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FILOSOFÍA23: QUIZÁS SE DEBERÍA DE ESCRIBIR MÁS, TENEMOS ESTA NOVELA: EL LAZARILLO DE TORMES, DE UN PICARÓN DE MEDIADOS DEL SIGLO XVI; Disimulo o astucia para que no se vea o no se sepa una cosa o para sacar provecho de ciertas situaciones.

Lazarillo de Tormes

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La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades
Lazarillo de Tormes.gif
Portada de la edición de Medina del Campo de 1554, impresa por Mateo y Francisco del Canto.
AutorAnónimo
GéneroNovela picaresca
IdiomaEspañol
PaísBandera de España España
FormatoImpreso

La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (más conocida como Lazarillo de Tormes) es una novela española anónima, escrita en primera persona y en estilo epistolar (como una sola y larga carta), cuya edición conocida más antigua data de 1554. En ella se cuenta de forma autobiográfica la vida de un niño, Lázaro de Tormes, en el siglo XVI, desde su nacimiento y mísera infancia hasta su matrimonio, ya en la edad adulta. Es considerada precursora de la novela picaresca por elementos como el realismo, la narración en primera persona, la estructura itinerante, el servicio a varios amos y la ideología moralizante y pesimista.

Lazarillo de Tormes es un esbozo irónico y despiadado de la sociedad del momento, de la que se muestran sus vicios y actitudes hipócritas, sobre todo las de los clérigos y religiosos. Hay diferentes hipótesis sobre su autoría. Probablemente el autor fue simpatizante de las ideas erasmistas. Esto motivó que la Inquisición la prohibiera y que, más tarde, permitiera su publicación, una vez expurgada. La obra no volvió a ser publicada íntegramente hasta el siglo XIX.

Contenido

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[editar] Primeras ediciones

Se conservan cuatro primeras ediciones distintas de la obra, las cuatro del año 1554, impresas respectivamente en Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Medina del Campo. Las más antiguas parecen ser las de Burgos y Medina.

De la edición de Amberes se conservan siete ejemplares distintos, en tanto que sólo hay uno de cada una de las otras tres ediciones. El ejemplar más recientemente descubierto es el de la edición de Medina del Campo, que apareció en 1992 emparedado en una casa de la Plaza de Nuestra Señora de Soterraño de la localidad pacense de Barcarrota.

No obstante, es muy probable que existiese una edición más antigua, de 1553 o 1552, cuyo éxito generase las cuatro simultáneas ediciones posteriores.

Ediciones príncipe de 1554 del Lazarillo de Tormes.

[editar] Autoría

Históricamente se han postulado varios autores para el Lazarillo de Tormes. En 1605 el fraile José de Sigüenza de la Orden de San Jerónimo atribuyó la autoría de esta obra al también jerónimo fray Juan de Ortega:[1]

Dicen que siendo estudiante en Salamanca, mancebo, como tenía un ingenio tan galán y fresco, hizo aquel librillo que anda por ahí, llamado Lazarillo de Tormes, mostrando en un sujeto tan humilde la propiedad de la lengua castellana y el decoro de las personas que introduce con tan singular artificio y donaire, que merece ser leído de los que tienen buen gusto. El indicio desto fue haberle hallado el borrador en la celda, de su propia mano escrito.
F. José de Sigüenza, Historia de la Orden de San Jerónimo

Por la época en que se publicó Lazarillo, Juan de Ortega era General de los Jerónimos, lo cual explicaría que el libro apareciese sin autor. La autoría de fray Juan de Ortega y la necesaria discreción del anonimato por su condición de General de la Orden fue defendida con firmeza por Marcel Bataillon[2] con cuyos argumentos ha coincidido el periodista José Delfín Val.[3]

En 1607, en el catálogo de escritores españoles Catalogus Clarorum Hispaniae scriptorum, que fue redactado por el flamenco Valerio Andrés Taxandro, se dice que Diego Hurtado de Mendoza «compuso [...] el libro de entretenimiento llamado Lazarillo de Tormes». Otros autores del siglo XVII, así como el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española (1726-1739), mencionan esta atribución, que alcanzó cierta fortuna, sobre todo en el siglo XIX. En marzo de 2010 apareció en prensa que la paleógrafa Mercedes Agulló descubrió en unos papeles de Diego Hurtado de Mendoza la frase «Un legajo de correcciones hechas para la impresión de Lazarillo y Propaladia», lo cual le llevó a escribir un libro postulando «una hipótesis seria sobre la autoría del Lazarillo, que fortalecida por otros hechos y circunstancias apunta sólidamente en la dirección de don Diego».[4]

A finales del siglo XIX un artículo del hispanista Alfred Morel-Fatio,[5] cuya propuesta fue desarrollada después por Manuel J. Asensio,[6] relaciona al autor de Lazarillo con el círculo erasmista de los hermanos Valdés. Siguiendo esta hipótesis se ha atribuido la obra a Juan de Valdés o a su hermano Alfonso. Esta última atribución cobró fuerza en 2002 debido a las investigaciones de la profesora Rosa Navarro Durán,[7] que se basa sobre todo en el cotejo de la obra con los diálogos conocidos de Alfonso de Valdés, el Diálogo de Mercurio y Carón y el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma.

