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08/10/2009
04/09/2009
HISTORIA: "LA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA"
Biblioteca de Alejandría
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La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande del mundo. Situada en la ciudad egipcia de Alejandría, se cree que fue creada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter y que llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes. Una nueva Biblioteca Alejandrina, promovida por la Unesco, fue inaugurada en el año 2003 en la misma ciudad.
La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es uno de los más grandes misterios de la civilización occidental. Se carece de testimonios precisos sobre sus aspectos más esenciales, y no se han encontrado las ruinas del Museo, siendo las del Serapeo muy escasas. Puede no obstante afirmarse sin duda que la Gran Bibilioteca fundada por los Ptolomeos no resultó afectada por la Guerra Alejandrina de 48 a. C., y probablemente ya había desaparecido en el momento de la invasión árabe, en que según algunas fuentes el califa Omar ordenó la destrucción de millares de libros. Independientemente de las culpas de cristianos y musulmanes, el fin de la biblioteca debe situarse en un momento indeterminado del siglo III o del IV, quizá en 273, cuando el emperador Aureliano tomó y saqueó la ciudad, o cuando Diocleciano hizo lo propio en 297. La biblioteca-hija del Serapeo, sucesora de la Gran Biblioteca, fue expoliada, o al menos vaciada, en 391, cuando el emperador Teodosio el Grande ordenó la destrucción de los templos paganos de la ciudad de los Ptolomeos.
Desde el siglo XIX, los eruditos han intentado comprender la organización y estructura de la biblioteca, y se ha debatido largo y tendido sobre su final. Los conocimientos sobre la Biblioteca, cómo fue, cómo trabajaron sus sabios, el número exacto de volúmenes e incluso su misma situación son escasos, ya que muy pocos testimonios tratan sobre tan gran institución, y aun estos son esporádicos y desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI han insistido en que se ha formado una utopía retrospectiva en torno a la Biblioteca de Alejandría. No hay duda de que la biblioteca existió, pero apenas hay certezas en lo escrito sobre ella. Se han hecho centenares de afirmaciones contradictorias, dudosas y simplemente falsas, realizando suposiciones a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones.
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La biblioteca en la Antigüedad [editar]
La Gran Biblioteca de Alejandría, llamada así para distinguirla de la pequeña o hermana biblioteca en el Serapeo, fue fundada por los primeros Ptolomeos con el propósito de ayudar al mantenimiento de la civilización griega en el seno de la muy conservadora civilización egipcia que rodeaba a la ciudad alejandrina. Si bien es cierto que el traslado de Demetrio de Falero a Alejandría (en el año 296-295 a. C.) está relacionado con la organización de la biblioteca, también es seguro que al menos el plan de esta institución fue elaborado bajo Ptolomeo Sóter (muerto alrededor de 284 a. C.), y que la finalización de la obra y su conexión con el Museo fue la obra máxima de su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo. Como Estrabón no hace mención de la biblioteca en su descripción de los edificios del puerto, parece evidente que no estaba en esta parte de la ciudad; además, su conexión con el Museo permitiría ubicarla en el Brucheion, el distrito real situado en el noreste de la ciudad.
Este santuario acogía un pequeño zoológico, jardines, una gran sala para reuniones e incluso un laboratorio. Las salas que se dedicaron a la biblioteca acabaron siendo las más importantes de toda la institución, que fue conocida en el mundo intelectual de la antigüedad al ser única. Durante siglos, los Ptolomeos apoyaron y conservaron la biblioteca que, desde sus comienzos, mantuvo un ambiente de estudio y de trabajo. Dedicaron grandes sumas a la adquisición de libros, con obras de Grecia, Persia, India, Palestina, África y otras culturas, aunque predominaba la literatura griega.
La biblioteca del Museo constaba de diez estancias dedicadas a la investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente. Un gran número de poetas y filósofos, que llegaron a ser más de cien en sus mejores años, se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.
Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergetes (246-221 a. C.), y se estableció en la colina del barrio de Racotis (hoy llamada Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar; concretamente, en el antiguo templo erigido por los primeros Ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo, considerado como uno de los edificios más bellos de la Antigüedad. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron y modernizaron en gran medida, incorporando incluso calefacción central mediante tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.
Los redactores de la biblioteca de Alejandría eran especialmente conocidos en Grecia por su trabajo sobre los textos homéricos. Los redactores más famosos generalmente llevaron el título de bibliotecario principal.
La diversidad geográfica de los eruditos muestra que la biblioteca era de hecho un gran centro de investigación y aprendizaje. En 2004, un equipo egipcio encontró lo que parece ser una parte de la biblioteca mientras excavaba en el Brucheion. Los arqueólogos descubrieron trece salas de conferencias, cada una con un podium central. Zahi Hawass, el presidente del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, calcula que en las salas excavadas hasta ahora se habría podido acoger a unos 5.000 estudiantes,[1] lo que indica que era una institución muy grande para su época. En el sigl II a. C., Eumenes II fundó un centro a imitación de la biblioteca en Pérgamo.[2]
Organización [editar]
Ptolomeo II encargó a Zenódoto de Éfeso, ayudado por el poeta Calímaco, la tarea de catalogación de todos los volúmenes y libros. Zenódoto fue el primer bibliotecario de Alejandría, y en estos años las obras catalogadas llegaron al medio millón.[3] El resultado de su labor fue el Pinakes, primer catálogo temático de la historia. Unas se presentaban en rollos de papiro o pergamino, que es lo que se llamaba «volúmenes», y otras en hojas cortadas, que formaban lo que se denominaba «tomos». Cada una de estas obras podía dividirse en «partes» o «libros». Se hacían copias a mano de las obras originales, es decir «ediciones», que eran muy estimadas (incluso más que las originales) por las correcciones llevadas a cabo. Las personas encargadas de la organización de la biblioteca y que ayudaban a Calímaco rebuscaban por todas las culturas y en todas las lenguas conocidas del mundo antiguo y enviaban negociadores que pudieran hacerse con bibliotecas enteras, unas veces para comprarlas tal cual, otras como préstamo para hacer copias.[4]
Los grandes buques que llegaban al famoso puerto de Alejandría cargados de mercancías diversas eran inspeccionados por la guardia, tanto en busca de contrabando como de textos. Cuando encontraban algún rollo, lo confiscaban y lo llevaban en depósito a la biblioteca, donde los amanuenses se encargaban de copiarlo. Una vez hecha esa labor, el rollo era generalmente devuelto a sus dueños. El valor de estas copias era altísimo y muy estimado. La biblioteca de Alejandría llegó a ser la depositaria de las copias de todos los libros del mundo antiguo. Allí fue donde realmente se llevó a cabo por primera vez el arte de la edición crítica.
Los libros [editar]
Se sabe que en la biblioteca se llegaron a depositar el siguiente número de libros:
- 200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
- 400.000 en la época de Ptolomeo II
- 700.000 en el año 48 a. C., con Julio César
- 900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo.
Cada uno de estos volúmenes era un manuscrito que podía versar sobre temas diferentes. Se cree que allí estaban depositados tres volúmenes con el título de Historia del mundo, cuyo autor era un sacerdote babilónico llamado Beroso, y que el primer volumen narraba desde la creación hasta el diluvio, periodo que según él había durado 432.000 años, es decir, cien veces más que en la cronología que se cita en el Antiguo Testamento. Ese número permitió identificar el origen del saber de Beroso: la India (ver iuga). También se sabe que allí estaban depositadas más de cien obras del dramaturgo griego Sófocles, de las que sólo han perdurado siete.[5]
Los bibliotecarios [editar]
A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco, en el pueblo de El-Bahnasa (pequeño pueblo a 190 km al sur de El Cairo, en Egipto) miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En algunos de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de varios directores o bibliotecarios a partir del año de su fundación:[6]
| Bibliotecario | desde | hasta |
|---|---|---|
| Zenódoto de Éfeso | 282 a. C. | 260 a. C. (?) |
| Calímaco de Cirene (?) | 260 a. C. (?) | 240 a. C. (?) |
| Apolonio de Rodas (?) | 240 a. C. (?) | 230 a. C. (?) |
| Eratóstenes de Cirene | 230 a. C. (?) | 195 a. C. |
| Aristófanes de Bizancio | 195 a. C. | 180 a. C. |
| Apolonio Eidógrafo (?) | 180 a. C. | 160 a. C. (?) |
| Aristarco de Samotracia | 160 a. C. (?) | 131 a. C. |
No se puede hablar propiamente de Demetrio de Falero como bibliotecario, ya que la biblioteca como tal fue fundada tras su muerte. La inclusión como bibliotecarios de Calímaco de Cirene y Apolonio de Rodas tiene poca autoridad y parece cronológicamente imposible. Más allá del año 131 a. C., las fechas se tornan bastante inciertas.
Los sabios [editar]
Los sabios que estudiaban, criticaban y corregían obras se clasificaron a sí mismos en dos grupos: filólogos y filósofos.
- Los filólogos estudiaban a fondo los textos y la gramática. La Filología llegó a ser una ciencia en aquella época, y comprendía otras disciplinas, como la historiografía y la mitografía.
- Los filósofos eran todos los demás, ya que la Filosofía abarcaba las ramas del pensamiento y la ciencia: física, ingeniería, biología, medicina, astronomía, geografía, matemáticas, ingeniería, literatura, y lo que nosotros llamamos filosofía.
Entre ellos se encontraban personajes tan conocidos como Arquímedes, el más notable científico y matemático de la antigüedad; Euclides que desarrolló allí su Geometría; Hiparco de Nicea, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocéntrica del Universo; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico siglos antes de Copérnico; Eratóstenes, que escribió una Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido; Herófilo de Calcedonia, un fisiólogo que llegó a la conclusión de que la inteligencia no está en el corazón sino en el cerebro; los astrónomos Timócaris y Aristilo; Apolonio de Pérgamo, gran matemático, que escribió en Alejandría Sobre las secciones cónicas; Apolonio de Rodas, autor de El viaje de los argonautas; Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos movidos por vapor: es el autor de la obra Autómata, la primera obra conocida sobre robots; el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo; Galeno, quien escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre anatomía.
Testimonios [editar]
Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son alusiones de pasada, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar o describir el edificio o la vida que en ella se desarrollaba.
- El geógrafo y gran viajero griego Estrabón (c. 63 – c. 24 a. C.) hizo una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I a. C. Hablaba del Museo y dice que consta de una exedra (εξεδρα), es decir, una obra hecha al descubierto, de forma circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la gran biblioteca, algo «obligatorio» en el Museo.
- Aristeas, en el siglo II a. C., habló en las cartas dirigidas a su hermano Filócrates de la biblioteca y de todo el asunto de la traducción de los LXX[7] (véase Curiosidades y anécdotas, más abajo).
- Marco Anneo Lucano, historiador del siglo I, natural de Hispania y sobrino de Séneca, cuenta en su célebre Farsalia cómo ocurrió el incendio del puerto, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento, que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.
- Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto, con muchas salas llenas de estantes para los libros y habitaciones donde sólo los copistas podían estar, sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban por cada línea copiada.
- Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés y tío de Lucano (poeta cordobés), en el siglo I, escribió un libro llamado De tranquilitate animi. En él cuenta, a través de una cita de Tito Livio, que en aquel incendio se llegaron a quemar 40.000 libros.
- El biógrafo Plutarco (c. 46-125) viajó en varias ocasiones a Egipto, donde en Alejandría debió escuchar muchas historias sobre el famoso incendio. Escribió una biografía sobre Julio César y al tratar sobre la batalla en el mar, en ningún momento cuenta el incendio de la biblioteca, ya que en el desastre estaba implicado César y parece ser que no quiso manchar su nombre con aquel hecho. El mismo Julio César, en su obra Bellum civile donde habla de aquella batalla, omite por completo el incendio de la biblioteca. Otros escritores de la misma época también silencian la relación de César con el incendio de Alejandría.
- Mucho más tarde, en el siglo IV, San Juan Crisóstomo hace una relación del estado en que se encontraba en aquellos años la brillante ciudad de Alejandría, y comenta que la desolación y destrucción son tales que no se puede adivinar ni el lugar donde se encontraba el Soma (el mausoleo de Alejandro) ni la sombra de la gran Biblioteca.
- En el siglo XV, un escriba se molestó en traducir al latín los comentarios de Juan Tzetzes (c. 1110 – c. 1180), que fue un filólogo bizantino. Dichos comentarios estaban tomados de la obra Prolegómenos a Aristófanes. Tzetzes habla en ellos acerca de la Biblioteca.
La enciclopedia Suda[8] de la Universidad de Kentucky ha recopilado un conjunto de informaciones según fuentes provenientes de la época de Alejandro Magno y posterior.
Destrucción [editar]
Atribución del incendio a Julio César [editar]
Suele afirmarse, equivocadamente, que el primero de todos los ataques contra la Biblioteca de Alejandría fue el perpetrado por los romanos: Julio César, en persecución de Pompeyo, derrotado en Farsalia, arribó a Egipto para encontrarse con que su antiguo compañero y yerno había sido asesinado por orden de Potino, el visir del rey Ptolomeo XIII Filópator, para congraciarse con su persona. Egipto padecía una guerra civil por la sucesión del trono, y pronto César se inclinó a favor de la hermana del rey, Cleopatra VII. Consciente de que no podría derrotar a Roma, pero sí a César, y ganarse la gratitud de sus rivales en el Senado, Potino le declaró la guerra. El 9 de noviembre del 48 a. C., las tropas egipcias, comandadas por un general mercenario llamado Aquila (antiguo centurión), asediaron a César en el palacio real de la ciudad e intentaron capturar las naves romanas en el puerto. En medio de los combates, teas incendiarias fueron lanzadas por orden de César contra la flota egipcia, reduciéndola a las llamas en pocas horas. El propio Julio César indicó en su Bellum Alexandrinum que la ciudad apenas si se vio afectada por el fuego, "por estar construidos los edificios sin maderas en que pueda cebarse el fuego".
No obstante, por algunas fuentes clásicas puede parecer que este incendio se habría extendido hasta los depósitos de libros de la Gran Biblioteca, cercanos al puerto. Séneca confirma en su De tranquilitate animi la pérdida de 40.000 rollos en este desafortunado incidente («quadraginta milia librorum Alexandriae arserunt»), citando su fuente, el perdido libro CXII de Tito Livio, quien fue contemporáneo del desastre. Paulo Orosio reitera en pleno siglo V esta cifra en su Historiarum adversum paganos:[9] «...al invadir las llamas parte de la ciudad consumieron cuarenta mil libros depositados por casualidad en los edificios... » Dión Casio[10] alude a la destrucción de los almacenes (apothekai) del puerto, algunos de los cuales contenían rollos. Por su parte, Plutarco de Queronea[11] es el primero en mencionar de modo explícito la extensión del fuego a la gran Biblioteca de Alejandría como si hubiera quedado reducida a cenizas para siempre, y no sólo un descalabro parcial. Sin embargo, tan tajante afirmación de Plutarco acerca del incendio de la Biblioteca parece tener origen en un error filológico, provocado por el cambio de significado de término griego bibliotheke a finales del siglo I y principios del II. La palabra perdió su connotación de «biblioteca» para significar «colección de libros» (como la Biblioteca histórica de Diodoro Sículo). Entretanto, «biblioteca» se designaría como apothekai tôn bibliôn (literalmente: ‘almacén de libros’), y el diferente significado atribuido a estos términos habría dado lugar a la confusión. Aulo Gelio,[12] y el muy posterior Amiano Marcelino[13] aportaron una información similar a la anterior, siendo víctimas del mismo error de significado, probablemente repetido por la ignorancia o la credulidad de sus contemporáneos.
Se pueda afirmar sin duda alguna que la Gran Biblioteca alejandrina y sus tesoros no resultaron destruidos en el incendio del año 48 a. C. Los famosos 400.000 tomos que habrían ardido fueron en realidad 40.000, depositados en almacenes del puerto, probablemente en espera de ser catalogados para la Biblioteca, o para su exportación a Roma, tal como indican el Bellum Alexadrinum, Séneca y Dión Casio.
Supervivencia de la Biblioteca [editar]
Después del desastroso incendio, la muerte de César y del ascenso de Augusto, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (en la actual Turquía) junto con Marco Antonio. Fue entonces cuando el triunviro le ofreció los 200.000 manuscritos traídos desde la biblioteca de Pérgamo (en Asia Menor), que Cleopatra depositó en la biblioteca como compensación por cualquier posible pérdida.
La existencia de la Biblioteca tras su supuesta destrucción queda confirmada por una inscripción hallada a principios del siglo XX, dedicada a Tiberio Claudio Balbilo (56). Balbilo desempeñaba un cargo «supra Museum et ab Alexandrina bibliotheca» combinando la dirección del Museo y las bibliotecas como si se tratara de una academia.[14]
Cayo Suetonio Tranquilo tampoco dice nada de la destrucción de la Gran Biblioteca. Es más, en la biografía de Claudio refiere que el Emperador, tras escribir en griego una historia de los etruscos y otra sobre los cartagineses (hoy perdidas), quiso celebrar la escritura de estos libros y creó un anexo del Museo:
Ello da a entender de manera más que manifiesta que el viejo Museo seguía existiendo y en pleno funcionamiento. El mismo Suetonio, al narrar la vida de Domiciano, indica que mandó restaurar con grandes gastos bibliotecas incendiadas a lo largo y ancho del Imperio, haciendo buscar por todas partes nuevos ejemplares de las obras perdidas, y «envió a Alejandría una misión para sacar esmeradas copias o corregir los textos».[16]
Un tercer testimonio es el de Ateneo de Naúcratis (c. 200) que escribió detalladamente en su Deipnosophistae sobre la riqueza de Ptolomeo II, y el número y poderío de sus flotas. Pero al llegar al Museo y a la Gran Biblioteca, dice:
Los desastres de los siglos III y IV [editar]
Sin embargo, a finales del siglo II y a lo largo del III, una serie de desastres se abatieron sobre la antigua capital de los Ptolomeos: en primer lugar, la llamada Guerra Bucólica (172-5), que se extendió hasta Alejandría; a ésta siguieron la rebelión de los usurpadores Avidio Casio (175) y Pescenio Níger (193-4); el brutal saqueo de Alejandría por capricho de Caracalla (215); la pléyade de tumultos y revueltas civiles y militares que hubo durante la Anarquía Militar a raíz de la crisis económica y la aplastante presión fiscal; los ataques de los blemmíes… La ciudad fue destrozada por Valeriano (253); de nuevo en 269, cuando se dio la desastrosa conquista de la ciudad por Zenobia, reina de Palmira; y en el 273, cuando Aureliano, al reconquistarla para los romanos, saqueó y destruyó completamente el Bruchión, desastre que dañó el Museo y la Biblioteca. Se dice que en aquella ocasión los sabios griegos se refugiaron en el Serapeo, que nunca sufrió con tales desastres, y otros emigraron a Bizancio. Finalmente, en 297 la revuelta del usurpador Lucio Domicio Domiciano acabó con Alejandría tomada y saqueada por las tropas de Diocleciano, tras un asedio de ocho meses (victoria conmemorada por el llamado «Pilar de Pompeyo»). Se dice que tras la capitulación de la ciudad, Diocleciano ordenó que la carnicería continuara hasta que la sangre llegara a las rodillas de su caballo. La accidental caída de éste libró a los alejandrinos de la muerte, y para conmemorar el hecho erigieron una estatua al caballo. Se sabe asmismo que Diocleciano ordenó quemar millares de libros relacionados con la alquimia y las ciencias herméticas, para evitar que alguien pusiera en peligro la estabilidad monetaria que a duras penas se había conseguido restaurar.
En 330, con la fundación de la nueva capital imperial, Constantinopla, es probable que parte del contenido del Serapeum fuera incautado por las autoridades imperiales y trasladado a la Nueva Roma.
Para colmo, entre 320 y 1303 hubo 23 terremotos en Alejandría. El del 21 de julio de 365 fue particularmente devastador. Según las fuentes, hubo 50.000 muertos en Alejandría, y el equipo de Franck Goddio del Institut Européen d´Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran que al menos el veinte por ciento de la ciudad de los ptolomeos se hundió en las aguas, incluyendo el Bruchión, supuesto enclave de la Biblioteca.
Los cristianos [editar]
A finales del siglo IV, el emperador Teodosio el Grande, en respuesta a una petición del patriarca de Alejandría, envió una sentencia de destrucción contra el paganismo en Egipto: en el año 391, el patriarca Teófilo de Alejandría demolió el Serapeo al frente de una muchedumbre y sobre sus restos se edificó un templo cristiano.[17] Parece que es en este momento cuando la Biblioteca-hija del Serapeo fue saqueada y desperdigada o destruida. El historiador romano Sócrates de Constantinopla proporciona el relato de la destrucción en el libro V de su Historia ecclesiastica, escrita alrededor del año 440:
Aunque el Serapeum fuera destruido por órdenes de Teófilo, no hay un acuerdo entre los historiadores en torno a quiénes destruyeron los libros del Museo. Algunos creen que seguramente se salvaron buena parte de los fondos de la biblioteca, toda vez que la destrucción era previsible. Pero en la colina donde estaba el templo de Serapis nunca se volvió a reconstruir la biblioteca. Aproximadamente por ese tiempo, en 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, confirmando que «sus armarios vacíos... fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo».[19]
Los árabes [editar]
En el siglo VI hubo en Alejandría luchas violentas entre monofisitas y melquitas y más tarde aún, en el 616 los persas de Cosroes II tomaron la ciudad. Alejandría seguía siendo, no obstante, una de las mayores metrópolis mediterráneas en el momento de la conquista musulmana, en 642, tras 14 meses de asedio. El historiador Eutiquio cita una carta escrita el viernes de la luna nueva de Moharram del año vigésimo de la Hégira[20] donde el comandante musulmán Amr ibn al-As, al entrar en la ciudad, se dirigió al segundo sucesor de Mahoma, el califa Umar ibn al-Jattab e hizo un inventario de lo encontrado en la ciudad de Alejandría: «4.000 palacios, 4.000 baños, 12.000 mercaderes de aceite, 12.000 jardineros, 40.000 judíos y 400 teatros y lugares de esparcimiento».
El cronista y pensador Ibn al-Kifti, afirmó en la Crónica de los sabios que Amr se entrevistó con el comentarista Juan Filópono, quien le pidió tomar una decisión sobre el futuro de los libros de la Biblioteca debido a que las actividades de este lugar estaban momentáneamente suspendidas. Amr no se atrevió a responder, y prefirió enviar otra misiva al califa, pidiendo instrucciones. La epístola tardó más de treinta días en llegar a las manos del polémico Omar, quien estaba ocupado para ese entonces en sus conquistas y en la redacción escrita del Corán. Pasados treinta días más, Amr recibió la respuesta través de un mensajero y leyó a Filópono la decisión de Omar:
Amr lamentó este criterio, pero fue obediente, según el historiador Abd al-Latif, y no vaciló en cumplir la orden recibida, con lo que la biblioteca de Alejandría fue incendiada y totalmente destruida. Añade Ibn al-Kifti que los papiros sirvieron como combustible para los baños públicos por espacio de seis meses.[23] [24] sin embargo, esta historia se considera una leyenda.[24]
La primera noticia que llegó a Occidente sobre el supuesto acontecimiento figura en la traducción que Edward Pococke hizo en 1663 de Specimen historiæ arabum de Bar Hebraeus, que en 1713 fue considerada una falsedad por Eusèbe Renaudot. Posteriormente muchos eruditos han coincidido con la opinión de Renaudot, como Alfred J. Butler, Victor Chauvin, Paul Casanova y Eugenio Griffini.[24] En apoyo de esta opinión hay varios datos:
- No hay ningún testigo coetáneo de los hechos. Abd al-Latif e Ibn al-Kifti vivieron entre los siglos XII y XIII, es decir, al menos seis y siete siglos posteriores al acto, y el hecho de que Ibn al-Kifti fuese chiita puede estar tras un intento de difamación contra Umar ibn al-Jattab, que era sunita.
- Juan Filópono no pudo conversar con Amr, porque vivió en el siglo VI y no en el VII.
En 1990 Bernard Lewis argumentó que aunque la historia es falsa, sobrevivió un cierto tiempo porque era un mito útil para el caudillo del siglo XII Saladino, que lo encontró necesario para eliminar los textos ismailistas de la colección fatimita de El Cairo, en su lucha por la restauración del sunismo en Egipto. Lewis sugiere que las historias sobre la destrucción de la biblioteca por el califa Umar ibn al-Jattab hacían más aceptables las acciones de Saladino ante su pueblo.[25]
Parece en todo caso probable que los musulmanes destruyeran gran número de libros, fueran de la Gran Biblioteca o no, al igual que hicieron en otras ciudades de Oriente Próximo, como Cesarea de Palestina, cuya biblioteca contenía la mayor colección de textos cristianos, o en Gaza, sede de una importante universidad en época tardoimperial. En todo caso Alejandría abrió sus puertas a una expedición romana de auxilio en 645, pero al año siguiente cayó nuevamente en manos musulmanas. A partir de entonces la importancia y población de la ciudad cayeron en picado, en beneficio de la nueva capital de los conquistadores, Fustat (El Cairo).
