino joven, las cerúleas sienes,
Del más tierno coral ciñe Palemo,
Rico de cuantos la agua engendra bienes,
Del Faro odioso al promontorio extremo;
Mas en la gracia igual, si en los desdenes
Perdonado algo más que Polifemo,
De la que, aún no le oyó, y, calzada plumas,
Tantas flores pisó como él espumas.

Huye la ninfa bella: y el marino
Amante nadador, ser bien quisiera,
Ya que no áspid a su pie divino,
Dorado pomo a su veloz carrera;
Mas, ¿cuál diente mortal, cuál metal fino
La fuga suspender podrá ligera
Que el desdén solicita? ¡Oh cuánto yerra
Delfín que sigue en agua corza en tierra!

Sicilia, en cuanto oculta, en cuanto ofrece,
Copa es de Baco, huerto de Pomona:
Tanto de frutas ésta la enriquece,
Cuanto aquél de racimos la corona.
En carro que estival trillo parece,
A sus campañas Ceres no perdona,
De cuyas siempre fértiles espigas
Las provincias de Europa son hormigas.

A Pales su viciosa cumbre debe
Lo que a Ceres, y aún más, su vega llana;
Pues si en la una granos de oro llueve,
Copos nieva en la otra mil de lana.
De cuantos siegan oro, esquilan nieve,
O en pipas guardan la exprimida grana,
Bien sea religión, bien amor sea,
Deidad, aunque sin templo, es Galatea.

Sin aras, no: que el margen donde para
Del espumoso mar su pie ligero,
Al labrador, de sus primicias ara,
De sus esquilmos es al ganadero;
De la Copia a la tierra poco avara
El cuerno vierte el hortelano, entero,
Sobre la mimbre que tejió prolija,
Si artificiosa no, su honesta hija.

Arde la juventud, y los arados
Peinan las tierras que surcaron antes,
Mal conducidos, cuando no arrastrados,
De tardos bueyes cual su dueño errantes;
Sin pastor que los silbe, los ganados
Los crujidos ignoran resonantes
De las hondas, si en vez del pastor pobre
El céfiro no silba, o cruje el robre.

Mudo la noche el can, el día dormido
De cerro en cerro y sombra en sombra yace.
Bala el ganado; al mísero balido,
Nocturno el lobo de las sombras nace.
Cébase —y fiero deja humedecido
En sangre de una lo que la otra pace.
¡Revoca, Amor, los silbos, o a su dueño,
El silencio del can siga y el sueño!

La fugitiva Ninfa en tanto, donde
Hurta un laurel su tronco al Sol ardiente,
Tantos jazmines cuanta yerba esconde
La nieve de sus miembros da una fuente.
Dulce se queja, dulce le responde
Un ruiseñor a otro, y dulcemente
Al sueño da sus ojos la armonía,
Por no abrasar con tres soles el día.

Salamandria del Sol, vestido estrellas,
Latiendo el Can del cielo estaba, cuando
—Polvo el cabello, húmidas centellas,
Si no ardientes aljófares, sudando—
Llegó Acis, y de ambas luces bellas
Dulce Occidente viendo al sueño blando,
Su boca dio, y sus ojos, cuanto pudo,
Al sonoro cristal, al cristal mudo.

Era Acis un venablo de Cupido,
De un Fauno —medio hombre, medio fiera—,
En Simetis, hermosa Ninfa, habido;
Gloria del mar, honor de su ribera.
El bello imán, el ídolo dormido,
Que acero sigue, idólatra venera,
Rico de cuanto el huerto ofrece pobre,
Rinden las vacas y fomenta el robre.

El celestial humor recién cuajado
Que la almendra guardó, entre verde y seca,
En blanca mimbre se lo puso al lado
Y un copo, en verdes juncos, de manteca;
En breve corcho, pero bien labrado,
Un rubio hijo de una encina hueca,
Dulcísimo panal, a cuya cera
Su néctar vinculó la primavera.

Caluroso, al arroyo da las manos,
Y con ellas, las ondas a su frente,
Entre dos mirtos que —de espuma canos—,
Dos verdes garzas son de la corriente.
Vagas cortinas de volantes vanos
Corrió Favonio lisonjeramente,
A la de viento, cuando no sea cama
De frescas sombras, de menuda grama.

La Ninfa, pues, la sonora plata
Bullir sintió del arroyuelo apenas,
Cuando —a los verdes márgenes ingrata—
Segur se hizo de sus azucenas.
Huyera... mas tan frío se desata
Un temor perezoso por sus venas,
Que a la precisa fuga, al presto vuelo
Grillos de nieve fue, plumas de hielo.

Fruta en mimbre halló, leche exprimida
En juncos, miel en corcho, mas sin dueño;
Si bien al dueño debe, agradecida,
Su deidad culta, venerado el sueño.
A la ausencia mil veces ofrecida,
Este de cortesía no pequeño
Indicio la dejó —aunque estatua helada—
Más discursiva y menos alterada.

No al Cíclope atribuye, no, la ofrenda;
No a Sátiro lascivo, ni a otro feo
Morador de las selvas, cuya rienda
El sueño aflija, que aflojó el deseo.
El niño dios, entonces, de la venda,
Ostentación gloriosa, alto trofeo
Quiere que al árbol de su madre sea
El desdén hasta allí de Galatea.

Entre las ramas del que más se lava
En el arroyo, mirto levantado,
Carcaj de cristal hizo, si no aljaba,
Su blanco pecho de un arpón dorado.
El monstruo de rigor, la fiera brava
Mira la ofrenda ya con más cuidado,
Y aun siente que a su dueño sea devoto,
Confuso alcaide más, el verde soto.

Llamáralo, aunque muda; mas no sabe
El nombre articular que más querría,
Ni lo ha visto; si bien pincel suave
Lo ha bosquejado ya en su fantasía.
Al pie —no tanto ya, del temor, grave—
Fía su intento; y, tímida, en la umbría
Cama de campo y campo de batalla,
Fingiendo sueño al cauto garzón halla.

El bulto vio y, haciéndolo dormido,
Librada en un pie toda sobre él pende
—Urbana al sueño, bárbara al mentido
Retórico silencio que no entiende—:
No el ave reina, así el fragoso nido
Corona inmóvil, mientras no desciende
—Rayo con plumas— al milano pollo,
Que la eminencia abriga de un escollo,

Como la Ninfa bella —compitiendo
Con el garzón dormido en cortesía—
No sólo para, mas el dulce estruendo
Del lento arroyo enmudecer querría.
A pesar luego de las ramas, viendo
Colorido el bosquejo que ya había
En su imaginación Cupldo hecho
Con el pincel que le clavó su pecho,

De sitio mejorada, atenta mira,
En la disposición robusta, aquello
Que, si por lo suave no la admira,
Es fuerza que la admire por lo bello.
Del casi tramontado Sol aspira
A los confusos rayos su cabello;
Flores su bozo es cuyas colores,
Como duerme la luz, niegan las flores.

(En la rústica greña yace oculto
El áspid del intonso prado ameno,
Antes que del peinado jardín culto
En el lascivo, regalado seno.)
En lo viril desata de su vulto
Lo más dulce el Amor de su veneno:
Bébelo Galatea, y da otro paso,
Por apurarle la ponzoña al vaso.

Acis —aún más, de aquello que dispensa
La brújula del sueño, vigilante—,
Alterada la Ninfa esté o suspensa,
Argos es siempre atento a su semblante,
Lince penetrador de lo que piensa,
Cíñalo bronce o múrelo diamante:
Que en sus Paladiones Amor ciego,
Sin romper muros introduce fuego.

El sueño de sus miembros sacudido,
Gallardo el joven la persona ostenta,
Y al marfil luego de sus pies rendido,
El coturno besar dorado intenta.
Menos ofende el rayo prevenido,
Al marinero, menos la tormenta
Prevista le turbó, o pronosticada:
Galatea lo diga, salteada.

Más agradable, y menos zahareña,
Al mancebo levanta venturoso,
Dulce ya conociéndole y risueña,
Paces no al sueño, treguas sí al reposo.
Lo cóncavo hacía de una peña
A un fresco sitial dosel umbroso,
Y verdes celosías unas yedras,
Trepando troncos y abrazando piedras.

Sobre una alfombra, que imitara en vano
El tirio sus matices —si bien era
De cuantas sedas ya hiló gusano
Y artífice tejió la Primavera—,
Reclinados, al mirto más lozano
Una y otra lasciva, si ligera,
Paloma se caló, cuyos gemidos
—Trompas de Amor— alteran sus oídos.

El ronco arrullo al joven solicita;
Mas, con desvíos Galatea suaves,
A su audacia los términos limita,
Y el aplauso al concento de las aves.
Entre las ondas y la fruta, imita
Acis al siempre ayuno en penas graves:
Que, en tanta gloria, infierno son no breve
Fugitivo cristal, pomos de nieve.

No a las palomas concedió Cupido
Juntar de sus dos picos los rubíes
Cuando al clavel el joven atrevido
Las dos hojas le chupa carmesíes.
Cuantas produce Pafo, engendra Gnido,
Negras víolas, blancos alhelíes,
Llueven sobre el que Amor quiere que sea
Tálamo de Acis y de Galatea.

                              II

Su aliento humo, sus relinchos fuego
—Si bien su freno espumas— ilustraba
Las columnas, Etón, que erigió el Griego,
Do el carro de la luz sus ruedas lava,
Cuando de amor el fiero jayán ciego,
La cerviz oprimió a una roca brava,
Que a la playa, de escollos no desnuda,
Linterna es ciega y atalaya muda.

Árbitro de montañas y ribera,
Aliento dio, en la cumbre de la roca,
A los albogues que agregó la cera,
El prodigioso fuelle de su boca;
La Ninfa los oyó, y ser más quisiera
Breve flor, yerba humilde y tierra poca,
Que de su nuevo tronco vid lasciva,
Muerta de amor, y de temor no viva.

Mas —cristalinos pámpanos sus brazos—
Amor la implica, si el temor la anuda,
Al infelice olmo, que pedazos
La segur de los celos hará, aguda.
Las cavernas en tanto, los ribazos
Que ha prevenido la zampoña ruda,
El trueno de la voz fulminó luego:
Referillo, Piérides, os ruego.

«¡Oh bella Galatea, más süave
Que los claveles que tronchó la aurora;
Blanca más que las plumas de aquel ave
Que dulce muere y en las aguas mora;
Igual en pompa al pájaro que, grave,
Su manto azul de tantos ojos dora
Cuantas el celestial zafiro estrellas!
¡Oh tú, que en dos incluyes las más bellas!

»Deja las ondas, deja el rubio coro
De las hijas de Tetis, y el mar vea,
Cuando niega la luz un carro de oro,
Que en dos la restituye Galatea.
Pisa la arena, que en la arena adoro
Cuantas el blanco pie conchas platea,
Cuyo bello contacto puede hacerlas,
Sin concebir rocío, parir perlas.

»Sorda hija del mar, cuyas orejas
A mis gemidos son rocas al viento:
O dormida te hurten a mis quejas
Purpúreos troncos de corales ciento,
O al disonante número de almejas
—Marino, si agradable no, instrumento—,
Coros tejiendo estés, escucha un día
Mi voz, por dulce, cuando no por mía.

»Pastor soy, mas tan rico de ganados,
Que los valles impido más vacíos,
Los cerros desparezco levantados
Y los caudales seco de los ríos;
No los que, de sus ubres desatados,
O derivados de los ojos míos,
Leche corren y lágrimas; que iguales
En número a mis bienes son mis males.

»Sudando néctar, lambicando olores,
Senos que ignora aun la golosa cabra
Corchos me guardan, más que abeja flores
Liba inquïeta, ingenïosa labra;
Troncos me ofrecen árboles mayores,
Cuyos enjambres, o el abril los abra,
O los desate el mayo, ámbar distilan,
Y en ruecas de oro rayos del Sol hilan.

»Del Júpiter soy hijo, de las ondas,
Aunque pastor; si tu desdén no espera
A que el monarca de esas grutas hondas
En trono de cristal te abrace nuera,
Polifemo te llama, no te escondas,
Que tanto esposo admira la ribera
Cual otro no vio Febo más robusto,
Del perezoso Volga al Indo adusto.

»Sentado, a la alta palma no perdona
Su dulce fruto mi robusta mano;
En pie, sombra capaz es mi persona
De innumerables cabras el verano.
¿Qué mucho, si de nubes se corona
Por igualarme la montaña en vano,
Y en los cielos, desde esta roca, puedo
Escribir mis desdichas con el dedo?

»Marítimo Alción, roca eminente
Sobre sus huevos coronaba, el día
Que espejo de zafiro fue luciente
La playa azul de la persona mía;
Miréme, y lucir vi un sol en mi frente,
Cuando en el cielo un ojo se veía:
Neutra el agua dudaba a cuál fe preste:
O al cielo humano o al cíclope celeste.

»Registra en otras puertas el venado
Sus años, su cabeza colmilluda
La fiera, cuyo cerro levantado,
De helvecias picas es muralla aguda;
La humana suya el caminante errado
Dio ya a mi cueva, de piedad desnuda,
Albergue hoy por tu causa al peregrino,
Do halló reparo, si perdió camino.

»En tablas dividida, rica nave
Besó la playa miserablemente,
De cuantas vomitó riquezas grave,
Por las bocas del Nilo el Oriente.
Yugo aquel día, y yugo bien suave,
Del fiero mar a la sañuda frente
Imponiéndole estaba, si no al viento,
Dulcísimas coyundas mi instrumento,

»Cuando, entre globos de agua, entregar veo
A las arenas ligurina haya,
En cajas los aromas del Sabeo,
En cofres las riquezas de Cambaya:
Delicias de aquel mundo, ya trofeo
De Escila, que, ostentado en nuestra playa,
Lastimoso despojo fue dos días
A las que esta montaña engendra Harpías.

»Segunda tabla a un ginovés mi gruta
De su persona fue, de su hacienda:
La una reparada, la otra enjuta,
Relación del naufragio hizo horrenda.
Luciente paga de la mejor fruta
Que en yerbas se recline, en hilos penda,
Colmillo fue del animal que el Ganges
Sufrir muros le vio, romper falanges:

»Arco, digo, gentil, bruñida aljaba,
Obras ambas de artífice prolijo,
Y de Malaco rey a deidad Java
Alto don, según ya mi huésped dijo,
De aquél la mano, de ésta el hombro agrava;
Convencida la madre, imita al hijo:
Serás a un tiempo, en estos horizontes,
Venus del mar, Cupido de los montes».

Su horrenda voz, no su dolor interno
Cabras aquí le interrumpieron, cuantas
—Vagas el pie, sacrílegas el cuerno—
A Baco se atrevieron en sus plantas.
Mas, conculcado el pámpano más tierno
Viendo el fiero pastor, voces él tantas,
Y tantas despidió la honda piedras,
Que el muro penetraron de las yedras.

De los nudos, con esto, más suaves,
Los dulces dos amantes desatados,
Por duras guijas, por espinas graves
Solicitan el mar con pies alados:
Tal redimiendo de importunas aves
Incauto meseguero sus sembrados,
De liebres dirimió copia así amiga,
Que vario sexo unió y un surco abriga.

Viendo el fiero Jayán con paso mudo
Correr al mar la fugitiva nieve
(Que a tanta vista el Líbico desnudo
Registra el campo de su adarga breve)
Y al garzón viendo, cuantas mover pudo
Celoso trueno, antiguas hayas mueve:
Tal, antes que la opaca nube rompa
Previene rayo fulminante trompa.

Con violencia desgajó infinita
La mayor punta de la excelsa roca,
Que al joven, sobre quien la precipita,
Urna es mucha, pirámide no poca.
Con lágrimas la Ninfa solicita
Las deidades del mar, que Acis invoca:
Concurren todas, y el peñasco duro
La sangre que exprimió, cristal fue puro.

Sus miembros lastimosamente opresos
Del escollo fatal fueron apenas,
Que los pies de los árboles más gruesos
Calzó el líquido aljófar de sus venas.
Corriente plata al fin sus blancos huesos,
Lamiendo flores y argentando arenas,
A Doris llega que, con llanto pío,
Yerno lo saludó, lo aclamó río.



Luis de Góngora y Argote, 1613


Muchas gracias a Carlos Ivorra Castillo, que nos envió una serie de correcciones sobre la versión de la edición de Editorial Porrúa recomendada, que consistían en:

(1) En la estrofa octava Un torrente es su barba impetuosa, por Un torrente es su barba, impetuoso
(2) En la estrofa décima La pera, a quien le da cuna dorada por La pera, de quien fue cuna dorada,
(3) En la estrofa vigésimo octava Seguir se hizo de sus azucenas por Segur se hizo de sus azucenas
(4) En la estrofa trigésimo quinta Que. por Que,. Este error era solo nuestro.
(5) En la estrofa trigésimo sexta En lo viril desata de su bulto por En lo viril desata de su vulto,
(6) En la estrofa cuadragésimo quinta Piéredes por Piérides
(7) En la estrofa cuadragésimo novena O derribados de los ojos míos, por O derivados de los ojos míos,

Además corregimos la estrofa cuadragésima El tiro sus matices por El tirio sus matices

MÁS EN:

http://es.wikipedia.org/wiki/Polifemo

Luis de Góngora y Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 – ibídem, 23 de mayo de 1627) fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.[1]

DE: http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_G%C3%B3ngora_y_Argote

 

Para otros usos de este término, véase género.

El género literario es un sistema que permite la clasificación de obras literarias de acuerdo a criterios semánticos, sintácticos, fónicos, discursivos, formales, contextuales, situacionales y afines. En la historia ha habido varias clasificaciones de los géneros literarios. Por lo cual no se puede asistir a una determinación en la cual se pueda categorizar todas las obras de la historia en un criterio común.

Los géneros literarios son modelos de estructuración formal y temática de la obra literaria que se ofrecen al autor como esquema previo a la creación de su obra. Los géneros literarios son los distintos grupos o categorías en que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido. La retórica clásica los ha clasificado en tres grupos importantes: lírico, épico y dramático. A éstos algunos suelen añadir el didáctico.

Contenido

[ocultar]

Propuestas acerca de los géneros literarios

Esta división de géneros en la literatura griega incluye los siguientes:

Se inicia con Aristóteles, quien en su obra La Poética habla sobre tres de los géneros anteriores:

Cada uno de ellos venía definido por un modo de expresión y un estilo propio que debía adecuarse a su finalidad estética. Cualquiera de estos géneros puede expresarse en verso o en prosa.

Épico: En este género los sucesos son sobre luchas reales o imaginarias que le han sucedido al autor o a otra persona. Su forma de expresión siempre fue el verso. Las especies más importantes son:

Epopeya: Cuenta las hazañas que se dieron en la edad antigua. Sus personajes son dioses y seres mitológicos. Entre las epopeyas más importantes se encuentran "La Iliada" y "La odisea".

Cantar de Gesta: Cuenta hazañas realizadas por los caballeros de la edad media. Generalmente son leyendas heroicas de un pueblo.Aquí destaca el cantar de "Los Nibelungos" y el cantar del "Mio Cid".

Poemas épicos: Nos cuenta las hazañas de un héroe, que en su mayoría es un conquistador, pues busca exaltar o engrandecer a un pueblo.

Observación: En la civilización romana fue el poeta Horacio quien recogió las teorías griegas referentes a la creación literaria, en su Epístola a los Pisones, también conocida como Arte poética.

Actualmente también se consideran géneros literarios aquellos que son didácticos como:

Géneros literarios en Japón

Algunos géneros literarios de Japón son Waka, Katatu, Chooka, Sedooka, Tanka, Renga, Haikai, Haiku.

Género literarios de Grecia clásica

Lírica coral

Oda, Himno, Anacreóntica, Epitalamio, Peán.

Géneros aristotélicos

Literario, lírico y dramático.

Géneros literarios en la biblia

Las distintas maneras de escribir que tenían los autores de la época. Narrativo, apocalíptico, sapiencial, jurídico, lírico, evangélico, profético y epistolar.

Géneros Literarios Contemporáneos

En la actualidad es difícil hablar de género, especialmente con respecto a la producción de obras después del modernismo. Debido a que no existen características formales para determinar qué obras pertenecen a determinado género. Por ejemplo, la novela que tuvo una ascensión como obra literaria al finales del siglo XIX en Francia con Gustave Flaubert, y en el siglo XX y comienzos del siglo XXI se ha convertido en el género por excelencia donde hay más propuestas de escritura, se le denomina a un corpus de obras donde abarca cierta extensíon, donde se puede alojar varios discursos y donde no es necesaria, ni la unidad ni la coherencia en la acción de acuerdo al canon aristotélico. Y donde es más concurrente la existencia de la polifonía, como también hay una múltiple temática en las obras que se crean. No obstante de tal clasificación de la novela, no existe un elemento formal común que pueda reunirlo en un grupo.

Género narrativo

Se refiere a aquellos géneros discursivos con una extensión limitada. Se pueden distinguir dos series de narrativas: la narrativa de la modernidad y la narrativa de la posmodernidad. El que narra la historia se llama Narrador. Este género cumple la función referencial del lenguaje y se caracteriza por ser una narración de forma secuencial compuesta por personajes dentro de ésta. Tiene coherencia en lo que se está contando, tiene en cuenta los tiempos en los que los personajes actúan.

Comunica las más íntimas vivencias del hombre, lo subjetivo, los estados anímicos y los estados amorosos.

El presente, pasado y futuro se confunden.

No tiene metro ni ritmos propios sino que el poeta acude a todos aquéllos que le parecen más oportunos para expresar mejor sus sentimientos.

Hablante lírico, es el que expresa todos los sentimientos en el poema respecto a un objeto lírico.

El objeto lírico es el ente, objeto o situación que provoca los sentimientos en el poeta, los que son expresados por el hablante lírico.

El motivo lírico es el tema del que trata la obra lírica, eso quiere decir que es el sentimiento predominante que expresa el hablante lírico acerca del objeto lírico.

La novela como género

El tratamiento de la novela como género escrito, sólo vino después 1934, cuando MIjaíl Mijailovish Bajtín, diferenció la novela de la prosa novelesca y la poesía lírica. Los antecedentes de esta discusión de los anteriores críticos, es que ellos no había encontrado en la novela la misma forma-estilística de la poesía, y por consiguiente se le había negado cualquier significación artística, para sólo tratarla como un documento. A partir de los años veinte, se había planteado estudiar la prosa novelesca, y definirla por su especifidad. De acuerdo con Bajtin, fue un error de los críticos de los años veinte, el de calcar los análisis de los géneros poéticos para ser un estudio monoestilístico. Rechazando así a la estilística el estatu de estudio de la novela por sólo reducirse a las destrezas individuales y del artista, y dejando a lado, las evidencias del habla de las ciudades, de los registros sociales, de las generaciones y las épocas. (Francisco Abad, "Bajtín ante la lengua literaria").

Bibliografía


Enlaces externos

los generos literarios pueden ser existentes en cualquier tipo de lectura conteniente de un vervo y un sujeto al identificar el vervo, podemos saber que es una oracion en cualquier sentido de la palabra.

01/05/2010 11:12 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

30/04/2010

LITERATURA: GÉNEROS LITERARIOS GRIEGOS: ÉPICA, LÍRICA Y DRAMÁTICA. El género literario es un sistema que permite la clasificación de obras literarias de acuerdo a criterios semánticos, sintácticos, fónicos, discursivos, formales, contextuales, situacionales y afines. En la historia ha habido varias clasificaciones de los géneros literarios. Por lo cual no se puede asistir a una determinación en la cual se pueda categorizar todas las obras de la historia en un criterio común.

Grecia
Los géneros literarios griegos: épica, lírica y dramática. La prosa. 
[Autoevaluación]

Introducción

El significado de la Literatura

La literatura es una de las mayores aportaciones del mundo clásico que aún pervive con mayor vigor.  De hecho, la literatura, según hoy la entendemos, es un invento genuinamente clásico. Las literaturas occidentales –y entre ellas las españolas-  son hijas y deudoras de la literatura clásica en general.


Raíces griegas de autores occidentales

Sin embargo, la influencia que la literatura griega ejerció sobre las literaturas occidentales se produjo a través de los autores latinos, sobre todo, hasta el siglo XIX . Fue a partir del Romanticismo cuando se halló en los originales griegos una fuente renovadora de la literatura occidental. 

El origen de los géneros literarios

Para adentrarnos en el estudio de la literatura griega solemos abordar la materia estudiándola por géneros literarios. La clasificación de los testimonios literarios en diversos géneros según su forma y temática  es una herencia grecorromana.


Reconoce géneros literarios


Casi todos los géneros literarios que conocemos hoy día nacieron en el mundo griego. De él pasaron a la literatura latina y de allí a nuestras literaturas modernas. Pero la literatura griega no sólo nos legó la forma de los diversos géneros, sino también la abundantísima temática. 

DE:

http://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9nero_literario

http://recursos.cnice.mec.es/latingriego/Palladium/cclasica/esc324ca1.php

30/04/2010 22:30 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

02/11/2009

LITERATURA: LITERATURA DE TERROR. La novela de terror, es un subgénero dentro de la novela, que es a su vez un subgénero de la épica o narrativa. Su principal característica y rasgo distintivo es el cultivo del miedo y sus emociones asociadas como principal objetivo literario. La novela de terror es uno de los formatos habituales en los que se presenta hoy en día la nueva literatura de terror gótico.

Novela de terror

De Wikipedia, la enciclopedia libre

La novela de terror, es un subgénero dentro de la novela, que es a su vez un subgénero de la épica o narrativa. Su principal característica y rasgo distintivo es el cultivo del miedo y sus emociones asociadas como principal objetivo literario. La novela de terror es uno de los formatos habituales en los que se presenta hoy en día la nueva literatura de terror gótico.

Contenido

[ocultar]

Características generales [editar]

La novela de terror, representada muy a menudo por la clásica narrativa de horror sobrenatural de corte anglosajón, incluye elementos propios de la narrativa de ciencia ficción o la novela fantástica, de las que toma figuras sobrenaturales, como las propias del mundo de lo paranormal o la mitología (el vampiro, el hombre lobo, el monstruo y el ser mitológico maligno, el fantasma, el demonio, el zombie, la bruja...). En las obras más modernas se amplían los registros: los extraterrestres, la amenaza nuclear, la manipulación genética, e incluso los riesgos de la contaminación ambiental. De hecho, es frecuente que la fantasía, la ciencia ficción y el terror sean tratadas en conjunto, dentro de lo que se considera ficción especulativa, literatura de género.

En general, el público se siente atraído hacia este tipo de literatura por los característicos estímulos emocionales, insólitos, intensos y raros que insufla a la rutina diaria. En el plano fisiológico este tipo de obras proporciona un aceleramiento cardíaco y respiratorio que por lo general termina en un desahogo final.

Históricamente, el resorte del miedo en la novela de terror se dispara a partir de la irrupción de un elemento maligno sobrenatural en la rutina diaria de uno o varios personajes ordinarios, si bien en la actualidad las últimas tendencias del género han ido imponiendo poco a poco esquemas eclécticos mucho menos conservadores.

Títulos [editar]

Siglos XVIII y XIX [editar]

Siglo XX [editar]

Novela corta o nouvelle [editar]

La novela corta, a caballo entre el cuento largo y la novela (según el dictado de Julio Cortázar), se cataloga comúnmente entre las 50-75 y 125-150 páginas. Se trata de una modalidad muy recurrida, debido a sus características, por los grandes maestros del terror:

Véase también [editar]

02/11/2009 07:27 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

01/11/2009

LITERATURA: LITERATURA ASCÉTICA. La literatura ascética constituye un género propio dentro de la literatura. Aparece en numerosas religiones y hace referencia a las prácticas ascéticas que desarrollaron a lo largo de la historia los ascetas y penitentes. Ello fue recogido y compone una parte importante dentro del estudio de la teología espiritual de las distintas épocas y religiones. Su valor es principalmente el de ofrecer una referencia y un ejemplo a los seguidores de una determinada religión, es decir, trata de perfeccionar a las personas para moverlas a un mayor seguimiento de los compromisos religiosos de su fe.

Literatura ascética

De Wikipedia, la enciclopedia libre

La literatura ascética constituye un género propio dentro de la literatura. Aparece en numerosas religiones y hace referencia a las prácticas ascéticas que desarrollaron a lo largo de la historia los ascetas y penitentes. Ello fue recogido y compone una parte importante dentro del estudio de la teología espiritual de las distintas épocas y religiones. Su valor es principalmente el de ofrecer una referencia y un ejemplo a los seguidores de una determinada religión, es decir, trata de perfeccionar a las personas para moverlas a un mayor seguimiento de los compromisos religiosos de su fe.

01/11/2009 14:26 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

21/10/2009

LITERATURA: EL RETRATO DE DORIAN GRAY. El retrato de Dorian Gray (original en inglés: The Picture of Dorian Gray) es una novela que escribió el autor irlandés Oscar Wilde, publicada en el Lippincott's Monthly Magazine el 20 de junio de 1890.

El retrato de Dorian Gray (novela)

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase El retrato de Dorian Gray (desambiguación).
El Retrato de Dorian Gray
Lippincott doriangray.jpg
Portada de la primera edición
AutorOscar Wilde
PaísIrlanda
LenguaInglés
GéneroNovela gótica
EditorialLippincott's Monthly Magazine
Fecha de publicación20 de Junio de 1890
ISBNISBN 0-14-143957-2 (Edición moderna)

El retrato de Dorian Gray (original en inglés: The Picture of Dorian Gray) es una novela que escribió el autor irlandés Oscar Wilde, publicada en el Lippincott's Monthly Magazine el 20 de junio de 1890.[1] Posteriormente, Wilde revisaría la obra, haría varias modificaciones y agregaría nuevos capítulos. La versión modificada fue publicada por Ward, Lock, and Company en abril de 1891.[2] Ward, Lock, and Company reeditó el libro en 1891 y nuevamente en 1895". Luego, Charles Carrington compró los derechos de la obra y la editó en 1901, 1905 y 1908. En 1908 y 1909, aparece una edición ilustrada por Paul Thiriat, Brendon & Son, Ltd. En 1913, 1916 y 1918, la novela es editada por Simkin, Marshall, Hamilton, Kent & Co., Ltd., con una nota bibliográfica sobre las ediciones citadas y una advertencia sobre la existencia de ediciones piratas que se caracterizaban por la ausencia del prefacio y por la "mutilación de muchos pasajes".

El Retrato de Dorian Gray es considerada una de las últimas obras clásicas de la novela de terror gótica con una fuerte temática faustiana.[3] El libro causó controversia cuando fue publicado por primera vez; sin embargo, es considerado en la actualidad como "uno de los clásicos modernos de la literatura occidental."[4]

Contenido

[ocultar]

[editar] Argumento

La novela cuenta la historia de un joven llamado Dorian Gray, retratado por el artista Basil Hallward, quien queda enormemente impresionado por la belleza física de Dorian y comienza a encapricharse con él, creyendo que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton, un amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del mundo de Lord Henry. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que "lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos". Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, mientras él mantiene para siempre la misma apariencia del cuadro, la figura en él retratada envejece por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y perversión; pero, el retrato sirve como un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado siendo expuesto como una desfiguración de su rostro o a través de un signo de envejecimiento.[5]

[editar] Estructura

La novela, perfectamente estructurada, mezcla realidad y fantasía, a la manera propia de los cuentos moralistas como El príncipe feliz o El ruiseñor y la rosa que escribía Wilde por aquel entonces. Cuenta la obsesión de un hombre atractivo y exitoso por mantenerse siempre joven, después de que un amigo, el pintor Basil Hallward, le retratara soberbiamente en un lienzo. Naturalmente, su deseo se convierte en tragedia tras darse cuenta de que su petición ha sido en efecto escuchada, lanzándose así en una espiral de odio y vicio.

Oscar Wilde supo retratar a la perfección, con gran ojo crítico, tanto a la sociedad de su época (finales del siglo XIX, en plena época victoriana) como el tema de la vanidad, de la locura y la enajenación. Su perfección como retratista y sus descripciones cautivaron a un gran público; sin embargo, el carácter, en ocasiones, presumido, indolente y afectado de Dorian Gray se volvieron en contra del autor con ocasión de los juicios que se celebraron en Londres a propósito de su homosexualidad (entonces, un delito por el que se podía ir a la cárcel). Oscar Wilde se defendió admirablemente en el estrado, después de que fueran leídos en voz alta varios pasajes del libro en los que se podría entrever cierta conducta aduladora y delicada entre Dorian y el pintor Basil. Oscar Wilde afirmó que no se podía juzgar en modo alguno a «un hombre por lo que escribe».

Hoy en día, el mito de Dorian Gray está extendido en la cultura occidental como un sinónimo de vanidad y de deseo de imperturbabilidad. Así, en honor a la belleza y la maldad de esta carismática figura se han hecho obras de teatro y películas memorables.

[editar] Temática

El Retrato de Dorian Gray parte del argumento universal de la eterna juventud; no obstante, el verdadero tema central de la novela es el narcisismo, ya que el personaje principal posee una excesiva admiración por sí mismo, hasta el extremo de no desear otra cosa que conservarse tal y como aparecía en el cuadro para siempre.

Pero no se trata de la primera vez que aparece el narcisismo como tema. Ya Ovidio había incluido dentro de sus Metamorfosis, el mito de Narciso. Diecinueve siglos más tarde, el poeta Paul Valery quedó fascinado por este mito, al igual que el filósofo Gastón Bachelard, quien hace un estudio sobre su significado y el porqué de su encanto dentro de “El agua de los sueños”.

Otros autores hablan del dandismo dentro de la novela, pues varios personajes se distinguen por su elegancia y su buen tono. Los vínculos entre narcisismo y dandismo son evidentes, pero no hablamos de lo mismo. El ejemplo del narcisista es Dorian Gray, mientras que un dandi puede ser Lord Henry, con su manera de comportarse y de hablar templada. El fin supremo de la vida para Lord Henry es la satisfacción de los deseos inmediatos, lo cual lleva a incluir dentro al hedonismo cirenaico dentro de las temáticas de la novela. Esta filosofía de vida se observa en las alusiones al placer que hace Lord Henry.

Todos estos temas aparecen en la novela, pero siempre partiendo del argumento universal de la eterna juventud. Además, se tratan otros aspectos como la decadencia tanto de la sociedad (bajo el reinado de Victoria I) como del personaje de Dorian Gray y la corrupción de su alma. Asimismo, aparecen retratadas la vanidad, la arrogancia y la moral perversa y torcida de la sociedad de la época.

[editar] Novela (resumen)

La novela inicia cuando Lord Henry Wotton observa a su amigo Basil Hallward pintando el retrato de un hermoso joven llamado Dorian Gray. Dorian llega poco después y conoce a Lord Henry. Lord Henry charla sobre su propia idea del mundo y Dorian comienza a convencerse de que la belleza es lo único que vale la pena tener en la vida y desea que el retrato, que Basil está pintando, envejezca en su lugar. Bajo la influencia de Lord Henry, Dorian comienza a explorar sus sentidos. Una noche descubre a Sibyl Vane, una actriz que trabaja en un sórdido teatro interpretando obras de Shakespeare. Dorian le propone matrimonio. Sibyl cuenta sus planes a su madre y a su hermano, refiriéndose a su prometido como “Príncipe Encantador”. Su hermano, James, advierte que si el “Príncipe Encantador” le hace daño alguna vez, él lo matará.

Dorian invita a Basil y Lord Henry a ver actuar a Sibyl en su representación de Romeo y Julieta. Pero Sibyl, embargada por la emoción del próximo matrimonio y enamorada de Dorian, pierde interés en el teatro, por lo que esa noche interpreta pésimamente a Julieta. Después de la función, Dorian rechaza a Sibyl diciendo que su belleza radicaba en su arte y, como ya no podía actuar, entonces Dorian ya no está interesado en ella. Fríamente, decide romper la promesa de matrimonio y no ver más a Sibyl. De regreso en casa, nota que el cuadro de Basil ha cambiado, por lo que se da cuenta de que su deseo se ha cumplido: el retrato tienen ahora una sutil mueca de desprecio.

A partir de entonces, la edad y los pecados que Dorian cometa se verán marcados en el retrato mientras que él mismo conservará su aspecto exterior sin ningún cambio. Dorian decide reconciliarse con Sibyl, pero a la mañana siguiente Lord Henry le da la noticia de que Sibyl se ha suicidado tomando ácido prúsico (cianuro de hidrógeno). Dorian oculta el cuadro en una habitación, a la que solamente él tiene acceso. Durante los siguientes dieciocho años, Dorian experimentará todos los vicios posibles, bajo la influencia de un “libro envenenado” regalado por Lord Henry.

Una noche, antes de partir con destino a París, Basil visita a Dorian en su casa para cuestionarlo acerca de todos los rumores que circulan sobre sus pecados y vicios y sobre las personas corrompidas por su influencia. Dorian culpa al propio Basil de su destino y lo apuñala en un arranque de rabia. Para deshacerse del cadáver, Dorian chantajea a Alan Campbell, un químico, para que destruya el cuerpo con ácido. Buscando alivio y olvido para su crimen, Dorian entra a un fumadero de opio. Allí, James Vane, el hermano de Sybil, escucha a una mujer llamarlo “Príncipe Encantador” y lo sigue con intenciones de matarlo, pero desiste debido a que la apariencia juvenil de Dorian hace improbable que haya estado involucrado en el suicidio de su hermana dieciocho años antes. James deja ir a Dorian. La mujer que conocía el sobrenombre “Príncipe Encantador” se le acerca para reclamarle por no haberlo matado, revelándole que Dorian no ha envejecido desde hace dieciocho años, según ella, por un pacto con el diablo.

En el transcurso de una cena, Dorian se desmaya de terror al ver al hermano de Sibyl Vane acechándolo. Al día siguiente, durante una partida de caza, James es alcanzado accidentalmente por un disparo destinado a matar a una liebre. James Vane muere ahí mismo. Después de regresar a Londres, Dorian le informa a Lord Henry su decisión de enmendar su camino. De ahora en adelante, corregirá su vida y por lo pronto abandona, sin corromper, a su última conquista romántica: una bella joven que vive en el campo llamada Hetty Merton. Lord Henry no cree que esta acción sea sincera, mientras que Dorian se pregunta si este gesto de renuncia al vicio se reflejará en el retrato, mejorando su aspecto. Una vez que Lord Henry se retira, Dorian Gray entra a la habitación donde ha mantenido su retrato escondido, pero descubre que ahora su apariencia es aún peor. Se da cuenta de que el gesto que tuvo de dejar intacta la virtud de Hetty fue provocado únicamente por vanidad, curiosidad o búsqueda de nuevas sensaciones. Entonces descubre que solo una confesión completa de sus pecados lo redimirá, pero no está dispuesto a afrontar las consecuencias. En un arranque de furia, ataca la pintura con el mismo cuchillo con el que asesinó a Basil. Los criados escuchan un grito desde la habitación clausurada. La policía ya alertada y los criados entran con algunas dificultades para encontrar el retrato que vuelve a mostrar su imagen original. Ahí junto, está el cuerpo de un hombre apuñalado en el corazón, lleno de arrugas y con un rostro repulsivo. Solo por medio de los anillos en su mano fueron capaces de identificar quién era, Dorian Gray.

