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HISTORIA10: LOS GUARANÍES. Los guaraníes son un grupo de pueblos sudamericanos, cuyos habitantes viven en el noreste de Argentina (Corrientes, Misiones, Entre Rios y parte de las provincias de Chaco y Formosa), sur y suroeste de Brasil (RS, SC, Paraná y Mato Grosso del Sur), la mayor parte de Paraguay, sureste de Bolivia; en cuanto al estado del Uruguay aunque su nombre es de origen guaraní en su actual territorio no vivieron guaraníes sino pámpidos como los charrúas, chanás, arachanes, tapés etc. que entre los siglos XV y XVIII sufrieron un gran influjo lingüístico desde el idioma guaraní.

Guaraníes

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Actuales guaraníes.

Los guaraníes son un grupo de pueblos sudamericanos, cuyos habitantes viven en el noreste de Argentina (Corrientes, Misiones, Entre Rios y parte de las provincias de Chaco y Formosa), sur y suroeste de Brasil (RS, SC, Paraná y Mato Grosso del Sur), la mayor parte de Paraguay, sureste de Bolivia; en cuanto al estado del Uruguay aunque su nombre es de origen guaraní en su actual territorio no vivieron guaraníes sino pámpidos como los charrúas, chanás, arachanes, tapés etc. que entre los siglos XV y XVIII sufrieron un gran influjo lingüístico desde el idioma guaraní.

La autodenominación étnica original de los hoy llamados "guaraníes" es avá, que significa "hombre" (palabra etnocéntrica) que rebajaba a la categoría de "no-hombre" a las otras etnias indígenas. Fueron llamados por los españoles carios, chandules, chandrís y landules, al parecer el muy difundido nombre "guaraní" les fue dado por los españoles al escuchar los gritos de guerra de este pueblo en los cuales existiría la frase guará-ny -combatir-les-.

Son un pueblo nativo sudamericano, originario de la región amazónica, que se estableció en distintas regiones del continente, especialmente en el Paraguay y en Argentina.

Las causas de su migración hacia el sur fueron principalmente la necesidad de ocupar nuevas tierras aptas para el cultivo y la presión de otros indígenas.

vanina: Los guaraníes se establecieron en el territorio que actualmente pertenece al Estado Paraguayo entre fines del siglo XV y comienzos del XVI. Se subdividieron en distintos grupos dependiendo de la zona donde habitaban, como los chandules o guaraníes de las islas del Delta del río Paraná, desaparecieron poco después de la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, en 1580; los del río Carcarañá o carcarañáes; los guaraníes de Santa Ana (en el norte de Corrientes En Misiones y zonas aledañas del Paraguay y Brasil, se encuentran actualmente los mbyá que son descendientes de guaraníes que no aceptaron formar parte de las misiones jesuíticas. En la provincia de Misiones, junto a los mbyá viven grupos de paí tavyterá y de chiripás.

Los tapietés comenzaron a llegar a la zona de Tartagal en la provincia de Salta hacia 1920, procedentes de Bolivia y del Paraguay, migración que se acentuó durante la guerra del Chaco. En la zona de Tartagal viven aproximadamente unos 500 tapietés.

Su población se estima en 1,5 a 2 millones.[1] [2] Actualmente se estima que aún existen cientos de miles de guaraníes y su idioma es hablado por 5 a 12 millones de personas, principalmente gente de origen mestizo, en Paraguay, Mato Grosso, Mato Grosso del Sur, Rondonia (oeste y centro de Brasil), Santa Cruz, Beni y Pando (al este de Bolivia) y en Misiones y Corrientes y en menor medida Entre Rios y Formosa (en el noreste argentino).

Contenido

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[editar] Organización política

Vivían en aldeas, en los claros que formaba naturalmente la selva, y constituían una verdadera unidad tribal, al estar formada por entidades económicas autosuficientes e independientes unas de otras.

Las viviendas estaban dispuestas en torno a una plaza grande de forma cuadrangular, donde se desenvolvía una gran actividad cotidiana esencialmente de índole social. Eran casas grandes comunales llamadas maloca individualmente y en conjunto taba. Además podían albergar a todos los miembros de una familia (o tevy) extendida: padres, abuelos, tíos, primos, nietos, cuñados, yernos y nueras. Esto representaba la unidad social mayor.

Cada familia vivía en una casa comunal de hasta 60 m de largo y de 8 a 10 m de ancho sin divisoria, donde habitaban entre 60 y 120 personas presidida por un jefe quien ocupaba la parte del centro. A su vez la aldea estaba dirigida por un jefe político llamado mburuvichá, y un jefe religioso llamado payé. Su organización social estaba encabezada por un cacique (tuvichá) cuyo liderazgo era hereditario.

Una de las funciones del cacique era de administrar el trabajo comunitario y de distribuir equitativamente los bienes del consumo. Existía una división del trabajo por género. La preparación de la cerámica era, por ejemplo, una tarea exclusiva de las mujeres, como la de plantar e hilar los lienzos. El varón era básicamente pescador, cazador-recolector y guerrero.

El concepto de la propiedad privada de los bienes no existía en la sociedad guaraní. Todo lo que se cosechaba en los cultivos hortícolas, el producto de la caza y la pesca, los frutos recolectados, eran distribuidos solidariamente entre todos los miembros del tevy (parentesco, linaje). Solamente algunos pocos bienes podían ser considerados como personales, tal el caso de las armas, las hamacas, algunos utensilios de cerámica. La tierra era considerada como un bien del que se podía disponer pero sobre el cual nadie podía pretender derechos de propiedad exclusiva. Eran comunitarios la tierra cultivable, las fuentes de abastecimiento de agua, el monte y la selva, con todos sus recursos aprovechables.

[editar] Régimen familiar

El matrimonio y la familia constituían el núcleo social básico. La poliginia representaba un estatus social preponderante, por lo que su práctica era propia de jefes y guerreros reconocidos; quienes hacían una distinción entre esposa principal (cherembirekó) y secundaria (cheaguazú).

La costumbre generalizada, practicada por los demás integrantes de la comunidad tribal, era la monogamia. Las uniones no eran muy estables, por ello el divorcio era común.

[editar] Organización económica

Cada grupo poseía exclusividad sobre una extensa área territorial y cada familia poseía un lote de tierra. Cada esposa su huerta particular , el hombre hacía el desmonte , y la mujer plantaba , cosechaba y preparaba los alimentos ; plantaban maiz , calabaza , poroto , tabaco y mandioca .Otro elemento de la alimentación lo constituía la carne , producto de la caza y de la pesca . La propiedad era comunal ( tupambaé ) , sólo los objetos de uso personal eran de propiedad privada ( abambaí ).

Eran diestros navegantes de canoas, conocedores cazadores de la selva, recolectores, pescadores y practicaban la agricultura. Las familias poseían un lote exclusivo en las plantaciones comunitarias y a su vez cada esposa tenía un huerto personal. Trabajaban en grupo y los parientes se ayudaban unos a otros. Cultivaban en pequeñas huertas, estando entre los cultivos más importantes la mandioca (mandi'ó), mandioca dulce (poropí), la batata (jetý), la calabaza (andaí), el zapallo (kurapepê), el maíz (avatí), el poroto (kumandá), el maní (mandubí) y el algodón (mandyju o mandiyú).

Otros productos eran obtenidos directamente del monte o selva, tal el caso de las hierbas medicinales, frutos como la guayaba (arasá), la banana (pakova) y la yerba mate (ka'á), que usaban para preparar la bebida que aún hoy se sigue tomando, que elaboraban con el mismo proceso que hoy se emplea en la industria moderna.

Para plantar previamente quemaban el monte produciendo la roza, en el que mujeres y niños sembraban bajo supervisión de los ancianos.

Los hombres se dedicaban a la caza y la pesca utilizando como armas arcos y flechas, pequeñas hachas, mazas, y algunos grupos llegaron a emplear lanzas.

[editar] Organización religiosa

Artículo principal: Mitología guaraní

Desde el mismo momento de la conquista hispánica, llamó la atención de los conquistadores y colonizadores el hecho de que los guaraníes no poseyeran templos, ni ídolos o imágenes para venerar, ni grandes centros ceremoniales.

No dudaron en concluir que se trataba de un pueblo sin ningún tipo de creencias religiosas. La verdad era otra, la religiosidad existía y era profundamente espiritual, a tal punto de no necesitar de templos ni de ídolos tallados.

Ñanderuguasú (nuestro padre grande) o Ñamandú (el primero, el origen y principio) o Ñandejára (nuestro dueño) eran los nombres que hacían referencia a una divinidad que era concebida como invisible, eterna, omnipresente y omnipotente. Una entidad espiritual concreta y viviente que podía relacionarse con los hombres, por ejemplo bajo la forma perceptible de Tupâ, el trueno. Se manifestaba en la plenitud de la naturaleza y del cosmos, pero nunca en una imagen material. Ñamandú no era el dios exclusivo de los guaraníes, era el dios padre de todos los hombres.

Frente a Ñamandú, el padre bondadoso, el dador de vida y sustento del equilibrio del orden universal, estaba la otra dimensión de la realidad espiritual, el mal, expresado en el concepto de Añá. Esta fuerza maléfica era la generadora de la muerte, la enfermedad, la escasez de alimentos y las catástrofes naturales.

Fundamentaron el origen y la existencia de los dioses, los hombres y la naturaleza, mediante mitos. Creen en la continuidad de la vida después de la muerte. Por eso a sus muertos le proveen todo lo necesario para que pueda realizar sin carencias, el largo y peligroso viaje a la tierra sin males.

La Tierra sin Mal no constituía un mito para los guaraníes. Era un lugar real, concreto, que se ubicaba imprecisamente hacia el este, más allá del Gran Mar (océano Atlántico). Esta creencia en la Tierra sin Mal generaba periódicamente grandes migraciones en su búsqueda, inspiradas por el mesianismo de algunos chamanes o payés.

Creen con firmeza que son muchos los peligros que acechan al viajero. Los niños gozan de protección divina quedando exceptuados de todo peligro.

El alma proviene del paraíso de Tupá Rueté, dios de la lluvia. Al morir, el espíritu del muerto vuelve a su lugar de origen.

Los entierros se realizan en un pozo, o en urnas de barro y el túmulo en la misma casa del muerto. Quien además, lleva consigo armas, ropas y trofeos.

La costumbre obliga a una práctica rígida de culto permanente a los antepasados, manteniendo una relación estrecha y continua entre la comunidad de los vivos y los muertos que se traducen en ayuda recíproca. Estas relaciones implican prácticamente derechos y obligaciones recíprocas: Por ejemplo los muertos proveen de alimentos a sus deudos, les envían lluvia que favorece las plantaciones, velan constantemente por su bienestar. Los deudos, a su vez, deben tributarles ofrendas; además celebran en honor a los muertos una gran fiesta cada año. Los espíritus se mantienen vivos en el corazón de la comunidad.

[editar] La práctica espiritual

Se cree que el chamán o payé posee poderes sobrenaturales y desempeña una función directriz, la de conductor de su pueblo en todos los actos comunitarios.

El chamán, mediante su gran poder, entra en comunicación con los espíritus buenos y con los malignos, defendiendo a su comunidad contra estos últimos. Él intermedia entre el hombre y dios, además de ser adivino, hechicero, médico, sabio, profeta, jefe espiritual, director de las danzas y ceremonias de la comunidad.

A diferencia del cacique, cuyo poder era temporal, el payé se imponía al grupo por sí mismo.

El consumo de hierbas y hongos de propiedades alucinógenas es utilizado por el pajé (vos guaraní se lee paye) y genera una atmósfera que arrastra a los integrantes de la comunidad a vivir experiencias semejantes a los de tipo místico.

Se detalla todo lo relacionado a la organización religiosa y la práctica espiritual en presente y no en pasado, debido a que aún hoy se siguen manteniendo dichas tradiciones.