La Biblioteca en el siglo XX [editar]
En el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca —la Bibliotheca Alexandrina— en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad. Esto ocurría 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la Unesco.[26]
Curiosidades y anécdotas [editar]
- En la literatura apócrifa judía existe un libro que lleva el título de Cartas de Aristeas a su hermano Filócrates, que se supone escrito entre los años 127 a 118 a. C. En esta obra se narra un hecho histórico: En el reinado de Ptolomeo II (285-247 a. C.) trabajaba en el Museo un bibliotecario llamado Demetrio de Falero (o Falerio), un entusiasta de la biblioteca que luchó toda su vida por su engrandecimiento. Demetrio rogó al rey que pidiera por medios diplomáticos a la ciudad de Jerusalén el libro de la Ley judía y que también hiciera venir a Alejandría a unos cuantos traductores para traducir al griego los cinco volúmenes de dicho texto hebreo de la Torá (llamado después de la traducción Pentateuco, en griego), es decir los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Eleazar, el sacerdote de Jerusalén, envió a Alejandría a 72 sabios traductores que se recluyeron en la isla de Faros (frente a Alejandría) para hacer el trabajo, se dice que en 72 días. Se considera que esta fue la primera traducción de la historia, a la que se llamó Septuaginta o Biblia de los Setenta o de los LXX, porque redondearon el número de 72 traductores a 70.
- En otra ocasión, Demetrio de Falero (que además era un gran viajero), estando en Grecia, convenció a los atenienses para que enviasen a Alejandría los manuscritos de Esquilo (que estaban depositados en el archivo del teatro de Dionisos, en la ciudad de Atenas), para ser copiados. Cuando se hacía una petición como ésta, la costumbre era depositar una elevada cantidad de dinero hasta la devolución de los textos. Los manuscritos llegaron al Museo, se hicieron las copias correctamente, pero no volvieron a su lugar de origen, sino que lo que se devolvió fueron las copias realizadas en la biblioteca. De esta manera Ptolomeo Filadelfo perdió la gran suma del depósito cedido, pero prefirió quedarse para su biblioteca el tesoro que suponían los manuscritos.
- En el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la fecha para la Pascua de la Resurrección fuera calculada en Alejandría, pues por aquel entonces el Museo de esta ciudad era considerado como el centro astronómico más importante. Después de muchos estudios resultó una labor imposible; los conocimientos para poderlo llevar a cabo no eran todavía suficientes. El principal problema era la diferencia de días, llamada spacta, entre el año solar y el año lunar además de la diferencia que había entre el año astronómico y el año del calendario juliano, que era el que estaba en uso.
- La biblioteca completa del filósofo Aristóteles, su obra y sus libros se custodiaban en este lugar. Algunos autores creen que la compró Ptolomeo II. Todo se perdió. Había también veinte versiones diferentes de la Odisea, la obra La esfera y el movimiento de Autólico de Pitano, Los Elementos de Hipócrates de Quíos y tantas obras de las que no se conserva más que el nombre y el recuerdo.
- En Alejandría las copias se hacían siempre en papiro y además se exportaba este material a diversas regiones. La ciudad de Pérgamo era una de las que más utilizaba el papiro, hasta que los reyes de Egipto decidieron no exportar más para tener ellos en exclusiva dicho material para sus copias. En Pérgamo empezaron a utilizar entonces el pergamino, conocido desde muchos siglos atrás, pero que se había sustituido por el papiro por ser este último más barato y fácil de conseguir.
- Los papiros jamás se plegaban: se enrollaban. Las primeras obras se presentaban en rollos (volumen en latín). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un cilindro de madera. Los textos estaban escritos en columnas, en idioma griego o demótico, con tinta diluida en mirra. Los escribas utilizaban un solo lado y escribían con una caña afilada, el cálamo. Los rollos estaban etiquetados, y colocados en cajas que se depositaban en el interior de armarios murales (armaria), ordenados por materias: textos literarios, filosóficos, científicos y técnicos. Posteriormente, se hizo según el orden alfabético de los nombres de autores.
Véase también [editar]
- Alejandría
- Alejandro Magno
- Dinastía Ptolemaica
- Historia de las Bibliotecas
- Historia del libro
- Ágora (película)
http://es.wikipedia.org/wiki/Biblioteca_de_Alejandr%C3%ADa
HISTORIA. REYES AQUEMÉNIDAS DE PERSIA: "JERJES I"
Jerjes I
De Wikipedia, la enciclopedia libre
| Jerjes I | |
|---|---|
| Gran Rey (Shah) de Persia y Faraón de Egipto | |
Relieve de Jerjes I (o de su padre Darío I), en Persépolis | |
| Reinado | Octubre de 485 a 465 a. C. |
| Nacimiento | 519 a. C. Persia |
| Fallecimiento | 465 a. C. Persia (apuñalado) |
| Entierro | Persia |
| Predecesor | Darío I |
| Sucesor | Artajerjes I |
| Consorte | Amestris |
| Dinastía | Aqueménida |
| Padre | Darío I el Grande (el Grande) |
| Madre | Atossa |
Jerjes I (en persa خشایارشاه) (circa 519-465 a. C.), rey aqueménida de Persia (486-465 a. C.), hijo de Darío I y de Atosa, hija de Ciro II el Grande. Su nombre Jerjes (también escrito Xerxes) es una transliteración al griego (Ξερξης, "Xerxēs") de su nombre persa tras su ascensión al trono, Jshāyār shāh, que significa "gobernador de héroes". En la Biblia se le menciona como אחשורש (Axashverosh o Ahasuerus transliterado al griego).
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Las revueltas de Egipto y Babilonia [editar]
Jerjes fue designado como sucesor de Darío I por delante de todos sus hermanastros, mayores que él, y que nacieron antes de que Darío ascendiera al trono. Tras ser coronado en octubre de 485 a. C., Jerjes se enfrentó victoriosamente a una rebelión en el Egipto sometido, iniciada en 486 a. C., dejando a su hermano Aquemenes como sátrapa de esta provincia, sobre la cual ejerció un control muy represivo.
Los predecesores de Jerjes, especialmente su padre, no fueron muy afortunados en sus intentos de conciliar las antiguas civilizaciones sometidas con el gobierno persa. Esta fue probablemente la razón por la cual Jerjes decidiera abolir definitivamente el reino de Babilonia en 484 a. C. y llevarse la estatua dorada de Bel (Marduk o Merodach, cuyas manos debía agarrar el legítimo rey de Babilonia el primer día de cada año), matando a los sacerdotes que trataron de impedírselo. Por lo tanto, Jerjes no aparece usando el título de Rey de Babilonia en los textos babilónicos que datan de su reinado, pero sí el de Rey de Persia y Media, o simplemente Rey de naciones (equivalente a Rey del mundo). Este proceder desencadenó dos rebeliones, en 484 a. C. y en 479 a. C., que fueron sofocadas enérgicamente.
La Segunda Guerra Médica [editar]
Una vez sofocadas todas las revueltas, y alentado por su primo Mardonio, trató de vengar la derrota sufrida por su padre, Darío I, en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 a. C.). Darío no había podido castigar a los atenienses por su intromisión en la Revuelta jónica en Asia Menor, por lo que Jerjes planificó la operación de castigo con sumo cuidado (483 a. C.). De esta forma, mandó excavar un canal a través del istmo que comunicaba la península de Monte Athos con el continente europeo; se almacenaron provisiones en escalas a lo largo de la ruta que recorría Tracia; y se erigieron dos puentes que atravesaban el Helesponto. Jerjes concluyó una alianza con Cartago, lo cual privó a los griegos helénicos del apoyo de los griegos sicilianos de Agrigento y Siracusa, a la vez que consiguió ganar para la causa persa a varios estados griegos, como Tesalia, Macedonia, Tebas y Argos. Los persas lograron reunir para la ocasión una gran flota (la mayoría de las naves procedían de sus vasallos fenicios y chipriotas) y un poderoso ejército. En relación al número de efectivos podemos mencionar lo siguiente extraído del libro VII de Heródoto: "No puedo en verdad decir detalladamente el número de gente que cada nación presentó, no hallando hombre alguno que de él me informe. El grueso de todo el ejército en la reseña ascendió a un millón y setecientos mil hombres; el modo de contarlos fue singular: juntaron en un sitio determinado diez mil hombres apiñados entre sí lo más que fue posible y tiraron después una línea alrededor de dicho sitio, sobre la cual levantaron una pared alrededor, alta hasta el ombligo de un hombre. Salidos los primeros diez mil, fueron después metiendo otros dentro del cerco, hasta que así acabaron de contarlos a todos, y contados ya, fueronlos separando y ordenando por naciones".
De esta forma, en la primavera del año 480 a. C., Jerjes abandonó Sardes al frente de su ejército, desencadenando así la Segunda Guerra Médica contra la alianza griega de Atenas y Esparta. En principio el ejército persa consiguió importantes victorias: la flota griega fue rechazada en el cabo Artemisión, y tras la victoria sobre Leónidas I de Esparta y sus 300 hombres en el desfiladero de las Termópilas, los persas devastaron Beocia y el Ática, llegando hasta Atenas.
La ciudad había sido evacuada previamente por orden de Temístocles, refugiándose sus habitantes en las islas cercanas, de manera que el ejército persa sólo tuvo que enfrentarse a la guarnición de la Acrópolis, saqueando a continuación la ciudad e incendiando y arrasando los templos de la Acrópolis, mientras las fuerzas espartanas y atenienses establecían su última línea de resistencia en el istmo de Corinto y el golfo Sarónico.
Sin embargo, Jerjes fue engañado por un astuto mensaje de Temístocles (contra la advertencia de Artemisia de Halicarnaso) para atacar a la flota griega bajo condiciones adversas, en lugar de enviar parte de sus barcos al Peloponeso y esperar simplemente la disolución del ejército griego tras un prolongado asedio. La batalla naval librada en Salamina (480 a. C.), donde la flota griega se había refugiado en el golfo entre el Ática y la isla de Salamina, fue ganada por la flota ateniense, al mando de Euribíades, pero no fue más que un pequeño revés en una campaña victoriosa para los persas hasta ese momento. Perdida la comunicación por mar con Asia Menor, Jerjes decidió retornar a Sardes; el ejército que dejó en Grecia al mando de Mardonio fue derrotado en 479 a. C. en Platea. La posterior derrota persa en Mícala, al norte de Mileto, supuso la libertad de las ciudades griegas de Asia Menor y la renuncia de Jerjes a las mismas, dejando de entrometerse en la política griega.
La batalla de Atenas, que Jerjes dirigió personalmente, es a menudo erróneamente interpretada como un enfrentamiento entre griegos y persas, cuando en verdad la intención de Jerjes era castigar a los atenienses por el pillaje y la destrucción causados por sus fuerzas en las ciudades jonias de Asia Menor, que estaban bajo el control persa. Es de destacar que para esta empresa contó con la ayuda de otras ciudades griegas, y aun de Macedonia. Jerjes tomó Atenas, y después de un breve periodo de ocupación, la abandonó, debido a que su interés no estaba en la conquista de la misma, sino en castigar a aquellos que habían llevado la guerra contra otras ciudades griegas en el Asia Menor.
El hecho histórico a resaltar, por tanto, es que Jerjes no combatió contra todos los griegos, ni contra Grecia entendida como país (ya que el país de grecia era inexistente; solo estaban las poleis), sino contra una alianza de ciudades griegas, contra la cual consiguió la ayuda de otras ciudades griegas de la propia Hélade, aliadas con el imperio persa, o de aquellas ciudades griegas de Asia Menor que sufrieron el ataque de los atenienses en la revuelta jonia, y que ayudaron a Jerjes de buen grado.
Últimos años [editar]
De los últimos años del reinado de Jerjes poco se sabe. Se conoce que envió a sátrapas a intentar la circunnavegación de Africa, pero la victoria de los griegos en la Segunda Guerra Médica supuso la paulatina inmersión del Imperio persa en un estado de apatía, de la cual no volvería a despertar. El mismo rey se vio involucrado en varias intrigas palaciegas, dependiendo en exceso de sus cortesanos y eunucos.
Dejó varias inscripciones: en Van (Armenia), en el Monte Elvend (cerca de Ecbatana), y en Persépolis, donde mandó añadir un nuevo y suntuoso palacio a aquél que dejara su padre Darío. En todos esos textos simplemente recogió las palabras de su padre. En el 4 de agosto de 465 a. C.[1] fue asesinado por su visir Artábano, quien promovió el ascenso de Artajerjes I al trono del imperio.
Jerjes en la Biblia [editar]
En el Libro de Esdras de la Biblia, Jerjes es mencionado con el nombre Asuero Aḥashverosh (Ahasuerus en griego, אחשורש en hebreo). Durante su reinado, el de su antecesor (Darío I) y el de su sucesor (Artajerjes I), muchos samaritanos pidieron ayuda al rey de Persia con acusaciones contra los judíos.
A Jerjes también se le identifica como el rey Asuero en el Libro de Ester. En este libro, Asuero repudió a su reina consorte Vasti, debido a que ella rechazó obedecer su orden de aparecer como reina del imperio en una fiesta que el rey había organizado para mostrar las riquezas y poderío de su reino. Según las usanzas persas, tal comportamiento por parte de la reina debía ser castigado con su inmediata destitución. Una vez hecho esto, el rey debía elegir para si una reina, por lo que después de reunir a un considerable número de jóvenes vírgenes de todo el imperio, Asuero escogió finalmente a Ester, cuyo origen judío ella había ocultado hasta al mismo rey. Amán el Agagueo, ministro del rey y proveniente de un pueblo que había sido destruido por Israel por mandato divino, aprovechó un disgusto personal con un judío de nombre Mardoqueo (tío y tutor de Ester), ya que este rehusaba inclinarse ante él, para convencer al rey Asuero de ordenar por decreto la destrucción del pueblo judío por no seguir sus mandatos. Tal decreto fue publicado, sin embargo, la reina Ester, aconsejada por su tío Mardoqueo, halló gracia ante su esposo el rey Asuero y logró intervenir en favor de su pueblo al revelarle a él su indentidad judía y dejar al descubierto la trama de Amán. Como los decretos del rey eran irrevocables, un nuevo decreto hubo de ser publicado, dando al pueblo judío el derecho a defenderse de sus atacantes.
En su obra, Flavio Josefo sugiere que esta historia es real, y que tanto Ester como Vasti fueron personajes que existieron en verdad. Sin embargo, Heródoto desmiente esta historia, señalando que Jerjes tuvo una reina consorte llamada Amestris, hija de Ótanes.
Los hijos de Jerjes [editar]
- Amitis, esposa de Megabizo.
- El futuro rey Artajerjes I (465/464 - 424 a. C.).
- Darío, el primogénito, asesinado por su hermano Artajerjes a instigación de Artabano (c. 465 a. C.).
- Histaspes, tal vez sátrapa de Bactriana, asesinado por Artajerjes (c. 465 a. C.).
- Rodoguna
De madres desconocidas
- Aquemenes (según Ctesias, no obstante Heródoto lo hace hijo de Darío y hermano de Jerjes).
- Artario, futuro sátrapa de Babilonia, padre de Menostanes.
- Titraustes
- Ratahshah
Titulatura [editar]
| Titulatura | Jeroglífico | Transliteración (transcripción) - traducción - (procedencia) |
| Nombre de Sa-Ra: | ḫšyrš (Jeshyresh) Jerjes |
Filmografía [editar]
- David Farrar interpreta a Jerjes en la película Los trescientos espartanos (The 300 spartans, 1961), también traducida como El león de Esparta, y dirigida por Rudolph Maté.
- Rodrigo Santoro interpreta al rey persa en la película 300 (2007) dirigida por Zack Snyder.
- Luke Goss interpreta a Jerjes I en la película One night with the king (2006), basada en el libro homónimo de Tommy Tenney.
Notas [editar]
- ↑ M. W. Stolper, "Late Achaemenid Chronology", en NABU 1999-6 (Achemenet.com > Resources > Publications en ligne > NABU).
- ↑ Para esta sección, véase M. Brosius, Woman in Ancient Persia, Clarendon Press, 1998.
Véase también [editar]
HISTORIA: CIUDADES DE LA ANTIGÜEDAD; "PERSÉPOLIS"
Persépolis
De Wikipedia, la enciclopedia libre
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| Patrimonio de la Humanidad — UNESCO | |||||||
Persépolis, abril de 2005. | |||||||
| Coordenadas | |||||||
| País | |||||||
| Tipo | Cultural | ||||||
| Criterios | i, iii, vi | ||||||
| N.° identificación | 114 | ||||||
| Región2 | Asia y Oceanía | ||||||
| Año de inscripción | 1979 (III sesión) | ||||||
| 1 Nombre oficial según Unesco 2 Clasificación según Unesco | |||||||
Persépolis (del griego Περσέπολις, Persépolis, literalmente «la ciudad persa»), en antiguo persa: Pars, en persa moderno: تخت جمشید, Tajt-e Yamshid «el trono de Yamshid», fue la capital del Imperio Persa durante la época aqueménida. Se encuentra a unos 70 km de la ciudad de Shiraz, provincia de Fars, Irán, cerca del lugar en que el río Pulwar desemboca en el Kur (Kyrus) ().
Su construcción, comenzada por Darío I, continuó a lo largo de más de dos siglos, hasta la conquista del Imperio Persa por Alejandro Magno.
Las ruinas de Persépolis fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1979.
Historia [editar]
| Historia presunta de las construcciones .[1] |
Primer periodo: Darío I (518 a 490 a. C.)
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Segundo periodo: Darío I - Jerjes I (490 a 480 a. C.)
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Tercer periodo: Jerjes I (480 a 470 a. C.)
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Cuarto periodo: Artajerjes I
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Quinto periodo
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Desconocido
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La primera capital del Imperio Persa aqueménida fue Pasargada, pero hacia 512 a. C. el rey Darío I el Grande emprendió la construcción de este masivo complejo palaciego, ampliado posteriormente por su hijo Jerjes I y su nieto Artajerjes I. Mientras las capitales administrativas de los reyes aqueménidas fueron Susa, Ecbatana y Babilonia, la ciudadela de Persépolis mantuvo la función de capital ceremonial, donde se celebraban las fiestas de Año Nuevo. Construida en una región remota y montañosa, Persépolis era una residencia real poco conveniente, y era visitada principalmente en primavera.
En 330 a. C., Alejandro Magno, en su campaña de Oriente, ocupó y saqueó Persépolis, incendiando el Palacio de Jerjes, para simbolizar quizá el fin de la guerra panhelénica de revancha contra los persas.
En 316 a. C., Persépolis era todavía la capital de Persis, una provincia del nuevo Imperio Macedónico. La ciudad decayó gradualmente durante el periodo seléucida y las épocas posteriores. En el siglo III, la cercana ciudad de Istakhr se convirtió en centro del Imperio Sasánida.
Construcción [editar]
Tras haber continuado la obra de Ciro II en Pasargada y paralelamente a los importantes trabajos de construcción emprendidos en Susa, Darío I decidió establecer una nueva capital; esta decisión es generalmente interpretada como una voluntad de distinguirse de la rama principal de los aqueménidas, a la que Pasargada está fuertemente ligada.
Eligió para eso una ciudad que ha sido identificada con Uvādaicaya (Mattezsi en babilonio). Esta ciudad debía tener ya cierta importancia política puesto que Darío hizo ejecutar a Vahyazdāta, su principal opositor persa, en 521 a. C. Por otro lado, se atestigua la presencia de palacios y de puertas monumentales que se remontan a Ciro y Cambises II, así como una tumba inacabada probablemente destinada a Cambises. Las tablillas babilonias muestran que se trataba de un centro urbano desarrollado, activo y poblado, que tenía relaciones comerciales con Babilonia, y era capaz de asegurar los medios logísticos y alimenticios para una obra de esta magnitud.[2] Pierre Briant, historiador de la Persia aqueménida, apunta que la puesta en práctica, cronológicamente cercana, de obras importantes en Susa y Persépolis supuso la movilización de medios considerables. De hecho, estas construcciones entran en el marco de un plan global de reajuste de las residencias reales con vistas a enseñar a todos que "el advenimiento del nuevo rey marca una refundación del imperio".[3]
Darío eligió como emplazamiento para su nueva construcción la parte baja de la formación rocosa del Kuh-e Rahmat, que se convirtió así en el símbolo de la dinastía aqueménida. Hizo erigir la terraza, los palacios (Apadana, Tachara), las salas del Tesoro, así como las murallas. Es difícil datar con precisión la construcción de cada monumento. La única indicación irrefutable es suministrada por las tablillas encontradas en el sitio que atestiguan la existencia de actividad constructiva al menos desde 509 a. C., cuando se produjo la construcción de las fortificaciones.
Se puede atribuir, en cambio, la mayoría de las construcciones a los períodos correspondientes a los reinados de los soberanos posteriores.[4]
Las construcciones de Darío fueron luego acabadas y completadas por sus sucesores: su hijo Jerjes I añadió al complejo la Puerta de todas las Naciones, el Hadish, o incluso el Tripylon, y bajo Artajerjes I en 460 a. C., 1149 artesanos se encontraban presentes en las obras.[5] El sitio permaneció en construcción hasta, por lo menos, 424 a. C., y quizás hasta la caída del Imperio Persa: una puerta quedó inacabada, así como un palacio atribuido a Artajerjes III.[6]
Al contrario de otras construcciones monumentales antiguas, griegas o romanas, la construcción de Persépolis no se llevó a cabo con mano de obra esclava, sino que trabajaron en ella obreros provenientes de todos los países del imperio: Babilonia, Caria, Jonia, o Egipto.[7]
Destrucción [editar]
Protegida por su ubicación en el corazón del Imperio Aqueménida, Persépolis no contaba con defensas sólidas. Además, la posición al pie del Kuh-e Ramât representa un punto flaco a causa del débil desnivel al este, entre la terraza y el suelo. Este lado estaba protegido por una muralla y por torres[8] ,.
La información acerca de la conquista y destrucción de Persépolis por Alejandro Magno procede principalmente de los textos de historiadores antiguos, especialmente Plutarco,[9] Diodoro Sículo,[10] y Quinto Curcio Rufo.[11]
Ciertos elementos arqueológicos corroboran sus juicios, pero su versión de la destrucción de la ciudad es discutida: Duruy la pone en duda pues «vemos que poco tiempo después de la muerte del conquistador, el sátrapa Paucestes sacrifica allí a las almas de Filipo y de Alejandro».[12]
Según Plutarco, Diodoro Sículo y Quinto Curcio Rufo, la caída de Persépolis fue seguida de la matanza de sus habitantes y del saqueo de sus riquezas. Tiridatas, guardia del tesoro, hizo llevar ante Alejandro, cuyo ejército se acercaba, una carta de rendición en la que le ofrecía entrar a Persépolis como vencedor. De este modo, Alejandro podría hacerce rápidamente con las riquezas de la ciudad. Los textos, sin embargo, no mencionan su respuesta. Diodoro y Quinto Curcio Rufo se refieren, así mismo, al encuentro del ejército macedónico con un grupo de 4.000 prisioneros griegos mutilados, o que habían sufrido malos tratos por parte de los persas, en camino hacia Persépolis.
Tras haber tomado la ciudad en 331 a. C., Alejandro dejó una parte de su ejército y continuó su marcha. No regresó a Persépolis hasta algún tiempo después. Al final de un día de borrachera en honor de la victoria, Persépolis fue incendiada por orden del conquistador en mayo de 330 a. C.[13] Las razones que motivaron esta destrucción son controvertidas. Plutarco y Diodoro relatan que un Alejandro borracho de vino habría lanzado la primera antorcha sobre el palacio de Jerjes a instigación de Tais, más tarde esposa de Ptolomeo, quien lanzó la segunda. Tais habría exhortado a Alejandro y sus compañeros de armas a vengar así el saqueo de Atenas por Jerjes I. Esta hipótesis podría ser corroborada por la intensidad de las destrucciones del Tripylon y del Hadish, que muestra que estos edificios construidos por Jerjes sufrieron el incendio más que otros.[14] Algunos autores afirman que el encuentro de los prisioneros mutilados, que provocaron la cólera y la tristeza del soberano, constituyó un motivo suplementario de represalias.
En realidad, los historiadores suelen sostener hoy en día que la razón de la destrucción de Persépolis fue aparentemente de orden político, reflejándose una decisión meditada por parte de Alejandro. Cuando el vencedor había ordenado salvar las ciudades tomadas y especialmente Babilonia, no ahorrando ningún gesto para reconciliarse con la población persa, hizo en Persépolis un gesto de alto alcance simbólico dictado por el contexto persa: el corazón ideológico del poder aqueménida se hallaba siempre en las capitales persas. Habiendo hecho la población un acto de sumisión forzada o voluntaria, permanecía sin embargo todavía vinculada ideológicamente a Darío III, el soberano legítimo, y estaba en malos términos con los conquistadores. La decisión fue pues incendiar el santuario dinástico persa para hacer patente a la población el cambio de poder.[15] Duruy dice así que «Alejandro quiso anunciar a todo el Oriente, mediante esta destrucción del santuario nacional, el fin del dominio persa».[12]
Los escritos antiguos mencionan el arrepentimiento expresado más tarde por un Alejandro apenado por su comportamiento. Para Briant, este arrepentimiento implica, de hecho, que Alejandro reconocía su fracaso político.[16]
La destrucción de Persépolis marca el fin del símbolo del poder aqueménida. El primer Imperio Persa desapareció completamente con la muerte de Darío III, último emperador de su dinastía. La helenización comenzó con los seléucidas. Persépolis continuó, sin embargo, siendo utilizada por las dinastías persas sucesivas. Al pie de la terraza se encuentra un templo, quizás construido por los aqueménidas, y reutilizado por los seléucidas, luego por los fratadaras.