[editar] Personajes

En una carta, Wilde dijo que los personajes de El Retrato de Dorian Gray son, de diferentes formas, reflejos de sí mismo: "Basil Hallward es lo que creo que soy; Lord Henry lo que el mundo piensa de mí; Dorian lo que me gustaría ser en otras edades, tal vez."[6]

  • Dorian Gray: Joven extremadamente atractivo, quien es cautivado por la nueva idea del hedonismo de Lord Henry. Comienza a satisfacer cada uno de sus placeres, sin importarle si son moral o inmoralmente aceptados.
  • Basil Hallward: Artista que se encapricha con la belleza de Dorian, quien le ayuda a darse cuenta de su potencial artistico, aunque el retrato que hizo de Dorian resulta ser su mejor trabajo. No es más que un artista puro y apasionado.
  • Lord Henry Wotton: Noble que inicialmente es amigo de Basil, pero que después queda intrigado por la ingenuidad y belleza de Dorian. Es extremadamente ingenioso. Es visto como una crítica a la cultura victoriana tardía que abraza una visión indulgente del hedonismo. Corrompe a Dorian con su visión del mundo, así que Dorian intenta emularlo. Basil lo llama "Harry".
  • Sibyl Vane: Actriz muy bella, pero extremadamente pobre que se enamora de Dorian. Su amor por él destruye su carrera, ya que no encuentra placer en la imagen ficticia del amor al tener un amor verdadero y real. Se suicida cuando Dorian ya no quiere casarse con ella, pues ha descubierto no estar enamorado de ella, sino de su arte.
  • James Vane: Hermano de Sibyl que se convierte en marino y se marcha a Australia. Es extremadamente protector con su hermana, y no se atreve a dejarla porque cree que Dorian la perjudicará. Intenta matar a Dorian, pero al ver que su rostro es joven y fresco, cree que no es él. Se lo describe como un tipo recio y cuadrado.
  • Mrs. Vane: Madre de Sibyl y James, actriz vieja y acabada. Sibyl y ella están consignadas en el teatro pobre para pagar sus deudas. Está extremadamente complacida con la relación entre Sibyl y Dorian por la promesa de estatus y riqueza del joven.
  • Alan Campbell: Buen amigo de Dorian que termina su amistad con él al poner en duda su reputación.
  • Lady Agatha: Tía de Lord Henry. Participa activamente en trabajos de caridad en Londres.
  • Lord Fermor: Tío de Lord Henry. Le informa a Lord Henry sobre el linaje de Dorian.
  • Victoria, Lady Henry Wotton: Esposa de Lord Henry, que solo aparece en la novela en una escena en la que Dorian espera a Lord Henry. Más tarde, se divorcia de Lord Henry.
  • Victor: Leal sirviente de Dorian quien, con el aumento de la paranoia de su patrón, es enviado a hacer encargos inútiles para disuadirle de que entre en la habitación donde se encuentra el retrato de Dorian.

[editar] Alusiones a otros trabajos

[editar] Fausto

Wilde dijo en cierta ocasión que "en la primera novela de cada autor el personaje principal debe ser o Cristo o el Fausto". En ambas historias, el protagonista trata de enamorar a una mujer, matando no solo a ella, sino también a su hermano, quien busca venganza.[7] Wilde afirmó que la idea de El retrato de Dorian Gray es "vieja en la historia de la literatura", pero que él le había dado "una nueva forma".[8]

A diferencia del Fausto, no hay momento en que Dorian haga un pacto con el diablo. De todas maneras, la forma cínica en que Lord Henry ve a la vida cumple con el rol del diablo, aunque al parecer Lord Henry no nota lo que sus actos causan. Sin embargo, cuando Lord Henry le dice a Dorian que "la única forma de escapar de una tentación es dejarse arrastrar por ella".[9] En este sentido, Lord Henry "lleva a Dorian a un pacto diabólico al manipular su inocencia e inseguridad".[10] Este comportamiento contrasta con la pureza e inocencia, cualidades que ejemplifica Dorian al principio del libro.

[editar] Shakespeare

En el prefacio, Wilde habla sobre Caliban, un personaje de la obra teatral de Shakespeare, "La tempestad". Cuando Dorian le cuenta a Lord Henry Wotton sobre su nuevo amor, Sibyl Vane, Dorian habla sobre cada obra de Shakespeare en la que Sybil ha actuado, refiriéndose a ella como la heroína de cada obra.

[editar] Joris-Karl Huysmans

El venenoso libro francés que corrompe a Dorian Gray es la novela de Joris-Karl Huysmans A contrapelo. El crítico literario Richard Ellmann escribe:

Wilde no menciona el libro, pero en el juicio admitió que era, o casi, el A contrapelo de Huysmans... A un corresponsal, escribió que había realizado una "variación fantástica" a un A contrapelo y algún día debería anotarlo. Las referencias en Dorian Gray a determinados capítulos son deliberadamente inexactas.[11]

[editar] Significado literario

El Retrato de Dorian Gray comenzó como una novela corta presentada en la Lippincott's Monthly Magazine. En 1889, J. M. Stoddart, dueño de Lippincott, se encontraba en Londres para solicitar novelas cortas para la revista. Wilde entregó la primera versión de El retrato de Dorian Gray que fue publicado el 20 de junio de 1890 en la edición de julio de Lippincott. Hubo un retraso en el envío del texto de Wilde a la imprenta mientras se realizaban numerosos cambios al manuscrito de la novela (algunos de los cuales sobreviven hasta el presente). Algunos de estos cambios fueron hechos por instigación de Wilde y algunos por Stoddart. Wilde retiró todas las referencias al libro de ficción "Le Secret de Raoul" y a su autor ficticio, Catulle Sarrazin. El libro y su autor son todavía referidos en las versiones publicadas de la novela, pero no son nombrados.

Wilde también intentó moderar algunos de los pasajes más homoeróticos del libros o pasajes donde las intenciones de los personajes podían ser malinterpretadas. En la edición de 1890, Basil dice a Henry cómo "adora" a Dorian y le ruega que "no se lleve a la única persona que hace mi vida absolutamente encantadora para mí". El enfoque de Basil en la edición de 1890 parece ser más hacia el amor, mientras que el Basilio de la edición 1891 se preocupa más por su arte, al decir que "una persona que da a mi arte sea cual sea el encanto que pueda poseer: mi vida como un artista depende de él".

El libro también fue ampliado enormemente: los trece capítulos originales se convirtieron en veinte y el capítulo final fue dividido en dos nuevos capítulos. Las adiciones permitieron "dar contenido a Dorian como un personaje" y también proveyeron detalles sobre su ascendencia, lo que contribuyó a hacer su "colapso psicológico más prolongado y más convincente".[12] El personaje de James Vane fue también incluido, lo que ayudó a elaborar el personaje de Sybil Vane y sus antecedentes. La adición del personaje ayudó a enfatizar y a prefigurar las maneras egoístas de Dorian, como James vaticina sobre sus futuras acciones no honorables (la inclusión de la sub-trama de James Vane también da a la novela un tinte más típicamente victoriano, como parte de los intentos de Wilde por disminuir la controversia que rodeaba al libro).

Otro cambio notable es que, en la segunda mitad de la novela, se especifican algunos eventos teniendo lugar alrededor del cumpleaños 32 de Dorian Gray, el 7 de noviembre. Después de los cambios, se especificó que tuvieron lugar en torno al cumpleaños 38 de Dorian, el 9 de noviembre, por tanto extendiendo el período de tiempo durante el que transcurre la historia. La anterior fecha es también significativa, pues coincide con el año en la vida de Wilde durante el cual se inició en prácticas homosexuales.

[editar] Prefacio

El prefacio de El Retrato de Dorian Gray fue añadido, junto con otras enmiendas, después de que la edición publicada en Lippincott recibiera críticas. Wilde lo usó para responder a estas críticas y defender la reputación de la novela.[13] Consiste en una colección de afirmaciones sobre el rol del artista, el arte en sí mismo, el valor de la belleza y sirve como un indicador de la forma en que Wilde propone que sea leída la novela. Asimismo, deja huellas de la exposición de Wilde al Taoísmo y a los escritos de Zhuangzi. Poco antes de escribir el prefacio, Wilde reseñó la traducción de Herbert A. Giles de los escritos del filósofo chino taoísta.[14] En su reseña, escribe:

El contribuyente honesto y su familia sana, sin duda, a menudo se han burlado de la frente en forma de bóveda del filósofo y se han reído de la extraña perspectiva del paisaje que se encuentra debajo de él. Si realmente supieran quién era, temblarían. Porque Chuang Tsǔ pasó su vida en la predicación de la gran religión de la inacción y en señalar la inutilidad de todas las cosas.[15]

[editar] Crítica

En general, las primeras críticas al libro fueron duras. Así, el libro ganó cierta notoriedad por calificativos tales como 'empalagoso', 'nauseabundo', 'afeminado', 'sucio' y 'contaminante.'[16] Esto tuvo mucho que ver con los tintes homoeróticos de la novela, que causaron mucha sensación entre los críticos de la época victoriana, cuando fue publicado por primera vez.

Una gran parte de las críticas contra Wilde se debió a su percepción sobre el hedonismo y por la distorsionada imagen que tenía de la moral convencional. El Daily Chronicle del 30 de junio de 1890 mencionaba que la novela de Wilde tenía "un elemento [...] que mancharía cada mente joven que se pusiera en contacto con ella." A pesar de que este elemento no es nombrado explícitamente, el homoerotismo, especialmente en la primera edición, parece ser probablemente el tema aludido.

[editar] Adaptaciones a cine, teatro y televisión

El personaje de Dorian Gray aparece en la película "La Liga Extraordinaria" o "La Liga de los Hombres Extraordinarios" (The League of Extraordinary Gentlemen) de 2003, interpretado por Stuart Townsend. La película está basada libremente en la novela gráfica The League of Extraordinary Gentlemen escrita por Alan Moore e ilustrada por Kevin O'Neill, aunque en esta no aparece el personaje de Dorian Gray.

También se le atribuyó un tema del grupo Demons and Wizards. El grupo inglés de Sunderland de música indie rock, The Futureheads hizo la canción, A Picture of Dorian Gray.

Se está produciendo una nueva versión de la novela, la cual es dirigida por Oliver Parker, en la cual Ben Barnes (Las crónicas de Narnia: el príncipe Caspian) será el protagonista junto a Rebecca Hall y Colin Firth, con quien ya ha compartido créditos en la película Easy Virtue.

[editar] Notas

  1. The Picture of Dorian Gray (Penguin Classics) - Introduction
  2. Notes on The Picture of Dorian Gray - Una visión de conjunto del texto, fuentes, influencias, temas y un sumario de El retrato de Dorian Gray
  3. glbtq >> literature >> Ghost and Horror Fiction - una página web que discute la temática de fantasmas y las novelas de terror desde el siglo XIX hacia adelante (acceso: 30 de julio de 2006)
  4. Books of the poet: Oscar Wilde - una página web con sinópsis de varios libros, incluyendo El retrato de Dorian Gray (acceso: 27 de agosto de 2006).
  5. [1]The Picture of Dorian Gray (Projecto Gutenberg 20-versión por capítulos), línea 3479 et seq en texto llano (capítulo VII).
  6. The Modern Library - una sinopsis del libro junto con una pequeña biografía de Oscar Wilde (acceso: 6 de julio de 2006).
  7. Citas de Oscar Wilde - una cita sobre El retrato de Dorian Gray y su parecido con el Fausto
  8. 'The Picture of Dorian Gray (Penguin Classics) - Preface
  9. The Picture of Dorian Gray (Penguin Classics) - Capítulo II
  10. The Picture of Dorian Gray - un resumen y comentario del capítulo II del Retrato de Dorian Gray
  11. Ellmann, Oscar Wilde (Vintage, 1988) p.316
  12. The Picture of Dorian Gray (Penguin Classics) -Una nota sobre el texto
  13. GraderSave: ClassicNote - un resumen y análisis del libro y su prefacio
  14. El Prefacio apareció por primera vez con la publicación de la novela en 1891. Pero, para junio de 1890, Wilde estaba defendiendo su libro (véase The Letters of Oscar Wilde, Merlin Holland and Rupert Hart-Davis eds., Henry Holt (2000), ISBN 0-8050-5915-6 y The Artist as Critic, ed. Richard Ellmann, Universidad of Chicago (1968), ISBN 0-226-89764-8; donde la reseña de Wilde de la traducción de Giles es identificada incorrectamente con Confucio). La reseña de Wilde sobre la traducción de Giles fue publicada en The Speaker del 8 de febrero de 1890.
  15. Ellmann, The Artist as Critic, 222.
  16. The Modern Library - una sinopsis del libro con una corta biografía de Oscar Wilde (acceso 6 de julio de 2006)

[editar] Bibliografía

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

Wikiquote

Wikisource

21/10/2009 14:18 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: LA LEYENDA. Leyenda es una narración que narra un suceso con parte de la realidad y parte fantasiosa, generalmente las leyendas se transmiten de generación en generación. La leyenda es parte de la cultura y las creencias de un puebol una ciudad o un estado, cuando las leyendas se pasan de generación en generación es posible que sufran algunos cambios en su contexto, es decir que varie un poco la leyenda en la narración pero el objetivo es el mismo.

Leyenda

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Leyenda es una narración que narra un suceso con parte de la realidad y parte fantasiosa, generalmente las leyendas se transmiten de generación en generación. La leyenda es parte de la cultura y las creencias de un puebol una ciudad o un estado, cuando las leyendas se pasan de generación en generación es posible que sufran algunos cambios en su contexto, es decir que varie un poco la leyenda en la narración pero el objetivo es el mismo.

Contenido

[ocultar]

[editar] Etimología y características

Leyenda viene del latín legenda («lo que debe ser leído») y es en origen una narración puesta por escrito para ser leída en voz alta y en público, bien dentro de los monasterios, durante las comidas en el refectorio, o dentro de las iglesias, para edificación de los fieles cuando se celebra la festividad de un santo. En las leyendas la precisión histórica pasa a un segundo plano en beneficio de la intención moral o espiritual (en las hagiografías o leyendas hagiográficas o piadosas, cuyo más conocido testimonio es La leyenda dorada de Jacopo della Vorágine).

Ese es el significado que da a la palabra el maestro Gonzalo de Berceo, cuando en Milagros de Nuestra Señora habla de "todas las leyendas que son del Criador" y en otros pasajes, aunque también se refiere ocasionalmente a leyendas de forma más general; en otros autores el significado de la palabra se extiende a lecturas no solamente piadosas. Su significado posterior se profaniza como lectura de algo no ajustado estrictamente a la historia y con valor poético. Durante el Romanticismo, la leyenda se vuelve sinónima de lo conocido en el siglo XIX como "tradición popular".

En literatura, una leyenda es una narración ficticia, casi siempre de origen oral, que hace apelación a lo maravilloso. Una leyenda, a diferencia de un cuento, está ligada siempre a un elemento preciso y se centra menos en ella misma que en la integración de este elemento en el mundo cotidiano o la historia de la comunidad a la cual pertenece. Contrariamente al cuento, que se sitúa dentro de un tiempo ("érase una vez...") y un lugar (por ejemplo, en el Castillo de irás y no volverás) convenidos e imaginarios, la leyenda se desarrolla habitualmente en un lugar y un tiempo precisos y reales; comparte con el mito la tarea de dar fundamento y explicación a una determinada cultura, y presenta a menudo criaturas cuya existencia no ha podido ser probada (la leyenda de las sirenas, por ejemplo). Durante el Romanticismo la leyenda se escribía por autores conocidos en prosa o verso en diversas colecciones; sus autores más celebrados fueron en ese siglo Ángel de Saavedra, José Zorrilla, Gustavo Adolfo Bécquer y José Joaquín de Mora

[editar] Descripción

Una leyenda está generalmente relacionada con una persona, una comunidad, un momento, un lugar o un acontecimiento cuyo origen pretende explicar leyendas etiológicas. A menudo se agrupan en ciclos alrededor de un personaje, como sucede con los ciclos de leyendas en torno a Robin Hood, el Cid Campeador o Bernardo del Carpio.

Las leyendas contienen casi siempre un núcleo básicamente histórico, ampliado en mayor o menor grado con episodios imaginativos. La aparición de los mismos puede depender de motivaciones involuntarias, como errores, malas interpretaciones (la llamada etimología popular, por ejemplo) o exageraciones, o bien de la acción consciente de una o más personas que, por razones interesadas o puramente estéticas, desarrollan el embrión original.

Cuando una leyenda presenta elementos tomados de otras leyendas hablamos de "contaminación de la leyenda".

[editar] Las leyendas en España

España fue un verdadero crisol para las leyendas; se mezclaron en la Península Ibérica tradiciones muy disímiles: célticas, ibéricas, romanas, visigodas, judías, árabes (y con los árabes, las tradiciones indias) en las más diversas lenguas.

Infinidad de leyendas aparecen en el Romancero y, a través de él, en el teatro clásico español. Un verdadero vivero de leyendas es la obra de Cristóbal Lozano y la novela cortesana del Barroco. Numerosos escritores eclesiásticos compilaron leyendas y tradiciones piadosas en distintas colecciones, la más conocida de las cuales, pero no la única, es el Flos sanctorum. Pero es solamente en el siglo XIX cuando los románticos empiezan a experimentar algún interés por recogerlas, estudiarlas o incluso imitarlas. En 1838 se publican ya unas Leyendas y novelas jerezanas; en 1869, 1872 y 1874 aparecen ediciones sucesivas de unas Leyendas y tradiciones populares de todos los países sobre la Santísima Virgen María, recogidas y ordenadas por una Sociedad Religiosa. En 1853 Agustín Durán, que había ya publicado los dos tomos de su monumental Romancero general o colección de romances castellanos (BAE, t. X y XVI), publicó la Leyenda de las tres toronjas del vergel de Amor. Ángel de Saavedra, duque de Rivas, cultiva el género de la leyenda en verso y Fernán Caballero traduce leyendas alemanas y compila y reúne colecciones de las españolas. Las de Gustavo Adolfo Bécquer, tanto las publicadas como las recopiladas póstumamente, son de las más expresivas en prosa, pero tampoco desmerecen las leyendas en verso de José Zorrilla y de José Joaquín de Mora. Tras Washington Irving, el arabista Francisco Javier Simonet publicó en 1858 La Alhambra: leyendas históricas árabes; José Lamarque de Novoa publicó Leyendas históricas y tradiciones (Sevilla, 1867); Antonia Díaz Fernández de Lamarque, Flores marchitas: baladas y leyendas (Sevilla, 1877); Manuel Cano y Cueto se ocupó de las leyendas sobre Miguel de Mañara (1873), y a estos nombres habría que añadir otros muchos no menos importantes, como María Coronel, Josefa Ugarte y Casanz, Teodomiro Ramírez de Arellano, José María Goizueta etcétera. En 1914 el importante centro de estudios folclóricos que era entonces Sevilla auspició la traducción de La formación de las leyendas de Arnold van Gennep. En 1953 supuso un hito la aparición de la Antología de leyendas de la literatura universal por parte del filólogo Vicente García de Diego, con un denso y extenso estudio preliminar y una selección de las mejores leyendas españolas agrupadas por regiones, y de otros países de todo el mundo. La última contribución importante a estos estudios es sin duda la de Julio Caro Baroja, un gran estudioso de la literatura de cordel, De arquetipos y leyendas (Barcelona: Círculo de Lectores, 1989)

[editar] Bibliografía

  • Joaquín Álvarez Barrientos y María José Rodríguez Sánchez de León, con la colaboración de Ricardo de la Fuente Ballesteros, Diccionario de literatura popular española. Salamanca: Ediciones Colegio de España, 1997.
  • Antología de leyendas. Estudio preliminar, selecc. y notas de Vicente García de Diego. Barcelona, Labor, 1953, 2 vos. Contiene leyendas de España divididas por regiones y de Yugoslavia, Grecia, Turquía, Bulgaria, Rumanía, Polonia, Finlandia, Rusia, Inglaterra, Irlanda, Nórdicas, Suecia, Alemania, Fenicia, Caldea, Armenia, Media, Persia, India, Tíbet, China, Japón, Java, Nueva Guinea, Argentina, Bolivia, Colombia, Brasil, México, Cuba, Canadá, Marruecos, Egipto, Nigeria, bantúes, talmúdicas, gitanas. Reimpreso sin las notas ni la documentadísima introducción en Barcelona: Círculo de Lectores, 1999.

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

Wikcionario

Wikisource

21/10/2009 14:15 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: LA ÉPICA. La poesía épica es un género literario en el cual el autor presenta de forma objetiva hechos legendarios o ficticios desarrollados en un tiempo y espacio determinados. El autor usa como forma de expresión habitual la narración, aunque pueden darse también la descripción y el diálogo. En algunos casos, la épica no es escrita, sino más bien contada oralmente por los rapsodas.

Épica

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase Epica (banda).

La poesía épica es un género literario en el cual el autor presenta de forma objetiva hechos legendarios o ficticios desarrollados en un tiempo y espacio determinados. El autor usa como forma de expresión habitual la narración, aunque pueden darse también la descripción y el diálogo. En algunos casos, la épica no es escrita, sino más bien contada oralmente por los rapsodas.

Contenido

[ocultar]

Características generales [editar]

Alternancia de discursos que tiene como origen la observación aristotélica de la diferencia entre mímesis y diégesis, es decir, entre narración y descripción.

  1. Pueden basarse en hechos verdaderos o inventados indistintamente
  2. La narración se realiza en pasado
  3. El narrador puede aparecer en la obra o no,no está siempre presente,como en el género lírico,o tampoco desaparece por completo, como ocurre en el género dramático.
  4. La forma que se utiliza preferentemente en la obra literaria épica o narrativa es la prosa o el verso largo (hexámetro, verso alejandrino...)
  5. Tiende a incluir los demás géneros (lírico, dramático, didáctico) razón por la cual suele ser el que tiene mayor extensión.
  6. Puede presentar divisiones en su estructura externa tales como capítulos, epígrafes...
  7. Posee las siguientes variantes o subgéneros: epopeya, cantar de gesta, poema épico culto, romance, cuento tradicional, mito, leyenda, relato, novela. Cada uno, a su vez, cuenta con diferentes tipologías o clases de textos, especialmente el mito, el cuento tradicional y la novela.
  8. Esta puede ser de dos formas: directa e indirecta.

Subgéneros [editar]

El género épico o narrativo se encuentra en todas las literaturas, pues es un género esencial, y se puede dar y se ha dado históricamente en formas muy diferentes.

Los sumerios (Epopeya de Gilgamesh), griegos (Ilíada, Odisea), romanos (Eneida) e hindúes (Mahabarata, Ramayana) compusieron epopeyas en torno a las hazañas de un héroe arquetípico, que representaba los valores tradicionales colectivos de una nación, y otros personajes como dioses y hombres, incluyendo además elementos fantásticos.

La epopeya se denominó en la Edad Media europea cantar de gesta, y en ella empezaron a escasear más los elementos divinos y fantásticos. Francia compuso la mayoría de ellas y las más influyentes, entre las que destacó la Chanson de Roland o Cantar de Roldán. En España se compuso el Cantar de Mío Cid, entre otros. Los alemanes compusieron el Cantar de los Nibelungos y los sajones el Beowulf. En Inglaterra, no llegaron a reunirse leyendas dispersas en torno a Robin Hood, pero se escribieron en prosa historias sobre un hipotético rey llamado Artus o Arturo. En Islandia, las sagas, aunque tienen un marcado carácter histórico, se emparentan con esta tradición narrativa, sobre todo en las sagas arcaicas como la Volsunga Saga.

Con el paso a los tiempos modernos, la epopeya empezó a estar protagonizada no por héroes y dioses, sino únicamente por personas vulgares cuya única hazaña era la supervivencia o conseguir una mejor condición social; de igual manera, las hazañas fantásticas fueron sustituidas por una tendencia realista. Ésa fue la gran contribución de novelas como la anónima novela picaresca española El lazarillo de Tormes y, sobre todo, las dos partes del El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha de Cervantes, que desacreditaron por completo los restos de epopeya que venían de la Edad Media, encarnados por los llamados libros de caballerías. El Quijote supone, pues, el nacimiento de la novela moderna realista y polifónica, escrita en prosa y cuyos protagonistas son personas vulgares y corrientes que se mueven en ambiente realista sin hechos sobrenaturales y sin que intervengan los dioses. Este tipo de novela se desarrolló extraordinariamente en el siglo XIX, cuando la burguesía lo tomó como modelo para exponer sus inquietudes y como espejo de su nueva ideología materialista. La novela realista del siglo XIX es la epopeya de la clase media o burguesía.

El poema épico culto intenta reactualizar en los tiempos modernos la epopeya griega y romana, sus antecedentes, en un estilo generalmente lleno de reminiscencias y en rima consonante. A este género pertenecen, por ejemplo:

El mito es una narración corta que tiene una función cognoscitiva o explicativa, etiológica, frecuentemente de carácter alegórico. Es por esto que su estudio está más relacionado con la mitología.

El cuento tradicional es una narración anónima de carácter oral que sirve para pasar el tiempo y se suele contar a los niños. En el siglo XVIII y XIX empezaron a recogerse y estudiarse. Colecciones de cuentos populares son las de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm en Alemania, o Charles Perrault en Francia.

El romance o, en los países nórdicos, balada, es una narración corta en verso, casi siempre de carácter anónimo, surgida en general de la descomposición de los cantares de gesta medievales, aunque pronto fueron compuestos algunos romances y baladas por autores desconocidos imitando los romances viejos.

El relato es una narración escrita de autor conocido, con pocos personajes y sin la complicación y meandros de que hace gala la novela clásica.

La leyenda, escrita en verso o en prosa, es característica del siglo XIX y narra hechos con alguna base histórica de verdad, pero fabulándose en ellos libremente. Cabe destacar, por ejemplo, las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer.

Componentes básicos del género [editar]

La intriga [editar]

La intriga es la trama o argumento, lo que pasa, lo que se cuenta. La forman los sucesos, expuestos en orden artificial o artístico.

La intriga se puede mostrar en el discurso de dos modos:

  1. Desde el comienzo: la sucesión de los acontecimientos parte de un embrión de historia que se desarrolla en una sucesión lineal.
  2. En su transcurso: en pleno nudo argumental, con posteriores retrocesos; el argumento no se desarrolla linealmente.

Si el discurso sigue un orden regido por una cronología o temporalidad objetiva, la intriga tiene una estructura lineal. Cuando se altera el orden de los sucesos, la intriga se presenta como discontinua o no lineal. Cuando la intriga se ofrece linealmente, es decir, cuando la relación de los sucesos es acorde con la sucesión lógica de la temporalidad objetiva, la estructura de la intriga progresa hasta alcanzar un momento culminante, llamado clímax argumental. En las novelas de intriga lineal, el clímax es el momento de resolución definitiva y estable del proyecto emprendido.

El personaje [editar]

El héroe épico tiene un objetivo o ideal concreto y ha de superar una serie de obstáculos para alcanzarlo. Puede tener contactos con una divinidad (misión), especialmente en la épica grecolatina. Mantiene actividad guerrera y, a menudo, se da el peregrinaje meramente funcional, pero también puede aportar una significación. El nombre de los personajes es un primer rasgo caracterizador, esta caracterización puede ser muy elemental cuando es sólo designativa. Pero el nombre puede caracterizar también de un modo expansivo (y no sólo designativo).

La caracterización [editar]

Caracterizar a un personaje es dotarlo de atributos materiales, temperamentales, morales, ideológicos, etc.

Ésta puede ser de dos modos: directa e indirecta. Es directa cuando explícitamente se dice cómo es el personaje y así suele ocurrir en la épica, donde hay abundancia de epítetos referidos al personaje, tanto en la épica clásica como en la medieval.

El espacio [editar]

El relato evoca un complejo de experiencias humanas determinadas en el tiempo y en el espacio. El espacio colabora decisivamente en la configuración positiva o negativa del personaje. En la épica se puede dar el espacio único, pero es más común un relato itinerante.

El tiempo [editar]

La literatura es un arte temporal. Los distintos estratos de temporalidad se podrían resumir así:

  • Temporalidad externa o extratextual. Como su nombre indica, es la que se refiere al momento de producción y de consumo de la obra. Habrá, por lo tanto, un tiempo del escritor y un tiempo del lector, que pueden ser o no contemporáneos.
  • Temporalidad interna o textual. Ésta, por su parte, está íntimamente relacionada con el contenido de la obra. Así, distinguiremos un tiempo de la aventura (El tiempo de la historia, de lo contado), un tiempo de la escritura (Orden en que se narran los sucesos. Si este orden coincide con el tiempo de la aventura, estaremos ante un discurso lineal; si no, ante un discurso discontinuo) y un tiempo de la lectura; es decir, tiempo necesario para que la obra sea leída....

Es un tiempo muy contraído en la mayor parte de las obras, pero siempre suele ser alrededor de 10 o 20 min.

El punto de vista [editar]

Se trata de analizar el punto de vista del autor con respecto a lo que nos está contando. Atendiendo a la persona que cuenta la historia y al grado de intervención y conocimiento de la acción, puede establecerse el siguiente esquema:

  • Tercera persona limitada: El autor se refiere a todos los personajes en tercera persona, pero describe sólo lo que puede ser visto, oído o pensado por un solo personaje.
  • Tercera persona omnisciente: El autor presenta a los personajes en tercera persona y describe todo lo que los personajes ven, oyen, sienten e incluso hechos en los que no hay presente ningún personaje.
  • Tercera persona observadora: El autor narra como si contemplara los hechos, pero sin poder adentrarse en el interior de los personajes.
  • Primera persona central (narrador protagonista o autobiográfico): El personaje principal, en primera persona, cuenta su propia historia.
  • Primera persona periférica: Un personaje secundario narra en primera persona la historia del protagonista, la cual conoce por estar igualmente involucrado.
  • Primera persona testigo: Un testigo de la acción que no participa en ella directamente, narra en primera persona los hechos.
  • Segunda persona narrativa: Recurso utilizado por la novela moderna. El autor narra en segunda persona, generalmente para introducir al lector en la mente del personaje o crear una sensación de falso diálogo del protagonista consigo mismo.

Épica clásica [editar]

Artículo principal: Épica grecolatina

El primer gran épico occidental es, sin duda, Homero (probablemente siglo VIII a. C.), autor de poemas narrativos donde la leyenda (forma usual de transmisión de las hazañas históricas) se mezcla con un núcleo de verdad histórica.

Ambas destacan por su unidad y coherencia, resaltando la inteligencia y la astucia, el riesgo y la aventura. Homero pone de relieve sentimientos humanos primordiales. No son literatura religiosa, pero no le andan lejos.

La épica griega no nos ha llegado, Homero aparte, sino en muy breves fragmentos. Sabemos que acabó por degenerar en parodia.

Hesíodo (¿siglo VIII a. C.?), probablemente contemporáneo de Homero, escribió épica didáctica. Fue el primer autor que tuvo conciencia de serlo, de la individualidad. Escribió dos obras:

  • La Teogonía, poema de carácter moral y religioso en el que informa de los orígenes del mundo, la genealogía de los dioses y otros mitos.
  • Trabajos y días, larga epístola moral a su hermano, que incluye relatos míticos.

Ya en época alejandrina, Apolonio de Rodas (295 a. C. - 215 a. C.) compuso Los argonautas a imitación de Homero, pero no es una obra demasiado conseguida. Homero-pen-don La tradición épica griega llegó a Roma y allí este género se divide en antes y después de Virgilio. Entre los precursores de Virgilio se dieron dos tendencias: la que siguió la tradición épica alejandrina y la que siguió la tradición guerrera romana. Muy pronto se hizo la traducción de la Odisea, que influiría mucho en los romanos. Entre los autores destacan Nevio (Bellum poenicum) y Ennio (Annales), quien introdujo el hexámetro.

Virgilio (70 a. C. - 19 a. C.) escribió la Eneida; introdujo todo lo que constituía la historia de Roma (mitología, leyenda, filosofía, religión...); busca hallar en el pasado austero una justificación del poderío presente, mediante antecedentes divinos, ya que Eneas es hijo de Anquises y Venus.

Tras Virgilio se dará en Roma un renacimiento artificial de la epopeya. Algunos continuadores son: Estacio, quien realiza poemas de encargo y Lucano.

Épicas griegas arcaicas [editar]

21/10/2009 14:13 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: CIENCIA FICCIÓN. La ciencia ficción (conocida originariamente como literatura de anticipación) es la denominación popular con que se conoce a uno de los géneros derivados de la literatura de ficción (junto con la literatura fantástica y la narrativa de terror). Nacida como subgénero literario distinguido en la década de 1920 (aunque hay obras reconocibles muy anteriores) y exportada posteriormente a otros medios, como el cinematográfico, historietístico y televisivo, gozó de un gran auge en la segunda mitad del siglo XX debido al interés popular acerca del futuro que despertó el espectacular avance tanto científico como tecnológico alcanzado durante esos años.

Ciencia ficción

De Wikipedia, la enciclopedia libre

La ciencia ficción (conocida originariamente como literatura de anticipación) es la denominación popular con que se conoce a uno de los géneros derivados de la literatura de ficción (junto con la literatura fantástica y la narrativa de terror). Nacida como subgénero literario distinguido en la década de 1920 (aunque hay obras reconocibles muy anteriores) y exportada posteriormente a otros medios, como el cinematográfico, historietístico y televisivo, gozó de un gran auge en la segunda mitad del siglo XX debido al interés popular acerca del futuro que despertó el espectacular avance tanto científico como tecnológico alcanzado durante esos años.

Es un género especulativo que relata acontecimientos posibles desarrollados en un marco espacio-temporal puramente imaginario, cuya verosimilitud se fundamenta narrativamente en los campos de las ciencias físicas, naturales y sociales. La acción puede girar en torno a un abanico grande de posibilidades (viajes interestelares, conquista del espacio, consecuencias de una hecatombe terrestre o cósmica, evolución o regresión humana sobrevenidas por mutaciones, existencia de civilizaciones alienígenas, etc.). Esta acción puede tener lugar en un tiempo pasado, presente o futuro, o, incluso, en tiempos alternativos ajenos a la realidad conocida, y tener por escenario espacios físicos (reales o imaginarios, terrestres o extraterrestres) o el espacio interno de la mente. Los personajes son igualmente diversos: a partir del patrón natural humano, recorre y explota modelos antropomórficos hasta desembocar en lo artificial de la creación humana (robot, androide, ciborg) o en criaturas no antropomórficas.

Contenido

[ocultar]

[editar] Introducción

Entre los estudiosos del género no se ha podido llegar a un consenso amplio sobre una definición formal, siendo éste un tema de gran controversia. En general se considera ciencia ficción a los cuentos o historias que versan sobre el impacto que producen los avances científicos, tecnológicos, sociales o culturales, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos.

Una definición posible del género[1] es la propuesta por los escritores Eduardo Gallego y Guillem Sánchez en su artículo ¿Qué es la ciencia-ficción?

La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.
Eduardo Gallego y Guillem Sánchez, ¿Qué es la ciencia-ficción?

Su nombre deriva de una traducción demasiado literal del término en inglés, ya que la traducción apropiada siguiendo las reglas del castellano sería "ficción de/sobre la ciencia" o "ficción científica". Si bien muchos expertos opinan que debería utilizarse éste último, la costumbre está demasiado extendida y sólo muy pocos lo utilizan.

En inglés también se puede escribir con un guión de unión cuando el término precede a un sustantivo, como science-fiction novel, cuya abreviatura es "sci-fi". Este uso anglosajón del guión ha dado lugar a nuevos malentendidos lingüísticos pues el guión en español aglutina sustantivos donde el segundo modifica al primero,[2] es decir, al contrario que en inglés. Por tanto el uso "ciencia-ficción" en castellano se distancia aun más del significado original en inglés. En castellano también se utilizan las iniciales "CF" para referirse al género.

[editar] Historia de la literatura de ciencia ficción

La expresión fue acuñada en 1926 por Hugo Gernsback cuando la incorporó a la portada de una de las revistas de narrativa especulativa más conocidas de los años 1920 en Estados Unidos: Amazing Stories (Véase revistas de ciencia ficción). El uso más temprano del término parece datar de 1851 y es atribuido a William Wilson, pero se trata de un uso aislado y el término no se generalizó con su acepción actual, hasta que Gernsback lo utilizó de forma consistente (después de hacer un intento previo con el término scientifiction que no llegó a cuajar).

Es muy posible que hoy se usara la palabra cientificción, pero Gernsback se vio obligado a vender su primera publicación, que tenía ese nombre. Sin darse cuenta, había vendido los derechos sobre el término y muy a pesar suyo se vio obligado a dejar de usarlo y utilizar en su lugar el término ciencia-ficción.

De modo, que hasta el año 1926 la ciencia ficción no existía como tal. Hasta esa fecha las narraciones que hoy día no dudamos en calificar de ciencia ficción recibían diversos nombres, tales como viajes fantásticos, relatos de mundos perdidos, utopías, romances científicos o novelas científicas.

El canadiense John Clute denomina a esta época anterior a la eclosión del género proto ciencia ficción. Un nombre casi perfecto para los que recuerden la película de Donald Cammell de 1977, Engendro mecánico.

[editar] Proto ciencia ficción y ciencia ficción primitiva (1818-1937)

Para muchos la primera obra de ciencia ficción con contenidos similares a los del género, tal y como hoy se entiende, se remonta a 1818, año en que es publicado Frankenstein o El moderno Prometeo de Mary Shelley. Aunque algunos ven elementos de ciencia ficción en leyendas y mitos muchos siglos antes. En la mitología griega, se cuenta que Dédalo, el padre de Ícaro y constructor del laberinto de Minos, construyó estatuas de madera que eran capaces de moverse solas (¿una primitiva referencia a los modernos robots?). Y en el folclore judío también está presente el mito del Golem. Incluso el viaje a la Luna fue objeto de iniciativas literarias antes de 1818; dos de las más conocidas son la de Cyrano de Bergerac, en el siglo XVII, y la del Barón de Münchhausen, siglo XVIII. Sin embargo, Carl Sagan e Isaac Asimov coinciden en que Somnium (1623) de Johannes Kepler es el primer relato de ciencia ficción como tal. Somnium describe a un aventurero que viaja a la Luna y muestra la preocupación de Kepler por el tema de cómo se verían los movimientos de la Tierra desde la Luna.

