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SALUD : AROMATERAPIA

Las similitudes entre las flores de una planta y los órganos de la cabeza trascienden el aspecto puramente biológico y alcanzan el plano anímico o espiritual. Las flores y la cabeza están marcadas por los sentimientos o el alma.

La influencia de la luz hace que la planta engendre flores, y también nosotros reaccionamos a la luz que captan nuestros ojos. Acaso por eso, la flor despierta nuestros sentidos y sentimientos; ya que en esta identificación intervienen fuerzas sinérgicas que vivifican tanto a las flores como a nuestros sentidos y nuestra esfera espiritual.

En verdad, las flores no son más que hojas transformadas y coloreadas, tal y como puede observarse en una buganvilla. El primitivo brote con jóvenes hojillas verdes cesa súbitamente en su crecimiento, y en vez de reproducirse en hojas nuevas y verdes, comienza a formar los cálices, las flores y los frutos de hermosas formas y colores. De modo que son, de algún modo, el objetivo del desarrollo y crecimiento vegetal, proceso que culmina en la formación de las semillas.

La simiente lleva en sí la "idea" de la especie de la planta que la ha formado, la identidad o rasgos genéticos; esta "idea" debe crecer en contacto con el suelo, desarrollando raíces, uníendose con la fuerza de la tierra, antes de dar lugar al nacimiento de una nueva planta. Cuando hablamos de un jazmín o un clavel, lo que acude a nuestra mente, no son sus hojas sino su flor. La flor es portadora de los rasgos más singulares de una especie vegetal, así como la cara es la máxima expresión de un ser humano.

 

 

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