La candidatura de Sebastián de Horozco —que postuló en el siglo XIX José María Asensio y Toledo, editor de su Cancionero[8] fue defendida en 1914 por Julio Cejador y Frauca en su edición del Lazarillo,[9] apoyándose en un pasaje de la obra de este autor en que aparece un mozo de ciego llamado Lazarillo. Más adelante fue retomada y defendida por Francisco Márquez Villanueva,[10] quien encuentra importantes semejanzas de temas, ideas y vocabulario y llega a afirmar que «apenas si hay en el Lazarillo un tema literario, un tópico, un pensamiento, un recurso expresivo que no pueda encontrarse también en Horozco».

También han sido propuestos como autores del Lazarillo el dramaturgo Lope de Rueda (por Fonger de Haan en 1903 alegando que fue, como el protagonista de la novela, pregonero en Toledo en 1538, aunque esta hipótesis ha sido rechazada posteriormente),[11] Pedro de Rúa,[12] Hernán Núñez el Comendador Griego[13] y, más recientemente, Francisco Cervantes de Salazar, defendida por José Luis Madrigal,[14] [15] si bien este investigador abandonó esa hipótesis para pasar en 2008 a defender la autoría de Juan Arce de Otálora, autor de los Coloquios de Palatino y Pinciano.[16] Por su uso exhaustivo del recurso a la autobiografía ficticia, entre otras razones, Clark Colahan y Alfred Rodríguez pensaron que el Lazarillo fue escrito por el humanista conquense Juan Maldonado.[17] Otras atribuciones han recaído en Alejo Venegas,[8] Bartolomé Torres Naharro (postulado por Alberto M. Forcadas), Gonzalo Pérez, secretario real de Carlos I (por Dalai Brenes Carrillo), e incluso Fernando de Rojas, el autor de La Celestina, cuya autoría fue defendida por Howard Mancing,[18] o el célebre humanista español Juan Luis Vives, propuesta hecha pública por Francisco Calero en 2006.[19]

[editar] Género

Se trata de una novela de autoformación, de estructura aparentemente simple, pero en realidad muy compleja; es una carta destinada a vuestra merced, tratamiento que implica alguien con superior condición social, y está motivada por "el caso", hecho del cual éste ha oído hablar, y cuya versión personal pide a Lázaro, parte implicada en él, le explique ("escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso"). Así que debe ser una especie de confesión y el personaje es un alto dignatario eclesiástico, quizá el Arzobispo de Toledo que ha oído los extraños rumores que circulan sobre la extraña conducta sexual del Arcipreste de San Salvador, como llegamos a saber al fin del libro, según los cuales éste estaría amancebado con la mujer de Lázaro.

La originalidad del libro sin embargo trastoca cualquier molde y crea un subgénero literario específico realista, la novela picaresca, mediante el recurso a la parodia de narraciones caballerescas idealizantes del Renacimiento: a las rimbombantes epopeyas de gestas guerreras y los libros de angélicos pastores y cortesanos enamorados se opone una epopeya del hambre, que mira solamente a cuanto hay por debajo del cuello de golilla y se preocupa solamente de la subsistencia, en línea con la tradición realista de la literatura española, revitalizada entonces por La Celestina y sus continuaciones.

[editar] Temas

La temática del Lazarillo de Tormes es moral: una crítica acerba, incluso una denuncia, del falso sentido del honor ("la negra que llaman honra") y de la hipocresía. La dignidad humana sale muy malparada de la sombría visión que ofrece el autor, nihilista y anticlerical. La vida es dura y, tal como aconseja el ciego a Lázaro en la obra, "más da el duro que el desnudo"; cada cual busca su aprovechamiento sin pensar en los otros, por lo que, como se dice al principio de la obra, arrimándose a los buenos "se será uno de ellos": esto es, para ser virtuoso hay que fingir ser virtuoso, no serlo. Sin duda alguna, se trata de la visión de un humanista desencantado, acaso judeoconverso y erasmiano, a pesar de que Marcel Bataillon niega el influjo directo de Erasmo en la obra.

Como consecuencia, resultó la inclusión de esta obra en el Índice de libros prohibidos de la Inquisición, la cual permitió al cabo la circulación de una versión expurgada de los pasajes anticlericales. El Lazarillo fue, además, una obra muy traducida e imitada, y su influjo, profundo, marcó tanto la literatura española que podría decirse que sin ella no habrían podido escribirse ni Don Quijote de la Mancha ni la treintena de novelas picarescas españolas y extranjeras que se han conservado.

[editar] Fuentes

Miniatura del siglo XIV que muestra cómo un mozo de ciego le hurta a este el vino de un jarrillo mediante una larga paja. En este chascarrillo folclórico podría haberse inspirado un pasaje del Lazarillo:
Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino, cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas turóme poco, que en los tragos conocía la falta y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas noches.
Lazarillo..., ed. cit. de F. Rico (199813), págs. 30-31.