Ilustración de L’histoire comique contenant les états et empires du soleil de Cyrano de Bergerac.

Habrá algunos que cuestionen la calificación de estas obras como ciencia ficción (ni siquiera como proto ciencia ficción). El propio John Clute excluye la obra de Bergerac frente a otros que consideran Otros Mundos es auténtica ciencia ficción, ya que a pesar de estar está escrito en tono de comedia recurre a los términos científicos de la época. En cualquier caso, cualquiera de estos clásicos cuentos heredan gran parte del espíritu del racionalismo cartesiano del siglo XVII que sentó las bases de la ciencia moderna.

Resulta difícil establecer límites. Clute, en su enciclopedia ilustrada, pone en duda la existencia del género antes de finales del siglo XVII pero cita como precursor a Tomás Moro. En su más famosa obra, Utopía (1516), describe en forma de narración una sociedad perfecta que reside felizmente en la isla Utopía.

Sin embargo, como se comenta más arriba, casi todos los expertos reconocen que la obra que supuso un antes y un después en la concepción de la literatura de ficción científica fue la obra de Shelley.

Los primeros años tras la aparición de Frankenstein dieron pocos frutos. Se puede destacar quizá otra de las obras de Shelley como El último hombre.

En los años 30 del siglo XIX, el estadounidense Edgar Allan Poe anticipó igualmente la narrativa de ciencia ficción (o ficción científica) en relatos como La incomparable aventura de un tal Hans Pfaal, El poder de las palabras, Revelación mesmérica, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Un descenso al Maelström, Von Kempelen y su descubrimiento, etc.[3] Dichos relatos reúnen algunos de los elementos primitivos de la ciencia-ficción, como el mesmerismo y los viajes en globo —muy en boga en aquella época— y la especulación cosmológica, también presente en su visionario ensayo Eureka, en el cual parecen describirse los agujeros negros y algo parecido al Big Crunch (op. cit. p. 11).

Posteriormente, en la década de 1850 aparece el que probablemente pasa por ser uno de los autores más prolíficos del siglo XIX en el campo de las aventuras de corte científico: Julio Verne, quien en 1863 publica su primera obra con contenido de ficción científica: Cinco semanas en globo. La aparición de esta obra supone un hito, a partir de su publicación este género empieza a transformar sus intenciones. La ciencia subyacente pasa de ser un motivo de inquietud o de preocupación por lo desconocido a ser un soporte de historias de aventuras y descubrimientos.

[editar] Ciencia ficción primitiva

[editar] Europa

La rama europea de la ciencia ficción comenzó propiamente a finales del siglo XIX con los romances científicos de Julio Verne (1828-1905), cuya ciencia se centraba más bien en invenciones, así como con las novelas de crítica social con orientación científica de H. G. Wells (1866-1946).

Wells y Verne rivalizaron en la primitiva ciencia ficción. Los relatos y novelas cortas con temas fantásticos aparecieron en las publicaciones periódicas en los últimos años del siglo XIX, y muchos de ellos emplearon ideas científicas como una excusa para lanzarse a la imaginación. Aunque es más conocido por otros trabajos, Sir Arthur Conan Doyle también escribió ciencia ficción. El único libro en el que Charles Dickens se aventura en el territorio de la especulación científica y los extraños misterios de la naturaleza (en contraposición a los claramente sobrenaturales fantasmas de Navidad) fue en su novela Bleak House (1852) en la que uno de sus personajes muere por «combustión humana espontánea». Dickens investigó casos registrados de tal efecto antes de escribir sobre el tema para ser capaz de contestar a los escépticos que se escandalizaran con su novela.

El siguiente gran escritor británico de ciencia ficción tras H. G. Wells fue John Wyndham (1903-1969). Este autor gustaba de referirse a la ciencia ficción con el nombre de «fantasía lógica». Antes de la Segunda Guerra Mundial Wyndham escribió exclusivamente para las revistas pulp, pero tras la contienda se hizo famoso entre el público en general, más allá de la estrecha audiencia de los fans de la ciencia ficción. La fama le vino de la mano de sus novelas El día de los trífidos (1951), El kraken acecha (1953), Las crisálidas (1955) y Los cuclillos de Midwich (1957)

Fuera del ámbito anglosajón hay que destacar la figura de Karel Capek, introductor del término robot en su obra teatral R.U.R. y creador del clásico de la ciencia ficción La guerra de la salamandras en 1937.

[editar] Estados Unidos

En los Estados Unidos de Norteamérica el género puede remontarnos a Mark Twain y su novela Un yankee en la corte del Rey Arturo, una novela que exploraba términos científicos aunque fueran enmarcados en una ficción caballeresca. Mediante el recurso a la «transmigración del alma» y la «transposición de épocas y cuerpos» el yankee de Twain es transportado hacia atrás en el tiempo y arrastra consigo todo el conocimiento de la tecnología del siglo XIX. Los resultados son catastróficos, ya que la caballeresca aristocracia del Rey Arturo se ve pervertida por el notable poder de destrucción que ofrecen máquinas como las ametralladoras, los explosivos y el alambre de espino. Escrita en 1889, Un yankee parece predecir sucesos que tendrían lugar 25 años después en 1914, cuando las viejas ideas caballerescas europeas en lo tocante al arte de la guerra acabarían hechas pedazos por las armas y las tácticas de la Primera Guerra Mundial.

Otro autor que escribió algunas historias de este tipo es Jack London. El autor de las novelas de aventuras en el salvaje Yukon, Alaska, y el Klondike, también escribió historias sobre extraterrestres (The Red One), sobre el futuro (El talón de hierro) o sobre los conflictos del futuro (La invasión sin precedentes). También escribió una historia sobre la invisibilidad y otra sobre un arma de energía para la que no existía defensa alguna. Estas historias impactaron en el público americano y comenzaron a perfilar algunos de los temas clásicos de la ciencia ficción.

Pero el autor americano que mejor simboliza el nacimiento en Estados Unidos de la ciencia ficción como género de masas es Edgar Rice Burroughs quien, poco antes de la Primera Guerra Mundial, publica Bajo las lunas de Marte (1912) en varios números de una revista especializada en aventuras. Burroughs siguió publicando en este medio durante el resto de su vida, tanto fantasía científica como historias de otros géneros (misterio, horror, fantasía y cómo no, su personaje más conocido: Tarzán); pero, las historias de John Carter (ciclo de Marte) y Carson Napier (ciclo de Venus), aparecidas en aquellas páginas, hoy día se consideran joyas de la ciencia ficción más temprana.

No obstante, el desarrollo de la ciencia ficción americana como género literario específico hay que retrasarlo hasta 1926, año en el que Hugo Gernsback funda Amazing Stories, creándose la primera revista dedicada exclusivamente a las historias de ciencia ficción. Por otra parte, dado que como es bien conocido, fue él quien eligió el término scientifiction para describir a este género incipiente, el nombre de Gernsback y el vocablo al que dio origen han quedado unidos para la posteridad. Las historias que se publicaban en ésta y otras exitosas revistas pulp (Weird Tales, Black Mask...), no gozaban del aval de la crítica seria, que en su mayoría las consideraban sensacionalismo literario, sin embargo fue en estas revistas, que mezclaban a partes iguales la fantasía científica con el terror, donde empezaron a brillar algunos de los grandes nombres del género, como Howard Phillips Lovecraft, Fritz Leiber, Robert Bloch, Robert E. Howard, etc. Todo ello atrajo a muchos lectores a las historias de especulación científica propiamente dicha.

[editar] La Edad de Oro (1938-1950)

Con el surgir en 1938 del editor John W. Campbell y su actividad en la revista Astounding Science Fiction (fundada en 1930) y con la consagración de los nuevos maestros del género: Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein, la ciencia ficción empezó a ganar estatus como género literario, especialmente con este último, que fue el primer autor que consiguió que se editaran historias del género en publicaciones más generales, y fue también el que le dio mayor madurez al género e influyó poderosamente en su desarrollo posterior.

Las incursiones en el género de autores que no se dedicaban exclusivamente a la ciencia ficción también generaron un mayor respeto hacia el mismo; caben destacar Karel Čapek, Aldous Huxley, C.S. Lewis y en castellano Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges.

Después de la Segunda Guerra Mundial se produce una transición del género. Es la época en la que los cuentos empiezan a ser desplazados por las novelas y los argumentos ganan en complejidad. Las revistas mostraban llamativas portadas con monstruos de ojos de mosca y mujeres medio desnudas, dando una imagen atrayente para lo que era su público principal: los adolescentes. Se fundan nuevas revistas: hasta 15 nuevas publicaciones en un sólo año; y alguna incluso atraviesa el océano Atlántico como la francesa Galaxie (prima hermana de la estadounidense Galaxy que empieza a publicarse el año 1950), pero ahora el género empieza a salir del terreno exclusivo del pulp.

[editar] La Edad de Plata (1951-1965)

Aviones despegando desde una plataforma en la estratosfera. Ilustración de 1953 para un periódico realizada por Helmuth Ellgaard.

Posiblemente, el que puede tal vez considerarse como primer título notable de la posguerra no fue escrito por un autor habitualmente catalogado como escritor de ciencia ficción y, de hecho, el libro ni siquiera fue catalogado como tal por su editor; pero sin duda lo es, y le dio a su autor fama mundial; nos referimos a 1984 (1948) de George Orwell. Pero la mejor tarjeta de visita del período de los 50 es su interminable lista de escritores que han sido la columna vertebral del género hasta casi finales de siglo: Robert A. Heinlein, Isaac Asimov, Clifford D. Simak, Arthur C. Clarke, Poul Anderson, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Frank Herbert y muchos otros.

En cuanto a los títulos, de esta época son libros que hoy son considerados clásicos: Crónicas marcianas o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Mercaderes del espacio de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, Más que humano de Sturgeon; sin olvidar El fin de la eternidad de Isaac Asimov, y Lotería solar o El hombre en el castillo de Philip K. Dick. Algunas de ellas serían adaptadas al cine o la televisión; La naranja mecánica de Anthony Burgess es un buen ejemplo de ello. También es en esta época cuando empiezan a otorgarse los premios Hugo, cuya primera edición fue en 1953.

En realidad, pese a que desde el punto de vista académico se ha venido en calificar como «edad de oro» a la etapa comprendida entre los años 1938 y 1950, para muchos, esta época debería extenderse unos quince años.

La última novela digna de mención de este período es Dune de Frank Herbert. No hay que pensar que tras su publicación, en 1965, hubiese una revolución que cambiase el panorama de forma drástica, pero un nuevo estilo empezaba a ganar el crédito de los aficionados.

[editar] La Nueva Ola

Artículo principal: Nueva ola (literatura)

Los años transcurridos entre 1965 y 1972 son el período de mayor experimentación literaria de la historia del género. En Reino Unido, se puede asociar con la llegada de Michael Moorcock a la dirección de la revista New Worlds. Moorcock, entonces un joven de 24 años, dio espacio a las nuevas técnicas ejemplificadas en la literatura de William Burroughs y J.G. Ballard. Los temas empezaron a distanciarse de los tan manidos robots e imperios galácticos de las edades de oro y plata de la ciencia ficción, centrándose en temas hasta entonces inexplorados: la consciencia, los mundos interiores, relativización de los valores morales, etcétera.

En Estados Unidos, los ecos de los cambios experimentados en el panorama británico tuvieron su reflejo. Autores como Samuel Ray Delany, Judith Merril, Fritz Leiber, Roger Zelazny, Philip K. Dick, Philip José Farmer y Robert Silverberg, representan la esencia de las nuevas vías de este género literario.

Durante un tiempo, los nuevos temas y estilos parecieron eclosionar y llegaron a copar la mayor parte de los galardones más importantes. Y, aunque los grandes maestros consagrados del género seguían teniendo sus lectores, parecía que las nuevas vías habrían de imponerse. Y de repente, los lectores empezaron a retornar a los antiguos temas: tanta relativización de valores, tanto estilo experimental en realidad les desconcertaba. Aunque el panorama literario ya no era el mismo... había crecido y madurado; los lectores ahora entendían que el género podía ser mucho más que leyes de la robótica y psicohistoria.

[editar] El Cyberpunk

Artículo principal: Cyberpunk

En la década de 1980 las cada vez más ubicuas computadoras y la aparición de las primeras redes informáticas globales dispararon la imaginación de jóvenes autores, convencidos de que tales prodigios producirían profundas transformaciones en la sociedad. Este germen cristalizó principalmente a través del llamado movimiento cyberpunk, un término que aglutinaba una visión pesimista y desencantada de un futuro dominado por la tecnología y el capitalismo salvaje con un ideario "punk" rebelde y subversivo, frecuentemente anarquista. Una nueva generación de escritores surgió bajo esta etiqueta, encabezados por los escritores William Gibson y Bruce Sterling.

[editar] Postcyberpunk

Artículo principal: Postcyberpunk

A principios de la década de los 90s del siglo XX ocurrió un cambio significativo en la literatura de ciencia ficción. Autores antes plenamente cyberpunk o que nunca habían pertenecido a esa corriente, comenzaron a rechazar explícitamente los clichés de dicho género, y de paso, a considerar a la tecnología con una visión más positiva. Es notorio que esto ocurría casi al mismo tiempo que se daba la acelerada introducción de las computadoras e Internet en la vida cotidiana. Conforme los autores empezaron realmente a usar las computadoras y la red global, sus opiniones y obras empezaron a cambiar y a rechazar la rebeldía y exaltación de la marginalidad del cyberpunk.

En las novelas post-cyperpunk, es mucho más frecuente que los protagonistas sean integrantes respetables de sus comunidades: científicos, militares, policías e incluso políticos. Aun en el caso de personajes más marginales, su interés suele residir en mantener o mejorar el statu quo, no en destruirlo tal y como era lo típico en el cyberpunk; y cuando no lo hacen, suelen ser los antagonistas.

La primera novela etiquetada como postcyberpunk es Snow Crash de Neal Stephenson. Además de Stephenson, han sido etiquetados como postcyberpunk autores tan dispares como Nancy Kress, Greg Egan, Tad Williams, Charles Stross o Richard K. Morgan.

[editar] La ciencia ficción en otros medios

[editar] En las revistas

Portada de la revista Amazing Stories (1928)

La ciencia ficción está ineludiblemente ligada a las revistas. La propia expresión ciencia ficción apareció en una de ellas. Probablemente, la primera revista periódica con algunos cuentos de este género (todavía sin nombre oficial) se podría considerar The Argosy 1896. No obstante, The Argosy no era una revista exclusivamente dedicada a las historias fantásticas con contenido científico. Otra revista temprana fue All Story, que comenzó a publicarse en 1911; en ella aparecieron la mayoría de los cuentos de Edgar R. Burroughs de fantasía científica.

Sin embargo, las dos revistas precursoras más famosas no llegarían hasta la década de 1920; en 1923 empezó a publicarse Weird Tales (cuya versión española se llamó Narraciones Terroríficas), y 1926, año en el que Hugo Gernsback acuñó el término con el que definitivamente se conocería el género para la otra de las dos «precursoras oficiales»: Amazing Stories. Amazing fue la primera de todas ellas en dedicarse de forma exclusiva a la ficción de corte científico y tuvo una larga trayectoria. Sus primeras historias eran principalmente reimpresiones de obras de Poe, Wells y Verne; pero también se publicaron relatos inéditos de gente como Burroughs y Merrit. Amazing se puede considerar como la revista más influyente durante muchos años y un punto de referencia durante todo el curso de su existencia. En 1980, tras su última etapa bajo la edición de Kim Mohan, la revista dejó de publicarse y, aunque varios editores han intentado resucitarla desde entonces, actualmente se puede considerar fuera de circulación.

En 1930 surgió otra de las revistas clásicas que todos los historiadores incluyen en su relación de publicaciones de la «edad de oro», Astounding Stories, la que más tarde sería reeditada por John W. Campbell como Astounding Science Fiction (1938) y que finalmente derivaría en la actual Analog Science Fiction and Fact (1960) y en la que escribieron los grandes escritores del género de aquellos días, entre los que se incluyen a Isaac Asimov, Robert A. Heinlein y Poul Anderson. Astounding/Analog (también conocida por sus siglas ASF) es considerada una revista de corte más cientificista que otras, siendo una de las publicaciones esenciales desde sus inicios hasta el presente. En 1971, tras la muerte de Campbell, Analog pasó a ser editada por Ben Bova, también conocido por ser el valedor de Orson Scott Card y aquél que lo lanzó a la fama. Desde 1978 la edita Stanley Schmidt.

En 1949 empezó a publicarse otra revista que tiene en su haber la mayor serie de colaboraciones (en este caso ensayos científicos) de Isaac Asimov, un total de 399 colaboraciones mensuales a lo largo de 33 años. Se trata de The Magazine of Fantasy & Science Fiction. Esta revista fue primeramente editada por Antony Boucher, y su editor actual, Gordon van Gelder, mantiene una revista de gran calidad literaria. En sus páginas se han publicado clásicos como Flores para Algernon de Daniel Keyes.

Otra de las revistas que no podíamos dejar de mencionar es Galaxy (1950). Inicialmente editada por Horace Leonard Gold tiene en su haber las mejores críticas literarias gracias a la aceptación del público de un género que empezaba a consagrarse fuera de los círculos del pulp. Con ver la lista de autores que publicaron en su primer número podemos hacernos una idea de su calidad y empuje: Clifford D. Simak, Theodore Sturgeon, Fritz Leiber o Isaac Asimov. Esta revista llegó a publicarse en Europa (en Francia y Alemania), tuvo cierto éxito durante casi treinta años hasta que en 1980 dejó de publicarse. A principio de los años 1990 el hijo de su fundador retomó la publicación de Galaxy, pero finalmente la empresa terminó de forma infructuosa en 1995.

El género está en alza. Todos los años aparecen nuevas revistas. Algunas intentan aprovechar el tirón publicitario de un nombre conocido para entrar en un mercado muy competitivo. Es, por ejemplo, el caso de Asimov's Science Fiction que empezó a publicarse en 1977 bajo la dirección del propio Isaac Asimov y con George H. Scithers como editor. Este hecho, no obstante, no tiene porqué restar calidad a estas empresas y, por ejemplo, las historias publicadas en Asimov's han sido galardonadas con frecuencia con premios Hugo y Nébula.

También en español, llegaron a publicarse algunas revistas clásicas, como la anteriormente mencionada Narraciones. Aunque también hubo iniciativas puramente autóctonas. De ellas, la más conocida comenzó su vida en 1968. Se trata de Nueva Dimensión (ND), fundada por Domingo Santos, y estuvo en circulación hasta 1983, habiendo obtenido durante esos años varios premios internacionales. Otra revista, esta mucho más moderna, con cierto renombre es Gigamesh, que empezó a publicarse en 1991; no obstante, nunca ha llegado a tener la repercusión literaria de ND. Tras varios publicaciones sin periodicidad alguna ha dejado también de publicarse. También la revista Galaxia, que bajo la dirección de León Arsenal, obtuvo en 2003 el premio a la mejor publicación de literatura fantástica, concedido por la Sociedad Europea de Ciencia-ficción. Como vemos, muchas revistas han sufrido una trayectoria muy irregular, con sucesivas resucitaciones y desapariciones, hecho que ha impedido que lleguen a ser conocidas de forma extensa. Volvió a aparecer durante un tiempo una de estas últimas: Asimov Ciencia Ficción (versión española de su homónima estadounidense), pero cerró definitivamente al cabo de unos pocos años. Ninguna de las importaciones de la célebre revista estadounidense en España ha tenido éxito.

Ya en los últimos años, ha aparecido el magazine online Scifiworld Magazine que dedicado principalmente al género fantástico en el medio audiovisual informa cada mes de las novedades del género junto a interesantes artículos de diversa índole. A partir de julio de 2006, la revista pasa a formar parte de la cadena de televisión Sci Fi y pasa a llamarse scifi.es

También en 2006, la A.C. Xatafi comienza la publicación digital de la revista Hélice: reflexiones críticas sobre ficción especulativa. Desde entonces ha mantenido una regularidad notable con un considerable éxito. Esta revista ha sido la primera en plantear una dignificación del género en España mediante estudios y críticas de mayor nivel, entre la difusión y el academicismo, con una consideración profesional de la figura del crítico. Ganó el premio Ignotus de la AEFCFT a la mejor revista publicada en 2007.

En 2008 también la A.C. Xatafi publica el primer número digital de Artifex, revista de cuentos de género que recoge el relevo de la edición en papel. Su precursora, tras pasar por varios formatos, se ha mantenido durante años como el referente para la publicación de relatos de ciencia ficción en España.

[editar] En el cine

Artículo principal: Cine de ciencia ficción

En el cine hubo y hay grandes valedores del género de la ciencia ficción. Bien mediante la adaptación de cuentos y novelas, bien mediante la producción de películas con guiones especialmente creados para la gran y la pequeña pantalla. El cine de ciencia ficción se ha utilizado en ocasiones para comentarios críticos de aspectos políticos o sociales, y la exploración de cuestiones filosóficas como la definición de ser humano.

El género ha existido desde los comienzos del cine mudo, cuando el Le Voyage dans la Lune (1902) de Georges Méliès asombró a su audiencia con sus efectos fotográficos. Desde la década de 1930 hasta la de 1950, el género constía principalmente en películas de serie B de bajo presupuesto. Tras el hito de Stanley Kubrick de 2001: A Space Odyssey de 1968, el cine de ciencia ficción fue tomado más en serio. A finales de la década de 1970, películas de presupuesto alto con efectos especiales se convirtieron en populares entre la audiencia. Películas como Star Wars o Close Encounters of the Third Kind allanaron el camino de éxitos de ventas en las siguientes décadas como E. T.: El extraterrestre (1982) y Men in Black (1997).

[editar] En la televisión

La ciencia ficción apareció primeramente en televisión durante la época de oro de la ciencia ficción, primero en Gran Bretaña y después en los Estados Unidos. Los efectos especiales y otras técnicas de producción permiten que los creadores presenten una imagen viviente de un mundo imaginario que no se limita a la realidad; esto hace de la televisión un medio excelente para la ciencia ficción, que a su vez contribuye a su popularidad de esta forma.

Debido a su modo de presentación visual, la televisión emplea mucha menos exposición que los libros para explicar los apuntalamientos de la puesta de ficción. Como resultado, la definición y los límites del género son observados de una forma menos estricta que en los medios impresos. Como el costo de crear un programa de televisión es relativamente alto en comparación con el costo de escribir e imprimir libros, los programas de televisión están obligados a atraer a una audiencia mucho mayor que la ficción impresa. Algunos escritores y lectores creen que un efecto de mínimo común denominador le resta calidad de la ciencia ficción en televisión, en relación con los libros.

Al debilitarse los límites del género, los guionistas y espectadores deben utilizar estándares más inclusivos que los autores y lectores, de tal modo que en muchos contextos se considera que la categoría de ciencia ficción en televisión incluye a todos los géneros especulativos, entre ellos el de fantasía y el de terror. En Reino Unido, a este grupo se le llama "telefantasía".

Los ejemplos más famosos y duraderos sobre trabajos en este campo son Doctor Who y Star Trek, aunque muchas otras series han atraído audiencias grandes y pequeñas durante décadas.

[editar] En la historieta

Artículo principal: Historieta de ciencia ficción

La historieta o cómic de ciencia ficción constituye uno de los géneros más importantes en los que puede dividirse la producción historietística. Los años 70 y 80 fue el momento de mayor auge de la ciencia ficción en este medio, que popularizó el género entre millones de lectores. Las historietas ofrecieron las escenas más acertadas de la navegación interestelar, de los alunizajes, de las bombas atómicas o de las sociedades hiperindustrializadas.

La ciencia ficción también está presente en numerosos videojuegos y juegos de rol.

[editar] Premios

[editar] Literarios

Los dos premios más importantes del género son los premios Hugo y los premios Nébula.

Los premios Hugo, llamados así en memoria del pionero de la ciencia ficción Hugo Gernsback, son concedidos en diversas categorías por la Sociedad mundial de ciencia ficción (WSFS) durante la celebración anual de la Worldcon. Durante la misma se entrega además el premio John W. Campbell al mejor autor novel del año.

Los Nébula son concedidos anualmente también en varias categorías por la Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos (SFWA). Esta asociación además concede los cotizados premios Gran Maestro a los más importantes escritores del género por la labor de toda una vida.

Algunos otros premios también tienen nombres de otros insignes autores y editores del ramo: John W. Campbell Memorial (no confundir con el del mismo nombre al mejor autor novel) y los premios Clarke, Sturgeon y Philip K. Dick Memorial.

También las publicaciones especializadas otorgan algunos premios de relevancia como es el caso de la revista estadounidense Locus Magazine, que anualmente otorga los premios Locus.

En Europa, la Sociedad Europea de Ciencia Ficción (ESFS) se creó en 1972 y reúne a diversos profesionales del sector. Inicialmente programaba una convención bianual que a partir de 1982 se convirtió en anual, durante la cual se otorgan los premios europeos de ciencia ficción en los que se nomina al mejor: autor, traductor, promotor, publicación periódica, editorial, artista y revista.

En España, existen dos grandes premios. Los premios Ignotus, otorgados por la AEFCFT, que son votados por los socios y por los asistentes a la convención nacional anual Hispacón. Serían los equivalentes españoles a los Hugo. Han sido otorgados desde 1991 y cuentan con varias categorías. Por otra parte, el Premio Xatafi-Cyberdark es otorgado por la A.C. Xatafi y por la librería virtual Cyberdark. Los premiados son elegidos por un jurado rotativo compuesto por varios críticos de toda España que a lo largo de un año discuten en lista privada sobre todo lo publicado el año anterior. Se concede desde 2006 e incluye las categorías de Mejor libro español, Mejor libro extranjero, Mejor cuento español, Mejor cuento extranjero y Mejor iniciativa editorial en España.

Otros países también tienen sus premios nacionales: el premio Seiun en Japón, los BSFA británicos, los Ditmar australianos, etcétera.

[editar] Cinematográficos

En Estados Unidos, cuna del género, se otorgan los Saturno por la Academia de cine de ciencia ficción, fantasía y horror, siendo, probablemente, los premios más importantes del género.

En Europa los premios están más relacionados con festivales concretos, en los que se exhiben diferentes películas. El Festival de Cine de Sitges junto con el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas son las dos citas europeas más importantes del género.

En latinoamérica existen pocos festivales especializados, uno de ellos es el Buenos Aires Rojo Sangre.

[editar] Subgéneros

Artículo principal: Subgéneros de ciencia ficción

[editar] Ciencia ficción Hard y Soft

Esta clasificación dicotómica, literalmente dura y blanda, se refiere a dos tendencias opuestas a la hora de elaborar los planteamientos científicos sobre los que se basa la obra.

En el caso de la ciencia ficción hard los elementos científicos y técnicos están tratados con el máximo rigor, incluso cuando éstos entran dentro de la pura especulación, y la narración se subordina a este rigor. La película de ciencia ficción hard por excelencia es 2001: Una odisea del espacio. Gran parte de la ciencia ficción soviética se inscribe en esta línea.

Miquel Barceló en su libro Ciencia-ficción, guía de lectura dice con referencia al hard:

Cuando la ciencia ficción retoma los temas más estrictamente científicos y se basa principalmente en el mundo de la ciencia, se habla de ciencia ficción "dura", comúnmente de ciencia ficción hard, utilizando directamente la palabra original inglesa ya que casi nadie usa su traducción literal del castellano. Por lo general, la física, la química de la biología, con sus derivaciones el ámbito de la tecnología, las ciencias que soportan la mayor parte de especulación temática de la ciencia ficción hard.
Miquel Barceló, Ciencia-ficción, guía de lectura, p. 55

Respecto a la ciencia-ficción soft escribe:

En contraposición a la base científico-tecnológica de la ciencia ficción más clásica, los años sesenta contemplaron [...] los intentos [...] por incorporar las ciencias sociales como la antropología, la historia, la sociología y la psicología al ámbito de la ciencia ficción. [...] Sus autores suelen caracterizarse por una escasa o nula formación científica y un interés casi exclusivo por lo meramente literario. Gracias a ello [...] ha incorporado una mayor calidad literaria a la ciencia ficción y [...] ha provocado una evidente mejora del género.
Miquel Barceló, Ciencia-ficción, guía de lectura, p. 59

Obviamente la distinción entre ambas vertientes es difusa y podemos encontrarnos obras que comparten ambos enfoques. Pero, por lo general, los autores de ciencia ficción se pueden englobar en una categoría u otra.

[editar] Principales géneros

[editar] Temas frecuentes

Artículo principal: Recursos de la ciencia ficción

En la ciencia ficción se tratan una gran cantidad de temas. Algunos de ellos son:

[editar] Aportes de la ciencia ficción a la ciencia

De igual manera que la ciencia ficción ha tomado muchos de sus argumentos y elementos de ambientación de conceptos o creaciones de la ciencia, ésta ha tomado en ocasiones elementos de la literatura de CF para convertirlos en conceptos reales o hipótesis de trabajo de cara al futuro científico o tecnológico.

Los casos más conocidos de esta transferencia son los del término robot empleado por primera vez por el escritor checo Karel Čapek -el cual deriva de la palabra "robota", que en su idioma significa "trabajo duro y pesado"; dado que se entendía por éstos como máquinas específicas para realizar estas funciones- en su obra R.U.R. (Robots Universales de Rossum), el término derivado robótica, creado en las novelas de robots de Isaac Asimov o el ascensor espacial imaginado independientemente por Arthur C. Clarke y Charles Sheffield.

Otros conceptos, aunque creados por eminentes científicos, han sido profusamente desarrollados por la ciencia ficción antes incluso de ser tenidos en cuenta por la ciencia. Por ejemplo, Julio Verne en De la Tierra a la Luna (1865) describió como tres hombres son lanzados desde Florida hacia la Luna. De ese mismo punto partieron los astronautas del Apolo 11 cien años después.[4] En The world set free (El mundo liberado, 1914), H.G. Wells predijo la energía nuclear y la utilización de la bomba atómica en una futura guerra con Alemania. [5] [6] [7] Y en la novela Ralph 124C 41+ (1911), Hugo Gernsback descrió detalladamente el radar antes de haber sido inventado.[8] La ciencia ficción también ha especulado sobre la antimateria, los agujeros de gusano o la nanotecnología antes que la propia ciencia.

Algunos conceptos han tenido una notable influencia, a pesar de no ser en la actualidad más que meras invenciones de la imaginación. Por ejemplo, la psicohistoria de Asimov ha influido levemente en la forma de ver la sociología desde un punto de vista matemático.

Finalmente, y de modo sorprendente, algunas invenciones de la ciencia ficción han inspirado alguna de las líneas de investigación actual, como la comunicación instantánea (ansible, taquiones).

[editar] Terminología

Dentro de la terminología de la ciencia ficción, existen palabras que resultan comunes para los lectores asiduos del género pero no para los nuevos lectores.

Sin embargo, no están creadas como una forma de lenguaje identificativo, sino que la mayor parte de las veces son ideas y conceptos interesantes que se han convertido en dominio público, dentro del género e incluso fuera de él, en el mundo de la ciencia.

Estos términos son muy usados dentro de los relatos y novelas de ciencia ficción. Como ejemplo tenemos el hiperespacio, que es una especie de «espacio alternativo» por el que se puede viajar de un punto a otro; las sociedades o mentes colmena, que son sistemas con inteligencia compuestos por la mente de muchos seres y no sólo de uno, etcétera.

[editar] Véase también

  • La ciencia ficción en el mundo:

[editar] Referencias

  1. Otras definiciones de ciencia ficción en “Alt64-wiki”
  2. Real Academia Española: "Diccionario panhispánico de dudas"
  3. La ciencia ficción de Edgar Allan Poe, Trad. y notas de Julio Gómez de la Serna (Ed. Ultramar, Barcelona, 1985).
  4. Roger Crouch and Marc Timm. «¿Qué va a sustituir a la nave espacial». Consultado el 18 de octubre de 2009.
  5. Dyson, George (2002). Project Orion. Macmillan, pp. 10. ISBN 9780805059854.
  6. Flynn, John L. (2005). War of the Worlds. Galactic Books, pp. 14. ISBN 9780976940005.
  7. Parrinder, Parrinder (1997). H.G. Wells. Routledge, pp. 11. ISBN 9780415159104.
  8. Este hecho lo corroboró Arthur C. Clarke en Glide Path (1963)

[editar] Bibliografía

  • Aldiss, Brian W. & Wingrove, David. Trillion Year Spree: The History of Science Fiction. Atheneum, 1986. ISBN 0-689-11839-2
  • Amis, Kingsley. El universo de la ciencia ficción. Madrid: Editorial Ciencia Nueva, 1966.
  • Asimov, Isaac. Cuentos completos I y Cuentos completos II. Barcelona: Ediciones B, 2005. ISBN 978-84-666-2181-6/ ISBN 978-84-666-2285-1
  • Barceló, Miquel. Ciencia-ficción, guía de lectura. Barcelona: Ediciones B, 1990. ISBN 84-406-1420-9
  • Clute, John & Nicholls, Peter (eds.). The Encyclopedia of Science Fiction. St. Martin's Press, 1995. ISBN 0-312-13486-X
  • Disch, Thomas M. The Dreams Our Stuff Is Made Of. Touchstone, 1998. ISBN 0864824051
  • Ferreras, Juan Ignacio. La novela de ciencia ficción. Madrid: Siglo XXI, 1972.
  • James, Edward. The Cambridge companion to science fiction. Cambridge: Cambridge University Press, 2003. ISBN 0-521-01657-6
  • Kagarlitski, Yuli. ¿Qué es la ciencia-ficción? Barcelona: Ediciones Guadarrama, 1977.
  • Moreno Serrano, Fernando Ángel. La ciencia ficción en España (1950-2000). Tesis doctoral. Madrid: Universidad Complutense de Madrid
  • Moreno Serrano, Fernando Ángel. "Notas para una historia de la ciencia ficción en España" en Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, nº 27, 2007, pp. 125-138. ISSN 0212-2952
  • Moreno Serrano, Fernando Ángel. "Planteamientos retóricos de la novela de ciencia ficción" en Letras de Deusto, vol. 38, nº 120, pp. 95-106. ISSN 0210-3516.
  • VV. AA. Obras Maestras: La Mejor Ciencia Ficción del Siglo XX. Barcelona: Ediciones B, 2007. ISBN 978-84-666-3391-8
  • Weldes, Jutta (ed.). To Seek Out New Worlds: Science Fiction and Politics. Palgrave Macmillan, 2003. ISBN 0-312-29557-X

[editar] Enlaces externos

Commons

Wikisource

Wikiquote

21/10/2009 14:10 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA FANTÁSTICA. La literatura fantástica es un género literario de ficción, generalmente en forma de novelas o de relatos cortos. Se caracteriza porque utiliza la magia y otras formas sobrenaturales como un elemento primario del argumento, la temática o el ambiente.

Literatura fantástica

De Wikipedia, la enciclopedia libre


La literatura fantástica es un género literario de ficción, generalmente en forma de novelas o de relatos cortos. Se caracteriza porque utiliza la magia y otras formas sobrenaturales como un elemento primario del argumento, la temática o el ambiente.

Barbol y los Hobbits.

El género fantástico se asocia y se pone en contraste con la ciencia ficción y con el terror. Los tres géneros ofrecen elementos comunes tales como componentes alejados radicalmente de la realidad o especulaciones sobre cómo podría ser dicha realidad, o cómo pudiera haber sido. La "fantasía" parece reservarse temas tales como la magia, valientes caballeros, damas en peligro, bestias míticas y búsquedas, en un ambiente medieval mientras que el terror generalmente se lleva a cabo en el presente con la intención de aterrorizar al lector y la ciencia ficción suele enclavarse en el futuro en un ambiente altamente tecnológico.

Es una importante fuente de inspiración para juegos de rol y películas.

Contenido

[ocultar]

La historia [editar]

Los orígenes de la literatura fantástica se remontan a la mitología griega y la mitología romana. Dos famosos clásicos son la Odisea de Homero y la Eneida de Virgilio. Posteriormente se observa una influencia muy fuerte del romance medieval. Tanto el romance como el ciclo Artúrico, son considerados precursores claros de la fantasía contemporánea.

Durante el siglo XIX y principios del XX se publicaron muchas historias fantásticas bajo el nombre de ciencia ficción (escritas a menudo por los mismos autores). Después del gran éxito de El hobbit y El Señor de los Anillos escritas por J. R. R. Tolkien a mediados del siglo XX, así como las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis y las series de Terramar de Ursula K. Le Guin la escritura fantástica, influenciada a menudo por estos grandes trabajos y, también, por el mito, la epopeya, y romance medieval obtuvo renovada popularidad.

Actualmente, el género mantiene su popularidad gracias a autores como J.K. Rowling, autora de la fantástica heptalogía Harry Potter

La fantasía cómica, especialmente los trabajos de Terry Pratchett, también debe ser mencionado aquí, siendo un subgénero que parodia y ofrece una visión habitualmente sarcástica de las ideas antedichas, así como ideas fuera del género, de una manera posmoderna.

La literatura fantástica y sus más viejos precursores inspiraron los juegos de rol, tales como Dungeons & Dragons, que produjeron más ficción en el género. Las compañías del juego han publicado novelas fantásticas fijadas en los propios universos ficticios de sus juegos; las series Reinos Olvidados y Battletech son algunas de las más populares.

Del mismo modo, existen series de novelas basadas en las películas de la fantasía y series de la TV.

Aficionados a la fantasía se reúnen anualmente en la Convención de la Fantasía Mundial (World Fantasy Convention). El primer encuentro fue en 1975 y ha continuado cada año desde entonces. La convención se reúne en una ciudad distinta cada año.

Debido al aumento de la popularidad de este género durante el siglo XX, el género fantástico se ha subdividido en un número de ramas:

 

Literatura fantástica contemporánea [editar]

Si lo fantástico se define en oposición a lo real, el fantástico moderno nace con la instauración del paradigma racional durante la Ilustración.

Si bien comúnmente se suele considerar a los relatos antiguos y medievales como pertenecientes a la literatura fantástica, desde un punto de vista más riguroso, habría que clasificar a dichos relatos como pertenecientes al campo de la mitología.

Tanto la mitología como las religiones, constituyen narraciones donde se evidencia la cosmovisión de una determinada cultura en un determinado período histórico.

Esta concepción particular del universo era lo que constituía las bases de su propia realidad y esa era la función de dichos relatos.

Para las personas del medieval, la existencia de las brujas y los influjos satánicos, no eran considerados fantásticos, sino que constituían hechos cotidianos, creíbles y sin lugar a dudas, reales.

Durante la Ilustración y el desarrollo de la ciencia, la realidad del hombre medieval se convierte en superstición, como todo aquello que no es factible de ser comprobado a través del método científico.

Es aquí cuando nace el concepto de "fantástico", como un hecho que contraría las leyes de la ciencia.