[editar] La vestimenta

Los hombres prácticamente no usaban ropa, en cambio las mujeres usaban una especie de tapa triangular de plumas o algodón tejido por ellas mismas. Desde la llegada de los misioneros los hombres comenzaron a utilizar un chiripá y una especie de taparrabos (baticolas) confeccionadas con la chala u hojas del maíz, fibra de ortiga o algodón; las mujeres comenzaron con el uso del typoi (túnica del algodón sin mangas, hasta los tobillos), para los días fríos se utilizaba el killapy' una especie de manto hecho con pieles como las del roedor acuático llamado killá o quillá.

Hombres y mujeres utilizaban adornos, tatuajes con pinturas fabricadas con la mezcla de especies vegetales, complementado con plumas de aves, amuletos colgados en el cuello, collares confeccionados con huesos de animales y semillas.

Los distintivo entre varones y mujeres consistía en que los varones a partir de la pubertad llevaban una especie de clavo (de madera, hueso o piedra) ensartados debajo del labio inferior (tembetá) y las mujeres en las orejas.

[editar] Guerra

El pueblo guaraní poseyó desde un inicio, un carácter intrusivo en la región platense. Su entrada fue violenta y determinó una existencia constantemente ofensiva y defensiva respecto a las poblaciones aborígenes no guaraníes que habitaban la región.

Los ataques se realizaban en forma masiva. Previo al ataque, se hacia caer sobre las fuerzas adversarias una lluvia de flechas y piedras. Luego venía la embestida directa con lanzas, macanas o garrotes.

[editar] Idioma

Artículo principal: Idioma guaraní

Los idiomas hablados por estos pueblos (guaraní) pertenecen a la familia tupí-guaraní. El guaraní paraguayo es junto con el español lengua co-oficial en el estado del Paraguay, y el guaraní correntino es co-oficial junto con el espanol en la provincia de Corrientes en Argentina.

La mezcla del idioma avá ñe'é con el castellano es conocido en Paraguay como una tercera lengua llamada yopará o jehe‘a / yejé'á.

[editar] La llegada de los jesuitas

En el siglo XV la sociedad guaraní pasó por un período de cambio. Comenzaron a aparecer instituciones unificadoras que probablemente, en el largo plazo, hubieran llevado al surgimiento de un Estado. Los karaí, profetas que eran aceptados en todas las tekuas (aldeas) que se enfrentaban entre sí en un permanente ciclo de búsqueda de poder para la obtención del aguyé, son un ejemplo de estas fuerzas unificadoras. Estos karaís recorrían las aldeas predicando el mensaje del advenimiento de importantes cambios; y no estaban adscritos a ninguna tekua en particular, sino que eran panguaraníes, por así decirlo.

Cien años después, con la invasión europea en la zona, llegaron los jesuitas, que, en cierto sentido, vinieron a competir directamente con los karaí. Aunque extranjeros, traían un mensaje unificador y, sobre todo, ofrecían algo muy importante: los guaraníes que aceptasen su convivencia pasarían automáticamente a estar cubiertos por las leyes del rey de España.

La expansión del frente hispano-portugués y la amenaza real que esto llevaba aparejado llevó a un debate interno entre los partidarios de la alianza con los jesuitas, para así obtener la protección de la corona y los que preferían el enfrentamiento.

En todo caso, la política guaraní obedecía a su propia lógica y en esa lógica los jesuitas fueron vistos como la pieza clave para obtener la protección del marco jurídico que la corona otorgaba.

La alianza generalizada de los dirigentes políticos guaraníes con la orden jesuita obedeció a una estrategia global, debatida y consensuada por esos dirigentes, fruto de no pocos enfrentamientos internos, para frenar o al menos limitar el avance de la agresión de hacendados españoles y bandeirantes portugueses. (Existen numerosas fuentes documentales de testigos que presenciaron estos debates de líderes políticos guaraníes).

Los jesuitas fueron utilizados por los guaraníes para mantener su idea de la política. El modelo político guaraní ya tenía un lugar reservado para ser ocupado por los jesuitas (el antiguo Karaí Pan guaraní, no en vano a los padres jesuitas también les llamaron así: karaís, incluso actualmente en guaraní correntino existe la palabra karaí). Por ello se explica la rápida consecución de la alianza y el florecimiento de las misiones. Las reducciones no eran más que tekuas o aldeas tradicionales que habían obtenido la protección de la corona, ingresando así no solo en el corpus legal sino también en una serie de intercambios económicos y culturales que se mantuvieron durante doscientos años.

Los partidarios de la guerra se opusieron a esta alianza y permanecieron indómitos, en tekuas tradicionales (sin iglesias de piedra), advirtiendo una y otra a vez a los guaraníes "cristianos" que ese no era el camino. De hecho, cuando la orden jesuita perdió la amistad del rey y fue expulsada, las reducciones fueron arrasadas.

Los guaraníes reducidos, los que habían apostado a la alianza con los jesuitas al haber sido educados y haber convivido más de 150 años con los sacerdotes de la compañía de Jesús (que tenían un nivel cultural muy alto), ya no eran los aborígenes que todos imaginamos con taparrabos y hablando solo su lengua, sino que habían sido instruidos para hablar latín, pintar cuadros, hacer obras esculturales, etc.; lo que hoy se llama barroco-guaraní, por lo que es importante desechar la teoría de que volvieron a la selva, porque ya ni ellos ni sus padres o abuelos habían vivido en la selva, y la mayoría lo que hicieron fue prestar servicios en las grandes estancias que se estaban constituyendo en las provincias de Santa fe, Buenos Aires, ya que ellos tenían conocimientos del trabajo rural. El escenario hacia principios del siglo XIX era otro muy distinto y los diversos grupos se aislaron entre sí.

Cabe destacar, sin embargo, que esta situación llevó a profundizar en aspectos prácticos de la religión o pensamiento filosófico guaraní, como la obtención del estado de perfección o aguye por una nueva vía, no caníbal. Es notable la evolución del pensamiento guaraní con respecto a la obtención de energía por la vía caníbal. Es probable que la experiencia jesuita haya influido en ello, no sólo porque aquéllos se negaban a aceptar la vía caníbal como parte de la religión, sino también por la profunda crisis que la desaparición de la experiencia jesuita tuvo en las tekuas involucradas.

[editar] Problemas que enfrentan actualmente

Actualmente las comunidades de guaraníes de la provincia de Misiones están pasando por graves problemas que podrían llevar a la desaparición del pueblo. Las principales causas son la falta de tierras, la desnutrición, la tuberculosis y la falta de ayuda por parte del gobierno provincial y federal. Son alrededor de siete mil guaraníes, agrupados en 76 aldeas.

El factor principal de la crisis es la falta de territorios, ya que esta tribu utiliza los recursos naturales en amplias extensiones de tierra, desplazándose en grandes distancias para cazar, pescar, recolectar frutos del monte. La presión demográfica sumada a la explotación forestal irracional hizo que las comunidades vean reducido su espacio vital.

Además existe una emergencia alimentaria y sanitaria, con picos muy graves en algunas comunidades, con niños con alto índice de desnutrición y enfermedades asociadas como la tuberculosis.

En 2004, 38 de las aldeas que existen en la provincia marcharon a la Plaza 9 de Julio, frente a la Casa de Gobierno provincial, en la ciudad de Posadas haciendo oír sus reclamos en busca de una mejora y ayuda por parte del gobierno.

[editar] Guaraníes en Argentina

La Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) 2004-2005, complementaria del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001, dio como resultado que se reconocen y/o descienden en primera generación del pueblo avá guaraní 3.268 personas (además de otras 9.089 que se autorreconocieron como guaraníes) en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en los 24 partidos del Gran Buenos Aires. Otras 2.372 se autorreconocieron guaraníes en las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe.[3]

[editar] Los guaraníes de Brasil

Los guaraníes de Brasil, que viven en su mayor parte en el estado de Mato Grosso do Sul, han perdido casi toda su tierra y están sufriendo una oleada de suicidios sin precedentes en América del Sur. El pueblo guaraní se hacina en pequeños trozos de tierra rodeados por inmensas plantaciones o haciendas ganaderas, o acampan al borde de carreteras y caminos. En 2003 fue asesinado el líder guaraní Marcos Verón. Los culpables aún están en libertad.

[editar] Véase también

[editar] Bibliografía

  • Hednis, Tadeo Xavier: Jardín de flores paracuaria.

[editar] Enlaces externos

HISTORIA10: ERA. En el panteón olímpico de la mitología griega clásica, Hera (en griego antiguo —ático— Ἧρα, Hêra, en jónico y griego homérico Ἧρη, Hêrê) era la esposa y hermana mayor de Zeus. Su principal función era presidir como diosa de los nacimientos y el matrimonio. Su equivalente en la mitología romana era Juno. Hera, queriendo dar un buen ejemplo a los dioses y mortales, eligió la vaca como uno de sus emblemas, porque son los animales más maternales. No queriendo ser vista tan simple como la vaca, también eligió al pavo real y el león.[1]

Hera

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Para otros usos de este término, véase Hera de Samos y (103) Hera.
La Hera Campana. Copia romana en mármol del original griego, siglo II (?).

En el panteón olímpico de la mitología griega clásica, Hera (en griego antiguoático— Ἧρα, Hêra, en jónico y griego homérico Ἧρη, Hêrê) era la esposa y hermana mayor de Zeus. Su principal función era presidir como diosa de los nacimientos y el matrimonio. Su equivalente en la mitología romana era Juno. Hera, queriendo dar un buen ejemplo a los dioses y mortales, eligió la vaca como uno de sus emblemas, porque son los animales más maternales. No queriendo ser vista tan simple como la vaca, también eligió al pavo real y el león.[1]

Hera era hija de Rea y Crono, y fue tragada al nacer por éste debido a una profecía sobre que uno de sus hijos le arrebataría el trono. Zeus se salvó gracias a un plan urdido por Rea y Gea: la primera envolvió una piedra en pañales y se la dio a Crono en su lugar. Mientras tanto, Zeus fue llevado a una cueva en Creta. Más tarde Rea dio a Crono un hierba que según le dijo le haría completamente invencible, pero en realidad le hizo regurgitar a los otros cinco olímpicos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, así como la piedra. Cuando Zeus creció, desterró a Crono al Tártaro, la sima más profunda del inframundo, pues los Titanes eran inmortales y no podía matárseles.

Se representa a Hera majestuosa y solemne, a menudo en el trono y coronada con el polos (una alta corona cilíndrica usada por varias de las Grandes Diosas), pudiendo llevar en su mano la granada, símbolo de la fértil sangre y la muerte, y sustituto de la cápsula narcótica de la amapola.[2] El investigador Walter Burkert escribió en Religión griega: «Sin embargo, hay registros de una representación anterior sin iconos, como una columna en Argos y una tabla en Samos.»[3]

Hera fue muy conocida por su naturaleza celosa y vengativa, principalmente contra las amantes y la descendencia de Zeus, pero también contra los mortales con los que se cruzaba, como Pelias. Paris, quien la ofendió al elegir a Afrodita como la diosa más bella, se ganó así su odio.

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[editar] Etimología

Así comienza la sección sobre Hera en la Mitología griega de Walter Burkert: «El nombre de Hera, la reina de los dioses, admite una variedad de etimologías mutuamente exclusivas; una posibilidad es relacionarlo con hora, ‘estación’, e interpretarlo como listo para el matrimonio.»[3] En una nota, registra los argumentos de otros investigadores «sobre el significado ‘Señora’ como femenino de Heros, ‘Señor’.» John Chadwick, un descifrador del lineal B, señala que «su nombre puede estar relacionado con hērōs, ‘héroe’, pero esto no es de ayuda, ya que también es etimológicamente obscuro.»[4] A. J. van Windekens[5] propone el significado ‘ternera’, que es consonante con su frecuente epíteto βοῶπις boôpis, ‘con ojos de vaca’. E-ra aparece en tablillas micénicas.