El Lazarillo se ha relacionado con las siguientes obras:

  • El asno de oro: el Lazarillo responde a la estructura de la novela costumbrista de aventuras, representada por la obra de Lucio Apuleyo. Esta influye en la organización del relato y en la índole del protagonista: mozo de muchos amos; pero Lázaro no sufre la metamorfosis del personaje de Apuleyo.
  • Cuarto libro del esforzado caballero Reinaldos de Montalbán: esta obra, de 1542, era en realidad una adaptación de Baldus o Baldo (1521), poema macarrónico (mezcla de palabras latinas y vulgares con terminaciones latinas) del italiano Teófilo Folengo, que presentaba ya narración autobiográfica, un héroe de baja extracción y la pareja del ciego y su mozo. Pero tanto en esta obra como en el Lazarillo subyace el modelo de Apuleyo.
  • Proceso de cartas de amores: de esta novela sentimental de Juan de Segura (1548), el Lazarillo toma el modelo epistolar, que había adquirido gran relevancia en el humanismo.
  • Cuentos folclóricos:[20] actualmente, se tiende a no privilegiar en exceso las fuentes orales como fundamento del Lazarillo y a tener en cuenta los textos escritos, máxime si su posible autor era un hombre letrado.
  • Confesiones de Agustín de Hipona: toma la estructura autobiográfica, sobre todo al principio de la obra.

[editar] Valor y trascendencia

El Lazarillo de Tormes es una obra artística de primer orden; lo es por su originalidad, su valor humano, su trascendencia literaria y cultural, su estilo (el castellano equilibrado, preciso y oral que preconizaba Juan de Valdés) y su lenguaje: un castellano clásico modélico, flexible y expresivo, sutilmente irónico, donde abundan las geminaciones y los isocola y donde no se desprecian y se ponen al mismo nivel el castizo refrán y la cita culta. La desproporción entre la materia y su elaboración por parte del autor se inclina marcadamente en esta última, pero sin denotar, y en eso consiste uno de sus méritos, el esfuerzo que debió suponer.

Gran parte del material e incluso de los personajes son de origen folclórico y tradicional; hay cuentecillos y facecias tomados del rico acervo popular. La obra, sin embargo, crea sus propios precedentes y contiene, asimismo, una variada panoplia de técnicas narrativas: la suspensión, de la que hará un inteligente uso Cervantes, como en el episodio del buldero; o la gradatio narrativa en ascensión hacia el anticlímax, como en el caso del ciego o el clérigo de Maqueda.[21]

El uso de la estructura anular, que acaba concluyendo con lo que se inicia, hace de la novela una obra redonda; por otra parte es la primera novela polifónica de la literatura española: el personaje de Lázaro evoluciona, no es plano ni arquetípico: cambia y evoluciona, y va pasando de ser un ingenuo a un cínico redomado, aprendiendo de las lecciones que le da la vida. Tan es así que el final, lejos de ser positivo, sin embargo, es vivido por el personaje como lo mejor que le podía haber pasado teniendo en cuenta toda la trayectoria vital que le precede. La infidelidad de su mujer, por tanto, no es nada comparado con las vejaciones que ya ha sufrido. Cada personaje plano, por otra parte, se halla completamente individuado y caracterizado sin maniqueísmo: la crueldad del ciego, que no es absoluta; el idealismo soñador y orgulloso del escudero pobre, un personaje al parecer folclórico luego retomado por Cervantes; el diálogo entre conciencias en el cual se atisba la humana comprensión que después será patrimonio casi exclusivo de Cervantes, en el episodio del criado y el escudero; o la avaricia, mezquindad e hipocresía del clérigo.

El valor psicológico y humano es patente en el tratado tercero, que se ha querido ver como el anticipo de la novela polifónica moderna; por otra parte, el Lazarillo bosqueja ya los rasgos fundamentales de un género de amplia trascendencia española y europea, la novela picaresca, que se configurará definitivamente con el Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán, más moralizado y pesimista todavía.

[editar] Argumento

La obra está dividida en siete tratados y cuenta en primera persona la historia de Lázaro González Pérez, un niño de origen muy humilde; aunque sin honra, nació en un río de Salamanca, el Tormes, como el gran héroe Amadís; quedó huérfano de su padre, un molinero ladrón llamado Tomé González, y fue puesto al servicio de un ciego por su madre, Antona Pérez, una mujer amancebada con un negro, Zaide, que le da a Lazarillo un bonito hermanastro mulato.

Lazarillo de Tormes visto por Francisco de Goya.

Entre "fortunas y adversidades", Lázaro evoluciona desde su ingenuidad inicial hasta desarrollar un instinto de supervivencia. Es despertado a la maldad del mundo por la cornada de un toro de piedra, embuste con el que el ciego le saca de su simpleza; después rivaliza en astucia con él en diversos célebres episodios como el de las uvas o el jarro de vino (un modelo de narración clásica) hasta que se venga devolviéndole la cornada de piedra con otro embuste, que le vale al cruel ciego descalabrarse contra un pilar.

Pasa luego a servir a un tacaño clérigo de Maqueda que lo mata de hambre, y al que sisa algo de pan de un arca que tiene; el clérigo lo confunde a oscuras (en su boca silba accidentalmente la llave del arca, escondida mientras duerme) y, tomándolo por culebra, descubre el engaño, le da una tremenda paliza y lo despide.