La literatura fantástica, opera en esa zona donde ocurren hechos inexplicables para la lógica cartesiana, amenazando con subvertir el orden del mundo.

Al tiempo que se establece como una instancia crítica donde es posible indagar los límites del pensamiento racional como única instancia que regula la experiencia de lo real.

Si la literatura mitológica cumplía la función de instaurar un orden, la literatura fantástica contemporánea persigue la función de cuestionar dicho orden.

Es por esta razón que los relatos fantásticos modernos, suelen causar un efecto perturbador, donde la ansiedad y el miedo son las reacciones más frecuentes ante una persona racionalista, que no puede aceptar la fractura de una realidad concreta.

Por esta causa la literatura fantástica se superpone a otros criterios de clasificación, como los relatos góticos, la literatura romántica, los cuentos de terror, la ciencia ficción, etc.

Bajo esta premisa, habría que considerar como pionero del fantástico contemporáneo moderno a Edgar Allan Poe.

Véase también [editar]

Enlaces relacionados [editar]

21/10/2009 14:08 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: EL REALISMO MÁGICO. El realismo mágico es un género artístico y literario de mediados del siglo XX. El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada, pero fue usado más tarde por ciertos escritores latinoamericanos.

Realismo mágico

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase Realismo.

El realismo mágico es un género artístico y literario de mediados del siglo XX. El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada, pero fue usado más tarde por ciertos escritores latinoamericanos.

Entre sus principales exponentes están el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y el colombiano Gabriel García Márquez, ambos galardonados con el Premio Nobel de Literatura, aunque muchos aclaman como padres del Realismo Mágico a Juan Rulfo, Arturo Uslar Pietri con su cuento "La lluvia"(1935), José de la Cuadra, Pablo Palacio y otros. Jorge Luis Borges también ha sido relacionado al realismo mágico pero su negación absoluta del realismo como género o Una posibilidad literaria lo pone contra este movimiento. Laura Esquivel de México con "Como agua para chocolate" y Alejo Carpentier, de Cuba, en su prólogo al Reino de este mundo, define su escritura inventando el concepto de "real maravilloso", que a pesar de sus semejanzas con el realismo mágico de Gabriel García Márquez, no se tiene que asimilar con él. El realismo mágico se desarrolló muy fuertemente en las décadas del '60 y '70, producto de las discrepancias entre dos visiones que convivían en Hispanoamérica en ese momento: la cultura de la tecnología y la cultura de la superstición. Además surgió como modo de reaccionar mediante la palabra a los regímenes dictatoriales de la época. Sin embargo, existen textos de este tipo desde la década de 1930, de la mano de las obras de José de la Cuadra, en su nouvelles como "La Tigra".

El realismo mágico se define como la preocupación estilística y el interés de mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común. No es una expresión literaria mágica, su finalidad no es la de suscitar emociones sino más bien expresarlas y es, sobre todas las cosas, una actitud frente a la realidad. Una de las obras más representativas de este estilo es Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.

El realismo mágico comparte ciertas características con el realismo épico, como la pretensión de dar verosimilitud interna a lo fantástico e irreal, a diferencia de la actitud nihilista asumida originalmente por las vanguardias como el surrealismo.

Una vez Gabriel García Márquez dijo: “Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo que trataba de evocar, esa barrera no existía. Pero necesitaba un tono inocente, que por su prestigio volviera verosímiles las cosas que menos lo parecían, y que lo hiciera sin perturbar la unidad del relato. También el lenguaje era una dificultad de fondo, pues la verdad no parece verdad simplemente porque lo sea, sino por la forma en que se diga.” [cita requerida]

Contenido

[ocultar]

Aspectos destacables del Realismo mágico [editar]

Los siguientes elementos están presentes en muchas novelas del realismo mágico, pero no necesariamente todos se presentan en las novelas y también otras obras pertenecientes a otros géneros pueden presentar algunas características similares.

  • Contenido de elementos mágicos/ficticios, percibidos por los personajes como parte de la "normalidad".
  • Elementos mágicos tal vez intuitivos, pero (por lo regular) nunca explicados.
  • Presencia de lo sensorial como parte de la percepción de la realidad.
  • Se puede apreciar en el contenido de la novela, representaciones de mitos y leyendas que por lo general son latinoamericanas. Incluso, en el libro Cien años de soledad, se hace alusión al mito de la humanidad, en el momento en que Adán y Eva se marchan del jardín del Eden.
  • Contiene multiplicidad de narradores (combina primera, segunda y tercera persona), con el fin de darle distintos puntos de vista a una misma idea y mayor complejidad al texto.
  • El tiempo es percibido como cíclico, no como lineal, según tradiciones disociadas de la racionalidad moderna.
  • Se distorsiona el tiempo, para que el presente se repita o se parezca al pasado.
  • Transformación de lo común y cotidiano en una vivencia que incluye experiencias "sobrenaturales" o "fantásticas".
  • Preocupación estilística, partícipe de una visión "estética" de la vida que no excluye la experiencia de lo real.
  • El fenómeno de la muerte es tomado en cuenta, es decir, los personajes pueden morir y luego volver a vivir.
  • Planos de realidad y fantasía: hay hechos de la realidad cotidiana combinándose con el mundo irreal, fantástico, del autor, con un final inesperado o ambiguo.
  • Escenarios americanos: en mayoría ubicados en los niveles más duros y crudos de la pobreza y marginalidad social, espacios donde la concepción mágica, mítica, aún es "vida real"....angela
  • Los hechos son reales pero tienen una connotación fantástica, ya que algunos o no tienen explicación, o son muy improbables que ocurran.
  • El autor se encuadra fuera de la realidad representada.
  • Se refiere a la novedad de los personajes irreales que siempre actuan sin actuar, es decir, que la copiosidad del personaje se ve reflejada en cada letra de la novela.

Características del Realismo mágico [editar]

Temas [editar]

  • Diversidad de épocas históricas.
  • Esencia cultural del mestizaje.
  • Lo prehispánico en sus valores mitológicos.

Personajes [editar]

Los personajes presentes en las obras de esta corriente suelen tener viajes, no solo de tipo físico, como los que sufren los personajes de las obras criollistas, por dar un ejemplo, sino que éstos cambian de espacios y tiempos desde sus pensamientos y su estado onírico.

Tiempo 1.12 [editar]

Encontramos 4 posturas:

  • Tiempo cronológico: Las acciones siguen el curso lógico del tiempo.
  • Ruptura de planos temporales: mezcla de tiempo presente con tiempo pasado (regresiones) y tiempo futuro (adelantos).
  • Tiempo estático: El tiempo cronológico se detiene, es como si no trascendiera.
  • Tiempo invertido: Es el más contradictorio: considerar la noche día cuando leemos: "Era el amanecer", "Se hizo la noche", entre otras.
21/10/2009 14:06 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: EL ROMANTICISMO. El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.

Romanticismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre

El Romanticismo es un movimiento cultural y político originado en Alemania y en el Reino Unido a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. La libertad auténtica es su búsqueda constante, por eso es que su rasgo revolucionario es incuestionable. Debido a que el romanticismo es una manera de sentir y concebir la naturaleza, la vida y al hombre mismo es que se presenta de manera distinta y particular en cada país donde se desarrolla; incluso dentro de una misma nación se desarrollan distintas tendencias proyectándose también en todas las artes.

Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra a Alemania hasta llegar a países como Francia, Italia, Argentina, España, México, etc. Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, reunidas en la denominación general de Postromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano. Tuvo fundamentales aportes en los campos de la literatura, el arte y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos de la exaltación del yo.

Contenido

[ocultar]

Características

Saturno devorando a un hijo, una de las Pinturas Negras de Goya, realizada durante el Trienio Liberal (1820–1823), y que, so capa mitológica, alude a la famosa frase de Vergniaud poco antes de ser guillotinado: «La Revolución devora a sus propios hijos».

El Romanticismo es una reacción contra el espíritu racional y crítico de la Ilustración y el Clasicismo, y favorecía, ante todo:

  • La conciencia del Yo como entidad autónoma y fantástica.
  • La primacía del Genio creador de un Universo propio.
  • La supremacía del sentimiento frente a la razón neoclásica.
  • La fuerte tendencia nacionalista.
  • La del liberalismo frente al despotismo ilustrado.
  • La de la originalidad frente a la tradición clasicista.
  • La de la creatividad frente a la imitación neoclásica.
  • La de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada.

Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental y al carácter nacional o Volksgeist, frente a la universalidad y sociabilidad de la Ilustración en el siglo XVIII; en ese sentido los héroes románticos son, con frecuencia, prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo a rimas más libres y populares como la asonante. Igualmente, una renovación de temas y ambientes, y, por contraste al Siglo de las Luces (Ilustración), prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos (siniestrismo); venerando y buscando tanto las historias fantásticas como la superstición, que los ilustrados y neoclásicos ridiculizaban.

Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el auge que tomaron el estudio de la literatura popular (romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y de las literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa, la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, dispersada por toda Europa mediante Napoleón.

El Romanticismo se expandió también y renovó y enriqueció el limitado lenguaje y estilo del Neoclasicismo dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando en culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en Grecia o Roma, su inspiración.

Frente a la afirmación de lo racional, irrumpió la exaltación de lo instintivo y sentimental. «La belleza es verdad». También representó el deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos que presenta el «yo», subjetivismo e imposición del sentimiento sobre la razón. En consonancia con lo anterior, y frente a los neoclásicos, se produjo una mayor valoración de todo lo relacionado con la Edad Media, frente a otras épocas históricas.

Manifestaciones culturales

El movimiento literario Sturm und Drang (en alemán: tormenta e ímpetu), desarrollado durante la última mitad del siglo XVIII, fue el precedente importante del Romanticismo alemán.

Los autores importantes fueron (el joven) Johann Wolfgang von Goethe, (el joven) Friedrich Schiller, Friedrich Gottlieb Klopstock y Ludwig van Beethoven.

Romanticismo alemán

El Romanticismo alemán no fue un movimiento unitario. Por ello se habla en las historias literarias de varias fases del Romanticismo. Una etapa fundamental fueron los años noventa del siglo XVIII (Primer Romanticismo), pero las últimas manifestaciones alcanzan hasta la mitad del siglo XIX.

Los filósofos dominantes del romanticismo alemán fueron Johann Gottlieb Fichte y Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (los fundadores del Idealismo Alemán).

Los autores más importantes son Goethe, Novalis, Ludwig Tieck, Friedrich Schlegel, Clemens Brentano, August Wilhelm Schlegel, Achim von Arnim, E.T.A. Hoffmann, y Friedrich Hölderlin.

Postromántico se puede considerar a Heinrich Heine.

Romanticismo francés

El Romanticismo francés tuvo su manifiesto en Alemania (1813), de Madame de Staël, aunque el gran precursor en el siglo XVIII fue Jean-Jacques Rousseau, autor de Confesiones, Ensoñaciones de un paseante solitario, el Emilio, Julia, o La Nueva Eloísa y El contrato social, entre otras obras.

En el siglo XIX sobresalieron Charles Nodier, Víctor Hugo, Alphonse de Lamartine, Alfred Victor de Vigny, Alfred de Musset, George Sand, Alexandre Dumas (tanto hijo como padre), entre otros; son los mayores representantes de esta estética literaria.

Romanticismo inglés

Lord Byron vestido de albanés, obra de Thomas Phillips de 1813.

El Romanticismo comenzó en Inglaterra casi al mismo tiempo que en Alemania; en el siglo XVIII ya habían dejado sentir un cierto apego escapista por la Edad Media y sus valores de falsarios inventores de heterónimos medievales como James Macpherson o Thomas Chatterton, pero el movimiento surgió a la luz del día con los llamados Poetas lakistas (Wordsworth, Coleridge, Southey), y su manifiesto fue el prólogo de Wordsworth a sus Baladas líricas, aunque ya lo habían presagiado en el siglo XVIII Young con sus Pensamientos nocturnos o el originalísimo William Blake.

Lord Byron, Percy Bysshe Shelley y John Keats son los líricos canónicos del Romanticismo inglés. Después vinieron el narrador Thomas De Quincey, y los ya postrománticos Elizabeth Barrett Browning y su marido Robert Browning, este último creador de una forma poética fundamental en el mundo moderno, el monólogo dramático.

En narrativa destaca Walter Scott, creador del género de novela histórica moderna con sus ficciones sobre la Edad Media inglesa, o las novelas góticas El monje de Matthew Lewis o Melmoth el Errabundo, de Charles Maturin.

Romanticismo español

José de Espronceda es el prototipo de poeta romántico en España. Liberal exaltado, activista político y lírico desbordado, su temprana muerte a los 34 años lo convirtió en el poeta del Romanticismo español por excelencia.

En España la ideología romántica tuvo precedentes en los afrancesados ilustrados españoles, como se aprecia en las Noches lúgubres de José de Cadalso o en los prerrománticos (Nicasio Álvarez Cienfuegos, Manuel José Quintana...), que reflejan una nueva ideología presente ya en figuras disidentes del exilio, como José María Blanco White. Pero el lenguaje romántico propiamente dicho tardó en ser asimilado, debido a la reacción emprendida por Fernando VII tras la Guerra de la Independencia, que impermeabilizó en buena medida la asunción del ideario romántico.

Durante la Década Ominosa en España (1823-1833) vuelve a instaurarse un régimen absolutista, y quedan suspendidas todas las publicaciones periódicas, las universidades cerradas y la mayoría de las principales figuras literarias y políticas en el exilio; el principal núcleo cultural español se sitúa, sobre todo, en Gran Bretaña y Francia. Desde allí, periódicos como Variedades, de Blanco White, contribuyeron a fomentar las ideas del Romanticismo entre los exiliados liberales, que paulatinamente fueron abandonando la estética del Neoclasicismo.

A pesar de ello, ya en la segunda década del siglo XIX, el diplomático Juan Nicolás Böhl de Faber publicó en Cádiz una serie de artículos entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil a favor del teatro de Calderón de la Barca contra la postura neoclásica que lo rechazaba, que suscitó un debate en torno a los nuevos postulados románticos. Más tarde, en el periódico barcelonés El Europeo (1823-1824), Bonaventura Carles Aribau y Ramón López Soler defendieron el Romanticismo moderado y tradicionalista del modelo de Böhl, negando decididamente las posturas neoclásicas. En sus páginas se hace por primera vez una exposición de la ideología romántica a través de un artículo de Luigi Monteggia titulado Romanticismo.

Algunos escritores liberales españoles, emigrados por vicisitudes políticas, entraron en contacto con el Romanticismo europeo, y trajeron ese lenguaje a la muerte del rey Fernando VII en 1833. La poesía del romántico exaltado está representada por la obra de José de Espronceda y la prosa, por la figura decisiva de Mariano José de Larra. Un romanticismo moderado encarnan José Zorrilla, dramaturgo, autor del Don Juan Tenorio; y el Duque de Rivas, que, sin embargo, escribió la obra teatral que mejor representa los temas y formas del romanticismo exaltado: Don Álvaro o la fuerza del sino.

Un Romanticismo tardío, más íntimo y poco inclinado por temas político-sociales, es el que aparece en la segunda mitad del siglo XIX, con la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, la gallega Rosalía de Castro, y Augusto Ferrán, que experimentaron el influjo directo con la lírica germánica de Heinrich Heine y del folclore popular español, recopilado en cantares, soleás y otros moldes líricos, que se publicó en esta época.

Romanticismo italiano

El Romanticismo italiano tuvo su manifiesto en la Lettera semiseria di Grisostomo al suo figliolo de Giovanni Berchet (1816) y destaca, sobre todo, por la figura de los escritores Ugo Foscolo, autor del famoso poema Los sepulcros, y Giacomo Leopardi, cuyo pesimismo se vierte en composiciones como El infinito o A Italia. El romanticismo italiano tuvo también una gran novela histórica, I promesi sposi (Los novios), de Alessandro Manzoni.

Romanticismo ruso

En Rusia, el Romanticismo supuso toda una revolución, pues autorizó como lengua literaria el hasta entonces poco cultivado idioma ruso. El artífice de este cambio fue el gran escritor ruso Alejandro Pushkin, acompañado de numerosos seguidores e imitadores.

Romanticismo checo

En la literatura checa destacan los escritores Karel Hynek Mácha y František Čelakovský y el eslovaco, y también ideólogo del paneslavismo romántico, Ján Kollár.

Romanticismo portugués

En Portugal introdujeron el Romanticismo Almeida Garret y Alejandro Herculano; puede considerarse postromántico al gran poeta Antero de Quental.

Romanticismo rumano

En Rumania, su máximo exponente fue Mihai Eminescu y, entre los húngaros, sobresalió el poeta Sándor Petőfi.

Romanticismo estadounidense

El Romanticismo estadounidense, salvo precedentes como William Cullen Bryant, proporcionó a un gran escritor y poeta, Edgar Allan Poe, creador de una de las corrientes fundamentales del Postromanticismo, el Simbolismo, y a James Fenimore Cooper (discípulo de las novelas históricas de Scott). Se puede considerar un postromántico el originalísimo pensador anarquista Henry David Thoreau, introductor de ideas anticipadas a su tiempo como la no violencia y el ecologismo, y autor del famoso ensayo Sobre la desobediencia civil. En los Estados Unidos también se habla de transcendentalismo.

Romanticismo argentino

Esteban Echeverría, figura destacada del romanticismo argentino, escribió «La cautiva» y «El matadero».

El Romanticismo tuvo su primera manifestación en la Argentina con la aparición en 1832 del poema Elvira o la novia del Plata de Esteban Echeverría, quien lideró el movimiento que se concentró en la llamada Generación del 37 y tuvo uno de sus centros en el Salón Literario. El romanticismo argentino integró la lengua tradicional española con los dialectos locales y gauchescos, incorporó el paisaje rioplatense a la literatura y los problemas sociales. El romanticismo argentino se produjo íntimamente ligado con el romanticismo uruguayo. En Hispanoamérica, el contenido nacionalista del romanticismo confluyó con la recién terminada Guerra de Independencia (1810–1824), convirtiéndose en una herramienta de consolidación de las nuevas naciones independientes, recurriendo al costumbrismo como una herramienta de autonomía cultural.

Entre las obras más importantes del movimiento se destacan «La cautiva» y «El matadero», ambas de Echeverría,[1] [2] el Martín Fierro obra maestra de José Hernández, Amalia de José Mármol, Facundo de Domingo F. Sarmiento y el folletín y obra dramática Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez, considerado fundador del teatro rioplatense.

Romanticismo mexicano

El romanticismo mexicano se distinguía por amalgamar el periodismo, la política, el positivismo y el liberalismo, pues surgió en los años previos a la Revolución Mexicana. El poeta Manuel Acuña es posiblemente el máximo representante del romanticismo en México.

Otros romanticismos en Latinoamérica

Hay quienes sostienen que el Romanticismo poético en español tuvo manifestaciones pobres[cita requerida], y que obras más acordes con esta sensibilidad se encuentran en las crónicas histórico-ficticias (Tradiciones) del peruano Ricardo Palma. Otros nombres a destacar son el cubano José María de Heredia. Cabe destacar también, la primera parte de la obra del notable narrador chileno Alberto Blest Gana, cuya producción modelada por el costumbrismo de Balzac, se interna en las fisuras del idealismo romántico.

Lugares de reunión

Los lugares donde se reunían los románticos eran muy diversos. Fuera de las redacciones de las revistas románticas, existían determinadas tertulias, como por ejemplo El Parnasillo en Madrid, o, en París, El Arsenal, del cual, si hemos de creer a Alphonse de Lamartine, «era la gloria Víctor Hugo y el encanto Charles Nodier» (Las Noches, de Alfred de Musset, precedida del estudio de dicho poeta por A. Lamartine. Madrid: Biblioteca Universal, 1898). En este cenáculo reuníanse entre otros Alfred de Musset, Alfred de Vigny, Boulanger, Deschamps, Emile y Antoine Sainte-Beuve, etc.

También los rusos tuvieron su cenáculo: la Sociedad del Arzamas (La revolución y la novela en Rusia, por Emilia Pardo Bazán, Madrid, s. a., pág. 245).

Romanticismo musical

Artículo principal: Música del Romanticismo

Comenzó en Alemania, partiendo de Beethoven y siendo seguido por Carl Maria von Weber en 1786 y Félix Mendelssohn. Es un estilo musical imaginativo y novelesco. Este movimiento afectó a todas las artes y se desarrolló sobre todo en Francia y Alemania.

La estética del romanticismo se basa en el sentimiento y la emoción. En el romanticismo se piensa que la música pinta los sentimientos de una manera sobrehumana, que revela al hombre un reino desconocido que nada tiene que ver con el mundo de los sentimientos que le rodea.

El estilo romántico es el que desarrolla la música de programa y el cromatismo de una forma predominante. Se da a lo largo de todo el siglo XIX, aunque al principio del siglo XX se entra en el impresionismo.

De forma diferente a la Ilustración dieciochesca, que había destacado en los géneros didácticos, el Romanticismo sobresalió sobre todo en los géneros lírico y dramático; en este se crearon géneros nuevos como el melólogo o el drama romántico que mezcla prosa y verso y no respeta las unidades aristotélicas. Incluso el género didáctico pareció renovarse con la aparición del cuadro o artículo de costumbres. La atención al yo hace que empiecen a ponerse de moda las autobiografías, como las Memorias de ultratumba de François René de Chateaubriand. También surgió el género de la novela histórica y la novela gótica o de terror, así como la leyenda, y se prestó atención a géneros medievales como la balada y el romance. Empiezan a escribirse novelas de aventuras y folletines o novelas por entregas.

El espíritu romántico

El estilo vital de los autores románticos despreciaba el materialismo burgués y preconizaba el amor libre y el liberalismo en política, aunque hubo también un Romanticismo reaccionario, representado por Chateaubriand, que preconizaba la vuelta a los valores cristianos de la Edad Media. El idealismo extremo y exagerado que se buscaba en todo el Romanticismo encontraba con frecuencia un violento choque con la realidad miserable y materialista, lo que causaba con frecuencia que el romántico acabara con su propia vida mediante el suicidio. La mayoría de los románticos murieron jóvenes. Los románticos amaban la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino.

Véase también

Referencias

  1. Weinberg, Félix (1980). «La época de Rosas. El Romantiscismo», en Historia de la literatura argentina, Tomo I, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina. págs. 217–240.
  2. Jitrik, Noé (1980). «El Romantiscismo: Esteban Echeverría», en Historia de la literatura argentina, Tomo I, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina. págs. 241–263.

Bibliografía

  • Abrams, M. H. (1975). El espejo y la lámpara. Barcelona: Barral. ISBN 978-84-211-0331-9.
  • Berlín, Isaiah & Hardy, Henry (editor) (2000). Las raíces del romanticismo. Madrid: Taurus. ISBN 978-84-306-0369-5.
  • De Paz, Alfredo (1986). La revolución romántica; poéticas, estéticas, ideologías. Traducción de María García Lozano. Madrid: Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-3960-2.
  • VV.AA. (1994). Fragmentos para una teoría romántica del arte. Antología y edición de Javier Arnaldo. Madrid: Editorial Tecnos. ISBN 978-84-309-1388-6.
  • Ward, Thomas (2004). La teoría literaria: Romanticismo, krausismo y modernismo ante la globalización industrial. University, Miss.: Romance Monographs. ISBN 978-1-889441-14-6.

Enlaces externos

Commons

Wikiquote

21/10/2009 14:01 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: HISTORIA DE LA NOVELA. La novela es, según la RAE, una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Como género literario, se desarrolló tardíamente, principalmente en el Edad Moderna, alcanzando su madurez en el siglo XIX, aunque tiene sus precedentes en épocas anteriores, tanto en la Antigüedad clásica grecolatina como en las literaturas orientales.

Historia de la novela

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Portada de la 4.ª edición del Quijote (1605), posiblemente la primera novela moderna

La novela es, según la RAE, una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. Como género literario, se desarrolló tardíamente, principalmente en el Edad Moderna, alcanzando su madurez en el siglo XIX, aunque tiene sus precedentes en épocas anteriores, tanto en la Antigüedad clásica grecolatina como en las literaturas orientales.

La novela es el más tardío de todos los géneros literarios. Aunque tiene precedentes en la Edad Antigua no logró implantarse hasta la Edad Media. El término novella comenzó a utilizarse para nombrar los relatos de ficción con una extensión entre el cuento y el romanzo. En español, primero se utilizó con la acepción italiana pasando luego a designar las narraciones extensas (romanzo en italiano y roman en francés). El relato breve será denominado a partir de entonces novela corta.

Contenido

[ocultar]

Antigüedad [editar]

Las primeras novelas se producen entre los siglo II a. C. y siglo III en Grecia y Roma, y se han clasificado en cuatro tipos básicos: novelas de viaje, novelas románticas, novelas satíricas y novela bizantina.

Como Pierre Daniel Huet señaló en 1670, la tradición de obras épicas tiene su precedente en Virgilio y Homero. Se solía usar el verso, adecuado a una tradición de representaciones orales. Hoy, esta tradición se remonta más atrás, a la época sumeria (Epopeya de Gilgamesh), y a la mitología hindú (Ramayana y Mahábharata).

Es más difícil asegurar la influencia de los cuentacuentos medievales en el desarrollo de la novela.

Había una tercera tradición de ficción en prosa, tanto en su modalidad satírica (con el Satiricón de Petronio, las increíbles historia de Luciano de Samosata, y la obra protopicaresca de Lucio Apuleyo El Asno de Oro) y una veta heroica (con los romances de Heliodoro, Longo y otros). El antiguo romance griego fue revitalizado por los novelistas bizantinos del siglo XII.

Todas estas tradiciones fueron redescubiertas en los siglos XVII y XVIII.

Romance [editar]

Artículo principal: Romance (narración)

En la Edad Media surge la novela sentimental y la caballeresca.

El periodo 1200-1750 vio el ascenso de la "novela" (en el sentido al principio de un relato corto de ficción) que rivalizaba con el "romance" (que tenía la extensión de la epopeya). Esto ocurrió en toda Europa, pero sólo en español e inglés se fue más allá, y novela se convirtió en el término normal para las narrativas de ficción.

Los romances eran narraciones en verso que se hicieron en lengua "romance" (de ahí tomaron el nombre). Las primeras obras de este género datan de los siglos XI y XII). Se desarrolló con temas como la caballería arturiana, no siendo fácil concretar cuánto de estos primeros "romances" se debieron a los modelos de la antigua Grecia y cuánto a las epopeyas en verso folclóricas como Beowulf y el Cantar de los Nibelungos. La trama estándar de un romance de este tipo consistía en una serie de aventuras inesperadas y peculiares. Pueden citarse clásicos como el Roman de la Rose.

Los siglos XIV y XV vieron la emergencia de los primeros romances en prosa junto, así como de un nuevo mercado de libros, que se desarrolló incluso antes de que se expandiera la imprenta. Las leyendas, vidas de santos y visiones místicas en prosa fueron el principal objeto de este nuevo mercado de producciones en prosa. La élite urbana y las lectoras de clases altas y de los monasterios leían prosa religiosa. Los romances en prosa irrumpieron en este mercado como una moda nueva y cara. Sólo podía florecer verdaderamente con la invención de la imprenta y con la divulgación del papel, en la segunda mitad del siglo XV. Para entonces, el antiguo romance competía en el mercado con géneros más breves; el más destacados de estos géneros era la novela, una forma que nació en el curso del siglo XIV.

Primeras novelas, 1000-1600 [editar]

Los peregrinos entreteniéndose con cuentos; grabado en madera de la edición de Caxton, 1486, de Los cuentos de Canterbury de Chaucer

No es fácil indicar qué géneros acabaron desembocando en la "novela". Los primeros ejemplos están categorizados hoy como "novella": Genji Monogatari del siglo XI, seguido por las obras de Boccaccio, Geoffrey Chaucer, Maquiavelo, incluso Miguel de Cervantes.

Una primera novela podía ser básicamente cualquier historia que se contaba por sus elementos espectaculares o reveladores. Se incluían en una conversación (entendida como entretenimiento), con una mínima ambientación. Podían ser sermones extendidos. Las colecciones de ejemplos facilitaban la labor de los predicadores, que mediante una fábula o una breve reflexión histórica ilustraban una conclusión moral. Según las colecciones medievales, eran determinantes los gustos y la clase social. Los trabajadores preferían historias tremendas, con engaños ingeniosos, de los que hacían víctimas a las clases sociales que odiaban o a otros competidores de los narradores de historias. Parte de este género original persiste en los pequeños chistes que se añaden para poner un toque humorístico en la conversación.

Siglo XIV: Boccaccio y Chaucer [editar]

Se solía recurrir a una historia dentro de la historia. Se describen situaciones en las que se supone que se relatan toda una serie de historias, de diversos gustos y géneros. Los ejemplos clásicos son El Decamerón de Boccacio y Los cuentos de Canterbury de Chaucer; en el primero son un grupo de florentinos que huyen de la peste y se entretienen narrando historias de todo tipo; en el segundo, son unos peregrinos que van a Canterbury a visitar la tumba de Tomás Becket y cada peregrino escoge cuentos que se relacionan con su estado o su carácter. Así los nobles cuentan historias más "románticas", mientras que los de clase inferior prefieren historias de la vida cotidiana. El género no tenía entonces un término propio que lo individualizara. "Novela" podía simplemente indicar la novedad de los eventos que se contaban. La inclusión de distintos tipos de historias, todas en un mismo marco, sin embargo, evidenciaba la consciencia del hecho de que los géneros se estaban desarrollando en este campo.

Mediante este recurso se justificaban los autores verdaderos, como Chaucer y Boccaccio. Los romances usaban un lenguaje sublime, justificándose a sí mismos en la medida que cultivaban un estilo "superior". Pero si cambiaba el gusto en las enseñanzas morales y la poesía, los romances rápidamente pasaban de moda. Estas historias de trampas y travesuras, de amores ilícitos e inteligentes intrigas en las que se reía de profesiones respetables o de los habitantes de otra ciudad, no tenían esa justificación moral ni poética. Así que llevaron la justificación al exterior. El narrador ofrecería unas pocas palabras explicando por qué creía que la historia merecía la pena. De nuevo, Los cuentos de Canterbury ofrecen los mejores ejemplos: el verdadero autor podía contar historias sin más justificación que el que esa historia ofrecía un buen retrato de quien la contaba y de sus gustos.

El romance se había hecho tedioso, después de reiterar tramas sin introducir otras nuevas. Las colecciones de cuentos o novelas los criticaron: un personaje del grupo de narradores empezaría a contar un romance, e inmediatamente se vería interrumpido por los otros narradores que escuchaban la historia, para que se callase, o hablase de forma comprensible, o que rápidamente fuera al meollo del asunto. El resultado fue el auge del relato corto. Los pasos de este desarrollo pueden seguirse con el aprecio que iba ganando el cuento y el valor de los romances en nuevas colecciones versificadas a finales del siglo XIV.

Siglo XV [editar]

No existe unanimidad en cuanto al momento inicial de la novela o cuál sea la primera novela. Parece indudable que debe situarse en el Renacimiento. Es entonces cuando, orientándose hacia Italia surge en España la novela sentimental, como última derivación de las convencionales teorías provenzales del amor cortés. La obra fundamental del género fue la Cárcel de amor (1492) de Diego de San Pedro.[1]

Un género intermedio entre el romance y la novela fueron los Libros de caballerías. En España, este tipo de prosa novelesca se difundió sobre todo en el siglo XV en idioma catalán o valenciano: Tirante el Blanco del valenciano Joanot Martorell (1490) o la novela anónima Curial e Güelfa. Alcanzó su máxima popularidad a partir de los últimos años del siglo XV, siendo la obra más representativa del género el Amadís de Gaula (1508). Solían editarse en varios volúmenes, dirigiéndose al público que se suscribiría a esta producción. Estas obras llevaban a sus lectores a mundos ilusorios, inculcándoles el ideal caballeresco de un pasado que nadie podía reinstaurar.

Siglo XVI [editar]

La difusión de la imprenta incrementó la comercialización de las novelas y los romances, aunque los libros impresos eran caros. La alfabetización fue más rápida en cuanto a la lectura que en cuanto a la escritura.

Las primeras colecciones de novelas no eran necesariamente proyectos prestigiosos. Surgió una enorme variedad de historias, desde las más jocosas hasta las de Boccaccio o Chaucer. Autores italianos como Maquiavelo, entre otros, dieron a la novela un nuevo formato. Seguía siendo una historia de intriga que acababa de forma sorprendente, pero estaba más trabajada en cuanto a la forma en que los protagonístas llevaban a cabo su intriga, cómo mantenían sus secretos y cómo reaccionaban si alguien les amenazaba con revelarlos.

Todo el siglo estuvo dominada por el subgénero de la novela pastoril, que situaba el asunto amoroso en un entorno bucólico. Puede considerarse iniciada con La Arcadia (1502), de Jacopo Sannazaro y se expandió a otros idiomas, como el portugués (Menina e Moça, 1554, de Bernardim Ribeiro) o el inglés (La Arcadia, 1580, de Sidney).

La reforma protestante incrementó los lectores de panfletos religiosos, periódicos y diarios. La población urbana aprendió a leer. Surgieron entonces los chapbooks, libros de bolsillo baratos que contenían tanto romances como historias cortas, relatos y fábulas. Solían embellecerse con grabados de madera, sirviendo a veces la misma imagen para varios libros. Los romances fueron reducidos a historias simples y abruptas, parecidas a los libros de comic modernos.

A mediados del siglo XVI, se produjo un cambio de ideas hacia un mayor realismo, superando en este punto las novelas pastoriles y caballerescas. Así se advierte en el Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais y en la Vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), origen esta última de la novela picaresca.

Conflicto entre novelas y romances, 1600-1700 [editar]

La novela, como técnica y género literario está en el siglo XVII en la lengua española, siendo su mejor ejemplo Don Quijote de la Mancha (1605) de Miguel de Cervantes. Se considera como una de las primeras novelas modernas del mundo, innovaba respecto a los modelos clásicos de la literatura greco-romana como lo eran la epopeya o la crónica. Esta novela ya incorpora una estructura episódica según un propósito fijo premeditadamente unitario. Se inició como una sátira del Amadis, que había hecho que Don Quijote perdiera la cabeza. Los defensores del Amadís criticaron la sátira porque apenas podía enseñar algo: Don Quijote ni ofrecía un héroe al que emular ni satisfacía con bellos diálogos; todo lo que podía ofrecer es hacer burla de los ideales nobles. Don Quijote fue la primera obra auténticamente anti-romance de este periodo; gracias a su forma que desmitifica la tradición caballeresca y cortés, representa la primera obra literaria que se puede clasificar como novela.

Con posterioridad al Quijote, Cervantes publicó las Novelas Ejemplares (1613). Por "novela" se entendía en el siglo XVII la narración breve intermedia entre el cuento y la novela extensa, o sea lo que hoy llamamos novela corta.[2] Las Novelas ejemplares de Cervantes son originales, no siguen modelos italianos, y frente a la crítica al Quijote, que se decía que no enseñaba nada, pretendían ofrecer un comportamiento moral, una alternativa a los modelos heroico y satírico. No obstante, siguió suscitando críticas: Cervantes hablaba de adulterio, celos y crimen. Si estas historias proporcionaban ejemplo de algo, era de acciones inmorales. Los defensores de la "novela" respondieron que sus historias proporcionaban buenos y malos ejemplos. El lector podía aún sentir compasión y simpatía con las víctimas de los crímenes y las intrigas, si se narraban ejemplos de maldad.

Surgió entonces como respuesta a estas novelas dudosas un romance más noble y elevado, con incursiones al mundo bucólico, siendo La Astrea (1607-27) de Honoré d'Urfé, la más famosa. Se criticaron estos romances por su falta de realismo, a lo que sus defensores replicaban que sí lo eran, aludiendo al roman à clef ("novela en clave"): novelas que, adecuadamente entendidas, se referían a personajes del mundo real. Argenis (1625-26) de John Barclay aparecía como un Roman à clef político. Los romances de Madeleine de Scudéry tuvieron más influencia, con tramas ambientadas en el mundo antiguo y contenido tomado de la vida real: la vida de sus amigos en los círculos literarios de París. Estos libros ofrecían las más refinadas observaciones de los motivos humanos, personajes tomados de la realidad, y excelentes enseñanzas morales sobre cómo debe comportarse uno, y cómo no, si quería triunfar en la vida pública y en los círculos íntimos que ella retrataba.

Uno de los héroes en los romances de Scudéry, Paul Scarron, publicó el primer volumen de su Roman Comique en 1651 (aparecieron otros volúmenes en 1657 y, por mano ajena, en 1663), pidiendo expresamente que se desarrollase lo Cervantes había creado en España: Francia debería (Roman Comique, cap. 21) imitar el español con pequeñas historias como aquellas que llamaban "novelas". El propio Scarron añadió numerosas de esas historias a su propio trabajo.

Veinte años más tarde, Madame de La Fayette dio los pasos decisivos en sus dos novelas. La primera, su Zayde (publicada en 1670 junto con el famoso Tratado sobre el origen de los romances), de Pierre Daniel Huet, fue una "historia española". La princesa de Clèves (1678) probó que podían escribirse novelas adaptadas al gusto francés. Los españoles disfrutaban las historias de orgullosos españoles que se batían en duelo para vengar su reputación. Los franceses tenían un gusto más refinado y se inclinaban a la observación detallada de los motivos y el comportamiento humanos. La historia era decididamente una "novela" y no un "romance": una historia de virtud femenina sin parangón, con una heroina que tuvo la oportunidad de arriesgarse en un amor ilícito y no sólo resistió a la tentación, sino que acrecentó su infelicidad confesando sus sentimientos a su marido. La melancolía que su historia creaba era enteramente nueva y sensacional.

A finales del siglo XVII el mercado europeo comenzó a interesarse por el escándalo, con libros franceses apareciendo sobre todo en los Países Bajos (donde la censura era liberal) para ser importados clandestinamente a Francia y llegar también a Alemania y Gran Bretaña. La novela floreció en este mercado como el mejor género para contar noticias escandalosas. Los autores sostenían que las historias eran verdaderas y no se narraban para escandalizar, sino para proporcionar lecciones morales. Para probarlo, ponían nombres ficticios a sus personajes y contaban las historias como si fueran novelas. El público se entretenía averiguando la identidad de los personajes. Aparecieron los periódicos de historietas, como el Mercure Gallant. También surgieron colecciones de cartas, que incluían estas historietas, y que llevaron al desarrollo de la novela epistolar.

La novela había interesado al público inglés desde los tiempos de Chaucer, se habían leído traducciones de novelas españolas y francesas a lo largo del siglo XVII. A finales de los años 1680 autores como Aphra Behn y William Congreve escribieron nuevas "novelas" en inglés.