[editar] Culto

Templo de Hera en Agrigento, Magna Grecia.

Hera fue especialmente adorada, como ‘Hera Argiva’ (Hera Argeia), en su santuario situado entre las antiguas ciudades-estado micénicas de Argos y Micenas,[6] donde se celebraban en su honor unos festivales, las Hereas. «Tres son las ciudades que más quiero», declaraba la diosa celestial de ojos de buey:[7] «Argos, Esparta y Micenas, la de anchas calles.» Su otro centro principal de culto estaba en la isla de Samos. Había también templos dedicados a Hera en Olimpia, Corinto, Tirinto, Peracora y la sagrada isla de Delos. En la Magna Grecia se construyeron dos templos dóricos a Hera, sobre el 500 a. C. y el 450 a. C. El templo durante mucho tiempo llamado «Templo de Poseidón» en el grupo de Paestum fue identificado en los años 1950 como un segundo templo de Hera.[8]

Los altares griegos de la época clásica estaban siempre al aire libre. Hera puede haber sido la primera a quien se dedicó un santuario en un templo cerrado con techo, en Samos sobre el 800 a. C. (Posteriormente reemplazado por el Hereo, uno de los mayores templos griegos de la historia.) Se construyeron muchos templos en ese lugar, por lo que las evidencias son confusas en cierta medida y las dataciones arqueológicas inciertas. Sabemos que el templo creado por el escultor y arquitecto Roico fue destruido entre 570 y el 560 a. C., siendo reemplazado por el templo de Polícrates entre el 540 y el 530 a. C. En uno de estos templos hubo un bosque de 155 columnas. Tampoco hay evidencias de losas en este templo, lo que sugiere que nunca fue finalizado o que estuvo abierto al aire.

Santuarios más antiguos, cuya dedicación es menos segura, eran del tipo micénico llamado «casas santuario».[9] Las excavaciones de Samos han descubierto ofrendas votivas, muchas de ellas de finales de los siglos VIII y VII a. C., revelando que Hera no fue simplemente una diosa griega local del Egeo: el museo de Samos contiene figuras de dioses, rogativos y otras ofrendas votivas procedentes de Armenia, Babilonia, Irán, Asiria y Egipto, testimonio de la reputación que este santuario de Hera disfrutó y de la gran afluencia de peregrinos. Comparado con esta poderosa diosa, que también poseyó el templo más antiguo de Olimpia y dos de los grandes templos de los siglos VI y V a. C. de Paestum, el termagant de Homero y los mitos es una «figura casi cómica», según Burkert.[10]

En Eubea se celebraba en ciclos de sesenta años el festival de la gran Daedala, consagrado a Hera.

[editar] Importancia antigua de Hera

Tanto Hera como Deméter tenían muchos atributos característicos de la antigua Gran Diosa.[11] La diosa minoica representada en sellos y otros restos, a quien los griegos llamaban Potnia Theron, ‘Señora de los Animales’, muchos de cuyos atributos fueron luego también absorbidos por Artemisa, parece haber sido un tipo de diosa madre, pues en algunas representaciones amamanta a los animales que tiene en brazos. A veces este papel delegado es tan claro como puede hacerlo una simple sustitución. De acuerdo con el himno homérico III a Apolo Delio, Hera retuvo a Ilitía para evitar que Leto se pusiese de parto, pues el padre de los hijos que iba a tener, Artemisa y Apolo, era Zeus. Las demás diosas presentes en el parto en Delos enviaron a Iris a buscarla. En cuanto puso un pie en la isla empezó el divino nacimiento. En el mito del nacimiento de Heracles, es la propia Hera quien se sienta a la puerta, retrasando el parto de Heracles hasta que su protegido, Euristeo, nace primero.

La importancia de Hera en el periodo más arcaico queda atestiguada por el gran número de edificaciones erigidas en su honor. Los templos de Hera en los dos centros principales de su culto, el Hereo de Samos y el Hereo de Argos en la Argólida, fueron los primeros templos monumentales construidos por los griegos, en el siglo VIII a. C.

El himno homérico a Apolo Pitio hace al monstruo Tifón descendiente de la Hera arcaica en su forma minoica, producido por sí misma, como una versión monstruosa de Hefesto, y nacido en una cueva de Cilicia.[12] Hera dio la criatura a Gea para que la criase.

En Olimpia, la imagen de culto tradicional de Hera era más antigua que la imagen guerrera de Zeus que la acompañaba. Homero describía su delicada relación con Zeus en la Ilíada, en la que Hera declara a Zeus: «También yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono engendróme la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos.»[7] Aunque Zeus es a menudo llamado Zeus Hereo (‘consorte de Hera’), el tratamiento que Homero le dispensa es poco respetuoso, y en posteriores versiones anecdóticas de los mitos (ver más abajo) Hera aparecía dedicando la mayor parte de su tiempo a tramar venganzas contra las ninfas seducidas por su marido, pues defendía todas las antiguas reglas correctas de la sociedad y hermandad femenina helenas.

[editar] Posible matriarcado

Ha habido considerables investigaciones, desde las de Johann Jakob Bachofen a mediados del siglo XIX,[13] sobre la posibilidad de que Hera, cuya primitiva importancia en la religión griega está firmemente establecida, fuese originalmente la diosa de un pueblo matriarcal, presumiblemente habitantes de Grecia anteriores a los helenos. Desde este punto de vista, su función como diosa del matrimonio establecía el lazo patriarcal de su propia subordinación: su resistencia a las conquistas de Zeus se presenta como «celos» y forma el tema principal de las anécdotas literarias que recortaron su antiguo culto.[14]

[editar] Emblemas de la presencia de Hera

Copia romana de una Hera griega del siglo V del tipo «Hera Barberini» (Museo Chiaramonti).

En la imaginería helenística, la carreta de Hera era tirada por pavos reales, pájaros desconocidos para los griegos antes de las conquistas de Alejandro Magno, cuyo tutor, Aristóteles, alude a ellos como «pájaros persas». El motivo del pavo real resurgió en la iconografía renacentista que unificó a Hera y Juno, y en la que se centraron los pintores europeos.[15] Un pájaro que había sido asociado con Hera en un nivel arcaico, donde la mayoría de las diosas egeas estaban relacionadas con «su» pájaro, era el cuco, que aparece en fragmentos mitológicos acerca del primer cortejo de una virginal Hera por parte de Zeus.

Su asociación arcaica era principalmente con el ganado, como una Diosa Vaca que fue especialmente venerada en la «rica en ganado» Eubea. En Chipre, se han hallado yacimientos arqueológicos muy antiguos conteniendo cráneos de toro que fueron adaptados para ser usados como máscaras (véase «toro sagrado»). Su familiar epíteto homérico βοῶπις boôpis se traduce siempre como ‘con ojos de vaca’, pues, como los griegos clásicos, rechazamos su otra traducción natural como ‘con cara de vaca’ o al menos ‘de aspecto vacuno’. Una Hera con cabeza de vaca, como un Minotauro, estaría reñida con la imagen maternal del periodo clásico posterior. A este respecto, Hera tiene cierto parecido a la antigua deidad egipcia Hathor, una diosa maternal relacionada con el ganado.

La granada, un antiguo emblema de la Gran Diosa, permaneció como símbolo de Hera: muchas de las granadas votivas y cápsulas de amapola recuperadas en Samos están hechas de marfil, que sobrevive al enterramiento mejor que la madera, de las que debieron estar hechas las más comunes. Como todas las diosas, Hera puede ser representada llevando una diadema y un velo.

[editar] Epítetos

Además del ya mencionado boôpis, Hera ostentó varios otros epítetos en la tradición mitológica, como thea leukôlenos (θεὰ λευκώλενος, ‘diosa de brazos blancos’), chrysothronos (χρυσόθρονος, ‘la del trono dorado’) y eukomos (‘hermosos cabellos’). Otros fueron aigofagos, ‘comedora de cabras’, bajo el que fue adorada por los lacedemonios[16] y aléxandros (αλέξανδρος, ‘la que salva al guerrero’), como fue adorada en Sición.[17] [18]

[editar] Hera y sus hijos

Hera preside sobre los correctos preparativos del matrimonio y es el arquetipo de la unión en el lecho nupcial, pero no destaca como madre. Los legítimos descendientes de su unión con Zeus son Ares (dios de la guerra), Hebe (diosa de la juventud), Eris (diosa de la discordia) e Ilitía (diosa de los partos). Hera estaba celosa de que Zeus alumbrase a Atenea sin recurrir a ella (en realidad con Metis), así que engendró a Hefesto sin él. Hera estuvo entonces disgustada con la fealdad de Hefesto y lo expulsó del Olimpo. Según otra versión alternativa, Hera dio a luz sola a todos los hijos normalmente atribuidos a Zeus y a ella juntos, golpeando su mano contra el suelo, un acto solemne para los griegos.

Hefesto se vengó de Hera por haberle rechazado haciendo un trono mágico para ella que, cuando se sentó, no le dejaba levantarse de él. Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese al Olimpo para liberarla pero éste se negó repetidamente. Dioniso le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto liberó a Hera tras recibir a Afrodita por esposa.

[editar] Hera, la némesis de Heracles

Hera fue la madrastra y enemiga de Heracles, quien fue llamado ‘gloria de Hera’[19] en su honor. Heracles es el héroe que, más incluso que Perseo, Cadmo o Teseo, introdujo los hábitos olímpicos en Grecia.[2] Cuando Alcmena estaba embarazada de Heracles, Hera intentó evitar que éste naciera atando las piernas de Alcmena en nudos. Sus planes fueron frustrados por Galantis, la sierva de Alcmena, quien dijo a Hera que ya había traído el niño al mundo. Hera la transformó en una comadreja.

Heracles estrangulando las serpientes enviadas por Hera, stamnos ática de figuras rojas, c. 480–470 a. C. De Vulci, Etruria.

Cuando Heracles era aún un infante, Hera envió dos serpientes para matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente con cada mano y su niñera le halló divirtiéndose con sus cuerpos flácidos como si fueran juguetes. Esta anécdota[20] parte de una representación del héroe asiendo una serpiente en cada mano, justo como las familiares diosas minoicas habían hecho alguna vez. «La imagen de un niño divino entre dos serpientes puede haber sido muy familiar para los tebanos, que adoraban a los Cabiros, aunque no era representada como una primera hazaña de un héroe.»[21]

Un relato del origen de la Vía Láctea cuenta que Zeus había engañado a Hera para que amamantase al infante Heracles. Al descubrir quién era éste, lo retiró de su pecho, y un chorro de su leche formó la mancha que cruza el cielo. Los etruscos representaban a un Heracles adulto y barbudo al pecho de Hera; sin embargo, esto puede aludir a su adopción por ella cuando Heracles se volvió inmortal. Heracles le había herido antes gravemente en el pecho.

Algunos mitos sostienen que Hera se hizo amiga de Heracles por salvarla de un gigante que intentó violarla, y que incluso le dio a su hija Hebe como prometida. Cualquiera que fuese el mito fabricado para explicar una representación arcaica de Heracles como ‘hombre de Hera’, se consideró adecuado para los constructores del Hereo en Paestum, que representaron las hazañas de Heracles en bajorrelieves.[22]

[editar] Los doce trabajos

Hera encargó a Heracles trabajar para el rey Euristeo de Micenas. Intentó hacer casi todos los doce trabajos de Heracles más difíciles de lo que ya eran.