Después entra a servir a un hidalgo arruinado cuyo único tesoro son sus recuerdos de hidalguía y de dignidad; Lazarillo simpatiza con él, ya que aunque no tiene nada que darle, por lo menos le trata bien, si bien recurre a esa simpatía que despierta para conseguir que le dé parte de los mendrugos que consigue el muchacho al pedir limosna, ya que él no posee la dignidad de la hidalguía. El patético escudero termina por abandonar la ciudad y Lazarillo se encuentra de nuevo solo en el mundo.

Más adelante sirve Lázaro a un sospechoso fraile mercedario, tan amante del mundo que apenas para en su convento y le hace reventar los zapatos. Según Aldo Ruffinato, habría una alusión a las reformas monásticas por entonces de moda, en el sentido de "descalzar" o hacer más rigurosos los estatutos del clero regular, o quizás alusión a actividades sexuales hetero u homoeróticas.[22] Sin embargo, Francisco Rico asegura que «no hay el menor inidicio para suponer tal escabrosidad», pues el sentido del texto es una simple abbreviatio o reticencia, procedimiento abundantemente usado antes, como cuando relatando sus aventuras con el ciego, Lázaro dice «por no ser prolijo, dejo de contar muchas cosas [...]», en elipsis que era común para terminar las cartas, teniendo en cuenta que todo el Lazarillo una larga epístola.[23]

El tratado quinto es más extenso: narra una estafa realizada por parte de un vendedor de bulas o buldero. Lazarillo sirve al buldero y asiste como espectador, sin opinar, al desarrollo del timo, en el cual finge el buldero que alguien que piensa que las bulas no sirven para nada está poseso por el diablo, cuando en realidad está compinchado o conchabado con él; esto se descubre a posteriori, con una hábil técnica de suspensión. También este tratado sufrió la poda de la censura.

Los restantes y breves tratados narran cómo Lázaro se asienta con otros amos, un capellán, un maestro de hacer panderos y un alguacil y se hace aguador. Por último consigue el cargo de pregonero gracias al arcipreste de la iglesia toledana de San Salvador, quien además le ofrece una casa y la oportunidad de casarse con una de sus criadas, con la finalidad de disipar los rumores que se ciernen sobre él, ya que era acusado de mantener una relación con su criada. Sin embargo, tras la boda los rumores no desaparecen y Lázaro comienza a ser objeto de burla por parte del pueblo. Lázaro sufre la infidelidad con paciencia, después de toda una vida de ver qué es el honor y la hipocresía que encubre la dignidad realmente, ya que eso al menos le permite vivir, y con ello termina la carta, un cínico alegato autojustificativo que ridiculiza la literatura idealista del momento. Lázaro afirma que ha alcanzado la felicidad, pero para ello ha debido perder su honra, pues los rumores afirman que su mujer es la amante del arcipreste. Para mantener su posición, Lázaro hace oídos sordos a dichos rumores.

[editar] Continuaciones

[editar] Segunda parte de Lazarillo de Tormes (anónima)

Publicada por primera vez en Amberes en 1555, sin nombre de autor. Nicolás Antonio cita a Cardoso para atribuirla a un tal fray Manuel de Oporto. Tuvo escasa acogida entre los lectores, ya que en vez de mantener la línea realista y picaresca del libro original, convirtió la historia de Lázaro en una fantasía alegórica lucianesca, en la que el protagonista se convierte en atún, se casa con una atuna y tiene hijos tan peces como el padre y la madre, sosteniendo en la Corte de los atunes todo tipo de guerras como jefe de los mismos contra otros pescados. Posiblemente, el desconocido autor, que quizá era un español establecido en Flandes, quiso aludir en estos episodios a personajes y circunstancias de la vida española de la época, pero la sátira tuvo poco éxito, y solamente se reimprimió en Milán en 1587 y 1615, junto con el primer Lazarillo.

Esta segunda parte se divide en 18 capítulos:

  • Capítulo I. En que da cuenta Lázaro de la amistad que tuvo en Toledo con unos tudescos, y lo que con ellos pasaba.
  • Capítulo II. Cómo Lázaro, por importunación de amigos, se fue a embarcar para la guerra de Argel, y lo que allá le acaeció.
  • Capítulo III. Cómo Lázaro de Tormes hecho atún salió de la cueva, y cómo le tomaron los centinelas de los atunes y lo llevaron ante el general.
  • Capítulo IV. Cómo, después de haber Lázaro con todos los atunes entrado en la cueva, y no hallando a Lázaro sino a los vestidos, entraron tantos que se pensaron ahogar, y el remedio que Lázaro dio.
  • Capítulo V. En que cuenta Lázaro el ruin pago que le dio el general de los atunes por su servicio, y de su amistad con el capitán Licio.
  • Capítulo VI. En que cuenta Lázaro lo que al capitán Licio, su amigo, le acaeció en la corte con el gran capitán.
  • Capítulo VII. Cómo, sabido por Lázaro la prisión de su amigo Licio, le lloró mucho él y los demás, y lo que sobre ello se hizo.
  • Capítulo VIII. De cómo Lázaro y sus atunes, puestos en orden, van a la corte con voluntad de libertar a Licio.
  • Capítulo IX. Que contiene cómo libró de la muerte a Licio, su amigo, y lo que más por él hizo.
  • Capítulo X. Cómo recogiendo Lázaro todos los atunes, entraron en casa del traidor don Paver y allí le mataron.
  • Capítulo XI. Cómo, pasado el alboroto del capitán Licio, Lázaro con sus atunes entraron en su cosnejo para ver lo que harían, y cómo enviaron su embajada al rey de los atunes.
  • Capítulo XII. Cómo la señora capitana volvió otra vez al rey, y de la buena respuesta que trajo.
  • Capítulo XIII. Cómo Lázaro asentó con el rey, y cómo fue muy su privado.
  • Capítulo XIV. Cómo el rey y Licio determinaron de casar a Lázaro con la linda Luna, y se hizo el casamiento.
  • Capítulo XV. Cómo andando Lázaro a caza en un bosque, perdido de los suyos, halló la Verdad.
  • Capítulo XVI. Cómo, despedido Lázaro de la Verdad, yendo con las atunas a desovar, fue tomado en las redes, y volvió a ser hombre.
  • Capítulo XVII. Que cuenta la conversión hecha en Sevilla, en un cadahalso, de Lázaro atún.
  • Capítulo XVIII. Cómo Lázaro se vino a Salamanca, y la amistad y disputa que tuvo con el rector, y cómo se hubo con los estudiantes.

[editar] Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes, de Juan de Luna

Esta obra, mucho más cercana que la anterior a la naturaleza realista del primer Lazarillo de Tormes, fue publicada por primera vez en París en 1620. Su autor, Juan de Luna, era un toledano protestante que vivió enseñando el idioma en París y Londres, donde compuso y editó bastantes obras sobre esta materia. Al leer la Segunda parte del Lazarillo se enfureció tanto que decidió escribir otra mejor; lo cuenta en el prólogo de la suya: Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes (París, 1620), reimpresa en Zaragoza (pero París) en 1652 con variantes textuales, una de ellas, por ejemplo, no prometer ya una tercera parte. La obra va a continuación de la obra original que le sirve de inspiración y que Luna, su admirador, editó también. El autor justifica su obra en la escasa calidad de la primera continuación, lo que le impulsó como toledano y conocedor del ambiente de la obra a elaborar otra más digna y realista:

La ocasión, amigo lector, de haber hecho imprimir la Segunda parte de Lazarillo de Tormes ha sido por haberme venido a las manos un librillo que toca algo de su vida, sin rastro de verdad. La mayor parte dél se emplea en contar cómo Lázaro cayó en la mar, donde se convirtió en un pescado llamado atún, y vivió en ella muchos años, casándose con una atuna, de quien tuvo hijos tan peces como el padre y madre. Cuenta también las guerras que los atunes hacían, siendo Lázaro el capitán, y otros disparates tan ridículos como mentirosos y tan mal fundados como necios. Sin duda que el que lo compuso quiso contar un sueño necio o una necedad soñada. Este libro, digo, ha sido el primer motivo que me ha movido a sacar a la luz esta Segunda parte, al pie de la letra, sin quitar ni añadir, como la vi escrita en unos cartapacios en el archivo de la jacarandina de Toledo, que se conformaba con lo que había oído contar cien veces a mi abuela y tías, al fuego, las noches de invierno y con lo que me destetó mi ama.

La obra conoció un gran éxito en su época: cuatro ediciones en castellano y siete traducciones francesas, todo ello antes de acabar el siglo XVII. Pero en España no se publicó hasta 1835, significativamente al año siguiente de ser abolida para siempre la Inquisición. Desde esa fecha se ha reimpreso más de veinte veces.

El autor demuestra conocer la obra de Cervantes, Mateo Alemán, Quevedo y Vicente Espinel, y parodia la disparatada segunda parte del Lazarillo (Amberes, 1555) en buena parte de su obra. Retoma el anticlericalismo y la misoginia del Lazarillo original convirtiendo a su protagonista en marido "cartujo".

El argumento de la obra es el siguiente. Lázaro abandona Toledo dejando a su hijo "injerto a canutillo" y a su mujer cuidados por el Arcipreste, que lo hace "como si propios fueran". Se reencuentra con el escudero, que le refiere una aventura que tuvo con una dama non sancta. Embarca después en la armada contra el moro y naufraga, salvándose solamente los capitanes, gente de consideración y "dos clérigos que había" en el esquife y que ni siquiera se ocuparon en confesar a los futuros ahogados porque sólo pensaban en salvarse como fuera; como él estaba completamente lleno de vino, borracho perdido, el agua no puede entrar en él y sobrevive salvado por dos pescadores que deciden exhibirlo como una especie de monstruo marino o pece Nicolao dentro de una cuba de agua; escapa vertiendo el agua de la cuba, que se filtra al piso inferior y moja a una dama en su cama que "movida de caridad, había acogido en ella a un clérigo que por su contemplación había venido a aposentarse allí aquella noche", de forma que aparecen desnudos él y ella "como Cupido con la flecha y Venus con la aljaba". De regreso a Toledo con el arcipreste, este le muestra los nuevos hijos que su mujer ha tenido de él (de Lázaro) durante su larga ausencia, desvergüenza que al fin obliga a Lázaro a pleitear contra él, perdiéndolo. Decide entonces marchar a Madrid a trabajar como ganapán; allí sirve primero a una meretriz sevillana y luego transporta el hato de un franciscano; ambos amos le dan por único pago palos y golpes. Antes de abandonar la corte se encuentra metido en los amores entre Clara, doncella repolluda, y un galán pisaverde al que se encarga de transportar a casa de la moza escondido en un cofre que se desfonda descubriendo toda la treta, con nuevo saldo de palos y golpes a Lázaro, quien sin embargo logra pasar el castigo al escudero; conoce a unos gitanos y se vuelve a tropezar con la repolluda y el pisaverde en una venta a las afueras de Valladolid, donde el Santo Oficio arremete contra los hermanos que quieren vengar a la dama. Entre los gitanos figuran el clérigo y la chica que fueron mojados cuando se escapó del tonel. Un viejo gitano afirma que en España