El mercado alrededor de 1700 [editar]

Las novelas y los romances de comienzos del siglo XVIII no eran considerados parte de la "literatura", sino bienes mercantiles. La integración de la ficción en prosa dentro del mercado de las historias, apareció bajo el siguiente esquema:

image positioning
  3.1
Romances heroicos:
Telémaco de Fénelon(1699)
  
1
Vendidos como creaciones románticas, leídos como verdaderas historias de asuntos públicos:

New Atalantis de Manley (1709)

2
Vendidos como creaciones románticas, leídos como verdaderas historias de asuntos privados:

Satyrischer Roman (1706) de Menantes
3.2
Clásicos de la novela de Las mil y una noches hasta La princesa de Clèves (1678) de M. de La Fayette
4
Vendidos como historia privada auténtica, arriesgándose a ser leídos como creaciones románticas:

Robinson Crusoe (1719) de Defoe
5
Vendido como historia pública auténtica, arriesgándose a ser leídos como creaciones románticas:

La Guerre d'Espagne (1707)
  3.3
Romances satíricos:
Cervantes Don Quijote (1605)
de Olaf Simons, Marteaus Europa
(Amsterdam, 2001), p.194

En centro del mercado estaba sostenido por ficciones que sostenían que eran ficciones y que se leían como tales. Comprendían una gran producción de romances y, al final, una producción opuesta de romances satíricos. En el centro, la novela había crecido, con historias que no eran heroicas ni predominantemente satíricas, sino realistas, cortas y estimulantes con sus ejemplos de conductas humanas.

Fuera del centro, el mercado tenía dos alas: a la izquierda, libros que pretendían ser romances, pero que amenazaban con ser todo menos ficticios. Delarivier Manley escribió el más famoso de ellos, su New Atalantis, llena de historias que la autora sostenía que había inventado. Los censores se veían impotentes: Manley vendía historias que desacreditaban a los whigs en el poder, pero que supuestamente ocurrían en una isla de fantasía llamada Atalantis, lo que les impedía demandar a la autora por difamación, salvo que acreditasen que eso era lo que ocurría en Inglaterra. En el mismo mercado aparecieron historias privadas, creando un género diferente de amor personal y batallas públicas sobre reputaciones perdidas.

Al lado opuesto, había títulos que sostenían que eran estrictamente de no ficción, como el Robinson Crusoe de Daniel Defoe. La identificación del género: "Vendido como una verdadera historia privada, arriesgándose a ser leída como una invención romántica", abría el prefacio:

SI alguna vez la historia de las aventuras de un hombre particular en el mundo, merecían que se hicieran públicas, y que se aceptasen al ser publicadas, el editor de este relato cree que será ésta.
     Las maravillas de la vida de este hombre exceden todo eso que (él cree) existe; rara vez la vida de un hombre ofrece mayor variedad.
    
La historia se narra con modestia, con seriedad, y con una aplicación religiosa de los acontecimientos a los usos a los que los hombres sabios siempre los aplicarán (viz.) a la instrucción de otros por este ejemplo, y para justificar y honrar la sabiduría de la Providencia en toda la variedad de nuestras circunstancias, dejemos que ocurran como quieran.
     El editor cree que es una justa historia de hechos; no hay ninguna apariencia de ficción en ella: y sea como piensa, debido a que todas tales cosas se despachan [ediciones posteriores: disputan], que el mejoramiento de ello, así como al diversión, para la instrucción del lector, será lo mismo; y como piensa así, sin más cumplidos al mundo, les hace un gran servicio con esta publicación.[1]

Historias de verosimilitud parecida caían en lo abiertamente político. Gatien Courtilz de Sandras (1644-1712) se convirtió en el autor más importante en este campo con Memorias de D´Artagnan, historia contada de nuevo más de un siglo después por Alejandro Dumas, padre. Se le atribuye La Guerre d'Espagne (1707), historia de un espía francés desilusionado, que analizaba la política francesa, y de sus propios asuntos amorososo. Hechos y ficción se mezclaban en todos estos títulos, hasta el punto de que ya no se podía decir lo que el autor había inventado y lo que simplemente eran secretos traicionados.

El "romance nuevo", 1700-1800 [editar]

Portada de la versión inglesa del Telémaco de Fénelon (Londres: E. Curll, 1715). No califica su obra como "novela", como habían hecho Aphra Behn y William Congreve.
Portada de Robinson Crusoe de Defoe (Londres: W. Taylor, 1719), tampoco califica su obra de "novela".

A comienzos de del siglo XVIII la novela comenzó a zambullirse en el escándalo público y privado, por lo que había llegado el momento en el que una nueva reforma resultaba deseable. El viejo Amadis había trasportado a sus lectores a mundos idealizados, y las nuevas novelas, carecientes de diálogos nobles o actos de increíble heroísmo habían hecho mucho por refinar los gustos de la gente. Sin embargo, el crear historias de amor en las que unos críos engañan a sus padres había levantado nuevos riesgos, al convertir el cotilleo público y privado en materia publicable.

Entre las voces que reclamaban un regreso a los anticuados romances se encontraba Jane Barker, cuyo "romance nuevo" Exilius (1715) se convirtió en el boceto de una nueva tradición. Según Jane Barker, el romance se venía desarrollando desde Geoffrey Chaucer hasta François Fénelon, el último de los cuales era un autor que se había hecho famoso en ese tiempo con su romance Telémaco (1699/1700).

Los editores ingleses de Fénelon habían evitado el término "romance", prefiriendo publicarlo como "nueva épica en prosa" (de ahí los prefacios). Jane Barker, por el contrario insistió en publicar Exilius como un "Romance nuevo [...] siguiendo la forma de Telémacho", y no consiguió ganarse al mercado. En 1719 su editor, Edmund Curll, eliminó finalmente las viejas páginas del título ofreciendo Exilius como una colección de novelas.

El gran éxito de la siguiente década, Robinson Crusoe de Daniel Defoe, apareció ese mismo año, y el editor, William Taylor, evitó esas trampas con una cubierta en la que afirmaba que no se trataba de una novela ni de un romance, sino de una historia, sin embargo el diseño de página recordaba demasiado al "romance nuevo" con el que Fénelon se había hecho famoso.

Tal y como el término se entendía en la época, Robinson Crusoe es cualquier cosa menos una novela. No era una historia corta, ni se centraba en la intriga, ni se contaba en beneficio de un final bien cortado. Tampoco es Crusoe el antihéroe de un romance satírico, a pesar de hablar en primera persona del singular y haber tropezado con toda clase de miserias. Crusoe no invita realmente a la risa (aunque los lectores con gusto sabrán, por supuesto, entender como humor sus proclamas acerca de ser un hombre real) No es el autor real sino el fingido el que es serio, su vida le ha arrastrado contra su voluntad a las más románticas aventuras: ha caído en las garras de los piratas y sobrevivido durante años en una isla desierta. Lo que es más, lo ha sobrevivido con un heroísmo ejemplar, siendo un mero marinero de York. Si los lectores leyeron su obra como un romance no podría culparles, tan lleno está el texto de pura imaginación. Defoe y su editor sabían que todo lo que se decía resultaba totalmente increíble, y sin embargo clamaban que era cierto (o, que si no lo era, seguía mereciendo la pena leerlo como una buena alegoría). Este complicado juego es el que sitúa este trabajo en la cuarta columna en el diagrama de arriba.

La reforma, 1700-1800 [editar]

Clásicos de la novela desde el siglo XVI en adelante: portada de Colección selecta de novelas (1720-22)

El periodo 1700-1800 vio el auge de un "nuevo romance" como reacción a la producción de novelas potencialmente escandalosas. El movimiento se encontró en una compleja situación en el mercado inglés, donde el término "nuevo romance" podía raramente aventurarse, después de que la novela hubiera hecho tanto para transformar el gusto. El nuevo género adoptó también el nombre novela: esta nueva novela fue obra de nuevas proporciones épicas, con el efecto de que el inglés (y con el tiempo el español) precisaron una nueva palabra para la "novela" corta. En español se conoce al relato corto de ficción con el nombre de "cuento". En inglés, "romance" tendió a reservarse para una historia de amor, sea en la vida real o en la ficción.

La publicación de Robinson Crusoe no condujo directamente a la reforma del mercado de mediados del dieciocho. Los libros de Crusoe se publicaron como historias dudosas, por lo que entraban en el juego escandaloso del mercado del XVIII. La novela estaba totalmente integrada el en círculo de las historias, incluso aparecían de nuevo publicadas en uno de los periódicos de Londres como una posible relación de hechos. Filósofos como Jean-Jacques Rousseau hicieron de Robinson Crusoe un clásico décadas más tarde, y no fue hasta una centuria más tarde que se viera como la primera "novela" inglesa, publicada, como afirma Ian Watt en 1957, como respuesta al mercado de los romances franceses.

La reforma en el mercado de principios del dieciocho vino de la mano de la producción de clásicos: En 1720 gran cantidad de títulos de novela europea se reeditaron en Londres, desde Maquiavelo a Madame de La Fayette. Las "novelas" de Aphra Behn habían aparecido en conjunto en colecciones, y la autora del siglo XVII se había convertido en un clásico. Fénelon ya lo era desde hacía años, al igual que Heliodoro. Aparecieron las obras de Petronio y Longos, equipadas con prefacios que los situaban en la tradición de ficción en prosa que Huet había definido. La propia ficción en prosa, de acuerdo con los críticos, tenía su historia de subidas y bajadas: habiendo entrado en una crisis con el Amadis, encontró una salida en la novela. Sin embargo necesitaba ahora de atención constante, aunque, con todo, podía clamar ser una de las partes más elegantes de las belles letres, un nuevo sector dentro del mercado de la literatura que abarcaba los nuevos clásicos.

Huet publicó en 1670 el Traitté de l'origine des romans, que circulaba por aquel entonces en distintas traducciones y ediciones. El tratado ganó una posición central entre los escritos sobre la prosa de ficción habiendo creado el primer corpus de textos para debatir y siendo el primer título que demostraba que estas ficciones mundanas se podían interpretar al igual que un teólogo interpreta las partes del evangelio en el debate teológico. La interpretación necesita, por supuesto, de un propósito, y Huet ofrecía cierto número de preguntas que uno podía hacerse: ¿Qué nos dice una obra de ficción de una cultura extranjera o de un periodo lejano sobre aquellos que la construyeron?, ¿Qué necesidades culturales respondían estas historias?, ¿Existen premisas antropológicas fundamentales que nos hacen crear mundos imaginarios?, ¿Divertían y enseñaban estas ficciones?, ¿Constituían un sustituto al más recomendable conocimiento científico, como uno puede asumir de la lectura de los mitos de la antigüedad y del medioevo, o se sumaban a los encantos de la vida que se dan en una cultura particular, como puede interpretarse de las antiguas historias eróticas del Mediterráneo?.

La interpretación y el análisis de los clásicos posicionaba a los lectores de ficción en una posició nueva y mejorada: constituía una gran diferencia si leías romances y te perdías en un mundo imaginario a leer esos mismo romances con un prefacio que te informaba de los griegos, romanos o árabes que habían producido títulos como la Aethopica o Las mil y una noches (que se publicó por primera vez en Europa entre 1704 a 1715, en francés, traducción en la que se basaron la edición inglesa y alemana).

En el siglo XVIII nace en Francia la novela de análisis psicológico y de crítica.

Novelas como literatura, 1740-1800 [editar]

Samuel Richardson, autor de Pamela (1741), novela publicada con intenciones claras: "Ahora publicada por primera vez para cultivar los principios de la virtud y la religión en las mentes de los jóvenes de ambos sexos, una narración que tiene el fundamento en la verdad y la naturaleza; y al mismo tiempo entretiene agradablemente..."

El mercado de comienzos del siglo XVIII para la ficción clásica en prosa inspiró a autores vivos. Aphra Behn, escribiendo en un relativo anonimato, se convirtió en un autor celebrado póstumamente. Fénelon consiguió la misma fama en vida. Delarivier Manley, Jane Barker y Eliza Haywood siguieron sus famosos modelos franceses que se habían atrevido a reclamar la fama con sus nombres verdaderos: Madame d'Aulnoy y Anne Marguerite Petit du Noyer. La mayor parte de las novelas se habían publicado antes mediante pseusónimo; ahora se convertían en las producciones de autores famosos.

El discurso necesario para apreciar semejante movimiento hacia la responsabilidad estaba aún infradesarrollado. Los periódicos que trataban de literatura se dentraban en el "aprendizaje", en la literatura en sentido de la palabra. Hasta entonces, la mayor parte de la discusión de novelas y romances habían tenido lugar dentro del propio campo. La crítica literaria, un discurso crítico y externo sobre la poesía y la ficción, se alzó únicamente en la segunda mitad del siglo XVIII. Abrió una interacción entre participantes separados en los que los novelistas escribirían para ser criticados y en los que el público observarçía la interacción entre la crítica y los autores. La nueva crítica de finales del siglo XVIII ofrecía una reforma al establecer un mercado de obras merecedoras de ser discutidas (mientras que el resto del mercado continuaría existiendo, pero perdería la mayor parte de su atractivo público). El resultado fue una división de mercado en un campo inferior de ficción popular y una producción literaria crítica. La última, obras privilegiadas — aquellas que rivalizarían con los antiguos poemas épicos en ser discutidos como arte, que jugaba con las tradiciones de la ficción en prosa (abrieron un discurso interno sobre la historia de la literatura), y que eran de un claro estatus ficcional - estos solos podían discutirse como obras creadas por un artista que quería que el público discutiera esto y no otra historia.

Cambió el diseño de las portadas: las nuevas novelas no pretendieron vender ficciones al tiempo que amenazaban con revelar secretos reales. Ni aparecían como falsas "historias verdaderas". El nuevo título ya indicaría que la obra era de ficción, e indicaba cómo debía tratarlas el público. Pamela, de Samuel Richardson (1740) fue uno de los títulos que introdujo un nuevo formato de título, con su fórmula [...], o [...] ofreciendo un ejemplo: "Pamela, o la virtud recompensada - Ahora publicada por vez primera para cultivar los principios de la virtud y la relgión en las mentes de los jóvenes de ambos sexos, una narrativa que tiene el fundamento en la verdad y la naturaleza; y al mismo tiempo entretiene agradablemente". Así dice el título, y deja claro que es una obra creada por un artista que pretende lograr un efecto determinado, pero para ser discutido por el público crítico. Décadas más tarde, las novelas ya no necesitaron ser más que novelas: ficción. Las ediciones actuales de novelas simplemente dicen "ficción" en la portada. Se ha convertido en una etiqueta prestigiosa, y pide discusión y pensamiento.

Desapareció del mercado el escándalo producido por DuNoyer o Delarivier Manley. No atraía a la crítica seria y se perdía si permanecía sin discutir. Necesitó al final su propio tipo de periodismo escandaloso, que se desarrolló hasta convertirse en la prensa amarilla. el mercado inferior de la ficción en prosa siguió enfocando la inmediata satisfacción de un público que disfrutaba su permanencia en el mundo ficticio. El mercado más sofisticado se hizo complejo, con obras que jugaban nuevos juegos.

En este mercado alto, podía verse dos tradiciones que se desarrollaban: obras que jugaban con el arte de la ficción — Laurence Sterne y su Tristram Shandy entre ellas — el otro más cercano a las discusiones que prevalían y modos de su audiencia. El gran conflicto del siglo XIX, de si el artista debe escribir para satisfacer al público o para producir el arte por el arte, aún no había llegado.

Sentimentalismo, psicología, y el nuevo individuo, 1750-1850 [editar]

La novela sentimental de la segunda mitad del siglo XVIII creó un nuevo protagonista, con una actitud diferente hacia lo público y lo privado. Mientras que la heroína de principios de siglo había sido audaz y estaba preparada para proteger su reputación en una guerra de prensa si era necesario, su descendiente inmediato era demasiado modesto y tímido para hacer lo propio. Las heroínas de comienzos de siglo tenían sus secretos, amaban las intrigas, e intentaban cualquier cosa que creyeran necesaria para conseguir lo que querían. Por el contrario, las de la segunda mitad de siglo desarrollaron un sentimiento de modestia. Sufrían si tenían que mantener secretos, y sentían la necesidad de confesarlos, por lo que buscaban a sus amistades más íntimas para poder abrir sus corazones y exponer sus deseos más ocultos.

La audiencia del siglo XVIII veía a estos nuevos héroes y heroínas con asombro, pues se atrevían a confesarse con sus padres y amigos, una confianza que solo unas décadas antes les hubiera convertido en víctimas del mundo de ficción, intriga y escándalos de comienzos de siglo, y que, sin embargo, para éstos nuevos héroes se tornaba en un receptáculo de compasión. En vez de hacer de sus asuntos un entretenimiento público, los nuevos héroes desarrollaban un sentido de la intimidad que solo la novela podía plasmar.

Nuevos géneros prosperaban con estos nuevos protagonistas que no querían mostrar sus trapos sucios en público; sus cartas y diarios se encontraban y publicaban solo después de sus muertes. Una oleada de sentimentalismo fue el primer resultado, presentando a héroes como el de Man of Feeling (1771) de Henry Mackenzie. Una segunda oleada trajo consigo héroes más radicales que no podían ya soñar con un entorno en que buscar comprensión. Las cuitas del joven Werther, de Johann Wolfgang von Goethe (1774), se situó a la encabezada del nuevo movimiento, y forjó tal sentimiento de compasión y comprensión que muchos estaban preparados a seguir a Werther en su suicidio.

Los críticos percibían a éstos nuevos héroes como el mejor signo de que una nueva literatura que se prestaba al debate se estaba forjando. Las preguntas sobre el mundo y el hombre que los protagonistas tan desesparadamente se hacían permitía un nuevo tipo de debate literario-filosófico, el de la naturaleza de la mente humana que tan bien se observaba en estas novelas.

Este desarrollo de la novela había tornado la defensa de una reforma moral tanto individual como social en un género. Con la llegada del Romanticismo alrededor de 1770, este desarrollo fue más allá: la novela se convirtió en el medio de una vanguardia en la que las emociones se encontraban ejemplificadas y personificadas. Los escritores alemanes dieron nombre al Bildungsroman, un tipo de novela que se centraba en el desarrollo del individuo, su educación, y su camino hacia la individualidad en la preparación de su vida social. Las nuevas ciencias, como la sociología y la psicología se elaboraron al tiempo que el "nuevo individuo" e influenciaron las discusiones sobre la novela en el siglo XIX.

Siglo XIX [editar]

A finales del siglo XVIII aparecen unas novelas cargadas de un sentimentalismo melancólico que abren el período romántico que se desarrolla plenamente en el siglo XIX con la aparición de la novela histórica, psicológica, poética y social. El género alcanza su perfección técnica con el realismo y el naturalismo. Es en esta época cuando la novela alcanza su madurez como género. Su forma y su estética ya no cambiaron más hasta el siglo XX: su división en capítulos, la utilización del pasado narrativo y de un narrador omnisciente.

Novela gótica [editar]

Al comienzo del siglo XVII la novela había sido un género realista luchando contra el romance con sus salvajes fantasías. La novela se había vuelto primero hacia el escándalo antes de sufrir una reforma en las últimas décadas del siglo XVIII. Con el tiempo, la ficción se convirtió en el campo más honorable de la literatura. Este desarrollo culminó en una ola de novelas de fantasía en el tránsito hacia el siglo XIX. Se acentuó la sensibilidad en estas novelas. Las mujeres, alteradas e inclinadas a imaginar mundos más allá de aquel en que vivían, se convirtieron en las heroínas de un nuevo mundo de "romances" y novelas góticas, creando historias que ocurrían en tiempos y lugares lejanos. La Italia del Renacimiento era uno de los entornos favoritos para ambientar novelas góticas.

La novela gótica clásico fue Los misterios de Udolfo (1794). Como en otras novelas góticas, la noción de lo sublime es crucial. La teoría estética del siglo XVIII sostenía que lo sublime y lo bello se yuxtaponían. Lo sublime era sobrecogedor (awful, literalmente "awe-inspiring" inspiradora de sobrecogimiento) y aterradora mientras que lo bello era calmado y tranquilizador. Los personajes góticos y sus paisajes entraban casi por entero en lo sublime, siendo la heroína la gran excepción. La susceptibilidad de la "bella" heroína a los elementos sobrenaturales, que son elemento integral de estas novelas, al mismo tiempo celebra y "problematiza" lo que llegó a verse como hipersensibilidad.

Al comienzo del siglo XIX, las alteradas emociones de sensibilidad, tal como se expresaban en lo sublime gótico, se habían agotado. Jane Austen con La abadía de Northanger (1803) parodió la novela gótica, reflejando su muerte. Más aún, aunque la sensibilidad no desapareció, fue menos valorada. Austen introdujo un estilo diferente de escritura, la "comedia de costumbres". Sus novelas a menudo son no sólo cómicas, sino también mordazmente críticas de la cultura restrictiva y rural de principios del siglo XIX. Su novela más conocida, Orgullo y prejuicio (1811), es la más feliz, y ha sido un anteproyecto de mucha ficción romántica posterior. Las novelas de Austen aún tienen un seguimiento amplio, a pesar de la distancia entre los dilemas de sus heroinas y los del lector actual.

Romanticismo [editar]

El gato Murr de E.T.A. Hoffmann, edición de 1855.

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, este género no fue cultivado por los románticos. Byron, Schiller, Lamartine o Leopardi prefirieron el drama o la poesía, pero aun así fueron los primeros en otorgar un lugar a la novela dentro de sus teorías estéticas.

El primer romanticismo es el alemán, con el movimiento Sturm und Drang. La novela trata los mismos temas que la poesía: leyendas, relatos de fantasía. Puede citarse la obra de Adelbert von Chamisso Historia maravillosa de Pedro Schemil, el hombre que vendió su sombra al diablo. Se dedicaron sobre todo al bildungsroman o novela de formación: Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister de Goethe (1796), Enrique de Ofterdingen de Novalis (inacabada, 1801).

La obra de Jean Paul y E.T.A. Hoffmann están dominadas por la imaginación, pero conservaron la estética heteróclita del siglo XVIII, de Laurence Sterne y de la novela gótica.

En Francia los autores prerrománticos y románticos se consagraron más ampliamente a la novela. Se puede citar a Madame de Staël, Chateaubriand, Vigny ("Stello", "Servidumbre y grandeza militares", "Cinco de marzo"), Mérimée ("Crónica del reinado de Carlos IX ", "Carmen", "El Doble Despreciar"), Musset ("La Confesión de un hijo del siglo"), George Sand ("Lélia", "Indiana") e incluso Victor Hugo ("Nuestra Dama de París"). No obstante la inspiración novelesca de Victor Hugo, obtenida a un tiempo del realismo histórico y social y de la novela popular, está bastante alejada del espíritu romántico.

El género de la novela histórica está representado en Italia por la obra maestra de Alessandro Manzoni: Los Novios (1840-1842).

En Inglaterra, la novela romántica encuentra su máxima expresión con las hermanas Brontë y Walter Scott, cultivador de una novela histórica de carácter tradicional y conservador, ambientada en Escocia (Waverley, Rob Roy) o la Edad Media (Ivanhoe o Quintin Durward).

Dentro de este mismo idioma, aparecen los primeros escritores de renombre en los Estados Unidos. Cultivó la novela Fenimore Cooper, siendo su obra más conocida El último mohicano.

En Rusia, puede citarse la novela en verso de Pushkin, Eugenio Oneguin.

Realismo y naturalismo [editar]

La novela realista se caracteriza por la verosimilitud de las intrigas, a menudo inspiradas por hechos reales, así como por la riqueza de las descripciones y de la psicología de los personajes. Se retratan personajes de todas las capas sociales y a menudo a lo largo de generaciones sucesivas. Esta voluntad de construir un mundo novelístico a la vez coherente y completo vio su culminación con La Comedia humana de Honoré de Balzac. Este proyecto tuvo una influencia considerable en la historia de la novela. Además de Balzac, la escuela realista francesa cuenta igualmente con Flaubert y Maupassant. A finales del siglo XIX, el realismo evolucionó por un lado hacia el naturalismo objetivo de un Zola y por otro hacia la novela psicológica.

La tradición satírica inglesa del siglo XVIII se perpetuó con autores como Charles Dickens, William Makepeace Thackeray o, en Francia, Octave Mirbeau, integrantes en ciertos aspectos de la novela realista, principalmente en la importancia de las descripciones y la ambición de presentar una "imagen global" de toda la sociedad.

En Rusia, el estilo satírico queda ilustrado por Nikolái Gógol (Almas muertas, 1840), y por algunas novelas de Dostoievski (La ciudad de Stepanchikovo y sus habitantes, 1859). Este es el gran siglo de la literatura rusa, que dio numerosas obras maestras al género novelístico, especialmente en el estilo realista: Ana Karenina de Leon Tolstoy (1873-1877), Padres e hijos de Ivan Turgueniev (1862), Oblómov de Iván Goncharov (1858). En fin, la obra novelística de Dostoievski, cuya importancia para la historia de la novela es fundamental, puede por ciertos aspectos ser relacionada con este movimiento.

El realismo también se impone en el resto de Europa: George Eliot y Anthony Trollope en Inglaterra, Eça de Queiroz en Portugal. En Alemania y en Austria, el estilo Biedermeier impone una novela realista con rasgos moralistas (Adalbert Stifter).

Al principio del siglo XX, escritores estadounidenses como John Steinbeck, Jack London o Ernest Hemingway perpetuarán el estilo naturalista.

Separación de la alta y la baja producción [editar]

El mercado de la novela en el siglo XIX estaba claramente separada entre la producción "alta" y "baja".

La nueva producción superior puede verse en términos de tradiciones nacionales. La novela moderna reemplazó poco a poco a la poesía como medio de expresión privilegiado de la conciencia nacional de los pueblos que acceden a la modernidad. Pueden citarse como ejemplo:

La producción inferior se organizaba más bien en géneros por un esquema que se deriva del espectro de géneros de los siglos XVII y XVIII, aunque vio el nacimiento de dos nuevos géneros novelísticos populares: la novela policíaca con Wilkie Collins y Edgar Allan Poe y la novela de ciencia-ficción con Julio Verne y H. G. Wells.

La posición de los autores logra su forma moderna con el establecimiento de esta pauta. El autor moderno puede dirigirse bien a un amplio mercado o escribir con un ojo puesto en la discusión crítica seria. Los límites entre ambos reinos se han desarrollado de manera diferente, según los países. Mientras esta división del mercado moderno llegó relativamente tarde al mundo inglés, Alemania y Francia tuvieron un interés más temprano y fuerte en crear literaturas nacionales - Francia debido a la Revolución francesa, Alemania durante su unificación de mediados del siglo XIX. Estos dos países experimentaron una división entre la alta literatura -objeto de discusión en las escuelas y los periódicos, y celebrada en la vida pública - y una producción inferior o baja - que no merecía ser mencionada en tales círculos - mientras que el vasto mercado comercial del mundo angloparlante aún se resistía a esta división artificial.

La novela probó que era un medio para una comunicación tanto íntima (las novelas pueden leerse privadamente mientras que las obras de teatro son siempre un acontecimiento público) como públicamente (las novelas se publican y así se convierten en algo que afecta al público, si no a la nación, y sus intereses vitales), un medio de un punto de vista personal que puede abarcar el mundo. Nuevas formas de interacción entre los autores y el público reflejaban estos desarrollos: los autores hacían lecturas públicas, recibían premios prestigiosos, ofrecían entrevistas en los medios de comunicación y actuaban como la conciencia de su nación. Este concepto del novelista como una figura pública apareció a lo largo del siglo XIX.

1. La novela como un producto literario, apoyado por el discurso crítico

Literatura españolaLiteratura francesaLiteratura alemanaLiteratura inglesa…por idioma y nación

2. Ficción popular, no apoyada por la crítica

1
El moderno roman à clef (un ejemplo reciente es Primary Colors)
2
Sexo, incluyendo la pornografía "romántica" suave para la audiencia femenina
3
Ambientación histórica (la tradición de los romances heroicos), el crimen (la tradición de la novela del siglo XVII)
4
Aventura, ciencia ficción
5
Espionaje, conspiración

Siglo XX [editar]

La novela como universo [editar]

Entre 1880-1940, la novela acostumbraba a rendir cuentas a la experiencia humana individual (novela psicológica) o colectiva (Novela vienesa y americana). Las obras se hacen más largas y buscan unir en una estructura única diversos elementos heterogéneos.

La novela psicológica [editar]

Hacia finales del siglo XIX, numerosas novelas buscaban desarrollar un análisis psicológico de sus personajes. Algunos ejemplos son las novelas tardías de Maupassant, Romain Rolland, Paul Bourget, Colette o D.H. Lawrence. La intriga, las descripciones de lugares y, en menor medida, el estudio social, pasaron a un segundo plano.

Henry James introdujo un aspecto suplementario que se tornaría central en el estudio de la historia de la novela: el estilo se convierte en el mejor medio para reflejar el universo psicológico de los personajes. El deseo de aproximarse más a la vida interior de éstos hace que se desarrolle la técnica del monólogo interior, como ejemplifican El teniente Güstel, de Arthur Schnitzler (1901), Las olas de Virginia Woolf (1931), y el Ulises de James Joyce (1922).

El desarrollo de la novela psicológica refleja así mismo el de la psicología experimental (como en las obras de William James, hermano de Henry, de la escuela vienesa), por ejemplo el psicoanálisis. El interés de la novela por los desarrollos teóricos de la psicología puede verse ilustrado en novelas como La Conciencia de Zeno de Italo Svevo (1923).

El círculo de Viena [editar]

A comienzos del siglo XX muchos novelistas buscaban recuperar el proyecto de Balzac de construir una novela polifónica que reflejara todos los aspectos de una época. Este será el caso de muchas de las novelas vienesas. Así, El hombre sin atributos de Robert Musil (publicado póstumamente en 1943) y Los Sonámbulos de Hermann Broch (1928-1931) presentan la ambición de querer representar, a través del destino de algunos de sus personajes, la evolución de los valores de la sociedad occidental. Estas dos novelas integran largos pasajes de reflexiones y comentarios filosóficos que esclarecen la dimensión alegórica de la obra. En la tercera parte de Los sonámbulos, Broch alarga el horizonte de la novela mediante la yuxtaposición de diferentes estilos: narrativa, reflexión, autobiografía...

Podemos encontrar también esta ambición en otras novelas vienesas de la época, como las obras de: (Arthur Schnitzler, Heimito von Doderer, Joseph Roth) y con más frecuencia en otros autores en lengua alemana como Thomas Mann, Alfred Döblin o Elias Canetti, y también en otros autores como el francés Roger Martin du Gard en Les Thibault (1922-1929) o el americano John Dos Passos, en su trilogía U.S.A. (1930-1936).

Proust y Joyce [editar]

En busca del tiempo perdido, con correcciones del autor

Con En busca del tiempo perdido de Marcel Proust y el Ulises de James Joyce, la concepción de la novela como un universo encuentra su fin. En cierta manera es también una continuación de la novela de análisis psicológico. Estas dos dos novelas tienen igualmente la particularidad de proponer una visión original del tiempo: el tiempo cíclico de la memoria en Proust, el tiempo de un solo día dilatado infinitamente de Joyce. En este sentido, estas novelas marcan una ruptura con la concepción tradicional del tiempo en la novela, que estaba inspirado en la historia. Ambas obras tiene en común el virtuosismo estilístico, más homogéneo en la obra de Proust y más ecléctico en el Ulises. También podemos aproximar la obra de Joyce con la de la autora inglesa Virginia Woolf y el americano William Faulkner.

La era de la sospecha [editar]

En los inicios del siglo XX nace la novela experimental. El naturalismo francés influyó en Italia (el verismo). En este momento la novela era un género conocido y respetado, al menos en sus expresiones más elevadas (los "clásicos"). El inicio del siglo XX vio el nacimiento del psicoanálisis, la lógica de Wittgenstein y Russell, la lingüística y la técnica narrativa intenta adecuarse a ello. Después de haber buscado refugio en la representación de clases bajas (verismo) o de clases altas, la novela no podía estar más basada sobre la relatividad, y eso modifica su estructura: la trama a menudo desaparece, no existe necesariamente una relación entre la representación espacial con el ambiente, la andadura cronológica se sustituye por una disolución del curso del tiempo y nace una nueva relación entre el tiempo y la trama. Cambia también la tipología de los personajes. Termina el mito del héroe que es sustituido por los nuevos antihéroes y cuyos rasgos principales son el sentimiento de frustración, la pérdida de su propia identidad, la falta de unidad psíquica, la sensación de no ser auténtico. Los protagonistas son los ineptos, los hombres sin ninguna cualidad, los enfermos físicos y psíquicos, de los cuales a menudo se pone en escena la inutilidad de la acción y de la palabra.

La novela existencialista [editar]

Portada de la primera edición de La metamorfosis de Franz Kafka.

La entrada del modernismo y el humanismo en la filosofía occidental, así como la conmoción causada por dos guerras mundiales consecutivas provocaron un cambio radical en la novela. Las historias se tornaron más personales, más irreales o más formales. El escritor se encuentra con un dilema fundamental, escribir, por un lado, de manera objetiva, y por el otro transmitir una experiencia personal y subjetiva. Es por esto que la novela de principios del siglo XX se ve dominada po la angustia y la duda.

La novela existencialista de la que se considera a Søren Kierkegaard como su precursor inmediato con novelas como Diario de un seductor, tiene fuertes influencias en la novela posterior. Desde éste punto de vista, solo la narración subjetiva puede informar de lo que es realmente la existencia. Especialmente en los años 30 podemos encontrar diversas novelas de corte existencialista. Estas novelas son narradas en primera persona, como si fuera un diario, y los temas que más aparecen son la angustia, la soledad , la búsqueda de un sentido para la existencia y la dificultad comunicativa. Estos autores son generalmente herederos del estilo de Dostoievski, y su obra más representativa es La náusea de Jean-Paul Sartre. Otros autores existencalistas notables son Albert Camus, cuyo estilo minimalista le sitúa en un contraste directo con Sartre, Knut Hamsun, Louis-Ferdinand Céline, Dino Buzzati, Cesare Pavese y la novela absurdista de Boris Vian. La novela japonesa de después de la guerra también comparte similitudes con el existencialismo, como puede apreciarse en autores como Mishima, Kawabata, Kōbō Abe o Kenzaburō Ōe.

Otro de los aspectos novedosos de la literatura de comienzos de siglo es la novela corta caracterizada por una imaginación sombría y grotesca, como es el caso de las novelas de Franz Kafka, como El proceso o La metamorfosis, que también tendrán un gran impacto en los escritores posteriores. Otro de los movimientos que participan de este desbordamiento de la imaginación son los pertenecientes al Boom latinoamericano, como Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Julio Cortázar o Carlos Fuentes.

La novela y el totalitarismo [editar]

La dimensión trágica de la historia del siglo XX se encuentra largamente reflejada en la literatura de la época. Las narraciones o testimonios de aquellos que combatieron en ambas guerras mundiales, los exiliados y los que escaparon de un campo de concentración trataron de abordar esa experiencia trágica y de grabarla en la memoria de la humanidad. Todo esto tuvo consecuencias en la forma de la novela, pues vemos aparecer gran cantidad de relatos de no-ficción que emplean la técnica y el formato de la novela, como pueden ser Si esto es un hombre (Primo Levi, 1947), La noche (Elie Wiesel, 1958) La especie humana (Robert Antelme, 1947) o Ser sin destino (Imre Kertész, 1975). Este tipo de novela influenciaría después a autores como Georges Perec o Marguerite Duras.

Por otro lado, el recurso de emplear la novela como denuncia a los crímenes soviéticos también se emplea de forma sistemática en novelas tales como Un día en la vida de Ivan Denissovitch de Aleksandr Solzhenitsyn (1962), Una tumba para Borís Davídovich de Danilo Kis (1976), o La broma de Milan Kundera (1967). Estas novelas denuncian específicamente la pérdida de la esfera privada, el lugar que retrata por excelencia la novela, en los estados soviéticos. En un sentido más propagandístico también puede notarse la proliferación de la Novela de espionaje que se da en la época.

También otro nuevo tipo de novela ve la luz en en el siglo XX, la distopía o antiutopía. En estas novelas la dimensión política es esencial, y describen un mundo dejado a la arbitrariedad de una dictadura. Este género tuvo un éxito espectacular en Europa central y en Rusia; entre las obras más notables se encuentran El proceso de Franz Kafka, 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y Nosotros de Yevgeni Zamiatin. Estas novelas anticiparon en cierto modo las vertientes totalitarias del siglo XX.

Los problemas para la novela del siglo XX son aún aquellos de la voz narradora, y del narrador que presenta el punto de vista dominante.