La ciudad baja fue abandonada progresivamente en beneficio de su vecina Istakhr en la época parta. Los graffitis atribuibles a los últimos reyes de Persia bajo los partos o al principio de la época sasánida muestran que el sitio había quedado, sin embargo, ligado a la monarquía persa, al menos simbólicamente. Por otra parte, una inscripción en pahlevi relata que un hijo de Ormuz I u Ormuz II dio un banquete y procedió a ofrecer un servicio de culto en Persépolis, que pudo seguir como lugar de culto varios siglos después del incendio de 330 a. C. Persépolis sirvió igualmente de referencia arquitectónica para ciertos elementos de las construcciones sasánidas como el palacio de Firuzabad.[17]
Primeras visitas a las ruinas: la época de los viajeros [editar]
Las ruinas son conocidas por los sasánidas bajo el nombre persa medio de st stwny («las cien columnas»),[17] y desde el siglo XIII bajo el de Chehel minār («las cuarenta columnas»). El nombre actual de Takht-e Jamshid parece provenir de una interpretación de los relieves que los relaciona con las hazañas del héroe mítico Jamshid. El sitio fue objeto de numerosas visitas por los occidentales del siglo XIV al siglo XVIII. Las simples observaciones anecdóticas de los comienzos fueron sustituidas progresivamente por trabajos cada vez más descriptivos:[18] ,[19] ,[20] ,[21]
- De paso hacia Catai en 1318, un monje viajero, de nombre Odorico, pasó por Chehel minār sin retrasarse en las ruinas. Es el primer europeo en mencionar el sitio. Le siguió, en 1474, un viajero veneciano: Josaphat Barbaro.
- El misionero portugués Antonio de Gouvea visitó el sitio en 1602. Observó las inscripciones cuneiformes y las representaciones de «animales con cabezas humanas».
- El embajador de España ante Abás el Grande, García de Silva Figueroa, describió por extenso el sitio arqueológico en una carta al marqués de Bedmar en 1619. Apoyándose en textos griegos, encontró claramente la relación entre Persépolis y Chehel Minār.
- De 1615 a 1626, el romano Pietro Della Valle visitó numeroso países de Oriente. Trajo de Persépolis copias de inscripciones cuneiformes que servirían más tarde para descifrar la escritura.
- Le siguieron los ingleses Dodmore Cotton y Thomas Herbert de 1628 a 1629, cuyo viaje tuvo por objeto estudiar y descifrar las escrituras orientales.
- De 1664 a 1667, Persépolis fue visitada por los franceses Jean Thévenot y Jean Chardin. Thévenot anotó sin razón en su obra «Voyage au Levant», que estas ruinas eran demasiado pequeñas para ser la morada de los reyes de la antigua Persia. Chardin atribuyó claramente el sitio a Persépolis. Se agregan los servicios del dibujante Guillaume-Joseph Grelot, que describe la ciudad real en una obra cuya calidad es alabada por Rousseau.
- En 1694, el italiano Giovanni Francesco Gemelli-Carreri anotó las dimensiones de todas las ruinas a las que llega, y estudió las inscripciones.
- En 1704, el holandés Cornelis de Bruijn observó y dibujó las ruinas. Publicó sus trabajos en 1711: Reizen over Moskovie, door Persie en Indie, después en 1718 en francés: "Voyages de Corneille le Brun par la Moscovie, en Perse, et aux Indes Orientales".
Misiones arqueológicas: la época de los científicos [editar]
Los siglos XIX y XX vieron multiplicarse las misiones científicas a Persépolis:[22] ,[23] ,[24] ,[25] ,[19] ,[13]
- En 1840 y 1841, E. Flandin y P. Coste visitaron varias ruinas de Persia, entre ellas, Persépolis. Establecieron una relación topográfica y descriptiva.
- Las primeras y verdaderas excavaciones arqueológicas fueron realizadas en 1878. Motamed-Od Dowleh Farhad Mirza, gobernador de Fars, dirigió los trabajos que sacaron a la luz una parte del Palacio de las cien columnas.
- Poco después, Charles Chipiez y Georges Perrot realizaron una exploración muy importante del sitio. Gracias a un estudio arquitectónico de las ruinas y de los restos excavados, Chipiez dibujó sorprendentes reconstrucciones de los palacios y monumentos tal y como, según su opinión, debieron de ser en la época aqueménida.
- Jane y Marcel Dieulafoy realizaron dos misiones arqueológicas en Persia (1881-82 y 1884-86. Exploraron Persépolis, de la que regresaron por primera vez con documentos fotográficos. Realizaron reconstrucciones y trajeron numerosas piezas arqueológicas.
- De 1931 a 1939, fueron realizadas excavaciones por Ernst Herzfeld, y luego por E.F. Schmidt, comisionadas por el Oriental Institute de la Universidad de Chicago.
- Durante los años 1940, el francés A. Godard, y luego el iraní A. Sami, prosiguieron las excavaciones por cuenta del Iranian Archeological Servicio (IAS).
- Luego, el IAS, bajo la dirección de A. Tajvidi, dirigió los trabajos de excavación y de restauración parcial en cooperación con los italianos G. y AB. Tilia, del Istituto Italiano per il Medio ed Estremo Oriente. Estas excavaciones han revelado la existencia probable de otros dos palacios atribuidos a Artajerjes I y Artajerjes III, que han desaparecido.
No han sido aún excavadas todas las estructuras de Persépolis. Quedan dos montículos al este del Hadish y del Tachara cuyos orígenes son aún desconocidos.[6]
Historia reciente [editar]
En 1971 tuvieron lugar durante tres días en Persépolis ceremonias fastuosas con motivo de la celebración de los 2.500 años de la monarquía. El Sah Mohammad Reza Pahlevi invitó a numerosas personalidades internacionales. El fasto de las ceremonias, que movilizaron más de 200 servidores venidos de Francia para los banquetes, suscitó polémica en la prensa y contribuyó a empañar la imagen del Sah. El monto de los gastos fue evaluado en más de 22 millones de dólares US, y la financiación fue realizada en detrimento de otros proyectos urbanísticos o sociales. Además, las fiestas fueron acompañadas de la represión de los opositores al Sah.
Después de la revolución iraní y con el fin de erradicar una fuerte referencia cultural al período pre-islámico y a la monarquía, el ayatolá Sadeq Khalkhali intentó con sus partidarios arrasar Persépolis por medio de bulldozers. La intervención de Nosratollah Amini, gobernador de la provincia de Fars, y la movilización de los habitantes de Shiraz, interponiéndose delante de los artefactos, permitieron salvar el sitio de la destrucción.
Persépolis es un medio frágil cuya preservación puede estar comprometida por la actividad humana. Se ha planteado la nocividad de cirtos componentes químicos de polución agrícola. Un programa de protección del sitio ha comenzado recientemente, con miras a limitar las degradaciones ligadas a la erosión y al paso de visitantes: han sido puestas unas cubiertas para proteger ciertos elementos, como la escalera este de la Apadana, y está previsto recubrir el suelo de los lugares de paso. La construcción de una barrera próxima a Pasargada ha motivado una polémica entre el ministerio iraní de arqueología y el ministerio de cultura y del patrimonio. La subida de las aguas podría dañar numerosos sitios arqueológico de la región. Además, la construcción de una línea ferroviaria cuyo trazado podría pasar por las proximidades de Persépolis y Naqsh-e Rostam hace temer daños. Así mismo, Persépolis es regularmente víctima de robos relacionados con el tráfico de antigüedades,. Está prevista una ampliación del museo, aún no definida con exactitud: la clasificación del sitio como patrimonio mundial prohíbe cualquier modificación.[26]
El arte persepolitano [editar]
Arquitectura [editar]
Los persas no poseían un bagaje arquitectónico propio: se trataba de un pueblo seminómada de pastores y jinetes.[27] Ahora bien, desde su fundación por Ciro II, el imperio persa se dota de construcciones monumentales. Al principio, inspiradas en los pueblos conquistados, los arquitectos aqueménidas integran estas influencias y proponen rápidamente un arte original. Si en Pasargada, el plan general muestra aún influencias nómadas con sus edificios estirados, dispersos en un inmenso parque, cincuenta años más tarde el de Persépolis es prueba de racionalización y de equilibrio: el plano cuadrado es sistematizado, las columnas son estrictamente colocadas (6x6 en la Apadana, 10x10 en el palacio de las Cien Columnas...), y comprende la mayor parte de las pequeñas salas del Harén y los anexos de los palacios. Las transiciones de los pórticos a los lados son unidas por torres angulares en la Apadana. Las dos grandes puertas y los diferentes pasos distribuyen la circulación hacia los edificios principales.[28]
Estas realizaciones son creaciones originales, cuyo estilo resulta de la combinación de elementos resultantes de civilizaciones sometidas. No se trata de una hibridación, sino más bien de una fusión de estilos que crean uno nuevo. Resultante del saber hacer de los arquitectos y obreros de todo el imperio, la arquitectura persa es utilitaria, ritual, y emblemática. Persépolis muestra así numerosos elementos que atestiguan estas fuentes múltiples.[29]
De hecho, con la inclusión de Jonia en las satrapías del imperio, la arquitectura persa aqueménida está marcada por una fuerte influencia griega jónica, particularmente visible en las salas hipóstilas y los pórticos de los palacios de Persépolis.[30] El auge del estilo jónico en Grecia es quebrado de golpe después de la invasión persa, pero se expresa de manera brillante en Persia, por medio de monumentos grandiosos. Arquitectos lidios y jonios son contratados en las obras de Pasargada, más tarde en las de Persépolis, y Susa. Ellos realizan los principales elementos, y se encuentran así graffitis en griego en las canteras próximas a Persépolis, que mencionan los nombres de los jefes canteros. Juegan un papel principal en la eclosión del estilo persa. La participación de griegos en la erección de columnas y en el ornamento de palacios en Persia están mencionados en la inscripción de Susa (DSf), así como por Plinio el Viejo[31] ,.[32] Las columnas de Persépolis son efectivamente de estilo jónico, con un fuste acanalado y delgado: el diámetro es inferior a la décima parte de la altura, ninguna columna de Persépolis es más ancha de 1,9 m. Algunos capiteles llevan grifos inspirados en los grifos de bronce arcaicos griegos.[29]
Entre los elementos de estilo faraónico egipcio fácilmente reconocibles, se pueden citar los sostenes de las cornisas que sobresalen en las puertas, así como el nacimiento de los capiteles.[29] Algunos atribuyen también a los egipcios el aporte del pórtico.[28]
La influencia de Mesopotamia está muy presente, en particular en la fórmula palatina asociada a dos palacios, uno para la audiencia pública y otro para la audiencia privada. Esta influencia es también visible en los motivos de palmetas o de rosetones florales que decoran relieves y palacio, o en los merlones dentados que recuerdan la forma de los zigurats, y que adornan las escaleras de los palacios. Los relieves esmaltados y policromos son de inspiración babilonia. Los ortostatos adornados con bajorrelieves de la Apadana, los hombres-toros alados de las puertas son de estilo asirio.[29]
Presente en el Medio oriente antes de los persas, el principio de los espacios internos creados para los soportes y techos de madera, la sala hipóstila llega a ser el elemento central del palacio. El aporte de técnicas griegas permite a la arquitectura persa llevar a buen término diferentes construcciones donde el espacio tiene funciones diferentes: el despeje de vastos espacios por medio de altas y finas columnas constituye una revolución arquitectónica propia de Persia. Las salas hipóstilas están destinadas a las multitudes y no sólo a los sacerdotes como en Grecia o en Egipto.[33]
La mayoría de las columnas eran de madera, y reposaban eventualmente sobre una base de piedra; todas han desaparecido. Sólo cuando la altura era demasiado importante era utilizada la piedra: en la Apadana, en la Puerta de las Naciones. Las columnas de piedra que han subsistido son muy heterogéneas y muestran una influencia de las diferentes civilizaciones del imperio, lo que no es quizás inocente: la base campaniforme es una creación aqueménida, pero sin duda de inspiración hitita; el fuste acanalado es jonio; el capitel, de una altura desmedida que puede ir hasta un tercio de la columna, comienza por un capitel de estilo egipcio seguido de un pilar cuadrado de doble voluta, una creación iraní inspirada en motivos asirios; el conjunto es coronado con una imposta teriomorfa, otro motivo importado, de Mesopotamia, pero su función de sostén de vigas es inédita. Se puede ver allí un resumen de la diversidad del imperio.[28]
Como todos los palacios aqueménidas, los de Persépolis tenían sistemáticamente los muros de adobe, lo que puede parecer sorprendente en una región donde la piedra de construcción está disponible en cantidad. Es, de hecho, una característica común a todos los pueblos de Oriente, que han reservado los muros de piedra a los templos y a las murallas. Ningún muro de Persépolis ha sobrevivido pues, los elementos aún en pie son los marcos de las puertas y las columnas de piedra.[28]
Aunque su construcción se haya extendido durante dos siglos, Persépolis muestra una notable unidad de estilo que caracteriza al arte aqueménida: iniciado en Pasargada, acabado bajo Darío en Persépolis, no se notan evoluciones notables tanto en la arquitectura como en las decoraciones o en las técnicas. Sólo las últimas tumbas reales han perdido la distinción respecto a las de Naqsh-e Rostam, sin duda por falta de sitio, pero sus bajorrelieves son estrictamente idénticos al de Darío.[28]
Escultura [editar]
La forma más conocida y más extendida de la escultura aqueménida es el bajorrelieve, expresándose particularmente en Persépolis. Decoran sistemáticamente las escaleras, los lados de las plataformas de los palacios y el interior de los vanos. Se supone igualmente que eran utilizados en la decoración de las salas hipóstilas. Se pueden ver las inspiraciones egipcias y asirias, incluso griega por la fineza de la ejecución. Se encuentra la mayoría de los estereotipos de las representaciones orientales antiguas: todos los personajes son representados de perfil. Si la perspectiva está presente de vez en cuando, los diferentes planos son reflejados generalmente uno bajo otro. Las proporciones entre los personajes, los animales y los árboles no son respetados. Además, el principio de isocefalia es aplicado estrictamente, incluso en diferentes peldaños de las escaleras. Los temas representados se componen de los desfiles de representantes de los pueblos del imperio, de nobles persas, de guardias, de escenas de audiencia, de representaciones reales y de figuras de combates que oponen un héroe real a animales reales o imaginarios. Estos bajorrelieves son notables por su calidad de ejecución, cada detalle es reflejado con una gran fineza.[28]
Se conoce muy poco de las esculturas aqueménidas de bulto redondo, la de Darío, encontrada en Susa, es la más conocida, pero no se trata sin embargo de un ejemplo único. Heródoto y Plutarco hacen referencia, respetivamente, a una estatua de oro de Artistona (esposa real de Darío I) y a una gran estatua de Jerjes I en Persépolis.[9] [34]
Sin embargo, numerosos elementos de la decoración pueden ser considerados como altorrelieves. Es utilizado, sobre todo, para representaciones de animales reales o mitológicos, a menudo incluso como elementos arquitectónicos en las puertas y los capiteles. Son esencialmente toros, que son representados como guardianes de las puertas, así como en el pórtico de la sala de las Cien Columnas. Los capiteles de las columnas acaban en impostas de prótomes de animales: toros, león, grifos... Los animales están muy estilizados, sin ninguna variación.[28] Algunas estatuas en altorrelieve han sido encontradas, como la que representa un perro, que decoraba una torre angular de la Apadana.
Pintura [editar]
La utilización de colores ha sido desestimada, a menudo, debido a las numerosas alteraciones que sufren los pigmentos durante el tiempo. Intemperie, fragilidad de las capas, o perecibilidad de los pigmentos orgánicos, son las razones principales. Otras degradaciones pueden sobrevenir debido a manipulaciones, tratamientos de conservación, y de renovación de las obras. Limpiezas, aplicaciones de barniz, capas protectoras, incluso retoques coloreados han sido la causa de la aparición de falsos tintes, o de degradación de objetos. Estas manipulaciones, como la evidencia de componentes artificiales de pinturas modernas sobre ciertas obras empujan a los científicos a examinar con prudencia y minucia todo descubrimiento de rastros coloreados en las esculturas y objetos aqueménidas.[35]
La evidencia de múltiples colores en numerosas obras en la mayoría de los palacios y edificios persepolitanos atestiguan la riqueza y la omnipresencia de pinturas policromas en Persépolis. No se trata sólo de pruebas que descansan en rastros pigmentarios persistentes en los objetos, sino de pruebas consistentes, como los aglomerados de pinturas que forman grumos, de colores que han sido encontrados en masa en recipientes, en múltiples lugares del sitio.[35]
Dichos colores eran utilizados no sólo en los elementos arquitectónicos (muros, relieves, columnas, puertas, suelos, escaleras, estatuas), sino también en los tejidos y otras decoraciones. Ladrillos barnizados, revestimiento de suelos de cal coloreada con ocre rojo o suelos yesosos verde grisáceos, columnas pintadas y otras colgaduras engalanaban así de múltiples colores los interiores y exteriores de los palacios. Pocos rastros de color rojo han sido encontrados en la estatua de Darío conservada en el Museo nacional de Teherán.[36] ,[35]
La gran paleta de los colores encontrada da una idea de la riqueza polícroma: negro (asfalto), rojo, (vidrio rojo opaco, bermellón, hematites de ocre rojo), verde, azul egipcio, blanco, amarillo (ocre o dorado). La utilización de pigmentos vegetales es evocada, pero no ha sido demostrada.[35]
Puede, sin embargo, ser difícil reconstituir con precisión la verdadera paleta de colores presente en un lugar preciso, varios relieves o palacios restaurados utilizan piezas o fragmentos procedentes de varios lugares. El examen de las diferencias entre ciertos relieves y sus dibujos anteriores por Flandin, ha permitido, por ejemplo, poner en evidencia los errores de restauraciones de una esfinge.[35] Persepolis era conocida como una de las ciudades mas ricas en pinura.
Complejo principal [editar]
Terraza [editar]
El complejo palatino de Persépolis descansa sobre una terraza de 450 m por 300, y 14 m de alto, que presenta cuatro niveles de 2 m. La entrada desemboca en el nivel reservado a las delegaciones. Los barrios de los nobles están en un nivel superior. Los barrios reservados al servicio y a la administración están situados en el nivel más bajo. Los barrios reales están en nivel más alto, visibles por todos. La piedra más utilizada para la construcción es la caliza gris. La organización de las construcciones sigue un plano rigurosamente ortogonal o hipodámico[37] ,.[38]
El lado este de la terraza está formado por el Kuh-e Rahmat, en cuya pared rocosa están excavadas las sepulturas reales que dominan el sitio. Los otros tres lados están formados por un muro de contención cuya altura varía de 5 a 14 m. El muro está compuesto por enormes piedras talladas, ajustadas sin mortero y fijadas por medio de clavijas metálicas. La fachada oeste constituye la entrada del complejo y presenta el acceso principal a la terraza bajo la forma de una escalera monumental.[39]
La nivelación del suelo rocoso está asegurado por el relleno de las depresiones con tierra y piedras. El aterrazamiento final está realizado por medio de pesadas piedras unidas entre ellas por clavijas metálicas. En el curso de esta primera fase preparatoria, la red de drenaje y de abducción de agua es puesta en marcha, a veces tallada en la misma roca.[13] Los bloques han sido tallados y formateados con la ayuda de buriles y con herramientas mineras, permitiendo la fragmentación de las piedras en superficies planas. El levantamiento y posicionamiento de las piedras han sido asegurados por medio de maderos.[40]
En la fachada sur, han sido encontradas inscripciones cuneiformes trilingües. El texto, redactado en elamita, es comparado con una inscripción del palacio de Susa[41]
Estas inscripciones podrían corresponder al emplazamiento de la entrada inicial del complejo, antes de la construcción de la escalera monumental y la adición de la puerta de todas las naciones.[42]
La configuración de la terraza sugiere que su concepción ha tomado en cuenta imperativos de defensa del sitio en caso de ataque. Un muro y las torres constituían el perímetro, reforzado en el este por un terraplén y por torres. La angularidad de los muros permite a los defensores cubrir un máximo de campo visual del exterior.[43]
La terraza soporta un número impresionante de construcciones colosales, realizadas en caliza gris procedente de la montaña adyacente. Estas construcciones se distinguen por la gran utilización de columnatas y de pilares, de las que un buen número ha quedado en pie. Los espacios hipóstilos son constantes, cualquiera que sea su dimensión. Asocian las salas que cuentan con 99, 100, 32, o 16 columnas, seguidas de arreglos variables (20x5 para una sala del Tesoro, 10x10 para el Palacio de las cien columnas. Algunas de estas construcciones no han sido acabadas. Los materiales y restos utilizados por los obreros han sido encontrados también, no habiendo sido limpiados.[25] Fragmentos de recipientes que sirvieron para almacenar pintura han sido sacados a la luz por casualidad en 2005 cerca de la Apadana. Confirman los indicios ya conocidos que atestiguan la utilización de pinturas para la decoración de los palacios.