Cuando Heracles luchó con la hidra de Lerna, envió un cangrejo para que le picase los pies con la esperanza de distraerle. Cuando Heracles robó el ganado de Gerión, hirió a Hera en el pecho derecho con una flecha de tres puntas: la herida era incurable y dejó a Hera un dolor constante, como Dione le cuenta a Afrodita en la Ilíada.[23] Luego, Hera envió un tábano para picar a las reses, irritarlas y dispersarlas. Hera provocó entonces una inundación que elevó el nivel de un río tanto que Heracles no podía vadearlo con el ganado. Heracles apiló piedras en el río para hacer el agua menos profunda. Cuando logró llegar a la corte de Euristeo, el ganado fue sacrificado a Hera.

Euristeo también quería sacrificar el toro de Creta a Hera, quien rehusó el sacrificio porque reflejaba la gloria de éste. El toro fue liberado y vagó hasta Maratón, pasando a ser conocido como el toro de Maratón.

[editar] La joven Hera

Hera fue más conocida como la diosa matrona, Hera Teleia, pero también presidía sobre los matrimonios. En los mitos y el culto, se conservan referencias fragmentarias y costumbres arcaicas del matrimonio sagrado de Hera y Zeus,[24] y en Platea había una escultura de Calímaco de Hera sentada como una novia, así como la Hera matrona de pie.[25]

Hera también fue adorada como virgen: había una tradición en Estinfalia (Arcadia) según la cual había un altar triple a Hera la Virgen, la Matrona y la Separada (chêra, ‘viuda’ o ‘divorciada’).[26] En la Argólida, el templo de Hera en Hermíone, cerca de Argos, estaba dedicado a Hera la Virgen;[27] y en la fuente de Canato, cerca de Nauplia, Hera renovaba su virginidad anualmente, en ritos de los que no se podía hablar (arrheton).[28]

[editar] Los celos de Hera

[editar] Eco

Durante mucho tiempo una ninfa llamada Eco tuvo el trabajo de distraer a Hera de las aventuras de Zeus hablándole incesantemente. Otras dos versiones afirman que Hera estaba siempre entretenida por la charla de Eco o que ésta la engañó contándole que Zeus estaba esperándola en el Olimpo. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco a pronunciar sólo las palabras de los demás (de ahí nuestra palabra moderna «eco»).

[editar] Leto, Artemisa y Apolo

Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre, prohibió que Leto diera a luz en terra firma, es decir, el continente o cualquier isla del mar. Leto encontró la isla flotante de Delos, que estaba rodeada de cisnes. La isla no era el continente ni una isla real, y allí pudo dar a luz. Como gesto de gratitud, Delos fue sujetada con cuatro pilares. Más tarde la isla fue santificada a Apolo. Alternativamente, Hera secuestró a Ilitía, la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses obligaron a Hera a dejarla ir. De cualquier forma, primero nació Artemisa y ésta ayudó a nacer a Apolo. Algunas versiones dicen que Artemisa ayudó a su madre a dar a luz a Apolo durante nueve días. Otra variante afirma que Artemisa nació un día antes que Apolo, en la isla de Ortigia, y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta Delos el día siguiente para dar a luz a Apolo.[29]

En otra versión, se afirmaba que Hera había enviado a Pitón en persecución de Leto. El viento Aquilón llevó a Leto hasta donde se encontraba Poseidón, que la salvó y cubrió la isla de Ortigia con sus olas mientras Leto daba a luz a Apolo y Artemisa. Más tarde la isla de Ortigia fue llamada Delos y Apolo mató a la serpiente Pitón para vengar los sufrimientos de su madre.[30]

[editar] Calisto y Arcas

Hera también aparece en el mito de Calisto y Arcas.

Calisto era una seguidora de Artemisa que hizo voto de permanecer virgen. Pero Zeus se enamoró de ella y se disfrazó de Artemisa para poder atraerla hasta sus brazos. Hera, la esposa de Zeus, convirtió entonces a Calisto en una osa como venganza. Más tarde, el hijo que Calisto tuvo con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus los subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

En una versión alternativa, Calisto era miembro del cortejo de Artemisa y perdió su virginidad con Zeus, quien se había disfrazado de Apolo. Enfurecida, ésta la transformó en oso. El hijo que Calisto había tenido con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus o Artemisa lo detuvo y subió a ambos al cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor.

Y en otra versión alternativa, Artemisa mató deliberadamente a Calisto cuando ésta tenía forma de oso.

[editar] Sémele y Dioniso

Cuando Hera supo que Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas, estaba embarazada de Zeus, se disfrazó como su niñera y la persuadió para que le pidiese a Zeus que se mostrase en su auténtica forma. Cuando éste se vio obligado a hacerlo, sus rayos y truenos la mataron. Zeus tomó al niño y completó su gestación cosiéndolo a su propio muslo. Otra versión es que Hera convenció a Sémele para obligar a Zeus a mostrarse en su forma real. Desafortunadamente, debía hacer lo que la princesa quería, al haber jurado por Estigia.[31] En otra versión, Dioniso era originalmente el hijo de Zeus con Deméter o Perséfone. Hera envió a sus Titanes a despedazar al niño, de donde fue llamado Zagreo (‘descuartizado’). Zeus, o según la fuente Atenea, Rea o Deméter, rescató el corazón de Dioniso.[32] Zeus usó el corazón para recrear a Dioniso e implantarlo en el vientre de Sémele, de ahí que conocido como «el nacido dos veces». Ciertas versiones insinúan que Zeus le dio a comer el corazón a Sémele para embarazarla.

Véase también el nacimiento de Dioniso para otras variantes de este mito.

[editar] Ío

Ío con Zeus, por Giovanni Ambrogio Figino.

Hera estuvo a punto de sorprender a Zeus con su amante la princesa argiva Ío, lo que éste logró evitar convirtiéndola en una hermosa ternera blanca. Sin embargo Hera sospechó el engaño y pidió a Zeus que le diese la ternera como un regalo, a lo que éste no pudo negarse.

Cuando Hera recibió a Ío, la dejó a cargo de Argos Panoptes para mantenerla apartada de Zeus. Éste ordenó entonces a Hermes a matar a Argos, quien disfrazado de pastor logró que todos los cien ojos de Argos cayesen dormidos con historias aburridas, y entonces lo mató de una pedrada, rescatando así a Ío. En la interpolación de Ovidio, cuando Hera supo de la muerte de Argos, tomó sus ojos y los puso en el plumaje del pavo real, lo que explica los dibujos de su cola.[33] Hera envió entonces un tábano[34] para que la picase, obligándola a vagar sin rumbo por el mundo con forma de vaca. Finalmente Ío llegó a los confines del mundo, que los romanos creían que era Egipto, donde se convirtió en sacerdotisa de la diosa egipcia Isis.

[editar] Lamia

Lamia era una reina de Libia a quien Zeus amaba. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos. O, alternativamente, mató a sus hijos y fue el dolor lo que la convirtió en dicho monstruo. Lamia fue maldecida con la incapacidad de cerrar sus ojos, de forma que siempre estuviese obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar, y luego volver a ponérselos. Lamia sentía envidia de otras madres y devoraba a sus hijos.

[editar] Gerana

Gerana era un reina de los pigmeos que alardeaba de ser más bella que Hera. La iracunda diosa la transformó en grulla y decretó que los descendientes de este pájaro estarían eternamente en guerra con el pueblo pigmeo.

[editar] Otras historias involucrando a Hera

Hera y Prometeo, tondo de un plato del siglo V de Vulci (Etruria).

[editar] Cidipe

Cidipe, una sacerdotisa de Hera, iba de camino a un festival en honor de la diosa. Los bueyes que tiraban de su carro iban retrasados y sus hijos, Bitón y Cleobis, tiraron del carro el camino completo (45 estadios, 8 km). Cidipe quedó impresionada con la devoción hacia ella y su diosa y pidió a Hera que concediera a los niños el mejor regalo que un dios pudiera dar a una persona. Hera ordenó que los hermanos morirían cuando estuviesen dormidos.

Este honor concedido a los niños fue más tarde usado por Solón como prueba cuando trataba de convencer a Creso de que es imposible juzgar la felicidad de una persona hasta que haya muerto tras una vida gozosa.[35]

[editar] Tiresias

Tiresias era un sacerdote de Zeus que, de joven, encontró dos serpientes apareándose y las golpeó con un palo. Entonces fue transformado en una mujer. Como mujer, Tiresias se convirtió en sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo hijos, incluyendo a Manto. Tras siete años como mujer, Tiresias volvió a encontrar dos serpientes apareándose, las golpeó con su bastón y se convirtió en hombre de nuevo. Zeus y Hera le pidieron que dicidiese la cuestión de con qué sexo, masculino o femenino, experimentaba más placer en sus relaciones sexuales. Zeus afirmaba que era como mujer, y Hera decía que como hombre. Cuando Tiresias estuvo de acuerdo en Zeus, afirmando que la mujer recibe nueve décimos del placer, Hera le cegó. Como Zeus no podía deshacer esta maldición, concedió a Tiresias el don de la profecía. Una versión alternativa y menos conocida de la historia cuenta que Tiresias fue cegado por Atenea tras encontrársela bañándose desnuda. Su madre, Cariclo, rogó a la diosa que deshiciera su maldición, pero Atenea no podía hacerlo y a cambio le concedió el don de la profecía.

[editar] Quelona

En la boda de Zeus y Hera, una ninfa llamada Quelona fue irrespetuosa (o rehusó servir). Zeus la castigó transformándola en tortuga.

[editar] Engaño de Zeus

Artículo principal: Engaño de Zeus

Hera, junto con varios de los olímpicos (Apolo, Atenea, Poseidón) intentaron una vez destronar a Zeus y adueñarse del Olimpo. Para eso encadenaron a Zeus a su lecho y alejaron de él su rayo. Mientras discutían quién gobernaría el Olimpo, el centímano Briareo liberó a Zeus, y el dios castigó a los usurpadores. Como castigo ejemplar, colgó a Hera desde el cielo, con sus brazos encadenados a argollas de oro y un yunque atado a cada pie. Los gritos lastimeros de Hera terminaron ablandando el corazón de Zeus, quien la liberó posteriormente.

[editar] La Ilíada

Según la Ilíada, durante la Guerra de Troya Diomedes luchó con Héctor y vio a Ares luchando en el bando troyano. Diómedes pidió a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, la madre de Ares, vio la injerencia de éste y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejar a Ares del campo de batalla. Hera animó a Diómedes a atacar a Ares y éste arrojó su lanza contra el dios. Atenea guió la lanza hasta el cuerpo de Ares, quien rugió de dolor y huyó al monte Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.

[editar] El vellocino de oro

Hera odiaba a Pelias por haber asesinado a Sidero, su madrastra, en un templo consagrado a ella. Manipuló a Jasón y Medea para que matasen a Pelias.

[editar] Las metamorfosis

En Tracia, Hera y Zeus convirtieron al rey Hemo y la reina Ródope en montañas,[36] los Balcanes y las montañas Ródope respectivamente, por su hibris al compararse con los propios dioses.

