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CIENCIA4: DIETA. DIETA YÓGUICA. En la práctica del Yoga resulta de extremada importancia la cuestión de la alimentación. Como sistema holístico, uno de los puntos de apoyo fundamentales resulta ser la dieta adecuada.

DIETA ADECUADA

En la práctica del Yoga resulta de extremada importancia la cuestión de la alimentación. Como sistema holístico, uno de los puntos de apoyo fundamentales resulta ser la dieta adecuada.

La dieta yóguica es una dieta vegetariana donde se incluyen verduras, cereales, frutas, legumbres, hortalizas, etc, con el agregado de productos lácteos y sus derivados y miel de abeja. Se excluyen terminantemente todo tipo de carnes (vaca, pollo, pescados y mariscos, etc.) y huevo.

La Organización Mundial de la Salud y otros organismos, así como numerosos investigadores, comenzaron a dar la voz de alarma: las toxinas que se ingieren con los alimentos constituyen un peligro mortal. Paradójicamente la principal fuente de toxinas es la que se consideraba reina de los alimentos, la de mayor calidad y valor nutritivo: la carne. Se ha revelado altamente peligrosa, desde el punto de vista dietético, tanto por razones intrínsecas como ecológicas.

En primer lugar, la grasa de la carne (incluso la más magra contiene como mínimo alrededor de un 30% de grasa) provoca la aparición de “prolactin” en la sangre de quien la ingiere. Se trata de una hormona que estimula la producción de tumores, según han demostrado las investigaciones y confirman las estadísticas. En los países con elevado consumo de carne (Inglaterra, Australia, Estados Unidos y Canadá) se observa un número alarmante de tumores en los senos y los intestinos. Mientras, en los países con escaso consumo cárnico registran un porcentaje mínimo de dichos tumores. El desequilibrio metabólico y la letal acumulación de colesterol, ácido úrico y otras sustancias nocivas en el organismo es otra secuela del consumo de carne. La obesidad, que produce cuatro veces más muertes que el cáncer, es prácticamente desconocida entre los vegetarianos.

Por si esto fuera poco, la carne es además la máxima portadora de contaminación a nivel alimenticio. La razón es bien sencilla: hay una serie de sustancias tóxicas derivadas de la contaminación ambiental (insecticidas y metales pesados) que el organismo no elimina o elimina sólo parcialmente. Así, aunque la contaminación del agua y los vegetales sea escasa, una vaca va acumulando en su organismo los pesticidas y metales pesados que ingiere con el forraje y el agua a lo largo de su vida, funcionando como un auténtico condensador de contaminación. De ahí que el porcentaje de toxinas ambientales (además de las intrínsecas) que hay en la carne sea muy superior al de los vegetales, a menudo nulo o ínfimo.

Otro ejemplo: en muchos peces hay trazas de mercurio y otros metales pesados. El mercurio no se elimina. Todo el que se ingiere queda fijado en el organismo, por lo que cada vez que el “pez grande se come al chico” todo el mercurio del segundo pasa al organismo del primero y ahí se queda. De ese modo, los grandes depredadores que se hallan al final de una larga cadena de peces que se comen unos a otros llegan a acumular cantidades realmente peligrosas (unos 70 mg. de mercurio son suficientes para matar a un ser humano). Tanto es así que en Estado Unidos se ha prohibido la venta de emperador o pez espada por su elevado contenido en mercurio.

Para colmo, la producción de carne comestible es un negocio ruinoso. No lo es, por supuesto, para quienes comercian con el hambre y la ignorancia, pero sí para la humanidad. Para producir un kilo de carne, un novillo come 16 kg. de grano y soja (casi tan rica en proteínas como cualquier carne). ¿A dónde van los otros 15? Los que el animal no convierte en pelo o energía para retozar, van a parar al estiércol. Dicho sin rodeos, mientras dos tercios de la humanidad pasan hambre, la industria ganadera se dedica intensamente a convertir comida en caca. El ganado estadounidense ingiere cada año una cantidad de proteínas seis veces mayor que la que sería necesaria para alimentar a toda la humanidad.

Por estas razones, un número cada vez mayor de personas vuelve los ojos hacia los alimentos vegetales:

1. Son intrínsecamente mucho más sanos y adecuados para la alimentación humana

2. Ocupan los primeros eslabones de la cadena alimenticia y son los menos contaminados

3. Suponen un aprovechamiento infinitamente mejor de los amenazados recursos de nuestro planeta

4. Al contrario que el bárbaro “carnívororismo”, permiten una relación no cruenta del hombre con la naturaleza.

Sin embargo, muchas personas que en principio simpatizan con los vegetarianos piensan que la carne y el pescado son ricos en proteínas y los vegetales no ¿Cómo obtener las necesarias proteínas sin acudir a las fuentes principales?

La carne no sólo tiene los graves inconvenientes que acabamos de ver sino que además ni siquiera es un alimento especialmente adecuado y mucho menos fundamental para la obtención de proteínas.

Los granos integrales, las legumbres, los frutos secos, etc., por no hablar de la leche y los derivados lácteos, son excelentes fuentes de proteínas no intoxicantes, sobre todo si se utilizan en las combinaciones adecuadas.
Aunque la alimentación no es lo más importante para el equilibrio del hombre, es un primer paso. Hay que aprender a hacerlo correctamente y no volver a pensar más en ello. Hemos considerado la elección de nuestra alimentación adecuada como uno de los factores - junto con el sol, respiración, ejercicio, relajación, agua, etc.- que mantienen una buena salud.

Hay quien ante estos planteamientos piensa que resulta más cómodo comer de todo y no complicarse la vida. En el futuro, su precario estado de salud le indicará el error de la elección por una ficticia comodidad que nos ha -y nos hemos- creado el sistema. Sacrificamos más de la mitad de nuestro potencial humano, que no llegamos a utilizar en toda nuestra vida. Debemos replantearnos la alimentación que la sociedad actual nos induce a seguir, por los mismos motivos que lo hacemos en otras facetas de nuestra existencia.

La elección de la dieta personal no debería suponer ningún problema, como no se lo supone a los animales. Deberíamos saber qué comer y no comer, sin que para ello utilicemos nuestra razón. La realidad es bien distinta. Nuestro instinto está atrofiado, no sabemos elegir debidamente los alimentos más convenientes. Es oportuno, entonces, que el hombre busque cuál debe ser la alimentación de acuerdo a su especie, gracias a un proceso reflexivo, ya que no instintivo (no nos engañemos a nosotros mismos). La alimentación actual depende más de la rutina, costumbres, la moda, nuestras apetencias y caprichos, etc., y en general, de diversos intereses ajenos a nuestra salud, que de un estudio de las necesidades reales del hombre y de la mejor forma de satisfacerlas.

 

Obtenido de http://www.publispain.com/yoga/dieta_yoguica.html

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