Todos eran clérigos, frailes, monjas o ladrones, pero que entre todos los mayores bellacos eran los que habían salido de los monasterios mudando la vida especulativa en activa.

Durante su estancia en Valladolid sirve simultáneamente a siete mujeres, una de ellas beata hipócrita y aficionada al trato erótico con frailes. A poco, tras una orgía acaecida entre doce varones y seis mujeres, decide hacerse ermitaño y convive con uno que a la postre resulta tener una despensa repleta y está amancenado con otra mujer, y no sólo eso, sino que la suegra del eremita había concebido a la dicha buscona y a sus dos hermanas a raíz de sus relaciones "con un monje, un abad y un cura, porque siempre he sido devota de la iglesia". La vieja refiere a Lázaro cómo ella misma inició en el oficio a sus hijas con eclesiásticos "por ser gente secreta, casera, rica y paciente". Tras esto es burlado y secuestrado por unas mujeres que le atan desnudo a una cama mientras le vejan y maltratan, curiosa escena cómica y sadomasoquista que la crítica no suele mencionar; le echan a la calle en cueros y ensabanado y es perseguido por la chiquillería, escondiéndose en una iglesia, donde es confundido con un fantasma y espanta a toda la concurrencia. Con este apogeo de la humillación concluye la obra. ¿Didáctica moralidad en este escrito?.

La industria de los hombres es vana, su saber ignorancia y su poder flaqueza cuando Dios no fortalece, enseña y guía (cap. VI).

El protestantismo del autor se manifiesta en su anticlericalismo, constante y sin ambages, durante todas las páginas de la obra, donde también se pinta una España inmoral e hipócrita, sumida en todo tipo de depravaciones sexuales, acaso como contraste al puritano rigor de los protestantes. El Lazarillo de Luna fue dedicado a la princesa Marqueta de Rohan y se divide en 16 capítulos:

  • Capítulo I. Donde Lázaro cuenta la partida de Toledo para ir a la guerra de Argel.
  • Capítulo II. Cómo Lázaro se embarcó en Cartagena.
  • Capítulo III. Cómo Lázaro salió de la mar.
  • Capítulo IV. Cómo llevaron a Lázaro por España.
  • Capítulo V. Cómo llevaron a Lázaro a la corte.
  • Capítulo VI. Cómo llevaron a Lázaro a Toledo.
  • Capítulo VII. De lo que le sucedió a Lázaro en el camino del río Tajo.
  • Capítulo VIII. Cómo Lázaro pleiteó contra su mujer.
  • Capítulo IX. Cómo Lázaro se hizo gana-pan.
  • Capítulo X. De lo que sucedió a Lázaro con una vieja alcahueta.
  • Capítulo XI. Cómo Lázaro se partió para su tierra, y de lo que en el camino le sucedió.
  • Capítulo XII. De lo que le sucedió a Lázaro en una venta, una legua antes de Valladolid.
  • Capítulo XIII. Cómo Lázaro sirvió de escudero a siete mujeres juntas.
  • Capítulo XIV. Donde Lázaro cuenta lo que le pasó en un convite.
  • Capítulo XV. Cómo Lázaro se hizo ermitaño.
  • Capítulo XVI. Cómo Lázaro se quiso casar otra vez.

[editar] Otros Lazarillos

En 1617 Juan Cortés de Tolosa publicó su Lazarillo de Manzanares, que se parece más al Buscón de Quevedo que a la obra de que toma nombre. El libro es de lectura poco ágil a causa del gran número de anécdotas intercaladas. En 1688 apareció en Londres un The life and death of young Lazarillo, anónimo. En 1742 se imprimió en Barcelona un Lazarillo de Badalona escrito en verso con la intención de servir de guía de la ciudad que le da nombre. Calixto Bustamante Carlos, "Concolorcorvo", por otra parte, hizo circular en 1773 un Lazarillo de ciegos caminantes que describe los itinerarios de Buenos Aires a Lima reflejando usos, costumbres, vida social y trabajos de las ciudades y zonas que recorre. El Lazarillo del Duero de Joaquín del Barco está escrito en verso y aparece en 1898 para enaltecer la historia de Zamora con intención pedagógica. El Lazarillo español de Ciro Bayo (1911) y las Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes de Camilo José Cela cierran el capítulo de continuaciones modernas de la obra.