[editar] Véase también

[editar] Notas

  1. Graves, Robert (1960). «The Palace of Olympus». Greek Gods and Heroes. Dell Laurel-Leaf. p. 4. 
  2. a b Ruck y Staples (1994).
  3. a b Burkert (1985), iii.2.2 (p. 131).
  4. Chadwick (1976), p. 87.
  5. A. J. van Windekens, Glotta 36 (1958) pp. 309–11.
  6. Su nombre aparece, junto a Zeus y Hermes, en una inscripción en lineal B (Tn 316) en Pilos (Micenas). Chadwick (1976), p. 89.
  7. a b Homero, Ilíada iv.50–67.
  8. Sestieri, P. C. (1960). Paestum, the City, the Prehistoric Acropolis in Contrada Gaudo, and the Heraion at the Mouth of the Sele. Roma. pp. 11 y sig.  «Es extraño que no hubiese un templo dedicado a Poseidón en una ciudad bautizada en su honor (Paestrum fue llamada originalmente Posidonia). Quizás hubiera uno en Sele, el asentamiento que precedió a Paestum», sugirió Sarantis Symeonoglou. (Symeonoglou, Sarantis (primavera de 1985). «The Doric Temples of Paestum». Journal of Aesthetic Education 19 (1):  p. 50. )
  9. Nilsson, Martin Persson (1950). «House Sanctuaries». The Minoan-Mycenaean Religion and Its Survival in Greek Religion. Lund. pp. 77–116. 
    Catling, H. W. (1989). «A Late Bronze Age House- or Sanctuary-Model from the Menelaion, Sparta». BSA 84:  pp. 171–5. 
  10. Burkert (1998), p. 132.
  11. «Las diosas del politeísmo griego, tan diferentes y complementarias, son sin embargo consistentemente similares en una etapa primitiva, con una u otra simplemente volviéndose dominante en un santuario o ciudad. Cada una es la Gran Diosa que preside una sociedad masculina; cada una es representada en su atuendo como Señora de las Bestias, y Señora del Sacrificio, incluso Hera y Deméter.» Burkert, Walter (1972). Homo necans: interpretationen altgriechischer Opferriten und Mythen. Berlín, Nueva York: De Gruyter. pp. 79 y sig. ISBN 9783110038750. 
  12. Homero, Ilíada ii.781–3.
  13. Bachofen, Johann Jakob (1861). Das Mutterrecht. Eine Untersuchung ub̈er die Gynaikokratie der alten Welt nach ihrer religiösen und rechtlichen Natur. Stuttgart: Krais & Hoffman. OCLC 16017530.  Traducida como ‘Derecho materno: una investigación del carácter religioso y jurídico del matriarcado en el mundo antiguo’, fue la semilla de la obra de Jane Ellen Harrison y otros estudiosos de los mitos griegos.
  14. Slater (1968).
  15. Seznec (1953).
  16. Pausanias iii.15.7.
  17. Schmitz, Leonhard (1867), «Alexander», en William Smith (lexicographer), Dictionary of Greek and Roman Biography and Mythology, 1, Boston: Little, Brown and Company, pp. 110, http://www.ancientlibrary.com/smith-bio/0119.html 
  18. Lewis, Richard Farnell (1896). The Cults of the Greek States. Oxford: The Clarendon Press. pp. 197. http://books.google.com/books?id=LD876SQgGkIC. 
  19. Pauly-Wissowa, Realencyclopädie der Classischen Altertumswissenschaft, s. v. Hera.
  20. Recogida en Apolonio de Rodas, Argonáuticas i.855; Píndaro, Píticas iv.253.
  21. Kerényi (1959), p. 134.
  22. Kerényi (1959), p. 131.
  23. Homero, Ilíada v.390.
  24. Farnell (1896), i.191.
  25. Pausanias (ix.2.7–3.3) explica esto contando el mito de las Dédalas.
  26. Farnell, i.194, citando a Pausanias viii.22.2. Píndaro (Olímpicas vi.88) alude a los «elogios de Hera Partenia» (‘virginal’).
  27. Casson, S. (1920). «Hera of Kanathos and the Ludovisi Throne». The Journal of Hellenic Studies 40 (2):  pp. 137–42.  Citando a Esteban de Bizancio, s. v. Ernaion.
  28. Pausanias ii.38.2–3
  29. Leto «alcanzó finalmente Delos y dio a luz a Artemisa, que entonces le ayudó a parir a Apolo. Artemisa se convirtió en una cazadora experta y permaneció virgen.» (Apolodoro, Biblioteca i.21.)
  30. Higino, Fábulas 140.
  31. Hamilton, Edith (1969). Mythology.
  32. Seyffert (1894).
  33. Ovidio, Las metamorfosis i.624 y sig., ii.531.
  34. En griego oistros, compárese con oestrus.
  35. Heródoto, Historia i.
  36. Ovidio, Las metamorfosis vi.87.

[editar] Bibliografía

  • Burkert, W. (1985). Greek religion. Cambridge: Harvard University Press. ISBN 9780674362802.  — (1992). The orientalizing revolution: Near Eastern influence on Greek culture in the early archaic age. Cambridge: Harvard University Press. ISBN 9780674643635. 
  • Chadwick, John (1976). The Mycenaean World. Cambridge: Cambridge University Press. ISBN 9780521210775. 
  • Farnell, L. R. (1896–1909). «I. Zeus, Hera Athena». The cults of the Greek states. Oxford: Clarendon Press. OCLC 1516188. 
  • Graves, R. (1955). The Greek myths. Baltimore: Penguin Books. OCLC 656544. 
  • Kerényi, K. (1951). The gods of the Greeks. Londres, Nueva York: Thames and Hudson. OCLC 387233.  — (1959). The heroes of the Greeks. Londres: Thames and Hudson. OCLC 1156601. 
  • Ruck, Carl A.P.; Staples, Danny (1994). The world of classical myth: gods and goddesses, heroines and heroes. Durham: Carolina Academic Press. ISBN 9780890895757. 
  • Seyffert, O. (1894). Dictionary of Classical Antiquities. Londres: W. Glaisher. OCLC 2162274. 
  • Seznec, Jean (1953). The survival of the pagan gods: the mythological tradition and its place in Renaissance humanism and art. Nueva York: Pantheon Books. OCLC 377979. 
  • Slater, Philip E. (1968). The glory of Hera: Greek mythology and the Greek family. Boston: Beacon Press. OCLC 657076. 

[editar] Enlaces externos

HISTORIA10: VÁGAR. Vágar, también conocida como Vágoy, es una de las 18 islas del archipiélago de las Feroe y la más situada al oeste. Con una extensión de 178 km² (teniendo en cuenta las aguas interiores), es la tercera de mayor tamaño, tras Streymoy y Eysturoy.

Vágar

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Mapa de Vágar, con su característica forma de cabeza de perro.

Vágar, también conocida como Vágoy, es una de las 18 islas del archipiélago de las Feroe y la más situada al oeste. Con una extensión de 178 km² (teniendo en cuenta las aguas interiores), es la tercera de mayor tamaño, tras Streymoy y Eysturoy.

La forma de la isla se asemeja a la cabeza de un perro, siendo la población de Sørvágsfjørður la boca, y Fjallavatn el ojo del animal.

Vágar es el primer lugar en la que la mayoría de los turistas extranjeros entra en contacto con las Islas Feroe, ya que aquí se encuentra situado el único aeropuerto del archipiélago. Éste fue construido durante la Segunda Guerra Mundial cuando tropas británicas ocuparon pacíficamente el territorio. Tras la guerra, las instalaciones quedaron en desuso durante más de 20 años para ser más tarde modernizadas. Actualmente recibe 170.000 pasajeros por año.

Además del aeropuerto, la isla cuenta con un túnel construido recientemente bajo el mar que conecta con las otras dos islas de mayor tamaño y, del mismo modo, con la capital, Tórshavn.

Vista de Vágar desde Streymoy.

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[editar] Poblaciones

Vágar se compone de tres pueblos y tres aldeas, aunque hace un siglo existían siete núcleos poblacionales.

La población de mayor tamaño es Miðvágur, que a fecha de 2003 tenía una población de 1.023 habitantes. Se encuentra situada en el medio de la isla, por lo que se ha convertido de modo indirecto en el lugar en el que se han instalado la comisaria, un centro médico y un centro religioso. Su importancia también es histórica, ya que fue el lugar de residencia de Beinta Broberg, la mujer de un pastor, más conocida como la Malvada Beinta. Jørgen Frantz Jacobsen contó su historia en su famosa novela "Barbara", que más tarde pasaría a ser una película realizada en 1997 por Niels Malmros.

Al este de esta población, se encuentra Sandavágur, con 716 habitantes. Su importancia proviene en haber sido el lugar de residencia de la máxima autoridad legal de las islas hasta 1816, cuando dicho cargo fue suprimido y el archipiélago paso a ser un distrito administrativo danés. Igualmente, fue el lugar en el que nación el religioso V. U. Hammershaimb en 1819 que sería considerado más tarde como el padre del feroés escrito. Otro dato a tener en cuenta, es el descubrimiento en 1917 de una piedra rúnica de 1200 que puede ser vista en la iglesia del pueblo.

La tercera población en tamaño es Sørvágur, muy cercana al aeropuerto y con una población de 980 habitantes 2003. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras la base aérea era construida de 1942 a 1944, 4.000 soldados británicos residieron aquí. Las islas de Tindhólmur, Gáshólmur y los acantilados adyacentes, pertenecen al pueblo.

Un pequeño poblado, Vatnsoyrar, con 41 habitantes, fue creado en la isla en 1921. Fundado por tres hombres, cada uno de los cuales recibió una proporción de tierra para cultivar y para establecerse junto a sus familias. Durante la construcción del aeropuerto, la población de dicha localidad fue evacuada, pero pudo regresar una vez que el conflicto bélico terminó.

En el punto más al norte de la isla, en los pastos pertenecientes a Sandavágur, se encuentra la aldea de Slættanes, fundada en 1835. Llegó a tener 70 habitantes, e incluso se construyó un colegio. Sin embargo, su último habitante abandonó la población en 1964. Lo mismo sucedió en Víkar (fundada en 1833). A pesar de encontrarse en un áerea óptima para la agricultura, su situación tan inaccesible supuso que su población fuese emigrando paulatinamente

[editar] Lagos

[editar] Montes más altos

[editar] Cascadas

  • Bøsdalafossur, Múlafossur y Reipsáfossur.

[editar] Islotes

  • Tindhólmur, Gáshólmur, Skerhólmur, Trøllkonufingur, Dunnusdrangar, Filpusardrangur, Drangarnir (también conocido como Lítli Drangur) y Stóri Drangur.

[editar] Enlaces externos

HISTORIA10: TEORÍA DEL CAOS. MATEMÁTICAS. Teoría del caos es la denominación popular de la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias que trata ciertos tipos de sistemas dinámicos muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales, pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro; complicando la predicción a largo plazo. Esto sucede aunque estos sistemas son deterministas, es decir; su comportamiento está completamente determinado por sus condiciones iniciales.

Teoría del caos

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Diagrama de la trayectoria del sistema de Lorentz para los valores r = 28, σ = 10, b = 8/3.

Teoría del caos es la denominación popular de la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias que trata ciertos tipos de sistemas dinámicos muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales, pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro; complicando la predicción a largo plazo. Esto sucede aunque estos sistemas son deterministas, es decir; su comportamiento está completamente determinado por sus condiciones iniciales.

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[editar] Clasificación

Los sistemas dinámicos se pueden clasificar básicamente en:

  • Estables
  • Inestables
  • Caóticos
  • Dinámica de Sistemas

Un sistema estable tiende a lo largo del tiempo a un punto, u órbita, según su dimensión (atractor o sumidero). Un sistema inestable se escapa de los atractores. Y un sistema caótico manifiesta los dos comportamientos. Por un lado, existe un atractor por el que el sistema se ve atraído, pero a la vez, hay "fuerzas" que lo alejan de éste. De esa manera, el sistema permanece confinado en una zona de su espacio de estados, pero sin tender a un atractor fijo.

Una de las mayores características de un sistema inestable es que tiene una gran dependencia de las condiciones iniciales. De un sistema del que se conocen sus ecuaciones características, y con unas condiciones iniciales fijas, se puede conocer exactamente su evolución en el tiempo. Pero en el caso de los sistemas caóticos, una mínima diferencia en esas condiciones hace que el sistema evolucione de manera totalmente distinta. Ejemplos de tales sistemas incluyen el Sistema Solar, las placas tectónicas, los fluidos en régimen turbulento y los crecimientos de población. [cita requerida]

[editar] Atractores

Artículo principal: Atractor

Una manera de visualizar el movimiento caótico, o cualquier tipo de movimiento, es hacer un diagrama de fases del movimiento. En tal diagrama el tiempo es implícito y cada eje representa una dimensión del estado. Por ejemplo, un sistema en reposo será dibujado como un punto, y un sistema en movimiento periódico será dibujado como un círculo.

