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RELIGIÓN Y RELIGIONES2: SALIRSE FUERA DEL HADO... Aquel sábado por la noche todo estaba tranquilo en el Colegio Público Tomasa Pinilla. De repente, en la clase de 6º A, uno de los libros empezó a brillar con gran intensidad...

Colegio de Infantil y Primaria 

Tomasa Pinilla

El libro mágico
Arriba ]

 

Por Rafael Amigueti

 

 

Aquel sábado por la noche todo estaba tranquilo en el Colegio Público Tomasa Pinilla. De repente, en la clase de 6º A, uno de los libros empezó a brillar con gran intensidad.

En su interior, los personajes de los cuentos estaban aburridos y querían salir fuera del libro.

Uno de ellos, la bruja Pepina, ya había atravesado varias páginas volando, montada en su escoba. Le acompañaba su murciélago Pepote.

Al invadir las historias de los demás personajes de los cuentos, éstos le gritaban furiosos. Pero ella los amenazó con convertirlos en sapos, o en cosas aún peores y tuvieron que callarse.

En su recorrido visitó a un hada y a un caballo que tenía poderes. Se reunieron en la casa del duende que hay en la contraportada del libro.

— Tenemos que buscar una solución para que podamos salir todos de aquí - les dijo la bruja Pepina, mientras revoloteaba con la escoba por la habitación, seguida de su murciélago.

— Yo conozco unas palabras mágicas que pueden dar resultado, pero necesito vuestra ayuda - dijo el caballo.

— ¿Qué tenemos que hacer? - preguntó el hada.

— La bruja Pepina tiene que buscar su caldero y traerlo hasta aquí..., pero, ¡deja ya la escoba y siéntate, que me estás poniendo nervioso! - le dijo enfadado el caballo.

 

La bruja obedeció a regañadientes. Se sentó, igual que los demás, en una de las sillas que había alrededor de la enorme mesa redonda y dijo:

— Pero yo sola no sé si podré traerlo. El hechizo de hacer que el caldero aparezca donde yo quiera, me sale fatal.

— !Eres un desastre! - exclamó el duende, muy enfadado.

— Por favor, tengamos la fiesta en paz. Yo sé como hacer que el caldero llegue hasta aquí. No perdamos el tiempo en discusiones - les rogó el hada.

... “los personajes de los cuentos estaban aburridos y querían salir fuera del libro”.

 

* * *

 

... “El hada pronunció unas palabras mágicas, mientras movía su varita”.

 

— En el caldero hay que cocer en agua de río, dos raíces de romero, un pedacito de cada página de este libro, un trozo de aleta de tiburón y polvo dorado de una estrella que se perdió. Al mismo tiempo que se hace esta cocción, deben estar reunidos todos los personajes de los cuentos alrededor del caldero - les informó el caballo.

— De acuerdo, yo iré por los ingredientes y a hablar con todos los personajes - dijo la bruja.

El hada pronunció unas palabras mágicas, mientras movía su varita:

 

— Balandrín, balandrón, quiero que el caldero llegue aquí veloz.

A los pocos segundos el caldero apareció en el suelo, cerca de la mesa.

Pepina se montó en su escoba y fue volando a través de las páginas, acompañada del murciélago, hacia el principio del libro. Se iba deteniendo en cada página para arrancarle un trocito.

— !Ay!, !que me haces daño! - gritó el libro.

— Perdona, cortaré los trozos muy pequeñitos - dijo, mientras iba cortando pedacitos diminutos

— Ahora está mejor, ya no duele, solo me hace un poco de cosquillas.

La bruja fue guardando cada trocito en un pequeño cofre de plata.

Al mismo tiempo, hablaba con los personajes de los cuentos para decirles donde tenían que reunirse si querían salir del libro. Cuando llegó al cuento de “Los dos tiburones”, le pidió a uno de ellos que le diera un trozo de aleta y él se la dio. La bruja lo guardó en uno de sus bolsillos.

Al llegar al cuento de “La estrella que se perdió”, tuvo que subir muy alto con su escoba. Por poco pierde el equilibrio y se cae. Menos mal que Pepote, el murciélago, le ayudó a sujetar la escoba.

— ¿Quieres salir fuera del libro? - le preguntó Pepina a la estrella.

— Sí - respondió ella con una sonrisa que se transformó en una luz brillante.

De la luz empezó a caer un polvo dorado que la bruja se apresuró a recoger en una cajita metálica.

Siguieron su viaje, hasta llegar al primer cuento del libro, el de “La coneja Cuca”.

La bruja le dijo a ella y a su familia donde tenían que reunirse.

A continuación, regresaron volando hacia la casa del duende. Cuando ya casi iban llegando, le dijo el murciélago:

— Pepina, nos hemos olvidado de algo.

— !Anda!, es verdad, !qué despistada soy!, gracias Pepote.

— De nada Pepina...

Entraron en el cuento “El conejo y la coneja”.

Después de saludar a estos animales y a su familia, cogieron dos raíces de romero en un bosque cercano a la madriguera de los conejos. Pepina las guardó en una pequeña bolsita de tela.

Continuaron el viaje y, al poco rato estuvieron en la contraportada del libro.

Todos los personajes de los cuentos fueron atravesando las páginas, hasta que llegaron a la puerta de la casa del duende.

Éste salió a recibirlos. Luego se colocaron formando un círculo alrededor de la olla, situada en un campo próximo a la vivienda del duende.

El hada llenó la olla con varios cubos del agua de un río que había cerca de allí. Después la puso a calentar, mientras la bruja iba echando los ingredientes.

A continuación, el caballo pronunció las palabras mágicas:

— Casparín, casparán, haz que salgamos fuera ya.

Una luz blanca y resplandeciente iluminó la clase. Los personajes de los veintiséis cuentos empezaron a salir del libro. Estaban muy contentos porque ya no eran de papel, sino seres de verdad.

Como las puertas de la clase y la de la cancela de entrada estaban cerradas con llave, el hada tuvo que pronunciar unas palabras mágicas para que se abrieran:

 

“Cuando llegó al cuento de ‘Los dos tiburones’, le pidió a uno de ellos que le diera un trozo de aleta”.

* * *

“Los personajes de los veintiséis cuentos empezaron a salir del libro”.

 

— Turbelín, turbelón, quiero que se abran las puertas del tirón.

Cuando salieron del colegio aún era temprano y no había nadie en la Plaza Artesanía...

Los primeros días, las personas de Guadalcacín se asustaron al ver a una pizarra con piernas y brazos, a animales que hablaban y otros seres fantásticos.

Una mujer por poco se desmaya cuando vio a la bruja Pepina en la farmacia, pidiendo una crema para los golpes, porque había tenido un accidente aéreo con su escoba. En el supermercado, un hombre mayor se llevó un susto tremendo cuando se sentó en una silla y ésta exclamó:

— !Ay!, que me haces cosquillas...

A medida que pasaba el tiempo, los habitantes del pueblo se fueron acostumbrando a convivir con estos seres.

Los personajes de los cuentos, con su magia y su bondad, ayudaron a resolver los problemas que había en Guadalcacín.

Desde entonces, todos fueron felices en el pueblo.

 

 

Última modificación: 07 de noviembre de 2002

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Obtenido de http://www.juntadeandalucia.es/averroes/tomasa_pinilla/Colabor%20internas/El%20libro%20magico.htm

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