Bibliografía [editar]

Puntos de vista contemporáneos [editar]

  • 1651: Paul Scarron, The Comical Romance, capítulo XXI. "Que quizás no se encuentre muy entretenido" (Londres, 1700). Alegato de Scarron por una producción francesa que rivalizada con las "novelas" españolas. Marteau
  • 1670: Pierre Daniel Huet, "Traitté de l'origine des Romans", Prefacio a la obra de la condesa de La Fayette, Zayde, histoire espagnole (París, 1670). Una historia mundial de la ficción. Edición en pdf de Gallica France
  • 1683: [Du Sieur], "Sentimens sur l’histoire" de: Sentimens sur les lettres et sur l’histoire, avec des scruples sur le stile (París: C. Blageart, 1680). Las nuevas novelas, tal como han sido publicadas magistralmente por Marie de LaFayette . Marteau
  • 1702: Abbe Bellegarde, "Lettre à une Dame de la Cour, qui lui avoit demandé quelques Reflexions sur l’Histoire" en: Lettres curieuses de littérature et de morale (La Haya: Adrian Moetjens, 1702). Paráfrasis del texto de Du Sieur. Marteau
  • 1705/1708/1712: [Anon.] En inglés, francés y alemán, el Prefacio a La historia secreta de la reina Zarah y los zarazianos (Albigion, 1705). El artículo de Bellegarde plagiado. Marteau
  • 1713: Deutsche Acta Eruditorum, crítica alemana de la traducción francesa de la obra New Atalantis 1709, de Delarivier Manley (Leipzig: J. L. Gleditsch, 1713). Un raro ejemplo de una novela política discutida por un diario literario. Marteau
  • 1715: Jane Barker, prefacio a su Exilius or the Banish’d Roman. A New Romance (Londres: E. Curll, 1715). Alegato por un "nuevo romance" después del Telémaco de Fénelon. Marteau
  • 1718: [Johann Friedrich Riederer], "Satyra von den Liebes-Romanen", de: Die abentheuerliche Welt in einer Pickelheerings-Kappe, 2 (Núremberg, 1718). Sátira alemana sobre la amplia difusión de la lectura de novelas y romances. Marteau
  • 1742: Henry Fielding, prefacio a Joseph Andrews (Londres, 1742). La "épica cómica en prosa" y su poética. Blackmask. Una edición reciente de Joseph Andrews, en España, Círculo de Lectores, S.A., 1998, ISBN (10): 84-226-4645-5

Literatura secundaria [editar]

  • Lukács, Georg (1971, 1916). The Theory of the Novel, trad. Anna Bostock, Cambridge: M.I.T. Press. ISBN 0-262-12048-8. En España, El alma y las formas. Teoría de la novela (Grijalbo, 1974) ISBN (10): 84-253-0375-3; Teoría de la novela (Círculo de Lectores, S.A., 1999) ISBN (10): 84-226-7358-4
  • Watt, Ian (2000, 1957). The Rise of the Novel: Studies in Defoe, Richardson and Fielding. Berkeley: University of Los Angeles Press. ISBN 0-520-23069-8. Watt considera Robinson Crusoe como la primera "novela" moderna e interpreta el auge de la novela moderna de realismo como un logro de la literatura inglesa, debido a un número de factores desde el temprano capitalismo al desarrollo del individuo moderno.
  • Burgess, Anthony (1963). The Novel To-day. Londres: Longmans, Green.
  • Burgess, Anthony (1967). The Novel Now: A Student's Guide to Contemporary Fiction. Londres: Faber.
  • Burgess, Anthony (1970). "Novel, The" – Artículo clásico de la Encyclopædia Britannica.
  • Miller, H. K., G. S. Rousseau y Eric Rothstein, The Augustan Milieu: Essays Presented to Louis A. Landa, (Oxford: Clarendon Press, 1970). ISBN 0-19-811697-7
  • Davis, Lennard J. (1983). Factual Fictions: The Origins of the English Novel. Nueva York: Columbia University Press. ISBN 0-231-05420-3.
  • Armstrong, Nancy (1987). Desire and Domestic Fiction: A Political History of the Novel. New York: Oxford University Press. ISBN 0-19-504179-8.
  • McKeon, Michael (1987). The Origins of the English Novel, 1600-1740. Baltimore: Johns Hopkins University Press. ISBN 0-8018-3291-8.
  • Hunter, J. Paul (1990). Before Novels: The Cultural Contexts of Eighteenth-Century English Fiction. Nueva York: Norton. ISBN 0-393-02801-1.
  • Ballaster, Ros (1992). Seductive Forms: Women's Amatory Fiction from 1684-1740. Oxford: Clarendon Press. ISBN 0-19-811244-0.
  • Doody, Margaret Anne (1996). The True Story of the Novel. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press. ISBN 0-8135-2168-8.
  • Simons, Olaf (2001). Marteaus Europa, oder, Der Roman, Bevor er Literatur Wurde: eine Untersuchung des Deutschen und Englischen Buchangebots der Jahre 1710 bis 1720. Amsterdam: Rodopi. ISBN 90-420-1226-9. Un estudio del mercado de la novela sobre 1700 interpretando la crítica contemporánea.
  • Price, Leah (2003). The Anthology and the Rise of the Novel: From Richardson to George Eliot. Londres: Cambridge University Press. ISBN 0-521-53939-0.
  • Rousseau, George (2004. Nervous Acts: Essays on Literature Culture and Sensibility (Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2004). ISBN 1-4039-3454-1
  • Madden, David; Charles Bane, Sean M. Flory (2006). A Primer of the Novel: For Readers and Writers, edición revisada edición, Lanham, MD: Scarecrow Press. ISBN 0-8108-5708-1. Edición actualizada de tipología pionera e historia de cerca de 50 géneros; índice de tipos y técnica, y una detallada cronología.

Referencias [editar]

  1. García López, J.
  2. García López, J. p. 158

Enlaces externos [editar]

21/10/2009 13:58 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: EL NATURALISMO. El naturalismo es un estilo artístico, sobre todo literario, basado en reproducir la realidad con una objetividad perfecta y documental en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes como los más vulgares. Su máximo representante, teorizador e impulsor fue el periodista Émile Zola que expuso esta teoría en el prólogo a su novela Thérèse Raquin y sobre todo en Le roman expérimental (1880). Desde Francia, el Naturalismo se extendió a toda Europa en el curso de los veinte años siguientes adaptándose a las distintas literaturas nacionales. El naturalismo presenta al ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética y el medio en que vive.

Naturalismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase Naturalismo (desambiguación).

El naturalismo es un estilo artístico, sobre todo literario, basado en reproducir la realidad con una objetividad perfecta y documental en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes como los más vulgares. Su máximo representante, teorizador e impulsor fue el periodista Émile Zola que expuso esta teoría en el prólogo a su novela Thérèse Raquin y sobre todo en Le roman expérimental (1880). Desde Francia, el Naturalismo se extendió a toda Europa en el curso de los veinte años siguientes adaptándose a las distintas literaturas nacionales. El naturalismo presenta al ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética y el medio en que vive.

Contenido

[ocultar]

Características [editar]

  • Determinismo positivista como orden vital supremo, traducido, con frecuencia, en fatalismo mecanicista. El naturalista presenta al ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética y el medio en que vive. En él influyen el Positivismo de Auguste Comte, que no valora que no puede ser objeto de experiencia, el Utilitarismo de Bentham y Stuart Mill, que juzga todo en función de su utilidad, y el Evolucionismo físico de Darwin y social de Herbert Spencer, que niega la espiritualidad del hombre al negar la intervención divina, y el materialismo histórico de Marx y Engels. En la mayoría de los escritos lo que se intenta es reflejar que la condición humana está mediatizada por tres factores: la herencia genética, las taras sociales (alcoholismo, prostitución, pobreza, violencia) y el entorno social y material en que se desarrolla e inserta el individuo. Esto es, lo que se conoce en filosofía como Determinismo. De aquí deriva otra importante característica del Naturalismo, una crítica (implícita, ya que el valor documental y científico que se pretende dar a la literatura de este tipo impide aportar opiniones propias) a la forma como está constituida la sociedad, a las ideologías y a las injusticias económicas, en que se hallan las raíces de las tragedias humanas.
  • La fisiología como motor de la conducta de los personajes;
  • Sátira y denuncia social. La novela naturalista no vale como simple pasatiempo, es un estudio serio y detallado de los problemas sociales, cuyas causas procura encontrar y mostrar de forma documental.
  • Concepción de la literatura como arma de combate político, filosófico y social;
  • Feísmo y tremendismo como repulsivos. Puesto que se presentan casos de enfermedad social, el novelista naturalista no puede vacilar al enfrentarse con lo más crudo y desagradable de la vida social.
  • Adopción de los temas relativos a las conductas sexuales como elemento central de las novelas. No se trata de un erotismo deleitoso y agradable, sino que es una manifestación de enfermedad social, suciedad y vicio. Por ello, frecuentemente el novelista naturalista se centra en el mundo de la prostitución, vista como lacra social y como tragedia individual. El público confundía sin embargo a veces naturalismo con pornografía, lo que no era la intención de los naturalistas. Estos critican con frecuencia la literatura folletinesca que trastorna la percepción de la realidad.

Cabe destacar que, si bien Realismo y Naturalismo son muy parecidos en el sentido de reflejar la realidad tal y como es (contrariamente al idealismo romántico), la diferencia radica en que el Realismo es más descriptivo y refleja los intereses de una capa social muy definida, la burguesía, mientras que el Naturalismo extiende su descripción a las clases más desfavorecidas, intenta explicar de forma materialista y casi mecanicista la raíz de los problemas sociales y alcanza a hacer una crítica social profunda; además, si el individualismo burgués es siempre libre y optimista en su fe liberal de que es posible el progreso sin contrapeso y labrar el propio destino, el Naturalismo es pesimista y ateo merced al determinismo, que afirma que es imposible escapar de las condiciones sociales que guían nuestro sendero en la vida sin que podamos hacer nada por impedirlo. Por otra parte los naturalistas españoles hacen uso de un narrador omnisciente y se alejan del impersonalismo que busca el maestro francés Zola; por otra parte, estas novelas no consiguen una reproducción fiel de la realidad, objetivo que sí busca Zola, sino que recargan excesivamente los aspectos que quieren destacar, con lo que pierden el valor documental que busca Zola.

Se considera que el Naturalismo es una evolución del Realismo. De hecho, la mayoría de los autores realistas evolucionó hacia esta corriente materialista, si bien otros orientaron su descripción de la realidad hacia el interior del personaje llegando a la novela psicológica.

El Naturalismo, al igual que el Realismo, refuta el Romanticismo rechazando la evasión y volviendo la mirada a la realidad más cercana, material y cotidiana, pero, lejos de conformarse con la descripción de la mesocracia burguesa y su mentalidad individualista y materialista, extiende su mirada a las clases más desfavorecidas de la sociedad y pretende explicar los males de la sociedad de forma determinista.

El Naturalismo tenía como objetivo explicar los comportamientos del ser humano. El novelista del Naturalismo pretende interpretar la vida mediante la descripción del entorno social y descubrir las leyes que rigen la conducta humana. El Naturalismo surge en París; Zola fue el iniciador del movimiento Naturalista, al decidir romper con el romanticismo, crea este movimiento literario; siendo considerado el maestro de este movimiento junto con Gustave Flaubert. En sus obras más importantes describirían de manera cruda y realista el contexto social de París, el lugar de inicio del movimiento.

El Naturalismo en Europa [editar]

En Alemania destacan los escritores Carl Hauptmann (1858-1921) y Gerhart Hauptmann (1862-1946) entre otros. En Italia el Naturalismo se denominó Verismo y tiene su principal autor en Giovanni Verga (1840-1922), y su obra maestra en la novela de este autor titulada Los Malavoglia (Los Malasangre); también siguió esta estética Luigi Capuana (1839-1915). En Gran Bretaña el gran novelista y poeta del naturalismo fue Thomas Hardy, y en el terreno dramático puede reconocerse alguna influencia de los postulados naturalistas en George Bernard Shaw a través de la asimilación que hace de dicha estética el dramaturgo noruego Henrik Ibsen. En Alemania no se desarrolló este movimiento con tanta fuerza y en Estados Unidos este movimiento llegó bastante tarde, aunque es posible reconocer el Naturalismo en las obras de Theodore Dreiser (Una tragedia americana) y una evolución importante en el Nuevo periodismo americano de, por ejemplo, Truman Capote. En Francia, fuera del líder del movimiento, Emile Zola, existe naturalismo en Gustave Flaubert y en otros autores de menor fuste. En Rusia difundió el movimiento el gran crítico literario Belinski y lo siguieron en algunas de sus obras autores importantes, como Gógol, Dostoievski, Goncharov y otros. En Rusia difundió el movimiento el gran crítico literario Belinski y lo siguieron en algunas de sus obras autores importantes, como Gógol, Dostoievski, Goncharov y otros.

En España participaron de este movimiento hombres comprometidos con posturas cercanas al Krausismo o la izquierda como Galdós (La desheredada), Clarín y Vicente Blasco Ibáñez. Desde la óptica conservadora puede también hablarse de un Naturalismo cristiano no rigurosamente pesimista ni determinista en el que militaron autores como Pardo Bazán, Luis Coloma, José María de Pereda (que se acercó al naturalismo en su novela La Puchera), Juan Armada y Losada, José de Siles, Francisco Tusquets, Ángel Salcedo y Ruiz y Alfonso Pérez Gómez Nieva. Otro tercer grupo estaría integrado por los hombres de la revista Gente Nueva, luego ampliado en otra revista, Germinal, de ideología más extremista y que estaría integrado por los escritores del llamado Naturalismo radical: Eduardo López Bago, José Zahonero, Remigio Vega Armentero, Enrique Sánchez Seña, Joaquín de Arévalo, Jose María Matheu Aybar, Manuel Martínez Barrionuevo, Eugenio Antonio Flores, Silverio Lanza, Emilio Bobadilla, Alejandro Sawa, Joaquín Dicenta (quizá el poeta y dramaturgo del naturalismo más importante en castellano), José Ortega Munilla, Jacinto Octavio Picón, Ernesto Bark, Ricardo Macías Picavea y algunos otros más. Epígonos del naturalismo son en cierta medida Felipe Trigo y Augusto Martínez Olmedilla.

Empero, y con la excepción de algunos ensayos serios, como La desheredada, de Galdós, lo que se practica en España no es un auténtico naturalismo zolesco, sino una fórmula conciliadora que extrae algunos recursos formales de Zola sin seguir su doctrina ideológica (ateísmo, positivismo, determinismo). Este sincretismo es el que practican Pardo Bazán o el marqués de Figueroa.

El Naturalismo en Hispanoamérica [editar]

En América, vinculado al llamado Indigenismo, representan el Naturalismo los puertorriqueños Matías González García y Manuel Zeno Gandía, el chileno Augusto d'Halmar y la peruana Clorinda Matto de Turner quien alcanzó un gran éxito con su novela Aves sin nido. Otra figura destacada del naturalismo peruano fue Mercedes Cabello de Carbonera cuya novela Blanca Sol fue muy controvertida. El argentino Eugenio Cambaceres tiene importancia por destacar la decadencia de las clases priviligadas con novelas como Música Sentimental. En México, destacaron Federico Gamboa con su célebre novela Santa; Ángel del Campo, que usó el pseudónimo de "Micrós", y Vicente Riva Palacio. En Cuba destaca sobre todo Carlos Loveira, acompañado de Miguel de Carrión y Jesús Castellanos.

Véase también [editar]

21/10/2009 13:54 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: NOVELA REALISTA. Se llama novela realista al género narrativo aparecido en España en el siglo XIX como superación de la novela histórica y romántica anterior. Sus antecedentes más remotos hay que buscarlos en las grandes obras novelísticas del Siglo de Oro: El Quijote, Lazarillo de Tormes, El Buscón, etc., obras igualmente de corte realista.

Novela realista

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Se llama novela realista al género narrativo aparecido en España en el siglo XIX como superación de la novela histórica y romántica anterior. Sus antecedentes más remotos hay que buscarlos en las grandes obras novelísticas del Siglo de Oro: El Quijote, Lazarillo de Tormes, El Buscón, etc., obras igualmente de corte realista.

Contenido

[ocultar]

Introducción [editar]

El siglo XI en España es el siglo de la narrativa. En las primeras décadas del siglo hubo cultivadores de novela histórica, de escasa, si no nula, repercusión. Más tarde se adoptará el folletín. Y a partir de mediados de siglo (más exactamente de 1868) mostraron carta de naturaleza el realismo y su máxima expresión, el naturalismo. Muchos escritores, al mismo tiempo, se dedicaron al periodismo escrito, bien para alcanzar la gloria literaria o para defender posturas políticas o ideológicas. Los máximos exponentes del realismo español serán Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas (Clarín).

La novela realista española, como se ha dicho, se apoya en la extensa tradición que atesoraba el género, así como en la nueva visión del mundo que se había difundido por toda Europa, especialmente a cargo de los novelistas ingleses, franceses y rusos. La derivación del realismo que representa el llamado Naturalismo, se inicia con la obra La desheredada de Benito Pérez Galdós (1881), inspirada en L´Assomoir (1877), del fundador de la corriente, el francés Émile Zola.

Emilia Pardo Bazán se añadirá pronto al Naturalismo (para sorpresa de Zola) con su controvertido texto La cuestión palpitante (1882), y con La tribuna, primera novela española que cuenta con un protagonista de clase trabajadora. Se trata de la llamada Generación del 68, realistas y naturalistas a la española, con una literatura hasta cierto punto comprometida y progresista que no se conocía anteriormente.

En España, la corriente realista tendrá importantes repercusiones en novelistas posteriores pertenecientes a la Generación del 98, como Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, etc. Algunos estudiosos incluyen también en este grupo a Vicente Blasco Ibáñez.

Representantes más destacados en España [editar]

Caracteres específicos de la novela realista en España [editar]

El costumbrismo [editar]

El costumbrismo tiene en Galdós y Clarín a sus máximos representantes; parte del antiguo cuadro de costumbres romántico (Mesonero Romanos, Serafín Estébanez Calderón...), género literario que recoge aquellos aspectos de la vida española más castizos y populares y que, por serlo, omiten los libros de historia. Los costumbristas cultivan unas formas entre el relato y el reportaje periodístico, con el fin de describir la sociedad viva a través de tipos genéricos ('la campesina', ‘el torero’, 'el alguacil'...), con sus ires y venires, sus alegrías y penas, perfectamente comprensibles para el lector medio. Recrea también los espacios en que se desarrollan psicológica y socialmente dichos tipos: el café, el jardín público, el día de fiestas, la calle, las verbenas y romerías. Todos estos elementos serán manejados con gran soltura, y más o menos estilizadamente, por autores como Pedro Antonio de Alarcón, Fernán Caballero, José María de Pereda o Emilia Pardo Bazán. José María de Pereda elevó dicho costumbrismo, de carácter meramente folclórico y pintoresco, a la categoría de gran literatura (en el caso de este autor se aprecian rastros incluso de la novela picaresca).

El sello del catolicismo y la defensa de los valores tradicionales [editar]

La novela española de la época descrita presenta otros caracteres peculiares frente a la novela europea de aquellos años. Los franceses Stendhal, en la primera mitad, y posteriormente Balzac, Flaubert y Zola, contemporáneos de los Pereda, Fernán Caballero, Valera etc., demostraron una gran apertura mental y una ausencia de prejuicios sociales, culturales y religiosos a la hora de narrar la peripecia vital de sus héroes, actitud que no encontramos en la novelística española anterior a Galdós y que influirá negativamente en las proporciones artísticas y estructurales de muchas de sus obras. En el fondo, sin embargo, para todos los escritores inscritos en la corriente naturalista, ya sean españoles o extranjeros, la palabra "naturalismo", pese a las pretensiones de sus teóricos, tiene poco de científica, puesto que tiende más bien a retratar de modo selectivo y muchas veces despectivo los aspectos más sórdidos de la existencia, aspectos a los que, como buen burgués, el escritor se siente ajeno.

Indefinición de personajes [editar]

Lo dicho anteriormente tendrá importantes repercusiones a la hora de diseñar el personaje principal o protagonista. En la "novela de tesis" española, aun con pretensiones progresistas, como en el caso de Emilia Pardo Bazán, los protagonistas no acaban de caracterizarse convenientemente. Con frecuencia se sospecha la desgana, la contradicción intelectual, y aun el maniqueísmo moral en el novelista. Previamente a la ‘Benina’ de Galdós, a la ‘Ana Ozores’ de Clarín, a la ‘Juanita la Larga’ de Valera, personajes ya netamente, por así decir, europeos, la personalidad propia del héroe aparece solamente en esbozo, carente de individualidad y de matices definidos.

Personajes como ‘La Tribuna’ (de Pardo Bazán), ‘Marisalada’ (de La Gaviota, de Fernán Caballero) o ‘Sotileza’ (de Pereda) no se encuentran bien desarrollados psicológicamente, y en algún caso, como en el de ‘Marisalada’, llega a advertirse una cierta animadversión, de signo inequívocamente clasista, hacia el personaje por parte de su propia creadora (algo parecido se apreciará en un novelista de pleno siglo XX, como Camilo José Cela, en su obra La colmena). Si pensamos en la gran novela europea, ya plenamente desarrollada por esos mismos años, lo primero que se nos viene a la cabeza es precisamente la figura del protagonista principal. Sea cual sea la catadura moral con la que fue concebido, siempre reúne rasgos ejemplares, modélicos, sus proporciones gigantescas –en lo bueno o en lo malo- aún hoy nos siguen abrumando: los ‘Rastignac’, ‘Raskolnikov’, ‘Pierre Bezujov’, ‘Julian Sorel’, ‘Emma Bovary’, ‘Nana’, ‘Oliver Twist’... A sus autores, meros vehículos de su grandeza, evidentemente, no se les traslucía prejuicio alguno contra ellos.

Influencia de la novela rusa [editar]

Tuvieron gran peso en España los escritores Dostoievski, Gogol, Iván Turgenev, y en especial Tolstoi, ya a finales de siglo. En España tuvo gran influencia el idealismo ruso, caracterizado por su peculiar tendencia pesimista de connotaciones religiosas (se ha comparado muchas veces con el ‘pesimismo’ español de raíces más bien históricas).

Ideologías características [editar]

La novela del XIX, de la política, extrae el liberalismo. De la filosofía, el krausismo (filosofía racionalista liberal y antitradicionalista de procedencia alemana, introducida a partir de 1844, que junto con la Institución Libre de Enseñanza sirvió para despabilar las conciencias); también, el darwinismo, así como el positivismo de Augusto Comte y Herbert Spencer, pensadores de gran repercusión en el naturalismo. Galdós había aprendido del krausismo que podía establecerse entre las partes en conflicto una "armonía racional"; en este caso, la antítesis vendría establecida entre idealismo y naturalismo.

Anticlericalismo [editar]

Enlazando con lo anterior, el anticlericalismo es elemento tradicional en la literatura española desde la época medieval; se encuentra muy presente en la obra de los realistas más tardíos: Juan Valera, Clarín y Galdós.

La economía del escritor [editar]

La revolución liberal modificó sensiblemente las condiciones de la producción literaria haciendo surgir un tipo nuevo de escritor que, por primera vez, puede llegar a independizarse del yugo económico de sus mecenas, nobles, grandes burgueses, reyes y banqueros, adquiriendo con ello una independencia creativa que sólo encontrará el límite de la ley y de la iglesia. También el público lector aumentó considerablemente desde los comienzos de siglo, en que había un 94% de analfabetismo, bajando hasta el 66% hacia 1900; la novela era el principal de los géneros populares.

Personajes y modas específicos de la época [editar]

Enrique Tierno Galván destacó la presencia del personaje cursi, surgido hacia la segunda mitad del siglo XIX:

La burguesía media, la auténtica burguesía, propende a diferenciarse del pueblo imitando los modos de vida de las clases superiores a ella, plutocracia y aristocracia, espiando con avidez sus formas de comportamiento, con un afán mimético consecuencia del impulso de ascensión y poderío y de una intrínseca debilidad social y desazón psicológica.
en Hª y crítica de la literatura española Tomo V

Esta circunstancia, en la antigua sociedad estamental, por definición carente de permeabilidad entre clases, era impensable.

El señorito, por otro lado, es el burgués de nuevo cuño, que en Andalucía muestra ciertas particularidades. Lo negativo del personaje es su connotación clasista y jactanciosa. El "señorito" aparece prácticamente en todas las novelas del siglo XIX, unas veces en el papel de vil seductor de muchachas de clase baja, y otras dando pruebas de una conducta intachable: el Andrés de Sotileza, el Baltasar de La tribuna, el Marcelo de Peñas arriba, los pisaverdes sevillanos de La Gaviota...

Ambientaciones típicas [editar]

El ámbito rural, el mundo aristocrático y la vida provinciana, por cuanto, hasta Galdós, no existen en España escritores urbanitas al 100%, del estilo de Balzac, Dickens o Dostoievski.

Todo lo cual desembocará en la novela psicológica o novela espiritualista de fin de siglo, muy influida, como se ha dicho, por los rusos, pero también por el noruego Ibsen. La obra de Armando Palacio Valdés y también Morsamor, de D. Juan Valera, constituyen el ejemplo más llamativo de esta corriente.

Véase también [editar]

Referencias [editar]

  • Historia y crítica de la literatura española. Tomo V. Romanticismo y

Realismo, VV.AA. Ed. Crítica, 1979.

  • Historia de la literatura española, de Juan Luis Alborg. Gredos, 1996.
  • Historia social de la literatura y el arte, de Arnold Hauser. Guadarrama, 1978.
  • Historia de la literatura universal, de José Mª Valverde y Martín de Riquer. Planeta, 1990.

Ediciones comentadas:

  • La tribuna, de Emilia Pardo Bazán. Ed. Cátedra, 1991.
  • Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós. Ed. Cátedra, 1983.
  • La Gaviota, de Fernan Caballero. Ed. Castalia, 1990.
  • Pepita Jiménez, de Juan Valera. Ed. Alhambra, 1982.
  • La regenta, de Clarín. Alianza, 1981.
21/10/2009 13:51 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: EL REALISMO LITERARIO. El Realismo literario es una corriente inventada por el escritor y contertulio francés Jules Champfleury (1821-1889), quien por primera vez definió su arte como ‘realista’. El realismo literario se halla inscrito dentro de un movimiento más amplio que afecta también a las artes plásticas, al cine (Neorrealismo), a la fotografía (que surge con él en el siglo XIX), y a la filosofía de la ciencia (Popper y Mario Bunge). Las obras realistas pretenden testimoniar documentalmente la sociedad de la época y los ambientes más cercanos al escritor, en oposición a la estética del Romanticismo, que se complacía en ambientaciones exóticas y personajes poco corrientes y extravagantes.

Realismo literario

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Para otros usos de este término, véase Realismo.

El Realismo literario es una corriente inventada por el escritor y contertulio francés Jules Champfleury (1821-1889), quien por primera vez definió su arte como ‘realista’. El realismo literario se halla inscrito dentro de un movimiento más amplio que afecta también a las artes plásticas, al cine (Neorrealismo), a la fotografía (que surge con él en el siglo XIX), y a la filosofía de la ciencia (Popper y Mario Bunge). Las obras realistas pretenden testimoniar documentalmente la sociedad de la época y los ambientes más cercanos al escritor, en oposición a la estética del Romanticismo, que se complacía en ambientaciones exóticas y personajes poco corrientes y extravagantes. La estética del Realismo, fascinada por los avances de la ciencia, intenta hacer de la literatura un documento que nos pueda servir de testimonio sobre la sociedad de su época, a la manera de la recién nacida fotografía. Por ello describe todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a los personajes extravagantes o insólitos típicos del anterior Romanticismo. Esta estética propugna a su vez una ética, una moral fundamentada en la moderación y síntesis de cualquier contradicción, la objetividad y el materialismo.

En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, enumeraciones y sustantivos concretos; el uso del párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción casi magnetofónica del habla popular, tal cual se pronunciaba y sin corrección alguna que pretenda idealizarla, y el uso de un estilo poco caracterizado, un lenguaje "invisible" que exprese personajes, hechos y situaciones objetivamente sin llamar la atención sobre el escritor.

Al igual que el Romanticismo, el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (José María de Pereda, Juan Valera), y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas «Clarín»).

Características [editar]

Los rasgos fundamentales del Realismo son los siguientes:

  • Procura mostrar en las obras una reproducción fiel y exacta de la realidad.
  • Hace un uso minucioso de la descripción, para mostrar perfiles exactos de los temas, personajes, situaciones e incluso lugares; lo cotidiano y no lo exótico es el tema central, exponiendo problemas políticos, humanos y sociales.
  • Rechaza el sentimentalismo, muestra al hombre objetivamente pues da toques de una realidad cruda.
  • El lenguaje utilizado en las obras es coloquial y crítico, ya que expresa el habla común y corriente.
  • Así como rechaza lo sentimental, de igual forma lo espiritual, dando como resultados toques individualistas.
  • Las obras muestran una relación mediata entre las personas y su entorno económico y social, del cual son exponente; la historia muestra a los personajes como testimonio de una época, una clase social, un oficio, etc.
  • Temas relacionados con los problemas de la existencia humana.
  • El autor analiza, reproduce y denuncia los males que aquejan a su sociedad.
  • Transmitir ideas de la forma más verídica y objetiva posible.
  • En pocas palabras el realismo pretende reflejar la verdad tal y como es.

Evolución del realismo europeo [editar]

El origen del realismo literario europeo hay que buscarlo en la literatura española medieval y la novela picaresca española y, en concreto, en la versión que configuró sobre esa tradición el novelista Miguel de Cervantes. El desmitificador modelo cervantino influyó poderosamente en la literatura europea posterior, pero el descrédito por el que pasó el género narrativo durante el siglo XVIII aplazó su influjo europeo hasta bien entrado el siglo XIX, salvo en el caso de Inglaterra, que en el siglo XVIII comenzó su propio realismo de la mano de Henry Fielding y Tobias Smollett, y del que buena parte de los escritores realistas posteriores son deudores.

La novela realista europea viene a ser la épica de la clase media o burguesa que ha conseguido —a lo largo de sucesivas revoluciones que le han ido confiriendo cada vez mayor poder (1789, 1820, 1830 y 1848)—, instalarse como clase dominante en todos los aspectos de la vida, incluido el cultural y el estético. Los ideales burgueses (materialismo, utilitarismo, búsqueda del éxito económico y social) irán apareciendo en la novela poco a poco, y en su fase final también irán apareciendo algunos de sus problemas internos (el papel de la mujer instruida y sin embargo desocupada; el éxodo del campo a la ciudad y la mutación de valores subsecuente, por ejemplo). Por otra parte, cuando se vayan reiterando y agotando los temas relativos a la burguesía, la descripción realista irá penetrando en otros ámbitos y dejará la mera descripción externa de las conductas para pasar a la descripción interna de las mismas, transformándose en novela psicológica y generando procedimientos narrativos introspectivos como el monólogo interior. Todo ello posibilitó la aparición de movimientos en cierta manera opuestos, como el Espiritualismo, por un lado, visible en la última etapa de narradores realistas como Benito Pérez Galdós, Fiódor Dostoievski y León Tolstói, y el Naturalismo, por otro, que exageraba los contenidos sociales, documentales y científicos del Realismo, aproximándose a la descripción de las clases humildes, marginadas y desfavorecidas. Los autores tratarán de ofrecer personajes y situaciones comunes, lo que convierte a la obra literaria en una fuente de primer orden para el conocimiento del pasado histórico, aun teniendo en cuenta las precauciones que deben tomarse para un uso documental de las fuentes literarias.

En Francia fueron escritores realistas Henri Beyle, "Stendhal", Honoré de Balzac, Prosper Merimée, Gustave Flaubert y Victor Hugo. En el Reino Unido, William Makepeace Thackeray, Charles Dickens y Mary Ann Evans (mejor conocida por su seudónimo, George Eliot); en Rusia, Iván Turguéniev, Lev Tolstói y Fiódor Dostoievski. En Estados Unidos, Mark Twain, Henry James y Theodore Dreiser. En Italia, el movimiento se denominó verismo y tiene a su más caracterizado representante en Giovanni Verga. En cuanto a la literatura escrita en alemán, pueden considerarse realistas los novelistas suizos Albert Bitzius (que utilizaba el seudónimo Jeremías Gotthelf), Gottfried Keller, Conrad Ferdinand Meyer, el austríaco Adalbert Stifter y los alemanes Friedrich Hebbel (dramaturgo), Theodor Storm, Theodor Fontane, Gustav Freytag y Wilhelm Raabe, aunque esta estética todavía continuó renovándose durante el siglo XX a través de la obra literaria de Thomas Mann.

Véase también [editar]

21/10/2009 13:49 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

08/10/2009

LITERATURA: EL IDIOMA CHINO. El chino (chino simplificado y tradicional: 汉语, pinyin: Hànyǔ) es una familia de lenguas estrechamente emparentadas, también conocida académicamente como familia sinítica. Conforma una de las dos ramas de las lenguas sino-tibetanas. Unos 1200 millones de personas tienen como lengua nativa alguna forma del chino: sólo el mandarín posee cerca de 885 millones de hablantes maternos, por encima de cualquier otro idioma del mundo.

Idioma chino

De Wikipedia, la enciclopedia libre

«Chino» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Chino (desambiguación).

 

 

Chino
汉语/漢語 / 中文 / Zhōngwén
Hablado enChina, Singapur, Macao, Hong Kong, Malasia, Indonesia, Myanmar, Tailandia, Camboya, Filipinas, Taiwán, Estados Unidos (Hawái, California) y otros países
RegiónChina oriental
Hablantes885 millones
Puesto (Ethnologue 1996)
FamiliaSino-tibetano

 Chino

Estatus oficial
Oficial enBandera de la República Popular China China
Bandera de Taiwán Taiwán
Flag of Singapore.svg Singapur
Bandera de las Naciones Unidas Naciones Unidas
Regulado porNo está regulado
Códigos
ISO 639-1zh
ISO 639-2chi, zho
ISO 639-3zho
New-Map-Sinophone World.PNG
Extensión del Chino

El chino (chino simplificado y tradicional: 汉语, pinyin: Hànyǔ) es una familia de lenguas estrechamente emparentadas, también conocida académicamente como familia sinítica. Conforma una de las dos ramas de las lenguas sino-tibetanas. Unos 1200 millones de personas tienen como lengua nativa alguna forma del chino: sólo el mandarín posee cerca de 885 millones de hablantes maternos, por encima de cualquier otro idioma del mundo.

El chino hablado es distinguido por su alto nivel de diversidad interna, aunque todas sus variedades son tonales y analíticas. Hay entre seis y doce principales grupos regionales del chino (dependiendo del esquema de clasificación), de los cuales el mayor es con diferencia el mandarín (850 millones de hablantes), seguido del wu (77 millones), el min (70 millones) y el cantonés (55 millones). Muchos de estos grupos son mutuamente ininteligibles, aunque algunos (como los dialectos xiang y mandarín suroccidental) pueden compartir términos y algún grado de inteligibilidad. El chino es clasificado como macrolengua con trece sublenguas en IS 639-3, aunque la identificación de las variedades del chino como múltiples lenguas o dialectos es un tema controvertido.

La forma estandarizada del chino hablado es el mandarín estándar (普通话, pinyin: pǔtōnghùa; 国语, pinyin: guóyǔ), basado en el dialecto de Pekín: éste es el idioma oficial de la República Popular de China y de Taiwán, así como una de las cuatro lenguas oficiales de Singapur. El chino –de hecho, el mandarín estándar– es además una de las seis lenguas oficiales de la ONU. De las otras variedades, el cantonés estándar es común e influyente en las comunidades cantonés-parlantes de ultramar, y permanece como una de las lenguas oficiales de Hong Kong (junto con el inglés) y de Macao (junto con el portugués). El min del sur, parte del grupo lingüístico min, es ampliamente hablado en el sur de Fujian, Taiwán y el Sureste Asiático.

Contenido

[ocultar]

[editar] Denominaciones

Además de zhōngwén existen otras denominaciones autóctonas para el idioma chino. En la República Popular China (RPC) se usa también el nombre hànyǔ (漢語 / 汉语, "lengua de los Hàn"). Por otra parte, a la forma culta normalizada de la lengua se le llama normalmente pǔtonghuà (普通話 / 普通话, "habla común") en la RPC, mientras que en Taiwán se le conoce como guóyǔ (國語 / 国语, "lengua nacional"). Un tercer término para referirse a la lengua estándar es huáyǔ (華語 / 华语, "lengua china"), utilizado sobre todo en Singapur, Malasia y otras zonas del Sureste asiático.

En español, por lo general, el término "chino" se refiere a la lengua estándar, aunque a veces se utiliza el término mandarín para referirse a ésta cuando se la quiere distinguir de las formas dialectales. Las denominaciones "mandarín" o "pūtōnghuà" deben usarse con cautela, ya que también pueden referirse a los dialectos mutuamente inteligibles que se hablan en el norte, centro y suroeste de China.

[editar] "Dialectos" chinos

Distribución geografica de los dialectos chinos

Tradicionalmente, los chinos han llamado dialectos (方言, fāngyán) a lo que es en realidad una familia de lenguas cuyas diferencias son similares a las que puede haber entre las diversas lenguas romances. En cualquier caso, conviene distinguir estos dialectos chinos de las demás lenguas de China, como el tibetano o el uigur.

Existen diferentes clasificaciones de los dialectos chinos dependiendo de cuán estricto sea el criterio de inteligibilidad mutua, lo que resulta difícil de definir. Una clasificación habitual es la siguiente:

  • El mandarín (北方話 / 北方话), 885 millones de hablantes.
  • El wu (吳語 / 吴语), 77 millones.
  • Los dialectos min (閩語 / 闽语), 70 millones.
  • El cantonés o yuè (粵語 / 粤语), 55 millones.
  • El jin (晉語 / 晋语), 45 millones.
  • El xiāng o hunanés (湘語 / 湘语), 36 millones.
  • El hakka o kèjiā (客家語 / 客家语), 34 millones.
  • El gàn (贛語 / 赣语), 31 millones.
  • El Hmong 4 millones.
  • El huī (徽語 / 徽语), 3,2 millones.
  • El pínghuà (平話 / 平话), 2 millones.

[editar] Descripción gramatical

Esta sección hace referencia al chino mandarín o pūtōnghuà, 普通话, ("lengua común"), el idioma oficial de la República Popular China.

[editar] Fonología

La sílaba en chino distingue entre un ataque inicial consonántico obligatorio, una aproximante medial posible entre el ataque y la vocal o diptongo que hace de núcleo silábico, un núcleo silábico obligatorio y una final posible que es una nasal o una aproximante. El inventario del chino mandarín estándar moderno viene dado por:

 BilabialLabiodentalAlveolarRetroflejaAlveopalatalVelar
Nasalm n  ŋ
Oclusivap t  k
Africada  tstsʰʈʂʈʂʰtɕʰ 
Fricativa fsʂ(ʐ)1ɕx
Aproximante  lɻ1jɥw
  1. /ɻ/ se transcribe frecuenteente como [ʐ] (una fricativa retrofleja sonora), aunque esta diferente transcripción del fonema se debe a cierta variacion entre los hablantes, en realidad ambos alófonos deben considerarse como el mismo fonema.

[editar] Gramática

El chino tiene poca morfología, resultando en ese aspecto más simple que el inglés o el español. El chino tampoco tiene cambios ni de género ni de número (excepto por algunas formas de plural marginales en los pronombres personales).

Los verbos no varían según la persona, el número o el tiempo gramatical. El aspecto perfecto se marca con el clítico le pero la adjunción ese clítico y otros no supone una auténtica conjugación verbal. Como puede verse en (1a) y (1b) el chino usualmente no marca el tiempo gramatical sobre el verbo sino dicha información está en los adverbios de tiempo ('ayer', 'hoy', 'mañana', etc). La marca de perfecto se aplica tanto al pasado (1a) como al futuro:

(1a) Wŏ zuótiān xià le kè yĭhòu qù kàn diànyĭng yo ayer acabar PERF lección ir ver película 'Ayer, cuando acabó la clase, fui a ver una película' (1b) Wŏ míngtiān xià le kè yĭhòu qù kàn diànyĭng yo mañana acabar PERF lección ir ver película 'Mañana, cuando acabe la clase, iré a ver una película'

El chino posee además un verbo copulativo shi "ser", que no cambia de forma con el tiempo verbal, la persona o el número. Esto último constituye una importante ventaja frente a otras lenguas en su aprendizaje, ya que uno puede formular muchas expresiones siempre que conozca cierto número de palabras y maneje algunas reglas gramaticales que son realmente muy simples.

En cuanto al orden de constituyentes si bien predomina el orden SVO, la mayoría de sintagmas colocan el núcleo en posición final. Desde el punto de vista de las categorías gramaticales destaca la existencia de coverbos y de clasificadores. Los clasificadores son obligatorios entre un determinante y el nombre al que rige, y están relacionados generalmente con la forma de objeto al que se refiere el nombre o el campo semántico del nombre.