Algunas veces el movimiento representado con estos diagramas de fases no muestra una trayectoria bien definida, sino que ésta se encuentra errada alrededor de algún movimiento bien definido. Cuando esto sucede se dice que el sistema es atraído hacia un tipo de movimiento, es decir, que hay un atractor.

De acuerdo a la forma en que sus trayectorias evolucionen, los atractores pueden ser clasificados como periódicos, cuasi-periódicos y extraños. Estos nombres se relacionan exactamente con el tipo de movimiento que provocan en los sistemas. Un atractor periódico, por ejemplo, puede guiar el movimiento de un péndulo en oscilaciones periódicas; sin embargo, el péndulo seguirá trayectorias erráticas alrededor de estas oscilaciones debidas a otros factores menores.

[editar] Atractores extraños

La mayoría de los tipos de movimientos mencionados y en la teoría anterior sucede alrededor de atractores muy simples, tales como puntos y curvas circulares llamadas ciclos límite. En cambio, el movimiento caótico está ligado a lo que se conoce como atractores extraños, atractores que pueden llegar a tener una enorme complejidad como, por ejemplo, el modelo tridimensional del sistema climático de Lorenz, que lleva al famoso atractor de Lorenz. El atractor de Lorenz es, quizá, uno de los diagramas de sistemas caóticos más conocidos, no sólo porque fue uno de los primeros, sino también porque es uno de los más complejos y peculiares, pues desenvuelve una forma muy peculiar más bien parecida a las alas de una mariposa.

Los atractores extraños están presentes tanto en los sistemas continuos dinámicos (tales como el sistema de Lorenz) como en algunos sistemas discretos (por ejemplo el mapa Hènon). Otros sistemas dinámicos discretos tienen una estructura repelente de tipo Conjunto de Julia la cual se forma en el límite entre las cuencas de dos puntos de atracción fijos. Julia puede ser sin embargo un atractor extraño. Ambos, atractores extraños y atractores tipo Conjunto de Julia, tienen típicamente una estructura fractal.

El teorema de Poincaré-Bendixson muestra que un atractor extraño sólo puede presentarse como un sistema continuo dinámico si tiene tres o más dimensiones. Sin embargo, tal restricción no se aplica a los sistemas discretos, los cuales pueden exhibir atractores extraños en sistemas de dos o incluso una dimensión.

[editar] Algo más de atractores

Los atractores extraños son curvas del espacio de las fases que describen la trayectoria eliptica de un sistema en movimiento caótico. Un sistema de estas características es plenamente impredecible, saber la configuración del sistema en un momento dado no permite predecir con veracidad su configuración en un momento posterior. De todos modos, el movimiento no es completamente aleatorio.

En la mayoría de sistemas dinámicos se encuentran elementos que permiten un tipo de movimiento repetitivo y, a veces, geométricamente establecido. Los atractores son los encargados de que las variables que inician en un punto de partida mantengan una trayectoria establecida, y lo que no se puede establecer de una manera precisa son las oscilaciones que las variables puedan tener al recorrer las órbitas que puedan llegar a establecer los atractores. Por ejemplo, es posible ver y de cierta manera prever la trayectoria de un satélite alrededor de la Tierra; lo que aparece en este caso como algo indeterminado, son los movimientos e inconvenientes varios que se le pueden presentar al objeto para efectuar este recorrido.

[editar] Aplicaciones

La Teoría del Caos y la matemática caótica resultaron ser una herramienta con aplicaciones a muchos campos de la ciencia y la tecnología. Gracias a estas aplicaciones el nombre se torna paradójico, dado que muchas de las prácticas que se realizan con la matemática caótica tienen resultados concretos porque los sistemas que se estudian están basados estrictamente con leyes deterministas aplicadas a sistemas dinámicos.

En Internet se desarrolla este concepto en Teoría del Caos, el tercer paradigma, de como la estadística inferencial trabaja con modelos aleatorios para crear series caóticas predictoras para el estudio de eventos presumiblemente caóticos en las Ciencias Sociales. Por esta razón la Teoría del Caos ya no es en sí una teoría: tiene postulados, fórmulas y parámetros recientemente establecidos con aplicaciones, por ejemplo, en las áreas de la meteorología o la física cuántica, y actualmente hay varios ejemplos de aplicación en la arquitectura a través de los fractales, por ejemplo el Jardín Botánico de Barcelona de Carlos Ferrater.

[editar] En meteorología

El tiempo atmosférico (no confundir con el clima), además de ser un sistema dinámico, es muy sensible a los cambios en las variables iniciales, es un sistema transitivo y también sus órbitas periódicas son densas, lo que hace del tiempo un sistema apropiado para trabajarlo con matemática caótica. La precisión de las predicciones meteorológicas es relativa, y los porcentajes anunciados tienen poco significado sin una descripción detallada de los criterios empleados para juzgar la exactitud de una predicción.

Al final del siglo XX se ha vuelto común atribuirles una precisión de entre 80 y 85% en plazos de un día. Los modelos numéricos estudiados en la teoría del caos han introducido considerables mejoras en la exactitud de las previsiones meteorológicas en comparación con las predicciones anteriores, realizadas por medio de métodos subjetivos, en especial para periodos superiores a un día. En estos días es posible demostrar la confiabilidad de las predicciones específicas para periodos de hasta cinco días gracias a la densidad entre las orbitas periódicas del sistema, y se han logrado algunos éxitos en la predicción de variaciones anormales de la temperatura y la pluviosidad para periodos de hasta 30 días.

[editar] Libros (En inglés)

  • Moon, Francis (1990). Chaotic and Fractal Dynamics. Springer-Verlag New York, LLC. ISBN 0-471-54571-6. 
  • Ott, Edward (2002). Chaos in Dynamical Systems. Cambridge University Press New, York. ISBN 0-521-01084-5. 
  • Gutzwiller, Martin (1990). Chaos in Classical and Quantum Mechanics. Springer-Verlag New York, LLC. ISBN 0-387-97173-4. 
  • Hoover, William Graham (1999,2001). Time Reversibility, Computer Simulation, and Chaos. World Scientific. ISBN 981-02-4073-2. 
  • González-Miranda, J. M. (2004). Synchronization and Control of Chaos. An introduction for scientists and engineers. Imperial College Press. ISBN 1-86094-488-4. 

[editar] Enlaces externos

HISTORIA10: EL CAOS (MITOLOGÍA). En algunos relatos cosmogónicos griegos, Caos es aquella que existe antes que el resto de los dioses y fuerzas elementales, es el estado primigenio del cosmos infinito. En griego antiguo Χάος significa 'espacio que se abre',[1] o 'hendidura', y procede del verbo χἄω, que en formas derivadas significa 'bostezar', 'abrirse una herida' o 'abrirse de una caverna'. En el siglo V a. C. se la identificó con el aire. Solo tardíamente adquirió el sentido de "confusión elemental", con Ovidio.[2]

Caos (mitología)

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Para otros usos de este término, véase Caos (desambiguación).

En algunos relatos cosmogónicos griegos, Caos es aquella que existe antes que el resto de los dioses y fuerzas elementales, es el estado primigenio del cosmos infinito. En griego antiguo Χάος significa 'espacio que se abre',[1] o 'hendidura', y procede del verbo χἄω, que en formas derivadas significa 'bostezar', 'abrirse una herida' o 'abrirse de una caverna'. En el siglo V a. C.  se la identificó con el aire. Solo tardíamente adquirió el sentido de "confusión elemental", con Ovidio.[2]

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[editar] Teogonías arcaicas

[editar] La Teogonía de Hesíodo

Según la Teogonía de Hesíodo, Caos fue lo primero que existió, y luego enumera otras figuras cosmogónicas elementales como Gea (la Tierra), Tártaro y Eros (v. 116ss). Pero Caos no engendró estas deidades elementales, sino que es cabeza de una genealogía de dioses asociados a lo incorpóreo: Nix -la Noche- y Érebo son sus hijos (v. 124), Éter y Hemera (el Dia) sus nietos (v. 125-126).

Una importante tradición filológica considera que Caos es la hendidura o resquicio situado entre el cielo y la tierra. Hesíodo relata en la Titanomaquia que Zeus, al lanzar el rayo a los Titanes, hace estremecer a Caos (Teogonia, v. 700), y compara este hecho con el acercamiento entre Urano -el Cielo- y Gea -la Tierra-. Este pasaje, sumado al valor semántico de la palabra Chaos, hace admisible la interpretación de Francis Macdonald Cornford, según la cual las palabras del verso 116 (Χάος γένετ᾽) deben traducirse "surgió el resquicio entre la tierra y el cielo".[3] Geoffrey Stephen Kirk y John Earle Raven refuerzan esta interpretación, y si bien tienen en cuenta la dificultad de que en la fuente Urano derive de Gea en un estadio posterior de la cosmogonía, piensan que lo que Hesíodo quiso significar es que al principio había un todo informe, que el cielo y la tierra formaban una masa indiferenciada y en el principio relatado se separaron: lo primero es esta separación, que luego se reduplica figurativamente en el nacimiento de Urano a partir de Gea (v. 126), y mitopoyéticamente en el relato de la castración de Urano por parte de Crono (v. 154ss).[4]

Una variante de esta interpretación la da Olof Gigon. Indica que Hesíodo parte de la imagen del cosmos como cavidad formada por la bóveda el cielo y la tierra como suelo, y luego suprime mentalmente a ambos para llegar a un concepto como Caos. Es algo completamente indeterminado, esto viene indicado por el hecho de que la palabra para designarlo es gramaticalmente neutra. Esto lo acerca al ἄπειρον (ápeiron, "lo indeterminado") de Anaximandro. Para Gigon, bajo la faz de una divinidad cosmogónica semejante se esconde el concepto filosófico de un principio anterior a todo.[5]

[editar] Las teogonías órficas

A diferencia de Hesíodo, la tradición órfica consideraba a Caos descendiente de Chronos y Ananké.[cita requerida]

En el mito pelasgo de la creación, Eurínome (la 'diosa de todo') surgió de este Caos y creó el Cosmos a partir de él. Para los órficos era llamado el «vientre de la oscuridad», del que surgió el huevo cósmico que contenía el Universo, a veces mezclado con la «negra noche alada».[cita requerida]

[editar] Características tardías

En su obra Las metamorfosis, Ovidio describió al Caos como rudis indigestaque moles, «una masa bastante cruda e indigesta, un bulto sin vida, informe y sin bordes, de semillas discordantes y justamente llamada Caos», definición que no coincide con la original ('vacío que ocupa un hueco'), pero que ha estado en uso desde entonces, hasta llegar al actual significado familiar de 'completo desorden'.

[editar] Referencias

  1. West, Hesiod Theogony, p. 192, comm. a v. 116.
  2. Gigon, Los orígenes de la filosofía griega, p. 30.
  3. Cornford, Principium sapientiae, p. 194.
  4. Kirk y Raven, Los filósofos presocráticos, p. 42-49
  5. Gigon, Los orígenes de la filosofía griega, p. 32-33

[editar] Bibliografía

[editar] Fuentes

[editar] Estudios

  • West, Martin Litchfield (1966) (en griego - inglés). Hesiod Theogony. Londres: Oxford University Press. pp. 192-193. 
  • Gigon, Olof. «Hesíodo». Los orígenes de la filosofía griega. De Hesíodo a Parménides. (título original Der Ursprung der Griechischen Philosophie), traducción de Manuel Carrión Gútiez (2ª edición). Madrid: Editorial Gredos. pp. 13–44. 
  • Kirk, Geoffrey Stephen; Raven, John Earle. «I-Los precursores de la cosmogonía filosófica». Los filósofos presocráticos, Historia crítica con selección de textos. (título original The presocratic philosophers. A critical history with a selection of text) (1ª edición). Madrid: Editorial Gredos. pp. 12-85. 