Trazado de un colector tallado en la piedra de la superficie de la terraza Livius | Conducto de agua de terracota que guarnece los colectores, (museo de Persépolis) Livius | La terraza vista del suroeste. Notar el terraplén visible a través de un derrumbamiento parcial del muro Livius |
Escalera principal (o escalera de Persépolis) [editar]
El acceso a la terraza se hace por la fachada occidental, mediante de una escalera monumental, simétrica y de dos tramos divergentes que luego convergen. Este acceso, añadido por Jerjes, reemplaza el acceso original del sur de la terraza. La escalera se convierte entonces en la única entrada importante. Unos accesos secundarios pudieron existir en el tramo este, cuya altura era menor debido a la inclinación del suelo. Está construida con bloques macizos de piedra cortada y unidos por clavijas. Cada tramo consta de 111 escalones, de 6,9 m de ancho, y de 31 cm de profundo, con una inclinación de 10 cm. El lado bajo permite el acceso a los jinetes y caballos. Algunas piedras permitieron la talla de cinco escalones. La escalera estaba cerrada en lo alto por puertas de madera cuyas charnelas pivotaban en alvéolos tallados en el suelo. Desembocaba en un pequeño patio que se abría sobre la puerta de todas las naciones.[37]
Puerta de todas las naciones [editar]
La Puerta de todas las naciones, o Puerta de Jerjes, fue construida por Jerjes I, hijo de Darío. La supuesta fecha de su construcción es 475 a. C.[44]
La entrada occidental, guardada por dos toros colosales que componen los montantes, mide 5,5 m de alto y es de inspiración asiria. Da sobre un vestíbulo central de 24,7 m². Bordean los muros bancos de mármol. El tejado era soportado por cuatro columnas de 18,3 m de alto, simbolizando palmeras, y cuyas cúspides esculpidas representaban hojas de palma estilizadas.[45] En la entrada occidental se suman dos salidas: una hacia el sur, que se abre sobre el patio de la Apadana, y otra hacia el este, que se abre sobre la vía de las procesiones. Esta última es guardada por un par de estatuas colosales que representan hombres-toro alados, o lammasus.[46] Estas figuras protectoras están también presentes en los capiteles de las columnas del Tripylon. Se observan restos de pies en la base de los montantes de la puerta inacabada.[47] Cada entrada de la puerta de todas las naciones era cerrada por una puerta de madera de dos batientes, cuyas charnelas pivotaban en los alvéolos tallados en el suelo. Las puertas estaban adornadas con metales preciosos.[48]
Una inscripción cuneiforme está grabada encima de los toros de la fachada occidental, en las tres lenguas principales del imperio (antiguo idioma persa, babilonio, y elamita):
Ahuramazda es un gran dios que creó esta tierra, que creó el cielo, que creó al hombre, que creó la felicidad del hombre, que hizo a Jerjes rey, rey de muchos, señor de muchos. «Yo soy Jerjes, el gran rey, rey de reyes, el rey de los pueblos con numerosos orígenes, el rey de esta gran tierra, el hijo del rey Darío, el aqueménida.» El rey Jerjes declara: «Gracias a Ahuramazda, yo he hecho este Pórtico de todos los pueblos; hay muchas cosas buenas que han sido hechas en Persia, que yo he hecho y que mi padre ha hecho. Todo lo que ha sido hecho más allá, que parece bueno, todo eso lo hemos hecho gracias a Ahuramazda. » El rey Jerjes declara: «Que Ahuramazda me protege, así como a mi reino, y lo que yo he hecho, y lo que mi padre ha hecho, que Ahuramazda lo proteja también.»[49]Esta inscripción permite pensar que la Puerta de todas las naciones fue llamada así por Jerjes en referencia a los múltiples pueblos y reinos que formaban el imperio aqueménida.[45] Esta inscripción se halla también encima de los lammasus.[50]
Vía de las procesiones y Puerta inacabada [editar]
Bordeando de oeste a este la parte norte de la terraza, la vía de las procesiones lleva de la puerta de todas las naciones a una construcción similar: la Puerta inacabada, también llamada el Palacio inacabado, llamada así porque no estaba acabada cuando la destrucción del sitio por Alejandro. Esta puerta se encuentra en al ángulo nordeste de la terraza, y tiene cuatro columnas. Desemboca en un patio que se abre sobre el Palacio de las 100 columnas. La rodeaba un doble muro por sus dos lados, protegiendo la Apadana y los palacios particulares de las miradas. Hoy sólo queda la parte baja de estos muros, pero algunos piensan que alcanzaban la altura de las estatuas de lammasus. Puede observarse, en una estancia en un lado de la vía, dos cabezas de grifos parcialmente restaurados que parecen no haber estado sobre las columnas, quizás destinados a una construcción ulterior.[51]
Apadana (o Sala de audiencias de Darío) [editar]
La Apadana fue construida por Darío el Grande. La fecha del comienzo de su erección sería 515 a. C., según dos tablillas de oro y de plata encontradas en los cofres de piedra insertados en los cimientos. Darío había hecho grabar su nombre y el detalle de su imperio. La construcción duró mucho tiempo y sería sido acabada por Jerjes I.[52] La Apadana es, con el Palacio de las 100 columnas, la más grande y más compleja de las construcciones monumentales de Persépolis. Se encuentra en el centro de la parte occidental de la terraza. Situada en un nivel alto, es accesible a partir de la terraza, por dos escaleras monumentales de doble rampas simétricas y paralelas, que flanquean el basamento de los lados norte y este.[53]
Palacio [editar]
El palacio tiene un plano cuadrado de 60,5 m de lado. Consta de 72 columnas de las que 13 están aún en pie. Las columnas, de cerca de 20 m de alto, fueron erigidas probablemente por medio de rampas de tierra que permitían llevarlas luego de colocar las piedras a la altura querida. Las rampas debían ser elevadas a la vez que el avance de las columnas, después la tierra era evacuada.[54] testimonian la influencia jonia: las columnas de la Apadana presentan el mismo diámetro y una altura similar a las del templo de Hera en Samos, además, presentan acanaladuras similares.[55]
Elementos de mármol gris, encima de una columna de la Apadana. Museo nacional de Irán, Teherán |
Los planos iniciales del palacio eran más simples: habiendo sido construidas después la escalera de Persépolis y la puerta de todas las naciones, llegó a ser necesario un acceso al palacio por el norte. Eso explica el añadido de una escalera en el lado norte del basamento. La parte central, una gran sala hipóstila de forma cuadrada, constaba de 36 columnas ordenadas en seis filas. Estaba rodeada al oeste, al norte y al este, por tres pórticos rectangulares con doce columnas cada uno, dispuestas en dos filas. La parte sur consistía en una serie de pequeñas salas, y se abría sobre el palacio de Darío, el Tachara. Las esquinas estaban ocupadas por cuatro torres[56] ,[57] ,.[58]
El techo era sostenido por vigas que descansaban sobre prótomes de toros y de leones. Opuestos, los prótomes formaban un banco sobre el que había sido puesta una viga principal. Las dos cabezas formaban así una protrusión, lateralmente, de alrededor de un metro. Unos vigas transversales habían sido puestas directamente sobre las cabezas, estabilizadas por las orejas o los cuernos del animal esculpido. Estos elementos de animales fueron fijados con plomo. Las vigas transversales unían las columnas de las filas vecinas. Los restantes espacios estaban cubiertos por vigas secundarias. El conjunto fue calafateado y cubierto por una capa de mortero de barro seco. Las vigas eran de encina, de ébano, y de cedro del Líbano[59] ,.[56] La utilización de tejados ligeros de cedro junto a las técnicas de las columnatas jonias, permitían la liberación de un espacio importante: la separación de las filas de columnas de la Apadana es de 8,9 m, para una relación entre diámetro de las columnas y distancia entre los fustes de sólo 1 por 3,6. En comparación, la de la sala hipóstila del templo de Karnak es de 1 por 1,2.[56]
El conjunto estaba pintado ricamente como lo atestiguan los múltiples rastros de pigmentos encontrados sobre las bases de algunas columnas, los muros y los bajorrelieves de las escaleras. El interior de la garganta de un león esculpido todavía posee distinto restos de color rojo. Cubiertos de una capa de estuco del que se han encontrado fragmentos, los muros eran adornados con colgaduras bordadas de oro, enlosados de cerámicas, y decorados con pinturas que representan a leones, toros, flores y plantas. Las puertas de madera y las vigas llevaban placas de oro, incrustaciones de marfil y de metales preciosos. Los adornos de los capiteles de las columnas difieren según su posición: toros para las columnas del vestíbulo central y del pórtico norte, y otras figuras de animales para los pórticos este y oeste.[60] ,[61]
Tejado de la Apadana, por Charles Chipiez (1884) |
Según el arqueólogo David Stronach, la configuración de un palacio como la Apadana responde a dos funciones principales. Sus dimensiones podrían permitir la recepción de 10.000 personas, lo que facilitaba la audiencia del rey. Por otra parte, su altura permitía al rey observar las ceremonias y desfiles que tenían lugar en la llanura.[61] Las excavaciones realizadas en Susa, en un palacio realizado también por Darío I, han sacado a la luz una losa de la Apadana, situada en el eje del palacio frente al muro sur. Ambos palacios tienen parecidas concepciones. Es probable la existencia de un trono fijado al suelo de la Apadana. Además, dos pasos cercanos permitían al rey retirarse a los apartamentos y barrios reales adyacentes[62] ,[63]
Cuando Alejandro Magno incendió Persépolis, el tejado de la Apadana se derrumbó hacia el este, protegiendo los relieves de esta parte del desgaste cerca de 2100 años. Ha sido hallada una cabeza maciza de león en un hoyo, cerca del muro que separa la Apadana del Palacio de las 100 columnas. Su función parece haber sido sostener una viga principal del tejado. Su presencia en un hoyo situado bajo el nivel del suelo no está explicada. Se halla una réplica del pórtico de la Apadana en el museo del sitio y da una idea de la magnificencia del palacio.[64]
Escalera este [editar]
Cubierta por los restos del tejado incendiado de la Apadana, la escalera este está muy bien preservada. Se divide en tres entrepaños (norte, central, y sur) y en triángulos bajo los escalones. El entrepaño norte muestra la recepción de persas y medos. El entrepaño sur muestra la recepción de personajes que proceden de las naciones sometidas. La escalera consta de múltiples símbolos de fertilidad: flores de granada, filas separadas por flores de doce pétalos, o árboles y semillas que decoran los triángulos.[65] Los árboles, pinos y palmetas, simbolizan los jardines del palacio.[66] Los entrepaños tienen inscripciones que indican que Darío construyó el palacio, que Jerjes lo completó y pidió a Ahuramazda que protegiera al país de la carestía, la felonía, y los terremotos.[67] Los personajes de los relieves ostentan un porte altivo. Los caracteres étnicos son reflejados meticulosamente, y los detalles están trabajados con fineza: pieles, barbas, pelo están representados en pequeños ricitos, trajes y animales están trabajados con minucia.
El examen de escenas inacabadas defiende una organización del trabajo, recurriendo a una especialización del obrero (rostros, peinados, aderezos)).[68] Los artistas y obreros que participaron en la construcción no disponían de ninguna libertad de creación: debían seguir de modo riguroso las orientaciones proporcionadas por los consejeros del rey. La realización de las obras seguía un programa que no dejaba lugar a la improvisación.[69]
Los frisos, inicialmente policromos, respondían a los imperativos del soberano: valoración del orden y del rigor. La estaticidad de las representaciones recuerdan a los ortostatos de los palacios asirios. La distribución por registros en filas definidas, y la rigidez de los asuntos evoca la influencia del estilo jónico severo.[70]
Nobles persas y medos (Apadana, escalera este) Livius | Carro de la procesión real (Apadana, escalera este) Livius |
Entrepaño sur. Es un entrepaño notable porque representa la llegada de las delegaciones que proceden de veintitrés naciones sometidas, conducidas alternativamente por guías persas y medos. Cada delegación está separada por pinos, El guía lleva al delegado a la cabeza, de la mano. La calidad del acabado difiere para cada obra: todos los relieves no han sido pulidos, y su detalle es variable. Este desfile presenta cerca de 250 personajes, cuarenta animales, y carros. De una altura de 90 cm, los registros tienen una longitud total de 145 m[76] ,.[77] Para Dutz, los símbolos de Persépolis están cargados de sentido, y su organización no es fruto del azar. La disposición de las representaciones podría corresponder a un orden protocolar, sin que pueda saberse si tal orden sigue una secuencia determinada por las filas horizontales o verticales (ver esquema). En todo caso, parecería claramente que los medos eran los primeros, y los etíopes los últimos. Además, ninguno sigue la lista secuencial de las satrapías dada por la inscripción del rey. La disposición de las delegaciones no parece seguir tampoco el orden de incorporación de los diferentes satrapías al imperio. En cambio, podría estar en función del tiempo de viaje que las separa de Persépolis.[76] Este razonamiento se apoya en los textos de Heródoto: «de todas las naciones, los persas honran primero a las que tienen más cerca, en segundo lugar a las que están más distantes, y tienen menos estima a las más lejanos».[78] Se sabe por las tablillas del Tesoro que las ofrendas llevadas por las delegaciones no corresponden a un impuesto. Corresponden a regalos destinados al rey o a un uso ceremonial.[79] En ausencia de inscripción, la identificación de las delegaciones supone siempre un problema, pues se centra sobre todo en los trajes, y ofrendas. A pesar de la similitud con otras representaciones, subsisten numerosas incertidumbres. La presencia o la ausencia, el orden de citación o de presentación, incluso la denominación de cada pueblo del imperio varía mucho, tanto en las esculturas como en las inscripciones reales. Estas últimas no constituyen un inventario administrativo realizado para la posteridad, sino que corresponden más bien a la visión ideal del imperio cuyo rey desea quiere dejar huella.[80]
Satrapías que componen el imperio Livius |
Reconstrucción de las delegaciones según Dutz,[81] Stierlin,[82] y Briant:[83]
- 1 Medos: conducidos por un persa, esta delegación es la más importante. Los sujetos llevan trajes, pulseras o brazaletes, una espada, copas y un vaso. Se trata probablemente de otras tribus medas que las que sirve al imperio desde su fundación, lo que explicaría el estatuto de sometidos. Al principio del imperio, tales tribus permanecieron fieles a Astiages, habiendo reunido Ciro a las otras.
- 2 Elamitas Elam es persa desde la fundación del imperio por Ciro el Grande. La delegación conducida por un medo ofrece una leona y dos leoncitos, así como espadas y arcos.
- 3 Armenios: esta delegación lleva un vaso con dos asas, finamente trabajado, y un caballo.
- 4 Aracosios: Los pantalones son aún llevados en Baluchistán. Uno de los sujetos está vestido con una piel de felino. Las ofrendas consisten en un camello y jarras.
- 5 Babilonios: esta delegación ofrece un toro, tazones, y una colgadura idéntica a las de las representaciones del palacio de las 100 columnas, el Tesoro o el Tripylon.
- 6 Asirios y fenicios (o lidios): este relieve está muy detallado. Las ofrendas consisten en vasos y copas labradas (vasos de bronce o de plata), con asas dobles que representan toros alados, joyas (brazaletes con broche adornados con grifos alados), y un carro enganchado con caballos de pequeña talla. Los trajes y peinados de los sujetos están muy trabajados, se distinguen incluso papillotes llevados por judío s ortodoxos. La identidad de la ropa mantiene una controversia sobre los orígenes de estas delegaciones.
- 7 Arios (o Aracosios): los sujetos de este satrapía corresponden a las regiones de Herat y de Mashhad. Son prácticamente indiferenciables de los aracosios. Las ofrendas consisten en un camello y vasos.
- 8 Cilicios o asirios: que proceden del sur de Asia Menor, esta delegación ofrece dos carneros, pieles, un traje, copas y vasos. Esta representación está trabajada minuciosamente, y aparece el detalle de los trajes (cordones, cinturones, cofias,).
Medos (Apadana, escalera este) Livius | Elamitas (Apadana, escalera este) Livius | Armenios (Apadana, escalera este) Livius | Partos (Apadana, escalera este) Livius |
- 9 Capadocios: caracterizados por la atadura de su capa en la parte superior del hombro; pertenecen al mismo grupo que los armenios, medos, y sagartios. Ofrecen presentes de un caballo y trajes.
- 10 Egipcios: el altorrelieve que representa esta delegación ha sido perjudicado severamente por la destrucción de la Apadana. Las partes inferiores bastan para identificar el origen de los sujetos, gracias a las características de su vestido.
- 11 Escitas (también llamados sacas): esta satrapía se extendía desde Ucrania a las estepas del norte del Cáucaso, hasta el norte de Sogdiana. Los sujetos están tocados con un típico gorro escita. Llevan un caballo, trajes, y lo que podrían ser brazaletes con broches.
- 12 Lidios o jonios: estas satrapía griegas estaban fusionadas y eran administradas desde Sardes. Los sujetos están vestidos del mismo modo. Traen tejidos, pelotas de hilo y copas que contienen quizás tinturas.
- 13 Partos: bajo los aqueménidas, los partos estaban sometidos, y es sólo después del período griego séleucida cuando dominarán Persia. Partia corresponde al actual Turkmenistán. La delegación trae vasos y un camello. Los sujetos están tocados con un turbante alrededor del cuello.
- 14 Gandharienses: esta satrapía se encuentra río arriba del Indo, entre Kabul y Lahore, al oeste del actual Punjab. Los sujetos ofrecen lanzas y un búfalo asiático.
- 15 Bactrianos: la delegación lleva un camello y vasos. Naturales de Bactriana al norte de Afganistán, los sujetos están tocados con una cinta.
- 16 Sagartios: sus trajes y presentes (trajes y caballo), son semejantes a los de los medos, capadocios y armenios, lo que sugiere la pertenencia a un mismo grupo. Su tierra de origen es mal conocida: vecina de Tracia en Asia Menor, o cerca del mar Negro y del Cáucaso, incluso situada en las estepas de Asia Central cerca de Bactriana.
Babilonios (Apadana, escalera este) Livius | Lidios (Apadana, escalera este) Livius | Bactrianos (Apadana, escalera este) Livius | Gandharienses (Apadana, escalera este) Livius |
- 17 Sogdianos: tenían por origen Sogdiana, actual Pakistán.Esta etnia pertenecía al grupo de los escitas, de los que llevaban el gorro. Llevan un caballo, hachas, objetos que pueden ser brazaletes, y una espada.
- 18 Indios: estos sujetos, que venían de Sind, el valle bajo del Indo, están vestidos con un taparrabo, y calzados de sandalias. Llevan un burro, hachas, y cestas con provisiones llevadas sobre la espalda por medio de una balanza.
- 19 Tracios (o escitas): Tracia estaba situada entre el mar Egeo y el mar Negro, en un territorio hoy compartido por Grecia, Turquía, y Bulgaria. Los sujetos llevan un caballo. Llevan un gorro puntiagudo de largas patas, semejante a los gorros escitas..
- 20 Árabes: estos sujetos vienen de Fenicia - Asiria. Están calzados con sandalias, y vestidos con túnicas con ribetes bordados. Llevan un dromedario.
- 21 Drangianianos: no hay acuerdo entre los autores referente al origen de esta delegación. Para unos, se trata de individuos que vienen de Merv en Bactriana, estados actuales de Afganistán, de Uzbekistán y de Tayikistán). Para otro, los sujetos vienen de la región de Kermán, al este de Irán. Además, su estilo de peinado sostendría un origen cerca de Kandahar, así como su escudo, lanza, y el tipo del buey que traen.
- 22 Somalíes (o lidios): el origen de esta delegación es controvertido. Acompañados por un carro, los sujetos traen un kudú o un íbice, están vestidos con pieles, pero no son negroides. El tipo morfológico de los individuos,lo mismo que la presencia de un carro, indicarían un origen libio, mientras que el antílope y los aderezos de pieles sostendría un origen situado más al sur, (Yemen o Somalia).
- 23 Nubios (o etíopes o abisinios): se trata de sujetos negroides, que llevan un okapi o una jirafa, defensas de elefante y un vaso.
Escalera norte [editar]
Guardias (Apadana, escalera norte) Livius | Escalera norte de la Apadana Livius | Inscripción de Jerjes II (Apadana, escalera norte) Livius |
La escalera norte fue añadida por Jerjes I, para facilitar el acceso a la Apadana desde la puerta de todas las Naciones. Los relieves de esta escalera presentan los mismos temas que los de la escalera este, pero están más degradados.[84]
El entrepaño central mostraba inicialmente a Jerjes I, Darío el Grande y a un funcionario. Este último podría ser un ganzabara (gobernador del Tesoro), o un quiliarca (oficial comandante de la guardia). Este relieve ha sido trasladado al Tesoro y ha sido sustituido por otro que muestra a ocho guardias. Una inscripción cuneiforme trilingüe en la escalera ha recogido en gran parte el texto de la de la puerta de todas las Naciones, sin precisar el nombre del edificio.
Tachara [editar]
Escalera oeste del Tachara Livius |
Así nombrado por una inscripción situada en un montante de su puerta sur, el Tachara, o palacio de Darío, está situado al sur de la Apadana. Es el único de los palacios en tener un acceso al sur por medio de un pórtico. La entrada del palacio se hacía inicialmente por este lado, por una doble escalera. Construido por Darío I, el palacio es completado luego por Jerjes I quien lo amplió, luego por Artajerjes III, quien añadió una segunda escalera al oeste. Esta nueva entrada crea una asimetría inédita. Los trajes de los personajes medos, silicios y sogdianos representados son diferentes de los de las otras escaleras anteriores, lo que sugiere un cambio de moda, y refuerzan la idea de una construcción ulterior.[85]
Las mochetas de la escalera sur presentan símbolos de Noruz: león que devora un toro. Las partes ascendentes representan a medos y aracosios que traen animales, jarras y otras cosas. Se trata probablemente de sacerdotes que vienen de lugares santos zoroástricos tales como el lago Urmía en Media y el lago Helmand en Aracosia, y que llevan lo necesario para las ceremonias.[85] El entrepaño central muestra dos grupos de guardias nuevos y tres paneles que llevan una inscripción trilingüe de Jerjes II, que indica que este palacio ha sido construido por su padre; está coronada por el disco alado, símbolo o bien de Ahuramazda o de la gloria real, encuadrado por dos esfinges.[86]
La entrada del palacio se hace por una sala, mediante una puerta, donde un relieve representa a los guardias. Esta sala es seguida por otra puerta que se abre al vestíbulo principal, sobre la que se encuentra un relieve que representa al rey que combate al mal con forma de un animal. Este tema está en otras puertas del palacio, en el Palacio de las 100 columnas, y en el harén. La figura maléfica es simbolizada por un león, un toro, o un animal quimérico. El tipo de figura podría tener una relación con la función de la obra, o con temas astrológicos.[87]
En el cuarto de baño real se abre una puerta. Está adornada con un relieve que muestra a un rey preparado para una ceremonia y seguido de dos servidores que tienen una sombrilla y un espantamoscas. El rey está coronado, vestido con un rico aderezo adornado con piedras preciosas. Lleva pulseras, y las joyas penden de su barba trenzada.[85] Otro relieve muestra probablemente a un eunuco, única representación imberbe del sitio. Lleva una botella de ungüento y una servilleta. La circulación de agua estaba asegurada por un canal cubierto en el suelo que pasaba por medio de la estancia. Pueden observarse restos del cemento rojo que alfombraba el suelo de la sala.[87]
El palacio consta de otras dos pequeñas salas situadas en sus lados. El pórtico sur se abre a un patio rodeado por los otros palacios. Sobre cada dintel de las puertas y ventanas está grabada una curiosa inscripción:
.
El nombre de Tachara procede de una inscripción cuneiforme trilingüe sobre cada montante del pórtico sur:
Sin embargo, es dudoso que esta palabra, cuyo significado exacto es desconocido, designe al edificio en sí mismo: se ha encontrado en las bases de columnas de otros lugares de Persépolis, que llevan inscripciones de Jerjes y que mencionan esta palabra:
«Soy Jerjes, el gran rey, el rey de reyes, el rey de los pueblos, el rey de esta tierra, el hijo del rey Darío, el aqueménida». El rey Jerjes declara: «He hecho este Tachara.»[49]Tripylon [editar]
Obtiene su nombre de sus tres entradas. El Tripylon, o vestíbulo de audiencia de Jerjes, o Palacio central, o Sala del Consejo, es un palacete situado en el centro de Persépolis. Se accede por el norte por una escalera esculpida, cuyos relieves muestran principalmente a guardias medos y persas. Otros relieves representan a nobles y a corredores para un banquete. La escalera sur del Tripylon se encuentra en el museo nacional de Irán en Teherán. Un pasillo se abre al este, a una puerta adornada con un relieve que muestra:
- arriba, Darío en su trono delante de Jerjes como príncipe coronado, resguardados bajo una marquesina adornada con símbolos divinos, toros, leones y bellotas; rey y príncipe tienen en la mano hojas de palma, símbolo de fertilidad;
- abajo, sujetos provenientes de veintiocho naciones les llevan.
Este relieve designa claramente a todos la voluntad de Darío de nombrar a Jerjes sucesor legítimo al trono.[88]
Hadish [editar]
El Hadish, o palacio de Jerjes, se encuentra al sur del Tripylon; está construido sobre un plano semejante al Tachara, pero dos veces más grandes. Su vestíbulo central constaba de treinta y seis columnas de piedra y de madera. Se trataba de troncos de árboles de grandes proporciones y grandes diámetros de los que no queda nada. Está rodeado por el este y el oeste por pequeñas habitaciones y pasillos, cuyas puertas presentan relieves esculpidos. Se encuentran allí procesiones reales que representan a Jerjes I acompañado de servidores que le ponen a cubierto bajo una sombrilla. La parte sur del palacio está compuesta de apartamentos cuya función es controvertida: en un tiempo descritos como de la reina, son considerados como almacenes o anexos del Tesoro.[89] El acceso a la terraza del Hadish se hacía por una escalera monumental al este, de doble tramo, primero divergentes y luego convergentes, y una escalera más pequeña de tramos convergentes al oeste; as dos presentan la misma decoración que la escalera sur del Tachara: toros y leones, guardias persas, disco alado y esfinge.[90]
Hadish es una palabra en antiguo persa que figura en una inscripción trilingüe en cuatro ejemplares, sobre el pórtico y la escalera: significa «palacio». Son los arqueólogos quienes llaman a este palacio hadish , no siendo conocido el nombre original. La atribución a Jerjes es seguraa, pues éste, además de estas cuatro inscripciones, hizo grabar su nombre y sus títulos al menos catorce veces.[49]
Palacio de las 100 columnas [editar]
También llamado sala del Trono, tiene forma de cuadrado de 70 m de lado: es el más grande de los palacios de Persépolis. Cuando se excavó parcialmente, estaba cubierto por una capa de tierra y de cenizas de cedro de más de tres metros de espesor. Muy perjudicado por el incendio, solo han quedado las bases de las columnas y los montantes de las puertas.[23]
Dos toros colosales constituyen las bases de las columnas principales, de 18 m, que sostenían el tejado del pórtico de la entrada, al norte del palacio. La entrada era por una puerta ricamente decorada con relieves. Entre las representaciones, una describe el orden de las cosas, mostrando de arriba abajo: a Ahuramazda, el rey sobre su trono, luego muchas filas de soldados sosteniéndolo. El rey ejerce pues su poder de Ahuramazda, que lo protege, y manda al ejército que lleva su poder.[91]
El palacio está decorado con numerosos relieves en notable estado de conservación, que representan toros, leones, flores y bellotas.[92]
La puerta sur del palacio presenta un relieve completamente diferente. Simboliza el sostén aportado al rey por las diferentes naciones que componen el imperio. Los soldados que componen las cinco filas inferiores pertenecen a muchas naciones, reconocibles por su tovado y armamentos. Vuelto hacia el Tesoro, este mensaje se dirige más bien a los servidores y les recuerda que las riquezas que transitan por esta puerta se deben a la cohesión del imperio. Unas tablillas cuneiformes detallan los archivos de los tributos, dando así una estimación de las riquezas que transitaban por estas puertas.[93]
Si los relieves de las entradas norte y sur del palacio conciernen esencialmente a la afirmación de la monarquía, los de las partes este y oste presentan, como en otros palacios, escenas heroicas de rey combatiendo al mal.[50]
Tesoro [editar]
Construido por Darío I, se trata de una serie de salas situadas en el ángulo sureste de la terraza, que se extienden sobre una superficie de 10.000 m². El tesoro consta de dos salas importantes, cuyo tejado era soportado respectivamente por 100 y 99 columnas de madera.[94] Se han encontrado tablillas de madera y de arcilla, que detallan el montante de los salarios y beneficios pagados a los obreros que lo habían construido.[7] Según Plutarco, 10.000 mulas y 5.000 camellos habría necesitado Alejandro Magno para trasportar el tesoro de Persépolis[9] ,.[95] Según algunas tablillas, 1.348 personas trabajaban en el Tesoro en 467 a. C.
El Tesoro ha sido muchas veces reconstruido y modificado. Muchas inscripciones han sido encontradas en bloques macizos de diorita, que mencionan al rey Darío.[96] Se han encontrado dos relieves de los que uno procede de la escalera norte de la Apadana. Se encuentra ahora en el museo de Teherán y representa a Darió el Grande en el trono. El rey recibe a un oficial medo inclinado hacia delante, que lleva su mano derecha a los labios en señal de respeto. Podría tratarse de un quiliarca, comandante de 1.000 guardias, o de un gobernador del tesoro, o Ganzabara ). Jerjes y los nobles persas se encuentran de pie, detrás del soberano. Dos portadores de incienso se encuentran entre el rey y los dignatarios.[97]
En las excavaciones, este edificio, ha sido identificado como el Tesoro. A pesar de su gran superficie el acceso era por dos pequeñas puertas estrechas.
Guarnición y sala de las 32 columnas [editar]
Entre el palacio de las cien Columnas y la montaña se encuentran múltiples salas que componían los barrios de los servidores y de los soldados, la cancillería, y los despachos. Se han encontrado más de 30.000 tablillas y fragmentos de tablillas en elamita.[97] Según Quinto Curcio Rufo y Diodoro, Alejandro habría dejado en el lugar 3.000 soldados, lo que da una idea de la capacidad de guarnición de Persépolis[11] ,.[10] Al norte de estos campamentos de chozas, se encuentran los restos de una sala que constaba de treinta y dos columnas, cuya función no está clara.
Harén y museo [editar]
Se accede al harén por la puerta sur del palacio de las 100 Columnas. El edificio tiene forma de " L", cuya ala principal tiene una orientación norte-sur. El centro consiste en una sala con columnatas, abierta al norte a un patio por un pórtico. Esta sala tenía cuatro entradas, cuyas puertas estaban decoradas con relieves. Los relieves laterales muestran todavía escenas de combate heroico que recuerdan las del Tachara o del palacio de las 100 Columnas. El rey es mostrado en lucha con un animal quimérico (toro-león cornudo y alado), con cuello de cuervo, cola de alacrán, que puede ser una representación de Ahriman, divinidad maléfica. El héroe hunde su espada en el vientre de la bestia que le hace frente. El relieve sur muestra a Jerjes I seguido de servidores, según una escena idéntica a las del Hadish. La parte sur del ala y la otra ala que la prolonga hacia el oeste consiste en una serie de 25 apartamentos, hipóstilos de 16 columnas cada uno. El edificio presenta además dos escaleras que lo enlazan al Hadish, y dos patios pequeños que podrían corresponder a jardines cerrados[50] ,.[98]
No es cierto, que el harén haya podido ser un lugar de residencia de mujeres. Según unos, la sección central habría podido estar destinada a la reina y a su séquito. Otros piensan que las mujeres residían en el exterior de los muros.[50] La función del edificio es pues controvertida. La presencia de relieves elaborados, así como su situación, en un nivel alto es el de un edificio que tiene una función importante. Por el contrario, su tamaño y su posición sugieren más bien una función administrativa[97] ,.[50] Es probable que la denominación de "harén" sea errónea: los buscadores occidentales han proyectado su visión de los harenes otomanos sobre la Persia aqueménida que carecía de ellos.[99]
El harén ha sido excavado y ha sido restaurado parcialmente por E. Hertzfeld por un procedimiento de anastilosis. Reconstruyó varias salas,que sirvieron de talleres de restauración y de presentación de las obras encontradas en el complejo. Una parte del harén se transformó en museo.[100]
El museo del sitio presenta una gran variedad de objetos encontrados:
- cerámicas, platos y vasos de terracota, azulejos de cerámica;
- piezas de monedas;
- herramientas de todo género: de mampostería, de talla, de cocina, o utensilios de boca, morteros;
- artesanías de hierro forjado, puntas de lanza y de flechas, fragmentos de trompetas o de adornos metálicos, clavijas metálicas;
- restos de tejidos o restos de madera que componen la infraestructura;
- bocados metálicos y trozos de saeta;
- tablillas grabadas.
Hay obras encontradas en los alrededores, que datan de ocupaciones posteriores, sasánidas e islámicas, incluso anteriores (prehistóricas).
La gran diversidad de las obras que recogen usos diarios, permiten tener una idea de la vida de la época. Además, la comparación de las obras con algunas obras pictóricas (bocado, lanzas) dan una idea de la minucia del trabajo de los obreros en la talla de los relieves.[97]
Otras construcciones [editar]
Parece que se construyó un palacio en el ángulo sudoeste de la terraza, perteneciente a Artajerjes I. Las ruinas no corresponden a este palacio, sino a una construcción residencial post-aqueménida llamada Palacio H. Las esculturas que representan cuernos han sido dispuestas cerca del muro de la terraza, de las que no se conoce la función; han sido encontradas enterradas al pie de la terraza.
Otra estructura llamada palacio G, se encuentra al norte del Hadish, y es una construcción post-aqueménida. Parece que fue realizada en el emplazamiento de una estructura destruida, que podría ser el palacio de Artajerjes III. Los restos de una construcción, llamada palacio D, han sido encontrados al este del Hadish. Como las anteriores, esta construcción posterior a la dinastía aqueménida, ha reutilizado restos y ornamentos que proceden de las ruinas de la terraza[50] ,.[101]
Elementos anexos [editar]
Han sido hallados numerosos elementos fuera de los muros de la terraza. Se trata de restos de jardines, de viviendas, de sepulturas post aqueménidas, o de tumbas reales aqueménidas. Además, una red compleja de canalizaciones intra y extra muros está en curso de exploración.
Habitaciones [editar]
Son ruinas que aún no han sido excavadas completamente y visibles a 300 m al sur de la terraza. Posiblemente anteriores a los palacios, estas construcciones constan de muchas casas. La más amplia consiste en un vestíbulo central rodeado de salas secundarias y es accesible por una escalera. Parecen haber estado destinadas a personas de alto rango social. Una construcción se encuentra al norte de la terraza, cuya función es desconocida.[102]
Jardines [editar]
Exploraciones geológicas recientes han puesto en evidencia las ruinas de jardines aqueménidas y sus canales de irrigación en el exterior del complejo. Una parte de ellos fueron perjudicados en 1971, durante las ceremonias de celebración de los 2.500 años de la monarquía de Irán. Otros daños han resultado de la construcción de una carretera asfaltada después de la revolución. Dichos jardines llamados Pairidaeza (palabra persa antigua de la que proviene la palabra "paraíso"), eran realizados a menudo al lado de los palacios aqueménidas.
Red hidráulica [editar]
El sistema de canalización de la terraza encierra todavía preciosos secretos, lo que motiva excavaciones profundas. Se trata de extraer y analizar los sedimentos. Más de 2 km de red han sido descubiertos, que recorren la terraza y sus alrededores, y que pasan bajo los palacios. Las variables dimensiones de los canales (60 a 160 cm de ancho, 80 cm a varios metros de profundidad) explican la importancia del volumen sedimentario y el valor del potencial arqueológico. Los restos que contienen pueden así revelarse preciosos: ha sido hallado una parte del supuesto trono de Darío, igual que unos 600 fragmentos de cerámica que han conservado sus colores. Los trabajos tropiezan, sin embargo, con un problema complejo: la retirada de los sedimentos permite la infiltración de agua, lo que que perjudicaría la estructura del complejo,,.
La red de colectores y de canales de agua atraviesa los cimientos y el suelo de la terraza. Es, pues, probable que los planos de la totalidad del complejo hayan sido realizados en detalle antes de su construcción.[13] Cortados directamente en la piedra de la base de los muros, antes de su erección, los colectores permitían evacuar las infiltraciones pluviales.[40]
Sepulturas reales [editar]
Situadas a algunas decenas de metros de la terraza, dos tumbas cavadas en la roca de Kuh-e Ramat dominan el sitio. Estas tumbas son atribuidas a Artajerjes II y a Artajerjes III. Cada sepulcro está rodeado por esculturas en columnatas que representan las fachadas de palacio, resaltadas con grabados. Estas representaciones, como las de las tumbas de Naqsh-e Rostam, han permitido comprender mejor la arquitectura de las construcciones palatinas persas. En la parte superior del sepulcro de Artajerjes III, el rey está representado sobre un pedestal a tres niveles, haciendo frente a Ahuramazda y a un fuego sagrado igualmente realzado. Un muro presenta una inscripción trilingüe que recuerda que Darío el Grande ha dado una descendencia, que ha construido Persépolis, y hace una lista de sus bienes. Cada versión difiere ligeramente de las otras dos. Una tercera tumba inacabada se encuentra más al sur. Parece haber estado destinada a Darío III, último rey aqueménida[103] ,.[104]
Al pie de la montaña han sido encontradas restos de sepulturas post-aqueménidas, a un kilómetro al norte de la terraza.[50]
Tablillas de Persépolis [editar]
Durante las excavaciones de Herzfeld y Schmidt, han sido descubiertas en Persépolis dos series de archivos que comprenden numerosas tablillas cuneiformes de madera y de arcilla.
La primera serie es conocida bajo el nombre de Tablillas de la Fortaleza de Persépolis pues ha sido encontrada en la zona correspondiente a las fortificaciones del ángulo noreste de la terraza. Consta de alrededor de 30.000 piezas de las que 6.000 son legibles. El contenido de 5.000 de ellas ha sido ya estudiado, pero no se han publicado en su totalidad. Contienen principalmente textos administrativos reeditados en elamita, lengua de los cancilleres, entre 506 a. C. y 497 a. C., pero las tablillas reeditadas en arameo unos 500 textos han sido descifrados;[105] una tablilla en acadio, una en griego, una en una lengua y grafía de Anatolia,[106] una en antiguo idioma persa[107] han sido encontradas.
Estas tablillas pueden ser clasificadas en dos subgrupos. El primero concierne al transporte de materiales de un lugar a otro del imperio; el otro es más un registro de cuentas. Estas piezas han permitido la obtención de información preciosa que permite comprender el funcionamiento del imperio y de su administración en los dominios tan diversos de la construcción, la circulación, los correos, pasaportes, o finanzas. Algunos cuerpos de oficios han podido ser así conocidos, como el gobernador del Tesoro, o ganzabara. Las tablillas han permitido también conocer el nombre de las personas que trabajaron en Persépolis, del simple obrero al gobernador del Tesoro. Además, algunos permiten precisar el estatuto de las mujeres de toda clase social en la época aqueménida.
La otra serie, conocida bajo el nombre de Tablillas del Tesoro de Persépolis, cuenta con 139 piezas que describen los pagos realizados en oro y plata entre 492 a. C.y 458 a. C. Varias están marcadas con la huella de sellos, y constituyen cartas y memorándums dirigidos por los funcionarios al gobernador del Tesoro.[108]
La asombrosa conservación de tablillas de arcilla seca se explica por el hecho que han sido cocidas a alta temperatura por el incendio de Persépolis. Esta transformación involuntaria en terracota ha permitido paradójicamente su mejor resistencia al tiempo evitando que se convirtiesen en polvo.[50]
Representando un patrimonio científico inestimable, han contribuido a un mejor conocimiento lingüístico del elamita y del antiguo persa, o de la organización política y de las prácticas religiosas de los aqueménidas. Este patrimonio se encuentra en el centro de una polémica de orden político: un proceso que quiere obtener el embargo para realizar una venta en provecho de las «víctimas del terrorismo de Hamás».[109] El Instituto Oriental de la Universidad de Chicago tiene la custodia de las tablillas desde su descubrimiento.
Controversias sobre las funciones de Persépolis [editar]
El imperio persa aqueménida tenía, de hecho, varias capitales. Pasargada era la de Ciro el Grande, Susa, Ecbatana, o Babilonia eran de sus sucesores. La mayoría de los autores están de acuerdo sobre la importancia de las funciones protocolares y religiosas de Persépolis, ilustradas por el fuerte simbolismo de los adornos.[13] Sin embargo, la interpretación de los relieves es delicada pues éstos presentarían, de hecho, la visión idealizada que Darío el Grande tenía de su imperio. Para Briant, la imagen ofrecida es la de un poder real soberano e ilimitado, en un lugar concebido para expresar la dominación persa y la Pax persica. Por sus virtudes conferidas por la protección de Ahura Mazda, el rey asegura la unidad de un mundo cuya diversidad etnocultural y geográfica es subrayada.[110]
Existe una controversia en cuanto a la realidad de las ceremonias descritas por los relieves, y se expresan varios puntos de vista. Algunos, no ven en Persépolis más que un lugar reservado a los iniciados. Esta hipótesis se apoya en los pocos textos antiguos que mencionan el sitio antes de su toma por Alejandro Magno, que contrasta con el número y la diversidad de los pueblos sometidos. Igualmente las delegaciones deberían haber asegurado a Persépolis una notoriedad más importante. Según este punto de vista, no habría tenido lugar ninguna recepción realmente en Persépolis.[111] Para otros, tales recepciones habían tenido lugar. Se apoyan en la organización a nivel de la terraza, que respondería a una función claramente definida de separación de los habitantes según su rango social. La organización de los relieves que marcan la progresión del tributo hasta el tesoro, la existencia de caminos separados que llevan o a la Apadana o al Palacio de las 100 columnas, son otros tantos argumentos en este sentido. Según este punto de vista, la función protocolar y religiosa de Persépolis se ejerce a través de los celebración del año nuevo (Noruz). El rey de reyes recibía las ofrendas y percibía el impuesto de las delegaciones que provinían de todas las satrapías.[13] El ceremonial obedecía a reglas estrictas dictadas por el respeto al orden de las cosas: las delegaciones seguían un orden preciso, y una separación clara reflejaba a las diferentes clases sociales, rey y personas de rango real, nobles persas y medos, pueblos persas y medos, sometidos). Éstos no sólo no eran admitidos en los mismos niveles, sino que seguían también caminos diferentes[111] ,.[50] Después que la llegada de las delegaciones hubiera sido anunciada por los campaneros, eran conducidas por la puerta de todas las naciones. Mientras que los sometidos seguían por la vía de las Procesiones hasta la Puerta inacabada para ser recibidos, luego, en el palacio de las 100 Columnas, los nobles se encaminaban por la otra salida de la puerta de todas las Naciones para entrar en la Apadana. La magnificencia y el fasto de los lugares tendrían el fin de impresionar a los visitantes, y de afirmar el poder del imperio.[112]
H. Stierlin, historiador del arte y la arquitectura, abunda igualmente en este sentido. Los espacios liberados por la arquitectura de los palacios, como la Apadana, permiten mantener grandes recepciones, banquetes y ritos áulicos. El uso de libaciones y de banquetes reales se han difundido desde Persia en efecto, a la mayoría de las satrapías: Tracia, Asia Menor, o Norte de Macedonia, integran tales tradiciones. Además, el descubrimiento de numerosos objetos de orfebrería aqueménidas o de inspiración aqueménida, consagrados a las artes de la mesa testimonian la importancia de dichos banquetes para las persas. La configuración del sitio y el arreglo de los accesos testimonian una voluntad de volver a la persona real inabordable para algunos. Permite el seguimiento de una etiqueta rigurosa que confiere al soberano un carácter casi divino.[113]
Existe una controversia en cuanto a la ocupación de Persépolis. Habida cuenta de los relieves, R. Ghirshman sugería una ocupación anual transitoria de Persépolis. La ciudad habría sido ocupada sólo durante las festividades de Noruz, y no tendría entonces más que una función ritual.[114] Esta tesis es discutida cada vez más[115] ,,[61] y Briant apunta que, si de la existencia de fiestas y ceremonias en Persépolis no cabe ninguna duda, numerosas objeciones pueden ser formuladas en cuanto a la hipótesis de una ocupación que se limita al año nuevo. Las tablillas prueban indudablemente que Persépolis era ocupada permanentemente, y que se trataba de un centro económico y administrativo importante. Además, hace observar que la corte aqueménida aún siendo itinerante recorría el imperio, y que los textos antiguos no hacen relación de su presencia en Persia más que en otoño y no en primavera. Si no se puede excluir la existencia de las ceremonias de Noruz, es posible que relieves y tablillas se refieran a ofrendas y tributos percibidos durante los viajes de los soberanos nómadas:[116]
Por fin, para Stronach, hace falta considerar antes la función de Persépolis bajo un ángulo político, teniendo en cuenta las condiciones del acceso de Darío al poder. Darío había debido vencer una gran oposición). Tales monumentos no habrían tenido por función literal reflejar el poder o las riquezas del imperio, sino más bien responder a imperativos políticos inmediatos. Construida poco después el advenimiento de Darío, Persépolis consagra en primer lugar, la legitimidad de su acceso al trono y afirma su autoridad hasta los confines del imperio. Además, la repetición de motivos que representan a Darío el Grande y Jerjes sugiere la voluntad de legitimar a su sucesor. Igualmente, la multiplicidad de las referencias a Darío por Jerjes I sugiere la voluntad de consolidar y asegurar la sucesión al trono.[61]
Citas [editar]
- Jean Chardin: «No sé si mi Descripción, y las Figuras que la acompañan, darán una gran idea; pero puedo asegurar que aquella se concibe por la vista, va más allá de todas las expresiones: pues no tengo jamás nada por visto, ni concebido, ni tan grande ni tan magnífico. ¿Cuántos millares de hombres deben haber trabajado, y durante cuántos años? No es sólo aquí una Obra maestra, donde hay sólo trabajo y pena, como en las Pirámides de Egipto, que Horacio tiene mucha razón en llamar una maravilla Bárbara, pues no son después de todo más que un montón de piedras: aquí hay un arte infinito, orden e industria; y puede decirse que es una obra digna de los más grandes maestros y de las sabias manos que lo han formado ».
- Arthur Upham Pope: «El esplendor de Persépolis no es la contrapartida accidental de la monumentalidad y del fasto, es el producto de la belleza reconocida como valor supremo»
- Roman Ghirshman: «Nunca en la antigüedad, el arte había dado muestras de tal audacia»
- Marcel Dieulafoy: «cuando he intentado hacer revivir en mi pensamiento estos grandiosos edificios, cuando veo estos pórticos con columnas de mármol o de pórfido pulido, estos toros bicéfalos, cuyos cuernos, pies, ojos y collares debían estar revestidos de un delgado pan de oro, las vigas de cedro del entablamento y de los techos, los mosaicos de ladrillos semejantes a pesados encajes en revestimiento de los muros, estas cornisas cubiertas de placas de esmaltes azul turquesa que acaban en un rayo de luz colgado de la arista saliente de los goterones de oro y de plata; cuando considero las pañerías suspendidas en la parte delantera de las puertas, las finas recortaduras de las celosías, las espesas capas de alfombras echadas sobre los enlosados, me pregunto de vez en cuando si los monumentos religiosos de Egipto, si los templos de Grecia, ellos mismos, debían producir sobre la imaginación del visitante una impresión tan sorprendente como los palacios del gran rey»
HISTORIA: "DARÍO I EL GRANDE"
Darío I
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| Darío I | |
|---|---|
| Rey de Persia y Faraón de Egipto | |
Darío I, rey de los persas. | |
| Reinado | 522 a. C. - 486 a. C. |
| Nacimiento | Hacia 549 a. C. |
| Fallecimiento | 486 a. C. |
| Predecesor | Esmerdis (Bardiya) |
| Sucesor | Jerjes I |
| Dinastía | Aqueménida |
| Padre | Histaspes |
Darío I el Grande (en persa antiguo Dārayawuš, "aquel que apoya firmemente el Bien", en persa moderno داریوش Dâriûsh, en griego clásico Δαρεῖος Dareîos) (circa 549-485 a. C.), fue un rey aqueménida de Persia (521 a. C.-485 a. C.).
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Origen y ascenso [editar]
Darío era el hijo de Histaspes, sátrapa de Partia, nieto del rey Arsames; pertenecía por tanto a una rama secundaria de la familia real aqueménida. Como pariente de Cambises II, Darío pertenecía a una de las más poderosas familias que conformaban la nobleza del Imperio Aqueménida. Era miembro de la guardia real de Cambises II en el momento del suicidio del rey (522 a. C.), que cometió debido a su fracaso para detener la usurpación que el mago Gaumata había llevado a cabo, suplantando al fallecido Esmerdis, hermano de Cambises que el propio rey había mandado asesinar previamente.
Nadie se atrevió a alzarse contra Gaumata, excepto Darío, quien, con la ayuda de seis nobles (Ótanes, Gobrias, Intafrenes, Hidarnes, Megabizo y Ardumanish) y, según proclamó en la Inscripción de Behistún, de Ahura Mazda, trató de recuperar el trono para la dinastía aqueménida. Tal como indica una inscripción posterior de Darío encontrada en Susa, tanto su padre Histaspes como su abuelo Arsames vivían aún en el momento de la usurpación de Gaumata, si bien fue Darío quien por edad heredó los derechos aqueménidas al trono persa, proclamando que había sido señalado como futuro rey mediante la hipomancia, la adivinación por los caballos. Ayudado por seis nobles persas, cuyos nombres honró posteriormente Darío en las líneas finales de la inscripción de Behistún, sorprendió y asesinó al usurpador en una fortaleza de Nisaya, en Media (octubre del 521 a. C.). Tras la muerte del mago, Darío contrajo matrimonio con Atosa, viuda del falso Esmerdis e hija de Ciro II; Jerjes I, hijo de ambos, sería el heredero y el futuro rey de Persia.
El cambio repentino en el gobierno central del Imperio Aqueménida fue percibido por los gobernadores de las provincias orientales como el momento ideal para obtener su independencia. Además, en varias regiones del imperio, como en Susiana, Babilonia, Media, Margiana o Sagartia, surgieron usurpadores, que pretendían pertenecer, la mayoría de ellos, a las dinastías locales anteriores a la conquista persa, y dispusieron varios ejércitos propios para enfrentarse a Darío. En la misma Persia el usurpador Vahyazdata imitó a Gaumata, consiguiendo el reconocimiento del pueblo como el verdadero Esmerdis. No obstante Darío, con sólo un pequeño ejército de persas y medos y con algunos generales leales, pudo sobreponerse a todas estas dificultades, llegando a derrotar hasta nueve usurpadores, acabando con todas las rebeliones en poco tiempo, y controlando a la casta sacerdotal (520-519 a. C.). Babilonia (que se había sublevado dos veces), Susiana (con tres alzamientos) y Egipto fueron sometidos, y la autoridad de Darío fue restablecida en todo el imperio.
Administración del imperio [editar]
Darío fue un destacado gobernante y organizador del imperio, revisando el sistema administrativo persa, así como su código legal. Sus revisiones sobre este código concernían a leyes sobre testimonios, comercio de esclavos, depósitos, sobornos y violaciones. También introdujo mejoras en el aspecto militar durante sus sucesivas campañas, como el servicio militar obligatorio, el pago a los guerreros, el entrenamiento militar y otras modificaciones en el ejército y la armada persa.
Posiblemente el aspecto civil más destacado de su reinado fue la reorganización administrativa del imperio, algo que lo encumbró al nivel del propio Ciro para los persas de la posteridad. La nueva organización de las provincias y la fijación de los impuestos fue descrita por Heródoto (iii. 90 if.), quien contaba al parecer con buenas fuentes. Darío dividió el Imperio persa en veinte provincias, cada una bajo la supervisión de un gobernador o sátrapa. Este cargo era generalmente hereditario, y gozaba de una amplia autonomía, que permitía a cada provincia conservar sus propias leyes, tradiciones y clases dirigentes. No obstante, cada región era responsable del pago de un determinado tributo al emperador, en oro o plata, algo que algunas provincias acusaron con el paso del tiempo, como fue el caso de Babilonia.
Cada satrapía poseía un administrador financiero y un coordinador militar independientes, además del sátrapa, quien controlaba la administración y el cumplimiento de las leyes. Estos tres cargos respondían directamente ante el rey, quien con esta medida impedía la concentración del poder en cada satrapía, disminuyendo así las posibilidades de deslealtades y revueltas. Darío también incrementó la burocracia del imperio, aumentando el número de escribas que registraran las tareas administrativas de cada provincia.
Construcciones destacadas [editar]
Durante el reinado de Darío se iniciaron muchos proyectos de construcciones, siendo el más destacado la edificación de una nueva capital para el imperio, la ciudad de Persépolis, en detrimento de la antigua capital de Ciro, Pasargada, que estaba muy asociada a los reyes anteriores, algo que Darío quería evitar. La nueva capital poseía murallas de 60 pies de altura (unos 20 metros) y 33 pies de espesor (unos 11 metros), siendo por tanto una importante labor de ingeniería arquitectónica. Asimismo, la futura tumba de Darío fue tallada en una pared de roca, no muy lejos de la ciudad.
Otro de los proyectos de Darío fue la excavación de un canal que comunicara el río Nilo con Suez, una vía que, como demuestran los fragmentos de una inscripción jeroglífica recuperada, los barcos persas utilizaban para navegar desde el mismo Nilo hasta Persia, siguiendo el Mar Rojo hacia el sur y rodeando la península arábiga y el reino de Saba antes de dirigirse hacia el Golfo Pérsico y a Susa.
Darío encargó también la creación de una importante red de caminos que recorrieran todo el imperio, como es el destacado Camino Real que desde Sardes atravesaba Anatolia, Siria y Mesopotamia para llegar hasta Susa, y de allí, hasta Persépolis, como mencionan las tablillas de Persépolis. Este camino se apoyaba en postas de mensajería, puestos de descanso, posadas y guarniciones militares, evitando así el riesgo que suponían los bandidos. Darío es también recordado por la impresionante inscripción de Behistún, que fue tallada en la pared de un acantilado cerca de la ciudad de Behistún, la cual nos informa acerca de su exitosa ascensión al trono y donde Darío argumenta sobre su legitimidad como rey de Persia.
Economía, diplomacia y comercio [editar]
Darío es a menudo considerado como un gran financiero: estableció un patrón monetario con la introducción del dárico de oro, y fomentó el desarrollo del comercio a través de expediciones que abrieran nuevos mercados y rutas, siendo muy probable que Persia llegara a mantener contactos con Cartago (cf. el término Karka de la inscripción de Nakshi Rustam) en Sicilia e Italia. Su reinado se caracterizó así por el crecimiento de la población y el desarrollo de las actividades artesanales en las ciudades.
Los pesos y las medidas fueron normalizados (como el cúbito real o la medida del rey), pero solían coexistir con las tradicionales unidades egipcias y babilonias, lo cual incentivó el comercio debido a que nunca antes existió un mercado tan amplio como era el imperio persa. Las mejoras en la red de comunicaciones y la reordenación administrativa contribuyeron a dotar al imperio aqueménida de una aparente unidad comercial, basada en la generación de riqueza.
Darío procuraba obtener el bienestar de las naciones súbditas del imperio, y con este objetivo fomentó las ayudas a sus diferentes castas sacerdotales. Permitió a los judíos reconstruir el Templo de Jerusalén, a la vez que en Egipto es mencionado en varios templos que erigió en Menfis, Edfú y el Gran Oasis. Convocó a Tzahor, gran sacerdote de Sais, a Susa (como muestra la inscripción del Museo Vaticano), otorgándole poderes para reorganizar la Casa de la Vida, la gran institución médica del templo de Sais. En las tradiciones egipcias es mencionado como uno de los grandes benefactores y legisladores del país. Asimismo apoyó a los santuarios griegos (cf. la carta de Darío a Godatas, inspector del parque real cercano a Magnesia, donde exime impuestos y de trabajos obligados al territorio sagrado de Apolo), por lo que todos los oráculos griegos del Asia Menor y de la Europa controlada por los persas permanecieron de su lado durante las Guerras Médicas, disuadiendo a los griegos de cualquier tentativa de resistencia.
En el aspecto religioso, Darío aparece en todas sus inscripciones como un ferviente creyente de la religión monoteísta oficial, el zoroastrismo; Ahura Mazda es el único dios mencionado en las mismas. No obstante, demostró un profundo respeto y tolerancia por los otros cultos existentes en su imperio, una política tradicional de sus predecesores. También es mencionado adorando, sufragando o alabando varios panteones, una actitud a destacar en cuanto la mayoría de sus súbditos eran politeístas. Al igual que otros reyes persas, mantuvo la política contra la esclavitud, de manera que, por ejemplo, todos los trabajadores que trabajaron en Persépolis y en otros lugares eran remunerados, una idea revolucionaria para la época. Esta política de derechos humanos fue muy común en sus predecesores y en los posteriores reyes persas, siendo prácticamente el primer testimonio continuado de la misma.
Conquistas [editar]
Las conquistas de Darío hacia el oeste del Imperio constituyeron un esfuerzo dirigido a la consolidación y aseguramiento de las fronteras heredadas de Ciro II el Grande y de Cambises II, más que una voluntad de expansión.
El primer territorio conquistado, hacia 519 a. C., fue Samos; isla que aunque no fue integrada en el Imperio fue confiada al tirano Silosón, por orden de Darío. Esta fue la primera incursión de los persas en la cuenca del Mar Egeo.
En 513 a. C., después de uan guerra civil en Cirene, fue sometida la mayor parte de Libia.
Expedición a Escitia [editar]
En 512 a. C., Darío encabezó una expedición a Escitia, cuyo objetivo final permanece incierto. Según Heródoto, reunió 700.000 hombres, acompañados de 600 naves; los efectivos fueron principalmente proporcionados por las ciudades griegas del Helesponto.[1] La flota se dirigió hacia el Danubio, mientras tanto Darío sometía una parte de Tracia y del territorio de los getas. La flota se juntó en la desembocadura del Danubio y el ejército se adentró en territorio escita. Las poblaciones locales, muy diversas, resistieron el ataque rechazando a los persas en un enfrentamiento abierto. Darío se vio finalmente obligado a batirse en retirada, quedando el Danubio como la frontera definitiva del Imperio aqueménida. En el camino de vuelta se concluyó la conquista de Tracia. Ante la amenaza, el Macedonia se sometió sin luchar y se convirtió en un protectorado.
La revuelta de Jonia [editar]
En 500 a. C., a raíz del la petición de ayuda de los tiranos de Naxos, expulsados por su pueblo, Aristágoras, el tirano de Mileto, propuso al sátrapa Artafernes tomar Naxos, y desde allí, el archipiélago de las Cícladas y la isla de Eubea. La expedición fue aprobada por Darío, pero las disensiones en el mando le decidieron a suspenderla. Para evitar el castigo del Gran Rey, Aristágoras se rebeló, declaró independiente a Jonia e impuso la isonomía. Obtuvo el apoyo de Atenas, que envió 25 trirremes. El primer ataque tuvo lugar en 499 a. C. contra Sardes, que fue incendiada, aunque la acrópolis resultó inexpugnable. Los rebeldes sufrieron una gran derrota cerca de la ciudad de Éfeso, y Atenas retiró su prestación de ayuda. Sin embargo, el levantamiento se propagó en toda la región, de Bizancio a Caria y a Chipre. Después de algunos éxitos contra el ejército persa, la relación de fuerzas se invirtió, y las ciudades volvieron a caer en manos persas una tras otra. Aristágoras murió en un combate contra los tracios. La flota jónica fue finalmente vencida en la Batalla naval de Lade en 494 a. C., y Mileto cayó. Los persas se mostraron despiadados con los vencidos.
En 493 a. C., Darío envió a su yerno Mardonio a Asia Menor. Este general integró Macedonia en los dominios del Imperio, como también a los brigios y a la isla de Tasos.
El mar Egeo [editar]
La conquista de Grecia se preparó en 491 a. C.: a las ciudades griegas de Asia menor se les obligó a pagar una contribución económica al Imperio.
El primer objetivo militar era la captura delas islas del Egeo. Naxos cayó en 490 a. C., después Delos, Caristo, y Eubea. La dominación persa del mar Egeo fue de completada. La segunda parte, la invasión de la Grecia continental fue bruscamente interrrumpida: los persas desembarcaron en la llanura de Maratón, donde fueron aplastados por los griegos coaligados comandados porlos atenienses, y tuvieron que batirse en retirada. La escasa insistencia de los persas demuestra que el objetivo principal de esta expedición militar eran las poleis del mar Egeo y no la Grecia continental.
En aquella epoca el Imperio aqueménida alcanzó su máxima extensión.
Muerte [editar]
Heródoto refiere que Darío se aprestó enseguida a preparar una nueva expedición contra Grecia, que dirigiría personalmente, pero fue interumpida por una insurrección en Egipto en 486.[2] Mientras se preparaba para intervenir, le sobrevino una enfermedad y murió en noviembre del mismo año. Fue inhumado en una tumba rupestre, que hizo construir en vida, en Naqsh-e Rostam.
Le sucedió su hijo Jerjes I a la cabeza del Imperio.
Los hijos de Darío [editar]
De la hija de Gobrias
- Artabazanes
- Ariabignes
- Un tercer hijo del que no se conoce el nombre.
De Atosa
De Artistona
- Arsames
- Gobrias
- Artazostra, esposa de Mardonio
De Parmis
De Frataguna
No se conocen hijos.
De madres desconocidas
- Ariamenes (identificado a veces con alguno de los tres hijos de la hija de Gobrias o con Masistes)
- Arsamenes
- La esposa de Artoces
- La esposa de Daurises
- La esposa de Himeas
- Sandauce (identificada a veces con Mandane, hija de Atosa), esposa de Artaicto
- Ištin (mencionada en documentos de Persépolis)
- Pandušašša (mencionada en documentos de Persépolis)
Véase también [editar]
Referencias [editar]
Bibliografía [editar]
- Pierre Briant, Histoire de l’Empire perse, de Cyrus à Alexandre, 1996
- Pierre Briant, Darius : les Perses et l'Empire, Gallimard, col. «Découverte», 1992
- Maria Brosius, Women in Ancient Persia, 559-331 BC, Clarendon Press, Oxford, 1998 .
Enlaces externos [editar]
Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Darío I.Commons - Darío I, en Biografías y Vidas
- Enrique Quintana, Cuneiforme Elamita, Universidad de Murcia:
- Darius the Great [2] en http://www.livius.org/
| Predecesor: Esmerdis | Rey de Persia 521–486 a. C. | Sucesor: Jerjes I |
| Faraón de Egipto 521–486 a. C. |
Sobre Darío I en:
HISTORIA: " HISTORIA DE LOS IMPUESTOS; EGIPTO, GRECIA Y EL IMPERIO ROMANO"

EGIPTO
Durante los varios reinos de los faraones egipcios, los recaudadores de impuestos eran conocidos como escribas. En un período los escribas impusieron un impuesto en el aceite de cocina. Para asegurarse de que los ciudadanos no estaban burlando el impuesto, los escribas auditaban las cantidades apropiadas de aceite de cocina que eran consumidas, y que los ciudadanos no estaban usando residuos generados por otros procesos de cocina como sustitutos para el aceite gravado.
GRECIA
En tiempos de Guerra los atenienses creaban un impuesto conocido como eisfora. Nadie estaba exento del impuesto, que era usado para pagar gastos especiales de guerra. Los griegos fueron una de las pocas sociedades capaces de rescindir el impuesto una vez que la emergencia de guerra había pasado. Cuando por el esfuerzo de guerra se generaban ingresos adicionales, los recursos eran utilizados para devolver el impuesto.
Atenas imponía un impuesto mensual de censo a los extranjeros-gente que no tenían madre y padre atenienses- de un dracma para hombres y medio dracma para mujeres. El impuesto era llamado metoikion.
IMPERIO ROMANO
Los primeros impuestos en Roma fueron derechos de aduana de importación y exportación llamados portoria.
César Augusto fue considerado por muchos como el más brillante estratega fiscal del Imperio Romano. Durante su gobierno como “Primer Ciudadano”, los publicanos fueron virtualmente eliminados como recaudadores de impuestos por el gobierno central. Durante este período se dio a las ciudades la responsabilidad de recaudar impuestos. César Augusto instituyó un impuesto sobre la herencia a fin de proveer fondos de retiro para los militares. El impuesto era de 5% para todas las herencias, exceptuando donaciones para hijos y esposas.
Los ingleses y holandeses se referían al impuesto de Augusto sobre la herencia para desarrollar sus propios impuestos sobre herencias.
Durante el tiempo de Julio César se impuso un impuesto de un uno por ciento sobre las ventas. Durante el tiempo de César Augusto el impuesto sobre las ventas era de un 4% y de un 1% para todo lo demás.
San Mateo fue un publicano (recaudador de impuestos) en Cafarnaum durante el reino de César Augusto. Él no era de los viejos publicanos sino un contratado por el gobierno local para recaudar impuestos.
En el año 60 D.C., Boadicea, reina de la Inglaterra Oriental, dirigió una revuelta que puede ser atribuída a corruptos recaudadores de impuestos en las islas británicas. Se afirma que su revuelta ocasionó la muerte de todos los soldados romanos en cien kilómetros a la redonda, ocupó Londres y ocasionó más de 80,000 muertos. La Reina pudo reclutar un ejercito de 230,000 hombres. La revuelta fue aplastada por el Emperador Nerón, y ocasionó el nombramiento de nuevos administradores para las Islas Británicas.
Más en:
http://www.neoliberalismo.com/impuestos.htm
Historia Clásica:
http://www.historiaclasica.com/2007/11/los-censos-y-los-impuestos.html
03/09/2009
HISTORIA. TEMPLOS: "EL TEMPLO DE VESTA"

Templo de Vesta
De Wikipedia, la enciclopedia libre
El edificio fue objeto de varias reconstrucciones, que conservaron la entrada orientada hacia el este y la forma circular de la planta (inspirada en las cabañas de la Edad del Hierro), la más reciente a la cual pertenecen los restos conservados es de la época de Julia Domna, esposa de Septimio Severo en el 191.
El templo, circular se eleva sobre un podio de unos 15 metros de diámetro, la cella esta rodeada por veinte columnas corintias embebidas. El techo era cónico y tenía una abertura para permitir la salida del humo. Dentro de la cella no se encontraba la estatua de culto, sino solo el fuego sagrado. Una cavidad trapezoidal que se abre en el podio y a la que se accedía solo desde la cella parece ser la ubicación del penus Vestae, donde se conservaban los objetos que Eneas trajo de Troya: el Paladio (imagen de madera de Minerva) y las imágenes de los Penates.
El templo fue clausurado por Teodosio en el 394.
Véase también [editar]
HISTORIA: VESTALES: "RHEA SILVIA"
Rea Silvia
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Rea Silvia, también conocida como Ilia, fue la mítica madre de los gemelos Rómulo y Remo, que fundaron la ciudad de Roma. Su historia se relata en el Ab Urbe condita libri del historiador Tito Livio.
La Leyenda [editar]
Según la leyenda, Silvia era hija de Numitor, rey de Alba Longa, y descendía de Eneas. El hermano de Numitor, Amulio, ascendió al trono y asesinó al hijo de Numitor. Amulio obligó a Silvia a convertirse en una Virgen Vestal, una sacerdotisa consagrada a la diosa Vesta. Las vestales debían guardar un periodo de celibato de treinta años por lo que Silvia no podría tener herederos.
Sin embargo, el dios Marte secuestró a Silvia[1] y la violó en un bosque. De esta violación nacieron los gemelos Rómulo y Remo. Cuando Amulio se enteró de esto, ordenó que a Rea Silvia se la enterrara viva y que se matara a los gemelos. El bondadoso siervo al que se le había ordenado la tarea dejó a los gemelos en el Tíber, pero no los asesinó. El dios del río encontró a los gemelos y los dejó al cuidado de una loba, Luperca.,[2] que había perdido a sus propios cachorros, para que los amamantara. El dios Tíber rescató a Rea Silvia y se casó con ella. Cuando los gemelos fueron a Roma, derrocaron a su tío Amulio y restablecieron en el trono de Alba Longa a Numitor.
Tito Livio presenta en su libro Ab Urbe Condita Libri una versión más racional de la historia. En el Ab Urbe se relata que el río creció cuando los soldados recibieron órdenes de asesinar a los gemelos y que los militares pensaron que el fango derivado de la crecida sería suficiente para ahogar a los gemelos. Livio también arroja dudas sobre la famosa leyenda de que fueron amamantados por una loba. Además, según Livio, la mujer del pastor Fáustulo, Aca Larentia, que cuidó a los gemelos, era una famosa prostituta. La correlación entre estos dos hechos es que en latín la palabra lupa significa tanto "loba" como "prostituta", por lo que no es disparatado pensar que la lupa a la que se refieren los escritos antiguos fuera en realidad Aca Larentia.
Según Livio, la explicación realista de este mito es fundamental para la historis de Roma. Los artistas recurren en numeras ocasiones a la leyenda de la violación de Silvia por Marte: Los Latinistas, Invención de Rea Silvia...
En una versión presentada por Ovidio,[3] es el Río Anio el que tuvo piedad de Silvia y le ofreció el reinado de sus tierras.
Etimología [editar]
El nombre de Rea Silvia sugiere que podía tratarse de una deidad menor o una semidiosa de los bosques. Silva significa "bosque" o "selva" y Rea puede estar relacionado con "res" y "regnum"; también puede estar relacionada con la palabra griega rheô, que significa "flujo" y que se asociaría por tanto al espíritu del Tíber. Carsten Niebuhr asocia el nombre de Rea Silvia con el nombre genérico de Rea (culpable) y Silva (selva), lo que significaría "mujer culpable de la selva", es decir, mujer que ha sido violada.
Referencias [editar]
- ↑ El secuestro y violación de Marte a Rea Silvia se convirtió en una de las escenas más características de los hogares romanos en los que las matronas romanas contrataban a los mejores artistas posibles para que decoraran sus casas con esta magnífica representación.
- ↑ Esta Loba se convirtió en el característico símbolo de Roma
- ↑ Ovidio: Amores, libro III, elegía IV: 'El Río Profundo'.
HISTORIA: "LAS VESTALES O SACERDOTISAS DE VESTA" GUARDIANAS DEL FUEGO SAGRADO DE ROMA
Vestal
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En la antigua Roma, una sacerdotisa consagrada a la diosa del hogar Vesta, recibía el nombre de Vestal. Eran sacerdotisas públicas y, en tanto que tales, constituían una excepción en el mundo sacerdotal romano, que estaba casi por entero compuesto de hombres.
Las seis vestales debían ser vírgenes, de padre y madre reconocidos, y de gran hermosura. Eran seleccionadas a la edad de seis a diez años. Una de sus mayores responsablidades era mantener encendido el fuego sagrado del templo de Vesta, situado en el Foro romano. Estaban tocadas con un velo en la cabeza y portaban una lámpara, naturalmente encendida, entre las manos.
Cuando una candidata a vestal era seleccionada, era separada de su familia, conducida al templo donde le eran cortados los cabellos, y donde era suspendida de un árbol como un mono, a fin de dejar claro que ya no dependía de su familia.
El servicio como vestal duraba treinta años, diez de los cuales estaban dedicados al aprendizaje, diez al servicio propiamente dicho y diez a la instrucción. Transcurridos estos años podían casarse si querían, aunque casi siempre lo que ocurría es que las vestales retiradas decidían permanecer célibes en el templo.
Su ocupación fundamental era guardar el fuego sagrado. Si éste llegaba a extinguirse, entonces se reunía el Senado, se buscaban las causas, se remediaban, se expiaba el templo y se volvía a encender el fuego. El fuego era encendido usando la luz solar como fuente de ignición. La vestal que hubiera estado de guardia cuando el fuego se apagaba, era azotada.
Además de privilegios y honores por todas partes, las vestales podían testar aún viviendo sus padres. Incluso disponer de lo suyo sin necesidad de tutor o curador.
Las vestales tenían el privilegio de absolver a un condenado a muerte que encontraran cuando éste era conducido al cadalso, siempre y cuando se demostrase que el encuentro había sido casual.
El perder la virginidad era considerado una falta peor incluso que el permitir que se apagase el fuego sagrado. Inicialmente, el castigo era la lapidación; luego esta pena fue sustituida por el decapitamiento y el enterramiento en vida. Sin embargo, sólo se conocen veinte casos en los que esta falta fue detectada y castigada.
Bibliografía consultada [editar]
- VVAA. 'Historia de las mujeres'. Editorial Taurus, 1993. ISBN 84-306-0388-3
SOBRE "LAS VESTALES" O "SACERDOTISAS DE VESTA" EN:
HISTORIA: ROMA; "LAS VILLAE ROMANAS"

Villa romana
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La Villa romana, originalmente era una morada rural cuyas edificaciones formaban el centro de una propiedad agrícola en Roma Antigua, constituyen no obstante uno de los ejemplos más notables de edificación romana.
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Historia y orígenes [editar]
Sus origenes se remontan a las villas griegas del siglo V a. C. y aparecen en la zona del Lacio un siglo más tarde. Estas propiedades podían consistir en pequeñas haciendas dependientes de trabajo familiar o por el contrario en grandes propiedades, con trabajadores esclavos, o siervos. En los siglos II y I a. C. se produce un crecimiento económico y la paulatina desaparición de los pequeños agricultores paralela a un significativo aumento de los latifundios. Esto repercute positivamente en las villae, cuya parte residencial pasa a ser cada vez más sofisticada y elegante constituyéndose en magníficas domus. Construidas frecuentemente en torno a un patio, comezaban a ser edificadas como casas de campo para los ricos, siendo cultivadas por arrendatarios y supervisadas por un administrador (vilicus). La mayoría de estas construcciones son abandonadas a finales del siglo II d. C. y las que perduran son transformadas de forma radical. Las causas son, fundamentalmente, un reestructuramiento de la producción motivado por la concentración de tierras y la competencia con la producción africana. A partir del siglo IV muchas se transforman en lugares de culto y algunas compaginan ambas funciones, constituyéndose en un factor importante de la cristianización del mundo rural. En en valle del Guadalquivir perduran algunas villas hasta el siglo VII transformadas en iglesias cristianas. Las invasiones bárbaras unidas a un cambio en la cultura y en la propiedad acaban con las últimas villas.
La villa suburbanae (urbanas): Residencia de la aristocracia romana, tiene su origen el el palacio helenístico. A partir del siglo I a. C. el peristilo es el espacio dominante, desplazando al atrio. Se han hallado en la Campania y el Lacio. La mejor conservada es La villa de los misterios en Pompeya del siglo II a. C. La villas suburbanae pueden ser de varias clases: con atrio; con atrio y peristilo, con peristilo, con pabellones y en forma de hemiciclo o de "U".
Las villas imperiales: Son edificaciones donde residía el emperador, por ello están bien protegidas y su grandiosidad y exquisita decoración dan muestras del poder imperial. Comienzan a construirse a partir del siglo I d. C. con la llegada del nuevo régimen.La más antigua de las conocidas es la del emperador Tiberio en Capri, construida en una isla. La villa de Adriano en Tívoli es una de las más impresionantes y en ella se dan cabida los monumentos más representativos del imperio.
Villas romanas conservadas [editar]
En el territorio español se encuentran numerosos restos arqueológicos de villas romanas, vestigios de la Hispania Romana. Se conocen más de 500 villae. Entre ellos existen ejemplos de la Villa Romana de "El Ruedo" en Almedinilla (Córdoba), Villa romana de la Olmeda en Palencia , Villa romana de Almenara-Puras en Valladolid y Villa romana de Camarzana de Tera ( Zamora),las Villas romanas de Toralla en Vigo, la villa romana de Camesa-Rebolledo en el sur de Cantabria, las de Bruñel en Jaén, las de Ròtova en Valencia, las Villas romanas de Río Verde en Marbella. Algunas de ellas han sido musealizadas, tales como la Villa de las Musas en Arellano (Navarra). Algunos ejemplos como el de Torreáguila se encuentran en muy buen estado para ser estudiados.
Fuera del territorio de la Hispania Romana se encuentra la Villa de Adriano en Italia que es una de las más espectaculares construida en el siglo II porel emperador romano Adriano. Otros ejemplos en Italia es la villa romana del Casale. En Inglaterra existen villas en villa romana de Lullingstone.
Literatura [editar]
- Branigan, Keith 1977. The Roman villa in South-West England
- Hodges, Richard, and Riccardo Francovich 2003. Villa to Village: The Transformation of the Roman Countryside (Duckworth Debates in Archaeology)
- Frazer, Alfred, editor. The Roman Villa: Villa Urbana (Williams Symposium on Classical Architecture, University of Pennsylvania, 1990)
- Johnston, David E. 2004. Roman Villas
- McKay, Alexander G. 1998. Houses, Villas, and Palaces in the Roman World
- Percival, John 1981. The Roman Villa: A Historical Introduction
- du Prey, Pierre de la Ruffiniere 1995. The Villas of Pliny from Antiquity to Posterity
- Rivert, A. L. F. 1969. The Roman villa in Britain (Studies in ancient history and archaeology)
- Shuter, Janet 2004. Life in a Roman Villa (series Picture the Past)
- Smith, J.T. 1998. Roman Villas
Referencias externas [editar]
HISTORIA: "LA DIVINIZACIÓN DEL PODER EN ROMA" : OCTAVIO AUGUSTO
La ciudad romana de Tarraco, la actual Tarragona, fue una de las primeras posesiones occidentales del Imperio que instauraron por decisión propia el culto a Octavio Augusto, primer emperador de Roma. Se le erigió un templo en el que oficiaba un sacerdote y se introdujeron juegos (ludi) en su honor.
El origen y desarrollo del culto imperial fue ajeno a las imposiciones de la administración imperial. Eran cultos practicados de forma espontánea por las ciudades, las provincias o los particulares y se enmarcaban en las antiguas tradiciones religiosas de los diferentes pueblos del Imperio.
Además, el culto imperial solía ir acompañado de un culto paralelo a Vesta, diosa protectora de la ciudad. En la ciudad de Roma, el culto al emperador se fue instaurando lentamente, ya que las antiguas tradiciones religiosas se oponían a la idea de divinizar a una persona viva. El culto al emperador sólo se introdujo con la implantación de la apoteosis, término que designaba la deificación de una persona después de su muerte proclamándola divus o diva, según se tratase de un hombre o una mujer.
El culto al monarca |
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La costumbre de rendir culto al monarca provenía del Próximo Oriente y estaba muy extendida en Egipto, donde el faraón era venerado como un dios. Los posteriores soberanos de Egipto, tanto los reyes persas aqueménidas como Alejandro Magno, perpetuaron esta tradición.
De los dioses se esperaba protección, sobre todo en los momentos de inestabilidad política, que durante la República, y en menor medida durante el Imperio, eran muy frecuentes. Esto llevó consigo la celebración, es decir divinización, del general o emperador victorioso que había reconquistado la paz, por lo cual se le atribuía un poder divino. Sin embargo, esto no significaba que fuera considerado como un dios, sino que se ensalzaba su excepcionalidad y se le situaba por encima de los demás hombres. En cierto modo esta costumbre era parecida al culto a los héroes en Grecia, figuras sobrehumanas pero no por ello divinas.
En la religión romana ya existían implícitamente los requisitos necesarios para la divinización de personas vivas. Éstos se hallaban en una antigua tradición romana de divinizar conceptos abstractos como, por ejemplo, la Victoria Augusta o de un modo más personalizado, en época de César, la Clementia Caesaris (Clemencia de César). En esta tradición se inscribía el culto al Genius, que era la divinización de la personalidad. Esta conjunción fue aprovechada por Augusto, quien mandó asociar el culto de su propio Genius al culto de los Lares de la ciudad, cuyos altares estaban instalados en todas las encrucijadas de Roma.
El proceso de divinización del emperador, iniciado por Octavio Augusto, que inauguró el Imperio como "hijo del divinizado" (divi filius) César, fue lento. Pero él no aceptó ser divinizado en vida y lo fue después de su muerte. Aun así, preparó el camino: el senado le otorgó epítetos como Optimus y, sobre todo, el de Augusto. Estos epítetos, en su mayoría superlativos, solían acompañar al nombre de una divinidad, como era el caso del Júpiter Optimus de la tríada capitolina. Simultáneamente se multiplicaron, por decisión del senado, los cultos a abstracciones como la Pax Augusta o la Concordia Augusta. Por ellas se creaba una ambigüedad que, inevitablemente, llevó a confundirlas con el detentador de este epíteto, Octavio Augusto. El camino que conducía a la divinización quedaba allanado.
Emperadores y sacerdotes |
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Augusto, y después de él todos los emperadores, acumularon cargos sacerdotales (como el de Gran Pontífice) y ejercieron el monopolio sobre los auspicios (interpretación de los presagios). Como consecuencia, asumieron un poder arbitrario sobre las cuestiones religiosas. Así fue como el emperador Tiberio pudo expulsar de Roma a los caldeos o Claudio a los judíos. Poco a poco, el emperador se fue convirtiendo en el intermediario "natural" entre el pueblo romano y los dioses. De hecho, el culto imperial y su acatación eran considerados una muestra de civismo. En el calendario litúrgico de Roma, el culto a los divi ocupó un espacio cada vez mayor y desde la oficialidad se proclamaban las "virtudes" sobrenaturales del emperador. No sólo se exaltaba su figura, sino la de toda su familia. Por ello Calígula decretó la divinización de su hermana Drusila como diva Drusilla.
En el panorama religioso politeísta, esto significó la introducción de la idea de una única divinidad por encima de las demás. El emperador Aureliano, en el siglo III d.C., instauró el culto al Dios Sol Invencible (Sol Invictus). De esta manera el Sol, al que Aureliano consideraba su protector personal, fue proclamado dios soberano del Imperio romano. Con este nuevo aspecto de la vida religiosa romana entraron en conflicto los cristianos. A pesar de la tradicional tolerancia a la práctica de cualquier culto (aunque, los cristianos fueron perseguidos desde el principio), a partir de este momento el culto imperial tenía un tinte de idolatría que era inaceptable para el monoteísmo cristiano.
23/08/2009
HISTORIA. LAS CIUDADES ROMANAS
Ciudad romana
De Wikipedia, la enciclopedia libre
La ciudad romana es heredera directa de la griega, pero tuvo un desarrollo gradual e ininterrumpido durante todo el Imperio. Inicialmente tenían un desarrollo orgánico, resultado de ir añadiendo casas al núcleo original. La ciudad romana por antonomasia es Roma, la Urbs (o Urbe). La ciudad, que superó el millón de habitantes durante el Imperio, tiene un plano de este tipo culto y especificado.
Sin embargo, los romanos fundaron multitud de colonias en las tierras que dominaron y ahí apareció otro tipo de urbanismo. Tiene un plano ortogonal, lugares públicos donde se reúne el pueblo para tomar las decisiones políticas y en donde divertirse, templos y palacios. Si el plano es cuadrangular no todas las calles son iguales: hay dos calles principales mucho más anchas y que cruzan la ciudad de parte a parte: el cardo con dirección norte-sur, y el decumano, con dirección este-oeste. El resto de las calles son más estrechas y se inscriben dentro de una de las manzanas en que se divide el rectángulo. Claro que ésta es la disposición de las ciudades nuevas, frecuentemente de origen militar.
La expansión de Roma se tradujo en la fundación de colonias en los territorios conquistados, en los que se fundaba una nueva ciudad o civitas. Más adelante, cuando ya dominaba extensos territorios, los romanos fundaron más ciudades por razones comerciales, defensivas o, simplemente, para asentar poblaciones. Son de planta romana Florencia y Turín en la Italia actual, Córdoba, Mérida, León, Zaragoza, en la Península Ibérica, Constantinopla, Verona, Lutecia (la actual París), Narbona, Timgad, Tingis (la actual Tánger), en otras partes. El caso de Florencia es muy interesante porque el casco antiguo, de planta netamente rectangular, con su cardo y decumano bien definidos, se encuentra muy bien conservado y contrasta nítidamente con los desarrollos urbanos de la Edad Media, con sus calles radiales y plano más desordenado alrededor de dicho casco central.
Además de la herencia griega, la ciudad romana desarrolla su propia morfología. Los romanos tratarán de hacer del entorno urbano un lugar digno para vivir, por lo que son necesarios el alcantarillado, la traída de aguas (acueductos), las fuentes, los puentes, las termas, los baños, el pavimento, el servicio de incendios y de policía, los mercados y todo aquello que es necesario para que viva la gente lejos del campo y con todos los refinamientos posibles para mejorar la salud pública. Había edificios públicos para el gobierno, el culto y la diversión: los palacios, templos, foros, basílicas, teatros, anfiteatros, circos, mercados, baños, etc.; todos ellos construidos de nueva planta. Además, había motivos de adorno y conmemoración como las columnas y los arcos de triunfo. De lo que en principio carecieron estas ciudades fue de muralla, ya que el poderío del Imperio servía para disuadir los intentos de atacar los núcleos urbanos. No fue hasta que comenzaron las invasiones germánicas, en el siglo III, que las ciudades se amurallaron, se colmataron y la calidad de la vida urbana descendió. Esto fue un golpe mortal para una civilización urbana como la romana. Las ciudades se convirtieron en lugares congestionados y poco saludables, y que en épocas de peligro no podían proporcionar a sus habitantes los productos básicos; así que los señores hacendados comenzaron a construir casas en el campo, las villas romanas, que se procuraban todo lo que necesitaban y se defendían a sí mismas. Es el comienzo de la Edad Media: la sociedad se ruraliza y la economía se feudaliza.
Véase también [editar]
HISTORIA. HISTORIA DE ESPAÑA: LA CONQUISTA ROMANA
Se conoce como Hispania Romana a los territorios de la Península Ibérica durante el período histórico de dominación romana.
Este periodo se encuentra comprendido entre 218 a. C. (Fecha del desembarco romano en Ampurias) y los principios del siglo V (cuando entran los visigodos en la Península, sustituyendo a la autoridad de Roma). A lo largo de este extenso periodo de siete siglos, tanto la población como la organización política del territorio hispánico sufrieron profundos e irreversibles cambios, y quedaría marcado para siempre con la inconfundible impronta de la cultura y las costumbres romanas.
De hecho, tras el periodo de conquistas, Hispania se convirtió en una parte fundamental del Imperio Romano, proporcionando a éste un enorme caudal de recursos materiales y humanos, y siendo durante siglos una de las partes más estables del mundo romano y cuna de algunos gobernantes del imperio
La conquista [editar]
Lo que se inició a finales del siglo III a. C. como una invasión estratégica para cortar las líneas de abastecimiento cartaginesas que sostenían la invasión de la Península Itálica por Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica, pronto pasó a ser una invasión de conquista que en unos doce años había expulsado por completo a las fuerzas cartaginesas de la Península. Sin embargo, Roma aún tardaría casi dos siglos en dominar la totalidad de la Península Ibérica, debido principalmente a la fuerte resistencia que los pueblos del interior (celtíberos, lusitanos, astures, cántabros, etc.) ofrecieron a los invasores. Dos siglos de guerras intermitentes aunque extremadamente violentas y crueles, tras los cuales las culturas prerromanas de Hispania fueron casi por completo exterminadas. La dominación romana perduraría hasta la entrada en Hispania de las primeras tribus bárbaras, ya en el siglo V, formando durante los siete siglos de influencia romana una población homogénea en Hispania conocida como «hispano-romana».
La influencia romana en la Península Ibérica [editar]
Al tiempo que Roma establecía su dominio sobre la Península Ibérica, también importaba a la misma su particular forma de entender la vida: su economía, su legislación, las infraestructuras que les permitieron crear y conservar un imperio y las manifestaciones artísticas de todo tipo. De todo ello se conserva hoy un importante legado no sólo arqueológico, sino también cultural, que aún hoy permanece en las lenguas romances habladas en España y Portugal, descendientes directas del latín.
Organización política [editar]
Casi desde el primer momento, los romanos organizaron Hispania mediante la subdivisión de ésta en diferentes provincias administrativas bajo el gobierno de pretores que actuaban como virreyes en nombre de Roma. A lo largo del dominio romano sobre Hispania, ésta estuvo dividida en las siguientes provincias:
- Hispania Ulterior, primera división provincial en la zona sur y oeste de Hispania.
- Hispania Citerior, primera división provincial en la zona este.
- Bética, división provincial posterior, en el sur
- Lusitania, en el oeste peninsular.
- Tarraconense, en el este.
- Cartaginense, en el levante.
Las ciudades [editar]
El proceso de romanización en la Península se basó fundamentalmente en las ciudades como núcleos exportadores de la nueva cultura. La política urbanizadora comenzó pronto, aunque con fines casi exclusivamente defensivos. Durante la época republicana las riquezas mineras y agropecuarias de Hispania atrajeron gran número de emigrantes romano-itálicos, sobre todo después de la crisis del siglo II a. C. Éstos, unidos a los soldados establecidos en la Península comenzaron a asentarse en ciudades de status jurídico dudoso. Un ejemplo de esta etapa es la ciudad de Carteia.
Con Julio César comenzó un periodo de colonización y municipalización, resolviendo el problema que padecía Italia por la falta de ager publicus, asentó en Hispania a sus soldados fundando nuevas colonias. También concedió la ciudadanía romana a municipios ya existentes, premiando así su fidelidad en la guerra civil que mantuvo con Pompeyo en la Península, por eso la mayoría de ellos se encuentran en la Bética. Augusto continuó la política de César, municipios augusteos son: Osca, Calagurris, Baetulo, Segóbriga, Ilerda, Iuliobriga, etc. Vespasiano concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania.
Las ciudades poseían diferente categoría jurídica; así las colonias y municipios romanos estaban libres de cargas tributarias, las ciudades de derecho latino se encontraban en un escalafón inferior, por debajo de éstas estaban las ciudades peregrinae que carecen de privilegios jurídicos para sus habitantes. En el último lugar se encontraban las stipendiariae, que estaban obligadas a pagar un tributo a Roma, así como a aportar soldados al ejército.
El arte romano en Hispania [editar]
Además de las obras civiles, algunas de las cuales podrían ser consideradas como obras de arte por la maestría de su ejecución (que les ha permitido sobrevivir en algunos casos más de dos mil años), la influencia cultural romana produjo un importante legado artístico, legado que tuvo también su influencia sobre las corrientes artísticas de los periodos siguientes como el románico, el renacentista e incluso en el arte musulmán de Al-Ándalus. En el sur peninsular se dan además manifestaciones artísticas del arte bizantino procedentes del periodo de dominio del Imperio Romano de Oriente sobre esta parte de la Hispania post-romana.
Véase también [editar]
HISTORIA. HISTORIA DE ESPAÑA. LA CONQUISTA ROMANA
Se conoce como Conquista de Hispania al periodo histórico comprendido entre el desembarco romano en Ampurias (218 a. C.) y la conclusión de la conquista romana de la Península Ibérica por César Augusto (17 a. C.), así como a los hechos históricos que conforman dicho periodo.
Ya antes de la Primera Guerra Púnica, entre los siglos VIII y VII a. C., los fenicios (y posteriormente los cartagineses) habían hecho acto de presencia en la parte sur de la Península Ibérica y en la zona de levante, al sur del Ebro. Se asentaron a lo largo de estas franjas costeras en un gran número de instalaciones comerciales que distribuían por el mediterráneo los minerales y otros recursos de la Iberia prerromana. Estas instalaciones, consistentes en poco más que almacenes y embarcaderos permitían no sólo la exportación, sino también la introducción en la Península de productos elaborados en el Mediterráneo oriental, lo que tuvo el efecto secundario de la adopción por parte de las culturas autóctonas peninsulares de ciertos rasgos orientales.
También sobre el siglo VII a. C., los griegos establecerían sus primeras colonias en la costa norte del Mediterráneo peninsular procedentes de Massalia (Marsella), fundando ciudades como Emporion (Ampurias) o Rhode (Rosas), aunque al mismo tiempo fueron diseminando por todo el litoral centros de comercio, pero éstos sin carácter poblacional. Parte del peso comercial griego, sin embargo, era llevado a cabo por los fenicios, que comerciaban en la Península con artículos de y con destino a Grecia.
Como potencia comercial en el Mediterráneo occidental, Cartago ampliaba sus intereses hasta la isla de Sicilia y el sur de Italia, lo que pronto resultó muy molesto para el incipiente poder que surgía desde Roma. Finalmente, este conflicto de intereses económicos (ya que no territoriales, puesto que Cartago no se había demostrado como una potencia invasora) desembocaron en las llamadas Guerras Púnicas, de las cuales la primera de ellas no terminó sino en un inestable armisticio, habiendo generado una animadversión entre ambas culturas que conduciría a la Segunda Guerra Púnica, la cual terminaría 12 años más tarde con el dominio efectivo de Roma sobre el levante y el sur peninsular. Posteriormente, Cartago sufriría la decisiva derrota en Zama que la borraría de la escena histórica.
A pesar de haberse impuesto sobre la potencia rival del Mediterráneo, Roma aún tardaría dos siglos en dominar por completo la Península Ibérica, ganándose con su política expansionista la enemistad de la práctica totalidad de los pueblos del interior. Se considera que los abusos a los que estos pueblos fueron sometidos desde el principio fueron en gran parte culpables del fuerte sentimiento antirromano de estas naciones. Tras años de cruentas guerras, los pueblos autóctonos de Hispania fueron finalmente aplastados por el rodillo militar y cultural romano, desapareciendo en este proceso de choque cultural, aunque no sin antes dejar el indeleble ejemplo de la resistencia feroz ante un enemigo muy superior.
La Iberia cartaginesa [editar]
La familia cartaginesa descendiente de Amílcar Barca inició después de la Primera Guerra Púnica la sumisión efectiva de la península, que se extendió a buena parte de ella, sobre todo al Sur y al Levante. Una sumisión lograda mediante tributos, alianzas, matrimonios, o simplemente por la fuerza.
Según algunos historiadores, como el conocido arqueólogo Schulten, el establecimiento de los carthagineses en el sureste de España y la fundación de la ciudad de Qart Hadasht, la actual Cartagena, en 227 a.C. por Asdrúbal tuvo como objetivo principal el control de la riqueza generada por las minas de plata de Cartagena.[1]
El general Asdrúbal el Bello fundó la ciudad de Qart Hadasht -según algunos historiadores sobre una primitiva ciudad tartésica denominada Mastia. La ciudad fue amurallada y urbanizada, según Polibio, sobre el cerro del Molinete de la ciudad se construyó Asdrúbal su palacio. Cartagena se convirtió en base de las operaciones militares de los cartagineses en Iberia.
Por otra parte, además de los ingentes recursos minerales de Iberia, la península proporcionaría a Cartago un importante suministro de tropas tanto mercenarias como de leva con las que enfrentarse a Roma, y con las que reafirmar su dominio en el norte de África, lo que era considerado por los romanos motivo suficiente para invadir Hispania. Entre estas tropas, procedentes de las diversas tribus que habitaban la península, se destacaban sobre todo los ilergetes y los legendarios honderos baleares.
La cuestión de Sagunto [editar]
La segunda guerra entre Cartago y Roma se inició por la disputa sobre la hegemonía en Sagunto, ciudad costera helenizada y aliada de Roma. Tras fuertes tensiones dentro del gobierno de la ciudad, que concluyeron con el asesinato de los partidarios de Cartago, Aníbal puso sitio a Sagunto el año 218 a. C., y a pesar de que ésta pidió ayuda a Roma, no la recibió. Tras un prolongado asedio y una lucha muy cruenta en la que incluso Aníbal resultó herido, el ejército cartaginés se apoderó de la ciudad, aunque no sin antes haber sido ésta prácticamente destruida por la batalla y posteriormente por sus habitantes. Muchos de los saguntinos prefirieron suicidarse antes de ser sometidos a la sumisión y la esclavitud que les esperaba a manos de Cartago.[cita requerida]
Después la guerra continuó con la expedición de Aníbal a Italia. Fue entonces cuando se produjo la entrada de Roma en la Península Ibérica. El motivo que impulsó la invasión fue sobre todo la imperiosa necesidad de cortar los suministros, que procedentes de Cartago e Hispania, contribuían a la expedición de Aníbal que tanto daño estaba provocando en la Península Itálica.
La invasión romana [editar]
Roma envió a Hispania tropas al mando de Cneo y Publio Cornelio Escipión. Cneo Escipión fue el primero que llegó a Hispania, mientras su hermano Publio se desviaba hacia Massalia con el fin de recabar apoyos y tratar de cortar el avance cartaginés. Emporion o Ampurias fue el punto de partida de Roma en la península. Su primera misión fue buscar aliados entre los iberos. Consiguió firmar algunos tratados de alianza con jefes tribales íberos de la zona costera, pero probablemente no logró atraer a su causa a la mayoría. Así por ejemplo sabemos que la tribu de los Ilergetes, una de las más importantes al Norte del Ebro, era aliada de los cartagineses. Cneo Escipión sometió mediante tratado o por la fuerza la zona costera al Norte del Ebro, incluyendo la ciudad de Tarraco, donde estableció su residencia.
La guerra entre Cartago y Roma [editar]
El primer combate importante entre cartagineses y romanos tuvo lugar en Cissa (218 a. C.) probablemente cerca de Tarraco, aunque se ha pretendido identificarla con Guissona en la actual provincia de Lérida. Los cartagineses, al mando de Hannon Barca, fueron derrotados por las fuerzas romanas al mando del propio Cneo Escipión. El caudillo de los Ilergetes, Indíbil, que combatía en el bando cartaginés, fue capturado. Pero cuando la victoria de Cneo era un hecho, acudió Asdrúbal Barca con refuerzos y dispersó a los romanos, sin derrotarlos. Las fuerzas cartaginesas regresaron a su capital Qart Hadasht (Cartagena), y los Romanos a su base principal, la ciudad de Tarraco.
En 217 a. C. la flota de Cneo Escipión venció a la de Asdrúbal Barca en las bocas del Ebro. Poco después llegaron refuerzos procedentes de Italia, al mando de Publio Escipión, y los romanos pudieron avanzar hasta Sagunto.
A Cneo y Publio Escipión hay que atribuir la fortificación de Tarraco y el establecimiento de un puerto militar. La muralla de la ciudad se construyó probablemente sobre la anterior muralla ciclópea; se aprecian en ella marcas de picapedrero ibéricas, ya que para su construcción debió emplearse la mano de obra local.
En 216 a. C. Cneo y Publio Escipión combatieron contra los íberos, probablemente de tribus del Sur del Ebro. Los ataques de estos íberos fueron rechazados.
En 215 a. C. los cartagineses recibieron refuerzos al mando de Himilcón, y se dio un nuevo combate en las bocas del Ebro, cerca de la actual Amposta o de San Carlos de la Rápita, en la llamada batalla de Dertosa o batalla de Hibera (o Ibera). La flota romana obtuvo la victoria.
La rebelión de Sifax, aliado de Roma, en Numidia (Argel y Orán), obligó a Asdrúbal a volver a África con sus mejores tropas (214 a. C.) dejando el campo libre en Hispania a los romanos. Asdrúbal Barca, ya en África, obtuvo el apoyo del otro rey númida, Gala, señor de la región de Constantina, y con ayuda de este (y del hijo de Gala, Masinisa), derroto a Sifax.
En 211 a. C. Asdrúbal Barca regreso a la península. Le acompañaba Masinisa con sus guerreros númidas.
Quizás entre el 214 y el 211 a. C., Cneo y Publio Escipión remontaron el Ebro. Sabemos seguro que el 211 a. C., los Escipiones contaban en su ejército con un fuerte contingente de mercenarios celtíberos, compuesto de varios millares de combatientes. Los celtíberos actuaban frecuentemente como soldados de fortuna.
Las fuerzas cartaginesas se estructuraron en tres ejércitos, comandados respectivamente por los hermanos Barca Asdrúbal y Magón, y por otro Asdrúbal (hijo éste último del comandante cartaginés Aníbal Giscón, muerto en la Primera Guerra Púnica). Por su parte, los romanos se organizaron en otros tres grupos, comandados por Cneo y Publio Escipión y por Tito Fonteyo.
Asdrúbal Giscón y Magón Barca, apoyados por el númida Masinisa, vencieron a Publio Escipión, que resulto muerto. Cneo Escipión hubo de retirarse al desertar los mercenarios celtíberos, a los que Asdrúbal Barca ofreció una suma mayor que la pagada por Roma. Cneo murió durante la retirada, y los cartagineses estaban a punto de pasar el río Ebro cuando un oficial llamado Cayo Lucio Marcio Séptimo, elegido como general por las tropas, les rechazó. El escenario de estos combates es incierto, pero sabemos que Indíbil combatía de nuevo con los cartagineses. El combate tuvo lugar en 211 a. C.
En 210 a. C. una expedición al mando de Cayo Claudio Nerón logró capturar a Asdrúbal Barca, pero este traicionó su palabra y huyó deshonrosamente.
El Senado romano decidió enviar un nuevo ejército al Ebro, para evitar el paso del ejército cartaginés hacia Italia. El mando de este ejército fue confiado a Publio Escipión, hijo del general de igual nombre, muerto en combate en 211 a. C.
Publio Escipión (hijo) llegó a Hispania acompañado del procónsul Marco Silano (que debía suceder a Claudio Nerón) y del consejero Cayo Lelio, jefe de la escuadra.
A su llegada los tres ejércitos cartagineses se hallaban situados así: el ejército de Asdrúbal Barca tenía sus posiciones en la zona del nacimiento del Tajo; el ejército de Asdrúbal hijo de Giscón se situaba en Lusitania, cerca de la actual Lisboa; y el ejército de Magón quedaba ubicado en la zona del estrecho de Gibraltar.
Publio Escipión, en un golpe audaz, dejó desguarnecido el Ebro, y atacó Cartago Nova por tierra y mar. La capital púnica peninsular, dotada de una guarnición insuficiente al mando de un comandante llamado también Magón (comandante de Cartago Nova), hubo de ceder, y la ciudad quedó ocupada por los romanos. Publio Escipión regresó a Tarraco antes de que Asdrúbal pudiera traspasar las desguarnecidas líneas del Ebro.
Tras esta audaz operación una buena parte de la Hispania Ulterior se sometió a Roma. Publio Escipión supo atraerse a varios caudillos íberos, hasta entonces aliados de los cartagineses, como Edecón (enemistado con Cartago desde que su mujer y sus hijos fueron tomados como rehenes), Indíbil (por la misma causa), y Mandonio (afrentado por Asdrúbal Barca).
En el invierno de 209 a 208 a. C., Publio Escipión avanzó hacia el Sur, y chocó con el ejército de Asdrúbal Barca (que a su vez avanzaba hacia el Norte) cerca de Santo Tomé, en la aldea de Baecula, donde tuvo lugar la batalla de Baecula. Publio Escipión se atribuyó la victoria (lo cual es dudoso), pero, si tal fue el caso, no logró impedir que Asdrúbal Barca siguiera el avance hacia el Norte con la mayor parte de sus tropas. En su avance hacia el Norte Asdrúbal llegó a los pasos occidentales pirenaicos.
Así pues, se sabe que Asdrúbal cruzó los pirineos a través del país de los vascones. Probablemente trataría de concertar una alianza con éstos, aunque en cualquier caso, los vascones carecían de medios para oponerse al avance cartaginés. Asdrúbal acampó en el Sur de las Galias, y después paso a Italia (209 a. C.).
En 208 a. C. Magón Barca se retiró con sus fuerzas a las islas Baleares, y Asdrúbal Giscón se mantuvo en Lusitania.
En 207 a. C., reorganizados los cartagineses y con refuerzos procedentes de África al mando de Hannón, pudieron recobrar la mayor parte del Sur de la península. Tras someter Hannon esta zona, regresó Magón con sus fuerzas, y se trasladó a la zona Asdrúbal Giscón. Pero poco después las fuerzas de Hannon y de Magón fueron derrotadas por el ejército romano mandado por Marco Silano. Hannon fue capturado, y Asdrúbal Giscón y Magón hubieron de fortificarse en las principales plazas fuertes.
Asdrúbal Giscón y Magón Barca recibieron nuevos refuerzos desde África (206 a. C.), y por su parte reclutaron un contingente de indígenas, y presentaron batalla a los romanos en Ilipa (la actual Alcalá del Río, en la provincia de Sevilla), pero en esta ocasión Publio Escipión hijo obtuvo una clara victoria. Magón y Asdrúbal Giscón se refugiaron en Gades, y Publio Escipión quedo dueño de todo el sur peninsular, y pudo cruzar a África donde se entrevistó con el rey númida Sifax, que antes le había visitado en Hispania.
Una enfermedad de Publio Escipión fue aprovechada por una unidad del ejército para amotinarse en demanda de sueldos atrasados, y esto, a su vez, fue aprovechado por los Ilergetes y otras tribus ibéricas para rebelarse, al mando de los caudillos Indíbil (de los Ilergetes) y Mandonio (de los Ausetanos), rebelión dirigida esencialmente contra los procónsules L. Léntulo y L. Manlio. Publio Escipión apaciguó el motín y puso un final sangriento a la revuelta de los iberos. Mandonio fue preso y ejecutado (205 a. C.); Indíbil logró escapar.
Magón y Asdrúbal Giscón abandonaron Gades con todos sus barcos y sus tropas para acudir a Italia en apoyo de Aníbal, y tras la salida de estas fuerzas, Roma quedó dueña de todo el Sur de Hispania. Roma dominaba ahora desde los Pirineos al Algarve, siguiendo la costa. El dominio romano alcanzaba hasta Huesca, y desde allí hacia el Sur hasta el Ebro y por el Este hasta el mar.
Las guerras de conquista [editar]
Desde 197 a. C. la parte de la Península Ibérica sometida a Roma quedó dividida en dos provincias: la Citerior, al Norte (la futura Tarraconense, con Tarraco por capital), y la Ulterior (al Sur), con capital en Córdoba. El gobierno de estas dos provincias correspondería a dos procónsules (llamados también pretores o propretores) bianuales (lo que a menudo resultará incumplido).
Ya el mismo 197 a. C. la provincia Citerior fue escenario de la rebelión de los pueblos íberos e ilergetes, que el procónsul Quinto Minucio tuvo dificultades para controlar. La provincia Ulterior, tras la rebelión de los turdetanos, escapó del control de Roma, muriendo su gobernador. Roma hubo de enviar en 195 a. C. al cónsul Marco Catón, quien cuando llegó a Hispania encontró toda la provincia Citerior en rebeldía, con las fuerzas romanas controlando sólo algunas ciudades fortificadas. Catón venció a los rebeldes en el verano de este mismo año y recobró la provincia pero no logró atraerse a sus naturales, ni a los celtíberos que actuaban como mercenarios pagados por los turdetanos y cuyos servicios necesitaba. Tras una demostración de fuerza, pasando con las legiones romanas por el territorio celtíbero, les convenció para que volvieran a sus tierras. La sumisión de los indígenas era aparente, y cuando corrió el rumor de la salida de Catón hacia Italia, la rebelión se reanudó. Catón actuó con decisión, venció a los sublevados y vendió a los cautivos como esclavos. Todos los indígenas de la provincia fueron desarmados. Catón regresó a Roma con un triunfo otorgado por el Senado y un enorme botín de guerra consistente en más de once mil kilos de plata, más de 600 kg de oro, 123.000 denarios y 540.000 monedas de plata, todo ello arrebatado a los pueblos hispánicos en sus acciones militares. Tal como había prometido a Roma antes de su campaña, «la guerra se alimentará de sí misma».
Otro procónsul de Hispania, Marco Fulvio combatió posteriormente otras rebeliones.
Se acometió después la conquista de Lusitania, con dos destacadas victorias: en 189 a. C. la obtenida por el procónsul Lucio Emilio Paulo, y en 185 a. C. la obtenida por el pretor o procónsul Cayo Calpurnio (esta última más que dudosa).
La conquista de la zona central, la región llamada Celtiberia, se acometió en 181 a. C. por Quinto Fabio Flacco. Éste venció a los celtíberos y sometió algunos territorios. Pero la empresa fue obra principalmente de Tiberio Sempronio Graco (179 a 178 a. C.) que conquistó treinta ciudades y aldeas, algunas mediante pactos y otras valiéndose de la rivalidad de los celtíberos con los vascones situados más al Norte, con los cuales probablemente concertó las alianzas necesarias para facilitar la dominación romana en la región de Celtiberia.
Quizás en esta época algunas de las aldeas o ciudades vasconas ya habían sido sometidas (o lo fueron posteriormente) pero una parte importante de los vascones debió acceder al dominio romano voluntariamente, por alianza. Tiberio Sempronio Graco fundó sobre la ciudad ya existente de Ilurcís la nueva ciudad de Graccuris o Gracurris o Graecuris (probablemente la actual Alfaro, en La Rioja, o la ciudad de Corella en Navarra), de estructura romana, donde parece ser que fueron asentados grupos celtíberos organizados en bandas errantes. Esta fundación se situaría en 179 a. C. si bien la referencia escrita es posterior. Se cree que la fundación de esta ciudad tenía como finalidad la civilización de la zona celtibérica y la difusión de la cultura romana.
Graccuris debía encontrarse en la zona que durante los siguientes años se disputaran celtíberos y vascones, zona que coincide en líneas esenciales con el Valle del Ebro. Probablemente a Tiberio Sempronio Graco hay que atribuir la mayoría de los tratados concertados con los vascones y los celtíberos. En general los pactos establecían para las ciudades o aldeas un tributo pagadero en plata o productos naturales. Cada ciudad o aldea debía aportar un contingente prefijado para el ejército. Solo algunas ciudades conservaron el derecho a emitir moneda.
Pero los habitantes de las ciudades sometidas por la fuerza no eran casi nunca súbditos tributarios: Cuando ofrecían resistencia y eran derrotados eran vendidos como esclavos. Cuando se sometían antes de su derrota total, eran incluidos como ciudadanos de su ciudad pero sin derecho de ciudadanía romana.
Cuando las ciudades se sometían libremente, los habitantes tenían la condición de ciudadanos, y la ciudad conservaba su autonomía municipal y a veces la exención de impuestos. Los procónsules (llamados también pretores o propretores), es decir los gobernadores provinciales, tomaron la costumbre de enriquecerse a costa de su gobierno. Los regalos forzados y los abusos eran norma general. En sus viajes el pretor o procónsul, y otros funcionarios, se hacían hospedar gratuitamente; a veces se hacían requisas. Los pretores imponían suministros de granos a precios bajos, para sus necesidades y las de los funcionarios y familiares, y a veces también para los soldados. Las quejas eran tan fuertes que el Senado romano, tras oír una embajada de provinciales hispanos, emitió en 171 a. C. unas leyes de control: Los tributos no podrían recaudarse mediante requisas militares; los pagos en cereales eran admisibles pero los pretores no podrían recoger más de un quinto de la cosecha; se prohibía al pretor fijar por sí solo el valor en tasa de los granos; se limitaban las peticiones para sufragar las fiestas populares de Roma; y se mantenía la aportación de contingentes para el ejército. No obstante, como el enjuiciamiento de los procónsules que habían cometido abusos correspondía al Senado a través del Pretor de la Ciudad, rara vez algún procónsul fue juzgado.
Viriato y la rebelión de Lusitania [editar]
Probablemente fuera Lusitania la zona de la Península que más tiempo resistió el empuje invasor de Roma. Ya desde el año 155 a. C., el caudillo lusitano «Púnico» efectuó importantes incursiones en la parte de Lusitania dominada por los romanos, terminando con la paz de más de veinte años lograda por el anterior pretor Tiberio Sempronio Graco. Púnico que obtuvo una importante victoria frente a los pretores Manilio y Calpurnio, causándoles alrededor de 6.000 muertos.
Tras la muerte de Púnico, Caisaros tomó el relevo de la lucha contra Roma, venciendo de nuevo a las tropas romanas el año 153 a. C., y arrebatando a éstas sus estandartes, los cuales fueron triunfalmente mostrados al resto de los pueblos ibéricos como muestra de la vulnerabilidad de Roma. Por entonces, también los vetones y los celtíberos se habían unido a la resistencia, dejando la situación de Roma en Hispania en un estado de suma precariedad. Lusitanos, vetones y celtíberos saqueaban las costas mediterráneas, aunque en lugar de asegurar su posición en la Península, se desplazaron hacia el norte de África. Es en este año cuando llegan a Hispania los dos nuevos cónsules, Quinto Fulvio Nobilior y Lucio Mummio. La urgencia por restituir el dominio sobre Hispania hizo que los dos cónsules entraran en su cargo con dos meses y medio de anticipación. Los lusitanos desplazados a África fueron derrotados en Okile (actualmente Arcila, en Marruecos) por Mummio, que les forzó a aceptar un tratado de paz. Por su parte, el cónsul Serbio Sulpicio Galba había sometido a los lusitanos en la Península, muchos de los cuales fueron asesinados.
Nobilior fue sustituido al año siguiente (152 a. C.) por Marco Claudio Marcelo que ya había sido procónsul el 168 a. C. Éste fue a su vez sucedido el año 150 a. C. por Lucio Luculo, que se distinguió por su crueldad y su infamia.
El 147 a. C., un nuevo lÍder lusitano llamado Viriato vuelve a rebelarse contra el poder de Roma. Huido de las matanzas de Serbio Sulpicio Galba tres años antes, y reuniendo a las tribus lusitanas de nuevo, Viriato inició una guerra de guerrillas que desgastaba al enemigo, aunque sin presentarle batalla en campo abierto. Condujo numerosas incursiones y llegó incluso a las costas murcianas. Sus numerosas victorias y la humillación a la que sometió a los romanos le valieron la permanencia durante siglos en la memoria hispánica como el referente heroico de la resistencia sin tregua. Viriato fue asesinado sobre el año 139 a. C. por sus propios lugartenientes, muy probablemente sobornados por Roma. Con la muerte de Viriato desaparece también la última resistencia organizada de los lusitanos, y Roma continuaría adentrándose en la Lusitania, de lo que es buen testimonio el Bronce de Alcántara, datado en 104 a. C.
La guerra contra los pueblos celtíberos [editar]
Entre el 135 y el 132 a. C., el cónsul Decimo Junio Bruto realizó una expedición hasta la Gallaecia (Norte de Portugal y Galicia). Casi simultáneamente(133 a. C.) fue destruida la ciudad celtíbera de Numancia, último bastión de los celtíberos. Éste sería el punto culminante de la guerra entre celtíberos y romanos, entre el 143 y el 133 a. C.; la ciudad celtíbera acabó siendo tomada por Publio Cornelio Escipión Emiliano, cuando ya el hambre hacía imposible la resistencia. Los jefes celtíberos se suicidaron con sus familias y el resto de la población fue vendida como esclavos. La ciudad fue arrasada.
Durante más de un siglo los vascones y celtíberos se disputaron las ricas tierras del Valle del Ebro. Probablemente la celtíbera Calagurris, hoy Calahorra, llevó el peso de la lucha, auxiliada por alianzas tribales; por parte vascona debía existir algún asentamiento medianamente importante situado al otro lado del Ebro, más o menos frente a Calagurris, que obtenía también el apoyo de los vascones de otros puntos. Seguramente los celtíberos llevaron la mejor parte en la lucha, y destruyeron la ciudad vascona, ocupando tierras al otro lado del Ebro.
Pero los llamados «celtíberos» eran enemigos de Roma, y los vascones eran (estratégicamente es lo más razonable) sus aliados. Cuando fue destruida Calagurris por los romanos, fue repoblada con vascones, probablemente procedentes de la ciudad vascona del otro lado del río, destruida tiempo antes por los celtíberos (que habrían ocupado sus tierras al Norte del Ebro), y por vascones de otros lugares.
Cuando el 123 a. C. los romanos ocuparon las islas Baleares, se establecieron en ellas tres mil hispanos que hablaban latín, lo que da idea de la penetración cultural romana en la Península en apenas un siglo.
Las guerras civiles [editar]
Hispania no fue ajena a las disputas políticas y militares de los últimos años de la República Romana, cuando Quinto Sertorio se enfrentó al partido de los aristócratas encabezado por Sila en 83 a. C. Al perder en Italia, Quinto se refugió en Hispania, continuando la guerra contra el gobierno de Roma y estableciendo todo un sistema de gobierno con capital en Huesca (Osca). Finalmente, fue Pompeyo quien, tras varios intentos de incursión en Hispania, terminó con Quinto Sertorio utilizando más la intriga política que la fuerza militar. Posteriormente sería el apoyo peninsular a Pompeyo el causante de una nueva guerra en Hispania entre seguidores de éste y los de Julio César. Esta guerra finalizó en 49 a. C. con la victoria de Julio César.
Julio César y la guerra contra Pompeyo [editar]
Julio César invade Hispania como parte de su guerra contra Pompeyo por el poder en Roma. Para entonces, Pompeyo se había refugiado en Grecia, y lo que César pretendía era eliminar el apoyo a Pompeyo en occidente y aislarle del resto del imperio. Sus fuerzas se enfrentan a las pompeyanas en la batalla de Ilerda (Lérida), obteniendo una victoria que le abriría las puertas a la Península. Finalmente, las fuerzas de Pompeyo serían derrotadas en Munda en 45 a. C. Un año más tarde, Julio César sería asesinado a las puertas del Senado de Roma, y su sobrino-nieto Cayo Julio César Octaviano, tras una breve lucha por el poder contra Marco Antonio, fue nombrado cónsul para, posteriormente, ir acumulando poderes que finalmente conducirían a la agonizante república romana hasta el imperio.
Las Guerras Cántabras [editar]
Durante el gobierno de César Augusto, Roma se vio obligada a mantener una cruenta lucha contra las tribus cántabras, un pueblo de guerreros que presentó una feroz resistencia a la ocupación romana. El propio emperador hubo de trasladarse a Segisama, actual Sasamón, (Burgos), para dirigir en persona la campaña. Roma adoptó con los cántabros una cruel política de exterminio que supuso la práctica extinción de esta cultura prerromana. Con el final de esta guerra terminarán los largos años de luchas civiles y guerras de conquista en los territorios de la Península Ibérica, inaugurando una larga época de estabilidad política y económica en Hispania.
Notas [editar]
Véase también [editar]
HISTORIA: REPORTAJE SOBRE JULIO CAYO CESAR. César Vidal analiza al político que jugó un papel crucial en el fin de la República romana, Julio César con Pilar Fernández Uriel y Javier Cabrero Piquero.
Cayo Julio César (Latín: Gaius Iulius Caesar;[1] Roma, 13 de julio de 100 a. C.[2] - Ibídem, 15 de marzo de 44 a. C.) fue uno de los más destacados líderes militar y político de la era tardorrepublicana.
Nacido en el seno de la gens Iulia, en una familia patricia de escasa fortuna, estuvo emparentado con algunos de los hombres más influyentes de su época, como su tío Cayo Mario, quien influiría de manera determinante en su carrera política. En 84 a. C., a los 16 años, el popular Cinna lo nombro flamen dialis, cargo religioso del que fue relevado por Sila, con el cual tuvo conflictos a causa de su matrimonio con la hija de Cinna. Tras escapar de morir a manos de los sicarios del dictador, fue perdonado gracias a la intercesión de los parientes de su madre.[3] Trasladado a Asia, combatió en la Tercera Guerra Mitridática como legatus de Marco Minucio Termo. Volvió a Roma a la muerte de Sila en 78 a. C., ejerciendo por un tiempo la abogacía. En 73 a. C. sucedió a su tío Cayo Aurelio Cotta como pontífice, y pronto entró en relación con los cónsules Pompeyo y Craso, cuya amicitia le permitiría lanzar su propia carrera política.[4] En 70 a. C. César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania y como edil curul en Roma. Durante el desempeño de esa magistratura ofreció unos espectáculos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo.
En 63 a. C. fue elegido praetor urbanus[5] al obtener más votos que el resto de candidatos a la pretura. Ese mismo año murió Quinto Cecilio Metelo Pío, Pontifex Maximus designado durante la dictadura de Sila, y, en las elecciones celebradas con objeto de sustituirle, venció César. Al término de su pretura sirvió como propretor en Hispania, donde lideró una breve campaña contra los lusitanos. En 59 a. C. fue elegido cónsul gracias al apoyo de sus dos aliados políticos, Pompeyo y Craso, los hombres con los que César formó el llamado Primer Triunvirato. Su colega durante el consulado, Bíbulo, se retiró a fin de entorpecer la labor de César que, sin embargo, logró sacar adelante una serie de medidas legales, entre las que destaca una ley agraria que regulaba el reparto de tierras entre los soldados veteranos.
Tras su consulado fue designado procónsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina; esta última tras la muerte de su gobernador, Céler. Su gobierno estuvo caracterizado por una política muy agresiva en la que sometió a la práctica totalidad de pueblos celtas en varias campañas. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Galias, finalizó cuando el general republicano venció en la Batalla de Alesia a los últimos focos de oposición, liderados por un jefe arverno llamado Vercingétorix. Sus conquistas extendieron el dominio romano sobre los territorios que hoy integran Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania. Fue el primer general romano en penetrar en los inexplorados territorios de Britania y Germania.
Mientras César terminaba de organizar la estructura administrativa de la nueva provincia que había anexionado a la República, sus enemigos políticos trataban en Roma de despojarle de su ejército y cargo utilizando el Senado, en el que eran mayoría. César, a sabiendas de que si entraba en la capital sería juzgado y exiliado, intentó presentarse al consulado in absentia, a lo que la mayoría de los senadores se negaron. Este y otros factores le impulsaron a desafiar las órdenes senatoriales y protagonizar el famoso cruce del Rubicón, donde al parecer pronunció la inmortal frase "Alea iacta est" (la suerte está echada) iniciando así un conflicto conocido como la Segunda Guerra Civil de la República de Roma, en el que se enfrentó a los optimates,[6] que estaban liderados por su viejo aliado, Pompeyo. Su victoria, basada en las derrotas que infligió a los conservadores en Farsalia, Tapso y Munda, le hizo el amo de la República. El hecho de que estuviera en guerra con la mitad del mundo romano no evitó que se enfrentara a Farnaces II en Zela y a los enemigos de Cleopatra VII en Alejandría. A su regreso a Roma se hizo nombrar cónsul y dictator perpetuus —dictador vitalicio— e inició una serie de reformas económicas, urbanísticas y administrativas.
A pesar de que bajo su gobierno la República experimentó un breve periodo de gran prosperidad, algunos senadores vieron a César como un tirano que ambicionaba restaurar la monarquía. Con el objeto de eliminar la amenaza que suponía el dictador, un grupo de senadores formado por algunos de sus hombres de confianza como Bruto y Casio y antiguos lugartenientes como Trebonio y Décimo Bruto, urdieron una conspiración con el fin de eliminarlo. Dicho complot culminó cuando, en las idus de marzo, los conspiradores asesinaron a César en el Senado. Su muerte provocó el estallido de otra guerra civil, en la que los partidarios del régimen de César; Antonio, Octavio y Lépido, derrotaron en la doble Batalla de Filipos a sus asesinos, liderados por Bruto y Casio. Al término del conflicto, Octavio, Antonio y Lépido formaron el Segundo Triunvirato y se repartieron los territorios de la República, aunque, una vez apartado Lépido, finalmente volverían a enfrentarse en Actium, donde Octavio, heredero de César, venció a Marco Antonio.
Al margen de su carrera política y militar, César destacó como orador y escritor. Redactó, al menos, un tratado acerca de astronomía, otro acerca de la religión republicana romana, y un estudio sobre el latín, ninguno de los cuales ha sobrevivido hasta nuestros días. Las únicas obras que se conservan son sus Comentarios de la Guerra de las Galias y sus Comentarios de la Guerra Civil. Se conoce el desarrollo de su carrera como militar y gran parte de su vida a través de sus propias obras y de los escritos de autores como Suetonio, Plutarco, Veleyo Patérculo o Eutropio.
Sobre Julio César en:
HISTORIA. REPORTAJE SOBRE ALEJANDRO MAGNO. César Vidal analiza la figura de Alejandro III Filipo de Macedonia, Alejandro Magno. Invitados: Félix Cordente Vaquero y Pilar Fernández Uriel.
César Vidal Manzanares (Madrid, 1958) es un escritor y periodista español, autor de numerosas obras de divulgación histórica, ensayos y novelas.
Sobre César Vidal:
HISTORIA. DOCUMENTALES: "ALEJANDRO MAGNO"
Alejandro III de Macedonia, mejor conocido como Alejandro Magno (el grande); transliterado del griego Μέγας Αλέξανδρος, Megas Alexandros;[1] (n. Pella, 20 de julio de 356 a. C.[2] [3] – Babilonia, 13 de junio de 323 a. C.),[4] fue el rey de Macedonia desde 336 a. C. hasta su muerte y está considerado como uno de los líderes militares más importantes de la Historia, por su conquista del Imperio Aqueménida.
Tras consolidar la unificación de varias ciudades-estado de la antigua Grecia que estuvieron bajo el dominio de su padre, Filipo II de Macedonia, sofocando la rebelión de los griegos del sur tras la muerte de éste, Alejandro conquistó el Imperio Persa, incluyendo Anatolia, Siria, Fenicia, Judea, Gaza, Egipto, Bactriana y Mesopotamia, expandiendo las fronteras de Macedonia hasta la región del Punjab.
Antes de su muerte, Alejandro había planeado volver hacia el oeste y conquistar Europa además de querer continuar la expansión hacia el Oriente y encontrar el fin del mundo, idea que Aristóteles, su tutor durante la niñez, le había inculcado contándole historias sobre un lugar donde la Tierra acababa y empezaba el Gran Mar Exterior.
Alejandro promovió la incorporación de extranjeros[5] en el ejército y la administración a través de lo que ha sido definido por algunos académicos como una «política de fusión», y favoreció el matrimonio de miembros de su ejército con extranjeras, cosa que practicó él mismo.
Tras doce años de campañas militares continuas, Alejandro murió, posiblemente de malaria, fiebre tifoidea o encefalitis vírica. Su única descendencia, un recién nacido que le sobreviviría unos pocos meses, dejó el imperio a merced de sus generales, conocidos como los diádocos (sucesores), que lo fraccionaron y repartieron. Más de tres siglos después de dominio y colonización griega en áreas tan lejanas moría la última descendiente de aquellos hombres acabando así el conocido como período helenístico o Alejandrino, que fusionó las culturas griega y mesoriental.
Su legado ha sido reflejado en la historia y mitos tanto de la cultura griega como de las no griegas y sus conquistas inspiraron una tradición literaria en la que aparece como un héroe legendario, en la tradición de Aquiles, o como «el maldito Alejandro» en el libro zoroástrico de Arda Viraf por la conquista del Imperio y la destrucción de su capital, Persépolis.
Entre las culturas orientales se le conoce como Eskandar-e Maqduni (‘Alejandro de Macedonia’) en persa, Dhul-Qarnayn (‘el de los dos cuernos’) en las tradiciones del Medio Oriente, Al-Iskandar al-Akbar الإسكندر الأكبر en árabe, Sikandar-e-azam en urdu e hindi, Skandar en pashto, Alexander Mokdon en hebreo, y Tre-Qarnayia (‘el de los dos cuernos’) en arameo, debido a una imagen empleada en monedas acuñadas durante su reinado en las que aparece con los cuernos de carnero del dios egipcio Amón. Sikandar, su nombre en urdu e hindi, también se utiliza como sinónimo de ‘experto’ o ‘extremadamente hábil’.
Más en:
HISTORIA: Grandes Batallas: Las campañas de Julio César
Cayo Julio César (Latín: Gaius Iulius Caesar;[1] Roma, 13 de julio de 100 a. C.[2] - Ibídem, 15 de marzo de 44 a. C.) fue uno de los más destacados líderes militar y político de la era tardorrepublicana.
Más en:
HISTORIA: "Grandes Batallas: Las campañas de Alejandro Magno"- LA CIUDAD-ESTADO GRIEGA; LA POLIS GRIEGA
Polis (en griego πολις, poleis πολεις en plural) era la denominación dada a las ciudades estado de la antigua Grecia, surgidas desde la Edad Oscura hasta la dominación romana.
Polis se denominaba a la ciudad y al territorio que ella reclamaba para sí. Tenían un gran nivel de autocracia, si bien no del todo, lo que les garantizaba libertad, autonomía política y económica. No existía oposición entre lo urbano y lo rural, ni existían relaciones de dependencia; muchos residentes urbanos vivían de las rentas del campo, al igual que la gran mayoría de los aristócratas.
El centro político-administrativo-social de la polis era la Acrópolis, donde se encontraba el templo, la Gerusía, el ágora y los edificios civiles. El ágora era la plaza pública y mercado permanente. Rodeaba a la ciudad un anillo rural, en donde se cultivaba lo necesario para la supervivencia de la polis.
El tamaño de la polis era variado pero generalmente son de poca extensión. Como extremos se podían encontrar a Atenas con 2.600 km², y en isla de Ceos de 173 km² había 4 polis.
Tras la desaparición de la civilización micénica los griegos formaron pequeñas comunidades, que evolucionaron en el siglo VIII a. C., y se convirtieron en ciudades. Estas ciudades se conocieron con el nombre de "ciudades estado" o polis. A diferencia de las ciudades de los grandes imperios (Mesopotamia, Egipto, Persia), que estaban organizadas alrededor del palacio real y del templo, el centro de la polis lo constituía el ágora, un espacio abierto donde los ciudadanos acudían para comerciar y para intercambiar ideas.
El aspecto orográfico de Grecia hizo que las polis se situaran en su gran mayoría en territorios costeros de difícil acceso y en valles que estaban rodeados por montañas.
Las polis se constituyeron como una unidad política, social y económica de Grecia, pero si bien compartían una lengua, religión común, lazos culturales y una identidad étnica e intelectual que exhibían con orgullo, los habitantes de estas ciudades no pudieron fundar un estado unificado. Existía una gran rivalidad entre las diferentes polis, ya que consideraban que el reducido tamaño de cada una era lo más idóneo para practicar una adecuada política.
En el siglo VIII a. C., Jonia se encontraba al frente de la cultura y filosofías griegas y ciudades como Mileto y Éfeso siguieron floreciendo como centros de importancia durante el Imperio romano.
La Polis fue un elemento esencial de un período de experimentación política que tuvo gran influencia en las formas de gobierno que se adoptaron desde ese entonces alrededor del mundo.[1]
Comercio en las polis [editar]
El Mar Egeo permitió el mejor comercio de productos. Polis o cuidades- estado El contacto marítimo era el vínculo principal que mantenía unido al mundo griego, razón por la cual sus habitantes fueron excelentes marinos. Esta habilidad fue aprovechada tanto en asuntos civiles como militares. Muchas de las ciudades-estado dependían en gran medida del comercio marítimo. Se encontraron, mercancías griegas en Asia y Europa occidental, en lugares muy alejados de su origen. En los siglos VIII y VII a. C., emprendedores comerciales y colonizadores de Grecia establecieron una serie de nuevas ciudades griegas desde el Mar Negro hasta el Mar Mediterráneo occidental, manteniendo contacto con las demás colonias y con su tierra natal por vía marítima.Dioses : Zeuz, del mar y del trueno, etc
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