[editar] Escritura china

Artículo principal: Escritura china
Varios estilos de caligrafía china.

La escritura desarrollada en la época Shang continuó su desarrollo durante la época de la dinastía Zhou. Como consecuencia de la división política característica de esta época, los caracteres se desarrollaron en formas y estilos muy diversos, coexistiendo numerosas variantes para cada carácter. Al estilo de escritura de esta época se le conoce como dàzhuànshū (大篆書, "escritura de sello grande").

Con la reunificación de China bajo el Primer Emperador Qin Shi Huang, una de las numerosas medidas de normalización afectó precisamente a la escritura. Bajo la supervisión del Primer Ministro Li Si se recopilaron listas con las formas normalizadas de los caracteres. Esta unificación del sistema de escritura dio lugar al estilo de caligrafía xiǎozhuànshū (小篆書, "escritura de sello pequeño"), que utilizaba trazos más angulosos y menos circulares que los de la escritura de sello grande antigua.

Durante la dinastía Han surgirían otros estilos de caligrafía que se han conservado hasta nuestros días. El lìshū (隸書, "escritura administrativa"), el xíngshū (行書, escritura semicursiva, literalmente "andante"), y el cǎoshū (草書, escritura cursiva, literalmente "de hierba").

El último estilo caligráfico en desarrollarse fue el kǎishū (楷書, "escritura regular"), que alcanzaría su forma actual durante la dinastía Wei del Norte. Éste es el estilo principal hoy en día, el que se utiliza en periódicos y libros, así como en formatos electrónicos.

[editar] Enlaces externos

Wikipedia
Esta lengua tiene su propia Wikipedia. Puedes visitarla y contribuir en Wikipedia en idioma chino.

Wikilibros

Wikcionario

Wikiquote

08/10/2009 13:45 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

15/09/2009

LITERATURA. LENGUA Y SÍMBOLO. LENGUAS ANALÍTICAS: EL CHINO

(Símbolo chino para la palabra armonía)

Lengua analítica

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Una lengua analítica es una lengua en la que la mayor parte de sus morfemas son morfemas libres a los que se considera «palabras» con significado propio. Por el contrario, en una lengua sintética las palabras se componen de morfemas aglutinados o fundidos que denotan el carácter sintáctico de la palabra.

El chino hablado es el ejemplo representativo de lengua analítica más famoso. Para ilustrarlo podemos observar el siguiente ejemplo:

«Todos mis amigos quieren comer huevos.»"Mis amigos todos quieren comer huevos".
朋友
depéngyoumendōuyàochīdàn
Yoposesivoamigopluraltodoquerercomerhuevo


Tal y como se observa en el ejemplo arriba indicado, casi siempre se corresponde una sílaba con un concepto. Si comparamos el chino y el español, se observa que el español no comparte las características analíticas del chino, ya que el español emplea bastantes sufijos para marcar, por ejemplo, número/-s/ y género /-o/ en sustantivos y determinantes; persona en determinantes y verbos; así como en el verbo marcan aspecto, número, modo y tiempo. Si comparamos la oración del ejemplo en chino y su traducción al inglés (All my friends want to eat eggs.), se observa que aunque el inglés es una lengua algo analítica (bastante más que el español), también contiene algunos rasgos aglutinantes, tales como el morfema derivativo sufijo -/s/ para marcar el plural en los sustantivos "amigo" y "huevo".

Fuera de China, en el Sudeste Asiático existen muchas lenguas analíticas, como por ejemplo las lenguas tai y el vietnamita.

Cuando una lengua analítica se compara con una lengua altamente sintética, por ejemplo el alemán, el contraste es evidente:

Der MannDie Männer
«El».masculino.nominativo.singular «hombre».singular«Los».nominativo.plural «hombres».plural

En el ejemplo se observa que el morfema alemán «Der» se corresponde simultáneamente con cuatro conceptos distintos, y el morfema «Die» se refiere a tres conceptos (el alemán no distingue género en plural), pero las normas que establecen la relación entre «der» y «die» de esta forma son bastante arbitrarias¹, lo cual provee una naturaleza fusional a este conjunto de morfemas. Además, la palabra «Männer» se corresponde con dos conceptos y se relaciona con la palabra «Mann» tanto mediante la marca de plural /-er/ como con el proceso de umlaut que cambia la vocal «a» por la «ä» en muchos plurales de la lengua alemana. De esta forma, la formación de plurales en alemán está gobernado por una norma de carácter flexivo. Como conclusión, se puede decir que la tipología lingüística del alemán se encuentra entre las lenguas aglutinantes y las lenguas fusionales.

¹Además, los morfemas "der" y "die" también pueden ser artículo determinado femenino singular, dependiendo del caso.

Rasgos de las lenguas analíticas [editar]

El orden de las palabras en las lenguas analíticas está gobernado por reglas sintácticas muy estrictas y elaboradas. Esto se debe a que las palabras no cuentan con marcas morfológicas para mostrar su papel sintáctico, por lo que el orden de las mismas es muy significativo. Por ejemplo, el chino y el inglés utilizan el orden de las palabras para mostrar la relación sujeto-objeto. El chino también emplea el orden de la secuencia de palabras para mostrar si un artículo es determinado o indeterminado, la relación entre rema y tema, el papel de los adverbios (si son descriptivos o contrastivos), etcétera.

Además, las lenguas analíticas suelen tender a depender bastante en el contexto y en consideraciones pragmáticas para interpretar la información de la oración, ya que no especifican tanto como las lenguas sintéticas en términos tales como la concordancia y referencialidad entre distintas partes de la oración.

15/09/2009 16:57 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

10/09/2009

LITERATURA: ALFABETOS DE LA ANTIGÜEDAD; "SOWILO O SOWELL" (EL TODO, LO COMPLETO, QUE NADA LE FALTA).

Sowilo

De Wikipedia, la enciclopedia libre

NombreProtonórdicoAnglosajónNórdico antiguo
*SōwilōSiȝelSol
"el Sol"
FormaFuthark antiguoFuthorcFuthark joven
Unicode
U+16CA
U+16CB
U+16CC
Transliteracións
Transcripcións
Sonido FIA[s]
Puesto alfabético1611
Para la deidad solar nórdica, véase Sól.

*Sôwilô o *saewelô es el nombre protonórdico, reconstruido lingüísticamente, de la runa que equivale a la «s» en el alfabeto futhark antiguo. Los nombres anglosajón y nórdico antiguo de la runa en el futhorc y el futhark joven son sigel y sól respectivamente. El significado de todos los nombres es "Sol", como queda registrado en los tres poemas rúnicos. El mismo significado tiene la letra equivalente del alfabeto gótico, ��, que se llama sauil.

Contenido

[ocultar]

Etimología [editar]

Las palabras germánicas para "Sol" tienen la peculiaridad de alternar entre los temas -l- y -n-, por un lado está la palabra protonódica *sunnon (que originaría sunne en ingles antiguo y sunna del nórdico antiguo, anglosajón antiguo y alto alemán) y por otro lado está *sôwilô o *saewelô (que daría el inglés antiguo siȝel (/ˈsɪ jel/), el nórdico antiguo sol, y el idioma gótico sauil).

Esto es una continuación de la alternancia que había en el proto-indoeuropeo con *suwen- y *sewol- (el avéstico xweng vs. el latín sol, el griego helios y el sánscrito suria), solamente queda esta arcaica flexión heteroclítica en las lenguas anatolias.

Historia [editar]

Evolución de la runa durante los siglos en los que se usó el futhark antiguo.

Futhark antiguo [editar]

Aparecen registradas dos variantes de la runa *sowilo en el futhark antiguo, una con forma similar a la griega sigma Σ (cuatro trazos), que predomina en las inscripciones más antiguas (entre los siglos III y V) por ejemplo en la piedra de Kylver. Y otra similar a la S (tres trazos), que es más abundante en las inscripciones posteriores (entre los siglos V y VII) por ejemplo en la inscripción de los cuernos de oro de Gallehus, Seeland-II-C).

Casualmente la letra equivalente a la s del alfabeto protocananeo, šin, de la cual derivarán las letras de los alfabetos itálicos que posteriormente inspirarán las runas, también debía su nombre al Sol, shamash.

Futhark joven y futhorc anglosajón [editar]

La runa sol del futhark joven y la anglosajona sigel tienen la misma forma, una versión rotada de la última variante de la runa del futhark antiguo, con el trazo medio inclinado transversalmente y los trazos inicial y final verticales. El nombre de la verisión anglosajona sigel en el inglés medio se escribía siȝel, que fonológicamente es sījel /si:jel/ (proveniente de *sæwel).

Poemas rúnicos [editar]

Los nombres de las runas aparecen en los tres poemas rúnicos conocidos:

Poema rúnico:[1]Traducción:

Noruego antiguo
Sól er landa ljóme;
lúti ek helgum dóme.


El Sol es la luz del mundo;
Yo me inclino ante el designio divino.

Islandes antiguo
Sól er skýja skjöldr
ok skínandi röðull
ok ísa aldrtregi.
rota siklingr.


El Sol es el escudo de las nubes
y un rayo luminoso
y el destructor del hielo.

Anglosajón
Sigel semannum symble biþ on hihte,
ðonne hi hine feriaþ ofer fisces beþ,
oþ hi brimhengest bringeþ to lande.


El sol es siempre una alegría en la esperaza de los marineros
cuando viajan sobre el baño de los peces,
hasta que la corriente de las profundidades les lleva a tierra.

Usos modernos [editar]

Runas Armanen [editar]

La runa sig de las runas Armanen de Guido von List está libremente inspirada en la runa sigel, aunque se le cambia el significado pasando de representar al Sol a la diosa victoria (en alemán Sieg), de tal forma que al asociándose esta runa "sig" a "tyr", la runa que siguiente en el alfabeto, unidas simbolizan ambas a Sigtýr, uno de los nombres de Odín.

Simbología nazi [editar]

Emblema de las Schutzstaffel con dos runas sig.

Las runas del alfabeto creado por List fueron adaptadas y modificadas por Karl Maria Wiligut, que fue el responsable de su adopción por el misticismo del partido nazi y su posterior uso en las insignias y documentos del tercer Reich, el más famoso ejemplo es el uso de la runa como insignia de las SS.

Neopaganismo germánico [editar]

La runa sowilo también es usada en la simbología de los cultos neopaganos nórdicos, particularmente los adheridos a Ásatrú.

Véase también [editar]

Referencias [editar]

  1. Poemas originales y traducción al inglés en Rune Poem Page.

Bibliografía [editar]

  • Page, R.I. (2005) Runes. Ed. The British Museum Press. ISBN 0-7141-8065-3
  • Odenstedt, Bengt (1990). On the Origin and Early History of the Runic Script, Typology and Graphic Variation in the Older Futhark. Uppsala. ISBN 91-85352-20-9
  • Enoksen, Lars Magnar (1998). Runor : historia, tydning, tolkning. Historiska Media, Falun. ISBN 91-88930-32-7
  • Williams, Henrik (2004). "Reasons for runes," in The First Writing: Script Invention as History and Process, Cambridge University Press, pp. 262–273. ISBN 0-521-83861-4
  • Rix, Hemlut (1997). Germanische Runen und venetische Phonetik, en Vergleichende germanische Philologie und Skandinavistik, Festschrift für Otmar Werner, ed. Birkmann et al., Tübingen.
  • Robinson, Orrin W. (1992). Old English and its Closest Relatives: A Survey of the Earliest Germanic Languages. Stanford University Press. ISBN 0-8047-1454-1
10/09/2009 11:11 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 3 comentarios.

LITERATURA: ALFABETOS DE LA ANTIGÜEDAD, "EL ALFABETO RÚNICO" (ESCANDINAVIA, LAS ISLAS BRITÁNICAS, EUROPA CENTRAL Y DEL ESTE)

Alfabeto rúnico

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Futhark antiguo

Los alfabetos rúnicos son un grupo de alfabetos que comparten el uso de unas letras llamadas runas, que se emplearon para escribir en las lenguas germánicas en la antigüedad y edad media, antes y también durante la cristianización, principalmente en Escandinavia y las islas británicas, además de Europa central y del este.

Las variantes escandinavas del alfabeto se conocen también como futhark (o fuþark, término que deriva de las primeras seis letras: F, U, Þ, A, R, y K); La variante anglosajona se conoce como futhorc, debido a los cambios producidos en la pronunciación de estas mismas seis letras en el inglés antiguo.

Las inscripciones rúnicas más antiguas encontradas datan de alrededor del año 150, y a grandes rasgos, el alfabeto fue reemplazandose por el latino con la cristianización, alrededor del año 700 en Europa central y al finalizar la época vikinga, alrededor de 1100, en Escandinavia. Sin embargo, el empleo de runas persistió en Escandinavia hasta entrado el siglo XX, especialmente en la Suecia rural, empleándose especialmente en la decoración con runas y en los calendarios rúnicos. Los tres alfabetos rúnicos más conocidos son:

Futhorc anglosajón.

A su vez existen varias versiones del futhark joven :

  • Las runas de rama larga también llamadas danesas.
  • Las runas de rama corta o runas de Rök, también llamadas sueco-noruegas.
  • Las runas de Helsingia (sin poste o eje vertical).
  • Las runas islandesas.

Con el paso del tiempo, el futhark joven derivó en:

Los orígenes de la escritura rúnica son inciertos. Muchos de los caracteres del futhark antiguo se asemejan considerablemente a caracteres del alfabeto latino. Otros candidatos son los alfabetos del norte de Italia que datan de los siglos 5 a 1 a. C. — lepóntico, rético y venético — Todos ellos muy cercanos y descendientes del alfabeto etrusco. La comparación de las grafías muestra similitudes en muchos aspectos.

Contexto [editar]

Inscripción realizada empleando tanto runas cifradas, el Futhark antiguo y el futhark joven, en la Piedra de Rök

El nombre que se da a los signos de estos alfabetos es runa, a diferencia de letra del latino y griego, como aparece registrado ya en un bastón tallado alamán del siglo VI y también, posiblemente como runo, en la piedra de Einang (siglo IV). Este nombre procede de la raíz run- (runa en gótico), que significa "secreto" o "susurro" (en contraste con el finés, que tomó el cognado runo con el significado de "poema").

Las runas empezaron a ser usadas por los pueblos germánicos en el siglo I o II. La inscripción rúnica más antigua data de alrededor de 160 y se encuentra en un peine hallado en la ciénaga de Vimose, Funen, en ella se lee harja (peine). Otro candidato disputado a ser la más antigua es la inscripción del siglo I de la fíbula de Meldorf. Este periodo puede corresponderse con las últimas fases lingüísticas del idioma protogermánico o germánico común, que evolucionaba a dialectos no claramente separados todavía en sus tres vertientes en las siguientes centurias: las lenguas germánicas septentrionales, lenguas germánicas occidentales y lenguas germánicas orientales.

No hay distinción entre vocales largas y cortas en las inscripciones rúnicas conservadas, aunque tal diferencia estaba presente fonológicamente en las lenguas habladas de la época. De la misma manera, no hay signos de consonantes labiovelares en el futhark antiguo (signos que fueron introducidos tanto en el futhorc anglosajón y el alfabeto gótico como variantes de la letra p (Véase peorð).

Orígenes [editar]

Mitológicos [editar]

En la antigua creencia escandinava, las runas eran de origen divino (nórdico antiguo: reginkunnr). Esto se atestigua ya alrededor del s. VII a. C. en la inscripción de la piedra de Noleby, en Suecia (Runo fahi raginakundo toj[e'k]a..., que significa "Preparo la adecuada runa divina..."[1] ) y en la piedra de Sparlösa del siglo IX (Ok rað runaR þaR rægi[n]kundu, que significa "e interpretar las runas de divino origen"[2] ). Más notablemente, en Hávamál, verso 80, se describe también a las runas como reginkunnr:

80. Þat er þá reynt, er þú að rúnum spyrr inum reginkunnum, þeim er gerðu ginnregin ok fáði fimbulþulr, þá hefir hann bazt, ef hann þegir.[3] 80. Está comprobado: si runas consultas, aquellas de origen divino, las que altos poderes hicieron y el tulr ("sacerdote" Odín) supremo tiñó, mucho se gana callando.[4]  

La Edda poética "Rúnatal" explica que su creador fue el dios Odín, y los versos 138 y 139 describen cómo Odín recibió las runas a través de su propio sacrificio. El texto (en nórdico antiguo y su traducción al español) es como sigue:

Veit ec at ec hecc vindga meiði a
netr allar nío,
geiri vndaþr oc gefinn Oðni,
sialfr sialfom mer,
a þeim meiþi, er mangi veit, hvers hann af rótom renn.  

Við hleifi mic seldo ne viþ hornigi,
nysta ec niþr,
nam ec vp rvnar,
opandi nam,
fell ec aptr þaðan.

Se que colgué en un árbol mecido por el viento
nueve largas noches
herido con una lanza y entregado a Odín,
yo mismo ofrecido a mí mismo,
en aquel árbol del cual nadie conoce el origen de sus raíces.

No me dieron pan ni de beber del cuerno,
miré hacia lo hondo,
Tomé las runas
las tomé entre gritos,
luego me desplomé a la tierra.

Existen dos relatos sobre como las runas se dieron a conocer a los mortales. El Rígsþula cuenta como Ríg, identificado como o Heimdall en la introducción, tuvo tres hijos de mujeres humanas: Thrall (esclavo), Churl (hombre libre) y Jarl (noble). Estos hijos se convirtieron en los ancestros de las tres clases de hombres que indican sus nombres. Cuando Jarl alcanzó la edad de comenzar a manejar armas y mostrar otros signos de nobleza, Rig volvió y, habiendo reconocido a Jarl como su hijo, le enseñó las runas. En 1555, el exiliado arzobispo sueco Olaus Magnus registró una tradición sobre un hombre llamado Kettil Runske que había robado tres bastones rúnicos de Odín y aprendido así las runas y su magia.

Históricos [editar]

Artículo principal: Futhark antiguo
Codex Runicus, un pergamino de c. 1300 que contiene uno de los más antiguos y mejor conservados textos de Leyes provinciales de Scania, escritas enteramente en runas.

Las runas se desarrollaron de forma tardía, siglos después de los alfabetos mediterráneos de los cuáles probablemente descienden. Existen similitudes con los alfabetos de origen fenicio (latino,griego, etrusco) que no pueden atribuirse a la mera casualidad. Uno de los antiguos alfabetos itálicos, el alfabeto rético de Bolzano, suele citarse frecuentemente como candidato a ser el origen de las runas, con sólo cinco runas del futhark antiguo ( e, ï, j, ŋ, p) que no tienen su correspondencia en el alfabeto de Bolzano.[5] Esta hipótesis suele ser denegada por académicos escandinavos, que frecuentemente favorecen el origen latino de la mayoría de las letras rúnicas.[6] [7] [8]

La tesis del origen itálico antiguo o etrusco del norte se apoya en la inscripción del casco de Negau que data del siglo II.[9]

Las formas angulares de las runas son compartidas con la mayoría de los alfabetos contemporáneos de la época empleados en grabados sobre piedra o madera. Una peculiaridad del alfabeto rúnico en comparación con la familia del itálico antiguo es la ausencia de trazados horizontales. Las runas se escribían normalmente en los bordes de pequeñas piezas de madera. Los surcos primarios grabados recorrían la pieza de forma vertical, en dirección contraria a la de la veta de la madera: las curvas son difíciles de trazar, y las líneas horizontales se pierden entre las vetas naturales de la madera. Esta característica es también compartida con otros alfabetos, como las primeras formas del alfabeto latino empleadas en la inscripción Duenos.

La hipótesis del origen germano occidental especula con que el alfabeto rúnico fuera introducido por tribus germánicas del oeste. Esta hipótesis se apoya en que las inscripciones más antiguas (c. 200 d. C.), encontradas en ciénagas y tumbas en la zona de Jutlandia (las inscripciones de Vimose), muestran terminaciones de palabra que siendo interpretadas por filólogos escandinavos como protonórdico, no han sido aún resueltas y son objeto de disputas entre lingüistas. Inscripciones como wagnija, niþijo, y harija representan supuestamente los nombres de tribus. Como hipótesis se han propuesto los nombres de los Vangiones, los Nidensis y los Harii, tribus situadas en la zona de Renania.[10] Dado que los nombres terminados en -io son una adaptación de la morfología germánica de la terminación latina -ius, y el sufijo -inius se convierte en germánico -inio-,[11] la problemática terminación en -ijo en la declinación masculina del protonórdico podría resolverse asumiendo la influencia romana en la zona de Renania, mientras el extraño final en -a de laguþewa (cf. Syrett 1994:44f.) puede resolverse aceptando que el nombre pueda ser germano-occidental.[12] Sin embargo, debe notarse que en el periodo temprano de la escritura rúnica se asume que las diferencias entre las lenguas germánicas son mínimas. Otra teoría asume una unidad Germánico septentrional occidental que precede la emergencia del protonórdico, propiamente hasta el siglo V.[13] Una sugerencia alternativa que explica la imposibilidad de clasificar las primeras inscripciones tanto de septentrionales como de occidentales es la propuesta por È. A. Makaev, quien asume un "koiné rúnico especial", un germánico literario temprano empleado por toda la comunidad germano-común tras la separación del gótico (Siglos II a V), mientras los dialectos hablados se habrían hecho cada vez más diversos.[14]

El génesis del Futhark antiguo se completó para principios del siglo V, con la piedra de Kylver convirtiéndose en la primera evidencia del orden del futhark, así como de la runa peorth.

Variedades de alfabetos [editar]

Detalle de la inscripción en futhark antiguo del siglo V en uno de los cuernos de oro de Gallehus.

Futhark antiguo [editar]

Artículo principal: Futhark antiguo

El alfabeto futhark antiguo, usado para escribir en proto-nórdico, consta de 24 runas que se solían agrupar en tres grupos de ocho, cada uno de los cuales se denominaba ætt.[15] La primera lista secuenciada conocida del grupo completo de 24 runas está datada alrededor del año 400 y se encontró en la piedra de Kylver en Gotland (Suecia).

Cada runa tenía un nombre, elegido para representar el sonido de sí misma, pero los nombres no han quedado registrados de forma directa para el futhark antiguo. Sin embargo se han reconstruido lingüísticamente estos nombres en proto-nórdico a partir de los nombres de las runas de alfabetos posteriores que sí han quedado registrados por ejemplo en los poemas rúnicos y los nombres de las letras del alfabeto gótico que suelen haber sido nombradas de forma similar que las runas equivalentes.

Las 24 runas del futhark antiguo son:[16]

Runa

Nombre
FehuUruz
Thurisaz
Ansuz
Raido
Kaunan
Gebo
Wunjo
Haglaz
Naudiz
Isaz
Jeran
Transliteraciónf
u
þ
a
r
k
g
w
h
n
i
j
Sonido AFI/f/
/u(ː)/
/θ/, /ð/
/a(ː)/
/r/
/k/
/g/
/w/
/h//n/
/i(ː)/
/j/
Unicode/ᚠ/
/ᚢ/
/ᚦ/
/ᚨ/
/ᚱ/
/ᚲ/
/ᚷ/
/ᚹ/
/ᚺ/
/ᚾ/
/ᛁ/
/ᛃ/
Runa
Nombre
Ihaz
Pertho
Algiz
Sowilo
TiwazBerkanan
EhwazMannaz
Laguz
Ingwaz
Othalan
Dagaz
Transliteraciónï (o æ)
p
z
s
t
b
e
m
l
ŋ
o
d
Sonido AFI/æː/(?)
/p/
/z/
/s/
/t/
/b/
/e(ː)/
/m/
/l/
/ŋ/
/o(ː)/
/d/
Unicode/ᛇ/
/ᛈ/
/ᛉ/
/ᛊ/
/ᛏ/
/ᛒ/
/ᛖ/
/ᛗ/
/ᛚ/
/ᛜ/
/ᛟ/
/ᛞ/

Futhorc anglosajón [editar]

Artículo principal: Futhorc

El alfabeto frisón y anglosajón es una versión extendida del futhark, que constaba de 29 runas, y más tarde incluso 33 caracteres. Se usó probablemente a partir del siglo V. Hay dos teorías sobre el origen del fuþorc anglosajón. Una de ellas propone que se desarrolló en Frisia y más tarde se expandió por Inglaterra. La otra mantiene que las runas fueron introducidas por los escandinavos en Inglaterra donde fueron modificándose hasta formar el fuþorc y posteriormente se exportarían a Frisia. Los escasos registros arqueológicas no pueden confirmar ninguna de las dos teorías ya que han aparecido aproximadamente el mismo número de inscripciones en ambas regiones y de antigüedades similares. Inscripciones en futhorc se encuentran por ejemplo en el cuchillo del Támesis, en el Código anglosajón de Viena, el poema rúnico anglosajón del Otho B.x de la biblioteca Cotton y en la cruz de Ruthwell.

En el poema rúnico anglosajón aparecen los siguientes caracteres y nombres:

Runa

Nombre
FeohUr
Thorn
Os
Rad
Cen
Gyfu
Wynn
Haegl
Nyth
Is
GerEoh
Peordh
Eolh
Transliteraciónf
u
þ
o
r
k
g
w
h
n
i
j
eo
p
z
Sonido AFI/f/
/u(ː)/
/θ/, /ð/
/o(ː)/
/r/
/k/
/g/
/w/
/h//n/
/i(ː)/
/j/
/eːo/
/p/
/z/
Unicode/ᚠ/
/ᚢ/
/ᚦ/
/ᚩ/
/ᚱ/
/ᚳ/
/ᚷ/
/ᚹ/
/ᚺ/
/ᚾ/
/ᛁ/
/ᛃ/
/ᛇ/
/ᛈ/
/ᛉ/
Runa
Nombre
Sigel
TirBeorc
EhMan
Lagu
Ing
Ethel
Daeg
Ac
Aesc
Yr
Ior
Ear
Transliteracións
t
b
e
m
l
ŋ
œ
d
a
æ
y
io
ea
Sonido AFI/s/
/t/
/b/
/e(ː)/
/m/
/l/
/ŋ/
/eː/, /ø(ː)/
/d/
/a(ː)/
/æ(ː)/
/y(ː)/
/jo/
/ea/
Unicode/ᛋ/
/ᛏ/
/ᛒ/
/ᛖ/
/ᛗ/
/ᛚ/
/ᛜ/
/ᛟ/
/ᛞ/
/ᚪ/
/ᚫ/
/ᚣ/
/ᛡ/
/ᛠ/

La versión extendida del alfabeto de 33 runas (contando las dos versiones de calc como una sola runa), que sólo aparece en los manuscritos, contiene además las siguientes:

Runa

Nombre
Cweorth
Calc y
Calc doble
Gar
Stan
Transliteraciónkw
k / kk
g
st
Sonido AFI/kw/
/k/, /kk/
/g/, /ɣ/
/st/
Unicode/ᛢ/
/ᛣ/
/ᛤ/
/ᛥ/

Thorn y wynn (ƿ) permanecieron introduciéndose en el alfabeto latino para representar los sonidos [θ] y [w] respectivamente. Y Gyfu evolucionó a la letra yogh (ȝ) introduciéndose transitoriamente en el alfabeto latino del inglés medio para representar el sonido [g].

Futhark joven [editar]

Artículo principal: Futhark joven

El fuþark joven también llamado fuþark escandinavo es una versión reducida del futhark antiguo, que consta de sólo 16 runas, agrupadas en tres ætts.[15] Esta reducción es paralela paradógicamente al aumento fonético que se produjo al evolucionar el proto-nórdico en nórdico antiguo. Se ubica en Escandinavia y los asentamientos en el exterior de la época vikinga y empezó a usarse en el siglo IX.

Las runas según aparecen en los poemas rúnicos noruego e islandés son:

Runa
NombreÚrÞursÓssRæiðKaunHagallNauðrÍsÁrSólTýrBjarkanMaðrLögrÝr
Transliteraciónf,vu,oþ,ðą, ork,ghniast,dp,bmlʀ
Sonido AFI/f/,/v//u(ː)/ /y(ː)/
/ɔ(ː)/, /w/
/θ/, /ð//ɑ̃/, /o(ː)//r//k/,/g//h//n//i(ː)//a(ː)//s//t/,/d//p/,/b//m//l//ɹ/, /r/
Unicode
Comparación de las runas de rama larga (arriba) y rama corta (abajo).

Existen dos versiones principales del alfabeto: las runas de rama larga, o danesas, y las de rama corta , o sueco-noruegas, aunque ambos se usaron tanto en Dinamarca como en Suecia y Noruega. La diferencia entre las dos versiones ha sido objeto de controversia. La opinión general es que la diferencia era funcional, las runas de rama larga se usaban para los textos solemnes sobre piedra, mientras que las de rama corta se usarían en la escritura cotidiana o en mensajes oficiales sobre madera.

Runas de Helsingia [editar]

Runas Hälsinge o runas sin poste.

Las runas de Helsingia, o runas sin poste, deben su nombre a la región de Hälsingland en Suecia, donde fueron encontradas por primera vez, aunque inscripciones del mismo tipo se han encontrado posteriormente en otras partes de Suecia. Se usaron entre los siglos X y XII.

Fundamentalmente son una simplificación de las runas sueco-noruegas en la que se han eliminado lo más posible los trazos verticales, a lo que debe la denominación de "sin poste", y además parte de los trazos horizontales y transversales se sustituyen por puntos. En esta variante a diferencia de las demás versiones del furthark joven que constan de 16 caracteres, sólo han aparecido en las inscripciones 15, faltando el correspondiente a ã. Pero como todas estas runas tienen una simétrica, se ha postulado que la que falta sea la simétrica especular de la b.[17] Estas runas no tienen asignados signos Unicode (al menos hasta Unicode 4.0).

Runas islandesas [editar]

Runas islandesas.
Se muestran en la fila inferior las runas que fueron modificadas para poder compararlas

Las runas islandesas son otra simplificación de futhark joven, en la que se acortan algunos trazos transversales o se sustituyen por puntos. Este alfabeto se usó en Islandia entre el siglo XI y el siglo XIV. En esta versión sólo hay 15 runas, porque la última runa, yr, desapareció al convertirse en superflua debido a que el sonido que representaba, /ɻ/, se había convertido en una erre verdadera en el dialecto islandés del nórdico antiguo de la época.

 

Runas marcomanas [editar]

Runas marcomanas.

El tratado titulado De Inventione Litterarum atribuido a Hrabanus Maurus atribuye el origen de estas runas a los marcomanosMarcomanni, quos nos Nordmannos vocamus», aunque no haya una relación real con ellos, y desde entonces se conocen con este nombre. Wilhelm Grimm trató sobre el origen de estas runas en 1821.[18]

El alfabeto de runas marcomanas consiste en una curiosa mezcla de runas del futhark antiguo y del futhorc anglosajón en un intento de los eruditos carolingios de representar todas las letras del alfabeto latino con equivalentes rúnicos. Se usaron en los manuscritos de los siglos VIII y IX principalmente del sur del imperio carolingio germanoparlante.

Runas medievales [editar]

Ejemplo de runas medievales.

El futhark joven se había difundido en la edad media por toda Escandinavia, pero su reducido número de runas no disponía de símbolos escritos para cada fonema del nórdico antiguo. Para paliar esta deficiencia se introdujeron variantes puntuadas de los caracteres que representaban consonantes sordas para representar a sus equivalentes sonoras, y viceversa, y se añadieron varias runas para cubrir todos los sonidos vocálicos. No se siguió un patrón único y las inscripciones rúnicas escandinavas de la edad media muestran variantes de los tipos de runas, y a menudo las equivalentes a las letras s, c y z se usan de forma intercambiable.[19] [20]

Las runas medievales estuvieron en uso hasta el siglo XV. La mayoría de las inscripciones rúnicas escandinavas conservadas datan del medievo, aunque hay también algunas inscripciones en latín. Lo que indica que las runas fueron de uso corriente en la edad media y convivieron con el alfabeto latino durante varios siglos.

Runas dalecarlianas [editar]

Runas dalecarlianas.

El aislamiento de la provincia sueca de Dalecarlia hizo que se desarrollara allí un tipo rúnico propio, mezcla de runas y letras latinas.[21] Las runas dalecarlianas empezaron a usarse al principio del siglo XVI y se conservaron en algunos usos hasta el siglo XX. Existe debate si su uso fue parte de una tradición ininterrumpida o si la gente del siglo XIX y XX las reintrodujeron aprendiendo las runas de tratados sobre el tema. Se usaron principalmente para la transcripción del idioma local, el elfdaliano.

Uso mágico-religioso [editar]

Artículo principal: Magia rúnica

Las runas no se usaron sólo para la escritura. Eran consideradas, y vuelven a serlo, instrumentos mágicos, portadores de secretos y generadores de poder, por lo que las runas fueron usadas como oráculos en rituales de adivinación. Se creía que la runa era el símbolo del objeto con el que compartía nombre y como tal una emanación de su energía que podría despertar los sentidos o crear emociones. El término "runa" implica la noción de "aquel que sabe", en alemán antiguo: susurrar/cuchichear. "Run-wita": iniciar en los secretos. Pero la palabra proviene del escandinavo "Rûn" que significa "secreto" y "Helrûn" adivinanza. Por lo tanto, leer las runas sería algo así como "aprender a desvelar los secretos".

Insignia de las Schutzstaffel de 1933 con dos runas sigel. Durante el periodo nazi resurgió con fuerza la runología ocultista.

Cada runa posee un significado y una invocación, en la magia o brujería nórdica, y ofrece varios niveles de lectura.

Desde el punto de vista de las creencias neopaganas actuales, las runas tienen un sentido espiritual distinto. Se les atribuye la facultad de revelar aquellas capacidades que están ocultas y a las que se puede acceder mediante la meditación o el desarrollo del psiquismo. Finalmente, en un plano material, la runa manifiesta para los creyentes aquello que está por venir y refiere a las armas espirituales con las que puede contar el consultante.

Ya en el terreno de la mitología, las runas son parte de los dones otorgados por los Ases a los hombres. El encargado en casi todos los mitos de ser el creador de esta escritura secreta es Odín, padre y señor de los dioses, quien mediante determinados sacrificios consigue finalmente el secreto y la magia de las runas. Una vez conseguido este don, Odín adquiere potestad sobre toda la naturaleza, excepto sobre las nornas, a quienes los dioses nórdicos están sometidos como cualquier otra criatura de los nueve mundos.

Véase también [editar]

Sobre el Alfabeto Rúnico en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfabeto_r%C3%BAnico

10/09/2009 11:05 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

09/09/2009

LITERATURA: "EL CASTELLANO" O ESPAÑOL; UNA LENGUA FLEXIVA FUSIONANTE

Lengua fusionante

De Wikipedia, la enciclopedia libre

Ejemplos ilustrados de la flexión sustantiva.
Nota: En la imagen el color del lacito simboliza el sexo del felino. (Rosa = femenino. Azul = masculino)

 

Las lenguas (flexivas) fusionantes son un tipo de lenguas sintéticas. Son aquellas lenguas que se caracterizan por una tendencia a incluir mucha información en sufijos o prefijos mediante la flexión de algunas palabras. En las lenguas fusionantes, un afijo suele reflejar sincréticamente dos o más categorías gramaticales. Por ejemplo, en los verbos del español la terminación -mos indica que trata de una forma de 1ª persona y de plural. En latín, por ejemplo, el sufijo flexivo de los adjetivos -ōrum indica tanto el caso genitivo, como en número plural, como el género masculino o neutro (por tanto un único sufijo refleja hasta tres categorías al mismo tiempo).

Un buen ejemplo del contraste entre estos dos tipos de lenguas son el inglés antiguo (flexivo) y el inglés de hoy en día, mucho más analítico.

Lenguas flexivas frente a fusionantes [editar]

Todas las lenguas fusionantes poseen una flexión desarrollada en alguna de las categorías gramaticales. En latín, el griego clásico, el sánscrito y muchas otras lenguas indoeuropeas antiguas, esta flexión alcanza tanto al substantivo y al adjetivo como al verbo, siendo el orden razonablemente libre.

En muchas lenguas indoeuropeas modernas de Europa, la flexión nominal ha sido minimizada, siendo más analíticas, pero conservando aún en el verbo bastante más flexión de tipo fusionante. Esto último se aprecia con mayor claridad en las lenguas romances. Sin embargo, cabe señalar que no todas las lenguas con flexión abundante, como el turco, son fusionantes, sino aglutinantes.

begin{matrix} mbox{lengua fusionante}Rightarrow mbox{lengua flexiva}  mbox{lengua flexiva}nRightarrow mbox{lengua fusionante} end{matrix}

Ejemplos de lenguas flexivas fusionantes [editar]

Véase también [editar]

09/09/2009 10:43 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

LITERATURA: "EL GALLEGO" ¿UNA LENGUA AGLUTINANTE COMO EL ALEMÁN?

¿Que es una lengua aglutinante?

Una lengua aglutinante es lo contrario de una lengua aislante, como el chino, donde las diversas estructuras sintácticas como las de sujeto, objeto, diversos complementos, etc. vienen dadas por su posición en la frase. Normalmente el sujeto ocupa el primer lugar y cada sintagma tiene un lugar prefijado en la oración. Las raíces léxicas aparecen "desnudas", esto es, invariables. No se modifican en su forma sino que es su posición y la existencia de partículas diversas las que precisan su significado y función. Bien, las lenguas aglutinantes son lo contrario de esto. Las lenguas amerindias suelen ser en general buenos ejemplos de lenguas aglutinantes.

Cuando uno piensa en una lenguas aglutinante ya no piensa en raíces desnudas ordenadas por su posición. Uno piensa más bien en abundantes prefijos, sufijos e infijos "amontonándose", coagulándose, aglutinándose en torno a unas raíces léxicas que hacen de núcleo para unas palabras muy largas, la mayor parte de cuya longitud se debe a esos prefijos y sufijos añadidos. En este caso esos afijos informan de todas las características que necesitamos saber sobre las palabras: genero, numero, modo, aspecto, función gramatical, etc. Como toda la información viene en forma de afijos, realmente no importa mucho el orden de las palabras; las puedes meter en un vaso y dejarlas caer aleatoriamente sobre la mesa y es probable que la frase se entienda. Esto, por supuesto, implica tener un carácter muy aglutinante.

Una característica importante de la aglutinación es que cada uno de esos afijos que añadimos solo se refiere a una única noción gramatical: bien genero, bien modo, bien numero, pero no varios de ellos a la vez. La aglutinación implica que cada característica la encontramos separada de las demás. Esto no es lo que ocurre en español: en la palabra _piens.o_ la terminación -o indica no solo 1ª persona, sino el numero, también indica el tiempo (presente), indica también el modo (indicativo). Esto convierte al español en una lengua flexiva, no aglutinante. En una lengua aglutinante deberíamos haber podido separar persona, numero, tiempo y modo.

Ahora también es necesario decir que en realidad no existen lenguas puramente aglutinantes o aislantes. El chino podría ser un ejemplo de aislamiento extremo pero he oído que tiene algún elemento que se puede considerar flexión. Esto quiere decir que no hay lenguas puras, pero si quiere decir que puede haber lenguas en que predomine uno u otro. Puede haber lenguas que flexionen ciertos elementos pero que aglutinen sobre otros elementos.

Alex .C.

Teoría del ciclo evolutivo simple-aglutinante-flexivo

Una teoría bastante factible es que existe, parece, alguna especie de ciclo en la evolución de las lenguas, la cual puede ir en algo así:

Una lengua aislante, por ejemplo el chino clásico. Ciertas partículas libres con función gramatical empiezan a volverse dependientes y poco a poco la lengua será aglutinante. Estos morfemas aglutinantes empiezan a simplificarse, tanto fonéticamente, como en su número, ciertas combinaciones que son muy comunes empiezan a ser consideradas como un todo y la lengua empieza a evolucionar a una lengua flexiva. Luego, muchas de esas flexiones se simplifican, al tiempo que la sintaxis se vuelve más fija y vemos cómo el inglés pasó de una lengua flexiva en el inglés antiguo a una lengua casi aislante en el inglés moderno. Finalmente los vestigios de flexión se pierden y tenemos una lengua aislante nuevamente.

Desde luego, si hay procesos de creolización ciertos tipos de cambios pueden suceder más rápido.

Carlos Th.

Obtenido de http://ciberpiula.net/svaa/nl1/aglutinante.html

LENGUA AGLUTINANTE:

http://es.wikipedia.org/wiki/Lengua_aglutinante

09/09/2009 10:18 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

17/07/2009

LITERATURA. ROMANCERO GITANO. "ROMANCE DE LA LUNA". FEDERICO GARCÍA LORCA

ROMANCE DE LA LUNA

a Conchita García Lorca

 

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

 

 

Federico García Lorca, 1928

 

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, provincia de Granada, 5 de junio de 1898 – entre Víznar y Alfacar, ibídem, 18 de agosto de 1936) fue un poeta, dramaturgo y prosista español, también conocido por su destreza en muchas otras artes. Adscrito a la llamada Generación del 27, es el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del siglo XX. Como dramaturgo, se le considera una de las cimas del teatro español del siglo XX, junto con Valle-Inclán y Buero Vallejo.

Sobre García Lorca:

http://es.wikipedia.org/wiki/Federico_Garc%C3%ADa_Lorca

17/07/2009 12:49 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: ROMANCERO GITANO. PRECIOSA Y EL AIRE. FEDERICO GARCÍA LORCA

PRECIOSA Y EL AIRE

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

          *

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

          *

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

          *

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

 

Federico García Lorca, 1928

17/07/2009 12:46 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

06/07/2009

LITERATURA: "EL QUIJOTE" DE CERVANTES

Don Quijote de la Mancha[a] (pronunciación ▶ ) es una novela escrita por el español Miguel de Cervantes Saavedra. Publicada su primera parte con el título de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a comienzos de 1605, es una de las obras más destacadas de la literatura española y la literatura universal, y una de las más traducidas. En 1615 aparecería la segunda parte del Quijote de Cervantes con el título de El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha.

Interpretaciones de Don Quijote [editar]

Don Quijote según Honoré Daumier (c. 1868)

Don Quijote ha sufrido, como cualquier obra clásica, todo tipo de interpretaciones y críticas. Miguel de Cervantes proporcionó en 1615, por boca de Sancho, el primer informe sobre la impresión de los lectores, entre los que «hay diferentes opiniones: unos dicen: 'loco, pero gracioso'; otros, 'valiente, pero desgraciado'; otros, 'cortés, pero impertinente'» (capítulo II de la segunda parte). Pareceres que ya contienen las dos tendencias interpretativas posteriores: la cómica y la seria. Sin embargo, la novela fue recibida en su tiempo como un libro de entretenimiento, como regocijante libro de burlas o como una divertidísima y fulminante parodia de los libros de caballerías. Intención que, al fin y al cabo, quiso mostrar el autor en su prólogo, si bien no se le ocultaba que había tocado en realidad un tema mucho más profundo que se salía de cualquier proporción.

Toda Europa leyó Don Quijote como una sátira. Los ingleses, desde 1612 en la traducción de Thomas Shelton. Los franceses, desde 1614 gracias a la versión de César Oudin, aunque en 1608 ya se había traducido el relato El curioso impertinente. Los italianos desde 1622, los alemanes desde 1648 y los holandeses desde 1657, en la primera edición ilustrada. La comicidad de las situaciones prevalecía sobre la sensatez de muchos parlamentos.

La interpretación dominante en el siglo XVIII fue la didáctica: el libro era una sátira de diversos defectos de la sociedad y, sobre todo, pretendía corregir el gusto estragado por los libros de caballerías. Junto a estas opiniones, estaban las que veían en la obra un libro cómico de entretenimiento sin mayor trascendencia. La Ilustración se empeñó en realizar las primeras ediciones críticas de la obra, la más sobresaliente de las cuales no fue precisamente obra de españoles, sino de ingleses: la magnífica de John Bowle, que avergonzó a todos los españoles que presumían de cervantistas, los cuales ningunearon como pudieron esta cima de la ecdótica cervantina, por más que se aprovecharon de ella a manos llenas. El idealismo neoclásico hizo a muchos señalar numerosos defectos en la obra, en especial, atentados contra el buen gusto, como hizo Valentín de Foronda; pero también contra la ortodoxia del buen estilo. El neoclásico Diego Clemencín destacó de manera muy especial en esta faceta en el siglo XIX.

Pronto empezaron a llegar las lecturas profundas, graves y esotéricas. Una de las más interesantes y aún poco estudiada es la que afirma, por ejemplo, que Don Quijote es una parodia de la Autobiografía escrita por San Ignacio de Loyola, que circulaba manuscrita y que los jesuitas intentaron ocultar. Ese parecido no se le escapó, entre otros, a Miguel de Unamuno, quien no trató, sin embargo, de documentarlo. En 1675, el jesuita francés René Rapin consideró que Don Quijote encerraba una invectiva contra el poderoso duque de Lerma. El acometimiento contra los molinos y las ovejas por parte del protagonista sería, según esta lectura, una crítica a la medida del Duque de rebajar, añadiendo cobre, el valor de la moneda de plata y de oro, que desde entonces se conoció como moneda de molino y de vellón. Por extensión, sería una sátira de la nación española. Esta lectura que hace de Cervantes desde un antipatriota hasta un crítico del idealismo, del empeño militar o del mero entusiasmo, resurgirá a finales del siglo XVIII en los juicios de Voltaire, D'Alembert, Horace Walpole y el intrépido Lord Byron. Para éste último, Don Quijote había asestado con una sonrisa un golpe mortal a la caballería en España. A esas alturas, por suerte, Henry Fielding, el padre de Tom Jones, ya había convertido a Don Quijote en un símbolo de la nobleza y en modelo admirable de ironía narrativa y censura de costumbres sociales. La mejor interpretación dieciochesca de Don Quijote la ofrece la narrativa inglesa de aquel siglo, que es, al mismo tiempo, el de la entronización de la obra como ejemplo de neoclasicismo estético, equilibrado y natural. Algo tuvo que ver el valenciano Gregorio Mayáns y Siscar que en 1738 escribió, a manera de prólogo a la traducción inglesa de ese año, la primera gran biografía de Cervantes. Las ráfagas iniciales de lo que sería el huracán romántico anunciaron con toda claridad que se acercaba una transformación del gusto que iba a divorciar la realidad vulgar de los ideales y deseos. José Cadalso había escrito en sus Cartas marruecas en 1789 que en Don Quijote «el sentido literal es uno y el verdadero otro muy diferente».

Heinrich Heine

El Romanticismo alemán trató de descifrar el significado verdadero de la obra. Friedrich von Schlegel asignó a Don Quijote el rango de precursora culminación del arte romántico en su Diálogo sobre la poesía de 1800 (honor compartido con el Hamlet de Shakespeare). Un par de años después, Friedrich W. J. Schelling, en su Filosofía del arte, estableció los términos de la más influyente interpretación moderna, basada en la confrontación entre idealismo y realismo, por la que Don Quijote quedaba convertido en un luchador trágico contra la realidad grosera y hostil en defensa de un ideal que sabía irrealizable. A partir de ese momento, los románticos alemanes (Schelling, Jean Paul, Ludwig Tieck...) vieron en la obra la imagen del heroísmo patético. El poeta Heinrich Heine contó en 1837, en el lúcido prólogo a la traducción alemana de ese año, que había leído Don Quijote con afligida seriedad en un rincón del jardín Palatino de Dusseldorf, apartado en la avenida de los Suspiros, conmovido y melancólico. Don Quijote pasó de hacer reír a conmover, de la épica burlesca a la novela más triste. Los filósofos Hegel y Arthur Schopenhauer proyectaron en los personajes cervantinos sus preocupaciones metafísicas.

Homenaje al IV Centenario de El Quijote, frente a la casa natal de Miguel de Cervantes en Alcalá de Henares.

El Romanticismo inició la interpretación figurada o simbólica de la novela, y pasó a un segundo plano la lectura satírica. Que muelan a palos al caballero, ya no le hizo gracia al poeta inglés Samuel Taylor Coleridge. Don Quijote se le antojaba ser «una sustancial alegoría viviente de la razón y el sentido moral», abocado al fracaso por falta de sentido común. Algo parecido opinó en 1815 el ensayista William Hazlitt: «El pathos y la dignidad de los sentimientos se hallan a menudo disfrazados por la jocosidad del tema, y provocan la risa, cuando en realidad deben provocar las lágrimas». Este Don Quijote triste se prolonga hasta los albores del siglo XX. El poeta Rubén Darío lo invocó en su Letanía de Nuestro Señor don Quijote con este verso: «Ora por nosotros, señor de los tristes» y lo hace suicidarse en su cuento DQ, compuesto el mismo año, personificando en él la derrota de 1898. No fue difícil que la interpretación romántica acabara por identificar al personaje con su creador. Las desgracias y sinsabores quijotescos se leían como metáforas de la vapuleada vida de Cervantes y en la máscara de Don Quijote se pretendía ver los rasgos de su autor, ambos viejos y desencantados. El poeta y dramaturgo francés Alfred de Vigny imaginó a un Cervantes moribundo que declaraba in extremis haber querido pintarse en su Caballero de la Triste Figura.

Parte de monumento IV centenario de Don Quijote de la Mancha en Alcalá de Henares

Durante el siglo XIX, el personaje cervantino se convierte en un símbolo de la bondad, del sacrificio solidario y del entusiasmo. Representa la figura del emprendedor que abre caminos nuevos. El novelista ruso Iván Turgénev así lo hará en su espléndido ensayo Hamlet y Don Quijote (1860), en el que confronta a los dos personajes como arquetipos humanos antagónicos: el extravertido y arrojado frente al ensimismado y reflexivo. Este Don Quijote encarna toda una moral que, más que altruista, es plenamente cristiana.

Antes de que W. H. Auden eleve al hidalgo a los altares de la santidad, Dostoyevski ya lo había comparado con Jesucristo, para afirmar que «de todas las figuras de hombres buenos en la literatura cristiana, sin duda, la más perfecta es Don Quijote». También el príncipe Mishkin de El idiota está fraguado en el molde cervantino con un metal que procede del Cristo bíblico. Menos evangélicos, Gógol, Pushkin y Tolstói vieron en él un héroe de la bondad extrema y un espejo de la maldad del mundo.

Ilustración de Don Quijote de 1848

El siglo romántico no sólo estableció la interpretación grave de Don Quijote, sino que lo empujó al ámbito de la ideología política. La idea de Herder de que en el arte se manifiesta el espíritu de un pueblo (el Volksgeist) se propagó por toda Europa y se encuentra en autores como Thomas Carlyle e Hippolyte Taine, para quienes Don Quijote reflejaba los rasgos de la nación en que se engendró. Pero ¿cuáles eran esos rasgos? Para los románticos conservadores, la renuncia al progreso y la defensa de un tiempo y unos valores sublimes aunque caducos, los de la caballería medieval y los de la España imperial de Felipe II. Para los liberales, la lucha contra la intransigencia de esa España sombría y sin futuro. Estas lecturas políticas siguieron vigentes durante decenios, hasta que el régimen surgido de la Guerra Civil en España privilegió la primera, imbuyendo la historia de nacionalismo tradicionalista.

El siglo XX recuperó la interpretación jocosa como la más ajustada a la de los primeros lectores, pero no dejó de ahondarse en la interpretación simbólica. Crecieron las lecturas esotéricas y disparatadas y muchos creadores formularon su propio acercamiento, desde Kafka y Jorge Luis Borges hasta Milan Kundera. Thomas Mann, por ejemplo, inventó en su Viaje con Don Quijote (1934) a un caballero sin ideales, hosco y un punto siniestro alimentado por su propia celebridad, y Vladimir Nabokov, con lentes anacrónicos, pretendió poner los puntos sobre las íes en un célebre y polémico curso.

Quizá, el principal problema consista en que Don Quijote no es uno, sino dos libros difíciles de reducir a una unidad de sentido. El loco de 1605, con su celada de cartón y sus patochadas, causa más risa que suspiros, pero el sensato anciano de 1615, perplejo ante los engaños que todos urden en su contra, exige al lector trascender el significado de sus palabras y aventuras mucho más allá de la comicidad primaria de palos y chocarrerías. Abundan las interpretaciones panegiristas y filosóficas en el siglo XIX. Las interpretaciones esotéricas se iniciaron en dicho siglo con las obras de Nicolás Díaz de Benjumea La estafeta de Urganda (1861), El correo del Alquife (1866) o El mensaje de Merlín (1875). Benjumea encabeza una larga serie de lecturas impresionistas de Don Quijote enteramente desenfocadas; identifica al protagonista con el propio Cervantes haciéndole todo un librepensador republicano. Siguieron a éste Benigno Pallol, más conocido como Polinous, Teodomiro Ibáñez, Feliciano Ortego, Adolfo Saldías y Baldomero Villegas. En 1967, la cabalista Dominique Aubier afirma que «Don Quijote es un libro que puede leerse a la vez en castellano y en hebreo». Según ella, Don Quijote (Q´jot en arameo significa verdad) se escribió en el marco de una preocupación ecuménica. En recuerdo de una España tierra de encuentro de las tres religiones reveladas, Cervantes propondría al futuro un vasto proyecto cultural colocando en su centro el poder del verbo.

A partir de 1925 las tendencias dominantes de la crítica literaria se agrupan en diversas ramas:

El realismo en Don Quijote [editar]

Molinos de viento en Campo de Criptana (La Mancha, España)

La primera parte supone un avance considerable en el arte de narrar. Constituye una ficción de segundo grado, es decir, el personaje influye en los hechos. Lo habitual en los libros de caballerías hasta entonces era que la acción importaba más que los personajes. Éstos eran traídos y llevados a antojo, dependiendo de la trama (ficciones de primer grado). Los hechos, sin embargo, se presentan poco entrelazados entre sí. Están encajados en una estructura poco homogénea, abigarrada y variada, típicamente manierista, en la que pueden reconocerse entremeses apenas adaptados, novelas ejemplares insertadas, discursos, poemas, etc.

La segunda parte es más barroca que manierista. Representa un avance narrativo mucho mayor de Cervantes en cuanto a la estructura novelística: los hechos se presentan amalgamados más estrechamente y se trata ya de una ficción de tercer grado. Por primera vez en una novela europea, el personaje transforma los hechos y al mismo tiempo es transformado por ellos. Los personajes evolucionan con la acción y no son los mismos al empezar que al acabar.

Como primera novela verdaderamente realista, al regresar Don Quijote a su pueblo, asume la idea de que no sólo no es un héroe, sino que no hay héroes. Esta idea desesperanzada e intolerable, similar a lo que sería el nihilismo para otro cervantista, Dostoyevski, matará al personaje que era, al principio y al final, Alonso Quijano, conocido por el sobrenombre de El Bueno.

Temática [editar]

La riqueza temática de la obra es tal que, en sí misma, resulta inagotable. Supone una reescritura, recreación o cosmovisión especular del mundo en su época. No obstante, pueden dibujarse algunas directrices principales que pueden servir de guía a su lector.

El tema de la obra gira en torno a si es posible encontrar un ideal en lo real. Este tema principal está estrechamente ligado con un concepto ético, el de la libertad en la vida humana, como ha estudiado Luis Rosales; Cervantes estuvo preso gran parte de su vida y luchó por la libertad de Europa frente al Imperio Otomano. ¿A qué debe atenerse el hombre sobre la realidad? ¿Qué idea puede hacerse de ella mediante el ejercicio de la libertad? ¿Podemos cambiar el mundo o el mundo nos cambia a nosotros? ¿Qué es lo más cuerdo o lo menos loco? ¿Es moral intentar cambiar el mundo? ¿Son posibles los héroes? De esta temática principal, estrechamente ligada al tema erasmiano de la locura y al tan barroco de la apariencia y la realidad, derivan otros secundarios:

  1. Si es posible encontrar el ideal literario: el tema de la crítica literaria es constante a lo largo de toda la obra de Cervantes. Se encuentran en la obra críticas a los libros de caballerías, las novelas pastoriles y la nueva fórmula teatral creada por Félix Lope de Vega.
  2. Si es posible encontrar el ideal de amor: aparecen diferentes historias de amor. Algunas desgraciadas por concepciones de vida rigurosamente ligadas a la libertad, como es el caso de la de la pastora Marcela y Grisóstomo, otras por una inseguridad patológica (novela inserta del curioso impertinente) y amadas ya excesivamente idealizadas (Dulcinea del Toboso) ya excesivamente prosaicas (Aldonza Lorenzo). También aparece el tema de los celos, muy importante en Cervantes.
  3. Si es posible encontrar el ideal político: aparece el tema de la utopía en fragmentos como el gobierno de Sancho en la ínsula Barataria, las ensoñaciones quiméricas de don Quijote en la cueva de Montesinos y otros.
  4. Si es posible encontrar el ideal de justicia: como en las aventuras del mozo apaleado, los galeotes, etc.

Originalidad [editar]

En cuanto a obra literaria, puede decirse que es, sin duda alguna, la obra maestra de la literatura de humor de todos los tiempos. Además es la primera novela moderna y la primera novela polifónica, y ejercerá un influjo abrumador en toda la narrativa europea posterior.

En primer lugar, aportó la fórmula del realismo, tal como había sido ensayada y perfeccionada en la literatura castellana desde la Edad Media. Caracterizada por la parodia y burla de lo fantástico, la crítica social, la insistencia en los valores psicológicos y el materialismo descriptivo.

En segundo lugar, creó la novela polifónica, esto es, la novela que interpreta la realidad, no según un solo punto de vista, sino desde varios puntos de vista superpuestos al mismo tiempo. Torna la realidad en algo sumamente complejo, pues no sólo intenta reproducirla, sino que en su ambición pretende incluso sustituirla. La novela moderna, según la concibe el Quijote, es una mezcla de todo. Tal como afirma el propio autor por boca del cura, es una «escritura desatada»: géneros épicos, líricos, trágicos, cómicos, prosa, verso, diálogo, discursos, chistes, fábulas, filosofía, leyendas... y la parodia de todos estos géneros.

La voraz novela moderna que representa el Quijote intenta sustituir la realidad, incluso, físicamente: alarga más de lo acostumbrado la narración y transforma, de esa manera, la obra en un cosmos.

Técnicas narrativas [editar]

En la época de Cervantes, la épica se podía escribir también en prosa. Las técnicas narrativas que ensaya Cervantes en esta novela son varias:

  • La recapitulación o resumen periódico cada cierto tiempo de los acontecimientos, a fin de que el lector no se pierda en una narración tan larga.
  • El contraste entre lo idealizado y lo real, que se da a todos los niveles. Por ejemplo, en el estilo, que a veces aparece pertrechado con todos los elementos de la retórica y otras veces aparece rigurosamente ceñido a la imitación del lenguaje popular.
  • También está el contraste entre los personajes, a los que Cervantes gusta de colocar en parejas, a fin de que cada uno le ayude a construir otro diferente mediante el diálogo. Un diálogo en el que los personajes se escuchan y se comprenden, ayudándoles a cambiar su personalidad y perspectiva: don Quijote se sanchifica y Sancho se quijotiza. Si el señor se obsesiona con ser caballero andante, Sancho se obsesiona con ser gobernador de una ínsula. Tan desengañados llegan a estar el uno como el otro. A la inversa, don Quijote va siendo cada vez más consciente de lo teatral y fingido de su actitud. Por ejemplo, a raíz de su ensoñación en la cueva de Montesinos, Sancho se burlará de él el resto del camino. Esta mezcla y superposición de perspectivas se denomina perspectivismo.
  • El humor es constante en la obra. Es un humor muy especial: respetuoso con la dignidad humana de los personajes.
  • Una primera forma de contrapunto narrativo: una estructura compositiva en forma de tapiz, en la que las historias se van sucediendo unas a otras, entrelazándose y retomándose continuamente.
  • La suspensión, esto es, la creación de enigmas que «tiran» de la narración y del interés del lector hasta su resolución lógica, cuando ya se le ha formulado otro enigma para continuar más allá.
  • La parodia lingüística y literaria de géneros, lenguajes y roles sociales como fórmula para mezclar los puntos de vista hasta ofrecer la misma visión confusa que suministra la interpretación de lo real.
  • La oralidad del lenguaje cervantino, vestigio de la profunda obsesión teatral de Cervantes, y cuya viveza aproxima extraordinariamente al lector a los personajes y al realismo facilitando su identificación y complicidad con los mismos.
  • El perspectivismo, que ya se ha señalado, hace que cada hecho sea descrito por cada personaje en función de una cosmovisión distinta, y con arreglo a ello la realidad se torna súbitamente compleja y rica en sugestiones.
  • Simula imprecisiones en los nombres de los personajes y en los detalles poco importantes, a fin de que el lector pueda crearse su propia imagen en algunos aspectos de la obra y sentirse a sus anchas en la misma, suspendiendo su sentido crítico.
  • Utiliza juegos metaficcionales a fin de difuminar y hacer desaparecer la figura del autor del texto por medio de continuos intermediarios narrativos (Cide Hamete Benengeli, los supuestos Anales de la Mancha, etc.) que hacen, así, menos literaria y más realista la obra desproveyéndola de su carácter perfecto y acabado.

Más en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Don_Quijote_de_la_Mancha

06/07/2009 22:21 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

CINE LITERATURA: "DON QUIJOTE" DE ORSON WELLES

TITULO ORIGINALDon Quixote
AÑO
1992 
DURACIÓN
111 min.  
PAÍS
 
DIRECTOROrson Welles, Jesús Franco (AKA Jess Franco)
GUIÓNOrson Welles, Jesús Franco (AKA Jess Franco) (Novela: Miguel de Cervantes)
MÚSICADaniel White
FOTOGRAFÍAJosé G. Galisteo, Juan Manuel de la Chica, Edmond Richard, Jack Draper, Ricardo Navarrete, Manuel Mateos, Giorgio Tonti
REPARTOFrancisco Reiguera, Akim Tamiroff, Patricia McCormack, Orson Welles
PRODUCTORAEl Silencio Producciones S.A.
GÉNERO Y CRÍTICA



Drama / SINOPSIS: La particular visión que Welles tenía de España es recreada a través de los ojos de Don Quijote y Sancho, quienes viajan por la España de los sanfermines, las fiestas de moros y cristianos, la Semana Santa, etc. Esta película fue filmada por Welles a lo largo e catorce años y murió sin haber podido terminar su montaje. El director Jess Franco, amigo de Welles desde el rodaje de “Campanadas a Medianoche”, buscó los materiales que estaban diseminados por medio mundo y en poder de diversas personas, entre ellas la segunda esposa de Welles, Suzann Clothier. Jess Franco ha hecho una gran labor de montaje siguiendo las propias indicaciones que dejó escritas el propio Welles. (FILMAFFINITY)
----------------------------------------
"Un filme apasionante, vitalista y revolucionario (...) todo ello envuelto en una sucesión de imágenes de insólito vigor expresivo. Por completo imprescindible." (Miguel Ángel Palomo: Diario El País)
----------------------------------------
 

06/07/2009 21:57 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

LITERATURA: "LA REGENTA" DE LEOPOLDO ALAS CLARÍN

La Regenta es la primera novela de Leopoldo Alas «Clarín», publicada en dos tomos en 1884 y 1885 respectivamente. Considerada la obra cumbre de su autor y de la novela española del siglo XIX, además es uno de los máximos exponentes del naturalismo y del realismo progresista. Además, incorpora una técnica novedosa; la técnica del sueño o fluir de los recuerdos.

La novela solo puede ser publicada en Barcelona (Daniel Cortezo y Cía.) ya que su publicación es un verdadero escándalo, sobre todo en Oviedo. El obispo publica en su contra una pastoral que Clarín contraataca.

En su argumento se ha basado la serie para televisión de Fernando Méndez Leite que lleva el mismo título, y cuyos protagonistas son Aitana Sánchez-Gijón y Carmelo Gómez. También es el argumento de la película de Gonzalo Suárez cuya protagonista (el personaje de Ana Ozores) es Emma Penella.

Argumento [editar]

La acción se centra en Vetusta (ciudad capital de provincia, muy identificable con Oviedo), donde la protagonista de la obra, Ana Ozores, se casa con el antiguo Regente de la Audiencia de la ciudad, Víctor Quintanar, hombre bondadoso pero maniático y mucho mayor que ella. Viéndose sentimentalmente abandonada, Ana Ozores empieza a ser cortejada por el donjuán provinciano Álvaro Mesía. Para completar el círculo, el canónigo magistral D. Fermín de Pas (confesor de Ana) también se enamora de la Regenta y se convierte en inconfesable rival de Mesía. Un gran retablo de personajes secundarios, retratados por Clarín con inmisericorde ironía, completa el paisaje humano de la novela.

El autor se sirve de la ciudad de Vetusta como símbolo de la vulgaridad, la incultura y el fariseísmo. Ana Ozores es un personaje aquejado de aquella patología del espíritu que se conoció como bovarismo. Desde otro punto de vista, Ana encarna la idealidad torturada que perece progresivamente ante una sociedad hipócrita. Con estas fuerzas en tensión, el escritor zamorano construyó un alegato cruel e inclemente de la vida provinciana española, ceñida a sus clases dirigentes, en tiempos de la Restauración finisecular.

Véase también [editar]

El naturalismo es un estilo artístico, sobre todo literario, basado en una objetividad sexual y documental en todos sus aspectos, tanto en los más sublimes como los más vulgares. Su máximo representante, teorizador e impulsor fue el periodista Émile Zola que expuso esta teoría en el prólogo a su novela Thérèse Raquin y sobre todo en Le roman expérimental (1880). Desde Francia, el Naturalismo se extendió a toda Europa en el curso de los veinte años siguientes adaptándose a las distintas literaturas nacionales. El naturalismo presenta al ser humano sin albedrío, determinado por la herencia genética y el medio en que vive.

Sobre el naturalismo:

http://es.wikipedia.org/wiki/Naturalismo

La Regenta es una miniserie televisiva, adaptación de la novela homónima de Leopoldo Alas "Clarín", escrita y dirigida por Fernando Méndez-Leite y emitida por Televisión Española en el año 1995. El 30 de marzo de 2009 la serie fue reestrenada en la página web de Radio Televisión Española,[1] donde se pueden ver íntegros todos los capítulos y de forma permanente.[2]

Ambientada en la imaginaria ciudad norteña de Vetusta y fiel reflejo de la España del siglo XIX, cuenta la historia de Ana Ozores, una hermosa mujer aburrida de su matrimonio burgués con el ex regente, mucho mayor que ella, y que se debate entre el amor espiritual y místico que siente por su confesor, el magistral Fermín de Pas, y la pasión carnal que le provoca el cacique y donjuán Álvaro Mesía.

Se compone de tres episodios que reproducen fielmente la novela, con una duración total de 302 minutos. El primero, que también corresponde a la primera parte de la obra literaria, abarca hasta el capítulo XV, el cual concluye con el escándalo nocturno de Santos Barinaga. El segundo capítulo se extiende del capítulo XVI al XXIII, cuando la protagonista sale en procesión vestida de nazareno. El tercer y último episodio continúa la historia desde el capítulo XXIV hasta el XXX, el último de la novela, en el que tiene lugar el trágico desenlace.

 

06/07/2009 11:12 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

04/07/2009

LITERATURA: LA LENGUA ESPAÑOLA; EL IDIOMA ESPAÑOL

Historia

Castilla nace en el sur de Cantabria, norte de Burgos y oeste de La Rioja. Su origen es una serie de condados dependientes del reino de León que logran su independencia con Fernán González en el siglo X. En el siglo XI se convierte en reino independiente con Fernando I, hijo de Sancho el Mayor de Navarra. A partir de este momento irá creciendo hasta convertirse en el reino más importante de la península.

 

Los primeros textos que se conservan en castellano datan del siglo XI, son las Glosas Emilianenses y Silenses. Concretamente el Códice Emilianense está fechado en el siglo IX, aunque las glosas que contiene fueron escritas a finales del siglo XI. Al proceder de una región que fue punto de confluencia de varias culturas hispánicas: castellana, vasca, navarra y aragonesa, se aprecian en ellas rasgos castellanos y navarro-aragoneses; incluso germánicos.

En ese momento había muy pocas razones para suponer que ese dialecto del latín llegara a ser con el tiempo lengua nacional e internacional. La historia de su desarrollo está íntimamente ligada a la de la Reconquista cristiana de los territorios que los musulmanes habían conquistado en la Península Ibérica.

 

http://www.proel.org/index.php?pagina=mundo/indoeuro/italico/romance/iberorromance/espanol

04/07/2009 09:50 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

30/06/2009

LITERATURA: CANTIGAS DE SANTA MARIA:COMO LA ALCAIDESA CAYÓ DESDE LO ALTO DE UNA PEÑA EN RÓDENAS DE ALBARRACÍN, Y LLAMÓ A SANTA MARÍA Y NO SE HIRIÓ.

0 que de Santa Maria sa mercee ben gaanna,

de tod' ocajon o guarda, ja non será tan estranna.

 

Dest' avéo gran miragre, per com' a mi foi mostrado,

a húa moller que era dun castelo que chamado

é Roenas, que en termio d'Alvarrazin é poblado,

en cima dúa gran pena, ben en cabo da montanna.

0 que de Santa Maria ssa mercee ben gaanna...

0 alcaide do castelo era un pobr' escudeiro

que fora por ssa soldada, cuidand' end' algun dieiro

aver; mais polo castelo non ficar assi senlleiro,

ficou y a alcaydessa, e que fillar foi per manna

0 que de Santa Maria ssa mercee ben gaanna...

D' ir cada dia por agua mui longe a húa fonte

que nacia en un vale juso a pe desse monte,

yndo per un semedeiro. E mui ben que vos eu conte

como ll' avéo u ya, pera fillardes facáya

0 que de Santa Maria ssa mercee ben gaanna...

De servirdes ben a Virgen,que esta muito servia.

E quand' en cima da pena foi, de que decer queria

contra a fonte por agua, un tal vento a feria

que a espennou de cima, chamand' a Virgen sen sanna

0 que de Santa Maria ssa mercee ben gaanna...

Que lle valvess'. E tan toste foi ssa oracon oyda;

ca pero caeu mui d' alte, non foi morta nen ferida,

mas ergeu-ss' e deu loore a[a] Virgen mui conprida

de ben; e este miragre souberon per tod' Espanna.

0 que de Santa Maria ssa mercee ben gaanna...

 

CANTIGA TRADUCIDA

Quien de Santa María su merced haya ganado,

de todo peligro sea guardado, ya no será cosa tan extraña.

En relación a esto ocurrió un gran milagro, como a mí me fue mostrado,

a una mujer que había en un castillo, al que llaman

de Ródenas, que del término de Albarracín esta habitado,

en cima de una gran peña, en la cumbre de la montaña.

Quien de Santa María su merced bien gana,

El alcaide del castillo era un pobre escudero

que había ido a buscar su sueldo, pensando algún dinero

conseguir; mas por no dejar el castillo así solo

quedó en él la alcaidesa, como tenia costumbre

Quien de Santa María su merced bien gana,

Tenía que ir cada día a por agua muy lejos a una fuente

que nacía en un valle, justo al pie de ese monte,

yendo por un sendero. Esta muy bien que os cuente

qué le sucedió allí a donde iba, para que veáis.

Quien de Santa María su merced bien gana,

Que sirváis bien a la Virgen, que esta mucho la servía.

Y cuando encima de la peña estaba, de la cual descender quería

hacia la fuente por agua, tanto viento la azoto

que la despeñó desde la cumbre, y llamó a la Virgen sin saña

Quien de Santa María su merced bien gana,

Que la socorriese. Y tan rápido fue su oración oída;

que aunque cayó desde muy alto, no fue muerta ni herida,

sino que se levantó y dio alabanzas a la Virgen, llena

de felicidad; y este milagro lo conocieron en toda España.

Quien de Santa María su merced bien gana,

http://www.islabahia.com/culturalia/04literatura/lascantigasdealfonsoxelsabio.shtml



 



TT
30/06/2009 10:23 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

13/06/2009

LENGUAS DEL MUNDO

ENLACE PROEL (FAMILIAS LINGÜÍSTICAS Y CLASIFICACIÓN GEOGRÁFICA):

http://www.proel.org/index.php?pagina=mundo

13/06/2009 11:47 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura Hay 1 comentario.

LITERATURA OCCIDENTAL: LOS SIMBOLISTAS. PAUL VERLAINE

El Simbolismo fue uno de los movimientos artísticos más importantes de finales del siglo XIX. En un manifiesto literario, publicado en 1886, Jean Moréas definió este nuevo estilo como «enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva» (« Ennemie de l’enseignement, la déclamation, la fausse sensibilité, la description objective »). La poesía simbolista busca vestir a la idea de una forma sensible, posee intenciones metafísicas, además intenta utilizar el lenguaje literario como instrumento cognoscitivo, por lo cual se encuentra impregnada de misterio y misticismo. En cuanto al estilo, basaban sus esfuerzos en encontrar una musicalidad perfecta en sus rimas, dejando a un segundo plano la belleza del verso, hecho que los separó del movimiento parnasianismo. Intentaban encontrar lo que Charles Baudelaire, gran poeta precursor de este movimiento, denominó la teoría de las «correspondencias», las secretas afinidades entre el mundo sensible y el mundo espiritual. Para ello utilizaban determinados mecanismos estéticos, como la sinestesia.

Paul Marie Verlaine, comúnmente llamado Paul Verlaine, (Metz, Francia, 30 de marzo de 1844 - † París, Francia, 8 de enero de 1896) fue un poeta francés, perteneciente al movimiento simbolista.

Poemas [editar]

  • Poemas saturnianos (1866)
  • Los amigos (1867)
  • Fiestas galantes (1869)
  • La Buena canción (1870)
  • Romanzas sin palabras (1874)
  • Sabiduría (1880)
  • Antaño y hogaño (1884)
  • Amor (1888)
  • Paralelamente (1889)
  • Dedicatorias (1890)
  • Mujeres (1890)
  • Hombres (1891)
  • Sensatez (1891)
  • Canción para ellas (1891)
  • Liturgias íntimas (1892)
  • Elegías (1893)
  • Odas en su honor (1893)
  • En los limbos (1894)
  • Epigramas (1894)
  • Ca (1896)
  • Invectivas (1896)
  • Biblio-sonetos (1913)
  • Obras olvidadas (1926–1929).

Aria de antaño

                       "Son joyeux, importum, d'un clavecin sonore"
                                                                                            Petrus Borel

Lucen vagamente las teclas del piano
a la luz del suave crepúsculo rosa,
y bajo los finos dedos de su mano

un aire de antaño canta y se querella
en la diminuta cámara suntuosa
en donde palpitan los perfumes de Ella.

Un plácido ensueño mi espíritu mece
mientras que el teclado sus notas desgrana;
¿por qué me acaricia, por qué me enternece

esa canción dulce, llorosa e incierta
que apaciblemente muere en la ventana
a las tibias auras del jardín abierta...?

Versión de Eduardo Castillo

ENLACES:

EL SIMBOLISMO:

http://es.wikipedia.org/wiki/Simbolismo

PAUL VERLAINE:

http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_Verlaine

POEMAS DE VERLAINE:

http://amediavoz.com/verlaine.htm

13/06/2009 11:20 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.

09/06/2009

TRES OBRAS DEL SIGLO DE ORO ESPAÑOL. "EL LAZARILLO DE TORMES", "LA VIDA DEL BUSCÓN" Y "EL DIABLO COJUELO"

Por Siglo de Oro se entiende la época clásica o de apogeo de la cultura española, esencialmente el Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII. Ciñéndose a fechas concretas de acontecimientos clave, abarca desde la publicación de la Gramática castellana de Nebrija en 1492 hasta la muerte de Calderón en 1681.

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (más conocida como Lazarillo de Tormes) es una novela española anónima, escrita en primera persona y en estilo epistolar (como una sola y larga carta), cuya edición conocida más antigua data de 1554. En ella se cuenta de forma autobiográfica la vida de un niño,

Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños es una novela picaresca en castellano, escrita por Francisco de Quevedo y Villegas

El Diablo Cojuelo es un diablo que, lejos de ser una forma maligna, se le representa como «el espíritu más travieso del infierno», trayendo de cabeza a sus propios congéneres demoníacos, los cuales, para deshacerse de él, le entregaron en trato a un astrólogo, teniéndolo encerrado en una vasija de cristal. Se dice así mismo como inventor de danzas, música y literatura de carácter picaresco y satírico. Siendo uno de los primeros ángeles en levantarse en celestial rebelión, fue el primero en caer a los infiernos, aterrizando el resto de sus «hermanos» sobre él, dejándole «estropeado» y «más que todos señalado de la mano de Dios». De ahí viene su sobrenombre de «Cojuelo». Pero no por cojo es menos veloz y ágil.

El diablo cojuelo es el más conocido y nombrado en los procesos, y en la literatura. La referencia al diablo cojuelo es mayoritaria en los conjuros, invocaciones y oraciones de las brujas castellanas

ENLACES:

http://es.wikipedia.org/wiki/Siglo_de_Oro

http://es.wikipedia.org/wiki/Lazarillo_de_Tormes

http://es.wikipedia.org/wiki/El_Busc%C3%B3n

http://es.wikipedia.org/wiki/Diablo_cojuelo

09/06/2009 11:05 Autor: petalofucsia. #. Tema: Literatura No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras

Contrato Coloriuris