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

HISTORIA10: GRANDES PERSONAJES DE LA HISTORIA. BENITO PEREZ GALDÓS. Benito María de los Dolores Pérez Galdós[1] (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 - Madrid, 4 de enero de 1920), conocido como Benito Pérez Galdós, fue un novelista, dramaturgo y cronista español. Se trata del mayor representante de la novela realista del siglo XIX en España, y uno de los más importantes escritores en lengua española.

Benito Pérez Galdós

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Benito Pérez Galdós
Benito perez galdos y perro las palmas 1890.jpg
Benito Pérez Galdós
NombreBenito Pérez Galdós
Nacimiento10 de mayo de 1843
Las Palmas de Gran Canaria, España,
Defunción4 de enero de 1920 (76 años)
Madrid, España,
OcupaciónEscritor y novelista
NacionalidadBandera de España Española
GéneroNovela, teatro y crónica.
MovimientosRealismo y naturalismo

Benito María de los Dolores Pérez Galdós[1] (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 - Madrid, 4 de enero de 1920), conocido como Benito Pérez Galdós, fue un novelista, dramaturgo y cronista español. Se trata del mayor representante de la novela realista del siglo XIX en España, y uno de los más importantes escritores en lengua española.

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[editar] Biografía

[editar] Infancia y juventud

Galdós era el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. El padre inculcó en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado. Su imaginación fue desbordante ya desde muy joven. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y bastante avanzada para la época, durante los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, de lo cual hay ecos en obras suyas como, por ejemplo, Doña Perfecta.

Obtuvo Galdós el título de bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna, y empezó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. También se había destacado por su interés por el dibujo y la pintura. Después de la llegada de una prima suya a casa, el joven Galdós se trastornó emocionalmente y sus padres decidieron que se fuera a la capital a estudiar la carrera de Derecho.

Llegó a Madrid en septiembre de 1862, se matriculó en la universidad y tuvo por profesores a Fernando de Castro, Francisco de Paula Canalejas, Adolfo Camús y Valeriano Fernández y Francisco Chacón Oviedo. Allí también conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el krausismo, que marcaría fuertemente su primera novelística. Sin embargo, de momento se limitó a frecuentar los teatros y a crear con otros escritores paisanos suyos (Nicolás Estévanez, José Plácido Sansón, etcétera) la «Tertulia Canaria» en Madrid, mientras acudía a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia de Leopoldo Alas «Clarín», traba amistad con el famoso crítico y novelista asturiano.

En 1865 asistió a los hechos de la Noche de San Daniel, que le impresionaron vivamente:

Presencié, confundido con la turba estudiantil, el escandaloso motín de la noche de San Daniel —10 de abril del 65—, y en la Puerta del Sol me alcanzaron algunos linternazos de la Guardia Veterana, y en el año siguiente, el 22 de junio, memorable por la sublevación de los sargentos en el cuartel de San Gil, desde la casa de huéspedes, calle del Olivo, en que yo moraba con otros amigos, pude apreciar los tremendos lances de aquella luctuosa jornada. Los cañonazos atronaban el aire... Madrid era un inferno.
B. Pérez Galdós, Memorias de un desmemoriado, cap. II.

Era un asiduo de los teatros y le impresionó especialmente Venganza catalana de Antonio García Gutiérrez. Ese mismo año empezó a escribir como redactor meritorio en los periódicos La Nación y El Debate, así como en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente y en calidad de periodista, asiste al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil. Llevaba una vida cómoda, albergado primero por dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza. Según nos lo pinta Ramón Pérez de Ayala y las fotografías confirman, era un descuidado en el vestir y se conformaba siempre con ir de tonos sombríos para pasar desapercibido. En invierno llevaba enrollada al cuello una bufanda de lana blanca, con un cabo colgando del pecho y otro a la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, cuando estaba sentado, a los pies su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y padecía horribles migrañas.

Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y su aspecto manifestaba una modestia inverosímil, hasta el punto de sufrir al hablar en público. Entre sus dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez veinticinco años antes. De ello nacía también su gran facilidad para el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, el poder de observación.

En 1867 hizo su primer viaje al extranjero, como corresponsal en París, para dar cuenta de la Exposición Universal. Volvió con las obras de Balzac y de Dickens y tradujo de éste, a partir de una traducción francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Toda esta actividad supone su inasistencia a las clases de Derecho y le borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año, se produce la llamada revolución de 1868, en que cae la reina Isabel II. Cuando regresaba de su segundo viaje a París, y cuando volvía de Francia a Canarias en barco, vía Barcelona, y en la escala que el navío hizo en Alicante, se baja del vapor en la capital alicantina y marcha a Madrid a tiempo de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.

[editar] Las primeras obras

Retrato de Benito Pérez Galdós por Joaquín Sorolla

En 1870 publicó su primera novela, La Fontana de Oro, escrita entre 1867 y 1868, en parte durante uno de sus viajes a Francia, gracias al dinero de su tía. En realidad, en esa época la publicación de un libro se hacía gracias a la ayuda de los periódicos y de las revistas o corría a cuenta del autor. Esta obra, con los defectos de toda obra primeriza, bosqueja la situación ideológica de España durante el Trienio Constitucional (18201823).

La Sombra fue publicada en noviembre de 1870 por entregas en La Revista de España. A pesar de que fue editada posteriormente a la La fontana de oro los críticos ponen de relieve la posibilidad de que fuera redactada uno o dos años antes.

[editar] Los Episodios nacionales

En 1873 comenzó a publicar los Episodios nacionales (el título se lo sugirió su amigo José Luis Albareda), un intento de entender la memoria histórica reciente de los españoles, y donde se refleja la vida íntima de éstos en el siglo XIX así como su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, salvo la última, que quedó inconclusa. Arrancan con la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración borbónica en España.

La primera serie (1873–1875) trata de la Guerra de la Independencia (1808–1814) y tiene por protagonista a Gabriel Araceli, «que se dio a conocer como pillete de playa y terminó su existencia histórica como caballeroso y valiente oficial del ejército español» (Memorias de un desmemoriado, p. 202).

La segunda serie (1875–1879) trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833. Su protagonista es el liberal Salvador Monsalud, que encarna, en gran parte, las ideas de Galdós y en quien «prevalece sobre lo heroico lo político, signo característico de aquellos turbados tiempos» (id.).

Tras un paréntesis de veinte años vuelve a escribir la tercera serie (1898–1900), tras recuperar los derechos sobre sus obras que detentaba su editor, con el que había pleiteado interminablemente. Esta serie cubre la Primera Guerra Carlista.

La cuarta serie (1902–1907) se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868. La quinta (1907–1912), incompleta, acaba con la Restauración de Alfonso XII.

Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme, y se inicia con la perspectiva de un joven chico que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalización política y agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

[editar] Madurez

En 1876 se publicó Doña Perfecta, una novela contra la intolerancia ideológica asentada en una imaginaria ciudad mesetaria, Orbajosa, semejante a la Ficóbriga de Gloria, su siguiente novela 1877. Pese a las oposiciones que suscitó la obra entre los neos, o neocatólicos, Galdós fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1889.

Podría decirse que la sociedad llega a un punto de su camino en que se ve rodeada de ingentes rocas que le cierran el paso. Diversas grietas se abren en la dura y pavorosa peña, indicándonos senderos o salidas que tal vez nos conduzcan a regiones despejadas(...). Contábamos, sin duda, los incansables viajeros con que una voz sobrenatural nos dijera desde lo alto: por aquí se va, y nada más que por aquí. Pero la voz sobrenatural no hiere aún nuestros oídos y los más sabios de entre nosotros se enredan en interminables controversias sobre cuál pueda o deba ser la hendidura o pasadizo por el cual podremos salir de este hoyo pantanoso en que nos revolvemos y asfixiamos. Algunos, que intrépidos se lanzan por tal o cual angostura, vuelven con las manos en la cabeza, diciendo que no han visto más que tinieblas y enmarañadas zarzas que estorban el paso; otros quieren abrirlo a pico, con paciente labor, o quebrantar la piedra con la acción física de substancias destructoras; y todos, en fin, nos lamentamos, con discorde vocerío, de haber venido a parar a este recodo, del cual no vemos manera de salir, aunque la habrá seguramente, porque allí hemos de quedarnos hasta el fin de los siglos
Fragmento del discurso leído por Pérez Galdós ante la Real Academia Española

Galdós asistía con regularidad al viejo Ateneo de la Calle de la Montera y trabó amistad con personajes de ideología nada afín a la suya, pues era hombre poco inclinado a fanatismos ideológicos. Así, se hizo un gran amigo de José María de Pereda, de Antonio Cánovas del Castillo, de Francisco Silvela y de Marcelino Menéndez Pelayo. También frecuentaba las tertulias del Café inglés, de la Iberia y del viejo Café de Levante. Hizo viajes por Francia, Inglaterra e Italia varias veces, pero por su amistad con Pereda se aficionó a Santander (Cantabria), ciudad a la que estuvo estrechamente vinculado y donde tomó la costumbre de veranear en El Sardinero junto a éste y Menéndez Pelayo. Allí se construyó su célebre casa de San Quintín. También gustaba de visitar Toledo, ciudad por la que sentía una gran predilección y a la que hizo escenario de algunas de sus novelas, como Ángel Guerra o Tristana. En 1884 viajó a Portugal en compañía de su amigo Pereda.

Influencias de la amistad le regalaron el acta de diputado por Puerto Rico (1885) y asistió a las cortes en la legislatura del año siguiente sin apenas despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio desde el que analizar «la sociedad española como materia novelable», que sería el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Academia. De 1886 a 1890 se comprometió poco activamente en política, ya que era diputado por el partido de Sagasta.

El 15 de marzo de 1891 la gran actriz María Guerrero estrenó Realidad, con el papel de Augusta. Esa noche la recordó Galdós como «solemne, inolvidable para mí» en sus Memorias. El buen éxito de la obra y la insistencia de Mario y María Guerrero le movió a estrenar al año siguiente La loca de la casa, pero hubo que reducirla porque era muy extensa y cambiar el final, entre otras modificaciones en las cuales se contó con la ayuda de José Echegaray, que asistió a los ensayos. Siguió La de San Quintín, estrenada el 25 de enero de 1893 y el éxito más resonante que hasta entonces obtuvo Galdós en el teatro, durando en cartel cincuenta noches.

Un laudo arbitral de 1897 independizó a Galdós de su primer editor, Miguel Honorio de la Cámara, y se dividió todo en dos partes, de lo que resultó que Galdós, en veinte años de gestión conjunta, había recibido unas 80.000 pesetas más de lo que le correspondía. Después se averiguó que De la Cámara no había sido del todo legal respecto al número y fecha de las ediciones de sus obras, de suerte que a Galdós le quedó en suma un déficit de 100.000 pesetas en ese trato. Sin embargo, quedó en su propiedad el cincuenta por ciento del fondo de sus libros que quedaba en espera de venta, 60.000 ejemplares en total. Para librarse de ellos abrió el escritor una casa editorial con el nombre de "Obras de Pérez Galdós" en la calle Hortaleza (número 132 bajo, hoy 104). Ansioso de recuperar el terreno perdido, comenzó a anunciar sus ediciones de Doña Perfecta y El abuelo. Continuó esta actividad editorial hasta 1904, año en que, cansado, firmó un contrato de edición con la Editorial Hernando.