[editar] Notas

  1. F. José de Sigüenza, Historia de la Orden de San Jerónimo, II (Nueva Biblioteca de Autores Españoles, XII), Madrid, 1909, pág. 145. Citado en Rico, «Indroducción» a su ed. de 1998, pág. 34.
  2. El hispanista francés defendió la autoría de fray Juan de Ortega en Marcel Bataillon, El sentido del «Lazarillo de Tormes», París, 1954, págs. 8-14 y en su edición francesa del Lazarillo (París, 1958), págs. 14-16. Citado por la «Introducción» a la ed. de 1987 de F. Rico (Madrid, Cátedra), págs. 34-35 y n. 9
  3. «Val propone a Fray Juan de Ortega como autor del Lazarillo de Tormes», El Norte de Castilla, edición digital, 17 de diciembre de 2008. [Consultado el 6-3-2010]
  4. «El Lazarillo no es anónimo», www.elcultural.es, 5 de marzo de 2010. [Consultado el 5-3-2010].
  5. A. Morel-Fatio, «Recherches sur Lazarillo de Tormes», Études sur l'Espagne, París, 1888, págs. 112-170. Citado en Rico (ed. lit. cit.), 1998, p. 38.
  6. Manuel J. Asensio, «La intención religiosa del Lazarillo de Tormes y Juan de Valdés», en Hispanic Review, XXVII, 1959, págs. 78-102.
  7. Rosa Navarro Durán postuló la autoría de Alfonso de Valdés en 2002 en dos artículos aparecidos en la revista Ínsula («De cómo Lázaro de Tormes tal vez no escribió el prólogo a su obra», n.os 661-662, enero-febrero de 2002, págs. 10-12; y «Sobre la fecha y el autor de la Vida de Lazarillo de Tormes», número 666, junio de 2002, págs. 7-13) y en «Lazarillo de Tormes» de Alfonso de Valdés, Salamanca, Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas, 2002. ISBN 84-932346-5-6. Véase también el resto de bibliografía citada de Rosa Navarro Durán.
  8. a b Aldo Ruffinatto (ed. lit.), «Introducción crítica» a su ed. de La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 2001, págs. 7-87. ISBN 978-84-9740-000-8. Cfr. esp. págs. 31-32.
  9. Julio Cejador y Frauca, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, Madrid, Clásicos Castellanos (La Lectura), 1914.
  10. Márquez Villanueva, Francisco, «Sebastián de Horozco y Lazarillo de Tormes», en Revista de Filología Española, XLI, 1957, págs. 253-339. Citado en Alborg, 1997, pág. 775.
  11. Fonger de Haan, An Outline of the History of the «Novela Picaresca» in Spain, Nueva York, 1903. Apud F. Rico, «Introducción» a la ed. cit., 19871, pág. 40. Allí Rico refiere acerca de esta atribución:
    Inaceptable parece asimismo la propuesta de Fonger de Haan, en una línea muy de la crítica decimonónica empeñada en hallar los «modelos vivos» de toda creación literaria [...] interpretó nuestra novela casi como si se tratara de su verdadera autobiografía. Las mismas pretendidas ‘razones’ que posteriormente se han querido alegar en defensa de tal idea inducen a descartarla sin vacilaciones.
    Rico, loc. cit., pág. 40
  12. Propuesta solo insinuada sin convicción por Arturo Marasso en «La elaboración del Lazarillo de Tormes», Boletín de la Academia Argentina de Letras, n.º 36, 1941, págs. 597-616; y «Aspectos del Lazarillo de Tormes», La Nación, Buenos Aires, 7 de septiembre de 1952; ambos artículos recogidos en Estudios de literatura castellana, Buenos Aires, 1955. Cfr. F. Rico, «Introducción» a la ed. cit., pág. 43.
  13. Postulado por Aristide Rumeau en Le «Lazarillo de Tormes». Essai d'interpretation, essai d'attribution, París, 1964. Cfr. F. Rico, «Introducción» a la ed. cit., 19871, págs 43-44.
  14. José Luis Madrigal, «Cervantes de Salazar, autor del Lazarillo», Artifara, n.º 2, enero-junio de 2003), sección Addenda, ISSN 1594-378X.
  15. Tulio Demicheli, «Francisco Rico: "El Lazarillo está firmada, y bien firmada, por... «Lázaro de Tormes»"», ABC, 8 de diciembre de 2002.
  16. Véase José Luis Madrigal, «Notas sobre la autoría del Lazarillo», Lemir n.º 12, 2008, págs. 137-236. ISSN 1579-735X y «Anonimato y autoría en la era digital», FronteraD. Revista digital, 18 de marzo de 2010. [Consulta: 20-3-2010]
  17. Clark Colahan y Alfred Rodríguez, «Juan Maldonado and Lazarillo de Tormes», Bulletin of Hispanic Studies, LXXII, 3, 1995, págs. 289-311. Cfr. Emilio Martínez Mata et. al., Bibliografía en resúmenes de la literatura española: (artículos), 1995, Universidad de Oviedo, 2000, pág. 54. ISBN 978-84-8317-164-6, con reseña del artículo de Colahan y Rodríguez de 1995 que propuso esta autoría.
  18. Marco Antonio Ramírez López, «Fortunas y adversidades de la autoría del Lazarillo de Tormes y la postura de Rosa Navarro Durán», Signos Literarios, n.º 4, julio-diciembre de 2006, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, México D. F., págs. 9-43. ISSN 1870-4050.
  19. Francisco Calero, Juan Luis Vives, autor del Lazarillo de Tormes, València, Ajuntament de València, 2006, ISBN 84-8484-172-3. Reseña.
  20. La deuda del Lazarillo para con la literatura folclórica fue postulada por primera vez por Raymond Foulché-Delbosc en «Remarques sur Lazarillo de Tormes», Revue Hispanique, VII, 1900, págs. 81-97.
  21. El primero en señalar la intrínseca unidad del Lazarillo fue Frederick Courtney Tarr en 1927 con su artículo «Literary and Artistic Unity in the Lazarillo de Tormes» (PMLA, XLII, pp. 404-421).
  22. Cfr. la edición de Aldo Ruffinato, 2001, pág. 214, n. 449.
  23. Francisco Rico, ed. cit., 1998, pág. 112, n. 9.

[editar] Bibliografía

  • ALBORG, Juan Luis, Historia de la literatura española. Tomo I: Edad Media y Renacimiento. Madrid, Gredos, 1997 (segunda edición ampliada; octava reimpresión). ISBN 84-249-3126-2.
  • ASENSIO, Manuel J., «La intención religiosa del Lazarillo de Tormes y Juan de Valdés», Hispanic Review, XXVII, 1959, págs. 78-102.
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  • —, (ed. lit.; trad. francesa de A. Morel-Fatio), La vie de Lazarillo de Tormes, París, 1958; trad. esp. en Novedad y fecundidad del «Lazarillo de Tormes», Salamanca, 1968.
  • —, Novedad y fecundidad del Lazarillo de Tormes, Madrid, Anaya, 19732.
  • BLECUA, Alberto (ed. lit.), La vida de Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 1993. Cfr. esp. la «Introducción crítica» a su ed. en págs. 7-81. ISBN 978-84-7039-167-5
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  • —, Juan Luis Vives, autor del «Lazarillo de Tormes», Ajuntament de València, València, 2006. ISBN 84-8484-172-3.
  • —, Juan Luis Vives, autor del Diálogo de Mercurio y Carón, Ajuntament de València, València, 2004. ISBN 978-84-8484-115-9.
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  • FOULCHÉ-DELBOSC, Raymond, «Remarques sur Lazarillo de Tormes», Revue Hispanique, VII, 1900, págs. 81-97.
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  • MOREL-FATIO, Alfred, «Recherches sur Lazarillo de Tormes», en Études sur l'Espagne, Primera serie, II, París, 1888, págs. 112-170; reed. 18952, págs. 111-166.
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  • —, «Sobre la fecha y el autor de La vida de Lazarillo de Tormes», Ínsula, n.º 666 (junio de 2002), págs. 7-13.
  • —, «Lazarillo de Tormes» de Alfonso de Valdés, Salamanca, Seminario de Estudios Medievales y Renacentistas, 2002. ISBN 84-932346-5-6.
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  • —, Alfonso de Valdés, autor del «Lazarillo de Tormes», Madrid, Gredos, 2003. ISBN 84-249-2378-2.
  • —, «Lazarillo de Tormes» y las lecturas de Alfonso de Valdés, Cuenca, Excma. Diputación Provincial de Cuenca, 2003. ISBN 84-96025-46-2.
  • —, «El Lazarillo como palimpsesto de las lecturas de Alfonso de Valdés», Silva. Estudios de Humanismo y Tradición Clásica, Universidad de León, 2 (2003), págs. 233-269.
  • RAMÍREZ LÓPEZ, Marco Antonio, «Fortunas y adversidades de la autoría del Lazarillo de Tormes y la postura de Rosa Navarro Durán», Signos Literarios, n.º 4, julio-diciembre de 2006, Universidad Autónoma Metropolitana–Iztapalapa, México D. F., págs. 9-43. ISSN 1870-4050.
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  • RUFFINATTO, Aldo (ed. lit.), La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, Madrid, Castalia (Clásicos Castalia), 2001. ISBN 978-84-9740-000-8. Cfr. esp. la «Introducción crítica» a su ed. en págs. 7-87.
  • TARR, Frederick Courtney, «Literary and Artistic Unity in the Lazarillo de Tormes», Publications of the Modern Language Association of America, XLII, 1927, págs. 404-421.

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

[editar] Sobre el Lazarillo

[editar] Ediciones

  • La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2004, edición digital en formato html basada en las de Burgos, Juan de Junta, 1554; Alcalá de Henares, Salzedo, 1554; Amberes, Martín Nucio, 1554 y Medina del Campo, Mateo y Francisco del Canto, 1554; y cotejada con las eds. críticas de Alberto Blecua (Madrid, Castalia, 1972), José M. Caso González (Madrid, BRAE 1967, Anejo XVII) y Francisco Rico (Madrid, Cátedra, 1987).

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