[editar] Vida sentimental

La vida sentimental de Galdós no ha sido muy estudiada, en parte por la discreción que le envolvió en tales asuntos y de la que hizo gala incluso en sus estudiadamente anodinas Memorias de un desmemoriado, que parecen escritas casi para desalentar empeños biográficos ulteriores, en forma más bien de diario de viajes. El caso es que permaneció soltero, si bien fue asiduo cliente de amores mercenarios y tuvo una hija natural en 1891 de una madre que se suicidó posteriormente, Lorenza Cobián. También se conoce bien su relación con la actriz Concha Morell y con la novelista Emilia Pardo Bazán.

[editar] Últimos años

Durante sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro, para el que entregó 22 piezas, sin contar multitud de obras de juventud que (a excepción de la llamada Un joven de provecho) hoy se han perdido ni Antón Caballero, que no llegó a terminar. Algunas de ellas eran adaptaciones de sus novelas, cuya evolución le iba reclamando además la forma dialogada. En esta época empieza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, cuando Galdós empieza además a sentir un gran interés por la obra de León Tolstói. También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de sus descuidos económicos y su tendencia a endeudarse de forma continua. Según el testimonio de Ramón Pérez de Ayala:

En una ocasión don Gabino Pérez, su editor, le quiso comprar en firme sus derechos literarios de las dos primeras series de los Episodios nacionales por quinientas mil pesetas, una fortuna entonces. Don Benito replicó: «Don Gabino, ¿vendería usted un hijo?». Y, sin embargo, don Benito no sólo no disponía jamás de un cuarto, sino que había contraído deudas enormes. Las flaquezas con el pecado del amor son pesadas gabelas. Pero éste no era el único agujero por donde el diablo le llevaba los caudales, sino, además, su dadivosidad irreflenable, de que luego hablaré. En sus apuros perennes acudía, como tantas otras víctimas, al usurero. Era cliente y vaca lechera de todos los usureros y usureras matritenses, a quienes, como se supone, había estudiado y cabalmente conocía en la propia salsa y medio típico, con todas sus tretas y sórdida voracidad. ¡Qué admirable cáncer social para un novelista! (Léase su Fortunata y Jacinta y la serie de los Torquemadas). Cuando uno de los untuosos y quejumbrosos prestamistas le presentaba a la firma uno de los recibos diabólicos en que una entrega en mano de cinco mil pesetas se convierte, por arte de encantamiento, con carácter de documento ejecutivo o pagaré al plazo de un año, en una deuda imaginaria de cincuenta mil pesetas, don Benito tapaba con la mano izquierda el texto, sin querer leerlo, y firmaba resignadamente. Los intereses de la deuda ficticia así contraídos le llevaban casi todo lo que don Benito debía recibir por liquidaciones mensuales de la venta de sus libros. Muy pocos años antes de la muerte de don Benito, un periodista averiguó por esto su precaria situación económica y la hizo pública, con que se suscitó un movimiento general de vergüenza, simpatía y piedad(...). A principios de mes acudían a casa de don Benito, o bien le acechaban en las acostumbradas calles, atajándole al paso, copiosa y pintoresca colección de pobres gentes, dejadas de la mano de Dios; pertenecían a ambos sexos y las más diversas edades, muchos de ellos de semblante y guisa asaz sospechosos; todos, de vida calamitosa, ya en lo físico, ya en lo moral, personajes cuyas cuitas no dejaba de escuchar evangélicamente(...). Don Benito se llevaba sin cesar la mano izquierda al bolsillo interno de la chaqueta, sacaba esos papelitos mágicos denominados billetes de banco, que para él no tenían valor ninguno sino para ese único fin, y los iba aventando.
Ramón Pérez de Ayala, «Más sobre Galdós», en Divagaciones literarias, Madrid: Biblioteca Nueva, 1958, pp. 162–163.

Para conocer bien España se dedicó a recorrerla en vagones de ferrocarril de tercera clase, codeándose con los míseros y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte.

Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la enorme frescura y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, a los que se conocía al dedillo. En su madurez empezó a frecuentar a León Tolstói. Después volvía a sus paseatas como no hubiera un concierto, pues adoraba la música y durante mucho tiempo hizo crítica musical. Se acostaba con las gallinas y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un volumen de trescientas páginas.

Ingresó en la Real Academia Española en 1889, contestándole Menéndez Pelayo. A los pocos días le correspondió a él contestar al discurso de su gran amigo José María de Pereda. En 1890 y 1891 fue reelegido diputado por Puerto Rico. Habiéndose unido a las fuerzas políticas republicanas, Madrid lo eligió representante en las Cortes de 1907. En 1909 fue jefe, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero él, que «no se sentía político» se apartó enseguida de las luchas «por el acta y la farsa» y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro.

En 1919 se realizó una escultura suya, reconociendo su éxito en vida. A pesar de su ceguera, pidió ser alzado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Cargado de laureles, el indiscutido gran novelista español del siglo XIX murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid el 4 de enero de 1920. El día de su entierro, unos 20.000 madrileños acompañaron su ataúd hacia el cementerio de la Almudena (zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).

[editar] Obras

Busto de Benito Pérez Galdós

De su muy amplia producción literaria podemos citar las siguientes obras:

  • En Doña Perfecta se hace el estudio de una ciudad imaginaria, Orbajosa, anclada en una tradición cerril de inmovilismo. Al llegar el ingenuo ingeniero progresista Pepe Rey para casarse con la hija de la mujer que da título al libro, doña Perfecta, comienza una serie de intrigas en que crecientemente se empieza a desacreditar al ingeniero por parte del sector reaccionario y el clero de la ciudad. La obra termina trágicamente.
  • En Marianela, Galdós construye una sólida narración en torno al pobre personaje huérfano que le da título, deforme y enamorada del joven burgués ciego conocido como Pablo al que sirve de lazarillo y al que la ciencia le hace recobrar la vista, en el ambiente de un pueblo minero. El final de la obra es trágico.
  • Fortunata y Jacinta, novela realista cuyo eje argumental es el enamoramiento de dos mujeres de diferentes clases sociales de un mismo hombre: Juan Santa Cruz, prototipo del hijo de familia acomodada. Jacinta, mujer de alta condición social, estéril, acaba casándose con Santa Cruz y adoptando al hijo que su marido ha tenido con Fortunata, de baja condición. Uno de los personajes secundarios de esta novela, el usurero Torquemada, protagonizó otras cuatro obras (Torquemada en la hoguera, Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio, Torquemada y San Pedro).
  • Cabría agrupar varias novelas unidas por la problemática religiosa. Si en Doña Perfecta Galdós se muestra anticlerical al modo de entonces y refleja un impactante panorama de la hostilidad provinciana conservadora a un recién venido de ideas modernas, en cambio, en Ángel Guerra y, sobre todo, en Nazarín, se advierte que no hay en él irreligiosidad, sino al contrario, un profundo sentir cristiano, disconforme con los compromisos temporales y sociales de los hombres de la Iglesia.
  • También hay que destacar Miau, que es la pequeña epopeya del cesante, del funcionario de Hacienda que, dejado en la calle por un cambio ministerial, se alimenta de la esperanza, mientras detrás de él su inconsciente familia trata de mantener las apariencias de la «gente bien». Por otro lado, Misericordia nos sumerge en los estratos más bajos del Madrid de entonces, en contraste con la gente acomodada pero venida a menos. En ella encontramos una espléndida pareja de figuras: el moro ciego Almudena y la criada Benina, que representa la exaltación de la caridad. Otras novelas suyas son Tormento, relato del conflicto entre la imaginación y la realidad, entre la libertad de elegir el propio destino y las resistencias del ambiente a permitirlo y finalmente La desheredada.
  • Galdós ensayó también el teatro, insistiendo a veces en temas ya tocados en sus novelas, como El abuelo. En su momento algunas de sus composiciones teatrales fueron muy celebradas.

[editar] Fórmulas narrativas

Galdós empezó cultivando una novela de tesis en que los personajes aparecían cortados por un patrón maniqueo, que los dividía entre reaccionarios y liberales. Después empezó a interesarse por los aspectos más costumbristas y por facetas más espirituales e intentó describir la burguesía española de su época y buscar sus orígenes en la historia reciente, mediante el uso de la novela histórica. También ensayó otras fórmulas narrativas, como la novela dialogada.

[editar] Estilo

Galdós poseía una especial sensibilidad por el lenguaje popular; Baroja decía de él que «sabía hacer hablar» al pueblo. Consciente de esta gran virtud, suele utilizar muy a menudo el diálogo e incluso llega a ensayar novelas absolutamente dialogadas.

Su estilo busca la naturalidad y rehúye cualquier artificio retórico a fin de ofrecer, según postulados estéticos realistas, la visión más directa posible de lo que pretende expresar. Cuando narra su estilo es transparente, académico, pero siempre castizo; se trasluce sin embargo el humor y la ironía. En los diálogos, el lenguaje se impregna frecuentemente de términos corrientes e incluso vulgares y en alguna ocasión el narrador canario, víctima de ese frenesí costumbrista, llega a mostrar un poco ridículos e infantiles a los personajes que describe. Es frecuente en él un humor piadosamente irónico de sesgo cervantino (Galdós fue un gran lector del Quijote).

Galdós fue uno de los más firmes candidatos al Premio Nobel de Literatura de 1912, pero una campaña por parte de sus enemigos políticos disuadió a la Academia Sueca de galardonarlo. Trazos de esto se ven en los Episodios nacionales escritos desde entonces, que destilan un cierto tono anticlerical.

[editar] Producción literaria

[editar] Novelas españolas contemporáneas

[editar] Episodios nacionales

Artículo principal: Episodios Nacionales

[editar] Teatro

  • Quien mal hace, bien no espere (1861, perdida)
  • La expulsión de los moriscos (1865, perdida)
  • Un joven de provecho (1867?, publicada en 1936)
  • Realidad (1892)
  • La loca de la casa (1893)
  • Gerona (1893)
  • Las de San Quintín (1894)
  • Los condenados (1894)
  • Voluntad (1895)
  • La fiera (1896)
  • Doña Perfecta (1896)
  • Electra (1901)
  • Alma y vida (1902)
  • Mariucha (1903)
  • El abuelo (1904)
  • Amor y ciencia (1905)
  • Bárbara (1905)
  • Zaragoza (1908)
  • Pedro Minio (1908)
  • Casandra (1910)
  • Celia en los infiernos (1913)
  • Alceste (1914)
  • Sor Simona (1915)
  • El tacaño Salomón (1916)
  • Santa Juana de Castilla (1918)
  • Antón Caballero (1921, inacabada)

[editar] Miscelánea

  • Crónicas de Portugal (1890)
  • Discurso de ingreso en la Real Academia Española (1897)
  • Memoranda, artículos y cuentos (1906)
  • La novela en el tranvía
  • Política española I (1923)
  • Política española II (1923)
  • Arte y crítica (1923)
  • Fisonomías sociales (1923)
  • Nuestro teatro (1923)
  • Cronicón 1883 a 1886 (1924)
  • Toledo. Su historia y su leyenda (1927)
  • Viajes y fantasías (1929)
  • Memorias (1930)

[editar] Obra inédita

Además de estos escritos, Alberto Ghiraldo publicó en 1923 un compendio de Obras inéditas en nueve volúmenes (Madrid, Renacimiento, 1923). A partir de este texto (volúmenes VI y VII) se publicó en 2003 El crimen de la calle Fuencarral. El crimen del cura Galeote, editado y prologado por el escritor Rafael Reig en la editorial Lengua de Trapo. El crimen de la calle Fuencarral fue un tema «estrella» en el verano de 1888, iniciando un período de amarillismo en la prensa que alcanzaría su auge hacia el 98, coincidiendo con la Guerra de Cuba. Rafael Reig indica que estos relatos, que se recogieron de cartas enviadas al diario argentino La Prensa, son comparables a la escritura de Dashiell Hammett y colocan a este autor también como referente de un género literario poco frecuentado hasta entonces en la literatura española.

[editar] Notas

  1. Biografía, en portal.grancanaria.com.

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos